arrow_back

Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 294 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
El eco de las advertencias del pasado terminó por desvanecerse en el aire psíquico, dejando tras de sí una tensión tan densa que se podía cortar con el filo de una daga. Natsuki parpadeó con fuerza, tambaleándose un paso hacia atrás antes de llevarse ambas manos a la sien. La sobrecarga de procesar sus propios recuerdos perdidos y las palabras heladas de su versión de hace 32 años la habían dejado visiblemente alterada. Me acerqué a ella con cautela, bajando la guardia por completo. El aura gravitatoria que solía mantenerme impenetrable se disipó y solo quedó el cansancio acumulado de la noche. —Natsuki... —murmuré, extendiendo una mano hacia su hombro. Al sentir mi contacto, ella dio un leve respingo, pero en lugar de apartarse, cerró la distancia y apoyó la frente firmemente contra mi pecho. Escuché su respiración agitada intentar estabilizarse contra la tela de mi chaqueta. —Dijiste que la regeneración de un Nocturno te mantendría a salvo —dijo con la voz sofocada, apretando las manos en mi espalda hasta nudillos blancos—. Pero esa otra 'yo' sonaba aterrorizada, Carlos. Ella vio lo que ocurrió cuando los clanes decidieron actuar. Vio lo que pasa cuando caes... y no voy a permitir que esa historia se repita. —No se va a repetir —respondí en voz baja pero firme, rodeándola con los brazos para infundirle seguridad—. Lo que le pasó a ella pertenece a una línea temporal devastada por sus propios errores y por el desconocimiento. Ahora sabemos a qué nos enfrentamos. Sé lo que son los clanes, sé lo que buscan, y sobre todo... te tengo a ti aquí, consciente de la amenaza. Natsuki alzó la cabeza, clavándome esa mirada afilada que mezclaba un temor profundo con una determinación feroz. —Tienes prohibido ocultarme el avance de tu maná o el estado de tus reservas durante la travesía al Reino Dragón —sentenció, volviendo a adoptar su tono autoritario habitual, aunque el ligero temblor en sus labios la delataba—. Si Kimberly o Arlette intentan arrastrarte a un enfrentamiento con el Consejo Dracónico antes de que estabilices tu presión gravitatoria, las congelaré antes de que puedan dar un paso. Una pequeña sonrisa involuntaria se me escapó del rostro. —Entendido. Nada de secretos, nada de imprudencias. —Y en cuanto a esa magia nueva que debo dominar... —añadió Natsuki, dando un paso atrás y cruzando los brazos mientras su mirada recuperaba su seriedad habitual—, voy a averiguar cómo controlarla sin recurrir a esa maldita invocación prohibida. Si mi versión del pasado cree que soy incapaz de lograrlo, le demostraré que esta vez las cosas van a ser diferentes. —Esa es la Natsuki que conozco —dije, ajustándome el cuello de la ropa mientras echaba un vistazo hacia el pasillo en penumbras—. Ahora ve a tus aposentos. Si no descansamos al menos un par de horas, el paso montañoso del norte nos va a pesar el doble... y le prometí a Kimberly que la haría cargar su propio equipaje. Natsuki dejó escapar un largo suspiro, aunque la sombra de la angustia parecía haber sido reemplazada por su instinto combativo. Se giró hacia las escaleras que conducían a los dormitorios de la academia, pero se detuvo tras dar un par de pasos. —Carlos —llamó sin darse la vuelta por completo. —¿Sí? —Si mañana ves que me quedo atrás en la caminata... más te vale no decir ni una sola palabra sobre 'lidiar con mujeres'. —Ni loco volvería a cometer ese error de cálculo táctico —respondí alzando las manos en señal de ruego. Una risa suave y casi inaudible se le escapó antes de desaparecer en la penumbra del pasillo. Me quedé solo en medio de las columnas de piedra, escuchando cómo el viento helado de la noche comenzaba a aullar desde los picos del norte. La amenaza de los clanes ocultos y la advertencia sobre la magia prohibida de Natsuki flotaban sobre nosotros como una tormenta inminente, pero por ahora, el primer paso hacia el Reino Dragón estaba dado. —Supongo que te estás divirtiendo tanto, ¿verdad, sensei? —dijo Yins Shadow, apareciendo de la nada con una sonrisa juguetona mientras se inclinaba levemente hacia mí. —¿Qué haces aquí? —pregunté, dándome la vuelta con una ceja levantada y un leve suspiro de resignación. —Vine porque quiero pasar tiempo de calidad contigo... ¿o acaso no puedo? —respondió ella, cruzando las manos detrás de su espalda y poniendo una expresión dramáticamente tierna—. Recuerda que soy tu alumna consentida, me tienes que dar amor o haré mi... ¡PUM! Antes de que pudiera terminar la frase o comenzar a hacer su berrinche habitual, Zani apareció a su lado y le asestó un golpe certero en la cabeza, haciendo que Yins se llevara ambas manos a la zona afectada con un gemido de dolor exagerado. —¡Deja de molestar al maestro con tus tonterías, Yins! —reprendió Zani, cruzándose de brazos y mirándola con desaprobación mientras ajustaba su postura—. Estamos a punto de partir en una expedición seria y tú solo estás buscando excusas para llamar la atención. —¡Auch! ¡Eso dolió, Zani! —protestó Yins sobándose la cabeza y poniendo mala cara—. Solo estaba intentando aligerar el ambiente... ¡además, es verdad que soy su favorita! Natsuki, que aún no se había alejado lo suficiente por el pasillo, se detuvo en seco al escuchar el alboroto. Giró lentamente la cabeza hacia nosotras, y por un segundo vi cómo su mirada se volvía a afilar al presenciar la escena. —Veo que tu "lista de problemas para lidiar" sigue creciendo, Carlos —murmuró Natsuki desde la distancia, con un tono peligrosamente calmado que me hizo tragar saliva de nuevo. —¡Ellas llegaron de la nada, lo juro! —exclamé alzando una mano, sintiendo que la caminata hacia el Reino Dragón al amanecer iba a ser el menor de mis problemas. —Mmm... ¿tú eres Natsuki, verdad? —dijo Yins Shadow, entornando los ojos y examinándola de arriba abajo con una sonrisa desafiante mientras se acomodaba el cabello—. Supongo que eres mi rival entonces. El pasillo entero pareció descender varios grados en cuestión de segundos. El viento helado de la noche que se colaba por los ventanales se detuvo de golpe, ahogado por la repentina y densa presión de maná que comenzó a emanar de Natsuki. Natsuki se dio la vuelta despacio. Su mirada, fría como la escarcha de las montañas del norte, se clavó directamente en Yins con una severidad que habría hecho temblar a un ejército entero. —¿Rival? —preguntó Natsuki con un tono tan calmado que resultaba absolutamente aterrador, dando un paso lento hacia adelante—. Niña, para ser mi rival primero tendrías que estar a mi nivel... y por lo que veo, apenas puedes mantenerte en pie sin que te regañen. —¡Oye! —protestó Yins, dando un paso al frente con indignación, aunque un pequeño escalofrío le recorrió la espalda al sentir el peso del aura de Natsuki. —¡Yins, cállate de una vez! —intervino Zani rápidamente, dándole otro leve empujón en el hombro a su compañera mientras trataba de mantener la compostura frente a la prometida de su maestro—. Disculpa, Lady Natsuki. Mi compañera tiene la mala costumbre de hablar sin pensar. Me llevé una mano al rostro, dejando escapar un largo y agotador suspiro mientras me interponía entre la mirada asesina de Natsuki y la actitud provocadora de Yins. —Por favor... les ruego que no empecemos otra discusión a pocas horas del amanecer —murmuré, sintiendo cómo la vena de mi sien amenazaba con volver a palpitar—. Yins, Zani, si van a acompañar o reportar algo sobre la expedición, háganlo con seriedad. Y Natsuki... te juro por mi vida que no tengo nada que ver con sus ocurrencias. Natsuki mantuvo los ojos fijos en Yins un par de segundos más antes de desviar la vista hacia mí, suavizando apenas un milímetro la rigidez de su rostro. —Más te vale, Carlos —sentenció Natsuki cruzándose de brazos—. Porque si esta travesía al Reino Dragón ya iba a ser complicada, no voy a tolerar distracciones absurdas en el camino. —Espera... ¿cómo que tú también irás? —pregunté, parpadeando con incredulidad mientras miraba alternadamente a Yins y a Zani. Antes de que alguna de las dos pudiera responderme, una voz ridículamente despreocupada resonó desde el fondo del pasillo principal, acompañada por el eco de varios pares de botas acercándose a paso firme. —¡Oh, vaya! ¡Se iban a ir sin mí, desgraciados! —exclamó Gojo Akinori, apareciendo con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón y esa sonrisa confiada que siempre presagiaba un caos absoluto. A su lado, la comitiva que lo acompañaba dejaba en claro que la pequeña "misión discreta" se había salido por completo de control: Kratos avanzaba con su presencia imponente y la hacha al lomo, María venía ajustándose los guantes de combate, Mael mantenía su porte sereno y refinado, y Alan venía cerrando el grupo revisando el ajuste de sus armas. —Supongo que yo también los acompaño... —agregó Gojo con suma frescura, alzando una mano a modo de saludo casual. Me quedé completamente helado, mirando al grupo heterogéneo que acababa de reunirse en el pasillo a mitad de la noche. Sentí cómo una gota de sudor frío me bajaba por la nuca mientras mi cerebro intentaba procesar la escala de la desastrosa logística que se estaba formando. —¡No digas mamadas, Gojo! —solté al fin, elevando la voz con la paciencia al borde del colapso—. ¡¿Cómo que ellos también vendrán?! —Técnicamente, una incursión al territorio dracónico requiere una fuerza de disuasión multielemental —comentó Arlette, asomando de nuevo la cabeza desde la sombra del pilar junto a Kimberly, abriendo su libreta a la velocidad de la luz—. La adición de combatientes de rango divino y especialistas en fuerza bruta incrementa la tasa de supervivencia de la expedición en un cuarenta y dos por ciento. —¡A mí no me metas en tus estadísticas! —protestó Kimberly, acomodándose sus lentes de montura fina con indignación mientras salía del escondite—. ¡Mi carruaje de lujo tenía capacidad para cuatro personas! ¡Ahora parece que vamos a marchar como un ejército de mercenarios de segunda categoría! —Si marchamos a pie por el paso del norte, el número de efectivos es irrelevante para la carga del carruaje —replicó Arlette sin pestañear—. Aunque el consumo de provisiones requerirá una redistribución de peso severa, cuatro ojos. —¡A mí no me llames cuatro ojos, rata de biblioteca! —exclamó Kimberly, apretando los puños. Natsuki se llevó una mano a la sien, cerrando los ojos mientras liberaba una presión helada que congeló levemente las losas de piedra bajo sus pies. —Carlos... —murmuró Natsuki con una calma que anunciaba una catástrofe—. Exijo una explicación de por qué media academia se está alistando para lo que se suponía que era un viaje discreto al Reino Dragón. —Oye... ¿no le dijiste a Natsuki que nosotros íbamos a ir? —preguntó Gojo, rascándose la nuca con soltura mientras miraba la cara de pocos amigos que tenía mi prometida. Natsuki me clavó una mirada de puro hielo que casi me hace petrificarme ahí mismo. Me llevé la mano a la cara, conteniendo las ganas de soltar un grito de frustración. —¡Claro que no se lo dije, porque ni siquiera yo sabía que venían! —exclamé, señalándolos a todos uno por uno—. Mi pregunta es: ¿por qué demonios ustedes vendrían conmigo? Mael dio un paso al frente, ajustándose el guardabrazo de su armadura, mientras Gojo y los demás asentían con total serenidad. —La razón es simple —tomó la palabra Mael con su habitual tono firme y analítico—. Escuché que hay mejores métodos de entrenamiento en ese reino. Además, estamos hablando de uno de los reinos más fuertes entre todas las razas; podemos hacer aliados, pero lo más importante es mejorar nuestro nivel de combate y ganar experiencia luchando contra los verdaderos maestros dracónicos. —Iba a decir exactamente lo mismo, pero con más estilo —añadió Gojo encogiéndose de hombros y sonriendo con autosuficiencia—. Si el Dios del Trueno va a un lugar repleto de monstruos con escamas y técnicas milenarias, no nos vamos a quedar aquí sentados haciendo tareas de la academia. Kratos solo dejó escapar un gruñido de asentimiento en el fondo, cruzando sus enormes brazos sobre el pecho, mientras María y Alan revisaban sus correajes, dejando en claro que ninguno de los dos pensaba dar un paso atrás. —Grandioso... simplemente grandioso —murmuró Natsuki a mi lado, soltando una risita helada que hizo que hasta Gojo borrara un poco su sonrisa—. Pasar de un "viaje táctico de tres personas" a una excursión escolar con la mitad de los guerreros más peligrosos del continente. —Carlos —habló Arlette desde atrás, anotando frenéticamente en su libreta—, si incorporamos el afán de superación física de este grupo al ritmo de marcha, el tiempo estimado para cruzar el paso del norte se reduce un quince por ciento, aunque la probabilidad de provocar un incidente diplomático con el Consejo Dracónico aumenta drásticamente. —¡Cállate con las estadísticas, Arlette! —supliqué frotándome las sienes mientras sentía cómo la migraña se me disparaba—. A ver... si de verdad van a venir a entrenar y no a de paseo, más les vale no estorbar. Mañana al amanecer salimos a pie, cargando cada quien sus cosas. Y al primer conato de pelea entre ustedes... los entierro en gravedad multiplicada antes de llegar a la frontera. —Además, no viniste la otra vez, Tanaka —dijo Mael, cruzándose de brazos y mirándome fijamente mientras soltaba un leve suspiro—. Me quedé esperando como un tonto... pero en fin, eso ya quedó atrás. Ahora podemos, o mejor dicho, tengo la oportunidad de conocerte y saber más sobre ti durante el trayecto. Me quedé en silencio un segundo, recordando la cita de entrenamiento a la que no pude asistir por andar resolviendo el desastre con los dioses y el maná nocturno. Me pasé la mano por la nuca, sintiendo una punzada de culpa. —Cierto... lamento haberte dejado plantado, Mael —respondí, bajando la cabeza a modo de disculpa sincera—. Las cosas se salieron de control esa noche, pero me alegra ver que no me guardas rencor. —No te acostumbres, no suelo tener tanta paciencia —replicó Mael con una media sonrisa serena, ajustándose la espada a la cintura—. Pero considero que la caminata por las montañas del norte será la oportunidad perfecta para ponernos a prueba y ver de qué estás hecho realmente. —¡Oigan, oigan! ¡Que la fila para pelear con el maestro o volverlo su amigo empieza detrás de mí! —intervino Yins Shadow, metiéndose de golpe entre Mael y yo con los brazos en jarras y los labios fruncidos—. ¡Yo fui la primera en exigir tiempo de calidad hoy! ¡PUM! Zani volvió a propinarle un golpe preciso en la coronilla a Yins, haciendo que esta se agachara chillando y sobándose la cabeza por segunda vez en la noche. —¡Que te calles, Yins! ¡Mael está hablando de entrenamiento de verdad, no de tus berrinches de consentida! —reprendió Zani, respirando hondo antes de volverse hacia mí—. Maestro, disculpe a esta torpe. Si Mael y el resto del grupo vienen a medir fuerzas y mejorar, yo también me aseguraré de dar mi cien por cien en la vanguardia durante el viaje. Natsuki nos observó a todos con la barbilla en alto, apoyando una mano en la empuñadura de su arma mientras una brisa helada volvía a hacer ondear su cabello. —Me parece excelente —dijo Natsuki con una voz penetrante que hizo que hasta Gojo dejara de juguetear con sus dedos—. Si todos están tan motivados por 'conocerse' y 'entrenar', entonces no habrá descansos en la subida al paso del norte. Carlos y yo encabezaremos la marcha. El que se quede atrás o empiece con tonterías... servirá de blanco de práctica para mi nueva magia. Un silencio sepulcral cayó sobre el grupo. Gojo simplemente soltó una risita baja, Kratos asintió con una mueca de aprobación, y Kimberly tragó saliva en seco mientras se aferraba a su equipaje. —Bien —sentencié, mirando a todos con gravedad—. Ya escucharon. Tienen exactamente dos horas para alistar sus armas y provisiones. Al primer rayo del sol nos vemos en la puerta principal de la academia. Sin excusas. —En fin, como sea, hay que irnos —dije finalmente, ajustando los correajes de mi equipo mientras soltaba un largo y definitivo suspiro. El ambiente festivo y las discusiones absurdas se disiparon al instante. Al notar la firmeza en mi voz, todos en el pasillo cambiaron el chip. Mael asintió en silencio y dio media vuelta para ajustar su guardia; Gojo guardó las manos en los bolsillos lanzando una última mirada desafiante hacia la cordillera nocturna; e incluso Yins, tras recibir un último apretón de advertencia por parte de Zani, adoptó una postura mucho más seria. Natsuki se colocó justo a mi lado, alineando su paso con el mío. A pesar de la fatiga, la sombra de las revelaciones sobre su pasado y la inminente amenaza de los clanes, su presencia a mi lado era firme como una cordillera. —Que nadie se retrase —sentenció Natsuki con voz helada pero serena, mirando a la comitiva sobre el hombro—. El paso del norte no perdona a los débiles, y el Reino Dragón no esperará a que terminemos de ponernos de acuerdo. Nos pusimos en marcha hacia los portones principales de la academia. El viento helado de la madrugada nos recibió de golpe al cruzar el umbral de piedra, despejando la niebla y revelando la imponente silueta de los picos montañosos que se alzaban hacia el norte. Con un grupo tan impredecible como peligroso a nuestras espaldas y el peso de un destino incierto por delante, dejamos atrás la seguridad de los muros. La travesía hacia el Reino Dragón acababa de comenzar.
The strongest warrior of humanity (Novela)

Continúa leyendo

The strongest warrior of humanity (Novela)

Capítulo 295

Siguiente Capítulo ›

The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 294

Estás leyendo el capítulo 294 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 12 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.