Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 288 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo: El peso del pasado y las llamas del desatino
Sección I: La caída del Rey de la Lucha
El golpe descendió como un meteorito carmesí. La energía pura acumulada en la guadaña no solo rebanó el segundo brazo mutado del Rey de la Lucha, sino que impactó de lleno en su pecho, abriendo una brecha humeante por la que brotó un torrente de sangre abismal negra.
La onda de choque generada por la detonación partió en dos lo que quedaba del terreno, abriendo una fosa colosal que devoró los escombros flotantes.
El monstruo cayó de espaldas, estrellándose pesadamente contra la tierra agrietada. Su transformación comenzó a deshacerse violentamente; las gigantescas extremidades y los enormes cuernos se desintegraron en humo negro mientras volvía a su forma previa, desangrándose e incapaz de mantenerse en pie.
Melissa Smith aterrizó con absoluta ligereza a unos pocos pasos de él. Ni siquiera respiraba agitada. El resplandor carmesí de sus ojos iluminaba la figura derrotada del guerrero abismal.
—Imposible... —tosió el Rey de la Lucha, escupiendo una mezcla de sangre purpúrea y energía residual—. Este poder... esta frialdad al ejecutar cada corte... No eres una humana corriente... ¡¿Qué demonios eres tú?!
Melissa caminó despacio hacia él. El sonido de sus botas contra la piedra rota era el único ruido entre los retumbos lejanos de la isla que terminaba de colapsar. Levantó la guadaña y colocó la punta del filo justo sobre la garganta del abismal.
—Soy la pesadilla de la que ustedes nunca pudieron despertar —respondió con una serenidad estremecedora—. Y el final de tu existencia.
—¡Espera! —exclamó el abismal, sintiendo por primera vez la verdadera sombra de la muerte acechándolo—. Si me matas... los verdaderos reyes del Abismo no se quedarán de brazos cruzados... Ellos...
—Que vengan —lo interrumpió ella sin pestañear—. Les ahorraré el viaje.
Con un movimiento limpio y despiadado, Melissa Smith atravesó el cuello del Rey de la Lucha. Un destello de fuego sagrado carmesí consumió el cuerpo del guerrero de adentro hacia afuera, reduciéndolo a cenizas en cuestión de segundos hasta que no quedó el menor rastro de su maná.
El silencio reinó brevemente sobre el cráter destruido. Melissa guardó la guadaña en su espalda y giró la cabeza hacia el horizonte. A lo lejos, una presencia inmensa se hacía más clara, acercándose a gran velocidad entre las ruinas del campo de batalla.
Sección II: Sombras del pasado y la evacuación
«Esa magia... ¿Es un dios el que viene hacia acá? No... Hay algo más. Siento una magia muy familiar; sobre todo puedo sentirlo, mi ki me lo dice... La persona que viene es...»
A través de las columnas de humo y el polvo que flotaba tras la destrucción del abismal, varias figuras emergieron a paso firme sobre los escombros colapsados.
—Parece que llegamos —dijo Zeus, observando el panorama desolado con los ojos abiertos de par en par—. Esa mujer... Ese tipo que está ahí, ¿no era el Rey de la Lucha? ¿Quién diablos es ella? Acabó con él... Ese tipo era alguien supremo, ¿cómo demonios...?
Entre el grupo, un joven dio un paso al frente, fijando la mirada en la silueta envuelta en aura carmesí que se erguía en el centro del cráter.
—Ya veo, así que Melissa acabó con él... Tan fuerte te has hecho, ¿verdad? —murmuró Carlos, manteniendo una expresión seria pero llena de un profundo reconocimiento.
—Carlos, ¿tú la conoces? ¿Quién es esa mujer? —preguntó Zeus, sin salir de su estupor al percibir la aterradora presión que emanaba de ella.
—Por supuesto, es mi compañera de clases —respondió Carlos en seco, sin quitarle los ojos de encima a Melissa Smith—. Ha pasado un tiempo desde que dejamos de hablar... No por distancia, sino porque nos estábamos preparando para el festival. Aunque, como lo dijiste, se canceló por los problemas actuales.
Carlos desvió levemente la mirada hacia el dios a su lado, con un tono de voz que se volvió helado y cargado de una tensión peligrosa.
—Pero te haré una sola pregunta... ¿Qué es exactamente lo que hiciste en el pasado, Zeus, el Dios Nocturno? Lo digo porque... ¿por qué le diste la espalda al Rey de los Héroes? ¿Acaso tuviste algo que ver con la masacre de los diez legendarios héroes hace mil años?
Un silencio sepulcral se apoderó del lugar. Zeus bajó la cabeza por un instante, apretando los puños mientras los truenos lejanos resonaban sobre el cielo destruido.
—No, Carlos, no tuve nada que ver con la caída de los héroes —respondió Zeus con una voz pesada y llena de un remordimiento antiguo—. Pero lo del Rey de los Héroes... Él era un amigo muy cercano de Akira, el Dios de la Espada. Eran los mejores amigos que existían. Y sí, es mi culpa. Yo envié al Rey para que acabara con la guerra, pero nunca imaginé que su enfrentamiento sería contra el Dios Nocturno. Yo no sabía lo que estaba pasando en realidad...
El dios exhaló un suspiro amargo, mirando sus propias manos quemadas por la energía de milenios.
—Por esa razón, nosotros como dioses no podíamos permitir que él siguiera con la masacre. Pero todos perdimos la batalla ante ese humano que se convirtió en un Dios... Él desapareció por un tiempo y regresó este mismo año; es decir, tras mil años desaparecido.
A unos metros de ellos, Melissa Smith, aún al mando del cuerpo de Melissa Ogawa, apoyó el mango de su guadaña sobre las rocas ensangrentadas. Escuchaba cada palabra en absoluto silencio, mientras su aura carmesí chisporroteaba con una frialdad sanguinaria.
—Carlos... Ha pasado un rato. Me alegro de que estés aquí —intervino Melissa con una frialdad contenida—. Pero ahora no hay tiempo para explicarles lo que pasó. Tenemos que sacarlos a todos de aquí.
La tierra debajo de sus pies volvió a sacudirse violentamente. Grandes pedazos de la isla se desprendieron en el borde del acantilado, cayendo al vacío.
—La isla no va a aguantar más —advirtió Carlos—. Zeus, el resto de los supervivientes deben estar cerca de la zona de evacuación.
—Si este lugar se desintegra por completo, la corriente del abismo nos tragará a todos. Hay que movernos ya —asintió Zeus.
—Muévanse, ahora mismo —ordenó Melissa Smith, señalando hacia el norte de la isla—. Yo abriré el camino a través de los escombros.
Sin dudarlo, comenzó a correr a una velocidad vertiginosa, saltando entre los fragmentos de piedra. Carlos y Zeus la siguieron de cerca. Con cada movimiento de su brazo, tajos verticales de fuego carmesí pulverizaban las rocas gigantescas que caían del cielo.
—Esa fuerza... —murmuró Zeus a espaldas de Carlos—. Realmente no es la misma chica. Su maná no solo es devastador, es casi idéntico al de un ejecutador del tiempo.
—No importa quién o qué controle su cuerpo ahora —respondió Carlos apretando los dientes mientras esquivaba un pilar de piedra—. Mientras mantenga a salvo a todos y logremos salir de este infierno, hablaré con ella cuando la marea se calme.
Un estallido masivo sacudió la base de la isla. A lo lejos, las figuras de Saleh, Angélica y los demás aparecieron entre el humo, acorralados contra el acantilado.
—¡Allí están! —gritó Carlos.
—¡Llegamos a tiempo! —sentenció Melissa.
—¡Melissa! ¡Carlos! —gritó Angélica al verlos aparecer, mientras Saleh mantenía un escudo de maná para contener los escombros.
Alrededor del acantilado, acorralados pero resistiendo, se encontraban los demás supervivientes: Stiven, Ginebra, Elena, Morbius, King, Lucía y Hades. Un poco más atrás, protegiendo a los heridos, estaban Kimberly, Farid, Kevin, María, Miguel, Mei, Freya y Mío.
—¡Están todos a salvo! —exclamó Carlos.
—¡Toda esta maldita sección se está desprendiendo hacia el abismo! —vociferó Stiven, bloqueando un fragmento de roca.
Melissa Smith trazó una línea de fuego carmesí con su guadaña, deteniendo la grieta que amenazaba con partir la tierra bajo los pies de Ginebra y Elena.
—Nadie más va a caer aquí —sentenció Melissa Smith con una voz grave—. Saleh, Angélica, mantengan la barrera con Zeus. Carlos y yo destruiremos todo lo que colapse sobre nosotros. ¡Muévanse a la ruta de escape!
—No hay tiempo que perder —intervino Carlos, dando un paso al frente mientras concentraba todo su maná—. Usaré mi magia de teletransportación para sacarnos a todos. ¡Nos iremos directamente a la Academia Ryouou Clannad!
Un círculo mágico gigante, envuelto en un resplandor dorado y rúnico, se expandió bajo los pies de todos: Stiven, Ginebra, Elena, Morbius, King, Lucía, Hades, Kimberly, Farid, Kevin, María, Miguel, Mei, Freya, Mío, Saleh, Angélica, Zeus y Melissa.
—¡Manténganse dentro del círculo! —gritó Carlos.
El suelo terminó de fracturarse. En el instante en que las rocas colapsaban, el círculo mágico estalló en una luz cegadora.
Sección III: La confrontation en Ryouou Clannad
Un segundo después, el grupo entero cayó sobre el suelo firme de piedra de los jardines centrales de la Academia Ryouou Clannad. El aire fresco del campus contrastaba con el infierno de cenizas del que acababan de escapar. Varios cayeron de rodillas, jadeando por el agotamiento.
—Lo... lo logramos —murmuró Stiven, apoyando las manos en el suelo.
—Estamos en la academia... —dijo Carlos, exhalando profundamente—. Estamos a salvo por ahora, pero hay muchas cosas que aclarar.
—En primer lugar, ¿qué demonios está pasando? Y en segundo lugar... ¿es verdad que hubo muertos y que los abismales atacaron el evento? —pregunté, observando el cansancio a mi alrededor.
—Así es, es verdad todo lo que dices. Pero... ¿cómo lo supiste? —respondió Carlos, frunciendo el ceño.
—Ah, bueno, eso yo... No es nada fácil de no saberlo, Carlos —dije, desviando la mirada—. En fin, tengo algunas preguntas que debo hacerte, pero parece que las doce grandes familias querrán una explicación de lo que has hecho...
Varias figuras de autoridad avanzaron desde la entrada del edificio principal, rodeados por sus guardias de élite.
—Es tal como dices, niña —dijo Rafael Akinori, dando un paso al frente con severidad—. Hay algo que quiero preguntarte... ¿Qué diablos eres tú? Todo este desastre ha sido muy extraño, y quiero saber: ¿por qué los abismales quieren verte muerto?
—¡Oye, basta! Es solo un niño —intervino Cecilio con indignación.
—¿Un niño? —dijo Misael Sasai con desprecio helado—. Para mí, será mejor que mi propio hijo. Miguel no es más que un fracasado...
Miguel estaba ahí, entre los heridos, escuchando cada despiadada palabra de su padre. Agachó la cabeza, apretando los puños en silencio.
—¿Quién eres tú para hablarle así? Él es tu hijo. Un padre jamás debe hablarle así a su hijo —dije, clavando mis ojos directamente en Misael.
Miguel alzó la mirada con incredulidad.
—Su hijo casi muere ante Drako. Él se hizo fuerte a su manera, ¡y es capaz de superarte sin tus técnicas de la espada! Yo conozco muy bien a Miguel, sé que lo da todo por su madre. Tú no eres digno de Liz, maldito fracasado que solo piensa en la búsqueda de un heredero que pudiera usar sus técnicas. ¿Acaso tu padre no te enseñó cómo ser un buen padre? Qué pena me das, Misael...
Misael Sasai se tensó por completo, la vena de su frente marcándose por la rabia.
—¿Te atreves a desafiarme? —soltó Misael con una risa amarga—. ¡Jajaja, qué buen chiste!
—Para mí no es un buen chiste —intervine con firmeza—. Yo soy capaz de superarte, Misael. Si tanto quieres ver qué tan lejos puedo llegar, está bien... Yo seré quien te enseñe cómo es que un Tanaka Sánchez es capaz de dominar todas las artes de la espada.
—Hijo... no tienes que hacer esto —dijo Josué, avanzando con preocupación.
—Padre, sé que tienes dudas sobre mí —respondió Carlos, colocando una mano sobre el hombro de Josué—. Creo que ya no es necesario ocultar mi poder ante la técnica de los Sasai.
Carlos desenvainó su hoja, canalizando una densidad de maná sofocante.
—Desvelo de Flamix... —pronunció en voz baja.
El aura de su espada estalló en una llamarada carmesí y dorada que distorsionó el espacio. Todos se quedaron paralizados. Sin embargo, Misael no estaba asustado; una sonrisa retorcida y satisfecha se dibujó en su rostro.
«Al fin... Al fin encontré a alguien que valiera la pena», pensó Misael, apretando su empuñadura.
—Es imposible, Carlos... ¿Por qué tú...? —murmuró Miguel, atónito.
«Miguel, es una larga historia... Yo conozco muy bien estas técnicas; mejor dicho, sé por qué en mi vida anterior tú mismo me las enseñaste luego de que desaparecieras», pensé mientras observaba la tensión entre las familias.
Sección IV: La carga de los recuerdos
—¿Por qué me miran así? —preguntó Carlos, rompiendo el pesado silencio.
—Es increíble que hayas hecho eso, hijo —dijo Josué con un largo suspiro—. ¿Sabes el problema en el que estás metido ahora?
—Padre, yo... lo siento —respondió Carlos—. Estaba enfadado, pero tenía que hacerlo. Hay vidas en riesgo. No puedo quedarme mucho tiempo...
—Niño, dime, ¿a dónde está mi hijo, Gojo Akinori? —lo interrumpió Rafael Akinori, dando un paso al frente con desesperación.
—¿Qué? —exclamó Carlos.
—¿Él no está aquí? —insistió Rafael.
—No... yo no sé a dónde está ahora. Lo he buscado, pero no lo encontré.
«Esto está raro... Si mi clon lo teletransportó... Espera, eso quiere decir que está aquí, pero no sabe dónde está», pensó Carlos.
—Emilia... —llamó Carlos en voz baja.
—¿Dime, mi señor? —respondió la elfa, apareciendo a su lado.
—Encuentra a Gojo, debe estar por aquí. Y cúralo de paso.
—Sí, está bien —asintió Emilia con preocupación—. Pero... ¿qué pasará sobre tu juicio? Recuerda que pensarán que este desastre fue tu culpa. Sobre todo tu hermana, que está muy alterada y delicada. Tienes que ir a verla ahora.
—¿Karen está mal? —preguntó Carlos, sintiendo un vuelco en el estómago.
—Está muy mal desde que perdió a Akira, el Dios de la Espada, a tu hermano Abran y al Héroe de las Sombras.
Mierda... Lo había olvidado. Cerré mis ojos. Lo olvidé por completo. El Héroe de las Sombras se despidió de mí; murió por salvarlos, pero mi hermano decidió irse con él porque ambos eran fragmentos del Héroe de las Sombras. Entiendo la razón por la cual me confiaste tu magia... Tengo que arreglar las cosas.
—Emilia, dame un consejo... ¿Qué puedo hacer? —susurró Carlos con la voz quebrada.
—Ay, Carlos... —dijo Emilia, mirándolo con profunda compasión—. En verdad no hay nada que puedas hacer en este momento. No puedes cambiar nada, ni alterar el futuro que ya has cargado. Tienes que aprender a vivir con la partida... Lo único que te puedo aconsejar es que ayudes a tu hermana Karen.

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Capítulo 289
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 288
Estás leyendo el capítulo 288 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 5 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.