Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 291 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Sección XI: Sombras sobre la humanidad y la desesperación de Karen
El silencio en el pasillo se volvió pesado en cuanto puse un pie fuera de la habitación. Mis manos aún temblaban ligeramente, pero la frialdad que recorría mis venas ya no pertenecía a las lágrimas.
«¿Estoy bien, verdad? No... no lo estoy. Estoy triste, enojada, me odio a mí misma...»
Mis ojos quemaban como si estuvieran ardiendo por dentro. En el reflejo del cristal de una ventana cercana alcancé a notar el cambio: dentro de mis pupilas azules brillaban ahora dos marcas con forma de espadas de un naranja vivo y deslumbrante. Tras la muerte de Akira, el Dios de la Espada, sentí cómo una clase de poder ancestral despertaba en lo más profundo de mi ser. Les fallé... No logré matar a Mónica. La frustración me carcomía las entrañas, pero en medio de esta penumbra entendí una sola cosa: el dolor solo te hace más débil. No volveré a llorar. Nunca más.
Me limpié el rostro con brusquedad, dejé de llorar por completo y me levanté de la cama.
Sin embargo, al caminar por los pasillos de la academia, me topé con las miradas de los estudiantes. Estaban aterrorizados. Un murmullo bajo y tembloroso se extendía a mi paso mientras se apartaban hacia las paredes, mirándome como si frente a ellos no estuviera una alumna, sino una amenaza inminente. No supe cómo reaccionar. Me sentía completamente fuera de lugar, perjudicada por esa barrera de miedo que de pronto nos separaba.
«¿Por qué me miran así...? ¿Acaso mi aura... acaso estos ojos son tan aterradores?», pensé, apretando los puños.
—¿Karen...? ¿Estás bien? —preguntó un chico de ojos verdes, dando un paso cauteloso hacia mí mientras intentaba leer la expresión de mi rostro—. Bueno... yo...
—¡Karen! ¡Despertaste! —interrumpí una voz familiar.
Natsuki venía corriendo a toda prisa por el pasillo, con el rostro desencajado por la preocupación y el alivio. Se detuvo a pocos pasos de mí, respirando con dificultad, pero al clavar sus ojos en los míos, su paso se frenó en seco y una sombra de asombro cruzó por sus facciones.
Natsuki me miró fijamente, soltando un respiro de absoluto alivio al ver que finalmente me había puesto de pie.
—Me alegro de que estés viva... Creí que no despertarías —susurró, dando un paso más cerca.
—¿Cuánto tiempo me quedé dormida? —pregunté con la voz áspera y desprovista de emoción.
—Bueno... más de una semana.
—¿Qué? —exclamé, entrecerrando los ojos mientras las marcas naranjas con forma de espada brillaban con más intensidad en mis pupilas—. ¿Y los demás? ¿Cómo están?
Natsuki bajó la cabeza con pesadumbre, dudando por un instante antes de continuar.
—Bueno... no muy bien que digamos. Pero Carlos... se metió en un problema grande con los dioses. Parece que lo están culpando de la muerte de Drako y Óscar...
—¿Qué? ¿Mi hermano mató a alguien en la academia...? —apreté los puños con rabia, sintiendo cómo el maná a mi alrededor se volvía inestable—. ¡Maldita sea! Kronos aprovechó eso para culparlo...
—No fue así, Karen —interrumpió Natsuki rápidamente, mirándome a los ojos para intentar calmarme—. Todo se mostró en la proyección. Todos vieron cómo tu hermano los masacró... pero sabemos que tu hermano Kronos es un manipulador. Todos están tratando de sacarlo de ese problema; Kimberly se está encargando de eso por ahora. Tienes que acompañarme, tu padre quiere verte. Está muy preocupado por ti.
Un silencio frío se apoderó de mi mente. Apreté los dientes al escuchar las palabras de Natsuki, procesando el peso de lo que acaba de revelar.
—¿Mi padre...? —murmuré, sintiendo un nudo en la garganta mientras miraba fijamente a Natsuki—. Dime... dime algo, Natsu... ¿mi padre sabe la verdad sobre mi hermano Kronos?
—Así es, ya sabe toda la verdad sobre las monstruosidades que hizo hace años —asintió Natsuki con el rostro ensombrecido—. Todos lo están culpando; es más, lo están buscando para encerrarlo, pero es difícil porque perdimos todo contacto.
Hizo una breve pausa, dejando escapar un suspiro cansado antes de continuar:
—Todo es un desastre. La isla fue destruida, desapareció por completo del mapa... La única persona que se había quedado ahí era Melissa, pero gracias a Carlos logró sacarla de ahí. Sin su magia de teletransportación no seríamos nada... Por algo él es el Dios del Trueno. Bueno, escuché que una caballera de platino lo llama así... ¿cómo se llamaba? Ah, sí, su nombre era Masha, la caballera que sobrevivió a una muerte segura contra un Caballero Oscuro.
Me quedé en silencio por un segundo. El brillo naranja en mis ojos resplandeció con fuerza ante la mención de ese nombre.
—Conque el Dios del Trueno... —dije con la voz helada, ajustando la postura mientras avanzaba al lado de Natsuki—. Carlos siempre cargando con el peso de todos. Si Kronos y los abismales creen que van a usarlo como chivo expiatorio mientras destruyen lo que nos queda, están muy equivocados. Vamos con mi padre. Tengo muchas cosas que dejar en claro.
Sección XII: El juicio de los dioses
Caminé junto a Natsuki en absoluto silencio, sintiendo cómo los susurros de los estudiantes morían a nuestro paso ante la fría presencia que ahora emanaba de mí. Al cruzar las pesadas puertas de la dirección, la atmósfera dentro de la estancia era tensa y sofocante.
Allí estaba mi padre, Josué Tanaka, junto al Rey Haruto Yoshida. Ambos observaban varios mapas y documentos extendidos sobre el gran escritorio de madera.
—¿Papá...? —murmuré, deteniendo mis pasos en el umbral.
Mi padre levantó la cabeza de golpe. Al verme en pie, la rigidez de su rostro se desmoronó por un instante, reemplazada por un profundo alivio.
—¡Hija! Despertaste... Me alegro tanto de que hayas despertado —dijo, dando un paso hacia mí con la voz ligeramente quebrada.
Sin embargo, no respondí a su gesto de calidez. Las marcas naranjas en forma de espada brillaron intensamente en mis ojos azules mientras lo miraba con una frialdad directa.
—¿Es cierto que matarán a mi hermano Carlos?
El espacio pareció congelarse. Mi padre guardó silencio por un segundo, apretando la mandíbula mientras la pesadumbre volvía a apoderarse de sus facciones.
—Supongo que ya lo sabes, ¿verdad...? —suspiró con amargura.
—Dime cómo pasó esto —exigí, dando un paso al frente sin desviarle la mirada.
—Bueno... todo esto pasó hace una semana atrás —comenzó mi padre, cruzándose de brazos mientras revivía los trágicos acontecimientos—. Luego de que mi hijo usara las técnicas prohibidas de la familia Sasai para frenar el ataque...
Unos días atrás...
Las cadenas de contención divina resonaban con fuerza en medio del salón del consejo supremo. Carlos permanecía en el centro, rodeado por las siluetas de los altos mandos y las divinidades que observaban con recelo.
—Carlos Tanaka Sánchez, quedas bajo arresto por el asesinato de Drako y Óscar —sentenció una voz atronadora desde las alturas del estrado—. Se te acusa formalmente de haberlos ejecutado a sangre fría.
—¡¿Qué?! No... ¡esperen, esto es un malentendido! —intervino Josué a viva voz, dando un paso al frente y encarando a los jueces—. Mi hijo no hizo nada ilegal; él luchó con todo lo que tenía para proteger este lugar.
—Santo de la Espada, no se meta en esto —interrumpió uno de los magistrados con tono tajante.
—¡Zeus, haz algo! Mi hijo no... —suplicó Josué, apretando las manos en puños mientras notaba la absoluta indiferencia del Rey de los Dioses.
Parecía que las divinidades habían visto algo en Carlos durante la batalla: un poder abrumador y un terror primigenio que ellos mismos temían llegar a sentir. Para ellos, no se trataba de justicia, sino de eliminar a una amenaza que amenazaba con superar su propio estatus supremo.
Carlos levantó la mirada cansada, observando a su padre con una tranquilidad helada que contrastaba con el caos de la sala.
—Supongo que no me queda de otra, ¿verdad? —dijo Carlos, dibujando una leve y triste sonrisa en el rostro—. No te preocupes por mí, padre... Estaré bien. Solo dile a mi mamá, a mi hermana y a mi hija que estaré bien. Todo se va a arreglar, lo juro.
—¡Hijo...! —exclamó Josué, apretando los puños hasta que la piel de sus nudillos se tornó blanca por la impotencia—. Ni siquiera dejas que te ayudemos... ¿Por qué haces las cosas tú solo? ¿Qué es lo que te impide pedir mi ayuda? ¡Somos tus padres, no puedes cargar con todo esto tú solo!
Carlos sacudió la cabeza despacio, manteniendo esa mirada serena pero inquebrantable.
—Te equivocas, padre. Estaré bien... En verdad, gracias por preocuparte por mí. Saber eso es más que suficiente para seguir adelante y demostrar mi inocencia, para salvar a todos por el bien de la humanidad.
—¡Carlos! —gritó de pronto Gojo Akinori, emergiendo tras romper el sello dimensional que lo mantenía atrapado en un plano opuesto.
Gojo avanzó a zancadas pesadas por el salón, encarando directamente al tribunal y fijando su mirada llena de rabia sobre Zeus.
—¿Estarás bien, verdad, Carlos? —preguntó Gojo antes de girarse abruptamente hacia el estrado—. Porque yo también quisiera denunciar formalmente a los dioses... ¡Por haberse aliado abiertamente con los abismales!
Las murmullos estallaron en toda la sala como una detonación.
—¡¿Qué carajos dijiste?! —rugió Zeus, poniéndose de pie mientras el trueno retumbaba en el recinto.
—¡Tal como te lo dije! —sostuvo Gojo con voz firme y desafiante, encarando la furia del dios supremo—. Los once dioses vinieron a matarme porque sabían que yo era una amenaza para sus planes... ¡Exactamente al igual que Carlos!
Sección XIII: El edicto del Olimpo y el pacto de los monarcas
—¡¿Dónde sacas esas estupideces?! —rugió el Dios de la Locura, dando un paso al frente con el rostro desencajado por la indignación.
Sin embargo, antes de que pudiera canalizar su maná divino, Gojo Akinori lo fijó con una mirada cargada de absoluto desprecio. En un instante, el aire de la sala se volvió insoportablemente pesado cuando liberó sin contemplaciones su poder de Fundador. La presión aplastante hizo crujir el suelo de mármol bajo sus pies.
—¿Crees que miento? —sentenció Gojo, clavando sus ojos desbordantes de energía sobre la divinidad—. ¡¿Te atreves a desafiarme, dios de porquería farsa?!
Un aura destructiva y sofocante comenzó a emerger del cuerpo de Gojo, amenazando con reducir el recinto a escombros.
—Maldito humano... ¡¿cómo te atreves...?! —articuló el Dios de la Locura con dificultad, dando un paso atrás sofocado por la aterradora sed de sangre.
—¡Ya basta! —interrumpí Zeus, haciendo retumbar su voz como un trueno directo en las mentes de todos los presentes—. Dios de la Locura, esta sesión queda suspendida hasta nuevo aviso. Y escuchen bien: si me entero de que intentan matar a Tanaka Sánchez, yo mismo seré quien los ejecute a ustedes por traición. Aún no hay que sacar conclusiones precipitadas; necesito mantener vivo al chico. Él podría ser la clave para la guerra que se avecina dentro de muy pronto... Parece que los abismales ya empezaron con su espectáculo.
—No tienes por qué preocuparte —intervino de pronto Sage, la Reina de los Dragones, dando un paso al frente con una presencia majestuosa que calmó la agitación del ambiente—. Sé la razón por la cual me has llamado, Zeus. Quieres que me lleve a ese chico y a Shiro conmigo, ¿no es así? Quieres revelar la verdad sobre sus verdaderos orígenes.
—¡Espera, Sage! ¡No puedes hacer eso! —advirtió Grayson, el Rey de los Vampiros, frunciendo el ceño con severidad—. Debes saber que si lo llevas a tu reino es muy posible que él lo mate...
—¿Te refieres al Dios General Dragón? —suspiró Sage, manteniendo la serenidad en su mirada carmesí—. Sé lo peligroso que es, pero no te preocupes. Él no está en el Reino Dragón en este momento; se encuentra en un lugar distante entrenando.
Sage giró levemente el rostro hacia un lado de la mesa redonda.
—Oye, James, ¿qué opinas?
—Bueno... me parece una pésima idea —respondió James con tono seco y desinteresado.
—¿Qué? ¡¿Eso es todo lo que vas a decir?! —exclamó Grayson con exasperación.
—Vamos, vamos... no discutan —intervino Aiden con voz apaciguadora, alzando ambas manos para calmar los ánimos—. Todos sabemos lo poderoso y fuerte que es este chico, pero no podemos olvidar el problema real: nuestros enemigos nos están vigilando en este preciso instante.
—Tienes razón —admitió Sage, soltando un leve suspiro mientras su mirada dracónica se oscurecía—. Pero a todo esto no será tan sencillo. Con el problema que hay hasta el momento, varios de mis caballeros han caído en manos de Gabriel...
La Reina de los Dragones dio un paso hacia el joven, fijando sus ojos en él con profunda seriedad.
—Carlos, antes de eso, quiero saber por qué Gabriel está detrás de ti...
—Bueno, Sage... La verdad es que no es tan fácil contarte todo —respondí con una voz calmada pero desprovista de vacilación—. Aún no confío en ustedes. Necesito lealtad. Necesito ver qué tan poco tiempo nos queda a nosotros, porque si pasan años para que inicie este desastre, será el mayor error de nuestras vidas. Y es por eso... que tengo que tomar una decisión, ¿no?
Carlos desvió la mirada hacia el Fundador, quien permanecía a su lado con el aura destructiva aún vibrando sutilmente a su alrededor.
—Quiero llevarme a Gojo Akinori también conmigo. Él me será de utilidad y, sobre todo, sé que nosotros tres somos los más fuertes después de todo.
Gojo Akinori frunció el ceño, cruzándose de brazos mientras observaba al Dios del Trueno.
—¿Estás seguro de lo que haces, verdad, Carlos? No sabemos exactamente cómo se encuentra Shiro... Y sobre todo esto, no quiero ver a mis amigos ser usados como herramientas. Quiero confiar en ustedes, pero si no me dices la verdad, yo no...
—Muy pronto lo sabrás, Gojo... Muy pronto —lo interrumpí en tono bajo, mirándolo fijamente—. Pero ahora no es el momento. Has mostrado un nivel muy diferente al del día en que nos conocimos en la academia. Shiro aún tiene traumas del pasado... Gojo, tú lo sabes bien.
—Lo sé —asintió Gojo con pesadumbre, apretando la mandíbula—. Eso lo supe cuando el Dios Nocturno tomó tu cuerpo. Sé el verdadero miedo que ella sintió, el trauma... Pero ahora no cabe duda de que está dañada. Tenemos que curar esas heridas. Siente culpa, ¿no?
—Así es... Siente culpa por matar a los tres legendarios héroes —contesté en voz alta, aunque por dentro un pensamiento helado comenzó a corroer su mente.
«Pero la culpa no es de ella; solo fue poseída», pensó Carlos en silencio, sintiendo cómo un escalofrío recorría su espalda mientras apretaba los puños. «Pero yo no logro entender el porqué... Si la Shiro de mi vida anterior se aseguró de que la Shiro joven no fuera manipulada ni poseída, esto que ocurrió no me está gustando para nada. Algo se alteró en la línea temporal...»
—¿Ocurrió algo más, Carlos? —preguntó Zeus, entrecerrando los ojos con perspicacia mientras notaba la rigidez en la postura del joven—. Te noto muy intenso...
—No es nada, Zeus —respondí saliendo de sus pensamientos y recuperando la frialdad en su mirada—. Sé que esto se está volviendo más difícil... Y sobre todo...
Carlos giró la cabeza bruscamente, clavando una mirada inquisidora y amenazante directamente sobre el Dios de la Locura.
—Tú eres un traidor... Y lo voy a demostrar, Dios de la Locura.
La divinidad dio un paso atrás, con el rostro hirviendo en indignación y rabia contenida.
—¡¿Te atreves a dar falsos testimonios frente al consejo?! —rugió el dios, apretando los puños.
—Lo siento, pero el que da falsas acusaciones y mentiras eres tú —sentencié despectivamente, dándole la espalda para dirigirse a la Reina de los Dragones—. Como sea... Sage, si nos vas a llevar a tu reino, ¿podrías darme una semana para despedirme de mi hermana?
Sage suavizó la mirada y asintió levemente con la cabeza.
—Por supuesto, no hay prisa —respondió la reina con serenidad—. Tienes la semana libre para hablar con ella y con el resto de tus amigos antes de partir.
Sección XIV: El abrazo del adiós
De vuelta en el despacho de la dirección, la desgarradora narrativa de la semana anterior se disipó, devolviendo a Karen y a su padre a la abrumadora realidad del presente.
—Entonces... ¿mi hermano sigue aquí, verdad? —preguntó Karen, con la voz quebrada pero manteniendo ese tembloroso destello naranja en su mirada.
—Así es, Karen —asintió Josué, apretando los puños con una mezcla de orgullo y dolor—. Está aquí para despedirse de ti.
—Así que... me dejará sola también —susurró ella, bajando la cabeza mientras apretaba los puños contra sus costados.
De entre las sombras de la habitación, una silueta envuelta en leves destellos dorados avanzó a pasajes lentos. Carlos apareció ante ellos, mirando a su hermana con una calidez inusual que contrastaba con la frialdad que reinaba en el recinto.
—No te sientas mal, hermana —respondió Carlos con suavidad, deteniéndose a solo un par de metros de ella—. Sé cómo te sientes. Sé cómo has estado luchando por ti misma, por proteger a nuestro hermano... Pero él decidió dar su vida por ti.
Karen levantó la vista de golpe. Al ver la sonrisa serena de Carlos, las defensas que había construido tras despertar se desmoronaron. Corrió hacia él y lo rodeó con un abrazo desesperado, escondiendo el rostro en su pecho mientras los sollozos volvían a ahogarla.
—¡Hermano! Yo... lo siento —se lamentó entre lágrimas—. Te fallé... No estuve a tu altura. Creí que podría ser más fuerte que tú, pero todo terminó mal. Perdí a Akira, a mi hermano y al Héroe de las Sombras...
Carlos la rodeó con sus brazos, dándole palmadas firmes en la espalda para reconfortarla.
—Lo sé, Karen... Porque él fue a despedirse de mí —murmuró Carlos, entrecerrando los ojos con gravedad—. Me sorprende que haya caído ante un abismal...
Karen giró la cabeza levemente, negando con brusquedad mientras se separaba un poco para mirarlo a los ojos.
—No... No es así, hermano —dijo con rabia contenida—. Ellos estaban devorando el poder del héroe... No podíamos hacer nada ante eso.
—Y además... —dudó Karen, apretando la tela de la camisa de Carlos mientras un estremecimiento le recorría la espalda.
—¿Qué pasa, Karen? —preguntó Carlos, frunciendo el ceño al notar el terror en la voz de su hermana.
—El Rey de los Héroes... Lo trajo a la vida Kronos junto con Lucifer.
—¡¿Qué mierda...?! —exclamó Carlos, abriendo los ojos de par en par mientras la incredulidad y la furia contenida hacían vibrar el aire a su alrededor.
—Para mí fue... Fue horrible —continuó Karen, apretando los dientes mientras el recuerdo de la batalla quemaba en su memoria—. Fue ver cómo Akira y él se reencontraron, pero no como amigos ni como aliados... Sino como enemigos. Akira no quería luchar contra su mejor amigo. Por eso decidí luchar en su lugar, pero él... Él luchó por mí. Logramos derrotarlo, pero cuando llegaron ellas... Akira había usado todo su poder en mí. Casi pierdo mi cuerpo, casi muero ahí... Fue gracias a él que sigo viva.

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 292
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 291
Estás leyendo el capítulo 291 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 11 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.