arrow_back

Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 312 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—En fin, nos vemos luego —dije, viendo cómo la tensión inicial por la llegada de King comenzaba a asentarse en el ambiente—. Gojo, ¿tú qué harás? —Iré a ver sobre la cultura de este reino —respondió Gojo, acomodándose la venda de los ojos con una sonrisa despreocupada—. Además, podría aprovechar para entrenar mi magia y mi poder en las zonas de alta concentración de maná de las montañas. —¿Y tú, Yins? —pregunté girándome hacia él. —Yo iré contigo, Maestro —dijo Yins Shadow sin dudarlo, dando un paso al frente. —¡Igual yo! —añadió Zani emocionado, chocando los puños con entusiasmo. Me giré hacia el resto del grupo que permanecía en la biblioteca de obsidiana. —Solo quedan Natsuki y Shiro... ¿qué harán ustedes? —Nosotras iremos de compras —declaró Natsuki con elegancia, inclinando ligeramente la cabeza—. Igual tú vendrás conmigo, Lucía. Lucía dio un paso atrás, abriendo los ojos de par en par con una mezcla de pánico y protesta. —¡Espera, eso no era parte del trato! —exclamó Lucía, cruzándose de brazos a la defensiva. Natsuki esbozó una leve sonrisa, helada pero firme, mientras le ponía una mano en el hombro para evitar que huyera. —Considerando que vas a ser una de las figuras clave en la vanguardia de la Red Blood Association, necesitas ropa adecuada para las reuniones diplomáticas y el terreno. Así que sí, ahora es parte del trato. Shiro soltó un leve suspiro divertido, ajustándose la capa. —Yo las acompañaré. Aprovecharé para revisar el mercado de suministros y adquirir catalizadores mágicos antes de que iniciemos los preparativos para la Planicie de Gran-Aura. —¡Bien! Nos dividimos entonces —dijo Gojo entre risas, comenzando a caminar hacia la salida junto a Yins y Zani—. ¡No te gastes todo el dinero del reino en ropa, Natsuki! Con el grupo dispersándose para sus respectivas tareas, las puertas de la biblioteca volvieron a quedar en silencio, dejándome a solas con King para discutir los asuntos pendientes sobre la frontera y la presencia de Elena. —Ahora sí, dime qué es lo que vieron tú, Lucía y las demás razas —dije, cruzándome de brazos mientras fijaba mi mirada firmemente en él. King soltó un suspiro pesado y se apoyó contra una de las estanterías de obsidiana, dejando que la seriedad dominara su rostro. —No te puedo mentir... Te vi. Vi que mataste a alguien durante el festival —confesó King en voz baja, mirándome fijamente—. Pero entiendo por qué lo hiciste. Ese tipo había consumido la droga del Dios Demonio de la Destrucción. Aun así... nunca pensé que ellos vendrían con la intención directa de matarte, Carlos. Por eso Ginebra, Stiven, Elena y yo nos quedamos con tantas dudas sobre por qué tú eres el blanco de todos y cuáles eran realmente sus intenciones. Apreté los puños, sintiendo cómo el recuerdo de esa noche volvía a mi mente con frialdad. —No te puedo mentir, King... Mi hermano Kronos es el causante de todo esto —revelé con voz sombría—. Él se alió con el enemigo y junto con el imperio. Por eso no solo maté a Drako, sino también a Óscar... También pensé en matar a Ascan, pero no podía hacerlo. Él también es inocente, víctima de una manipulación, y la muerte de su hermana ocurrió por culpa de mi hermano Kronos. Por eso lo estoy cuidando... Igual, no le digas a nadie lo que pasó. King abrió los ojos con ligera sorpresa ante la revelación de Kronos, pero antes de que pudiera responder, una voz intervino desde un rincón en penumbra de las estanterías. —Ya veo... —dijo Mael, saliendo lentamente a la luz con los brazos cruzados y una expresión indescifrable. Se me heló la sangre por un segundo. Mierda... me olvidé de él... —pensé, dándome la vuelta de golpe hacia donde estaba Mael. Mael caminó lentamente hacia nosotros, haciendo sonar sus pasos sobre el mármol de la biblioteca mientras fijaba su mirada seria en mí. Detuvo su marcha a un par de metros, relajando la postura y soltando un resoplido cargado de un desdén frío. —No te preocupes —dijo Mael, cruzándose de brazos mientras ladeaba la cabeza—. Yo también odiaba a esos tres. Eran una plaga en la academia y unos bastardos arrogantes que solo buscaban poder fácil. Hizo una breve pausa, entrecerrando los ojos mientras una chispa de desaprobación cruzaba su rostro. —Pero dejar con vida a uno... eso sí es lo peor que pudiste hacer, Carlos. King observó en silencio la interacción entre Mael y yo, manteniendo la compostura mientras la tensión en la biblioteca se elevaba ligeramente. —Ascan está roto, Mael —respondí, manteniendo la voz firme y la mirada fija en él—. La droga del Dios Demonio de la Destrucción no solo los consumió a ellos, sino que destruyó todo lo que Kronos tocó alrededor de su familia. Matar a Drako y a Óscar era inevitable... se habían convertido en monstruos irrecuperables. Pero Ascan solo era una pieza que mi hermano usó y desechó tras la muerte de su hermana. Mael apretó los dientes, soltando una risa corta y seca. —Comprendo el remordimiento o el honor, o como quieras llamarlo —intervino Mael, dando un paso más hacia la mesa de cuarzo—. Pero Kronos no juega limpio. Tu hermano se alió con el imperio y las facciones oscuras porque sabe exactamente cómo manipular a los débiles. Si Ascan descubre la verdad o si Kronos vuelve a meter la mano en su mente, ese "gesto de piedad" se te va a regresar como un cuchillo por la espalda. —No si mantenemos a Ascan bajo la vigilancia de la Red Blood Association —intervino King con tono pausado, llamando la atención de ambos—. Si Tanaka lo tiene resguardado y controlado, Kronos no podrá volver a usarlo como peón. Pero Mael tiene razón en algo: Ginebra, Stiven y Elena no van a entender esa piedad si se enteran por fuera. Para el resto del mundo académico, lo que ocurrió esa noche sigue siendo una masacre sin justificación. Se hizo un silencio pesado entre los tres en medio de las enormes estanterías de obsidiana. —King tiene razón —asentí, apretando el puño sobre la mesa—. Por eso nadie más fuera de esta habitación puede saber lo que pasó con Óscar, Drako y Ascan. Cuando levantemos la nación en la Planicie de Gran-Aura, la verdad saldrá a la luz bajo nuestras propias condiciones, no bajo las mentiras que Kronos y la academia están difundiendo. —Me llevaré a Kratos y a María conmigo. Hay cosas que debo hablar sobre Charlotte, así que nos vemos luego —dije, acomodándome la túnica mientras miraba a Mael y a King. King simplemente asintió, entendiendo que las verdades que rodeaban a Charlotte y a la familia real requerían una conversación privada. —Es verdad... —murmuré, recordando el mapa de la Planicie de Gran-Aura y la urgencia de coordinar la logística—. Yins, dile algo a los demás. ¿Crees que puedas usar un portal? Hay algo importante que tengo que hablar con mis guardianes sobre la idea de fundar una nación. Yins Shadow, que seguía cerca del umbral de la biblioteca escuchando atento, dio un paso al frente y extendió su mano envuelta en energía oscura. —Por supuesto, Maestro —respondió Yins con voz firme mientras las sombras a su alrededor comenzaban a remolinearse en un punto fijo—. Un portal a la sala de convocatorias de la Red Blood Association estará listo en un segundo. Informaré a los demás guardianes para que se reúnan de inmediato. La distorsión espacial comenzó a abrirse en el centro del pasillo de obsidiana, reflejando el fulgor de la sede central donde los 68 guardianes aguardaban mis órdenes para dar el primer paso hacia nuestro nuevo imperio. El portal de sombras se estabilizó con un zumbido profundo, abriendo una rasgadura de maná oscuro que conectaba directamente el corazón de Drak'Tharion con la imponente Sala del Gran Consejo de la Red Blood Association. A través del vórtice, la majestuosidad del salón principal ya se dejaba ver. Las antorchas de fuego espiritual iluminaban las extensas filas de tronos tallados en obsidiana donde las siluetas de los guardianes comenzaban a materializarse tras recibir la llamada de Yins. King dio un paso atrás, observando el portal con un destello de genuino asombro en sus ojos de dragón. —Así que este es el alcance de tu red... —murmuró King, ajustándose los guantes mientras me miraba con un respeto renovado—. Tanaka, iré a reunirme con Ginebra y Stiven para mantenerlos al margen por ahora, pero mantendré un ojo en los movimientos de Elena en la frontera. Cuando la Red Blood Association dé su primer paso oficial en la Planicie de Gran-Aura, ahí estaremos. —Gracias, King —asentí, dedicándole un leve gesto con la cabeza—. Mantén la discreción sobre Kronos y Ascan. King asintió en silencio y, envolviéndose en una ráfaga de aura dracónica dorada, se retiró hacia las galerías superiores de la biblioteca para tomar su propio camino. Me giré hacia Mael, Kratos y María, quienes ya estaban listos a mi lado. —Vamos —dije con firmeza, cruzando el umbral del portal. El aire en el salón del consejo era denso y vibraba con una presión mágica abrumadora. Tan pronto como mis pies tocaron el suelo de la sede central, las conversaciones murmulladas se detuvieron de golpe. Decenas de pares de ojos —algunos incandescentes, otros demoníacos, pero todos cargados de una lealtad absoluta— se fijaron en mi presencia. En el centro del salón, Otis ya se encontraba de pie en posición de guardia, con las manos cruzadas frente a su cintura y una sonrisa radiante de pura devoción. —¡Bienvenidos, mi venerado Señor Carlos! —declaró Otis con una reverencia impecable que hizo ondear su túnica oscura—. He transmitido su augusto llamado. Los guardianes están presentes para escuchar la sublime voluntad que guiará el destino de nuestro imperio. Caminé a paso firme hacia el estrado principal, donde el mapa holográfico de la Planicie de Gran-Aura comenzó a desplegarse ante la mirada atenta de toda la organización. —Los he convocado hoy porque el tiempo de operar desde las sombras ha terminado —anunció, haciendo que mi voz resonara en cada rincón del inmenso salón—. La Red Blood Association no será solo una facción militar ni una orden de élite. Vamos a refundar este mundo desde sus cimientos. Vamos a levantar una nación soberana en la Planicie de Gran-Aura: un bastión libre de la corrupción de los reinos, protegido por nuestro poder y dedicado al legado de Henry. Un murmullo de emoción y determinación recorrió las filas de los guardianes, mientras las primeras directivas estratégicas comenzaban a tomar forma para la reunión de consejo más importante en la historia de nuestra organización. Acomodando la lista y cruzando las puertas del portal, la imponente Sala del Gran Consejo se reveló en toda su magnitud. Ahí estaban reunidos tus aliados más cercanos: Yuki, Emilia, Kai, Fer, Inglis, Erick, Shalltear, Octavio, Eime y Kenia, flanqueando el estrado con miradas llenas de determinación. Y alineados en perfecta formación a lo largo del gran salón, los 68 Guardianes de la Red Blood Association aguardaban en pie, emanando auras que hacían vibrar el aire de la sede central: Kael | 2. Varion | 3. Dravos | 4. Lucian | 5. Zareth | 6. Malakor | 7. Vor'Thul | 8. Xyphos | 9. Nazghar | 10. Khaos | 11. Vorthrax | 12. Ignivar | 13. Azheryon | 14. Pyraxis | 15. Nythralor | 16. Aelthir | 17. Vaelyr | 18. Sylthar | 19. Eryndor | 20. Lirion | 21. Thalanor | 22. Zephios | 23. Myrrdin | 24. Eldric | 25. Orion | 26. Bromgar | 27. Thrain | 28. Durgol | 29. Barakor | 30. Grimnir | 31. Seraphine | 32. Nyxara | 33. Vaelyra | 34. Morvanna | 35. Ravana | 36. Lyra | 37. Isolde | 38. Elysia | 39. Saphira | 40. Riven | 41. Kaela | 42. Noctessa | 43. Lilithra | 44. Xareen | 45. Auralia | 46. Daeron | 47. Aegon | 48. Baelgor | 49. Smaugra | 50. Skarn | 51. Drakar | 52. Zyrkul | 53. Vaelgor | 54. Tharion | 55. Krozar | 56. Umbrael | 57. Drakthor | 58. Sylas | 59. Vexar | 60. Kragor | 61. Valther | 62. Noxar | 63. Draven | 64. Zylor | 65. Rhaegar | 66. Morghul | 67. Sephir | 68. Xarkon (quedando Netheryx y Ember preparados como contingente de apoyo estratégico). Fer dio un paso al frente al verme entrar junto a Kratos y María, ajustándose el guantelete mientras miraba a Yuki y Emilia con una sonrisa de absoluta confianza. —Sabíamos que este momento llegaría, Carlos —dijo Fer, alzando la voz para que resonara entre los 68 guardianes—. Desde que salimos del sello y dejamos atrás las llamas del festival, hemos estado esperando tu señal. Erick e Inglis cruzaron miradas, mientras Shalltear abría levemente su abanico con elegancia, inclinando la cabeza en un gesto reverente. —Las fuerzas de la Red Blood Association están completas, mi Señor —anunció Shalltear con voz suave pero firme—. Cada uno de los 68 guardianes ha jurado responder a tu llamado. Solo esperamos tus órdenes para marchar hacia la Planicie de Gran-Aura. Me ubiqué en el centro del estrado, frente al mapa holográfico que proyectaba las cordilleras y los vastos terrenos neutrales de la planicie. A mi lado, Kratos y María permanecían atentos, listos para la conversación pendiente sobre Charlotte. —Escuchen bien todos —declaré, haciendo que un silencio absoluto inundara la gran sala—. La época de escondernos y actuar en las sombras ha terminado. No fuimos nosotros los criminales esa noche en el festival, sino las autoridades corruptas de la academia y aquellos que se aliaron con el imperio. Hoy, en honor al sacrificio de Henry y por el futuro de todos los que han sido perseguidos, daremos el primer paso. Kael, Varion y Dravos, a la cabeza de los guardianes, hincaron una rodilla en tierra, seguidos al instante por los otros 65 guerreros, haciendo retumbar el suelo de la fortaleza. —¡Fundaremos una nación soberana e impenetrable en la Planicie de Gran-Aura! —sentencié, apretando el puño—. Un lugar donde la corrupción no tenga cabida y donde nuestra fuerza proteja a los débiles. Los 68 guardianes asumirán la vanguardia y el control de las fronteras. ¡Es hora de mostrarle al mundo de lo que es capaz la Red Blood Association! —¡A sus órdenes, Señor Carlos! —rugieron los 68 guardianes al unísono, haciendo vibrar los cimientos del edificio mientras Otis, a mi espalda, esbozaba una sonrisa radiante de puro éxtasis ante la majestuosidad de la convocatoria. Solté una risa resoplada mientras contemplaba el mar de cascos, armaduras y miradas solemnes que llenaban la Sala del Gran Consejo. —Vaya... nombrar a todos los sesenta y ocho va a ser un verdadero problema —murmuré para mí mismo, rascándome la nuca mientras miraba la interminable fila que iba desde Kael hasta Xarkon. Gojo, que acababa de asomarse tras cruzar el portal de regreso, soltó una carcajada estrepitosa y se pasó la mano por el cabello. —¡Ni te molestes en intentarlo, Carlos! —exclamó Gojo entre risas—. Si te pones a pasar lista uno por uno, la Planicie de Gran-Aura va a terminar de construirse antes de que llegues al número treinta. ¡Con que recuerdes a Kael, Varion y tres o cuatro más para darles órdenes directas, ellos solitos se coordinan! Shalltear cerró su abanico con un clac seco y soltó una risita elegante, mirando de reojo a la formación. —Gojo tiene razón, Señor Carlos —comentó Shalltear con una sonrisa divertida—. Los 68 Guardianes responden a la jerarquía de la Red Blood Association como un solo cuerpo. No necesitas memorizar la lista entera para mandar a la vanguardia a asegurar el perímetro de Gran-Aura. —Menos mal... —suspiré, relajando los hombros mientras miraba a Kratos y María—. Porque además tenemos asuntos mucho más urgentes y complejos que resolver aquí mismo... como lo de Charlotte. María apretó las manos frente a su pecho, dejando que una sombra de angustia y verdadera preocupación cubriera su rostro. La sola mención de Charlotte parecía pesarle enormemente. —Hace tiempo que Charlotte se fue a la iglesia... pero hay algo que me da mucho miedo —confesó María, bajando la vista antes de fijarla en mí con desesperación—. Tengo miedo de que Kronos le haga algo a ella... Quisiera irme con ella, pero quiero que me digas si me dejas que me lleve a Mael, Kratos, Shirou y Freya conmigo... Escuché sus palabras con atención, entendiendo perfectamente el peligro que representaba la sombra de mi hermano y la vulnerabilidad en la que Charlotte podría encontrarse en un lugar controlado por las instituciones religiosas. —Si es algo tan peligroso, está bien por mí —respondí con firmeza, dándole un asentimiento tranquilizador—. No tengo ningún problema con eso. Kratos dio un paso al frente, cruzándose de brazos y ajustando sus espaldas mientras miraba a María con determinación. —Si Kronos o la gente del imperio intentan ponerle una mano encima a Charlotte, se van a encontrar con una pared —aseguró Kratos con voz grave—. Mael, Shirou, Freya y yo nos aseguraremos de que esté protegida y de traerla a salvo a la Planicie de Gran-Aura antes de que las cosas empeoren. —Muchas gracias, Carlos... de verdad —suspiró María con un visible alivio en el rostro. —Vayan con cuidado —añadí, mirando al grupo que se preparaba para la misión de rescate y custodia—. Kronos no juega limpio, así que no bajen la guardia ni por un segundo mientras estén en territorio de la iglesia.
The strongest warrior of humanity (Novela)

Continúa leyendo

The strongest warrior of humanity (Novela)

Capítulo 313

Siguiente Capítulo ›

The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 312

Estás leyendo el capítulo 312 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 27 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.