Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 301 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Pero ya es hora de que caigas —sentencié con voz firme, cortando el aire del Reino Temporal.
En un parpadeo, eliminé cualquier distancia entre nosotros. Mi movimiento superó la velocidad del sonido, dejando tras de mí una ráfaga de estelas violetas que amenazaban con atravesar su defensa en un instante destructivo.
Sin embargo, Noelle no cedió al pánico. Anticipando la trayectoria de mi estocada gracias a la distorsión del flujo temporal de su propio dominio, cruzó su espada de hielo en el ángulo exacto. El impacto resonó como un trueno metálico, generando una onda expansiva de energía cósmica y escarcha que resquebrajó los muros a kilómetros a la redonda.
Aprovechando la inercia del choque y el leve desbalance de mi guardia, Noelle giró sobre su eje en una fracción de milisegundo, canalizando las flores rosadas para lanzar una contraofensiva veloz hacia mi flanco descubierto.
Reaccioné instintivamente: flexioné el torso y me desplacé de lado apenas a tiempo. La hoja de hielo rosado solo logró rasgar el borde de mi chamarra, dejando un rastro de escarcha brillante flotando en el aire.
A partir de ese instante, el combate se transformó en una danza de ejecuciones relámpago. Ambos nos movíamos a una velocidad tan absurda que, para los ojos de Luis y Miranda, solo parecíamos dos destellos colisionando repetidamente dentro del Reino Temporal. Cada choque de puños, garras y espadas abría grietas en el tejido de la realidad, derribando los pilares congelados y haciendo estallar pétalos de escarcha en medio de la ventisca.
El intercambio de cortes y choques de masa oscura a velocidad hiperiónica continuó elevando la temperatura del Reino Temporal hasta un punto crítico. La fricción constante entre mi Poder de Supresión y las espadas de escarcha generaba chispas doradas y púrpuras que incineraban la nieve antes de tocar el suelo.
—¡Corte del Horizonte Rosado! —gritó Noelle, concentrando la masa cinética de tres flores de hielo en el filamento de su espada.
La estocada descendió con una fuerza capaz de rebanar una cordillera entera. En lugar de esquivar, alcé el brazo izquierdo y detuve el filo con la palma descubierta. Un estallido sónico barrió los muros circundantes, pero la espada de Noelle quedó atascada entre mis dedos imbuidos en ceniza cósmica.
—Te lo dije... —murmuré, sintiendo la presión de su maná buscando congelar mi brazo—. Tu dominio es brillante, pero no puedes mantener la aceleración lineal cuando el usuario conoce la frecuencia de tu flujo temporal.
Con una fuerza abrumadora, retorcí la mano, fracturando la hoja de hielo de Noelle en mil pedazos. Sin embargo, una sonrisa helada se dibujó en el rostro de la capitana.
—No buscaba cortarte... —susurró ella.
Los fragmentos de la espada rota no cayeron. Atrapados en el bucle del Reino Temporal, las mil astillas de hielo se transformaron instantáneamente en espinas rosadas que comenzaron a clavarse en mis puntos de presión, detonando pequeñas ondas de choque de cero absoluto directamente sobre mi cuerpo.
Al mismo tiempo, la voz de Luis resonó a mis espaldas, irrumpiendo desde el aire a una velocidad colosal:
—¡No te olvides de nosotros! —rugió Luis, junto a Miranda, combinando la luz estelar con las estocadas dobles en una tenaza perfecta hacia mi flanco desprotegido.
Atrapado en el microsegundo de la trampa de Noelle y con el ataque conjunto de los tres caballeros encima, el Reino Temporal vibró en su punto máximo, amenazando con colapsar sobre el choque final.
«Los subestimé...»
Una sonrisa aterradora y desfigurada se dibujó en mi rostro, mientras mis ojos vacíos brillaban con un hambre ancestral.
Sin importar las espinas de cero absoluto incrustadas en mi cuerpo ni la tenaza perfecta de los tres caballeros, liberé una carcajada que retumbó como el rugido de un cataclismo.
—¡Jajajaja! ¡Así es como debe ser!
En una fracción de microsegundo, desaté una lluvia torrencial e ininterrumpida de esferas elementales. Cientos de orbes de fuego, rayo, gravedad y materia cósmica detonaron en cadena alrededor del trío, generando un infierno de explosiones que destrozó la formación de Luis y Miranda, forzándolos a retroceder violentamente para no ser reducidos a cenizas.
En medio de la cortina de humo y el caos del Reino Temporal, desvanecí mi presencia por completo. Borré mi rastro en la línea del tiempo.
Aparecí de la nada, posicionado directamente a sus espaldas.
Mi aura no solo se desbordó: se comprimió en mi puño en una masa de oscuridad absoluta capaz de colapsar la materia hasta el nivel atómico. Un golpe directo impregnado con toda mi fuerza, diseñado para pulverizar sus cuerpos, sus almas y cualquier rastro de su existencia en un instante irreversible.
El impacto de mi golpe desató una fuerza tan abrumadora que el propio tejido del Reino Temporal crujió antes de estallar. La masa oscura comprimida en mi puño cayó sobre ellos como una sentencia divina, un colapso gravitacional puro diseñado para desintegrar hueso, carne y alma.
—¡ESCUDO DE ESTRELLAS: BARRERA CELESTE! —rugió Luis con lo último que le quedaba de vida, arrojándose violentamente al frente para interponer su cuerpo y su espada de luz entre mi impacto y sus compañeras.
—¡LUIS! —gritó Noelle.
El puño chocó de lleno contra la defensa estelar de Luis. La barrera aguantó un milisegundo antes de hacerse trizas como cristal barato. El estallido subsiguiente generó una onda sónica tan colosal que los muros de hielo con flores rosadas se pulverizaron instantáneamente en un radio de diez kilómetros. La tormenta del Reino Temporal colapsó por completo, borrando el dominio y devolviendo el campo de batalla a la desolada realidad del Polo Norte.
Luis salió disparado contra la cordillera como un meteorito, dejando una estela de fuego y sangre mientras su cuerpo se hundía en las Ruinas Calcinadas. Su presencia espiritual se atenuó al borde de la extinción.
Miranda, escupiendo sangre por la presión del choque conceptual, salió despedida hacia un costado, cayendo pesadamente sobre la nieve con las espadas rotas a la mitad.
En el centro del cráter, Noelle quedó de pie, pero completamente lisiada. Su chamarra estaba hecha jirones, su brazo derecho colgaba inerte y el mar de sangre que brotaba de sus heridas teñía la nieve bajo sus pies. Respiraba con dificultad, con la vista nublada por el dolor agonizante, pero sus ojos azules aún mantenían una chispa desafiante.
Caminé entre el humo que se disipaba, haciendo crujir los restos de escarcha rosada bajo mis botas. Mis ojos vacíos la contemplaron con una frialdad absoluta mientras la masa oscura regresaba a mis manos.
—Se acabó —sentencié, alzando la mano hacia el rostro de Noelle, listo para arrancar su núcleo de maná y poner fin a su existencia—. Pelearon bien para ser simples mortales de este mundo... pero al final, la diferencia entre una anomalía y ustedes es un abismo que la determinación jamás podrá cruzar.
Noelle alzó la mirada, tosiendo sangre sobre la escarcha, pero una pequeña sonrisa quebrada brotó de sus labios ensangrentados.
—Tal vez... no pueda cruzar ese abismo sola... —susurró con un hilo de voz—. Pero tú cometiste el peor error de todos... anomalía.
—¿Qué dijiste? —fruncí el ceño.
—Nos diste tiempo... —continuó Noelle, cerrando los ojos con serenidad—. Sentiste su presencia desde el principio, ¿verdad? La presencia que tanto temías...
Antes de que mi puño descendiera para atravesar su pecho, una presión atmosférica mil veces más sofocante que mi propia aura cayó sobre el Polo Norte. La tierra se congeló en un instante estático y una sombra monumental eclipsó el firmamento fracturado. Un pulso de aura antigua e inmensa hizo temblar la estructura del planeta entero.
«Esta presencia...», pensé, deteniendo mi mano a milímetros de Noelle mientras un escalofrío helado recorría mi alma vacía y mis pupilas se dilataban en pura rabia y zozobra. «No puede ser... No ahora...»
Un rugido puramente instintivo brotó desde lo más profundo de mi garganta, acallando la presencia del firmamento. No iba a permitir que una distracción detuviera mi matanza. Mis ojos totalmente vacíos se volvieron un torbellino de ceniza cósmica y en un parpadeo reactivé la marcha destructiva.
—¡Me da igual quién venga! ¡Nadie saldrá vivo de aquí! —rugí, cayendo sobre Noelle como un desastre natural.
Antes de que pudiera reaccionar, la tomé del cuello con una fuerza desmedida y la estrellé contra el suelo rocoso del Polo Norte, levantando una nube de polvo y esquirlas de hielo. Sin darle tiempo de respirar, la arrastré violentamente por cientos de metros, barriendo la cordillera con su cuerpo mientras la masa oscura maceraba la tierra bajo sus espaldas.
—¡Capitana! —gritó Miranda, impulsándose con la única espada que le quedaba sana.
Sin romper la carrera, alcé la mano libre y lancé una ráfaga de Rayos Cósmicos que impactaron directamente contra el torso de Miranda. Las descargas le perforaron la armadura y abrasaron su piel, pero en un acto de determinación pura e irracional, Miranda no se detuvo. Escupiendo una marejada de sangre, clavó su hoja en mi hombro derecho, sacrificando su propio brazo para encajar la estocada.
—¡No te... alejarás de ella! —bramó Miranda, apretando la empuñadura mientras sus músculos se desgarraban por la presión de mi aura.
—¡Insecto molesto! —sentencié con desprecio.
Girando sobre mi propio eje, le conecté un rodillazo devastador en el abdomen que le destruyó las costillas y la hizo rebotar violentamente contra la nieve congelada, dejándola inconsciente en un charco de su propia sangre.
En ese mismo instante, una silueta envuelta en destellos dorados irrumpió a una velocidad kamikaze. Luis, con el rostro ensangrentado y el brazo izquierdo completamente roto, usó su propia sangre como catalizador para forzar el flujo de maná en su cuerpo lisiado.
—¡Técnica Prohibida: Estocada del Rey Caído! —gritó Luis con las cuerdas vocales destrozadas.
El corte cayó directo hacia mi rostro. Paré el impacto con la cara, sintiendo cómo el filo cortaba la piel de mi mejilla y la sangre brotaba en un chorro carmesí. La fuerza de su determinación me hizo dar dos pasos hacia atrás.
Aprovechando esa fracción de segundo de vacilación, Noelle, gravemente herida y con la vista casi perdida por la hemorragia cerebral, canalizó las últimas gotas de su vida en la nieve debajo de mis pies.
—Magia de Nieve: Cero Absoluto de los Caídos —susurró con serenidad mortal.
Cadenas de cristal rosado surgieron de la tierra calcinada, atravesando mis tobillos y mis muñecas para sellar mi movilidad. Luis, apretando los dientes hasta romperlos, hundió su espada directamente en mi muslo para fijarme al suelo.
—¡Ahora, Capitana! ¡No lo dejes escapar! —rugió Luis, sujetando la hoja con ambas manos a pesar de que el Poder de Supresión le estaba abrasando la carne de los brazos hasta el hueso.
Estaba atrapado en una trampa armada con pura fuerza de voluntad humana, sostenida por tres cuerpos destrozados que se negaban a morir.
—¿Aún quieren luchar...? ¿Con los huesos rotos y los órganos perforados...? —murmuré, sintiendo la presión de las cadenas rosadas y la espada de Luis clavada en mi pierna.
Una sonrisa sanguinaria se dibujó en mi rostro mientras liberaba una onda expansiva de gravedad pura que hizo crujir el suelo.
—¡Su determinación me da asco!
La explosión de mi masa oscura destrozó las cadenas de Noelle y lanzó a Luis por los aires como un muñeco de trapo. Aparecí instantáneamente sobre Luis en caída libre y le propiné una patada descendente en el pecho que lo incrustó en el lecho rocoso, creando un cráter de cincuenta metros de profundidad.
Sin pausa, volví a la posición de Noelle, la tomé del rostro y la elevé en el aire, apretando su cráneo mientras la energía oscura amenazaba con pulverizarle la cabeza.
—Mírate... —dije con voz fría y carente de emoción, viendo cómo Noelle intentaba débiles estocadas con sus dedos congelados contra mi muñeca—. Ya no les queda aliento, ni maná, ni esperanzas. Están a medio metro de la tumba.
Noelle, con la cara cubierta de sangre y respirando con agonía, me miró fijamente a los ojos vacíos.
—Mientras... sigamos respirando... —susurró, logrando rozar mi garganta con una diminuta daga de hielo que logró rasgar levemente mi piel—... nunca... nos rendiremos...
Me preparé para ejecutar el golpe final, canalizando toda la oscuridad acumulada directo hacia mi núcleo.
Núcleo de Pirámide... Técnica de la Espada del Santo: Pétalos Celestes de Flores Azules Caídos.
El cielo sobre el Polo Norte se tiñó de un azul lúgubre y gélido. Miles de pétalos de escarcha oscura comenzaron a arremolinarse alrededor del filo de mi mano, condensando una energía capaz de partir el continente entero. Con un movimiento implacable, lancé mi poderoso ataque hacia los tres cuerpos destrozados en el suelo. El rayo azulado descendió como un castigo divino.
Pero entonces, el sonido del impacto no fue el del cuerpo de Noelle siendo pulverizado. Fue el crujido metálico de un choque contra una barrera densa y abrumadora.
Una silueta irrumpió en medio de la ventisca, sosteniendo el peso de mi ataque con sus propias manos.
—¿Tú quién eres? —exigí, entrecerrando mis ojos vacíos al notar que mi Técnica de la Espada del Santo se dispersaba en chispas celestes a su alrededor.
Era un chico. Llevaba una máscara que ocultaba su rostro, pero su postura delataba una calma absoluta a pesar de la presión aplastante del ataque que acababa de bloquear.
—¿Locutor...? —murmuró Noelle, hablando con extrema dificultad desde el suelo, tosiendo sangre mientras sus ojos se abrían con incredulidad.
El chico enmascarado ni siquiera me miró. Mantuvo su postura defensiva mientras giraba levemente la cabeza hacia Noelle, Luis y Miranda.
—Se arriesgaron mucho ustedes... Váyanse ahora —dijo con un tono firme y sosegado—. Yo les daré el tiempo necesario. Iván, Izami y el resto los están esperando para que huyan.
—¡Qué... no! —interrumpió Luis, intentando ponerse de pie inútilmente, cayendo de nuevo sobre la nieve calcinada—. ¡No! ¿Qué hay de ti?
Una sonrisa, sincera y llena de honestidad, se dibujó bajo la máscara del chico, perceptible en el pliegue de sus ojos.
—Yo no podré acompañarlos. Alguien se tiene que quedar aquí a protegerlos.
—¡No digas estupideces! —gritó Miranda, con lágrimas de desesperación mezclándose con la sangre en su rostro—. ¡Tú solo no podrás contra él! ¡Morirás al intentarlo!
Locutor no retrocedió. Su voz, cargada de una serenidad envidiable, cortó el viento helado.
—Lo sé. Soy consciente de eso. Pero... ¿de qué sirve ser un caballero si no lo darás todo?
Las palabras flotaron en el aire, frías, pesadas e imborrables.
Mis ojos vacíos se dilataron de golpe y mi respiración se cortó. El choque de sus palabras impactó directamente en el rincón más oscuro de mi memoria. Todo mi cuerpo quedó paralizado, sumido en un estado de shock absoluto.
«¿De qué sirve ser un caballero si no lo darás todo...»
La imagen de la cordillera del Polo Norte se desvaneció de mi mente por un instante. En su lugar, el destello de una armadura rota, la sangre manchando el suelo y una espalda firme interponiéndose entre la muerte y yo, inundaron mis recuerdos.
La voz de ese chico enmascarado... Sus palabras, su postura estoica y esa estúpida y hermosa sonrisa de sacrificio. Todo en él era un reflejo exacto de aquel fantasma del pasado.
«Ese tipo...», pensé, sintiendo cómo un dolor punzante, mucho más fuerte que cualquier ataque físico, me atravesaba el pecho, «me recuerda a aquel caballero que dio su vida por sus camaradas para salvarme a mí... Henry Ogawa...»
El aura oscura que envolvía mi cuerpo parpadeó y comenzó a disiparse, perdiendo toda su hostilidad mientras el peso del pasado me aplastaba el alma.
(Minutos antes, en la base de apoyo a varios kilómetros del Polo Norte, la tierra comenzó a crujir violentamente. El suelo retumbaba con sacudidas telúricas constantes que amenazaban con derribar las estructuras temporales).
—¿Qué está pasando? —preguntó Elis, apretando los puños mientras intentaba mantener el equilibrio en medio de la sacudida—. ¿Por qué está temblando así? ¡¿Acaso nos atacan?!
Iván e Izami observaban el horizonte con la mirada sombría, sintiendo el colapso de las ondas de maná que provenían de la dirección donde luchaban Noelle, Luis y Miranda.
—Ustedes váyanse de aquí —dijo el Locutor de pronto, dando un paso al frente con una voz sorprendentemente calmada—. Yo haré que ellos regresen. Ustedes preparen todo para la evacuación.
—¡Déjanos ir contigo! —reclamó Iván de inmediato, ajustando el agarre de su arma—. ¡No puedes ir allá abajo solo!
El chico de la máscara se giró levemente, mirando a los presentes con una firmeza que no dejaba lugar a discusión.
—Lo siento, pero no podrán. Me serían un estorbo para mí... No quiero que ustedes mueran. Solo hagan caso a lo que les digo.
Un silencio pesado cayó sobre el grupo. Shin suspiró profundamente, cruzándose de brazos mientras miraba al Locutor fijamente.
—A veces eres raro... Sé que lo haces porque le debes un favor a Noelle y a Miranda, lo sé —dijo Shin, apretando los dientes con frustración—. Pero no puedes hacerlo tú solo.
El Locutor no respondió con palabras. Ajustó las correas de su máscara, dio media vuelta y saltó hacia el abismo de la tormenta, dirigiéndose a una velocidad cegadora hacia el epicentro de la catástrofe donde el Devora Dioses aguardaba.
De vuelta en el presente, la ventisca del Polo Norte helaba los rostros de todos los combatientes.
El eco de la conversación pasada y la presencia del Locutor mantenían al Devora Dioses completamente paralizado. Sus ojos vacíos continuaban fijos en la figura enmascarada que se interponía entre su mano y el trío de caballeros malheridos.
«Henry Ogawa...», repetía la mente del monstruo, mientras la imagen de aquel lejano caballero que se sacrificó por él amargaba cada rincón de su alma golpeada.

Continúa leyendo
The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 302
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 301
Estás leyendo el capítulo 301 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.