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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 297 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Pero dime... ¿cómo es posible que dos versiones de la misma persona se conviertan en una sola? —Esa pregunta es difícil de responder cuando intentas comprender el camino del destino... No se trata simplemente de predecir el futuro de la humanidad en esta tierra donde colisionan dos mundos distintos. Cuando dos versiones se fusionan, el poder resultante es abrumador, pero la Sara del otro mundo posee una fuerza que supera a cualquier dios existente; una presencia divina contra la que ningún ser vivo podría competir. Ella vio su propio mundo teñido por completo de sangre... Es una tragedia que haya tenido que unirse a su 'yo' más joven solo para garantizar su supervivencia y protegerse a sí misma, pero ese equilibrio es frágil y no podrá durar mucho tiempo. —Entiendo... Ya veo lo complejo que es todo esto, pero... tengo miedo de morir. —No pienses en eso. Recuerda que no estamos solos: tenemos a Miranda, a Luis y a Noelle para protegernos. Además, el resto de nosotros sigue trabajando sin descanso para encontrar una salida y sobrevivir a este caos. Todos los que fuimos rescatados por Sara y Miranda les debemos la vida y estamos profundamente agradecidos... Nos dieron un techo, comida y una razón para seguir luchando. —Aun así... —continuó la chica, hojeando las notas con expresión preocupada—, si Sara se unió a su versión del futuro para no morir en el Lago de los Pensamientos del Olvido, eso significa que su cuerpo actual sostiene dos líneas temporales completas al mismo tiempo. —Exactamente —asintió el hombre de gafas, ajustándose el marco sobre el puente de la nariz—. Y ahí es donde la investigación se vuelve crítica. En condiciones normales, el universo intentaría borrar a la versión intrusa por considerarla una paradoja. Pero al forzar la fusión mediante la Evolución Aberrante, ambas versiones se entrelazan a nivel atómico y mágico. Trazó un par de diagramas adicionales sobre el pizarrón, mostrando cómo dos núcleos de maná se orbitaban el uno al otro en una espiral inestable. —La versión futura le aporta a Sara un dominio mágico que supera al de cualquier deidad, pero el precio es altísimo. Su cuerpo presente actúa como un ancla biológica; si esa ancla cede ante la Disonancia Sistémica, la fusión se romperá. No solo perderá ese poder sobrehumano, sino que el colapso de ambas almas podría borrar su existencia de todas las líneas temporales existentes. —Por eso Miranda y los demás están tan alarmados... —dedujo la chica en voz baja—. Si Sara fuerza su poder para enfrentar al Dios Nocturno o a Astaroth antes de estabilizar la ecuación de su núcleo, no habrá vuelta atrás. —Así es. Por eso debemos encontrar la manera de calcular un exponente de anclaje que estabilice su presencia antes de que el desgaste termine por consumir su humanidad. —Ahora que lo pienso... ¿por qué no le hablas al resto de una vez? Así podríamos hablar con ellos y ver si el locutor aceptaría venir con nosotros. —¿Hablas de ese chico misterioso? —respondió la chica, pensativa—. El locutor... nunca supe cómo se llamaba. Es raro, pero siempre nos cuida. Más bien, siempre ha estado al pendiente desde que Miranda y Noelle lo trajeron con nosotros. —Ahora que lo dices, es verdad —comentó el hombre de gafas, ajustándose los lentes mientras contemplaba sus apuntes—. Ese tipo actúa como un guardián cuando está cerca de ellas, pero lo extraño es que jamás he podido percibir la magnitud de su fuerza. Yo soy un científico, y reconozco que esto despierta bastante mi curiosidad... sobre todo porque mi propia magia opera bajo el mismo principio que la de Nicolás. La chica dejó escapar una ligera sonrisa, mirándolo de reojo. —Bueno, él es alguien extremadamente inteligente, probablemente el más listo de cualquier forma en este mundo. Pero tú y yo sabemos que mientras más pensamos... más grande la tenemos. O sea, ¡digo! Que eres el más listo que tenemos... vaya, parece que ni sé lo que digo hoy. El científico arqueó una ceja, soltando una risa ahogada. —Nunca duermes bien —lo reprendió Izami, cruzándose de brazos—. Siempre estás tomando café a diario y sin mí. Además, duermes con mi suerte. —Bueno, eso... ¡jajaja! No es lo que crees, Izami... —Jum, eres un tonto —suspiró ella, esbozando una pequeña sonrisa que se borró al instante al cambiar el aire en el lugar—. Oh... oye, ¿qué es eso que está sonando? Un zumbido estático, agudo y constante, comenzó a filtrarse desde el rincón más oscuro del refugio, interrumpiendo el flujo de las runas mágicas en la pizarra. El científico se puso de pie en silencio, ocultando a Izami tras de sí mientras su mano derecha trazaba velozmente una pequeña fórmula geométrica de defensa. —No es magia de ataque... —murmuró él, entrecerrando los ojos tras los cristales de sus lentes—. Es una frecuencia de transmisión pura. De la penumbra del pasillo emergió una figura con la postura relajada, portando sobre los hombros el distintivo equipo que siempre lo acompañaba. El llamado "locutor" dio un paso hacia la tenue luz de la lámpara mágica. Sostenía un micrófono antiguo conectado a un emisor portátil, el cual emitía el chasquido metálico que los había alertado. —Lamento interrumpir el momento —habló el locutor, con una voz profunda, clara y perfectamente modulada que parecía resonar con la misma vibración del aire—. Pero cuando mencionan mi presencia, la señal tiende a distorsionarse. Izami asomó la cabeza por encima del hombro del científico, sujetando su cuaderno con fuerza. —¿Estabas escuchando todo desde allá atrás? —preguntó ella, frunciendo el ceño. —Es mi trabajo monitorear las frecuencias del perímetro —respondió el locutor con absoluta serenidad, acomodándose el auricular—. Miranda y Noelle me pidieron que mantuviera la línea abierta con la zona norte. Pero escuché que hablaban sobre Nicolás... y sobre la Disonancia que está consumiendo a Sara. El científico relajó ligeramente la postura, aunque sin disipar el circuito mágico de sus dedos. —Si estabas escuchando, entonces sabes que la estructura de su alma no resistirá mucho más sin un anclaje —dijo el científico con tono serio—. ¿Puedes usar tu equipo para rastrear la firma armónica de su otra versión? Tu magia de transmisión debería ser capaz de aislar esa frecuencia. El locutor observó la pantalla analógica de su receptor, donde una aguja oscilaba erráticamente entre picos de interferencia. —Puedo intentarlo —contestó el locutor, clavando una mirada indescifrable en ambos—. Pero les advierto algo: la señal que emite la Sara del futuro no viene del plano presente. Si sintonizo esa frecuencia por demasiado tiempo... algo más afuera va a interceptar nuestra posición. —Y el resto... ¿a dónde está? —preguntó el locutor, mirando hacia el pasillo. —Ellos ya están aquí —respondió la chica, señalando hacia la entrada del refugio—. De hecho, nos quedamos con la duda sobre lo de la suerte... —¡Eh, espera! ¡No es lo que están pensando! —intervino el científico de inmediato, alzando las manos para defenderse. —Uy, uy... parece que el chico de cuatro ojos se está sonrojando —se burló Elis, apareciendo desde la penumbra junto al grupo—. No es lo que piensas, Elis... ¡mírate nada más! —Oh, vamos, no ocultes tus sentimientos, desgraciado —interrumpio Iván, advancing con pasos firmes y cruzándose de brazos—. Tienes que ser valiente, mocoso. ¿O cómo diablos planeas protegerla? La mirada de Iván era algo extraña, pero en el fondo se notaba lo mucho que hacía todo aquello para sostener al grupo. Aunque nadie se lo reconociera abiertamente, nuestro esfuerzo no sería en vano. El científico sabía perfectamente que debía esforzarse aún más y mejorar su tecnología; el proyecto no estaba terminado. Ajustó sus lentes mientras examinaba el objeto sobre la mesa, buscando entender qué utilidad real podría darle a semejante pieza. El artefacto, según decían las antiguas leyendas, se llamaba la Glosa del Mar de Luz. Jamás había logrado descifrar su estructura por completo, pero estaba compuesto por un material metálico tan resistente que bien podría moldearse para servir como una espada. —Esa reliquia... ¿no es la que yo traje conmigo? —preguntó el locutor, entornando los ojos hacia el metal brillante sobre la mesa. —Iván... ¿tú sabes qué es? —pregunté, observando el objeto con extremo cuidado. —Más o menos —respondió Iván, con una expresión sombría. —No sabemos mucho aún, pero esto ya es una buena decisión sobre lo que haremos —comentó Shin, revisando los informes sobre la mesa—. Según los datos, tres de los héroes cayeron en el lapso de tres semanas... —Lo que me estás diciendo nos asusta... —murmuró uno de los sobrevivientes, bajando la mirada con impotencia—. No queremos morir. Muchos de nuestros familiares ya murieron y el dolor que sentimos es absoluto. —Entiendo sus angustias —intervino el científico, intentando transmitir algo de calma—, pero recuerden que tenemos a Miranda y a Luis. Noelle se encuentra ahora mismo en el punto de reunión, vigilando cada incidente y todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Como Noelle está ocupada, hay algo que podríamos hacer... ¿por qué no vamos a buscar a Luis para enseñarle lo que investigamos? —¿Estás seguro de eso? —cuestionó el locutor, acomodándose el auricular—. Recuerden no molestar a sus superiores. —¡Vamos, no seas aguafiestas, locutor! —replicó Izami con una pequeña mueca. Iván dejó escapar un largo suspiro, ajustando su equipo antes de dirigirse hacia la salida. —Bueno, los dejo. Tengo que ir a patrullar la zona. Recuerden que estamos en el polo norte, escondidos en estas montañas, esperando que nadie nos encuentre por ahora... Además, Izami, me da curiosidad saber por qué siempre estás a su lado. Me pregunto... ¿cómo fue que se conocieron ustedes dos? —Ammm... bueno, eso... es difícil —respondió Izami, bajando la voz al recordar el pasado—. Todo ocurrió desde que los reyes conquistadores vinieron a nuestro mundo y acabaron con todo lo que existía. Si no fuera por Sara, no estaríamos aquí. Pero lo peor no es solo que destruyeron todo, sino que aniquilaron a seres que podían superarlos. Según lo que entendí, su verdadero objetivo es encontrar al Phoenix para asegurarse de que nadie nazca con semejante poder... Lo escuché cuando me enfrenté a uno de ellos. Supongo que salí con vida por pura suerte antes de que esos perros me mataran. —Tienes razón —asintió Shin, mirando con gravedad los diagramas en la pizarra—. Pero si no fuera por ella, todos habríamos sido destruidos. Ser científico no es fácil y lo sabes... —Lo sé, Shin... lo sé más que nadie —murmuró el científico, acomodándose los lentes mientras un frío presagio le recorría la espalda—. Sigo con mucha preocupación... ¿Acaso ustedes no lo sienten también? —Es verdad... —murmuró el científico, acercándose a la entrada del refugio y entrecerrando los ojos contra la ventisca—. Puedo notar algo extraordinario allá afuera. Solo veo a una persona... no, mejor dicho, son dos personas. Pero ¿quiénes serán? —¿No serán viajeros? —preguntó Izami, dando un paso atrás con aprensión—. No... algo no anda bien. En ese instante, la presión en el ambiente cambió de golpeteo seco a una pesadez asfixiante. A metros de allí, en el puesto de mando, Noelle cayó de rodillas sobre la nieve, llevándose una mano al pecho mientras luchaba por tomar aire. —¿Qué... qué es esto? —ahogó Noelle, sintiendo cómo el sudor frío se le congelaba en la piel—. ¿Qué es esa energía tan horrible y espesa? ¿Por qué tembló el suelo? ¿Por qué... estoy respirando tan mal? —¡General! ¿Todo en orden? —gritó un caballero, corriendo hacia ella con la espada desenfundada. —¡Pónganse en guardia! —ordenó Noelle con voz firme a pesar del ahogo, poniéndose de pie de un salto—. ¡El enemigo se infiltró! ¡Todos a sus puestos! La nieve corría con furia, transformándose en una tormenta helada que cegaba la vista. Dos siluetas avanzaron lentamente entre la blancura, inmunes al viento inclemente. —Oh... así que aún hay personas vivas en estas montañas, escondidas como ratas —resonó una voz que hizo vibrar las rocas del lugar—. Pero ¿qué se le va a hacer? Jajaja —se burló Astaroth, observando las ruinas con absoluto desprecio. —Parece que son algo fuertes, ¿no lo crees? —dijo la figura a su lado, manteniendo una serenidad escalofriante. —¿Quiénes son ustedes? —demandó el caballero, alzando su escudo mientras los soldados rodeaban el perímetro. —Yo soy un humano que se convirtió en un Dios... para devorarlo todo —respondió el ser con una sonrisa tranquila y aterradora. Noelle abrió los ojos de par en par, sintiendo cómo la sangre se le congelaba en las venas. —¿Qué...? —susurró ella—. Acaso tú... ¿eres el Dios Nocturno? —¿Jajaja... Dios Nocturno? —soltó una carcajada el Devora Dioses, sacudiendo la cabeza—. Nunca había escuchado un nombre así en años. Parece que Shiro tuvo sobrevivientes, ¿eh? Y yo que me aseguré de matarlos a todos... En fin, todo lo que se contó aquí quedará enterrado en el silencio del olvido. —El silencio del olvido... —repitió Noelle, apretando los dientes mientras la energía opresiva la obligaba a clavar una rodilla en el suelo helado—. ¡No digas estupideces! ¡Shiro no cayó por completo! ¡Ella sigue con vida y nosotros no vamos a dejar que den un solo paso más hacia este refugio! Astaroth, inclinado ligeramente hacia adelante, observaba la escena con una sonrisa burlona y los brazos cruzados. Permanecía en silencio, disfrutando de cada palabra, como un espectador en un palco contemplando una tragedia inevitable. El Devora Dioses dio un paso al frente. La nieve a su alrededor no tocaba su piel; se evaporaba antes de rozarlo debido al aura devoradora que emanaba de su cuerpo. Miró a Noelle con una tranquilidad que resultaba mil veces más aterradora que la furia desmedida de Astaroth. —Es inútil que gastes tu aliento, niña —habló el Devora Dioses, con una voz profunda que parecía retumbar en el fondo de las almas de los presentes—. Shiro fue solo el primer eslabón. Creyó que esconderse tras la protección de su luz bastaría, pero cuando la devoré... comprendí lo vacía que estaba su existencia. Su poder, su magia, el conocimiento que acumuló durante eras... todo fue digerido por mi núcleo. —¡Cállate! —gritó el caballero que custodiaba a Noelle, arremetiendo con su lanza envuelta en un aura dorada—. ¡No le faltes el respeto a los caídos! La lanza avanzó a la velocidad del rayo directo al cuello del monstruo. Sin embargo, antes de que la punta tocara su piel, el arma simplemente comenzó a desintegrarse. El metal, el maná y la fuerza del impacto fueron absorbidos por un vórtice invisible. El Devora Dioses ni siquiera pestañeó; con un movimiento casi imperceptible, atrapó al caballero por el cuello. —¿Sienten este vacío? —murmuró el Devora Dioses mientras el cuerpo del soldado comenzaba a perder su brillo vital, transformándose en ceniza gris—. Este es el destino de todos los que intentan resistirse. No solo reclamo sus vidas; devoro sus Registros Conceptuales. Cuando termino con alguien, este universo olvida que alguna vez respiró. Astaroth soltó una breve carcajada desde atrás, acomodándose los cabellos oscuros que ondeaban con la tormenta. —Ah... me encanta esa parte —intervino Astaroth, escuchando con deleite el crujido de las almas rompiéndose—. Dime, Devora Dioses, ¿es verdad lo que dicen los informes sobre el receptáculo de la zona norte? ¿Es cierto que la chica Yamamoto tiene dentro de sí la frecuencia del Fénix mezclada con una aberración temporal? El Devora Dioses arrojó los restos del caballero a la nieve y se limpió las manos con parsimonia, manteniendo la vista fija en Noelle, quien temblaba de rabia e impotencia. —Astaroth... la Sara de esta época no es más que un cascarón incompleto —respondió el Devora Dioses con una mueca gélida—. Pero la versión que lleva dentro... la que sobrevivió a la Disonancia Sistémica... esa sí es una delicia que vale la pena devorar. Si consumo su existencia junto con la sangre del Fénix, ni los Reyes Conquistadores ni los dioses de ningún plano existente podrán volver a imponer su voluntad. Noelle alzó la mirada, sintiendo cómo el horror se apoderaba de su mente al entender el verdadero plan del enemigo. —Ustedes... ustedes no buscan destruir el refugio... —susurró Noelle, intentando levantarse mientras la sangre le brotaba de los labios por la presión gravitacional—. Buscan a Sara... para alimentarse de su paradoja. —Bingo, pequeña rata del polo norte —sonrió Astaroth, dando un paso al frente mientras sus ojos brillaban con una luz violácea y siniestra—. Y ahora que sabemos que está aquí dentro... el espectáculo finalmente puede comenzar. —¿Quién eres en verdad...? —exigió Noelle, tosiendo por la opresión del aire y apretando los dientes con rabia—. ¿Cómo sabes todo sobre Sara y Shiro? ¡Dímelo o te mato! —¡Jajaja! Nunca me había reído tanto... ¿Tú matarme a mí, mocosa? —respondió el Devora Dioses, soltando una carcajada fría y burlesca que resonó por toda la cordillera—. Al menos mírate. Nuestras escalas de poder son completamente distintas. Solo mueran todos... Astaroth permanecía a su lado en silencio, observando la escena con una sonrisa de desprecio mientras el Devora Dioses daba la orden. Sin que la criatura siquiera moviera un dedo, el suelo bajo los caballeros comenzó a resquebrajarse y a brillar con un tono violáceo e infernal. En un parpadeo, docenas de llamas con forma de cuchillas brotaron desde la tierra a una velocidad aterradora, atravesando las armaduras y perforando los cuerpos de los soldados antes de que pudieran reaccionar. El fuego no solo cortaba la carne, sino que reducía las armas a cenizas y consumía los gritos de agonía en cuestión de segundos, dejando el suelo teñido de rojo y escombros calcinados. Noelle yacía en la nieve sangrando, viendo horrorizada cómo sus hombres caían destrozados ante la abrumadora diferencia de poder. El Devora Dioses dio un paso al frente entre los cuerpos masacrados, fijando su mirada tranquila y sin vida en ella. —Preguntas cómo lo sé todo... —continuó el Devora Dioses, con una voz rasposa que heló el viento de la tormenta—. Es simple, niña. Cuando devoras a un ser, no solo te quedas con su carne o su maná. Absorbes sus memorias, sus traumas, sus secretos más profundos y la estructura misma de su alma. Shiro suplicó antes de desaparecer... y en sus últimos pensamientos, el nombre de Sara retumbaba como su única esperanza. Pero aquí no hay esperanza, solo asimilación.
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Estás leyendo el capítulo 297 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 20 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.