Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 314 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Fer apretó la barandilla de obsidiana con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. Se giró hacia mí con una desesperación evidente en el rostro.
—¡Jefe! Tienes que detener esto... Emilia la puede matar, tú lo sabes mejor que nadie. Si dejas que esto pase, yo...
—Fer —lo interrumpí con calma pero con una firmeza absoluta, manteniendo la vista fija en la arena—. Sé cómo te sientes. Como el líder orgulloso que eres de tu grupo, debes comprender lo que realmente tiene que pasar entre ellas. Tampoco puedo juzgar las acciones de Emilia, pero ella no lo hace por despecho; lo hace para asegurarse de que nadie vuelva a cometer el trágico error de perder contra un ser que ni siquiera vale la pena. Además, hoy todos aquí serán testigos de lo que realmente es Eime en verdad... y sobre todo Emperor.
Hice una breve pausa mientras el flujo de maná comenzaba a distorsionar la barrera del coliseo.
—Veamos qué tan fuerte se ha hecho Eime junto a su invocación. La razón de esto no es simple, Fer: hay que comprender cómo funciona este mundo. Todos verán de lo que Eime es capaz cuando se le empuja al límite.
En el centro de la arena, el sudor frío recorría el cuello de Eime. Miró el suelo de cuarzo, sintiendo el peso aplastante del aura de su rival.
¿En verdad tengo que pelear con Emilia? —pensó Eime, sintiendo un nudo amargo en la garganta—. No quiero luchar... tengo cosas importantes por hacer. Sé lo fuerte que es ella, pero no conozco los verdaderos límites de su fuerza. Espero que no llegue demasiado lejos... porque en verdad tengo miedo de morir ante sus manos.
Intentando desesperadamente aflojar el aire helado que amenazaba con congelar sus movimientos, Eime forzó una sonrisa temblorosa y miró a Emilia.
—Pareces estar bastante tranquila, ¿verdad? —dijo Eime, intentando cambiar el ambiente.
Sin embargo, el intento se estrelló contra un muro de hielo. Emilia ni siquiera parpadeó; simplemente ajustó el ángulo de su estoque, proyectando una sombra afilada sobre la superficie de la pista.
—Cambiar de tema es de lo más estúpido que podrías hacer en este momento —dijo Emilia, con un tono helado que cortó la respiración de todos los presentes—. Eime, te diré algo: ese truco no funciona conmigo. Ponte en guardia.
Su voz resonó con una autoridad tan abrumadora que el propio suelo rúnico vibró. Al instante, una ráfaga de aura congelante se expandió desde los pies de Emilia, obligando a Eime a dar un salto hacia atrás y desenvainar su arma a toda prisa, sabiendo que el primer choque era inminente.
Me puse en guardia sosteniendo mi espada con ambas manos. Las palmas me sudaban y la presión que ejercía el aura de Emilia hacía que los nervios me recorrieran cada centímetro del cuerpo, paralizándome por una fracción de segundo.
Pero en lo que tardé en parpadear, la figura de Emilia desapareció por completo de mi campo de visión.
¡Es demasiado rápida!
Antes de que pudiera procesar su movimiento, un estallido de aire helado me golpeó el rostro y Emilia ya estaba justo enfrente de mí, lanzando una estocada directa con una fuerza descomunal.
El impacto del acero contra mi hoja resonó con un estruendo metálico que hizo retumbar toda la sala de entrenamiento. La potencia del choque me empujó varios metros hacia atrás, haciendo que mis botas chispearan y agrietaran el suelo de cuarzo reinforced antes de poder frenar el impulso. El brazo me quedó entumecido por la brutalidad de la fuerza transmitida.
—¡Si pestañeas en un combate real, ya habrías perdido la cabeza, Eime! —resonó la voz de Emilia, quien reapareció instantáneamente entre una neblina de escarcha, alzando su estoque para un segundo embate aún más feroz.
Desde las gradas, Fer ahogó un grito mientras la barrera rúnica absorbía la onda de choque del primer impacto.
—¡Demuéstrame si de verdad vas a luchar o si te vas a dejar aplastar aquí mismo! —exclamó Emilia, con los ojos brillando en un tono azul gélido.
Apreté los dientes mientras el dolor y la vibración del primer impacto me recorrían los brazos hasta los hombros. La neblina helada de Emilia amenazaba con congelar mis reflejos, pero el instinto de supervivencia tomó el control.
¡Si me quedo a la defensiva, me va a destrozar!
—¡No voy a dejar que me trates como a un cadáver! —grité, liberando una marea de maná oscuro y denso que quebró el hielo que comenzaba a cubrir mis pies.
Con un movimiento circular de mi espada, desvié por un milímetro la segunda estocada de Emilia. La punta de su estoque pasó rozando mi mejilla, cortando apenas un mechón de mi cabello y dejando una fina línea de escarcha sobre mi piel. Aprovechando el viro de su fuerza, di un paso firme al frente y lancé un corte ascendente cargado con toda la energía mágica que pude reunir.
El choque de nuestras auras generó una onda expansiva que hizo temblar el domo de la arena. Emilia ni siquiera retrocedió; usó la cazoleta de su estoque para bloquear mi hoja en seco, mirándome fijamente a los ojos a escasos centímetros de distancia.
—Bien... al menos ese golpe tenía la intención de herirme —murmuró Emilia con una frialdad absoluta—. Pero sigues dudando, Eime. Sigues pensando en el miedo a morir en lugar de pensar en matar a tu enemigo.
Antes de que pudiera responder, Emilia canalizó una corriente de aire bajo cero directamente a través de su espada. Un estallido de hielo explotó entre las dos, arrojándome violentamente hacia atrás. Volé varios metros por el aire hasta que logré clavar la punta de mi espada en el suelo de cuarzo para frenar el impacto, dejando un surco de chispas en la superficie.
Respirando con dificultad, con el pecho agitado y la piel quemada por el frío, levanté la mirada.
—¡Aún no ha terminado! —exclamé con la voz firme, haciendo que un glifo místico de invocación comenzara a desplegarse en el aire a mi espalda, brillando con una luz púrpura y siniestra—. ¡Te mostraré el poder que no pude usar contra el Dios Nocturno! ¡Ven a mí, Emperor!
Desde la grada superior, los 68 Guardianes mantuvieron el aliento contenido mientras una figura imponente comenzaba a materializarse desde la sombra de la pared.
—Es increíble... —murmuró uno de los guardianes en la parte superior de las gradas, apoyándose en la barandilla con los ojos desorbitados por la escena—. Me sorprende no haber visto esto antes... La fuerza de la señorita Emilia es...
—Monstruosa —completó otro a su lado, tragando saliva con dificultad.
La presión en la arena era sofocante. El suelo alrededor de Emilia comenzaba a cristalizarse en un radio de varios metros, y cada uno de sus alientos formaba una nube de vapor helado en el aire. Sin embargo, en el extremo opuesto del cuadrilátero, el glifo violeta de Eime estalló en una columna de maná oscuro y denso.
Las sombras del coliseo parecieron converger en un solo punto, retorciéndose hasta dar forma a una silueta imponente y amenazante. La presencia de Emperor emergió desde la oscuridad, emitiendo un rugido sordo que hizo temblar las barreras de contención del recinto y neutralizó instantáneamente la ráfaga de escarcha que avanzaba hacia Eime.
—Por fin dejas de dudar —dijo Emilia, desviando la mirada por un milímetro hacia la masa de sombra invocada antes de volver a fijarla en Eime—. Muestra de lo que eres capaz cuando te acorralan. ¡Trae a tu invocación y ataca con todo lo que tengas!
Eime, respirando con pesadez pero con los ojos ardiendo en una determinación renovada, apretó el mango de su espada y extendió la otra mano hacia adelante.
—¡Emperor, al frente! —ordenó Eime con voz categórica—. ¡No le des espacio para respirar!
La invocación se impulsó a una velocidad sobrehumana, convirtiéndose en un borrón de energía oscura que se lanzó directamente contra la guardia congelante de Emilia.
«¡Me sorprende que Emperor siga igual, pero me da miedo usarlo! No quiero perder todo lo que me costó en la vida tenerlo domesticado... ¡Nadie más sabe el infierno que yo viví con él en una batalla a muerte!», pensé mientras el sudor frío me bajaba por la sien.
Pero ya era demasiado tarde para arrepentirme. Tenía que dejarles claro a todos lo que mi esfuerzo había logrado. Miré a Emilia fijamente desde el fondo de la arena.
—Lo comprendo, pero... —murmuré entre dientes.
Emperor avanzó como un torbellino de sombras. Desenvainó sus tres espadas enormes con un estruendo metálico que hizo retumbar la estructura de la sala y se dirigió a una velocidad demoledora directamente hacia ella.
El choque contra la guardia de Emilia fue simplemente devastador. La colisión entre las tres hojas abrumadoras de Emperor y el estoque rúnico de Emilia generó una onda de choque tan violenta que las barreras mágicas del coliseo chispearon al límite de su capacidad. La humareda, la escarcha hecha trizas y la presión del aire volviéndose denso y gélido crearon una atmósfera aterradora dentro de la pista.
—¡Eso es! —gritó Fer desde la barandilla, cubriéndose el rostro con el brazo por el estallido de viento—. ¡Miren esa fuerza! ¡Ese es el verdadero poder de Eime cuando combate con Emperor!
Cuando el humo comenzó a disiparse ligeramente entre las chispas de maná púrpura y la niebla congelante, la silueta de Emilia emergió firme. Sostener la embestida directa de las tres espadas gigantescas de Emperor le había exigido plantar los pies con violencia, agrietando el cuarzo reforzado bajo sus botas.
—Nada mal, Eime... nada mal —dijo Emilia con una sonrisa gélida y afilada, mientras la presión de su propio maná comenzaba a multiplicarse—. Ese es el poder por el que sobreviviste a ese infierno. ¡Ahora muéstrame si puedes controlarlo cuando la batalla se vuelva un verdadero infierno para ti!
Avancé sin dudar, y de un segundo a otro, la duda en mi rostro desapareció por completo; mis facciones se volvieron frías y ridículamente serias.
—Esa mirada... —murmuré desde el estrado, entrecerrando los ojos mientras observaba la arena.
—¿Qué sucede, mi Señor? —preguntó Otis, inclinándose levemente hacia mí con curiosidad analítica.
—Parece que Eime me está imitando...
—¿Eso es posible? —intervino Otis, sorprendido.
—Lo más seguro es que sí —respondí con tono bajo pero firme—. Jamás pone esa expresión. Algo me dice que está canalizando todo lo que ha aprendido al verme pelear...
En el centro del cuadrilátero, el aire estalló.
Desaparecí corriendo a máxima velocidad mientras Emilia levantaba su estoque y lanzaba una lluvia implacable de esferas azules de hielo concentrado. Los proyectiles cruzaban el aire a una velocidad absurda; me costó casi todo mi esfuerzo esquivar los primeros impactos que volaban el suelo de cuarzo a mi paso.
¡Mierda!
De pronto, una hoja helada me rozó la mejilla. ¿Qué carajos...? Traté de esquivar el resto del patrón de ataque, pero era sencillamente imposible. La velocidad y precisión de los cortes de Emilia superaban incluso los de Erick en su punto más agresivo. ¡Eso debería ser imposible!
Mis ojos se movían en todas direcciones tratando de leer la trayectoria de los destellos azules que cortaban la niebla, hasta que el filo congelante rompió mi guardia.
¡CLANG!
La espada de Emilia impactó de lleno en mis dos brazos, cortando la tela y dejando una marca profunda de congelación que me hizo soltar un ahogado grito de dolor mientras el impulso me obligaba a hincar una rodilla en el suelo.
—¡Eres rápida, pero se acabó! ¡Ahora muere! —exclamó Emilia, alzando su estoque para dar el golpe final.
Se quedó helada en el acto. En una fracción de segundo, la masa de sombra de Emperor emergió directamente detrás de ella, lanzando un zarpazo con sus enormes hojas.
¡Mierda!
Emilia no logró bloquear el ataque a tiempo y recurrió a su magia de defensa pesada para frenarlo, pero fue inútil: Emperor se había adaptado a su maná helado durante el intercambio. La barrera rúnica de Emilia saltó en mil pedazos y salió disparada por los aires, impactando violentamente contra el suelo de la arena.
Emperor reapareció instantáneamente frente a ella con una sonrisa siniestra, apuntando su enorme espada de inmortalidad directamente hacia su pecho para rematarla. Sin embargo, Emilia reaccionó con reflejos sobrehumanos: le plantó una patada brutal en la barbilla al coloso para ganar impulso y despegarse del suelo.
Con los ojos brillando en un tono gris plata cargado de ferocidad, Emilia se movió atacando con todo su ser. No le dio ni un segundo de tregua a la invocación; atravesó la sombra de Emperor con una serie de estocadas destructivas tan veloces que desintegraron al gigante de sombras por completo, reduciéndolo a cenizas de maná.
Pero ese instante de despliegue absoluto la hizo bajar la guardia.
—¡Arriba! —gritó Fer desde las gradas, poniéndose de pie de un salto.
Aprovechando que Emilia había volcado toda su atención en destruir a la invocación, Eime ya se encontraba en el aire, cayendo en picado justo encima de ella. Sostenía con ambas manos la espada de Dasshonl, el arma mística cuyo poder liberado era capaz de partir la tierra en dos.
El filo de la legendaria espada acumulaba una marea de maná tan inestable y colosal que el domo de la sala de entrenamiento comenzó a agrietarse, mientras la sombra de Eime cubría por completo a una Emilia que apenas levantaba la mirada hacia el impacto inminente.
Una sonrisa helada y siniestra se dibujó en el rostro de Emilia mientras miraba la espada de Dasshonl caer hacia ella.
—Por fin... ya no tendré que contenerme —susurró Emilia.
En el estrado, me puse de pie de golpe, sintiendo la sobrecarga de maná destructivo que Emilia acababa de liberar.
—¡Reacciona! ¡No lo hagas, Emilia! —grité con todas mis fuerzas, intentando frenar lo que estaba a punto de convertirse en un desastre fatal para Eime.
Pero era demasiado tarde.
El aura de Emilia detonó como una supernova congelante. Esquivó el corte colosal de la espada de Dasshonl por un milímetro y, con una velocidad que rompió la barrera del sonido, le encajó un puñetazo brutal cargado de energía mágica directamente en el estómago a Eime.
—¡Agh...! —Eime escupió una gran cantidad de sangre, perdiendo todo el aire de los pulmones al instante.
El impacto la mandó a volar como un misil a través del coliseo, destruyendo a su paso varias columnas de cuarzo reinforced antes de chocar contra el muro perimetral. Sin embargo, Emilia no se detuvo ahí. Apareció instantáneamente sobre el cuerpo en caída de Eime, con la mirada completamente ida en un trance de combate, lanzando una ráfaga implacable de estocadas y golpes continuos que hacían retumbar la sala entera.
—¡Mierda, la va a matar de verdad! —gritó Fer, saltando la barandilla de las gradas con el rostro pálido—. ¡Señor Carlos, Emilia perdió el control!
Las paredes reforzadas del coliseo se agrietaron de arriba abajo cuando el cuerpo de Eime impactó contra la estructura de cuarzo, pero la pesadilla apenas comenzaba.
Emilia reapareció frente a ella en una milésima de segundo, con los ojos brillando en un tono plateado frío y siniestro que no reflejaba la menor pizca de piedad. La sonrisa de Emilia era la de una depredadora divirtiéndose con su presa debilitada.
—¿Esto es todo lo que la guerrera de la Red Blood Association tiene para ofrecer? —susurró Emilia con un tono meloso que destilaba pura humillación—. ¡Qué patética eres, Eime!
Antes de que Eime pudiera recuperarse del golpe en el estómago o alzar la espada de Dasshonl, Emilia le plantó un rodillazo brutal en el rostro. El crujido de la nariz rompiéndose resonó en las gradas, y la fuerza del impacto elevó a Eime un par de metros en el aire. Sin darle tiempo de caer, Emilia agarró a Eime del cabello con la mano izquierda y la estrelló de cara contra el suelo de la arena con un impacto seco y brutal.
—¡Agh...! —Eime escupió más sangre, bañando la piedra blanca mientras intentaba desesperadamente arrastrarse o reunir una gota de maná.
—¡Levántate! —le ordenó Emilia, pisándole la espalda con fuerza desmedida y haciendo crujir sus costillas—. ¡Pelea! Se supone que eras la gran invocadora de Emperor... ¿Dónde quedó toda esa arrogancia? ¡Solo eres una niña asustada jugando a ser soldado!
Emilia soltó su cabello y, usando la cazoleta pesada de su estoque como un puño de acero, comenzó a descargar una lluvia de golpes secos directamente sobre el cuerpo de Eime. Cada impacto rompía carne y armadura, levantando una neblina sangrienta que manchaba la escarcha del suelo.
Eime intentó cubrirse los signos vitales con los brazos entumecidos, pero Emilia le desvió la defensa de un puntapié afilado, dejándola completamente expuesta.
—¡Miren esto todos ustedes! —gritó Emilia, alzando la voz para que resonara en todo el coliseo mientras sostenía a Eime del cuello, levantándola con un solo brazo mientras la sangre chorreaba de la barbilla de la invocadora—. ¡Esta es la mediocridad que nos va a costar la vida contra Kronos! ¡Este es el verdadero rostro de Eime cuando no tiene su invocación para esconderse detrás!
Eime, con la vista nublada por la sangre y el dolor desgarrador que le recorría todo el cuerpo, intentó balbucear algo, pero el agarre de Emilia en su garganta le cortaba el aire por completo.
Emilia la arrojó sin esfuerzo hacia el centro del cuadrilátero como si fuera un saco de trapos inservible. El cuerpo de Eime rebotó varias veces sobre el cuarzo destrozado, dejando un rastro rojo a su paso, hasta quedar tendida boca arriba, respirando con dificultad y con los ojos fijos en el techo, completamente superada, destrozada y humillada frente a la mirada atónita de todos los Guardianes.
—No sirves para nada si te rompes a la primera embestida —sentenció Emilia, caminando despacio hacia ella mientras arrastraba la punta de su estoque, dejando una línea de hielo sangriento en la pista—. Si no vas a luchar con la intención de matar, prefiero dejarte lisiada aquí mismo antes de que seas un estorbo para el Señor Carlos en la Planicie de Gran-Aura.
Eime yacía sobre la piedra ensangrentada, con la vista nublada y los pulmones ardiendo a cada respiración.
«Tenía razón... soy un estorbo. Pero...»
De pronto, entre el zumbido de sus oídos y el frío de la muerte rondando el coliseo, una voz olvidada resonó en el fondo de su memoria. La voz del Caballero Oscuro.
—No olvides que tú puedes volverte fuerte... —le decía aquel recuerdo con una calidez antigua—. Nunca dejes de ser quien eres. A veces puedes lograr o cambiar algo que todos llaman debilidad, Eime. Para mí no eres alguien débil; eres fuerte. Solo te hace falta algo para ser la más fuerte... ¿Qué es lo que más deseas?
—Yo...
Antes de que pudiera responder dentro de su mente, el recuerdo del Caballero Oscuro se disipó como humo. En su lugar, en medio de la penumbra de su conciencia, la figura imponente de Emperor surgió, mirándola fijamente con sus ojos espectrales.
—¿Vas a permitir que ella nos mate? —resonó la voz profunda de Emperor—. ¿Tanto esfuerzo para que termines así? ¿Acaso olvidaste el infierno que tuviste que pasar para salir adelante? Cuando yo era un verdadero monstruo, jamás retrocediste. Querías demostrarles a todos que tenías valor para no ser un estorbo. Créeme, nadie más fue capaz de enfrentarme; tú fuiste la única que me derrotó y me domesticó. Creo que ya es hora de que evoluciones.
—¿Una... evolución? —preguntó Eime en su mente, con un hilo de voz—. ¿A qué te refieres?
—La evolución se trata de transformar todo lo que has conseguido para superar tus límites —explicó la entidad—. Puedes romper el techo de tu rango de guardiana.
—¿Eso... es posible?
—Por supuesto, mi niña de brillos del sol... Ya es hora de que despiertes ese poder oculto.
En el mundo real, el cuerpo destruido de Eime comenzó a emitir destellos dorados y púrpuras. La sombra renacida de Emperor no emergió para atacar a Emilia, sino que se arrodilló respetuosamente frente a Eime en el centro de la pista.
Una columna de luz abrumadora y cegadora estalló desde el pecho de Eime hacia el cielo del coliseo, agrietando de golpe las barreras de contención y haciendo que hasta el mismo suelo de obsidiana temblara como si la tierra misma fuera a partirse.
—Todo lo que has vivido con tu depresión se ha convertido en un camino de luz —proclamó la voz de Emperor, resonando en todo el recinto—. Has llorado, has sido menospreciada, has sido humillada e intentado rendirte... pero eso jamás volverá a suceder. Desde ahora en adelante, compartiré todo mi ser contigo, completando la fase de la evolución.
La marea de maná oscuro de Emperor se fundió directamente dentro del cuerpo de Eime. Sus heridas comenzaron a cerrarse a una velocidad regenerativa jamás antes vista. Sus ojos brillaron con un matiz púrpura y dorado resplandesciente, mientras la mítica espada de Dasshonl flotaba hacia su mano, respondiendo al despertar definitivo de su verdadera ama.
En las gradas, Fer, Erick y Kai se cubrieron los rostros ante el impacto del aura colosal que inundó la arena, mientras Yuki y yo observábamos fijamente la metamorfosis. Emilia frenó su paso de golpe, abriendo los ojos de par en par ante el poder titánico que acababa de nacer frente a ella.

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Estás leyendo el capítulo 314 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 27 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.