Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 305 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
A cientos de kilómetros del epicentro del desastre, en la frontera sur de las tierras heladas, el grupo se detuvo de golpe.
El cielo distante, que hasta hace un instante ardía en un estallido violeta y rojo, colapsó en un silencio helado y sepulcral. La abrumadora presencia de Rachel Hwulay —ese sol ardiente que había sostenido los pilares del firmamento— simplemente se apagó.
En el aire frente a ellos, una mota de luz estelar cristalizada vibró suavemente antes de proyectar la última imagen del Caballero de la Vida Humana. La voz de Rachel resonó en medio del grupo, serena, cálida y cargada de una paz agónica. Cadena a cadena, reveló los secretos, las disculpas, el peso que cargaba Carlos Tanaka Sánchez y esa declaración final que el viento del Polo Norte se había tragado:
—Me enamoré... y muero sin decírtelo, Noelle...
Cuando la proyección se convirtió en fino polvo de luz y desapareció para siempre en la ventisca, la realidad cayó sobre ellos como una hoja de guillotina.
—No... no, no, no... —susurró Noelle.
Las fuerzas abandonaron sus piernas. Su lanza cayó sobre la nieve con un chasquido sordo mientras ella colapsaba de rodillas sobre la escarcha. Se llevó ambas manos al pecho, sujetando la tela sobre su corazón como si intentara contener una herida abierta.
—¡¡RACHEL!! —el grito de Noelle desgarró el silencio del páramo. Un alarido de dolor puro, desesperado y humano que hizo eco entre las montañas.
Las lágrimas brotaron a mares de sus ojos, congelándose en sus mejillas antes de caer. Lloró con la garganta rota, golpeando el suelo nevado con los puños hasta que sus nudillos sangraron. Sabía lo que Rachel pensaba. Sabía que él siempre había estado dispuesto a convertirse en la pira que iluminara el camino de los demás, pero el dolor de saber que se había ido sin volver a sostener su mano era una tortura insoportable.
A su lado, Miranda apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en sus palmas. Mantuvo la cabeza erguida, como la líder que Rachel le pidió que fuera, pero una sola lágrima silenciosa trazó un camino a través del hollín y la sangre de su rostro.
—No fallaste, Rachel... —murmuró Miranda con la voz quebrada por la rabia y el luto—. Lo juro por mi vida... tu sacrificio no será en vano.
Luis permaneció inmóvil, mirando hacia el horizonte donde el aura corrupta del Devora Dioses comenzaba a desplazarse. Sus hombros temblaban levemente. La arrogancia que siempre lo caracterizaba se disolvió en un amargo mar de culpa. Recordó las palabras de Rachel sobre la advertencia a Sara, sobre Queen, sobre Shiro Shimizu y el Dios Nocturno.
—Maldita sea... —siseó Luis entre dientes, apretando los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos—. Siempre tuviste que cargar con los errores de todos nosotros, enmascarado idiota...
Queen, junto al Héroe de la Lanza, Jasmin, Hércules y Sara, observaban la escena en un luto sofocante. La sombra de las palabras de Rachel sobre la tragedia de Carlos Tanaka Sánchez y la amenaza que acechaba al mundo pesaba sobre cada uno de ellos. Hércules clavó su maza en la tierra, inclinando la cabeza en un gesto de respeto solemne hacia el guerrero que peleó hasta la desintegración de su alma. Sara se acercó a Noelle, abrazándola por la espalda mientras los sollozos de la chica continuaban ahogándose en la ventisca.
A lo lejos, el cielo del norte se tornó del tono violeta oscuro que delataba la marcha del Devora Dioses hacia el Reino de los Elfos. Rachel había caído, pero la luz que dejó en el corazón de los supervivientes encendió una chispa de determinación que ni el mismo Dios Nocturno podría apagar.
El viento del sur soplaba con una frialdad distinta, como si la misma tierra estuviera de luto por la caída del Caballero de la Vida Humana. Los sollozos de Noelle seguían resonando en el páramo, acompañados únicamente por la nieve que caía lentamente sobre la lanza abandonada en el hielo.
El Héroe de la Lanza dio un paso al frente, apretando el asta de su propia arma con una mezcla de impotencia y reverencia. Se agachó despacio a un lado de Noelle y posó su mano sobre la espalda de la chica, sintiendo los temblores desgarradores que la sacudían.
—Sé lo doloroso que es esto, Noelle... —dijo el Héroe de la Lanza con una voz grave, áspera por el nudo en su garganta—. Lamento mucho la pérdida del Locutor. Yo jamás creí que escondía un poder así de peligroso...
Hizo una pausa, alzando la mirada hacia el horizonte del Polo Norte donde aún flotaban las chispas moribundas del maná estelar de Rachel.
—Él no murió como un cobarde —continuó, con una firmeza solemne que hizo que incluso Luis y Miranda alzaran la cabeza—. Él murió como un héroe. Sabía que esto sería demasiado peligroso... Sabía exactamente el precio que le cobraría su propio cuerpo, y aun así no dudó ni un solo segundo en dar un paso al frente por todos nosotros.
Jasmin apretó el borde de su capa, secándose una lágrima con el dorso de la mano antes de acercarse también a Noelle. Hércules, con la mirada fija en el suelo calcinado a lo lejos, asintió con pesadez.
—Un verdadero guerrero no se mide por la victoria, sino por el motivo de su lucha —agregó Hércules, su voz profunda resonando como un eco retumbante—. Rachel Hwulay luchó por amor y por el futuro de la humanidad. Su cuerpo podrá haber sido devorado, pero su espíritu ahora es la fortaleza de este grupo.
Noelle, aún con el rostro cubierto y la nieve derritiéndose bajo sus lágrimas ardientes, apretó los dientes al escuchar las palabras del Héroe de la Lanza. Con las manos temblorosas, alcanzó el mango de la lanza rota de Rachel que yacía a su lado, abrazándola contra su pecho como si fuera el último lazo que la unía a él.
—Rachel... —susurró Noelle entre sollozos, alzando los ojos enrojecidos hacia el cielo cubierto de nubes—. Dijiste que nos estarías esperando en las grandes puertas del cielo... pero no voy a ir todavía. Voy a llevar el peso de tu recuerdo, voy a defender el mundo que tú salvaste...
Miranda extendió su mano hacia Noelle para ayudarla a ponerse de pie. La mirada de la líder ya no reflejaba solo dolor, sino una determinación helada y definitiva.
—El Devora Dioses cree que se ha llevado todo al devorar el poder de Rachel y marchar hacia el Reino de los Elfos —declaró Miranda, volviéndose hacia el resto del grupo—. Pero no sabe que el verdadero poder del Locutor no era solo su maná al 100%... era la voluntad que nos dejó a cada uno de nosotros.
La marcha no había terminado. Mientras la amenaza del Devora Dioses se cernía sobre Saleph y Alefa en las tierras elfas, los supervivientes reunieron sus fuerzas sobre la nieve, unidos por el sacrificio del sol que acababa de caer.
—Eso ya le corresponde a Carlos —dijo Sara, rompiendo el tenso silencio mientras fijaba su mirada en las coordenadas distantes—. Por ahora ellos tienen a Shiro Shimizu. Por el momento se dirigen al Reino Dragón de Sage, la reina de los dragones; lo más probable es que se queden un tiempo ahí. Pero yo... iré a ver a Hina. Hablaré con ella sobre un tema importante.
Sara apretó el puño sobre su pecho, recordando la fría sombra que acechaba en el destino.
—Jamás pensé que ese cobarde de Astaroth estuviera con él... —murmuró con amargura, antes de alzar el rostro hacia el firmamento del Polo Norte, dejando que la brisa helada despeinara su cabello—. Lamento, Rachel, que hayas caído. Nunca dejes caer tu voluntad... nosotros la cargaremos por ti. Tú descansa dondequiera que estés.
Sara giró sobre sus talones con una sonrisa serena pero inquebrantable dibujada en el rostro. Su figura comenzó a resplandecer con un matiz caluroso e inagotable.
—Mi poder como la Heroína de la Esperanza nunca va a desaparecer —decretó con firmeza, mirando al horizonte por donde el viento arrastraba las cenizas del Locutor—. Carlos Tanaka... sé que estás viajando, pero por favor, hazte lo más fuerte posible, porque todos vamos a necesitar tu ayuda.
Mientras tanto, a leguas de distancia y lejos de la devastación del Polo Norte, una estela de movimiento cortaba el aire a través de una cordillera interminable de picos nevados y rocas afiladas.
Carlos Tanaka Sánchez avanzaba al frente, saltando de cumbre en cumbre con una agilidad sobrehumana, abriendo paso a la caravana de guerreros que cruzaba el terreno accidentado. Tras él, el grupo avanzaba a un ritmo frenético: Shiro Shimizu, Gojo, Zani, Yins Shadow, Kimberly, Natsuki, Arlette, Lucía, Mael, Kratos y María.
Cada salto sobre los precipicios hacía retumbar la nieve acumulada en las laderas. Los ropajes del grupo flameaban violentamente contra el viento montañoso mientras avanzaban sin descanso hacia su destino en las tierras draconianas.
—¡El terreno se vuelve más inestable a medida que subimos! —advirtió Mael desde la retaguardia, ajustando el agarre de su armadura mientras pisaba una saliente de roca que se desmoronó tras su impulso.
—¡Mantengan el ritmo! —ordenó Carlos sin aminorar la marcha, con la mirada fija en las prominentes cumbres que marcaban la entrada al dominio de Sage—. El tiempo corre y no podemos darnos el lujo de detenernos antes de llegar al Reino Dragón.
A pesar de la distancia, una extraña opresión oprimió el pecho de Carlos por un breve instante en pleno salto. Miró de reojo hacia las nubes del norte, sintiendo la distante perturbación de una voluntad que acababa de apagarse en el mundo, ignorando que el peso total del futuro ya comenzaba a posarse definitivamente sobre sus hombros.
El último salto masivo de Carlos Tanaka Sánchez cortó las nubes más altas de la cordillera. A su espalda, Shiro Shimizu, Gojo, Zani, Yins Shadow, Kimberly, Natsuki, Arlette, Lucía, Mael, Kratos y María descendieron en perfecta formación, aterrizando pesadamente sobre un risco de piedra volcánica que dominaba el horizonte.
Frente a ellos, atravesando un mar de vapor hirviente y cumbres coronadas por fuego ancestral, se erigía majestuoso el Reino Dragón: Drak'Tharion.
Las murallas del reino no estaban hechas de simple roca, sino de escamas fosilizadas de antiguos dragones primordiales unidas por magma solidificado. Inmensas torres de arquitectura gótica y draconiana se alzaban hacia el cielo, abrazadas por columnas de humo y ceniza donde sombras gigantescas de dragones volaban en círculos, emitiendo rugidos que hacían vibrar el aire y la tierra bajo sus pies.
—Así que este es el famoso territorio de la Reina Sage... —murmuró Gojo, reacomodándose las vendas de los ojos con un toque de fascinación en la voz—. La presión mágica que emana este lugar no es una broma.
—Drak'Tharion no le da la bienvenida a cualquiera —advirtió Shiro Shimizu, ajustando la empuñadura de su espada mientras daba un paso al frente junto a Carlos—. Entrar aquí sin el consentimiento de Sage significa enfrentar la furia de una legión entera de dragones reales.
Kratos y Mael tomaron posiciones en la vanguardia, sintiendo cómo los instintos de los guardianes del reino ya se fijaban en la presencia del grupo. Desde lo alto de las murallas, dos estallidos de fuego violeta cortaron el aire cuando un par de dragones de guerra descendieron a una velocidad deslumbrante, abriendo sus alas de cuero para aterrizar a pocos metros de la caravana, provocando un temblor que agrietó el risco.
Sobre el lomo del dragón más grande, un capitán de la guardia draconiana, portando una armadura de escamas rojas e imbuido en un aura destructiva, clavó su mirada dorada sobre Carlos Tanaka Sánchez.
—¡Abran paso o identifíquense, forasteros! —bramó el capitán draconiano, desenfundando una alabarda envuelta en llamas—. Están pisando la tierra sagrada de Drak'Tharion. ¿A qué se debe la llegada de semejante ejército a las puertas de nuestra Reina?
Carlos no dio un solo paso atrás. Mantuvo la mirada erguida, sintiendo en el fondo de su alma el eco distante de la tormenta del Polo Norte y la pesada responsabilidad que el sacrificio de Rachel había dejado sobre sus hombros.
—Dile a la Reina Sage que Carlos Tanaka Sánchez y sus aliados han llegado —respondió Carlos con una voz firme y calmada que resonó por encima del rugido del viento volcánico—. Buscamos refugio y audiencia. El destino del mundo está en juego y necesitamos la alianza del Reino Dragón.
—Entendido... le entregaré su mensaje, humano —accedió el capitán draconiano, dando una leve inclinación de cabeza antes de tirar de las riendas de su bestia.
Los dos dragones de guerra desplegaron sus enormes alas de cuero y se elevaron de golpe, creando una onda de presión volcánica que despejó las nubes de ceniza sobre el risco.
Kimberly dio un paso hacia el frente, ajustándose el equipo con el ceño levemente fruncido mientras observaba la imponente silueta del castillo gótico de Drak'Tharion.
—Carlos... ¿estás seguro de esto? —preguntó Kimberly en voz baja, sintiendo la densidad del maná leonado y ardiente que impregnaba cada rincón del reino.
—Tú confía en mí, Kimberly —respondió Carlos, manteniendo la mirada fija en las puertas principales de la fortaleza—. Ella fue la que me invitó, además... Necesitamos la fuerza de este reino si queremos tener una oportunidad contra lo que se viene.
Shiro Shimizu y Kratos intercambiaron una mirada seria a la espalda de Carlos, manteniendo la guardia en alto ante cualquier movimiento imprevisto de los dragones que patrullaban el firmamento de fuego.
Mientras tanto, en lo más profundo del palacio real de Drak'Tharion, un silencio denso y sofocante reinaba en el salón del trono.
Sage, la soberana de la raza draconiana, se encontraba sentada en su opulento asiento de piedra volcánica. Sus dedos temblaron ligeramente al pasar la página del libro de crónicas antiguas que sostenía sobre sus piernas, aunque sus ojos amarillentos ni siquiera leían las palabras en el papel.
Su mente estaba completamente atrapada en la sombra de un recuerdo aterrador: la visita del Dios General Dragón. El eco de su voz implacable aún retumbaba en las paredes del salón. La amenaza había sido directa, helada y definitiva: si no le entregaba al culpable que estaba buscando, la mataría sin dudarlo.
Sage tragó saliva con dificultad, sintiendo un sudor frío recorrer su nuca. Daba igual que ella ostentara el título de Reina de Drak'Tharion o que comandara a miles de bestias de guerra; él tenía más derecho y autoridad por una razón simple y cruel: era un dios primigenio infinitamente más poderoso. Recordar cómo una entidad como él era capaz de borrar un continente entero por sí solo, sin despeinarse ni usar un destello de su verdadero poder, hacía que hasta la sangre draconiana de Sage se congelara de puro pánico.
En ese preciso instante, los pesados portones de bronce del salón del trono se abrieron de par en par con un resonante eco metálico.
—Si tan solo el Dragón de la Felicidad no hubiera muerto ante ese Dios Nocturno... ahora mismo el General no estaría tan vengativo —murmuró Sage para sí misma en un suspiro amargo, cerrando el libro de golpe contra sus piernas.
El nombre del Dragón de la Felicidad pesaba como una piedra de caliza sobre su conciencia. Su trágica muerte a manos del Dios Nocturno había desencadenado una espiral de ira divina que ahora amenazaba con devorar todo a su paso. La sed de venganza del Dios General Dragón era un fuego incontrolable, y la presión sobre Drak'Tharion aumentaba con cada segundo que pasaba sin respuestas.
En ese momento, el capitán de la guardia que había recibido a la caravana avanzó por la nave central del salón, hincando una rodilla sobre el suelo de piedra volcánica.
—Mi Reina —anunció el guardia con voz grave—. En las puertas del reino se encuentra un grupo de forasteros. Su líder dice llamarse Carlos Tanaka Sánchez. Afirma que usted lo invitó y exige una audiencia inmediata con usted.
Sage alzó la vista, parpadeando con sorpresa al escuchar ese nombre. La angustia en su pecho no desapareció, pero una chispa de fría determinación cruzó por sus ojos amarillentos.
—Carlos Tanaka... —susurró la Reina Dragón, acomodándose en su trono mientras cerraba los puños—. Al fin has llegado.
Hizo una pausa corta, mirando el gran tragaluz del salón donde la ceniza de los volcanes danzaba en el aire, recordando la pesada profecía que rodeaba al joven y la sombra del Dios Nocturno que lo perseguía.
—Hazlos pasar de inmediato —ordenó Sage con autoridad imperial—. Permite que Carlos Tanaka Sánchez y sus acompañantes entren al salón del trono. Despliega la guardia real en los pasillos, pero no muestren hostilidad. Tenemos mucho de qué hablar sobre el destino de este mundo.
Hola gracias por leer mi novela hasta aquí se que es corto esto pero en verdad me alegra que les guste mi obra haré mi mejor esfuerzo por mejora y darle oportunidad a cada personaje que tenga su propio desarrollo la razón por la cual me aspira escribir es por Tensei Shitara Slime Datta Ken y mushoku tensei referencias y cosas de que me llamo la atención al igual que ren zero y The Beginning After the End" espero que disfruten en el próximo volumen se vienen cosas interesantes esto es todo de mi parte muchas gracias por ver el guerrero más fuerte de la humanidad

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 306
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 305
Estás leyendo el capítulo 305 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.