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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 303 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
El impacto resurgió en un estallido sónico que pulverizó la última capa de hielo que sostenía la cumbre. Nuestras espadas chocaron entre sí con un rugido metálico que desgarró el firmamento. Ninguno de los dos retrocedió un solo milímetro. La hoja mellada del Locutor y el acero devorador de la mía se trancaron en un forcejeo encarnizado, soltando chispas de luz violeta y masa oscura que quemaban la tierra a nuestro alrededor. —¡Muérete de una vez! —rugí, empujando con todo el peso de mi Poder de Supresión. —¡Aún no! —devolvió el Locutor, apretando los dientes ensangrentados. Sin romper la guardia, desvié su hoja con un golpe seco de la empuñadura y solté un tajo ascendente directo a su cuello. Él no intentó esquivar; inclinó la cabeza apenas lo suficiente para que mi espada raspara el borde roto de su máscara y se hundiera en su hombro, mientras él pasaba su hoja por debajo de mi guardia, perforándome el costado derecho. El aire se llenó del olor acre de sangre fresca y ozono incinerado. Ninguno de nosotros se detuvo. Seguimos atacando sin detener la secuencia un solo segundo. Corte. Parada. Estocada. Un intercambio brutal y vertiginoso donde cada impacto cobraba un pedazo de carne. No había elegancia, ni esgrima refinada; era una danza grotesca de puro instinto de supervivencia. Mi espada cercenó la protección de su muslo; la suya me atravesó el antebrazo. Él me conectó un rodillazo directo al rostro; yo le respondí con un puñetazo cargado de ceniza cósmica que fracturó su pómulo expuesto. Nos convertimos en dos borrones de destrucción en medio de la tormenta. Cien estocadas por segundo, mil chispas chocando en el vacío. La fuerza del intercambio erigió una columna de choque que impedía que la nieve siquiera tocara el suelo antes de convertirse en vapor. En un choque final, ambas espadas quedaron trabadas por la cruz de la empuñadura, cara a cara, a escasos centímetros el uno del otro. El calor de nuestro aliento agitado se mezclaba con la sangre que brotaba de las heridas de ambos. —Tienes buenos ojos, enmascarado... —siseé, sintiendo cómo mi regeneración comenzaba a ralentizarse por la constante abrasión de su maná—. Pero la resistencia tiene un límite, y el tuyo acaba de llegar. Detrás de la mitad destruida de su máscara, su único ojo violeta brilló con una intensidad suicida. —Irás al infierno antes que yo, Devora Dioses... —susurró, liberando toda la energía estelar restante directamente a través de la hoja de su espada trabada contra la mía. —¡No me voy a rendir! —gritó el Locutor, forzando cada fibra muscular de su cuerpo exhausto. En medio del choque ensordecedor de aceros, el enmascarado logró girar levemente la cara por una fracción de segundo para saber si ellos ya se habían ido. A lo lejos, la estela de maná de Noelle, Luis y Miranda comenzaba a desvanecerse en el horizonte, fuera del alcance del Polo Norte. Al confirmar que sus compañeros finalmente estaban a salvo, una sonrisa de profunda nostalgia se dibujó en la mitad expuesta de su rostro ensangrentado. «Me alegro de que se hayan ido...», pensó en silencio, sintiendo cómo un peso enorme se quitaba de sus hombros. «Supongo que ya es hora de darlo todo.» Sin la carga de proteger a nadie más, el aura del Locutor mutó por completo. La contención desapareció. Rompió la formación trabada de nuestras espadas con un giro violento de muñeca, desatando una ráfaga a quemarropa de estocadas de luz roja brillante que rasgaron el aire y perforaron la masa oscura de mi pecho. Antes de que pudiera reaccionar al dolor de las perforaciones incandescentes, su figura simplemente se disipó en el aire. ¡Teletransportación pura! Desapareció y reapareció en un parpadeo justo detrás de mí. Aprovechando el punto ciego y canalizando la totalidad de su maná residual en un solo punto, conectó un golpe descendente con una fuerza destructiva jamás vista en el combate. El impacto de esa energía roja sobre mi espalda resonó como un cataclismo planetario. Sentí cómo mi columna crujía y mis defensas colapsaban de golpe. Salí disparado verticalmente hacia abajo, atravesando la corteza congelada y estrellándome contra el suelo con tal violencia que el terreno se hundió decenas de metros, sepultándome bajo toneladas de roca, magma y ceniza. Una luz oscura se lanzó sobre mí atacando violentamente. Nuestra velocidad aumentó más de lo que imaginaba en un inicio, alcanzando un ritmo hiperiónico que hacía temblar la estructura del espacio. En medio de esa vorágine de tajos y sombras, logró cortarme el brazo izquierdo sin que me diera cuenta a tiempo; la extremidad cayó sobre la escarcha envuelta en un destello violeta. Pero no iba a permitir que tomara la ventaja. Apretando los dientes contra el dolor insoportable, liberé una pulsación masiva de fuerza espacial. Una gravedad aplastante cayó de golpe sobre el Devora Dioses, hundiendo su cuerpo contra la tierra y deteniendo su avance. Mis ojos morados brillaban más que nunca, ardiendo con la última chispa de mi energía universal. Sin embargo, el esfuerzo físico cobró su precio final. Con un chasquido seco, el resto de mi máscara se rompió por completo, cayendo en pedazos sobre la nieve. Mi cabello morado y gris descendió libremente sobre mis hombros, agitado por la ventisca. Con el rostro completamente al descubierto, ensangrentado pero imperturbable, miraba fijamente al Devora Dioses mientras la gravedad lo mantenía atado al suelo. El monstruo, luchando contra la presión gravitacional que agrietaba sus huesos, me observó con una mezcla de sorpresa y fascinación retorcida. —Así que esa es tu verdadera cara... —murmuré, alzando la mirada con una sonrisa sangrienta—. ¿Ahora me dirás tu nombre? —Mi nombre es Rachel Hwulay —respondí con voz serena y profunda, sosteniendo el mango de mi espada con la mano que me quedaba—. Conocido como el Locutor más fuerte que existe... o bueno, eso pensaba hace tiempo. Respiré entrecortadamente, sintiendo cómo la vida se me escapaba por la herida del brazo mutilado, pero manteniendo la postura erguida ante él. —Pero nunca me imaginé que me enfrentaría contra alguien que superaba las leyes físicas del mundo —continué, mirándolo a los ojos con una frialdad absoluta—. Tú eres un peligro... al igual que el Dios Nocturno. Ustedes dos son unos auténticos monstruos. Un chasquido seco retumbó en medio de la gravedad aplastante. Luchando contra la fuerza giga-gravitacional que me hundía en el suelo, solté una risotada baja, húmeda de sangre y ceniza. —¿Dios Nocturno...? —murmuré, forzando la masa oscura a erupcionar desde mi espalda como espinas gigantescas para fracturar la presión del espacio—. ¡No me compares con esa aberración, Rachel Hwulay! Con un rugido de rabia contenido, me liberé del campo de atracción y me abalancé hacia él. Pero Rachel ya no era el mismo de hace unos minutos. Sin la máscara que contenía su percepción y libre del peso de proteger a sus aliados, su dominio del combate alcanzó una precisión aterradora. Incluso con un solo brazo y el cabello morado-grisáceo manchado de rojo, Rachel recuperó el terreno de forma magistral. En lugar de retroceder ante mi arremetida, dio un micro-paso hacia adelante, inclinando el torso lo justo para que mi garra de masa oscura solo rasgara el aire a milímetros de su cara. Antes de que pudiera recuperar la guardia, su espada rota trazó una línea de luz roja estelar que atravesó mi hombro derecho, cercenando los tendones de mi brazo principal. —¡AAGH! —gruñí, sintiendo cómo el maná estelar abrasaba la carne impidiendo mi regeneración. Rachel no se detuvo ahí. Usó la inercia de mi propio peso para ejecutar un barrido con la pierna imbuido en fuerza gravitacional, desequilibrándome. Reapareció en un parpadeo sobre mi cabeza y, concentrando todo el flujo de su maná morado en su único puño, me asestó un golpe directo al esternón. ¡BOOM! La onda de choque no solo hizo crujir mis costillas, sino que perforó el suelo debajo de nosotros, creando un nuevo cráter de trescientos metros de profundidad. Salí rebotando violentamente contra la pared de roca, escupiendo grandes bocanadas de sangre. Intenté canalizar el Rayo Estelar o la masa oscura para frenarlo, pero Rachel ya estaba pegado a mí. Cada vez que intentaba manifestar un hechizo, un corte preciso de su hoja roja cortaba las líneas de flujo de mi maná antes de que pudiera completar la técnica. —Te lo dije, Devora Dioses... —susurró Rachel, con la mirada violeta brillando con una determinación helada mientras encadenaba una serie de tres estocadas consecutivas que perforaron mi muslo, mi costado y mi garganta—. Conozco cómo funciona el flujo de las técnicas. Sin tus defensas completas, solo eres masa destructiva sin dirección. El enmascarado —ahora con el rostro descubierto— estaba dominando cada segundo del intercambio. Usaba micro-teletransportaciones para aparecer exactamente en los puntos ciegos que dejaban mis heridas, desgastándome golpe a golpe, recuperando cada metro de terreno que había perdido en el Polo Norte y arrastrándome a un callejón sin salida de pura presión táctica. Llevaba el cuerpo destrozado, pero sus movimientos eran los de un ejecutor implacable. Y por primera vez en toda la batalla, me vi obligado a retroceder de verdad ante el peso incesante de Rachel Hwulay. —¡Aún no te salgas con la tuya! —bramé, escupiendo un coágulo de sangre que se evaporó al contacto con mi masa oscura. Forcé a mi cuerpo roto a reaccionar. Aunque los tendones de mi brazo derecho estaban cercenados y la abrasión de su maná estelar impedía que se regeneraran a tiempo, encendí la energía residual de mi núcleo, haciendo que la ceniza cósmica erupcionara en forma de una explosión omnidireccional. La marea de gravedad negra nos envolvió a ambos, obligando a Rachel a romper su secuencia impecable de estocadas y dar un salto hacia atrás, reapareciendo a diez metros sobre una formación de hielo fracturado. Rachel aterrizó de pie, tambaleándose ligeramente. Su respiración era un silbido agónico; la pérdida de sangre por el brazo mutilado le estaba arrestando la compostura poco a poco, pero en su único ojo violeta expuesto no había ni un ápice de duda. —Aún conservas esa terquedad de monstruo... —murmuró Rachel, apretando los dientes mientras la luz morada y roja de su espada volvía a encenderse con violencia. —¡Es lo único que necesito para destruirte, Rachel Hwulay! —rugí. Ambos nos lanzamos de nuevo al choque, pero esta vez el terreno entero cedió. La cordillera del Polo Norte colapsó bajo la magnitud de nuestras existencias. Rachel ejecutó una serie de tres micro-teletransportaciones consecutivas en forma de triángulo alrededor de mí, dejando tras de sí imágenes residuales cargadas de maná estelar. Intenté anticipar su trayectoria usando mi percepción gravitacional, pero su velocidad había trascendido el espacio físico: reapareció justo debajo de mi barbilla, conectando una patada ascendente que fracturó mi mandíbula y me elevó en el aire. Antes de que alcanzara el punto máximo de la caída, Rachel ya estaba arriba. —Estocada Divina: Ruptura de Núcleo —sentenció con una voz helada que resonó en mi alma. Descendió como una meteora carmesí, clavando la hoja rota de su espada directamente en el centro de mi pecho. La fuerza del impacto fue tan abrumadora que atravesamos kilómetros de aire en una fracción de segundo, impactando de lleno contra el suelo marino congelado que yacía bajo la capa de hielo principal. ¡BOOOOOOM! El mar se abrió en dos. Una columna de agua hirviente, vapor y energía residual de nivel universal se erigió hacia el firmamento, barriendo la neblina del Polo Norte por completo. Yaciendo en el fondo de la fosa recién creada, sentí cómo el acero de Rachel quemaba mi corazón divino. Pero en medio de ese dolor agonizante, una risa demente y desfigurada volvió a brotar de my garganta ensangrentada. Mi mano izquierda —la única funcional— se cerró con fuerza de morsa alrededor del cuello de Rachel. —Te tengo... el Locutor más fuerte... —siseé con los ojos inyectados en sangre, acumulando toda la masa oscura que me quedaba directamente en la palma de mi mano libre—. Si este es el final... ¡nos iremos juntos al abismo! «Lo subestimé demasiado... a este mocoso», admití para mis adentros, sintiendo el ardor del acero estelar quemándome el corazón en lo más profundo de la fosa helada. «Pero de nada le sirve...» El Poder de Supresión dentro de mi núcleo respondió a la amenaza de extinción con una furia desenfrenada. La masa oscura comenzó a hervir a temperaturas conceptuales, engulliendo la espada de Rachel y neutralizando la abrasión de su maná estelar. La carne destrozada de mi pecho, los tendones cercenados de mi brazo y los órganos colapsados comenzaron a regenerarse por completo a una velocidad monstruosa, reconstruyendo mi cuerpo en un instante perfecto de inmortalidad. Rachel abrió de par en par su único ojo violeta expuesto, presenciando con horror cómo su ataque definitivo era sofocado por la marea de ceniza cósmica. —¡Es imposible...! —susurró el enmascarado con la voz quebrada por el agotamiento extremo. —¡Nada es imposible para una existencia universal! —bramé, erigiéndome desde el fondo del mar congelado mientras una onda de choque gravitacional reventaba la atmósfera. Con mi cuerpo completamente regenerado y alcanzando el cenit de mi poder destructivo, concentré la totalidad de la masa oscura en la palma de mi mano derecha. El aire a nuestro alrededor colapsó en una singularidad de gravedad negra que amenazaba con devorar la corteza terrestre. Ataqué a Rachel con un golpe de una fuerza tan descomunal, salvaje y destructiva que no solo estaba destinado a borrarlo de la existencia, sino que llevaba consigo un impacto de nivel planetario capaz de partir el planeta en dos mitades. El puñetazo cortó la realidad misma, advancing hacia el cuerpo agónico de Rachel Hwulay en medio de una explosión cataclísmica. «Carajo... carajo... esto está yendo demasiado lejos», pensé con el pecho ardiendo, sintiendo la proximidad de ese puñetazo catastrófico que amenazaba con partir el planeta en dos. «¿Cómo demonios puedo derrotar a este ser? ¿Es imposible vencerlo...?» El impacto del Devora Dioses estaba a una fracción de segundo de borrarme del mapa. Pero justo cuando la masa oscura estaba por consumir mi rostro, un pensamiento cruzó por mi mente como un rayo de lucidez en medio del caos. «No... espera. Sí hay una manera de matarlo.» Cerré mi único ojo violeta por un instante. Una punzada de amargura y resignación atravesó mi alma al tomar la decisión que había estado postergando desde el inicio de esta pesadilla. «Solo me queda una opción: usar todo mi poder completo. Hace tiempo juré jamás volver a usarlo todo... Usaré el 100%.» En el instante preciso en que el golpe del monstruo colisionó contra mi posición, una luz absoluta devoró la oscuridad. ¡BOOOOOOOOOOM! De pronto, un aura explosiva de una magnitud colosal bañó mi cuerpo por completo, reventando la singularidad de gravedad del Devora Dioses como si fuera una simple burbuja de jabón. El maná estelar de nivel primordial erupcionó desde mi centro, tiñendo el firmamento de un violeta incandescente y desatando una presión espiritual tan aplastante que detuvo el cataclismo planetario en seco. El aire a nuestro alrededor se volvió denso, sofocante, siniestro. El viento sopló violentamente por toda la geografía del Polo Norte, transformándose en una tormenta conceptual de proporciones apocalípticas que hacía vibrar el espacio-tiempo en cada rincón del mundo. Mi cabello morado-grisáceo se agitó hacia arriba, envuelto en llamas de energía estelar pura. Las heridas de mi cuerpo dejaron de sangrar, selladas por la presión de mi propio flujo mágico desatado al límite. Con la mirada fija en el rostro perplejo del Devora Dioses, una sonrisa serena, melancólica y nostálgica se dibujó lentamente en mi rostro expuesto. —Perdóname, Miranda... —susurró Rachel al aire, sabiendo las consecuencias irreversibles de lo que estaba a punto de hacer—. Perdóname por lo que haré... Alcé el brazo que me quedaba y la empuñadura de mi espada rota resplandeció con una luz roja y morada tan intensa que eclipsó el sol. El Locutor más fuerte que existe había vuelto, y esta vez, el 100% de su poder estaba listo para reescribir el destino.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 303

Estás leyendo el capítulo 303 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.