Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 304 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—¿Ese... ese es el verdadero poder de un Locutor? —murmuré, dando un paso atrás por primera vez mientras la masa oscura a mi alrededor temblaba, repelida por la inconmensurable presión de su aura al 100%.
Mis ojos vacíos contemplaron la figura de Rachel Hwulay. El cielo violeta, el aire sofocante y la presencia siniestra que emanaba de él hacían crujir la realidad misma. Pero lo que verdaderamente me estremecía no era la magnitud destructiva de su maná... era el motivo detrás de ella.
—¿Este tipo en verdad lo está dando todo por unos débiles...? —las palabras salieron de mi garganta como un susurro cargado de una amargura añeja—. ¿Por qué? ¿¡Por qué tienes que darlo todo y ellos no!? Te preocupas más por los demás que por ti mismo...
Me llevé la mano al pecho, sintiendo latir la ceniza cósmica de mi núcleo. En el rostro ensangrentado de Rachel, en esa sonrisa serena cargada de nostalgia al disculparse con Miranda, vi el destello inquebrantable de aquellos que juraron defender a la humanidad hasta el último aliento.
Una risa baja, ya no de demencia o furia, sino de un profundo y sombrío reconocimiento, brotó de mis labios.
—Debo admitirlo... en verdad eres un caballero de verdad —decreté, alzando la mirada hacia él mientras el viento de su tormenta estelar azotaba mi cuerpo—. No importa cuántas veces caigas, siempre vas a encontrar una manera donde todos estarán a salvo de tus enemigos.
La masa oscura a mi espalda dejó de convulsionar de forma salvaje y se adensó, adoptando una postura solemne en respuesta a la energía divina de Rachel.
—Has mostrado algo de respeto... al igual que los antiguos caballeros de la humanidad, que se aferraban con uñas y dientes a no caer y mucho menos perder —continué, fijando mis ojos en su único ojo violeta incandescente—. Rachel... nunca voy a olvidarte. Eres en verdad el caballero que es conocido como el Caballero de la Vida Humana. Te has ganado ese nombre ante mí... porque tu corazón es lo más humano que existe. Algo que ni siquiera yo pude haber sido jamás.
Apreté mis puños regenerados, canalizando todo el Poder de Supresión que me quedaba para responder a la altura de su técnica definitiva.
—¡Muéstrame entonces, Rachel Hwulay! ¡Demuéstrame el peso del 100% del Caballero de la Vida Humana antes de que este mundo colapse!
Sin pronunciar una sola palabra más, Rachel avanzó directo a través de la tormenta conceptual.
El espacio-tiempo a su paso se fracturó por completo. La energía estelar que bañaba su cuerpo al 100% de su capacidad comenzó a condensarse y moldearse a una velocidad aterradora, manifestando una construcción de maná puro de escala colosal. Una figura espectral, similar a un Susanoo incandescente, emergió a sus espaldas: un gigantesco dragón morado rutilante, cuyas escamas de luz estelar e imperio universal eclipsaron por completo las ruinas del Polo Norte.
La presencia de la criatura abrumó la gravedad misma, haciendo que la marea de ceniza cósmica a mi alrededor se disipara antes de poder rozarlo.
—Técnica de la Espada del Destino: Dragón del Juicio —sentenció Rachel con una voz que resonó en cada plano de la existencia.
El dragón espectral rugió, un sonido devastador que abrió grietas en la misma realidad. Alzando su única mano junto con el avance de la criatura, Rachel descargó un tajo descendente donde la figura del dragón se fusionó directamente con el filo de su espada rota, canalizando la totalidad del juicio humano en un rayo de luz roja y violeta que cayó en picado hacia mí.
El rayo de luz roja y violeta no solo cayó sobre mí; reescribió las leyes del espacio en el proceso.
El impacto del Dragón del Juicio borró mi Poder de Supresión en una fracción de milisegundo. La masa oscura que me envolvía fue desgarrada como simple papel mojado. El tajo descendente del Susanoo dragón me golpeó de lleno en el torso, aplastándome contra el fondo del mar congelado con una fuerza tan salvaje, absoluta e incontestable que toda la corteza terrestre tembló a escala continental.
—¡¡AAGHHHHHH!! —grité, un alarido de agonía pura que se ahogó en medio de la explosión estelar.
No hubo espacio para la regeneración. El maná al 100% de Rachel logró anular mi capacidad de sanar al instante, abrasando mis células desde adentro. Pero el ataque no terminó con el impacto inicial.
Con el dragón espectral morado rugiendo a sus espaldas, Rachel descendió en un parpadeo de teletransportación pura, reapareciendo directamente sobre mi pecho.
Sin una sola pizca de piedad, el Caballero de la Vida Humana usó la planta de su bota para pisotearme la cabeza con un golpe seco y devastador.
¡CRACK!
El impacto enterró mi rostro contra la roca calcinada, fracturándome el cráneo y haciendo que la sangre brotara a borbotones de mi boca y oídos. La masa oscura intentó erupcionar para quitarlo de encima, pero la simple presencia del aura de Rachel disolvió mis defensas antes de que pudieran manifestarse.
—Te lo dije, Devora Dioses... —pronunció Rachel con una voz helada, aterradora y carente de cualquier emoción, clavándome la mirada desde las alturas mientras mantenía su pie sobre mi cara, hundiéndome más y más en la tierra—. Creíste que podías jugar a ser un dios inalcanzable. Pero ante el verdadero peso de la vida humana, no eres más que un estorbo.
Apoyó todo el peso de su cuerpo al 100% sobre mi cabeza, aplastando mi orgullo y mi cuerpo por completo.
El dragón morado alzó su enorme garra espectral y, siguiendo los movimientos de Rachel, me conectó una estocada aplastante con el filo de la espada del destino. El golpe me desmembró el brazo derecho regenerado, destruyéndolo en cenizas cósmicas que se apagaron en el aire sin poder volver a formarse.
Intenté arrastrarme, intenté rugir, pero la presión de su maná me tenía completamente paralizado, sometido y humillado contra el suelo. El ser que superaba las leyes físicas, el monstruo que pretendía devorar mundos, yacía en el barro helado, pisoteado por el único hombre que había decidido darlo todo por la humanidad.
—Mírate... —susurró Rachel, apretando el talón contra mi sien mientras la luz violeta de sus ojos quemaba mi visión—. Ya no hay discursos. Ya no hay regeneración. ¿Dónde quedó tu arrogancia, monstruo?
Un silencio sepulcral cayó sobre la fosa. La tormenta de maná al 100% que agitaba el cielo comenzó a temblar, no por mi fuerza, sino por la paulatina y desgarradora falla de su propio cuerpo.
Bajo la presión de su bota, con la visión nublada por la sangre y la garganta destrozada, pude sentirlo: el flujo estelar de Rachel comenzaba a colapsar desde adentro. La carne de su único brazo temblaba violentamente; las venas de su cuello resplandecían con un brillo violeta destructivo que quemaba su propia fuerza vital.
«Pero sabía cuál era el costo de usarlo todo...», pensó Rachel en la penumbra de su mente, manteniendo su postura sobre mi rostro mientras el dragón espectral morado detrás de él comenzaba a desvanecerse en chispas agonizantes. «Moriré de todas formas. No puedo mantener este poder por mucho tiempo... Planeaba usarlo contra los Reyes Conquistadores de Mundos.»
Sintiendo el peso inminente de su final, el recuerdo de una voz antigua resonó en lo más profundo del alma del Caballero de la Vida Humana.
«El fundador de los Akinori tenía razón sobre mí... Jesús siempre me ha dicho que la vida de entregarlo todo no solo se trata de hacerlo o darlo así como si nada. Cada uno tiene un significado. Si vas a usar todo tu poder, que sea lo que tú quisieras: salvar una nación, amigos o compañeros que en verdad se ganaron tu confianza. Ellos no te ven como un arma, ellos te ven como son ellos... humanos.»
Una lágrima de sangre resbaló por la mejilla descubierta de Rachel, cayendo sobre la nieve calcinada a mi lado. La furia de su aura se suavizó por un instante, transformada en una calidez melancólica y eterna.
«Te lo digo porque yo también era así...», continuó la voz en la memoria de Rachel, sellando el propósito de su sacrificio. «El mundo piensa que seremos fracasados, pero ahí dentro, donde hay un fracaso, ese fracaso se vuelve la luz brillante de todos los demás. Nunca olvides tus valores, tus principios; nunca dejes caer ese corazón de oro que cae sobre ti. La vida es larga y debemos ser el ejemplo donde nadie más pueda quebrarnos, porque dolor... siempre habrá dolor para todos. El filo de una espada necesitará un sol donde lo salve de todo.»
Rachel aflojó lentamente la presión de su pie sobre mi cabeza. Su cuerpo comenzó a ceder, tambaleándose bajo el peso de una muerte inevitable provocada por consumir el 100% de su existencia.
Yaciendo en el suelo, con el rostro molido pero la garganta libre, mis ojos vacíos contemplaron la figura del enmascarado que, habiendo alcanzado la cúspide del juicio, quemaba los últimos segundos de su vida para convertirse en ese sol inquebrantable para Noelle, Luis y Miranda.
Me levanté despacio entre las ruinas del cráter, con la carne regenerándose a trompicones y el cuerpo ardiendo por el maná abrasador de su último impacto. Me limpié el hilo de sangre que me corría por la barbilla y miré fijamente a Rachel, cuya figura tambaleante delataba el colapso inminente de su vitalidad.
—Supongo que no podrás usarlo por más tiempo... —dije con una voz baja y rasposa, dejando escapar un suspiro pesado—. Si tan solo hubieras dominado todo ese poder, pudiste haberme matado de un solo golpe.
Me detuve a unos metros de él, observando la calidez agónica y serena que emanaba de su presencia. La tormenta en su interior se apagaba, pero el eco de sus principios aún hacía vibrar la atmósfera.
—Y un sol siempre amanece al despertar... —continué, fijando mis ojos vacíos en el horizonte helado—. Pero yo también lo vi caer cuando él lo mató frente a nosotros. Tú moriste porque sabías que eras una amenaza que ellos temían... Sabías que esto marcaría el despertar de Phoenix, o que alguien nacería con ese poder. Ellos lo están buscando para destruirlo, al igual que hay una persona que posee el Mundo de Estrellas... También la están buscando porque saben que en verdad perderían contra esos dos seres que, algún día, llegarán a poner fin a esta guerra.
Rachel apretó los dientes ensangrentados. A pesar de sentir cómo su vida se consumía por completo tras sobrepasar su propio límite, la luz violeta de su ojo expuesto rehusó apagarse.
«No podría rendirme ahora... Tengo que levantarme», se dijo Rachel en el silencio de su alma, aferrándose al mango de su espada rota con una fuerza imposible para un cuerpo moribundo.
En un último acto de voluntad pura, el espacio-tiempo se quebró sobre sus hombros. El dragón morado volvió a manifestarse a su espalda, no como un espectro tambaleante, sino liberando una onda destructiva de escala conceptual que hizo retumbar las capas más profundas de la tierra. El viento se puso más fuerte, convirtiendo la ventisca del Polo Norte en una tempestad abrumadora de maná estelar y resolución inquebrantable.
El Caballero de la Vida Humana se erigió de nuevo entre los escombros, listo para quemar la última chispa de su alma antes de entregarle el futuro a la siguiente generación.
El viento dejó de soplar como una tormenta común; se convirtió en un lamento cósmico. El dragón morado a la espalda de Rachel rugió por última vez, una vibración tan desgarradora y trágica que quebró las últimas capas de la realidad en el Polo Norte. El espacio no soportaba la existencia de Rachel al 100%, pero su cuerpo tampoco.
Pude ver cómo la piel de su único brazo comenzaba a agrietarse, dejando brotar chispas de luz violeta en lugar de sangre. Su carne se consumía viva, quemada por la pira de su propia alma.
—¡¡DEVORA DIOSES!! —rugió Rachel. Su voz ya no sonaba humana, sino como la suma de mil voces de aquellos a quienes juró proteger.
Se impulsó hacia adelante. No hubo maniobras de teletransportación ni tácticas elaboradas: fue un choque frontal, directo y trágico. Rachel arremetió con el filo roto de su espada envuelto en la totalidad del Dragón del Juicio.
—¡Ven por mí, Caballero de la Vida Humana! —bramé, desplegando toda la masa oscura que mi núcleo agonizante podía engendrar.
El choque iluminó el planeta entero.
Nuestras fuerzas colisionaron en una detonación silenciosa y sofocante. Sentí el filo de su espada atravesar mi estómago, rasgando mi núcleo divino y quemando mis entrañas con el fuego purificador de los Akinori. La fuerza de su estocada me empujó metros hacia atrás, destruyendo cada fibra de mi capacidad regenerativa. El dolor fue tan inhumano y abrumador que caí de rodillas, escupiendo torrentes de sustancia negra y sangre dorada. Sus heridas en mi cuerpo jamás sanarían por completo; el maná del 100% había dejado una marca indeleble en mi existencia.
Pero el precio de ese impacto fue la vida de Rachel Hwulay.
Con la espada aún clavada en mi abdomen, la luz del dragón morado se quebró en mil pedazos sobre sus hombros. El brazo de Rachel se desintegró en cenizas de luz frente a mis ojos. Su cuerpo colapsó hacia adelante, cayendo pesadamente sobre sus rodillas, justo frente a mí.
—He... cumplido... —susurró Rachel con el último aliento que le quedaba.
Su cabello morado y gris descendió sin fuerza sobre su rostro descubierto. La luz violeta de su único ojo se apagó lentamente, dando paso a una mirada serena, pacífica y profundamente triste. Su cuerpo empezó a desmoronarse en una lluvia de cenizas luminosas que flotaban suavemente en el aire helado del Polo Norte.
—Un corazón de oro... hasta el final —murmuré, sujetándome la Herida Eterna en mi costado, respirando con extrema dificultad mientras veía cómo el cuerpo del héroe se disipaba ante mí.
Sin embargo, en medio del dolor agónico de mis heridas, el hambre primordial de mi naturaleza tomó el control. Mis ojos vacíos brillaron con una codicia sanguinaria y sombría.
Antes de que las cenizas de Rachel Hwulay se dispersaran por completo en la ventisca para siempre, extendí mi mano izquierda temblorosa hacia la pira de maná estelar que flotaba en el aire. La masa oscura brotó de mi palma como cientos de garras hambrientas, envolviendo los últimos residuos de su alma y su poder al 100%.
—Tu vida... tu sacrificio... y todo tu poder divino... —siseé entre dientes, cerrando el puño con violencia mientras la masa oscura engullía la luz de Rachel—. ¡Ahora forman parte de mi existencia!
Un gemido de poder y agonía brotó de mi garganta mientras devoraba los restos de la energía del Locutor. El maná estelar luchó salvajemente dentro de mi núcleo, rechazándome desde adentro y calcinando mis órganos mientras intentaba asimilarlo, dejándome maltrecho, desfigurado y marcado por el dolor para siempre.
Las últimas cenizas de Rachel Hwulay desaparecieron en el cielo del Polo Norte. El silencio volvió al terreno de batalla, dejando únicamente a un Devora Dioses gravemente herido, de rodillas en la nieve, sosteniendo un poder devorado que nunca dejaría de recordarle al caballero que casi lo destruye.
En medio del silencio sepulcral del Polo Norte, una pequeña gema de maná residual —el último destello de la existencia de Rachel Hwulay antes de convertirse en cenizas— flotó en el aire congelado. De ella brotó una proyección translúcida, un mensaje grabado desde lo más profundo de su alma que resonó en el cielo helado:
—Lo lamento mucho, Noelle... Yo he perdido. Tal vez ustedes vean este recuerdo. Fallé, sí, lo sé, fallé... pero no me arrepiento de nada si fue para salvarte. Nunca dije lo agradecido que estaba cuando alguien como yo fue salvado por ti. Me enamoré... y muero sin decírtelo, pero tal vez veas todo lo que logré. Ahora, Miranda... siempre has sido una mujer extraordinaria. Eres una buena líder, al igual que Sara. Tú has mostrado el interés de querer cambiar el mundo; nunca dejes caer ese sueño de encontrar la paz humana que todos necesitan. Por último, Luis... eres alguien arrogante, pero no eras una mala persona. Sé la advertencia que le diste a Sara cuando fue a buscar a Hina para salvarla de Astaroth, pero cometiste el error de querer cambiar todo. Entiendo lo que hacías, Luis; querías que Queen no cometiera el mismo error cuando encontró a Shiro Shimizu, lo cual se convirtió en su maldición porque el Dios Nocturno logró poseerla y mató a los tres héroes legendarios y a Carlos Tanaka Sánchez. Aunque haya matado a un clon, la amenaza nunca se va. Todos tenemos que darlo todo, arriesgarlo todo, salvar a un mundo donde la vida depende de uno solo... Y tú, Carlos Tanaka Sánchez... estás cargando todo el peso de todos. Todos te buscarán y te pedirán ayuda; ellos te usarán como un arma, no te ven como un humano cualquiera. Es triste, pero sé que tú lo cambiarás todo, porque en mi corazón me dice que tú serás el héroe que podría acabar con la guerra... pero eso tiene un costo...
La luz de la proyección comenzó a titilar suavemente mientras la voz de Rachel se volvía cada vez más distante, llena de una paz absoluta:
—Gracias, Noelle... Gracias, Iván, Elis, Shin... y por último, Izami. Gracias en verdad por no dejarme solo. Los estaré mirando desde los grandes cielos de las puertas... Los estaré esperando para recibirlos con los brazos abiertos...
La gema se cristalizó y se desintegró en el viento, llevando el mensaje grabado hacia el horizonte donde sus compañeros huían.
Yaciendo de rodillas, sujetándome la Herida Eterna que ardía en mi costado con un fuego punzante que jamás cerraría por completo, contemplé el lugar donde el héroe había dejado de existir. La masa oscura en mi interior terminó de asimilar la esencia del Locutor, cambiando mi aura a un matiz violeta corrupto y violento.
—Peleaste por tu gente... por tus amigos —dijo el Devora Dioses con una voz rasposa, profundamente marcada por del dolor de las heridas de la batalla—. Lo diste todo. Eres igual a él...
Me puse de pie con extrema dificultad. Cada músculo de mi cuerpo regenerado protestaba por el desgaste, pero el poder devorado de Rachel rugía en mi núcleo con una fuerza aterradora.
—Ahora tu poder me pertenece —continué, apretando el puño envuelto en chispas de luz estelar oscura—. Le daré un buen uso y un buen potencial de lo que es ahora... Todos sabrán que tu vida no fue en vano.
Me di la vuelta, dejando tras de mí el cráter devastado del Polo Norte teñido de sangre y ceniza. Caminé lentamente sobre la capa de hielo roto, ajustando mi marcha hacia las coordenadas de un reino lejano.
—Tal vez vaya al Reino de los Elfos a destruir todo lo que hay... —murmuré para mí mismo mientras la tormenta se disipaba en el horizonte—. Tal vez Saleh o Alefa estén ahí aún...
Mi silueta se perdió en la neblina helada, llevando conmigo el legado robado del Caballero de la Vida Humana y la promesa de una nueva catástrofe para el mundo.

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 305
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 304
Estás leyendo el capítulo 304 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.