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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 310 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Así que una base secreta... supongo que tendré que convivir con los 68 guardianes —murmuró Otis, cruzándose de brazos con elegancia mientras echaba un vistazo hacia la explanada antes de fijar sus ojos violetas en mí con absoluta seriedad—. Además, ahora que me he convertido en una Primordial Rey Demonio Verdadero, ¿tendré la oportunidad de luchar contra los de mi especie? Otis hizo una breve pausa, ladeando la cabeza mientras su tono juguetón daba paso a una frialdad analítica que revelaba su verdadero conocimiento sobre las fuerzas del multiverso. —Y sobre todo, Carlos... no sabes nada de lo que realmente hay en nuestro mundo. Esos llamados "abismales" o "asmales" no son más que falsos demonios; seres inferiores que buscan desesperadamente convertirse en demonios de verdad, pero no son más que imitaciones baratas. Las únicas verdaderas demonios de rango absoluto son Sayu y Amadeus. Ellas son indiscutiblemente fuertes... pero tampoco puedo ignorar a los 68 guardianes de tu organización. Se acercó un paso más a mí, bajando la voz mientras una chispa de revelación brillaba en sus ojos. —Tampoco sabes lo que realmente puedes lograr si nombras a otros... Si lo haces de la forma correcta, tratándolos y nombrándolos como tus subordinados directos tal como lo hiciste conmigo, tal vez alcancen un rango infinitamente superior al que poseen ahora. Estás sentado sobre un poder de reescritura existencial, mi señor. Mientras Otis me revelaba los secretos de la jerarquía demoníaca y del verdadero potencial del nombramiento, el suelo detrás de nosotros se congeló por completo. Natsuki terminó de acortar la distancia con la espada desenvainada, emanando una presión helada que cortaba el viento. —¡Deja de secretearte con él! —exigió Natsuki, clavando la punta de su arma a escasos centímetros del pecho de Otis—. No me importa de qué abismales o demonios estés hablando, ¡pero si vuelves a usar esa vocecita melosa con mi prometido, la primera prueba de tu inmortalidad la vas a hacer contra mi hielo! Otis no se inmutó ni un solo milímetro ante la hoja congelada de Natsuki. Con absoluta parsimonia, levantó la mano y, con la yema de su índice enfundado en cuero negro, apartó suavemente la punta de la espada gélida hacia un lado. Una sonrisa ladina, carente de burla pero cargada de una aplastante verdad, se dibujó en sus labios mientras sus ojos violetas resplandecían con la sabiduría de una Primordial. —Para ser una pelirroja... siempre terminan en un destino cruel en esta realidad —dijo Otis con voz pausada y profunda, clavando la mirada fijamente en los ojos celestes de Natsuki—. Confías más en él, dices que es tu prometido, ¿no? Pues será mejor que lo cuides... o, mejor aún, hazte fuerte. Porque no siempre mi señor te va a salvar en momentos donde todos podrían caer. Otis ladeó ligeramente la cabeza y giró el rostro hacia la muralla, elevando la voz para que su advertencia resonara en cada rincón de la explanada de Drak'Tharion, alcanzando a Gojo, Zani, Yins Shadow y al resto del grupo. —Y eso va para el resto de ustedes —sentenció la Guardiana del Caos, haciendo que el ambiente gélido y los murmullos de comedia se disiparan al instante en la retaguardia—. Ahora formamos parte de la Red Blood Association, pero las guerras que se aproximan contra las verdaderas amenazas del abismo no van a perdonar debilidades. Si quieren estar a su lado, tendrán que estar a su altura. El silencio volvió a apoderarse del campo de batalla. Natsuki apretó los dientes, manteniendo la espada en alto; la provocación inicial de la conversación había quedado sepultada bajo el peso directo y crudo de la advertencia de Otis. Gojo dejó de bromear por completo, tragando saliva mientras su expresión se volvía seria detrás de la venda. Shiro asintió en silencio con una sombra de respeto en la mirada, reconociendo que, detrás de su fachada provocativa, la nueva Primordial sabía exactamente la clase de infierno que le esperaba a la organización en el futuro. Otis ladeó la cabeza con una elegancia impecable y colocó una mano sobre su pecho, inclinándose en una reverencia milimétricamente perfecta que habría dejado en vergüenza a la más refinada nobleza. La provocación maliciosa en su rostro se transformó en un instante en una devoción desmesurada, casi eclesiástica, con esos ojos violetas resplandeciendo de fascinación absoluta. —¡Oh, pido disculpas por mi craso error, mi venerado señor! —declaró Otis con una voz suave, teatral y rebosante de una adoración ciega—. ¡Pensar que asumí que estos meros espectadores formaban parte de su augusta hueste! Qué descuido tan imperdonable de mi parte... Pero me llena de una euforia indescriptible saber que aún existen 68 seres elegidos personalmente por usted. ¡Si son vasallos bendecidos por la grandeza de mi señor Carlos, sin duda deben ser entes de una magnificencia sin igual! Otis volvió a erguirse con total serenidad, ajustándose lentamente los guantes de cuero negro mientras ignoraba la espada de Natsuki con un desdén refinado. Se giró hacia mí, juntando las manos con un deleite radiante, exactamente igual a un mayordomo demoníaco obsesionado con la perfección de su amo. —Aguardaré con infinito júbilo el momento de presenciar la gloria de su verdadera organización, mi Señor —continuó Otis, esbozando una sonrisa profunda y reverente—. Y si en algún momento alguno de esos 68 guardianes osara no estar a la altura de sus sublimes expectativas... me ofreceré voluntariamente para ejecutar el castigo correspondiente y educarlos en la absoluta sumisión que le deben a su existencia. A lo lejos, en la muralla, Gojo sintió un escalofrío helado recorrerle la columna vertebral. —E-Esa mirada... —susurró Gojo, dando dos pasos hacia atrás con el rostro pálido—. Pasó de querer destruir el planeta a parecer una cultista obsesionada con Carlos en menos de un segundo... ¡Esa mujer da mil veces más miedo así! Natsuki bajó levemente la espada, frunciendo el ceño con una mezcla de desconcierto y profunda irritación ante la repentina actitud de servilismo fanático de la Primordial. —¿Y ahora qué le pasa a esta loca? —masculló Natsuki entre dientes, mirando a Otis como si hubiera cambiado de personalidad por completo. Otis ni siquiera se inmutó. Simplemente dio un paso al lado para colocarse medio metro detrás de mí en posición de combate y servicio, manteniendo una sonrisa radiante y los ojos fijos en mi espalda, como si el resto del mundo fuera simple polvo insignificante comparado con la presencia de su nuevo amo. Otis cruzó las manos frente a su cintura y realizó una reverencia profunda, rozando casi el suelo con la frente en un gesto de absoluta devoción. —Comprendido, mi señor. No osaré hacer esperar la majestuosa presencia de sus otros elegidos. Con su venia, me retiraré a contemplar la grandeza de sus 68 guardianes. Se erguí de nuevo con una gracia fluida y, sin dedicarle más que una mirada de elegante indiferencia a Natsuki y al resto del grupo, se envolvió en una columna de maná violeta estelar. Con un chasquido casi imperceptible, su figura se disipó en el aire, dejando tras de sí un leve rastro de chispas oscuras y una fragancia a ozono abisal. —Está bien, Otis. Nos vemos más tarde —murmuré para mí mismo, viendo cómo el cielo de Drak'Tharion terminaba de despejarse por completo. Un silencio pesado cayó sobre la explanada. Natsuki guardó su espada con un movimiento seco y enfático, manteniéndose de brazos cruzados mientras se acercaba a mí a paso firme, con la mirada azul fija en la mía. —"Nos vemos más tarde", ¿eh? —dijo Natsuki con una calma peligrosamente fingida, aunque la capa de hielo a nuestros pies delataba que su paciencia estaba al límite—. Espero que esa "reunión" con tu nueva guardiana sea estrictamente sobre la organización, Carlos... porque si vuelve a intentar algo raro, no me va a importar que sea un Rey Demonio Primordial. Gojo dejó escapar un suspiro de alivio monumental desde la muralla, secándose el sudor de la frente. —¡Uff! Se fue... Por un momento pensé que Drak'Tharion se convertía en un erial helado por culpa de los celos —dijo Gojo, soltando una risita nerviosa mientras Shiro simplemente negaba con la cabeza. Con Otis desplegada para explorar la red de la Red Blood Association y la tormenta de celos temporalmente bajo control, el camino hacia la reorganización de nuestras fuerzas estaba finalmente despejado. Natsuki entrecerró los ojos ante mis palabras, pero la gélida tensión que rodeaba su aura comenzó a disiparse, dejando ver un destello de curiosidad detrás de su mirada. —No te preocupes —dije, esbozando una leve sonrisa mientras extendía la mano hacia ella—. Sé que el reino no se va a convertir en un funeral. Pero muy pronto todos van a entender mejor el alcance de lo que estamos construyendo. Me giré hacia la muralla principal, donde King Sage observaba la explanada con una mezcla de absoluto asombro y alivio tras presenciar la derrota y sumisión de la Primordial Rey Demonio. —Sage —llamé, alzando la voz para que resonara en la fortaleza de piedra volcánica—. Nos gustaría que nos dieras un recorrido por Drak'Tharion. Se me ha ocurrido una idea... Quiero fundar una nación donde la Red Blood Association establezca sus cimientos definitivos. Y quiero que tú seas testigo de este primer paso. Sage dio un paso al frente en el balcón real, colocando una mano sobre su pecho y realizando una reverencia cargada de un respeto solemne. —Será un honor absoluto, Señor Carlos —respondió Sage con voz firme—. Mostraré a la comitiva la grandeza de Drak'Tharion y los dominios que colindan con el gran territorio abisal. A medida que avanzábamos por los imponentes pasillos de piedra volcánica y las plazas elevadas de la capital, el reino mostraba una fascinante mezcla de arquitectura monumental y tecnología mágica ancestral. Mael y Arlette caminaban a los flancos, manteniendo la guardia, mientras Gojo y Shiro observaban la distribución logística del territorio. —Una nación... —murmuró Natsuki, caminando a mi lado mientras contemplaba la vasta extensión de valles, ríos de maná concentrado y montañas minerales que se extendían más allá de las murallas de Drak'Tharion—. Si planeas unificar los dominios bajo la bandera de la Red Blood Association, no será solo una base militar, Carlos. Será una federación que albergará a múltiples razas, monstruos evolucionados y los 68 guardianes. —Exactamente —asentí, contemplando el mapa geopolítico del continente que Sage nos mostraba en el salón de estrategia del palacio—. Una nación autosustentable donde la fuerza militar de rango divino proteja el desarrollo económico, el comercio de cristales de maná y la investigación mágica. Un territorio neutral y soberano que sirva como el corazón de nuestra red. Gojo se acomodó la venda, dibujando una amplia sonrisa mientras examinaba los pergaminos de límites territoriales. —Vaya, vaya... pasamos de ser un grupo de élite a los fundadores de una superpotencia continental —comentó Gojo divertido—. Con Otis como Guardiana Primordial y los 68 guardianes resguardando las fronteras, ninguna de las naciones vecinas o los falsos demonios abismales se atreverán a dar un paso en falso. —El terreno al este del Reino Dragón cuenta con vetas minerales de mithril y un punto de convergencia telúrica ideal para establecer la capital —señaló Shiro con tono analítico, apoyando el dedo sobre el mapa—. Si erigimos allí la sede central de la organización, podremos monitorear tanto los movimientos del mar como las rutas terrestres hacia los continentes centrales. Natsuki observó la extensión del mapa y luego me miró directamente, con una expresión en la que la determinación desplazaba por completo los celos anteriores. —Si este es el camino que has elegido para la Red Blood Association, me aseguraré de que la infraestructura y la seguridad de nuestra futura nación sean impenetrables —declaró Natsuki con firmeza, cruzándose de brazos pero dejando ver una leve sonrisa—. Pero más te vale organizar bien la jerarquía antes de que traigas a los 68 guardianes y a Otis a la mesa de consejo... porque no pienso dejar que el caos reine en nuestro nuevo hogar. Natsuki se cruzó de brazos, ladeando la cabeza con una sonrisa que combinaba la frialdad de su rango con una seriedad estratégica bastante ejecutiva. —Pero tendrías que hablar con tu padre, Carlos... —dijo Natsuki, mirándome fijamente a los ojos mientras el tono de su voz se volvía mucho más formal—. Además, mi padre es un rey. Podemos establecer una relación pública y una alianza oficial entre nuestros reinos para respaldar la legitimidad de tu nación ante los demás continentes. Sin embargo... ¿has pensado detenidamente en dónde sería exactamente? El salón de estrategia de Drak'Tharion quedó en completo silencio por un momento. La propuesta de Natsuki tenía un peso político masivo: el respaldo del reino de su padre no solo le daría un estatus de superpotencia reconocida a la Red Blood Association, sino que evitaría que las naciones vecinas intentaran tildarnos de una amenaza rebelde o una simple facción de monstruos. Gojo silbó suavemente, recargándose contra la mesa de mapas con las manos en los bolsillos. —Vaya, vaya... El primer tratado diplomático de la organización antes de poner la primera piedra —comentó Gojo con una sonrisa entretenida—. Una alianza real por matrimonio y soberanía. Eso sí que silenciaría a cualquier noble inflado del continente. Sage, observando la conversación desde la cabecera de la mesa, desplegó un mapa cartográfico de mayor escala que mostraba los límites del continente, los territorios abisales y las zonas neutrales sin reclamar. —Si me permite intervenir, Señor Carlos —dijo Sage, señalando con su garra una basta extensión de tierra situada en la convergencia de tres grandes dominios—. Existe la Planicie de Gran-Aura, un territorio neutral de recursos ilimitados, rodeado por cordilleras naturales y con acceso directo al océano donde peleó contra Otis. Es un punto geopolítico crucial. Ningún rey ha podido reclamarlo debido a la alta densidad de monstruos y las distorsiones de maná... pero para la Red Blood Association, sería el asentamiento perfecto. Me quedé contemplando la región señalada en el mapa, sintiendo cómo las piezas del proyecto comenzaban a encajar. —Hablaré con mi padre —respondí con firmeza, mirando a Natsuki—. Y la Planicie de Gran-Aura es el lugar ideal. Ahí construiremos la capital de nuestra nación: un santuario impenetrable para los 68 guardianes, protegido por el pacto de nuestros reinos y respaldado por la fuerza absoluta de la Red Blood Association. Natsuki asintió con satisfacción, dibujando una sonrisa refinada mientras ajustaba la empuñadura de su espada. —Bien. Si esa es tu decisión, me encargaré de redactar los documentos preliminares para la diplomacia con mi padre —declaró Natsuki, dedicándome una mirada firme—. Pero recuerda, Carlos: construir una nación desde cero significa que pronto tendremos que convocar a la mesa de consejo a todos los altos mandos... y más te vale mantener a Otis bajo control cuando las reuniones diplomáticas comiencen. Sage nos guió a través de los pasillos más antiguos de Drak'Tharion, donde los muros de obsidiana no solo sostenían la estructura de la fortaleza, sino que contaban la memoria viva del reino a través de intrincados relieves tallados en piedra volcánica y runas incandescentes. —Drak'Tharion no siempre fue esta imponente fortaleza de vanguardia —comenzó a explicar Sage con voz pausada y solemne, marcando el paso al frente del grupo—. Hace más de mil años, nuestros ancestros eran tribus dispersas que habitaban las grietas de la gran cordillera. En aquella época, la alta concentración de maná abisal en las profundidades marinas provocaba erupciones de bestias del caos que devastaban el continente cada tres décadas. El rey se detuvo frente a un gigantesco mural de piedra que representaba a una figura draconiana erigida sobre un altar de fuego divino, sosteniendo un cetro rodeado de dragones de sombra. —Fue el Primer Rey Dragón, Ignis-Tharion, quien unificó las razas de la cordillera —continuó Sage, señalando el relieve—. Él descubrió la técnica para purificar las vetas de mithril utilizando el fuego sagrado de su propia alma. Con ese mineral purificado, sus artesanos erigieron las murallas iniciales y crearon el Pacto del Fuego Ancestral: una tradición que dicta que todo gobernante de Drak'Tharion debe someter su voluntad y su fuerza a la protección de las mentes vulnerables del reino antes de reclamar la corona. Natsuki se acercó al mural, observando con detenimiento las runas que rodeaban la figura de Ignis-Tharion. —Una tradición basada en el sacrificio de poder para proteger a la población... —comentó Natsuki en tono reflexivo, rozando con sus dedos enfundados en cuero la superficie fría de la obsidiana—. Es similar al pacto de sangre de los reinos del norte, donde la monarquía no se otorga por simple linaje, sino por la capacidad de sostener la barrera que protege a la gente común. —Así es, Lady Natsuki —asintió Sage con una leve inclinación de cabeza—. Otra de nuestras tradiciones más arraigadas es el Festival del Resplandor de Ceniza. Una vez al año, las llamas de las forjas reales se apagan por completo durante veinticuatro horas en memoria de los caídos en las guerras contra los falsos demonios abismales. Cuando el rey vuelve a encender la llama central con su propio maná, se renuevan las alianzas y los tratados comerciales con los pueblos fronterizos. Gojo, que caminaba observando los techos abovedados y los candelabros flotantes alimentados por cristales de maná de color carmesí, dio un silbido de apreciación. —Interesante... Un reino construido sobre la resistencia militar y la purificación de recursos —dijo Gojo, cruzándose de brazos—. Si la Red Blood Association va a levantar la capital de la nueva nación en la Planicie de Gran-Aura, podemos integrar este tipo de arquitectura con la tecnología mágica de los 68 guardianes. —Exacto —intervine, contemplando los grabados del mural que mostraban cómo las antiguas tribus comerciaban cristales con los reinos vecinos—. Conocer la historia de Drak'Tharion nos da la plantilla perfecta. La Red Blood Association no será solo una potencia militar; adoptaremos el respeto por las tradiciones de los pueblos que unifiquemos, pero elevando su infraestructura y su seguridad a un nivel divinamente impenetrable. Sage sonrió con satisfacción ante mis palabras, abriendo las imponentes puertas de bronce de la gran biblioteca real, donde siglos de tomos, tratados geopolíticos y mapas de las eras pasadas aguardaban para alimentar la estrategia de nuestro nuevo imperio.
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Estás leyendo el capítulo 310 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 27 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.