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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 302 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Entiendo todo lo que has hecho, Devora Dioses —dijo el Locutor con voz pausada, dando un paso al frente mientras acomodaba la máscara sobre su rostro—. Por mucho tiempo que planees algo, tus planes no saldrán como quieres. «Debo ser consciente...», pensó el Locutor mientras miraba de reojo los cuerpos destrozados y ensangrentados de los tres caballeros. «Si no hubiera llegado a tiempo, ellos habrían muerto ante él. Qué bueno que mi habilidad valió la pena para llegar hasta acá. Aunque no hay nadie con mi habilidad de teletransportación para sacarlos a todos de un parpadeo...» Un destello de energía violeta comenzó a crepitar alrededor de las cuencas de su máscara. Sus ojos sacaron chispas moradas, reflejándose sobre la nieve ensangrentada. —Está bien... —susurró el enmascarado para sí mismo, ajustando su postura defensiva—. Igual hacía tiempo que no peleaba contra alguien poderoso de nivel universal... —¡No lo hagas, Locutor...! —suplicó Noelle con la voz rota, intentando arrastrarse un centímetro hacia él desde la escarcha. —Es una orden. Váyanse ahora, solo serán un estorbo para mí —decretó el chico con frialdad militar. Luego, bajó levemente el tono de su voz, dejando escapar un suspiro cansado pero cálido—: «Lo siento mucho, mi Lady Noelle... pero alguien tiene que hacerlo de todas maneras.» Locutor comenzó a caminar despacio directamente hacia mí. Yo, saliendo del trance de mis recuerdos sobre Henry Ogawa, di un paso al frente al mismo tiempo. El viento del Polo Norte pareció detenerse por completo. Caminamos el uno hacia el otro a un ritmo lento, casi solemne. Nuestras miradas se cruzaron en el aire: eran tan serenas, tan frías y tan serias que ni siquiera nosotros mismos podíamos entender cuál era el verdadero significado de ser una existencia bastante aterradora en este universo. Mientras la distancia entre ambos se acortaba, el enmascarado me observó fijamente, sintiendo cómo el aura de mi Poder de Supresión pesaba sobre sus hombros. En ese instante de silencio absoluto, comprendió una sola cosa sobre mí: este tipo no era un dios cualquiera. Podía sentir la aplastante sed de sangre, la ira desbordante, la sed de venganza, el olvido y los profundos arrepentimientos que habían marcado mi vida para siempre. —¿Estás listo, anomalía? —murmuró Locutor, dejando que las chispas moradas de sus ojos encendieran el aire a nuestro alrededor. —¡Jajaja! ¡Mala suerte para ti enfrentarte a mí! —liberé una carcajada amarga y rasposa que retumbó en la ventisca congelada—. No será necesario tanto drama... el resultado será el mismo para ellos. ¡No podrás derrotarme tan fácilmente! —Eso lo sé... —respondió el Locutor con una calma helada bajo la máscara—. Y es por eso... Antes de que la última palabra terminara de resonar, su presencia desapareció por completo de mi línea de visión. ¡Teletransportación instantánea! En una fracción de microsegundo, reapareció justo en mi flanco ciego, pegado a mi rostro. Las chispas moradas de sus ojos estallaron en una onda de choque estelar mientras conectaba un puñetazo impregnado de energía universal directamente en mi mandíbula. El impacto resonó como el choque de dos planetas, haciendo crujir el tejido del espacio a nuestro alrededor. Sentí el peso brutal de su fuerza, pero en el instante en que recibía el golpe, mi mirada vacía se elevó. Miré hacia arriba, anticipando la trayectoria de su masa corporal. Aprovechando la inercia del impacto, canalicé el Poder de Supresión en mi torso y retrocedí a una velocidad cegadora, cortando el aire hacia atrás para amortiguar el daño. Caí pesadamente sobre la nieve calcinada, derrapando decenas de metros y golpeando la tierra con violencia, levantando una columna de polvo, hielo pulverizado y masa oscura. Me incorporé lentamente desde el cráter, sacudiéndome la escarcha del rostro con la mano. Una mueca sanguinaria comenzó a dibujarse en mis labios mientras observaba las estelas de maná morado que flotaban alrededor del chico enmascarado. —Nada mal para un intento de rescate... —murmuré, sintiendo el ardor de su golpe en la mejilla—. Pero si esa es toda la velocidad de tu teletransportación, te va a hacer falta mucho más que fe para sacarlos de aquí con vida. «¡Qué fastidio...!», gruñí para mis adentros, escupiendo un hilo de sangre sobre la nieve congelada mientras me ponía de pie. «¡Otro usuario de teletransportación igual que Saleh!» Apreté los puños con fuerza, sintiendo cómo el Poder de Supresión comenzaba a vibrar de forma inestable dentro de mi núcleo. El chico enmascarado se mantenía firme a unos metros de distancia, pero la presión que emanaba de su figura era palpable. «Esto se está poniendo peligroso...», admití mentalmente, ajustando la postura de mi cuerpo mientras la masa oscura se condensaba a mi alrededor. «No solo puedo sentir esa aura monstruosa de nivel universal, sino que la forma en que me mira a través de esa máscara es lo más intimidante que he presenciado en mucho tiempo. Pero sé perfectamente cómo funciona la magia de teletransportación... porque nunca logré dominarla por completo.» Una sonrisa desfigurada y sanguinaria se dibujó lentamente en mi rostro. Mis ojos vacíos brillaron con un matiz violento mientras liberaba una marejada de ceniza cósmica que comenzó a distorsionar las coordenadas del espacio alrededor de la cordillera. —¡Así que eso es lo que verás hoy! —bramé hacia el Locutor, extendiendo los brazos mientras el espacio mismo a mi alrededor comenzaba a rasgarse con chispas de gravedad negra—. ¡Te voy a enseñar cómo se usa... con el método a mi manera! Antes de que pudiera reaccionar o usar su habilidad para esquivar, el vacío espacio-temporal a nuestro alrededor colapsó en un vórtice destructivo. —¡Dios del Rayo! —grité, canalizando una descarga eléctrica pura y abrasadora a través de mi masa oscura. Mi cuerpo se convirtió en un destello verde y oscuro. Cruzando el espacio distorsionado a una velocidad que desafiaba las leyes físicas, aparecí instantáneamente justo en frente del Locutor. El chico enmascarado abrió los ojos con sorpresa detrás de las rendijas de su máscara, pero no logró reaccionar ni detener mi movimiento a tiempo. Mi puño, imbuido con la furia del rayo y la fuerza gravitacional del Poder de Supresión, impactó de lleno contra su torso antes de que pudiera activar su teletransportación. ¡CRACK! El estallido sónico barrió las nubes del cielo del Polo Norte. La fuerza bruta del golpe lo hizo salir disparado hacia atrás como un proyectil, atravesando varias cumbres congeladas y mandándolo violentamente a kilómetros de distancia, dejando una estela de humo y chispas moradas a su paso. Sosteniendo la empuñadura de mi espada, me levanté despacio entre las rocas calcinadas de la cumbre donde había impactado. Sacudí el polvo de mi ropa y ajusté la máscara sobre mi rostro. Detrás de ella, mi mirada reflejaba una extrañeza profunda. «Esa no es la técnica de aquel chico... ¿el que se enfrentó con un Minotauro?», me pregunté internamente, analizando el residuo del rayo que aún crepitaba en el aire. «Parece que hay algo muy extraño aquí. ¿Cómo es que tiene tantas técnicas y tantos tipos de magia diferentes a su disposición...?» Apreté los dientes, consciente de la escala del peligro. «Debo ser extremadamente cuidadoso ante él... Pero sé perfectamente cómo lidiar con esta clase de amenazas.» Canalicé las chispas moradas en la palma de mi mano libre y comencé a trazar un patrón rúnico en el espacio, haciendo que el tejido de la realidad alrededor de mis pies comenzara a zumbar con una frecuencia antigua. —Si vas a usar el repertorio de otros para intentar aplastarme... —murmuré, alzando la vista hacia la silueta del Devora Dioses que se aproximaba entre el humo—, entonces te responderé con la misma fuerza. Me preparé para liberar el conjuro, concentrando el maná suficiente para reescribir las leyes del terreno de batalla. Un torbellino de símbolos morados comenzó a girar alrededor del Locutor, resonando con una frecuencia vibracional que hizo temblar las placas tectónicas bajo nuestros pies. Las runas flotantes absorbieron el residuo del rayo que aún flotaba en el ambiente, neutralizando las cargas residuales de mi ataque anterior. —Resonancia Aterial: Cancelación de Flujo Elemental —pronunció el Locutor con voz firme e imperturbable. El conjuro se expandió en una onda de choque estelar que barrió la cordillera. Sentí de inmediato cómo el aire a mi alrededor se volvía denso, pesado, como si la misma atmósfera rechazara la manifestación de magias elementales convencionales. «¿Canceló la frecuencia del rayo al instante...?», analicé en mi fuero interno, apretando la mano con la que había ejecutado el movimiento. «Este sujeto no solo reacciona con velocidad hiperiónica; tiene la capacidad de leer la firma mágica de una técnica y desplegar una contra-medida conceptual en cuestión de milisegundos.» Paso a paso, el Locutor salió del cráter. Su máscara tenía una ligera grieta por donde crepitaba una tenue luz morada, pero su postura permanecía inquebrantable. —Copiar técnicas de otros guerreros es una habilidad impresionante, Devora Dioses —dijo el enmascarado, ajustando el agarre de su espada mientras la masa del espacio-tiempo volvía a doblarse a su alrededor—. Pero un arsenal acumulado sin el alma de quienes crearon esos artes no es más que un cascarón vacío. Una mueca de rabia contenida se dibujó en mi rostro al escuchar sus palabras. —¿Cascarón vacío...? —murmuré, sintiendo cómo la masa oscura del Poder de Supresión comenzaba a hervir a temperaturas volcánicas dentro de mi pecho—. ¡No tienes idea de lo que tuve que devorar para obtener cada una de estas habilidades! Sin necesidad de recurrir a la magia elemental cancelada, confié únicamente en la fuerza bruta de mi masa oscura pura. Me impulsé hacia adelante, resquebrajando la tierra en un radio de tres kilómetros. Aparecí frente a él en un microsegundo, descargando una serie de estocadas y puñetazos de gravedad comprimida. El Locutor respondió con una danza fluida de paradas y micro-teletransportaciones de corto alcance: cada vez que mi puño rozaba su máscara, él desaparecía por un milímetro para reaparecer en mi ángulo ciego, contraatacando con cortes precisos cargados de maná morado. El choque de nuestras fuerzas provocó un cataclismo en cadena. Las montañas heladas se desmoronaban a nuestro paso como castillos de naipes mientras ambos nos enfrascábamos en un intercambio puramente conceptual y físico de nivel universal. Un crujido seco y metálico cortó el aire. Detuve el filo de su espada a escasos milímetros de mi rostro, atrapándolo con la punta de un solo dedo imbuido en ceniza cósmica. La onda de choque de su impacto se disipó al instante, absorbida por la nada absoluta de mi Poder de Supresión. El Locutor abrió los ojos de par en par detrás de las rendijas de su máscara. Por primera vez desde que irrumpió en el campo de batalla, su postura perfecta tembló. —Creo que ya es momento de mostrarte mi verdadero poder —murmuré con una voz que ya no sonaba humana, sino como el eco distorsionado de mil cataclismos sonando al unísono—. Tú serás testigo de lo aterrador que soy, humano. Ejercí una leve presión con el dedo y la hoja de su espada comenzó a fracturarse, soltando chispas moradas que se apagaban al tocar mi piel. Una sonrisa desfigurada, carente de cualquier rasgo de cordura o piedad, se extendió de oreja a oreja en mi rostro. —Espero que mueras lentamente... —bramé, mientras mi masa oscura se expandía en todas direcciones, tiñendo el cielo del Polo Norte de un negro absoluto y haciendo que la gravedad misma colapsara a nuestro alrededor—... ¡porque me voy a divertir! Una marea de energía primordial devoradora envolvió el terreno, sepultando las ruinas en una oscuridad sofocante que prometía erradicar todo rastro de vida. Antes de que pudiera activar su teletransportación o recomponer su guardia, estiré el brazo como una garra de masa oscura y lo sujeté con violencia del brazo izquierdo. El chasquido de su armadura rompiéndose resonó en medio del silencio absoluto del terreno. —¡A ver cómo usas tu movilidad ahora! —rugí. Lo estrellé contra el suelo congelado con una fuerza desmedida, levantando una columna de polvo, esquirlas de hielo y rocas calcinadas. Sin soltarle el brazo un solo segundo, me eché a correr a una velocidad hiperiónica por toda la cordillera. Lo arrastré violentamente por kilómetros de terreno rocoso y escarcha, moliendo su cuerpo contra la tierra, destruyendo picos de montañas y dejando un surco profundo de sangre y escombros a nuestro paso. Llegando al borde del glaciar principal, giré sobre mi propio eje, imbuyendo todo el impulso en mis hombros. —¡Lárgate de mi vista! Con un rugido que hizo temblar la corteza terrestre, lo arrojé con una potencia catastrófica. La figura del Locutor salió disparada como una estrella fugaz violeta, atravesando capas de la atmósfera y saliendo despedida a un impacto brutal fuera de los límites del Polo Norte, perdiéndose en el horizonte desolado. Me quedé de pie en la orilla del precipicio, respirando agitadamente mientras el aire negro de mi aura se agitaba a mi alrededor. Mis ojos vacíos contemplaron la estela de destrucción que habíamos dejado tras de nosotros. Pensé que lo había enviado al otro lado del planeta, pero el espacio se distorsionó sobre mi cabeza en una fracción de milisegundo. ¡CRACK! Al ser arrojado, él ya estaba posicionado exactamente arriba de mí. Con una patada descendente cargada de energía morada, me interceptó en pleno vuelo y salí disparado en diagonal hacia la tierra. Sin darme un solo segundo para recuperar el aliento, reapareció instantáneamente abajo, usando su pie como un mazo para frenar mi caída y arrojarme de golpe contra el suelo helado. Pero lo peor vino inmediatamente después. Antes de que pudiera activar mi masa oscura para cubrirme, el Locutor concentró toda su fuerza en un puñetazo directo que impactó de lleno en mi estómago. La fuerza conceptual de su golpe perforó mis defensas, colapsando mis órganos internos. Escupí una marea de sangre carmesí que manchó la escarcha. El sufrimiento fue tan abrumador e insoportable que rompí el aire con un grito de agonía pura, como nunca antes me había ocurrido: —¡¡AHHHHHHH...!! El dolor atenazó todo mi cuerpo, paralizando mis reflejos. Con una frialdad absoluta, el Locutor me agarró fuertemente del cuello, levantándome del suelo mientras la chispa violeta de sus ojos ardía con furia. Canalizando su magia elemental de fuego, desató una explosión incandescente a quemarropa que abrasó mi piel y me arrojó a miles de metros de distancia, haciéndome rebotar contra las rocas calcinadas. —¡Magia de Fuego Rango 100: Llamas del Infierno! —sentenció el Locutor desde las alturas, trazando un círculo mágico colosal que eclipsó el cielo por completo. Un torrente inextinguible de llamas negras y carmesí descendió en picado sobre mi posición. La temperatura se elevó a niveles incandescentes en una fracción de segundo, evaporando la nieve, derritiendo las rocas y convirtiendo el cráter donde yacía en un auténtico mar de magma hirviente. El fuego abrasador consumía mi piel y devoraba la masa oscura que intentaba cubrirme, atrapándome en una pira infernal de agonía pura. En medio del mar de magma y las llamas infernales que aún devoraban el terreno, la masa oscura volvió a emerger de mi cuerpo, devorando el fuego rango 100 hasta extinguirlo por completo. Me puse de pie despacio, limpio de cenizas, con la carne regenerándose a una velocidad monstruosa mientras una sonrisa retorcida volvía a dibujarse en mi rostro. —Vaya, vaya... —susurró el Devora Dioses, dejando escapar una risotada baja y rasposa mientras se sacudía los hombros—. Aún puedes seguir de pie. Creí que sería más fácil verte morir, pero veo que has logrado hacer algo más que eso, ¿verdad? Mis ojos vacíos volvieron a fijarse en la silueta del chico enmascarado. El dolor de mi estómago se transformó en una rabia líquida que alimentaba cada una de mis células. —Llamas del infierno, teletransportación, habilidades de anulación... Realmente estás poniendo toda la carne en el asador por tres insectos lisiados —continué, dando un paso al frente mientras el suelo debajo de mis botas se agrietaba por la presión de mi aura—. Pero ya te lo dije: entre más fuerte brille tu determinación de caballero, más placentero será ver cómo te rompes. Apreté los puños, haciendo que la masa oscura adoptara la forma de dos grandes garras de ceniza cósmica a mis espaldas. —Demuéstrame cuánto más dura esa llama tuya antes de que te devore entero. Un crujido ensordecedor volvió a partir la cordillera en dos. El aire mismo quemaba al inhalar. —¡Ya me cansé de tus discursos de monstruo! —rugió el Locutor, cuya voz vibró con un eco metálico y distorsionado. En un destello violeta, reapareció justo en mi flanco izquierdo. No usó la espada; usó su codo imbuido en maná comprimido para impactarme de lleno en la sien. El choque desató una onda expansiva que pulverizó los picos helados a diez kilómetros a la redonda. Sentí el impacto como el choque de un asteroide. Mi cabeza se inclinó por la fuerza del golpe, la sangre brotó de mis oídos, pero en lugar de ceder, apreté los dientes y atrapé su brazo con mi mano derecha, hundiéndole las uñas en la carne hasta tocar hueso. —¡Te tengo! —bramé. Con la mano izquierda cargada de mi Poder de Supresión, le conecté un puñetazo devastador en el costado. La armadura de su torso saltó hecha añicos. Pude oír el crujido seco de sus costillas partiéndose y ver cómo el chico escupía un chorro de sangre caliente contra el costado de mi cara. Pero el Locutor no cedió. Con los dientes ensangrentados apretados tras la máscara, clavó los dedos de su mano libre directamente en la herida que yo tenía en el abdomen —la misma que su golpe anterior había abierto—. —¡AAGHH! —grité, sintiendo cómo quemaba y desgarraba mis entrañas. —¡No me voy... a rendir! —bramó él, canalizando un estallido de Rayo Estelar a quemarropa dentro de mi propia herida. La explosión interna nos separó violentamente. Ambos salimos despedidos en direcciones opuestas, rebotando contra el lecho de roca helada, dejando tras de nosotros una estela de sangre, trizas de armadura y materia oscura incinerada. Me arrastré fuera de los escombros, apoyándome en un brazo mientras la carne de mi abdomen luchaba torpemente por regenerarse bajo la abrasión de su maná. La vista se me nublaba por momentos; mi cuerpo estaba al límite, pero el hambre de mi alma exigía sangre. A unos cincuenta metros, el Locutor también se ponía de pie con extrema dificultad. La mitad de su máscara se había roto con el último impacto, dejando al descubierto una mejilla ensangrentada y un ojo que brillaba con una luz violeta incandescente y salvaje. Respiraba a bocanadas agonizantes, sosteniéndose el costado fracturado. —Mírate... —dije, alzándome despacio mientras una risa demente se me escapaba entre tos de sangre—. Te estás cayendo a pedazos, humano. Tu cuerpo no va a aguantar otro choque de esta magnitud. —Mi cuerpo da igual... —respondió el Locutor, limpiándose la sangre de la boca con el dorso de la mano y reajustando la empuñadura de su espada rota—. Mientras logre mantenerte atado a este infierno... Noelle y los demás saldrán con vida. El aire entre los dos se volvió una tormenta de partículas: ceniza cósmica y masa oscura contra chispas moradas y fuego divino. Ya no había tácticas elaboradas, ni maniobras elegantes de teletransportación. Era un duelo de pura atrocidad, un choque desgarrador entre un monstruo que no conocía el freno y un caballero que había aceptado la muerte desde el momento en que pisó el campo de batalla. Ambos nos impulsamos al mismo tiempo hacia el centro del cráter, listos para destrozarnos con las manos desnudas si hacía falta.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 302

Estás leyendo el capítulo 302 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.