Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 311 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Las pesadas puertas de bronce se abrieron con un gemido sordo, revelando la majestuosidad de la Gran Biblioteca Real de Drak'Tharion. Miles de tomos encuadernados en piel de dragón, pergaminos de seda abisal y esferas de cristal flotantes que proyectaban cartografía holográfica llenaban las estanterías de obsidiana que se elevaban hacia un techo abovedado.
—AQUÍ descansa la memoria geopolítica de este continente —anunció King Sage, haciendo un gesto amplio con la mano—. Todo tratado territorial, registro de vetas de maná y censo de las razas que han habitado la Planicie de Gran-Aura desde la era mitológica se encuentra en estas galerías.
Natsuki se adelantó a paso firme, deteniéndose ante una mesa circular de cuarzo donde flotaba un mapa tridimensional iluminado por runas azules. Pasó sus dedos por la superficie, haciendo que la imagen de la Planicie de Gran-Aura se expandiera en el aire.
—Si vamos a erigir una nación aquí, lo primero que necesitamos es un trazado urbano y defensivo —comentó Natsuki, adoptando una postura completamente estratégica—. La capital no puede ser una simple fortaleza militar. Debe dividirse en distritos bien definidos: un sector gubernamental para la Red Blood Association, una zona residencial multicultural, centros de investigación mágica y, sobre todo, una red de barreras secundarias que protejan a los civiles en caso de un ataque directo del abismo.
—Y no te olvides de la economía, Natsuki —intervino Gojo, acercándose con las manos en las caderas y una sonrisa calculadora—. Una nación sin comercio es solo un campamento de guerra muy grande. Si comerciamos los cristales de maná de Gran-Aura y el mithril purificado de Drak'Tharion con los reinos vecinos, la moneda de nuestra organización se convertirá en el estándar global.
Shiro, que ya hojeaba un tomo antiguo sobre las corrientes telúricas de la región, alzó la vista hacia mí.
—Señor Carlos —dijo Shiro con su habitual tono sereno—. El verdadero reto no será la construcción física, sino el impacto diplomático. Tan pronto como comiencen las obras en la Planicie de Gran-Aura, las naciones centralizadas y los señores de la guerra de las zonas fronterizas enviarán espías o contingentes para medir nuestra determinación. Debemos decidir quiénes entre los 68 guardianes encabezarán la vanguardia territorial y la administración inicial.
Me acerqué a la mesa de cuarzo, contemplando la luz dorada que representaba el corazón de nuestra futura capital.
—Los 68 guardianes no solo resguardarán las fronteras —declaré con voz firme, haciendo que todos en la biblioteca me miraran—. Cada uno de ellos asumirá la supervisión de un sector estratégico. Otis, con su estatus de Primordial Rey Demonio Verdadero, será la fuerza de disuasión absoluta en el perímetro exterior. Nadie intentará una invasión sabiendo qué clase de poder custodia nuestras murallas.
—Me parece una estructura impecable —asintió Natsuki, mirándome con una mezcla de orgullo y resolución—. Mañana mismo enviaré a mi mensajero con los pergaminos sellados para mi padre. Cuando el Reino del Norte haga pública la alianza y tu padre confirme su respaldo, declararemos oficialmente la fundación de la nación ante el mundo.
Sage inclinó la cabeza con una solemnidad profunda.
—Drak'Tharion estará a su entera disposición para proveer los materiales iniciales y la mano de obra especializada, Señor Carlos. Hoy no solo hemos presenciado la sumisión de una entidad del caos... hemos presenciado el inicio de una nueva era para este mundo.
Con los planos iniciales trazados, la diplomacia en marcha y las fuerzas de la Red Blood Association listas para ser convocadas, la era de la simple supervivencia había quedado atrás. El verdadero imperio de la humanidad estaba a punto de levantarse.
Shiro se detuvo un segundo, sorprendido por mis palabras, y una sutil sonrisa de alivio cruzó su rostro habitualmente serio. Ajustó los pergaminos en sus manos y bajó ligeramente la cabeza, pero esta vez con una complicidad mucho más cercana.
—Tienes razón, Carlos... me cuesta quitarme la costumbre —admitió Shiro, dejando escapar una leve risa resoplada—. Supongo que la escala de todo lo que estamos construyendo me hace olvidar por un momento que fuimos nosotros los que nos cubríamos las espaldas en los pasillos de la academia.
A su lado, Gojo dejó caer los hombros, deshaciéndose de la postura recta para recargarse con total soltura contra una de las estanterías de obsidiana.
—¡Al fin lo dices, viejo! —exclamó Gojo, revolviéndose el cabello con una sonrisa nostálgica pero afilada—. Ya me estaba empezando a dar dolor de cabeza tanto "Señor Carlos" por aquí y "Su Excelencia" por allá. Somos el mismo grupo de siempre, solo que con un ejército divino y un imperio en camino.
Natsuki guardó silencio un momento, cruzando los brazos sobre el pecho mientras la mención de la academia y de Gabriel traía un brillo gélido a sus ojos celestes.
—Gabriel... —masculló Natsuki, apretando ligeramente los puños—. Todavía se me revuelve la sangre al recordar ese maldito Festival del Año. Tuvimos que ver cómo toda la estructura en la que confiábamos se venía abajo en cuestión de minutos por su culpa. Nos tendieron una trampa perfecta, convirtieron lo que debía ser una celebración en un campo de matanza y nos obligaron a exiliarnos como si nosotros fuéramos los criminales.
—Todo se fue al carajo en ese instante —asentí, mirando la luz dorada del mapa estratégico en la mesa de cuarzo—. Pensaron que al destruir nuestra posición en la academia nos habían dejado sin nada, vagando por el continente. Nunca imaginaron que este exilio nos llevaría a reunir a los 68 guardianes, derrotar a una Primordial y estar a punto de erigir una nación que hará temblar sus murallas.
Zani, que se había mantenido cerca de la puerta vigilando la entrada, intervino con una mirada llena de determinación.
—Si Gabriel cree que puede seguir jugando a ser el titiritero desde las sombras de la academia, se va a llevar la sorpresa de su vida —dijo Zani, esbozando una sonrisa confiada—. Cuando la Red Blood Association levante su bandera en la Planicie de Gran-Aura, ya no habrá rincón en este mundo donde pueda esconderse.
—Así es —concluyó Shiro, mirando al grupo con una firmeza renovada—. Ya no somos los estudiantes que escaparon esa noche entre las llamas del festival. Si no podemos regresar a la academia, haremos que la academia tenga que rendirle cuentas a nuestra nación.
Yins Shadow bajó la cabeza, dejando que la sombra de su capuchón le cubriera casi por completo el rostro mientras el tono de broma desaparecía de su voz.
—Además... hubo pérdidas —murmuró Yins Shadow en un susurro pesado—. Extraño mucho a Alicia. Me pregunto qué estará haciendo en la academia Ryouou Clannad en este momento...
Lucía, que había estado escuchando en silencio desde un extremo de la mesa de estrategia, ladeó la cabeza con una expresión de pura confusión.
—Es verdad... —asintió Lucía, frunciendo el ceño suavemente—. Por cierto... ¿quién es Alicia?
—¿Eh? —solté, parpadeando con sorpresa.
—¡Ehhhhh! —exclamó Gojo a mi lado, llevándose las manos a la cabeza mientras Zani y Shiro abrían los ojos de par en par.
—Ah, es verdad, no te lo había dicho —dije, rascándome la nuca mientras soltaba un leve suspiro—. Es una persona que salvé en el Reino Platinos del Amanecer, el reino de Natsuki... Ella quedó sellada junto conmigo, Yins, Zani y Fer. Pero bueno, esa es otra historia. Lo que sí sé es que la situación allá afuera es mucho más peligrosa de lo normal. Tengo un sueño...
Me detuve un segundo, contemplando las enormes puertas de la biblioteca antes de mirar a cada uno de mis compañeros.
—Pero no lo hago por mí... lo hago por una persona que dio su vida por mí.
Natsuki suavizó la mirada, dando un paso al frente mientras su voz se volvía sumamente cálida y comprensiva.
—¿Hablas de Henry? —preguntó Natsuki en voz baja—. ¿El padre de Melissa?
—Así es —asentí con firmeza, apretando el puño sobre el mapa de la Planicie de Gran-Aura—. Él me dijo antes de morir que creara un mundo... o una nación donde nadie tenga que ser discriminado y donde no exista la corrupción que corroe a los demás reinos. Ese es el verdadero propósito de la Red Blood Association.
Natsuki apretó los labios con fuerza y se llevó una mano al pecho, recordando la pesadilla de aquel día mientras el frío a su alrededor amainaba por completo.
—Pero... eso fue cuando Lucifer logró poseerte, ¿no? —preguntó Natsuki, con la voz quebrándose levemente por el peso de la memoria—. Estuviste tan cerca de perderte por completo...
—Así es —asentí con la mirada fija en las sombras de la biblioteca—. Fue gracias a Henry que pude volver... al igual que mi hermana Karen. Pero han pasado cosas demasiado extrañas desde entonces, tanto en la academia como en mi propia vida.
Me pasé una mano por el rostro, dejando escapar un largo suspiro cargado de nostalgia mientras los rostros de aquellos que dejamos atrás volvían a mi mente.
—Espero que estén bien... Me pregunto qué estarán haciendo Masha, Sasha y David en tu reino, Natsu —añadí, mirando a Natsuki en busca de alguna respuesta.
Natsuki suavizó su postura y esbozó una pequeña sonrisa reconfortante, aunque sus ojos reflejaban la misma preocupación.
—David debe estar supervisando los entrenamientos de la guardia real con la misma disciplina rígida de siempre —respondió Natsuki con un tono cálido—. Y Masha y Sasha... conociéndolas, seguro están haciendo todo lo posible por mantener el orden en la corte del Reino Platinos del Amanecer mientras esperan noticias nuestras. Mi padre las mantiene bajo su protección directa, así que están a salvo.
Gojo, que escuchaba con los brazos cruzados tras el cuello, sonrió de lado con una chispa de determinación en la mirada.
—Henry nos dejó un legado enorme, Carlos —dijo Gojo rompiendo el silencio solemne—. Liberarte del dominio de Lucifer y salvar a Karen no fue una coincidencia. Si este sueño nació del sacrificio de un hombre como él, entonces esta nación en la Planicie de Gran-Aura no será solo un refugio... será la respuesta definitiva a toda la corrupción de los reinos y de la academia.
Zani asintió firmemente al lado de Yins Shadow.
—Cuando volvamos a ver a David, Masha, Sasha y Alicia, se van a encontrar con un imperio listo para recibirlos —añadió Zani—. No vamos a dejar que el sacrificio de Henry ni todo lo que pasamos con Lucifer haya sido en vano.
Sage dio un paso al frente, haciendo resonar sus garras de obsidiana contra el suelo de mármol de la biblioteca. Su mirada, cargada de una solemnidad milenaria, se paseó por cada uno de nosotros antes de señalar una de las galerías más altas de la gran sala.
—El sacrificio de Henry y la noble causa de la Red Blood Association resuenan con la historia misma de Drak'Tharion, Señor Carlos —habló Sage con una voz profunda que hizo vibrar los pergaminos circundantes—. Si la Planicie de Gran-Aura ha de convertirse en el bastión de esa nación libre de corrupción, debéis saber que no estaréis solos. Drak'Tharion pondrá a vuestra disposición la fuerza de nuestra orden más sagrada: Los Doce Caballeros de la Llama Ceniza.
King Sage extendió la mano y una esfera de cristal proyectó las figuras en relieve de doce imponentes guerreros acorazados en armaduras de mithril volcánico, rodeados por auras de fuego sagrado.
—Ellos son el orgullo invicto de este reino —continuó Sage, con el pecho henchido de orgullo paternal y soberano—. Durante las Grandes Incursiones Abisales de hace un siglo, cuando las hordas de falsos demonios amenazaban con devorar la frontera norte, fue el Capitán Ignis el que sostuvo el paso de las Rocas Negras en soledad durante tres días y tres noches, usando su maná draconiano para sellar la grieta antes de que tocara a los civiles.
Gojo silbó, acomodándose la venda de los ojos mientras observaba la proyección holográfica con genuino interés.
—Vaya... tres días sosteniendo una brecha abisal en soledad. Esos tipos no son simples guardias de palacio —comentó Gojo.
—Así es —asintió Sage con firmeza—. Y no podemos olvidar a la Comandante Vaelia, cuya maestría en la lanza de viento y fuego desintegró a tres leviatanes del mar abisal en la Batalla de las Mareas Rojas. Sus logros no están escritos solo en estos tomos, sino grabados en la piel y la memoria de nuestro pueblo. Ellos han jurado proteger la vida sobre el poder, siguiendo las enseñanzas del Primer Rey Dragón.
Natsuki se cruzó de brazos, observando con ojo clínico los perfiles de los doce caballeros y la formación táctica que mostraba la proyección.
—Una orden militar de elite entrenada bajo principios de sacrificio y honor... —murmuró Natsuki, dedicándole una mirada de respeto al Rey Dragón—. Sage, si tus Caballeros de la Llama Ceniza se integran como instructores y defensores junto a los 68 guardianes de la Red Blood Association, la infraestructura de la Planicie de Gran-Aura será prácticamente indestructible desde el primer día.
—Ese es mi deseo, Lady Natsuki —respondió Sage, realizando una reverencia hacia mí—. Drak'Tharion no solo aportará recursos y alianzas; mis caballeros marcharán a vuestro lado para asegurar que el sueño de Henry, y el imperio que vais a erigir, jamás caiga ante la sombra de Lucifer ni las trampas de la Academia Ryouou Clannad.
Apreté la empuñadura de mi espada, deteniendo mis pasos en seco justo en el umbral de la biblioteca.
—Es verdad... En fin, como sea, lo haremos por él... —murmuré, cortando mis palabras de golpe cuando una sutil alteración en el flujo de maná del pasillo me hizo erizar la piel.
Ladeé levemente la cabeza, manteniendo la vista fija en la penumbra de una de las columnas de obsidiana.
—Chicos... ¿se dieron cuenta de algo? Parece que alguien nos está siguiendo.
Natsuki reaccionó en un milisegundo, llevando la mano al pomo de su estoque mientras una capa de escarcha instantánea cubría el suelo alrededor de sus botas. Gojo se acomodó la venda con una sonrisa que perdió toda su diversión habitual, y Shiro dio un paso al frente para bloquear cualquier ángulo de ataque ciego.
Desde la sombra de la bóveda, una figura envuelta en un túnica con bordados de alta magia descendió con absoluta ingravidez, aterrizando suavemente sobre el mármol. El uniforme revelaba el blasón dorado de una de las instituciones más exclusivas del continente central.
Un estudiante de Dennorth of Leday. Su nombre es King.
—Ha pasado tiempo, Tanaka Sánchez... Han pasado tres semanas tras el incidente del festival —dijo el Chico Dragón, manteniendo una mirada serena pero afilada, cruzado de brazos mientras su aura emanaba leves chispas de energía dracónica ancestral.
Yins Shadow emergió de entre las sombras de las estanterías con los ojos desorbitados por la sorpresa.
—¡¿King?! —exclamó Yins Shadow, conteniendo el aliento—. ¡¿Cómo demonios lograste rastrearnos hasta las galerías más profundas de Drak'Tharion sin que Otis o la barrera real lo notaran?!
King esbozó una leve sonrisa, ajustándose los guantes de combate mientras su mirada se paseaba por todo nuestro grupo.
—Los métodos de Dennorth of Leday nunca deben subestimarse —respondió King con voz pausada—. La Academia Ryouou Clannad cree que ustedes simplemente huyeron cobardemente tras el colapso del Festival del Año... Pero en mi institución sabíamos que un movimiento de esta magnitud con Tanaka a la cabeza no era un simple exilio. Vine a comprobar por mí mismo si los rumores sobre la Red Blood Association y la fundación de su nueva nación eran ciertos.
Natsuki dio un paso al frente, clavando sus ojos celestes en el recién llegado con una frialdad implacable.
—Si viniste como un espía enviado por las academias o por Gabriel, te sugiero que lo pienses dos veces antes de dar otro paso, King —sentenció Natsuki, haciendo que el aire de la biblioteca se volviera gélido—. No estamos de humor para juegos.
—Oye... si sabes que tenemos casi la misma edad, ¿no? —intervine, relajando la postura y soltando una leve risa resoplada mientras miraba a King—. Tú tienes 16 años y yo 17... Bueno, solo un año de diferencia. Pero dime, ¿qué crees que estás haciendo por aquí?
King bajó ligeramente los brazos, deshaciendo la tensión en sus hombros mientras mantenía esa mirada afilada pero sin intenciones hostiles.
—Ya te lo dije, Tanaka. No soy un espía de nadie —respondió King con tranquilidad, encogiéndose ligeramente de hombros—. Solo me entró la curiosidad al ver cómo el mundo académico se caía a pedazos mientras ustedes se movían por las sombras.
De pronto, King ladeó la cabeza y giró la vista hacia el fondo del grupo, fijando sus ojos directamente en Lucía.
—Además... tú, Lucía... —añadió King, bajando la voz con un matiz mucho más serio—. Tienes un asunto pendiente con la chica de los semihumanos, Elena.
Lucía dio un paso al frente al escuchar ese nombre, abriendo los ojos de par en par mientras la sorpresa y una pizca de incomodidad se reflejaban en su rostro.
—¿Elena...? —murmuró Lucía, apretando los puños a los costados—. ¿Qué sabes tú sobre ella? Pensé que tras el ataque en el festival todos los de la facción semihumana habían quedado bajo custodia o dispersos...
King se cruzó de brazos, manteniendo la compostura ante la mirada inquisitiva de todo el grupo.
—Elena no está bajo la custodia de nadie —reveló King, mirando a Lucía fijamente—. Ha estado moviéndose por los territorios fronterizos cerca de la Planicie de Gran-Aura. Y si realmente planean levantar su nación ahí, Lucía, va a ser imposible que evites ese encuentro. Ella está buscando respuestas sobre lo que pasó esa noche... y sobre tu papel en todo esto.
Gojo miró a Lucía y luego a King, acomodándose la venda de los ojos mientras soltaba un silbido bajo.
—Vaya, vaya... Parece que nuestro pequeño "visitante curioso" no vino con las manos vacías —comentó Gojo—. Además de traer chismes de las academias, nos acaba de dar una ficha clave sobre la frontera.
Natsuki no bajó la guardia por completo, pero la presencia del nombre de Elena hizo que la escarcha bajo sus pies dejara de extenderse.
—Elena es una combatiente impredecible —comentó Natsuki, mirando a Lucía antes de volverse hacia mí—. Si ella está en la Planicie de Gran-Aura, tendremos que decidir cómo manejar la situación antes de que la construcción de la capital comience oficialmente.
Me crucé de brazos, contemplando a King.

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