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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 295 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
El crujido del barro congelado bajo las botas era el único sonido que competía contra el silbido feroz del viento en el paso montañoso del norte. Apenas habían pasado tres horas desde que cruzamos los portones de la academia, pero la pendiente pronunciada y la densidad del maná ambiental ya estaban empezando a cobrarse su cuota en la comitiva. A la cabeza de la marcha, Natsuki caminaba con una postura impecable. Cada vez que su pie tocaba el suelo, una finísima capa de escarcha se formaba bajo su suela, dándole un agarre perfecto sobre la rodocrosita resbaladiza del sendero. A su lado, yo mantenía un ritmo constante, sintiendo cómo la densidad del maná gravitacional de la montaña intentaba empujarnos hacia abajo. —Este paso no es una simple formación rocosa —comentó Arlette desde unos pasos más atrás, con la voz ligeramente entrecortada por el esfuerzo pero sin dejar de ajustar el visor de su monóculo de investigación—. Históricamente se le conoce como la Garganta de Escoria. Fue el punto de impacto durante la Gran Purga Dracónica hace cuatrocientos años, cuando los Archidragones de Viento libraron batalla contra los Gigantes de Magma. La roca aquí absorbió tanto maná primordial que el entorno mismo rechaza la magia convencional. —Explica eso... a mis piernas —jadeó Kimberly, acomodándose los lentes de montura fina que comenzaban a empañarse por el frío, mientras su abrigo de piel ya lucía manchado de lodo en el bajo. Aunque intentaba mantener la compostura de una heredera de la Casa Sínesis, la mochila de cuero reforzado que llevaba a la espalda la obligaba a inclinarse hacia adelante. —Te dije que tus botas de piel de wyvern tenían un coeficiente de fricción pésimo para el terreno alpino —respondió Arlette sin volverse, reajustando la correa de su propia bolsa—. Si hubieras aplicado grasa de sebo de bestia sobre la suela como sugerí en el kilómetro dos, no estarías gastando el doble de energía, cuatro ojos. —¡A mí no me llames cuatro ojos, rata de biblioteca! —protestó Kimberly, ajustándose las gafas con indignación mientras daba un paso en falso y resbalaba levemente—. ¡Prefiero que se me congelen los pies antes que embarrar mis botas con grasa apestosa! Antes de que cayera de bruces contra las rocas afiladas, Mael estiró el brazo con una rapidez pasmosa y la sujetó por el tirante de la mochila, devolviéndola a su centro de gravedad sin despeinarse. —Guarda el aliento, Kimberly —dijo Mael con voz serena, soltándola de inmediato—. Guardar la compostura es cuestión de supervivencia aquí. Mira a Kratos; ni siquiera ha cambiado el ritmo de su respiración desde que salimos. El enorme guerrero, que marchaba a medio camino en la columna, se limitó a emitir un gruñido grave desde el fondo de su garganta. Cargaba un hacha de combate sobre el hombro que pesaba fácilmente más que todo el equipaje de Kimberly y Arlette juntas, pero sus pasos eran profundos y firmes, aplastando las piedras congeladas como si caminara por un jardín. —Es por el maná de la tierra —intervino Gojo, que caminaba de espaldas unos metros más adelante, con las manos entrelazadas detrás de la nuca y mirando al cielo plomizo—. Cuanto más nos acercamos a la frontera del Reino Dragón, la presión del maná ambiental deja de ser abstracta y se vuelve física. Es como intentar nadar en miel densa. ¿No es así, maestro? Volví la cabeza ligeramente para mirarlo. —Así es —asentí—. La cultura dracónica no se basa en el refinamiento del maná en círculos como enseña la academia, sino en la densidad de compresión. En el Reino Dragón, un mago común de tercer círculo sería aplastado por el simple ambiente si no sabe condensar su núcleo. Por eso las ciudades de los bordes no tienen murallas de piedra; están rodeadas por barreras de presión gravitacional pura. —¡Por eso mismo esta caminata es el mejor entrenamiento posible! —exclamó Yins Shadow, dando un pequeño salto para colocarse al lado de Gojo, aunque al instante trastabilló al perder el equilibrio sobre una losa helada. ¡PUM! —¡Camina con cuidado, idiota! —regañó Zani, habiéndola sujetado del cuello del uniforme en el último segundo antes de que Yins rodara ladera abajo—. Si te caes por el precipicio, no voy a bajar a buscarte. —¡Ayyy! ¡Zani, casi me rompes la garganta! —protestó Yins sobándose el cuello con ambas manos—. ¡Solo estaba intentando mostrar entusiasmo! ¡Además, el maestro dijo que en el reino hay ciudades increíbles! ¿Verdad que sí, sensei? ¡Háblame de las ciudades! Alan y María, que cerraban la retaguardia vigilando los flancos de las colinas, se acercaron un poco más para escuchar. —La primera ciudad a la que llegaremos al cruzar el paso se llama Ojo de Basalto —explicó Natsuki, tomando la palabra antes de que Yins pudiera empezar con otra de sus distracciones—. Es una ciudad fortificada construida en las laderas de un volcán extinto. Su historia es bastante particular: no fue fundada por nobles o reyes, sino por mercaderes de los clanes dracónicos de menor rango que no tenían permitido residir en la capital de los picos. —Cultura de castas —murmuró María desde atrás, ajustándose las tiras de cuero de sus protectores de antebrazo—. Clásico de los dragones antiguos. Para ellos, la pureza de la sangre y la cantidad de escamas en la transformación definen tu estatus social. —Exacto —continuó Natsuki—. En Ojo de Basalto, la moneda no es el oro ni las gemas comunes, sino las esquirlas de maná cristalizado que se extraen de las raíces del volcán. La arquitectura está diseñada en espiral ascendente; cuanto más alto vives en la ladera del volcán, mayor es tu densidad de maná y tu estatus. Los forasteros solo tienen permitido quedarse en los niveles inferiores, donde la presión gravitacional es soportable. —Un sistema sumamente primitivo pero eficiente en términos de selección natural —comentó Arlette, sacando su libreta y apuntando con trazos rápidos a pesar de la marcha—. Eso significa que los mercados del nivel inferior estarán repletos de artefactos rechazados por la nobleza dracónica que, para los estándares de nuestra academia, serían catalogados como reliquias de rango A o superior. —Y donde hay reliquias, hay dinero —sonrió Kimberly, colocándose bien las gafas con un destello de codicia en los ojos que le hizo olvidar por un segundo el cansancio de las piernas—. Tal vez esta caminata en el barro valga la pena si puedo asegurar los derechos de importación de esos cristales antes que el gremio comercial del este. —No te adelantes, Kimberly —dije, haciendo una pausa al llegar a un recodo donde el sendero se estrechaba drásticamente sobre un abismo sin fondo—. Antes de pensar en el mercado de Ojo de Basalto, tenemos que cruzar la Puerta del Viento Helado. Y por la forma en que el maná del aire se está retorciendo frente a nosotros... me temo que no estamos solos en esta montaña. Un silencio repentino cayó sobre el grupo. El viento, que hasta hacía un momento soplaba en ráfagas desordenadas, de pronto se detuvo por completo. La niebla gruesa que cubría los picos empezó a arremolinarse en el centro del barranco, tornando su color blanco en un tono gris ceniza cargado de chispas de maná inestable. Kratos dio un paso al frente de inmediato, descolgando el hacha de su espalda con un movimiento fluido mientras el metal de la hoja emitía un silbido sordo. —Presión de bestia —gruñó Kratos en un murmullo bajo—. No es un usuario de magia. Es algo salvaje. —Un Devorador de Rango A de los picos —identificó Mael, desenvainando la mitad de su hoja con una calma helada mientras sus ojos dorados fijaban la niebla—. Se alimentan de las corrientes de maná gravitacional de la Garganta de Escoria. Nos han estado acechando desde que cruzamos el segundo cerro. —¡Genial! ¡Pelea de calentamiento! —exclamó Gojo, tronándose los nudillos de ambas manos mientras una sonrisa amplia se dibujaba en su rostro—. Mael, ¿me dejas la vanguardia o jugamos a ver quién derriba a la bestia primero? —Ni se te ocurra, Gojo —lo frenó Natsuki, dando un paso al frente mientras un aura de escarcha azulada comenzaba a emerger de la punta de sus dedos, congelando las piedras en un radio de tres metros—. Si usas tu magia de impacto aquí, vas a provocar un alud que nos sepultará a todos antes de ver la frontera. Esta batalla se manejará con precisión táctica. Yins y Zani desenfundaron sus dagas al mismo tiempo, colocándose a los flancos de Natsuki, mientras Alan y María tomaban posiciones en las rocas altas para cubrir los puntos ciegos. Me crucé de brazos, observando cómo la enorme silueta de la bestia comenzaba a materializarse entre los giros de la niebla, mostrando hileras de colmillos de cristal y escamas oscuras que absorbían la luz del sol naciente. —Demuestren lo que han aprendido en la academia —dije con voz tranquila pero que resonó con la fuerza de un trueno apagado en la garganta del desfiladero—. Si ni siquiera pueden lidiar con una bestia de frontera sin destruir el entorno, no tendrán nada que hacer cuando nos presentemos ante el Consejo Dracónico. —¡Todos en sus posiciones! —ordené, bajando el centro de gravedad mientras mi maná gravitacional comenzaba a hacer crujir el suelo helado. —Na, yo me encargo —intervino Yins Shadow, dando un salto hacia adelante y desenvainando sus dos dagas de hoja negra con un giro elegante en el aire—. Hacía tiempo que no luchaba así, ¡les enseñaré cómo se lucha de verdad! —¡Oye, no te olvides de mí! —exclamó Zani, colocándose de inmediato a su espalda con una alabarda envuelta en destellos de maná cortante—. Recuerda que juntas hacemos un gran equipo... ¿o no te acuerdas cuando matamos a un general abismal en el desierto? Yins sonrió de oreja a oreja, desviando la mirada hacia su compañera por una fracción de segundo. —¡Es verdad, tienes razón! —asintió Yins con los ojos encendidos de emoción—. ¡Vamos a mostrarles de qué estamos hechas! Antes de que pudiera detenerlas, ambas se impulsaron contra el abismo. Yins desapareció en una ráfaga de sombras, reapareciendo instantáneamente sobre el lomo del Devorador de Rango A, trazando un corte cruzado que liberó chispas sobre las escamas de cristal de la bestia. Al mismo tiempo, Zani canalizó su maná en la punta de su alabarda y ejecutó una estocada descendente perfecta, aprovechando la distracción para hincar la hoja justo en la coyuntura del cuello del monstruo. El rugido del Devorador hizo retumbar las paredes de la Garganta de Escoria, provocando una pequeña lluvia de piedras. —Nada mal para ser un par de alborotadoras —comentó Gojo desde atrás, cruzándose de brazos con una mueca de entretenimiento mientras observaba la coordinación de ambas—. Tienen buen sincronismo en el ataque frontal. —Tienen instinto combativo —agregó Mael, manteniendo la mano en la empuñadura de su espada sin perder la compostura—, pero la bestia apenas está absorbiendo la presión gravitacional de la montaña. Si no rompen el núcleo de cristal en su pecho antes del segundo impacto, la regeneración las dejará expuestas. Natsuki dio un paso al frente, alzando su mano derecha rodeada por una brisa de hielo cristalino que sofocó las turbulencias de viento del precipicio. —Carlos, no dejes que el Devorador las empuje hacia el barranco —me advirtió Natsuki con voz firme—. Zani y Yins están arriesgando demasiado la postura por intentar lucirse. —Entendido —respondí, extendiendo la palma de la mano hacia el vacío y activando un campo de masa focalizada justo bajo las patas de la criatura—. ¡Zani, Yins! ¡Apunten al núcleo del pecho ahora que su movimiento está frenado! —No te preocupes, yo sé cómo lidiar con esto yo sola... —dijo Yins con una sonrisa confiada y la mirada encendida en un rojo intenso—... porque yo... ¡soy más fuerte que tú, Dios del Rayo! En un instante, los ojos de Yins comenzaron a soltar intensas chispas de color rojo carmesí que se extendieron velozmente por todo su cuerpo como un rayo de sangrienta electricidad. Con un chasquido seco que hizo vibrar el aire del desfiladero, desapareció por completo de la vista de todos. En un pestañeo, múltiples siluetas de luz roja comenzaron a materializarse y desvanecerse en el aire alrededor del Devorador. Yins estaba atacando desde todas las direcciones simultáneamente a una velocidad enceguecedora, dejando una red de destellos carmesí y profundos cortes sobre la dura piel de la criatura. —¡Ahora, Zani! —resonó la voz multiplicada de Yins entre los ecos de las rocas. Zani no perdió un solo milisegundo. Sus manos se envolvieron en una energía garra de maná concentrado y, abalanzándose sobre el flanco desprotegido de la bestia, asestó un zarpazo brutal que cercenó de cuajo una de las enormes extremidades superiores del Devorador, haciendo caer el brazo de piedra y cristal al abismo. Gojo Akinori abrió los ojos de par en par, borrando de golpe su sonrisa despreocupada mientras observaba las trazas de movimiento hiperacelerado que distorsionaban el espacio aéreo del precipicio. —¿Esa mujer... puede usar la misma técnica de Carlos? —preguntó Gojo con un matiz de genuina sorpresa en la voz, inclinándose levemente hacia adelante para no perder detalle de la aceleración espacial. —No es exactamente la misma —intervino Arlette, acomodándose los lentes a toda prisa mientras sus ojos intentaban seguir las trayectorias de luz roja—. Carlos comprime el tejido del espacio mediante masa gravitacional para teletransportar su presencia. Lo de ella es una aceleración reflejo alimentada por maná de rayo carmesí de alta frecuencia... pero la distorsión visual y la ráfaga multidireccional son prácticamente idénticas en ejecución táctica. —Aún así, dominar ese nivel de velocidad requiere un control muscular desumano —comentó Mael, manteniendo la vista fija en las chispas rojas—. Ha entrenado esa técnica específicamente para estar a la par con el nivel de combate del maestro. Natsuki dio un paso al frente, entornando los ojos mientras el aura helada a su alrededor se mantenía estable. —Su velocidad es impresionante —admitió Natsuki con voz helada pero neutral—, pero la criatura aún no ha liberado la energía gravitacional almacenada en su núcleo. Carlos, si esa bestia colapsa su densidad ahora mismo, la onda de choque alcanzará a Yins en pleno aire. —No te preocupes, en serio, igual no se trata de presumir, se trata de lo que aprendí... —dije mientras retrocedía con paso firme sobre la cornisa. Sin necesidad de tocar ni destruir físicamente el núcleo con las manos, canalicé el maná de descontrol directamente hacia la criatura. En un instante, el núcleo de cristal del Devorador colapsó sobre sí mismo y se hizo pedazos en el aire, disipando a la bestia por completo. Sin mirar atrás ni pestañear, me acomodé el abrigo. —Y bien, ¿cuál es el siguiente plan? ¿Ir a Plátanos? ¿O ir a mazmorras? —No sería una mala idea... —murmuré para mí mismo. De pronto, un escalofrío me recorrió la espalda al recordar las palabras exactas que mi padre me había dicho tiempo atrás: "No vayas a ir a la mazmorra, y sobre todo, no abras el libro del Caballero Solitario; aún no es el momento para que lo hagas". Me quedé en completo silencio, fijando la mirada en el suelo congelado. —¿Qué pasa? ¿Por qué te quedaste en silencio? —preguntó Yins, acercándose a mí con curiosidad. —No podemos ir a la mazmorra —respondí con tono serio. —¿Hay una razón? —inquirió Mael, dando un paso al frente. —Mi padre me advirtió que no podía ir. En ese lugar hay algo aterrador ahí adentro, y si no logramos salir de aquí... —Tienes razón —resonó una voz femenina a nuestras espaldas. Todos se quedaron paralizados al instante. Nos giramos de golpe para encontrarnos con una figura sumamente familiar que no debería estar allí. —¿Qué...? ¡¿Cómo demonios llegaste tú aquí?! —exclamó Natsuki, dando un brinco hacia atrás visiblemente asustada y ajustando su guardia de hielo. —A la vez que alguien olvida a otro, siempre los sigo. Creo que me quedé dormida —dijo Shiro acomodándose el cabello con total tranquilidad—. Pero sobre lo que dices de la mazmorra, tal vez se deba a los gigantes. —¿Los gigantes existen? —preguntó Mael, entornando los ojos con incredulidad. —Por supuesto —afirmó Shiro sin dudar—. Ellos son dioses que están por encima de Zeus, seres capaces de ser tanto protectores como siniestros. Solo aparecen cuando una gran amenaza está por acercarse, por eso debemos ser lo más cuidadosos posible. Lo más probable es que si Josué te lo dijo, es porque Hina de seguro luchó con ellos... Tu madre, Carlos, es capaz de todo, la conozco. Pero mi pregunta es: ¿será capaz de soportar todo el daño que su propio hijo les hizo a todos? Apreté los puños, sintiendo una punzada de amargura en el pecho. —Mi madre... no sé si va a perdonar las monstruosidades que hizo mi hermano Kronos. —Ese tipo es muy listo, o mejor dicho, es tan inteligente que sus planes siempre salen bien —intervino Gojo Akinori, rascándose la barbilla mientras miraba a Shiro—. Mi pregunta es... ¿cómo diablos sobrevivió contra ti, Shiro? —Bueno... él fue muy astuto —explicó Shiro, bajando ligeramente la mirada—. Supo cómo frenarme llamando al Dios Nocturno y llevándome a una trampa. Todo por hacerme ver a una persona que yo creía que había muerto hace mil años... Y esto causó que el Dios Nocturno tomara control sobre mí. —No continúes, Shiro —la interrumpí en voz baja pero rotunda, poniendo una mano en su hombro para detenerla—. No quiero que recuerdes que tú misma asesinaste a esas personas... —Yo... —Shiro guardó silencio, apretando los labios mientras la brisa helada del desfiladero volvía a aullar entre nosotros.
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Estás leyendo el capítulo 295 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 16 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.