Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 308 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—¡Corte Voltstrike! —rugí, impregnando mi hoja con una cantidad masiva de relámpagos de alta densidad.
En una fracción de segundo, mi figura se desvaneció por completo en un destello de luz cegadora, reapareciendo instantáneamente a las espaldas de la Guardiana del Caos. Antes de que Otis pudiera reaccionar o desplegar su escudo de sombras, descargué un mandoble implacable directo a su espalda.
El impacto fue devastador. La onda de choque sónica y eléctrica resonó como un trueno abrumador sobre toda la explanada de Drak'Tharion. El cuerpo de Otis salió disparado como un cometa oscuro, atravesando las nubes a una velocidad aterradora, cruzando las fronteras del Reino Dragón hasta impactar de lleno y hundirse en lo más profundo del mar, levantando un gigantesco geyser de agua y relámpagos a kilómetros de distancia.
El silencio volvió por un segundo al aire, salvo por el sonido del agua agitada a lo lejos y el maná eléctrico chisporroteando en mi espada.
Gojo abrió la boca de par en par, ajustándose la venda mientras miraba hacia el océano.
—Vaya... eso sí que fue mandarla a volar con estilo —dijo Gojo con una sonrisa impactada.
Shiro entrecerró los ojos, manteniendo la mano en la katana mientras la tormenta sobre el palacio comenzaba a disiparse lentamente.
—No te confíes, Carlos —advirtió Shiro serenamente—. Alguien con ese nivel de maná no va a quedarse en el fondo del océano por mucho tiempo.
Me giré hacia el grupo, limpiando el sudor de mi frente mientras el aura eléctrica disminuía a mi alrededor.
—Lo sé —respondí, clavando la mirada en el horizonte marino—. Pero ya le dejé en claro que esta vez las cosas son muy diferentes a nuestra vida pasada.
En las profundidades abisales del océano, donde la luz del sol jamás se atrevía a tocar el lecho marino, la corriente marina se agitaba con furia. La presión aplastante del agua y las colosales toneladas de peso maremotriz no eran nada comparadas con la masa de maná caótico que comenzaba a emerger desde el fondo.
En el centro del cráter submarino provocado por el impacto, la silueta de Otis permanecía flotando suavemente. Un hilo delgado de energía oscura brotaba de su hombro, donde la estocada del Voltstrike había logrado desgarrar su ropaje y marcar levemente su piel.
Pasó lentamente los dedos enfundados en guantes negros por la marca de la quemadura eléctrica.
—Vaya, vaya... —murmuró Otis para sí misma, permitiendo que las burbujas de aire ascendieran en el agua densa mientras una risilla suave y ahogada resonaba en el abismo—. No, nunca pensé que ese tipo fuera capaz de herirme... Es la primera vez que él hace algo así...
El mar a su alrededor comenzó a hervir a temperaturas extremas. La energía púrpura eufórica de su maná deformaba la densidad del agua, creando ondas expansivas que ahuyentaban a las criaturas marinas a kilómetros de distancia.
Una sonrisa bastante retorcida y maniática se dibujó en su rostro, haciendo que sus ojos violetas resplandecieran con una intensidad perturbadora en la penumbra del océano.
—Esto será divertido... —susurró, con la voz cargada de una fascinación descontrolada.
Con un movimiento fluido de sus brazos, Otis impulsó su cuerpo hacia la superficie. El océano entero pareció dividirse en dos cuando una columna gigantesca de agua y energía caótica emergió hacia el cielo a una velocidad supersónica, trayendo a la Guardiana del Caos de vuelta a la línea de batalla.
Desde el fondo del océano, el mar entero pareció rugir. Salí disparada a una velocidad aterradora, rompiendo la superficie en una explosión de espuma y maná descontrolado. Mi rostro aún conservaba esa sonrisa retorcida mientras estiraba los brazos hacia el cielo, canalizando toda la masa mágica del caos que ardía en mi interior.
Lanzando varios rayos morados en todas direcciones, la atmósfera sobre Drak'Tharion colapsó por completo. Las nubes se volvieron de un negro absoluto, espesas y cargadas de una electricidad violeta que ahogaba la luz del sol. De pronto, justo en el punto donde el mar se había abierto, un tornado descomunal brotó desde lo profundo del agua, elevándose hasta conectar con las nubes oscuras y formando un huracán monstruoso que amenazaba con devorar la costa entera del reino.
Las olas gigantescas y los vientos huracanados comenzaron a azotar las murallas del palacio, haciendo vibrar la estructura de piedra volcánica hasta sus cimientos.
Desde la explanada, la comitiva observaba la masa de destrucción con la respiración cortada.
—¡Qué fuerza tan devastadora! —exclamó Arlette, apretando los puños mientras intentaba mantenerse firme contra los embates del viento—. Es increíble... Su maná no solo es denso, está distorsionando el clima del continente entero en cuestión de segundos.
—Esa no es una técnica normal de elemento viento o agua —advirtió Mael, dando un paso al frente con el rostro ensombrecido mientras una barrera de Hierro Sagrado comenzaba a cubrir al grupo para protegerlos de los escombros—. Es la naturaleza misma del caos. Cada rayo morado reorganiza la materia a su alrededor para generar destrucción pura.
En el centro del huracán monstruoso, mi figura volvió a alzarse en los cielos, flotando con elegancia en medio del cataclismo. Ladeé la cabeza hacia Carlos, acariciando con mis dedos enfundados en cuero negro el borde de mi mejilla mientras los rayos violetas iluminaban mi mirada maniática.
—¿Ves esto, Carlos? —resonó mi voz, multiplicada por el eco de los truenos dentro de las nubes oscuras—. ¡Esto es lo que estabas buscando! Muestra de qué estás hecho en esta era, ¡porque no pienso ponértelo fácil!
Escuché el desfile de voces resonando al mismo tiempo en mi mente, formando el caos habitual de la red mental mientras el huracán monstruoso de Otis seguía rugiendo allá afuera.
—Ya veo... así que te vas a negar... —murmuré para mí mismo, manteniendo los ojos fijos en la silueta de Otis que flotaba en el centro del vórtice morado.
—Ten cuidado —advirtió la voz de Yuki ressonando con firmeza directamente en mi pensamiento—. Esa mujer no es la misma a la que te enfrentaste en nuestra vida anterior... Su maná y su naturaleza han cambiado por completo.
—Ella tiene razón, Capitán. Ten cuidado —agregó Kai de inmediato, con tono preocupado.
—¡Vamos, tampoco seas gallina! —intervino Octavio soltando una carcajada confiada—. Además, recuerda que si ella intenta matarte, usaré mis cadenas para encarcelarla.
—Tampoco hay que ir tan lejos —reprochó Fer suspirando—. Ahora que lo pienso, Zani podría hacerle frente a esa mujer...
—No lo creo —interrumpó Inglis de manera tajante—. No es tan fácil. Recientemente es imposible que le ganen a esa cosa.
—¡Jajaja! No sean estúpidos —se burló Shalltear con su voz chillona y engreída—. A esa mujer la puedo traer de hija con facilidad... ¿o no, Emilia-san?
—¡Oye, deja de decirme eso! —protestó Emilia, sonando bastante molesta antes de cambiar de tema—. Por cierto... ¿ustedes no han visto a Eime? La estoy buscando para... Olvídenlo.
—Vamos, no se alarmen —interpuso Ciel, imponiendo orden con su habitual tono analítico y sereno—. Hay que tener en cuenta que si la estrategia es tener a Otis como aliada, no sería una mala opción. Sin embargo, convertirla en guardiana y otorgarle ese nombre significaría que se convierta en un Rey Demonio Verdadero o incluso más... Lo más probable es que debas tener mucho cuidado, Líder.
Sacudí levemente la cabeza con una sonrisa de lado, cortando el bullicio de la transmisión mental antes de tomar aire.
—Entendido, gracias a todos por los avisos... pero dejen de saturarme la mente justo ahora —dije internamente antes de concentrarme nuevamente en el campo de batalla.
Apreté con fuerza la empuñadura de mi espada, sintiendo cómo la energía del Voltstrike volvía a recorrer mis brazos. Otis observaba desde las alturas, envuelta en el huracán de rayos oscuros y agua, esperando mi respuesta.
—Ciel tiene razón —dije en voz alta, dando un paso al frente mientras el aura de mi maná volvía a estallar a mi alrededor, conteniendo las ráfagas de viento—. Otis... otorgarte un nombre y hacerte mi guardiana no es un juego, y veo que en esta era no te andarás con rodeos. ¡Pero no me importa lo fuerte que te hayas vuelto!
Me impulsé violentamente contra la gravedad del huracán, ascendiendo hacia el centro de las nubes oscuras para quedar frente a frente contra la Guardiana del Caos.
El cielo sobre el océano se quebró por completo cuando nuestras auras chocaron en el epicentro del huracán.
Otis soltó una carcajada de pura demencia mientras levantaba ambas manos enfundadas en cuero negro. Los rayos morados que serpenteaban en las nubes cayeron como una lluvia incesante de lanzas divinas sobre la explanada y el mar. Cada impacto abría grietas gigantescas en la tierra volcánica de Drak'Tharion, pulverizando rocas milenarias y elevando columnas de magma y agua hirviente que destruían todo a su paso.
—¡Veamos si tu cuerpo resiste esto, Carlos! —gritó Otis desde el centro del tornado, extendiendo sus garras.
El vórtice gigante de agua oscurecida y energía caótica colapsó hacia adentro, convirtiéndose en una hoja masiva de masa mágica que cortó las nubes y se abatió directamente contra mi posición.
—¡Corte Cero: Ruptura del Firmamento! —rugí, elevando mi maná hasta el límite.
Blandí la espada con ambas manos. Un tajo horizontal de luz dorada pura cortó el huracán a la mitad. La onda expansiva de mi ataque chocó contra la masa de caos de Otis, generando una explosión cataclísmica en el aire. La fuerza del choque fue tan brutal que la barrera de Hierro Sagrado que Mael había desplegado abajo crujió enfáticamente, mientras Kimberly y Arlette tenían que clavar sus armas en el suelo para no ser arrastradas por el viento atómico.
—¡Qué monstruosidad de combate! —exclamó Gojo desde la muralla del palacio, cubriéndose el rostro con un brazo mientras los escombros salían disparados a velocidades supersónicas.
A través del humo y el maná hirviente, Otis atravesó la explosión a una velocidad cegadora. Tenía la mirada fija en mí, resplandeciendo con ese violeta maniático. Extendió su mano derecha, creando cinco garras de energía abisal que impactaron directamente contra mi espada mientras yo bloqueaba en el último milisegundo.
El impacto nos hizo descender a ambos en picado hacia el mar. Al tocar la superficie, no nos hundimos; la presión de nuestro choque desplazó millones de litros de agua, dejando al descubierto el lecho marino en un radio de varios kilómetros.
—¡Eres increíble, Carlos! ¡Esta es la desesperación que quería sentir! —reía Otis descontroladamente, lanzando una ráfaga continua de estocadas de caos a quemarropa.
—¡No voy a perder contra ti otra vez, Otis! ¡Esta vez serás mi guardiana! —respondí esquivando y desviando cada impacto con destellos eléctricos de mi Voltstrike, haciendo temblar los cimientos de la corteza terrestre con cada colisión de nuestras armas.
—¡Magia elemental de todos los atributos! —rugí, elevando mi maná al límite absoluto mientras la tierra agrietada bajo nuestros pies temblaba.
En una fracción de segundo, la atmósfera entre Otis y yo se saturó de un brillo multicolor y deslumbrante. Alcé la mano libre y liberé una ráfaga ininterrumpida de todos los elementos primordiales en su máxima expresión: una columna de fuego infernal, un torrente de agua a alta presión, estacas de hielo milenario, lanzas de tierra volcánica y ráfagas de viento cortante se entrelazaron en un devastador vórtice mágico que cubrió el horizonte entero.
La combinación masiva de hechizos colisionó de lleno contra Otis en medio del lecho marino al descubierto.
La explosión fue cataclísmica. Columnas de vapor hirviente, tierra pulverizada y maná multicolor se elevaron cientos de metros en el aire, haciendo temblar los cimientos mismos de Drak'Tharion y provocando que el mar que nos rodeaba comenzara a evaporarse al contacto con la temperatura extrema.
Desde la explanada del palacio, Shiro y Mael tuvieron que reforzar la barrera con todas sus fuerzas para evitar que la onda de choque desintegrara las murallas.
—¡Qué densidad de maná tan absurda! —exclamó Kimberly, cubriéndose los ojos ante el resplandor cegador de la magia elemental.
Cuando el vapor y los destellos mágicos comenzaron a disiparse lentamente, el cráter donde estaba Otis había quedado reducido a cristal fundido. Sin embargo, en el centro de la humareda, la figura de la Guardiana del Caos se alzaba aún en pie. Su elegante atuendo oscuro estaba parcialmente rasgado por la combinación de elementos y varios hilos de sangre corrían por su brazo y su mejilla, pero en lugar de dolor, sus ojos violetas resplandecían con una demencia eufórica aún más intensa.
—Fuego, agua, viento, tierra... ¡todos desatados a la vez! —reía Otis, pasándose la lengua por el labio inferior mientras el maná caótico a su alrededor volvía a hervir con furia—. ¡Esto es maravilloso, Carlos! ¡Demuéstrame hasta dónde llega el poder del hombre que pretende reclamarme como su guardiana!
—¿Eh? ¿No que sería difícil? —dije mientras limpiaba un hilo de sangre de mi frente, esbozando una sonrisa desafiante ante su euforia.
Otis dio un par de pasos lentos sobre el suelo de cristal fundido, acomodándose un mechón de su ondulado cabello violeta. Sus ojos brillaban con una picardía hipnotizante mientras descendía levemente la guardia, mirándome de arriba abajo con absoluta fascinación.
—Bueno, ignora eso... —murmuró Otis, ladeando la cabeza con una sonrisa juguetona mientras se llevaba un dedo enfundado en cuero negro a los labios—. Ya me has mostrado demasiado interés y pasión, Carlos... así que no te puedes quejar si ahora captas toda mi atención.
En la explanada, la atmósfera cambió en un segundo.
Natsuki, que observaba el combate desde la barrera de protección, frunció el ceño intensamente. Sus ojos se entrecerraron con una rabia contenida mientras sus puños se apretaban con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
—¿Y esa cosa... le está coqueteando a mi prometido? —gruñó Natsuki con una voz peligrosamente baja, emanando un aura gélida que casi congeló los escombros a su alrededor.
Gojo tragó saliva y dio dos pasos al frente de inmediato, cubriéndose la nuca con las manos mientras miraba a Natsuki con pánico en el rostro.
—¡A-Ahora sí estamos fritos! —exclamó Gojo alarmado—. ¡Carlos, olvídate de la tormenta! ¡Preocúpate por la que tienes abajo antes de que Natsuki destruya el reino entero!
Shiro dejó escapar un leve suspiro, aunque no pudo evitar llevarse una mano a la sien ante la escena, mientras Otis, ajena a la furia de Natsuki, soltaba una risita juguetona en medio del lecho marino.
El aire a alrededor de Natsuki se volvió tan pesado y gélido que los picos de piedra volcánica cercanos comenzaron a cubrirse de una capa fina de escarcha. Sus ojos despedían chispas de una furia asesina mientras clavaba la mirada en Otis, ignorando por completo el hecho de que la Guardiana del Caos acababa de desencadenar un cataclismo marino.
—¿"Interés"? ¿"Pasión"? —repitió Natsuki con una sonrisa dulce pero tan aterradora que hizo que hasta los guardias reales de Sage dieran un paso atrás de inmediato—. ¿Esa bruja de pelo violeta cree que puede venir aquí, destrozar el cielo y encima hablarle así a mi prometido?
Natsuki dio un paso al frente, haciendo crujir la barrera de protección bajo la suela de sus botas.
—¡Oye, Carlos! —gritó Natsuki, su voz retumbando por encima del rugido de las olas residuales—. ¡Más te vale terminar esa pelea en tres segundos o voy a bajar ahí y los voy a congelar a los dos! ¡Especialmente a ella por atrevida!
Gojo se escondió detrás del hombro de Mael, susurrando atormentado:
—Te lo dije... la verdadera catástrofe de Rango Divino acaba de despertar. Carlos está peleando por su vida contra Otis, pero va a tener que pelear por su alma contra Natsuki si no aclara esto rápido.
En el lecho marino, escuché los gritos de Natsuki resonando con claridad a través de la distancia y sentí un escalofrío helado recorriéndome la espalda, mucho más peligroso que cualquier ataque de magia elemental.
Otis, al percibir la aplastante sed de sangre que venía de la explanada, ladeó la cabeza y dejó escapar una risita encantada, disfrutando cada segundo del drama.
—Vaya... parece que tu prometida es bastante celosa —murmuró Otis con voz melodiosa, guiñándome un ojo mientras los relámpagos morados volvían a danzar entre sus dedos—. Eso solo lo hace mucho más divertido. ¿Qué vas a hacer ahora, mi futuro amo?
—Acaso quieres hacerla enojar, Otis... tú sí que no perdonas nada —dije, llevándome una mano a la sien y soltando un largo suspiro de pura resignación, mientras sentía cómo la mirada asesina de Natsuki me atravesaba la espalda a kilómetros de distancia.
Otis se llevó los dedos enfundados en cuero negro a los labios y dejó escapar una risita encantadora, acomodándose un mechón de su cabello violeta mientras los relámpagos de la tormenta iluminaban la escena.
—¿Yo? ¡Pero si yo no he hecho nada malo! —respondió Otis con una voz melodiosa e inocente, aunque la chispa de pura demencia en sus ojos delataba su diversión—. Solo estoy admirando la determinación de mi futuro amo... y bueno, si a tu pequeña prometida le molesta que aprecie tus méritos, tal vez sea ella la que carezca de la paciencia necesaria para tratar con una Guardiana como yo.
—¡¿A quién llamaste "pequeña prometida", bruja de pacotilla?! —resonó la voz de Natsuki desde la muralla, tan gélida que el agua alrededor del lecho marino comenzó a congelarse en bloques de hielo macizo en cuestión de segundos.
Natsuki desenfundó su arma y dio un paso fuera de la barrera de Mael, advancing directamente hacia el borde del abismo con un aura de ventisca que hacía temblar las piedras de Drak'Tharion.
—¡Carlos, si no nokeas a esa mujer en este preciso instante, voy a bajar ahí y los voy a congelar a los dos en un témpano que durará mil años! —amenazó Natsuki, con los ojos echando chispas.
Gojo, al ver la escena, levantó ambos brazos de manera dramática y se colocó detrás de Shiro.
—¡Carlos, por lo que más quieras, hazle caso! —gritó Gojo aterrado—. ¡Pelear contra Otis era un problema de nivel Divino, pero Natsuki enojada es un evento de extinción continental! ¡Muévete!
Shiro solo pudo negar con la cabeza, manteniendo la mano firme en la empuñadura de su katana pero conteniendo una pequeña sonrisa divertida.
—Parece que no tienes mucho tiempo para negociar, Carlos —dijo Shiro en voz alta—. O sometes a Otis ahora mismo, o tendrás que lidiar con dos catástrofes al mismo tiempo.
Apreté los puños, dejando que el maná dorado y los rayos del Voltstrike volvieran a estallar a mi alrededor con una fuerza renovada, sintiendo la presión combinada de la Guardiana del Caos enfrente y de mi prometida a mis espaldas.
—Está bien... se acabó el juego —declaré, clavando la mirada en Otis con absoluta firmeza—. Otis, si querías ver hasta dónde llego, te lo voy a mostrar ahora mismo. ¡Prepárate!

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 309
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 308
Estás leyendo el capítulo 308 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.