Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 313 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Pero... si no me equivoco, ¿la iglesia no se supone que protege a su gente? —pregunté, frunciendo el ceño al recordar la doctrina oficial que pregonaban los templos.
Yuki dio un paso al frente, con una sonrisa amarga y los ojos echando chispas de rabia contenida.
—Esa misma pregunta me hago yo —dijo Yuki, cruzándose de brazos con evidente desprecio—. No confío en ellos ni un solo segundo. Recuerden lo que ocurrió hace 32 años cuando nuestro antiguo líder fue ejecutado... ¿Qué hicieron ellos? Se pusieron al servicio de Kronos de inmediato y todo se fue completamente a la mierda. Lo único bueno de esa pesadilla es que pude vengarme por la muerte de mi señor...
Eime ladeó la cabeza, suspirando profundamente mientras miraba a Yuki con seriedad.
—Es verdad —asintió Eime—. Tú te vengaste, pero al hacerlo solo provocaste que el Dios Nocturno se diera cuenta de que seguíamos aquí, justo antes de que comenzara la masacre. Para evitar caer en ese mismo destino y llegar a ese año sin repetir los errores del pasado, lo que debemos hacer ahora es arruinar por completo los planes de Kronos y Gabriel. Y afortunadamente, esta vez sí tenemos el tiempo a nuestro favor.
Apreté los puños al escuchar sobre los eventos de hace tres décadas. La sombra de Kronos era mucho más profunda y antigua de lo que pensaba.
—Entonces no hay margen de error —sentencié, mirando hacia el umbral por donde los demás habían partido—. La iglesia no es un santuario, es un nido de sierpes bajo el control de mi hermano. Debemos movernos rápido para asegurar la salida de Charlotte y romper cualquier red de vigilancia que tengan sobre ella antes de que Kronos vuelva a mover sus fichas.
Aclaré la garganta, haciendo que el murmullo restante en la inmensa Sala del Gran Consejo se disipara por completo. Las filas compuestas por los 68 Guardianes y mis aliados más cercanos en el estrado fijaron sus miradas en mí en un silencio absoluto y reverente.
—Ejem... como sea, hoy vengo a decirles algo realmente importante —declaré, dando un paso al frente sobre el estrado y apoyando las manos en el borde de la mesa táctica de obsidiana.
Observé detenidamente el rostro de cada uno de los líderes de la vanguardia que permanecían alineados frente a mí.
—La fundación de la nación en la Planicie de Gran-Aura ya no es solo una estrategia de defensa; es nuestra declaración de guerra abierta contra la corrupción de la academia, las trampas del imperio y las sombras de Kronos —continué, con una voz firme que resonó por todos los rincones del salón—. A partir de este instante, desplegaremos a los 68 Guardianes para tomar el control de los perímetros neutrales y asegurar el terreno. No le daremos a Kronos ni a Gabriel la menor oportunidad de reaccionar.
Otis hincó una rodilla en tierra, seguido de inmediato por Kael, Varion, Dravos y el resto de los 68 Guardianes, haciendo retumbar el suelo de mármol.
—¡Escuchamos y obedecemos, mi Señor Carlos! —proclamó Otis con solemnidad—. La vanguardia está lista para movilizarse a la Planicie de Gran-Aura en cuanto usted dé la señal.
Kael, un joven de la raza de los vampiros que lideraba una de las secciones de la guardia, dio un paso al frente desde la primera fila. Ladeó ligeramente la cabeza, fijando sus ojos carmesí en mí con un matiz de duda sincera en la mirada.
—Tengo una duda, Señor Carlos... —dijo Kael en voz baja pero firme—. En esta nueva nación que vamos a construir... ¿habrá un lugar donde los vampiros realmente podamos vivir en paz?
Antes de que pudiera responderle, Dravos, el joven elfo que permanecía a su lado ajustándose el arco de madera mística, dio un paso adelante y cruzó miradas con Kael.
—Eso mismo me pregunto yo... —añadió Dravos, con una mezcla de cautela y esperanza en el rostro—. Durante siglos, razas como la mía o la de Kael hemos sido rechazadas, perseguidas por la iglesia o utilizadas como peones por las grandes potencias. ¿Esta nación será distinta para todos nosotros?
Miré a Kael, a Dravos y a las distintas razas que componían las filas de los 68 Guardianes. La pregunta no era menor: la discriminación y la persecución religiosa o racial habían sido el pan de cada día en los reinos tradicionales.
—Esa es la razón fundamental por la que estamos levantando la Planicie de Gran-Aura —respondí, caminando hacia el borde del estrado para mirarlos a los ojos—. No estamos creando un reino para los humanos ni una facción exclusiva. Estamos creando un bastión soberano donde la sangre, la raza o la magia de origen no determinen el valor de nadie.
Hice una breve pausa para que mi voz resonara en todo el salón.
—Tanto los vampiros como los elfos, los demonios o los humanos tendrán un hogar seguro en Gran-Aura, protegidos por nuestras propias leyes y nuestra propia fuerza. Nadie volverá a cazarlos ni a juzgarles por lo que son.
Kael apretó el puño contra su pecho en un firme saludo de su raza, mientras una leve sonrisa de alivio cruzaba el rostro de Dravos.
—Eso es un buen punto. Varion, ¿alguna duda? —pregunté, girándome hacia él.
Varion, el guardián de origen humano, dio un paso al frente, cruzándose de brazos con una expresión pensativa mientras sopesaba las implicaciones geopolíticas de lo que estábamos a punto de hacer.
—Bueno, ya que soy humano no tengo problemas con la convivencia, ya que ellos son mis amigos —comenzó diciendo Varion, mirando de reojo a Kael y a Dravos—. Pero tengo una duda... ¿Qué pasará cuando los reyes de los reinos o tu propio padre se enteren de tus planes? Ellos se van a molestar, ¿no?
Un breve murmullo de asentimiento recorrió a algunos de los guardianes. La reacción de las grandes potencias y de las casas reales no era un tema menor.
—Sobre eso, pensaba hablarlo directamente con ellos más adelante —respondí con serenidad pero con total firmeza—. Por ahora, nuestra prioridad es construir el lugar y rescatar a la gente de todos los reinos, o a aquellos a quienes están usando o manteniendo cautivos, como está haciendo el Imperio, por ejemplo.
Apreté los puños sobre el estrado mientras observaba a los 68 Guardianes.
—Y es por eso que ustedes irán a ese lugar. Pero primero, tendríamos que conseguir y preparar todo el material necesario para edificar nuestra propia ciudad desde los cimientos.
Otis inclinó la cabeza, tomando nota de las directivas inmediatas.
—Entendido, Señor Carlos —intervino Otis—. Si el primer paso es la infraestructura y el acopio de materiales mágicos y de construcción, organizaré a los grupos de trabajo para que la vanguardia asegure las rutas de suministro en la Planicie de Gran-Aura hoy mismo.
Otis dio un paso al frente, desplegando un pergamino de arquitectura mágica frente a la formación de los 68 Guardianes. Su mirada se volvió aguda y analítica al comenzar a organizar la logística inicial para levantar la ciudad.
—Para coordinar la recolección de materiales, la cimentación de las fortalezas y la creación del perímetro protector, dividiremos a la vanguardia en tres divisiones principales —anunció Otis con voz potente.
Dio un paso hacia el ala izquierda de la formación y señaló directamente a cinco de los guardianes.
—Varion, Durgol, Bromgar, Skarn y Barakor, ustedes liderarán el equipo de Extracción y Cantera. Durgol y Bromgar, utilicen su afinidad con la tierra para moldear las vetas de piedra mística y basalto de las cordilleras del sur. Varion y Skarn coordinarán el transporte pesado hacia el centro de la planicie. Necesitamos bloques capaces de resistir embates mágicos de gran calibre.
—Déjanoslo a nosotros, Otis —respondió Durgol, golpeando su pecho con el puño de su armadura de hierro pesado—. En menos de tres días tendremos las primeras toneladas de basalto alineadas en la frontera.
Otis asintió y se giró hacia el centro de la sala, fijando su atención en el grupo de magos y encantadores.
—Eldric, Myrrdin, Seraphine, Vaelyra y Nyxara, formaréis la división de Estructuras Mágicas y Encantamiento. Eldric, tú y Myrrdin trazarán los círculos de transmutación a gran escala sobre el terreno para acelerar la fusión de los cimientos. Seraphine y Vaelyra se encargarán de tejer las barreras continentales para ocultar las obras de los espías del Imperio y de la Iglesia.
—Entendido —dijo Eldric, haciendo brillar un tomo de runas entre sus manos—. El maná de la Planicie de Gran-Aura es denso; si canalizamos las vetas ley correctamente, el núcleo de la ciudad se erigirá con perfecta estabilidad.
Finalmente, Otis miró hacia los vanguardistas más rápidos y sigilosos.
—Kael, Dravos, Xyphos, Nazghar y Riven, estarán a cargo de la Avanzada y Perímetro. Kael y Dravos rastrearán las zonas colindantes para detectar cualquier movimiento del enemigo o grupos de refugiados que necesiten rescate antes de que el Imperio los capture.
—Ningún explorador enemigo cruzará las montañas sin que nos demos cuenta —aseguró Kael, con un destello carmesí en los ojos mientras ajustaba las dagas de su cinturón.
Otis volvió a guardar el pergamino y se giró hacia mí, realizando una inclinación.
—Mi Señor Carlos, la división de trabajo está asignada. Con estas órdenes, los materiales comenzarán a ser procesados hoy mismo para dar forma a los cimientos de la nación.
Otis volvió a desplegar el mapa táctico sobre la mesa de obsidiana, ajustando el trazo de los cuadrantes para asignar los frentes de trabajo al resto de los guardianes.
—El plan de construcción no puede tener fallas ni puntos ciegos —declaró Otis, con voz severa que resonó en todo el salón—. El resto de los guardianes se dividirá en las áreas fundamentales de abastecimiento, fortificación pesada y logística.
Se giró hacia las filas de los guerreros y comenzó a dar las directivas correspondientes:
—Lucian, Zareth, Malakor, Vor'Thul, Khaos, Vorthrax, Ignivar, Azheryon, Pyraxis y Nythralor, integrarán la División de Fundición y Metalurgia Mágica. Su tarea será procesar el hierro de sangre y las aleaciones de mithril para reforzar los portones principales y la muralla exterior.
—Aelthir, Vaelyr, Sylthar, Eryndor, Lirion, Thalanor, Zephios, Orion y Thrain, constituirán la División de Canalización y Suministro de Maná. Establecerán las torres de canalización para asegurar que la ciudad tenga energía mágica inagotable y agua limpia desde las vetas subterráneas.
—Morvanna, Ravana, Lyra, Isolde, Elysia, Saphira, Kaela, Noctessa, Lilithra y Xareen, formarán la División de Sistemas Defensivos de Campo. Su deber será sembrar las trampas rúnicas, los glifos de alerta y los escudos de desviación alrededor de la Planicie de Gran-Aura.
—Auralia, Daeron, Aegon, Baelgor, Smaugra, Drakar, Zyrkul, Vaelgor, Tharion y Krozar, asumirán la División de Movilización de Recursos y Asalto Pesado. Se encargarán del despeje del terreno, la remoción de escombros de gran tamaño y el transporte de los suministros traídos de las bodegas de la Red Blood Association.
—Umbrael, Drakthor, Sylas, Vexar, Kragor, Valther, Noxar, Draven, Zylor, Rhaegar, Morghul, Sephir y Xarkon, estarán asignados a la Guardia de Sombra y Vigilancia Interna. Vigilarán las rutas secretas de escape, asegurarán que ningún infiltrado de la Iglesia o de Kronos interfiera en las obras y mantendrán la comunicación fluida con Netheryx y Ember en la retaguardia.
Los sesenta y ocho guardianes, organizados hasta el último hombre, golpearon el suelo con sus armas en un saludo unánime que hizo vibrar el aire del salón del consejo.
—¡Las asignaciones están dadas, mi Señor Carlos! —concluyó Otis, haciendo una profunda reverencia—. Todos están listos para dar inicio a las obras en la Planicie de Gran-Aura.
Solté una carcajada ante la abrumadora eficiencia con la que Otis organizó a las tropas en un abrir y cerrar de ojos.
—Vaya, qué rápida eres... No vaya a ser que le quites el trabajo a Yuki o a Emilia, jajaja —bromeé, mirando de reojo a ambas mientras me acomodaba en la mesa táctica.
Yuki y Emilia se quedaron completamente calladas por un segundo. Sin embargo, un brillo intenso y competitivo cruzó de golpe los ojos de ambas al fijar su mirada en la nueva integrante.
Sus auras parecieron responder al unísono con un mensaje silencioso pero claro: ni pienses que vas a quitarnos nuestro lugar al lado del Señor Carlos; no nos dejaremos superar tan fácilmente por una nueva compañera.
Otis simplemente esbozó una leve sonrisa llena de compostura, mientras los 68 Guardianes comenzaban a movilizarse en perfecta disciplina a través de los portales de sombra hacia la Planicie de Gran-Aura, listos para dar forma al primer gran muro de nuestro imperio.
Emilia soltó un bufido elegante, ajustándose las mangas con una pequeña sonrisa de complicidad dirigida hacia Yuki.
—Debo admitir algo, Yuki... —comentó Emilia, ladeando la cabeza con frialdad pero divertida—. Es la primera vez que ambas estamos de acuerdo en algo: en no dejar que Otis nos quite nuestro lugar.
Yuki se cruzó de brazos, asintiendo con absoluta firmeza mientras la miraba de reojo.
—Ni en mil años —respondió Yuki con determinación—. Otis podrá ser muy eficiente con la logística de la vanguardia, pero la guardia de honor del Señor Carlos la mantenemos nosotras.
Kai se llevó una mano a la cara, soltando un largo suspiro cansado ante la escena.
—Ya van a empezar otra vez... —murmuró Kai, girándose hacia su compañero—. Mejor hay que irnos, Erick...
Erick, que observaba la escena cruzado de brazos junto a la mesa táctica, soltó una leve risita socarrona antes de mirar a Fer.
—Pero tú también te estabas divirtiendo riéndote de ellas, ¿o no, Fer? —lo delató Erick con una sonrisa burlona.
—Es verdad —añadió Kai, señalando a Fer con la cabeza—. Él siempre se la pasa riendo como loco, pero seguro es porque quiere atención.
—¡Oh, vamos! ¡No sean así! —protestó Fer de inmediato, levantando las manos a la defensiva y mirando a la sala para buscar aliados—. ¡Ellas empezaron conmigo! ¿O acaso ya olvidaron cuando esas dos se juntaron solo para aplastarme a mí? ¡Casi no salgo vivo de esa!
Eime e Inglis, que escuchaban el cruce de palabras desde un costado del estrado, no pudieron evitar sonreír ante el caos cotidiano del grupo, mientras los últimos guardianes cruzaban el portal hacia los terrenos de la Planicie.
La temperatura en la sala bajó varios grados de golpe. Emilia dio un paso al frente, haciendo resonar sus tacones contra el suelo de obsidiana con un ritmo helado y categórico. Miró a Eime con los ojos entrecerrados y un fulgor peligroso.
—Eime —dijo Emilia, con una voz tan serena que resultaba espeluznante—. Hay algo que quedó pendiente. Te espero en la sala de entrenamiento.
Antes de que alguien pudiera protestar, Emilia giró sobre sus talones y barrió a todos los presentes con una mirada dominante que dejó helados incluso a los guardianes más veteranos.
—Todos ustedes vengan conmigo —ordenó, con un tono que no admitía réplica—. Quiero dejarles bien claro a cada uno de ustedes que, como guardianes de la Red Blood Association, no podemos permitirnos perder ante nadie. Ni siquiera contra esa porquería de Dios Nocturno. Y hoy... todos serán testigos del castigo que le daré a Eime.
Fer se quedó tieso en su sitio, tragando saliva ruidosamente y dando un paso lento hacia atrás para ponerse detrás de Erick.
—Mierda... —susurró Fer en voz muy baja—. Te lo dije, cuando Emilia se pone en ese plan, es mejor no respirar fuerte... Eime, fue un honor haberte conocido, amiga.
Kai suspiró profundamente, ajustándose las correas del hombro mientras negaba con la cabeza, aunque en el fondo la tensión en su postura demostraba que no pensaba perderse lo que estaba por ocurrir.
—Bueno... parece que la reunión del consejo acaba de trasladarse a la arena —comentó Kai, mirando a Erick—. Más vale que vayamos si no queremos que Emilia decida que el resto también necesita "recordatorios".
Eime, por su parte, no mostró ni un solo rasgo de pánico. Ladeó la cabeza con una sonrisa tranquila y desafiante, acomodándose las prendas antes de dar el primer paso tras Emilia.
—Si crees que va a ser un castigo unilateral, te vas a llevar una sorpresa, Emilia —respondió Eime con tono pausado, cerrando los puños con ligera presión de maná—. Pero me parece perfecto. Aclaremos las cuentas de una vez antes de marchar a Gran-Aura.
Yuki cruzó los brazos y esbozó una leve sonrisa de satisfacción, caminando a mi lado mientras la comitiva completa comenzaba a moverse hacia el área de combate.
—Esto se va a poner interesante, Señor Carlos —murmuró Yuki—. A veces un combate sin reservas es justo lo que la vanguardia necesita para afilar las garras.
Miré la espalda de Emilia y de Eime mientras las pesadas puertas dobles de la sala de entrenamiento se abrían de par en par, revelando el extenso coliseo de combate reforzado con barreras rúnicas de nivel místico.
El murmullo en las gradas del coliseo se apagó por completo. La atmósfera dentro del cuadrilátero rúnico se volvió tan pesada que la sola presión del aire hacía difícil respirar.
Eime se detuvo en el centro de la arena, manteniendo la cabeza baja mientras sus hombros temblaban levemente. Sus puños apretados dejaban brotar pequeñas chispas de maná inestable sobre la superficie de cuarzo reforzado.
—Así que finalmente decidiste matarme, ¿verdad? —soltó Eime, elevando la mirada hacia Emilia con una mezcla de amargura y rencor contenido—. Por mi error al fallar en la batalla contra el Dios Nocturno... Soy una vergüenza para ti. Siempre me has menospreciado.
Emilia no parpadeó. Dio un paso lento hacia adelante, sacando su estoque plateado de la vaina con un chirrido metálico que resonó como un eco helado en toda la sala de entrenamiento.
—¿Menospreciarte? —respondió Emilia, con una voz desprovista de toda calidez—. Si te menospreciara, Eime, te habría dejado tirada en el campo de batalla aquel día para que las sombras del Dios Nocturno te consumieran por completo.
Ajustó la empuñadura de su arma y alzó la mirada, fijando sus ojos afilados en la guerrera.
—Lo que me enfurece no es que hayas fallado... es que estés parada frente a mí llamándote 'vergüenza' y esperando la muerte como una acobardada —sentenció Emilia, liberando una ráfaga de aura congelante que agrietó la barrera mágica del perímetro—. Si crees que vine aquí a ejecutar a una inválida emocional, estás muy equivocada. Vine a arrancarte esa lástima por ti misma a golpes. ¡Empuña tu arma y demuéstrame si la Red Blood Association tiene a una guerrera o a un cadáver servido en bandeja para el enemigo!
Fer tragó saliva en las gradas, apoyándose contra la barandilla junto a Erick y Kai.
—Dios mío... —susurró Fer, erizándosele la piel—. Esto no va a ser una simple práctica. Emilia habla en serio.

Continúa leyendo
The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 314
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 313
Estás leyendo el capítulo 313 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 27 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.