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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 298 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—¿Quién eres en verdad...? —exigió Noelle, tosiendo por la opresión del aire mientras la nieve a su alrededor se teñía de rojo—. ¿Cómo sabes tanto sobre ellos? ¿Qué es lo que buscan en este refugio? El Devora Dioses la contempló desde las alturas, con una serenidad aterradora que hacía ver el dolor de Noelle como algo insignificante. —Ustedes creen que este conflicto se reduce a la supervivencia de su especie o a la sangre del Fénix que lleva Sara —habló el Devora Dioses, y su voz no solo resonó en el ambiente, sino directamente en el interior del cráneo de Noelle—. Creen que devorar dioses y almas es una simple sed de poder... Pero todo esto, cada muerte, cada línea temporal colapsada, no es más que el camino hacia mi verdadero objetivo. Noelle apretó los dientes, utilizando su espada clavada en el hielo como apoyo para levantarse lentamente, a pesar de que el dolor en sus costillas amenazaba con hacerla colapsar. —¿Tu verdadero objetivo...? —ahogó ella, escupiendo un hilo de sangre. Astaroth, a un lado, soltó una risa seca y cruel mientras se acomodaba los cabellos oscuros. —Ella todavía no entiende nada —comentó Astaroth—. Piensan que Sara es el premio final. —Sara y su paradoja son solo una pieza clave en la ecuación —continuó el Devora Dioses, dando un paso lento hacia Noelle. Con cada pisada, la nieve a su alrededor no se derretía, sino que dejaba de existir, borrada de la realidad misma—. Mi meta final no es la destrucción de este refugio, ni siquiera el dominio sobre los Reyes Conquistadores... Mi verdadero objetivo siempre ha sido él: Tanaka Sánchez Carlos. El nombre resonó en medio de la tormenta con un peso sofocante. Noelle abrió los ojos de par en par, sintiendo cómo un escalofrío helado le recorría la columna vertebral. —¿Tanaka... Sánchez Carlos? —susurró Noelle, incrédula—. ¿El arquitecto...? —Él creyó que podía manipular los hilos de la existencia desde las sombras —dijo el Devora Dioses, y por primera vez una chispa de voracidad pura brilló en sus ojos oscuros—. Creyó que al esparcir los Registros Conceptuales y forzar las fusiones temporales lograría crear un sistema inalcanzable. Pero al devorar las memorias de Shiro y los caídos, finalmente obtuve la ruta para rastrear su núcleo. Tanaka Sánchez Carlos es la mente detrás de esta prisión conceptual... y cuando devore su alma, me convertiré en la única voluntad que rija la totalidad del universo. —¡No! ¡No voy a dejar que mates a nadie! ¡Yo te voy a detener, no importa nada! ¡Lucharé contra ti! —gritó Noelle con todas las fuerzas que le quedaban. Juntando hasta la última gota de maná en su cuerpo, extendió sus manos hacia el frente invocando su técnica suprema: —¡Magia de hielo de mar: Tormenta de flores de cielo! Un vendaval de escarcha deslumbrante y pétalos afilados de hielo puro brotó de sus manos, rasgando la tormenta de nieve y arremetiendo directamente contra el monstruo. Noelle corrió hacia él tras el rastro de su ataque para asestar un golpe definitivo, pero en el instante en que el hechizo tocó al Devora Dioses, la masa de hielo simplemente se disolvió en un vórtice oscuro frente a su pecho. Lo absorbió como si nada. Noelle se frenó de golpe, jadeando con incredulidad al ver que su magia más fuerte había desaparecido sin dejar rastro. —El mismo truco de siempre... —murmuró el Devora Dioses, sacudiendo la cabeza con fastidio—. Así que eres otra mujer con magia de hielo. Maldita sea... tendré que adaptarme de nuevo ante tu poder. Noelle apretó los puños, notando el matiz de irritación en la voz de la criatura. —Oh... ¿acaso no sabías que me estabas agradeciendo? —preguntó Noelle, tratando de ganar tiempo mientras su respiración se volvía agitada—. ¿Hubo alguien que te dio muchos problemas para derrotar? —¡Jajaja! Así es —admitió el Devora Dioses, soltando una risa rasposa que hizo ecos en las montañas—. Hubo una mujer que me hizo sentir el mayor miedo. Tal vez algún día la vuelva a ver... o mejor dicho, ¿no te suena la Princesa de Hielo, Angélica? —La verdad no la conozco del todo —respondió Noelle, manteniendo la postura de guardia a pesar de su debilidad—. ¿Pero qué tiene que ver ella conmigo? —Jamás lo entenderás —sentenció el monstruo, clavando sus ojos vacíos en ella—. Muchas cosas... ella fue capaz de todo. Además, tu magia no es nada comparada con la de ella. Esa mujer es la verdadera usuaria de hielo, jamás podrás estar a su altura. Tu magia insignificante es de lo más débil; e incluso ella, con su magia, sería capaz de matarme si intentara hacerlo como tú pretendes. —¿Te estás burlando de mí? —exigió Noelle, con los ojos ardientes de rabia y la voz quebrada por el esfuerzo—. ¿Crees que voy a creerte? ¡No hay nadie que me supere usando la magia de hielo de los Mares de Moisés! Tú jamás tendrías oportunidad de derrotarme... ¡Borraré esa sonrisa tuya, ser miserable! —Hahaha... hahaha... ¡Ahh! La verdad me hiciste reír —respondió el Devora Dioses, cruzando los brazos mientras su mirada se perdía momentáneamente en la tormenta de nieve—. Déjame darte una pequeña historia... Esa mujer fue mi maestra. A los cuatro años, ella me vio crecer, me vio mejorar, caer... De pronto, la voz del monstruo vaciló. La serenidad absoluta que lo caracterizaba pareció resquebrajarse por una milésima de segundo, y se llevó una mano a la cabeza, como si un dolor agudo lo atravesara por dentro. —Dejé de hablar... —murmuró para sí mismo, frunciendo el ceño con confusión—. ¿Qué pasa? ¿Por qué no puedo decir nada? Acaso... ¿mis emociones están volviendo a mí después de que mi hermano me lo quitara todo? Justo ahora... me quiero rebelar... Yo... Astaroth lo miró de reojo, entornando los ojos al percibir esa inestabilidad repentina, pero permaneció en silencio. El Devora Dioses sacudió la cabeza con violencia, ahogando esa chispa de duda y dejando que la frialdad volviera a apoderarse de su rostro. —Ella luchó conmigo en varias ocasiones —continuó el Devora Dioses, clavando sus ojos vacíos en Noelle—. Perdí contra mi maestra una y otra vez... hasta que llegó un día en que la maté sin que se diera cuenta de que la había traicionado. La dejé vendida por el imperio. —Pero su magia fue lo que me traumó... —continuó el Devora Dioses, apretando la mano con frustración mientras la sombra de aquel pasado lo atormentaba—. Quise robar su magia, su núcleo... pero ni siquiera pude hacerlo. Antes de que pudiera recuperar su cuerpo, de pronto... se volvió de cristal. \[ El Recuerdo \] Todo estaba en cenizas. El imperio, que alguna vez pareció invencible, había sido destruido por la fuerza devastadora de una sola mujer. —Respiré con dificultad... nunca me había cansado tanto —dijo Angélica, tambaleándose sobre el suelo cubierto de escombros mientras la luz de sus ojos se apagaba lentamente. Miró fijamente a la figura que la observaba—. ¿Por qué me hiciste esto, Carl...? Yo creí en ti... pero no pensé que estabas detrás de todo esto, Kronos... Una risa fría resonó entre las ruinas y la humareda. —¿Te diste cuenta de la verdad, mujer de hielo? —habló Kronos con arrogancia, dando un paso al frente—. ¿Qué te puedo decir? Fuiste un gran problema, pero ahora estás debilitada. Y gracias a mi hermano... él siempre me hace caso y me obedece en todo. Una herramienta es una herramienta. ¿Ahora te preguntas por qué mi hermano te hizo eso? Angélica apretó los dientes, tosiendo sangre mientras apretaba su pecho. —¿Por qué haces todo esto, Kronos? —exigió ella, con la voz quebrada—. No pensé que los rumores fueran verdad... pero ahora me doy cuenta de que tú mismo acabaste con todo. Felicidades, ganaste... ¿pero qué hay de él? Le quitaste todo... ¿y ahora tú me vas a matar? —La verdad, no te voy a matar yo —sonrió Kronos con malicia pura—. Él mismo lo hará por mí, jajaja. Él ya no es humano... perdió su humanidad. Ya no es el mismo al que viste crecer. ¿Sabes por qué? Angélica permaneció en silencio, sintiendo cómo el frío de la muerte la rodeaba. —... —... —¡Porque yo fui el causante de toda esta tragedia! —exclamó Kronos, alzando los brazos con locura—. ¡Todo para gobernar el reino y tener todo bajo control! Oh, mira... ahí viene. Entre el humo y la nieve manchada de hollín, la silueta de Carlos emergió caminando torpemente, cargando una presencia vacía y aterradora. —¿Carlos...? —murmuró Angélica en un hilo de voz, abriendo los ojos de par en par—. ¿Qué te pasó...? Tu cuerpo... tus ojos... ¡¿Qué mierda le hiciste, Kronos?! Un odio visceral, más intenso que cualquier herida, volvió a encender la chispa dentro de Angélica. Obligando a su cuerpo a moverse a pesar del agonizante agotamiento, se levantó de golpe. Desapareció en un parpadeo de ventisca, arremetiendo sin temor directo hacia Kronos. —¡Magia de hielo: Glaciar Solar! —gritó con furia, perforando el cuerpo de Kronos con estacas de hielo cegador y abrasador. —Escupí sangre... Esta mujer... ¿Aún le queda fuerza? —balbuceó Kronos, tambaleándose mientras el hielo abrasador atravesaba sus entrañas—. ¡¿Qué mierdas eres, mujer?! Ahora entiendo por qué nadie era capaz de derrotarte... Eres una mujer extraordinaria. Por algo Josué te contuvo cuando él aún vivía... ¡jajajaja! ¡jajajaja! Una sonrisa bastante retorcida brotó del rostro ensangrentado de Kronos mientras sujetaba las estacas congeladas que lo atravesaban. —Pero solo mírate... ¿Dónde quedó esa mirada seria y fría? —se burló, fijando sus ojos desquiciados en los de Angélica—. ¿A dónde quedó ahora? ¡Ahora tienes emociones! ¡Ahora tienes un corazón con el cual deseas salvar a Carlos justo ahora! ¡Jajajaja! ¡Qué mujer más patética me saliste! Angélica, con el alma destrozada y la visión borrosa, apretó las manos alrededor de su magia de hielo. Sintió cómo sus fuerzas llegaban a su límite absoluto mientras la sombra de Carlos, convertida en un cascarón vacío y manejada por la manipulación de Kronos, daba el paso definitivo hacia ella. —¡Cállate! ¡Cállate! —grité con todas mis fuerzas, mientras las lágrimas heladas se congelaban en mis mejillas—. ¡Tú no sabes nada del daño que le hiciste, Kronos! ¡Tú no tienes idea de lo que has hecho! ¡Eres un monstruo que ni vale la pena salvar! ¿Dices gobernar? ¡Ni siquiera le llegas a los talones a Mio Amaya! Ella tiene más talento, más inteligencia que tú... ¡Yo no voy a permitir esto! ¡Te mataré aunque me cueste la vida! Kronos, chorreando sangre pero con esa risa macabra aún grabada en el rostro, dio un paso hacia atrás, dejando que la sombra a su lado tomara el control. —Lo siento, pero yo no moriré... ¡Jajaja! Ahora... ¡mátala, hermano menor! El aire estalló. Carlos se movió a una velocidad sobrehumana, desenvainando en un destello de acero puro. Giré instintivamente para bloquear el filo de su espada, produciendo un chasquido metálico que hizo retumbar los escombros a nuestro alrededor. En un parpadeo, ambos desaparecimos entre ráfagas de escarcha y destellos de maná, chocando y atacándonos sin detenernos una sola fracción de segundo, envueltos en un duelo frenético donde cada colisión hacía crujir la estructura misma del imperio en ruinas. Las espadas chocaron una vez más, haciendo estallar una lluvia de chispas heladas sobre las ruinas. En medio del cruce de filos, la voz de Carlos rompió el estruendo con una desesperación desgarradoramente humana. —Lo siento, Angélica... —ahogó él, mientras el llanto y la sangre se mezclaban en su rostro—. Hice todo lo que pude hacer en aquel momento. Yo caí en las palabras de mi hermano... Juré que los protegería, ¿y qué fue lo que hice? Matarlos a todos y a cada uno de mis amigos. Yo merezco ser asesinado y borrado de esta vida... Ambos retrocedieron de un salto, rompiendo la distancia. Los ataques no cesaban; Carlos lanzaba estocadas mecánicas impuestas por el control de Kronos, mientras Angélica esquivaba con movimientos cada vez más pesados y agónicos. —Pero todo fue inútil... Yo no quería matarla, no tenía otra opción —continuó Carlos, con la voz quebrada por el dolor puro mientras su espada rozaba la armadura de su maestra—. Cuando supe que todo estaba mal, tú y Shiro siempre me protegían de todo... Pero ahora yo les fallé. Maté a Mio, maté a Shiro... Ella me amaba y yo le di la espalda. Me arrepiento de haberla matado... Hay tanta culpa en mí, Angélica... Yo... quiero morir. Ella lo era todo para mí. Cada momento a su lado fue un momento de gloria... estar en sus brazos... Angélica desvió la espada de Carlos una última vez, sintiendo cómo el corazón se le desgajaba al escuchar el suplicio de su alumno. Las lágrimas congeladas resbalaban por sus mejillas mientras la magia de ambos comenzaba a consumir lo último que quedaba del imperio. —Carlos... ella no te lo dijo, ¿verdad? —susurré, con la voz rota mientras bloqueaba su estocada con las últimas fuerzas que me quedaban—. Ella estaba esperando una hija tuya. Lo supe hace dos meses... ¿Cómo es posible que ni te dieras cuenta de los planes de tu hermano? Carlos se congeló. Su espada se detuvo a milímetros de mi rostro mientras sus pupilas se contraían hasta convertirse en dos puntos diminutos. —¿Qué...? —murmuró, como si el aire del mundo entero se hubiera evaporado—. ¿Shiro estaba esperando... una hija mía? No... No, no... ¡Es imposible! ¡NO! Una risa rota y desquiciada surgió de su rostro ensangrentado. De pronto, una ira colosal, oscura y descontrolada emanó de su cuerpo, destruyendo el suelo bajo sus pies. Antes de que pudiera reaccionar, desapareció de mi vista. El impacto fue tan rápido que el aire se comprimió; me atacó con una fuerza descomunal que me levantó del suelo y me empujó violentamente contra las ruinas del palacio. El golpe de su magia colisionando contra los escombros provocó una onda de choque devastadora; una auténtica explosión con el impacto de una bomba atómica resonó en todo el territorio, reduciendo las ruinas a un desierto de fuego, ceniza y fragmentos de hielo destruido. La espada de Carlos atravesó mi pecho de lado a lado, quedando clavada directamente en mi corazón. Escupí un torrente de sangre sobre el filo frío y sobre la nieve teñida de negro. La mirada de Carlos ya no reflejaba dolor ni culpa humana; la ira ciega que acababa de nacer en su interior lo había transformado por completo. Ante mis ojos presencié el nacimiento de un verdadero monstruo... un simple humano que, consumido por la tragedia, se había convertido en un Dios. —Te... devoraré... —gruñó él, con una voz distorsionada que ya no pertenecía al chico que vi crecer, mientras extendía su mano para comenzar a absorber mi núcleo y mi magia. Sentí la atracción helada de su fuerza intentando arrancar la esencia misma de mi alma. Pero no se lo iba a permitir. Jamás dejaría que la magia que juré usar para proteger fuera utilizada para la destrucción y el mal. Miré a Carlos una última vez con profunda compasión y tristeza. —Lo siento... —susurré entre hilos de sangre. En una fracción de segundo, concentré todo el maná de hielo en el centro de mi ser y desaté la sobreelevación absoluta de mi núcleo. En lugar de permitir la asimilación, decidí destruir mi propio cuerpo y mi alma desde las entrañas. La carne y el espíritu se cristalizaron al instante, rompiéndose en mil millones de fragmentos de hielo eterno que se dispersaron en la nada, borrando mi existencia antes de que sus manos pudieran tocar mi magia. \[ Fin del Recuerdo \] El recuerdo se terminó disolviendo en el aire del polo norte, dejándome varado por un instante en la más absoluta oscuridad de mis pensamientos. «Supongo que si la vuelvo a ver...» me dije en lo más profundo de mi mente, sintiendo cómo un vacío helado me desgarraba por dentro, «me rompería de nuevo. Todo lo que existe ahora debe terminar así... Por eso decidí borrar mi nombre, mi propia existencia... todo para no olvidar las monstruosidades que hice en el pasado. Ahora tengo que matar a esa mujer. Sobre todo, hay almas y magia que deseo absorber.» De vuelta a la realidad presente, la ventisca del polo norte volvió a rugir con furia sobre la nieve teñida de sangre. El Devora Dioses parpadeó, ahogando los últimos destellos de aquel recuerdo bajo una mirada impenetrable y cruel. Miró a Noelle, quien yacía herida en el suelo, luchando desesperadamente por mantener la vista al frente. —La historia terminó hace mucho tiempo —sentenció el Devora Dioses, alzando la mano hacia el refugio mientras su aura devoradora volvía a expandirse, resquebrajando la tierra—. Lo que fui en el pasado ya no existe. Borré mi nombre y mi propia humanidad por una razón, y no permitiré que nada ni nadie se interponga en mi camino. «A veces el camino puede ser tan cruel... confiar en alguien es difícil. Mmm, ahh... qué difícil es. Es mi culpa que yo terminara así. Aunque yo sea un Devora Dioses, es porque quería borrar todo rastro de mi rostro, de mi cuerpo... Deja que este mundo se pudra. Aunque no logré matar a mi hermano, él logró lo que quería y ahora estoy atrapado en este momento, en la maldición de sufrir por eso. Por eso... por eso mataré a todos, e incluso a mi 'yo' de este mundo. Le voy a enseñar lo que realmente soy yo. Todos caerán ante mí. Les haré una vida llena de dolor que ni siquiera yo mismo podría sobrevivir...» Aquellos pensamientos retumbaron en lo más profundo de mi mente, un monólogo oscuro y desgarrador que se ahogó en el vacío de mi pecho. —¿En qué tanto está pensando...? —se preguntó Noelle a sí misma, observando desde la nieve la repentina inmovilidad del monstruo. De pronto, un brillo de determinación cruzó por sus pupilas. «¡Espera! ¿Acaso... es mi oportunidad?» Aprovechando que la mirada del Devora Dioses estaba completamente perdida en su propio abismo mental, los ojos de Noelle atraparon la chispa de la vida eterna. Con un esfuerzo sobrehumano, desató una fuerza de hielo absoluto que se extendió por la nieve como un vendaval desbocado. Corrió directo hacia él, canalizando toda la escarcha restante para embestirlo y provocar un choque brutal. El hielo estalló alrededor del cuerpo del Devora Dioses, aprisionando sus extremidades, cubriéndolo en una prisión de cristal helado que lo inmovilizó por completo. Pero no hubo resistencia. El monstruo ni siquiera alzó un brazo. No activó su aura, no absorbió la magia, ni intentó esquivar el impacto. Simplemente se dejó envolver por la escarcha. Noelle se frenó a pocos pasos, jadeando violentamente mientras sostenía su espada, mirando la prisión de hielo con absoluta incredulidad. «¿No se defendió...? Acaso él está...» —Yo... —murmuró Noelle, temblando al sentir una extraña y dolorosa punzada de empatía al ver la mirada vacía de la criatura tras el hielo. —¡Capitana! ¡HUYAAA AHORA...! —resonó un grito desgarrador desde las ruinas a la entrada del refugio. —¿Eh? —Noelle parpadeó, intentando dar un paso hacia atrás para tomar distancia—. ¿Qué...? ¿Por qué... no me puedo mover? El aire a su alrededor se había vuelto de plomo. A pesar de que el Devora Dioses estaba completamente congelado frente a ella, la sombra de Astaroth se proyectaba a sus espaldas, mientras una presión invisible y sofocante paralizaba cada músculo, cada nervio y cada gota de sangre en el cuerpo de Noelle.
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Estás leyendo el capítulo 298 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 24 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.