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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 287 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Caminé hacia ellos sin utilizar mi guadaña. Canalicé mi maná y liberé la magia de fuego de rango 30: Aliento de Fénix, arrojando de golpe una esfera incandescente envuelta en destellos estelares que iluminó la penumbra del lugar. —¡Ataquen! ¡No dejen que haga otro movimiento! —gritó un abismal de ojos negros y vacíos—. ¡Ataquen todos juntos! El ataque impactó de lleno sobre sus filas, abriendo un rastro de cenizas a su paso. Corrí a toda velocidad mientras las grietas del suelo se abrían estrepitosamente por el temblor de la isla. Me impulsé con fuerza, saltando entre los escombros flotantes para esquivar y bloquear cada ataque que intentaba cortarme el paso en medio del colapso. ¿Cómo diablos llegaron hasta aquí? Estaban esperando el momento exacto para dar su emboscada, pero no les salió. Salí del humo y levanté mi guadaña, masacrando a cada uno de ellos. Mientras me atacaban, los esquivaba con extrema rapidez. El entrenamiento con Saleh y Angélica valió la pena; debo ser mucho más rápida. Si quiero vengar a mi padre, tengo que darlo todo. Siempre quise ser como él: alguien respetado, alguien tan amable que daría todo por salvar a los demás. Mi padre no era débil; él siempre fue el más fuerte de los Caballeros Platinos del Amanecer. ¡Yo, Melissa Ogawa, seré quien los derrote a todos! ¡Vengan, no se contengan! ¡Les demostraré de qué estoy hecha! Cada uno de ellos vino hacia mí. Varios de ellos... no, mejor dicho, un ejército entero de esta clase de calamidades: más de seis mil soldados. —Esto no es nada. Los acabaré uno por uno, no dejaré que pasen ni que ataquen a mis amigos... De pronto, quedé paralizada al sentir una presión aplastante y sofocante que me cortó la respiración. —¿Una humana se atreve a desafiar a mis hombres? —resonó una voz de poder indestructible que retumbó en las ruinas—. No veía a una mujer así de fuerte desde mis tiempos... No existía una mujer así más que la Diosa de la Guerra, Mikoto. Ven y atácame con todo tu ser, guerrera. Demuestra tu nivel y tu fuerza. Yo soy el Abismal entre los rangos supremos: el Rey de la Lucha. —¿Qué? —dijo la voz de Melissa Smith en lo profundo de la mente de Melissa Ogawa—. ¿El Rey de la Lucha sigue vivo? ¿Cómo es posible esto? No logro entenderlo... Entonces algo está muy mal aquí. Si él está aquí, ¡carajo!, ni siquiera mi yo actual es capaz de hacerle absolutamente nada... Maldición, tengo que hacer algo. ¿Pero cómo hago para que mi yo pierda el conocimiento...? Solo me queda una opción. —¡No pierdan el tiempo, ataquen! —ordenó el Rey de la Lucha. Me moví a una velocidad cegadora, masacrando a cada uno de ellos. El combate duró apenas unos minutos; había acabado por completo con sus fuerzas y solo quedaba en pie el Rey de la Lucha. Sé que esta batalla me llevará al límite o a la muerte, pero no puedo permitirme caer aquí, y mucho menos ahora que lo estoy arriesgando todo. —No cabe duda... ¿Esa mujer acabó con mis soldados en cuestión de minutos? —murmuró el Rey de la Lucha, observando el campo repleto de cuerpos destrozados—. Algo raro está pasando aquí. ¿Por qué esa mujer tiene tanto poder y un maná tan descontrolado? El abismal apretó los puños mientras la presión a su alrededor aumentaba. —Esto no es nada divertido, esto es algo serio. No sé qué pensar ante todo este problema... ¿Qué debería hacer ahora? De pronto, una sonrisa retorcida se dibujó en su rostro. —Muy bien, ahora es mi turno —sentenció, extendiendo sus manos y haciendo que el espacio mismo se distorsionara, cambiando por completo el entorno del campo de batalla—. Espero que este espectáculo no sea una farsa, mocosa. Nos quedamos mirando fijamente sin movernos. Sabía exactamente lo que estaba planeando: una batalla de mentalidad. Nos quedamos parados mientras nuestras armas se cruzaban en un impacto sordo que hizo retumbar la tierra, pero la fuerza de este enemigo era simplemente demasiado poderosa. Detuvo mi guadaña en seco con una facilidad pasmosa. Giré sobre mi propio eje dando una patada con todas mis fuerzas para desengancharme, retrocediendo rápidamente mientras hacía girar mi guadaña frente a mí para mantener la guardia. Corrí nuevamente hacia él con determinación, pero él solo sonreía sin inmutarse. No pude hacer nada contra su defensa implacable. Por la presión abrumadora que estaba sintiendo, esto no era nada de este mundo... Necesito ser mucho más fuerte si quiero salir viva de esto. Apreté los dientes mientras el Rey de la Lucha me observaba con esa mirada de superioridad, disfrutando cada instante del combate. La presión en el aire se volvió sofocante, amenazando con aplastar mis pulmones. —¿Eso es todo lo que tiene la hija del tan aclamado Caballero Platino? —provocó, dando un paso lento pero pesado hacia mí—. Si esto es todo tu nivel, me vas a dececcionar bastante, mocosa. —¡Cállate! —bramé, volviendo a canalizar mi maná al límite. El aura de mi magia de fuego se volvió densa y violenta. Sin dudarlo, me lancé de frente en un estallido de velocidad, cortando el aire con la guadaña en una trayectoria diagonal directo a su cuello. Él ni siquiera se molestó en esquivar; levantó un solo brazo envuelto en una densa capa de energía abismal y bloqueó el filo plano de mi arma con la palma de la mano desnuda. Un estallido de chispas y ondas de choque destruyó el suelo bajo nuestros pies. —¡Maldición! —escuché la voz retumbar en mi mente, la de Melissa Smith—. ¡Despierta, reacciona! No intentes medir fuerzas con él directamente, ¡te va a despedazar! Pero la adrenalina y la determinación de vengar a mi padre me nublaban el juicio. Forcé el maná hasta el punto de sentir que mis venas quemaban. La figura de mi padre volvió a cruzarse por mi memoria, con su sonrisa cálida y su mirada firme. No podía caer aquí. Tenía que ganar el tiempo suficiente para que los demás llegaran hasta Carlos y lograran escapar de esta isla que colapsaba segundo a segundo. Él apareció de la nada detrás de mí y me golpeó con todas sus fuerzas, mandándome a volar disparada muy lejos entre las ruinas. Al impactar contra las rocas, sentí mi cuerpo sumamente cansado, como si alguien más quisiera tomar el control de mí. Pero me esforcé, recuperé la cordura de golpe y me alejé a toda prisa, atacando de inmediato lanzándole varias esferas de púas rojas muy brillantes que cortaban el aire hacia él. La explosión fue devastadora, pero aun así, él seguía de pie entre el humo y las cenizas. Sentí que las fuerzas me abandonaban por completo; caí de rodillas, con el cuerpo consumido por el cansancio extremo. Mis párpados pesaban demasiado... y finalmente caí inconsciente. Antes de perder la total noción de la realidad, sentí cómo el Rey de la Lucha me agarraba sin piedad y me lanzaba con un golpe brutal muy lejos de allí. —¿Eso es todo? ¿Una mujer débil? Qué desperdicio de mi tiempo —espetó el Rey de la Lucha con absoluto desprecio—. No sirves para este encuentro, mujer débil. Acabaré contigo de una vez. Luego de recibir una ráfaga devastadora de golpes y chocar violentamente contra las paredes de roca, él continuó atacándome sin piedad hasta arrojarme brutalmente lejos. Caí pesadamente sobre el suelo, arrastrándome entre la tierra y la sangre. «¿Esto está bien? ¿Ser humillada y aplastada por un abismal de la lucha? Nunca creí que volvería a perder de esta manera... Supongo que moriré aquí...», pensaba mientras mi conciencia se desvanecía lentamente. El Rey de la Lucha avanzó a paso lento, alzando su puño envuelto en energía destructiva. —Parece que ya no vas a despertar... Ahora muere. Sin embargo, antes de que el golpe fatal impactara, una sonrisa fría y retorcida se dibujó en los labios de la chica inconsciente. —¡¡¡...!!! Una luz cegadora, tan roja como la sangre misma, brotó violentamente de su cuerpo y se disparó en una columna gigantesca hacia los cielos, rasgando las nubes y haciendo temblar los cimientos del campo de batalla. Sorprendido por el cambio repentino de presión atmosférica y el peligro inminente, el Rey de la Lucha retrocedió rápidamente, cubriéndose el rostro mientras el aura abrumadora de Melissa Smith terminaba de despertar y tomar el control absoluto del cuerpo. —Funcionó... Esta vez seré yo quien te elimine, bastardo —dijo Melissa con una voz completamente cambiada, gélida y cargada de una autoridad sanguinaria que no pertenecía a la chica de antes. El Rey de la Lucha, recuperando la compostura tras la sorpresa inicial, soltó una carcajada burlona mientras ajustaba su postura. —¿Qué demonios...? ¿Matarme? Jajaja, ¿acaso estás loca? Solo mírate, esta es nuestra verdadera diferencia... eres débil. Una risa baja y siniestra escapó de la garganta de Melissa Smith mientras la columna de luz carmesí se condensaba a su alrededor, formando una armadura de aura pura y densa. Sus ojos brillaron con un matiz asesino que paralizó por un instante al abismal. —¿Te atreves a llamarme débil sabiendo que solo acabarás en una tumba donde los muertos no hablan? —sentenció ella, dando un paso al frente que hizo colapsar el suelo bajo sus pies—. Solo alguien como tú jamás podría entender nuestras diferencias... y te las demostraré ahora mismo. Avancé con paso firme mientras mi guadaña brillaba con una intensidad deslumbrante. Chispas de fuego y maná carmesí estallaban a lo largo del filo, e incluso mis ojos comenzaron a arder con el mismo resplandor sanguinolento, demostrando el verdadero alcance de mi mayor fuerza. El suelo tembló y las grietas bajo mis pies se rompieron en pedazos por la sola presión de mi aura. —¡¿...?! ¡¿Qué mierda?! ¿De dónde sacó tanta fuerza? Mierda... —maldijo el Rey de la Lucha, dando un paso atrás por instinto mientras abría los ojos con verdadero desconcierto. —¿Qué pasa? ¿Acaso no vas a pelear? —dije con una sonrisa helada y burlona—. ¿O te dio algo de horror al sentir mi poder? Patético. Desaparecí de su vista en una fracción de segundo. Aparecí de frente atacando sin piedad, y él, reaccionando desesperadamente, hizo lo mismo para defenderse. Nuestras armas chocaron con un impacto brutal que generó una onda de choque devastadora. Sin embargo, el ritmo del combate había cambiado por completo: bloqueaba y esquivaba cada uno de sus golpes a una velocidad tan endiablada que ni siquiera él, con todo su rango supremo, era capaz de rozarme o conectar un solo ataque. «Si logro derribarlo, sería más fácil que nadie lo note. Además, siento que alguien viene en esta dirección... Por eso debo acabar con él ahora. Bueno...» Pensé en la posibilidad de matarlo de un solo golpe, pero la verdad es que me daba flojera. Tras haber luchado con él en mi mundo, conocía perfectamente cada uno de sus movimientos y cada uno de sus ataques, aunque si lo comparaba con el de mi época, este era infinitamente más fuerte. Hace tiempo, desde que luché contra Carlos y Angélica, me hicieron darme cuenta de algo, al igual que el elfo Saleh: un poder desmedido no te lleva a la victoria, sino a la derrota si no eres lo suficientemente autosuficiente para defender aquello que es indefendible. Una sonrisa siniestra se dibujó en mi rostro. «Esto será divertido. Mientras nadie venga a interrumpirme, te mataré sin piedad, Rey de la Lucha. Vengaré las muertes de mis amigos en el pasado... y también la muerte de mis padres.» El Rey de la Lucha dio medio paso atrás, sintiendo cómo se le erizaba la piel ante la aplastante presión. —Algo anda mal aquí... ¿Qué es esa sed de sangre? ¿Acaso lo que siento es una venganza digna de morir? —murmuró entre dientes, tragando saliva con dificultad. La situación estaba en un nivel completamente diferente. Lo que estaba presenciando no era un simple ataque; era una atmósfera tan destructiva que podía matarlo en cuestión de segundos. Aquella luz cegadora y carmesí lo estaba intimidando como jamás nada en su vida lo había logrado. No le di tiempo ni para pestañear. Me impulsé hacia adelante, desvaneciéndome en el aire antes de que su mente pudiera procesar mi trayectoria. Un estallido de velocidad pura agrietó el suelo a mi paso, apareciendo justo encima de él con la guadaña alzada. El filo carmesí descendió en un corte vertical devastador que devoró la luz del lugar. El Rey de la Lucha reaccionó por puro instinto de supervivencia, cruzando ambos brazos imbuidos en una densidad abrumadora de maná abismal para intentar bloquear la estocada. —¡No me subestimes, maldita humana! —bramó con rabia, apretando los dientes mientras sus pies se hundían varios metros en la tierra por el peso de mi impacto. —No te subestimo —respondí con una frialdad matemática en la voz, mirándolo desde arriba con unos ojos desprovistos de cualquier rastro de piedad—. Sé exactamente lo imperfecto y predecible que eres. Sin romper la presión de la guadaña, giré el cuerpo en el aire y le asesté una patada envuelta en fuego sagrado directamente en el rostro. El impacto resonó como una detonación de artillería, fracturando el casco de energía que protegía su cabeza y mandándolo a estrellarse violentamente contra la base de una montaña lejana. La montaña entera se agrietó de arriba abajo, sepultándolo bajo toneladas de roca calcinada. Sin embargo, no bajé la guardia. Sentía la presencia que se aproximaba a lo lejos y el temblor de la isla empeoraba a cada segundo; las columnas de luz destructiva continuaban perforando el cielo, desgajando el terreno en pedazos que caían al abismo. —Sal de ahí —ordené en seco, bajando lentamente al suelo y apoyando el mango de la guadaña sobre las ruinas—. Sé que un golpe así no es suficiente para apagar la arrogancia de un Rey Abismal. Demuéstrame si realmente valió la pena que tomara el control para este combate. —¡Maldición, maldición! Tengo que pensar, tengo que hacer algo... Si dejo que ella continúe, acabaré aquí —maldijo el Rey de la Lucha mientras emergía de los escombros, escupiendo sangre y tratando de estabilizar su aura descontrolada—. Esta magia es demasiado agresiva... ¿En qué momento se volvió un monstruo? Apretó los puños con rabia, sintiendo cómo las llamas quemaban su carne y consumían su energía abismal a una velocidad aterradora. —No puedo morir... y mucho menos caer ante una mujer. Estas llamas son tan ardientes como el verdadero fuego del fénix... ¡¿Acaso tú eres alumna del Fénix Plateado?! —¿Ah? ¿El Fénix Plateado? —soltó una risa seca y despectiva, avanzando con paso firme mientras el brillo carmesí de sus ojos se intensificaba—. Te equivocas. Él ni siquiera está a mi nivel. ¿Crees que un fénix es capaz de vencerme? Levantó la guadaña con una mano, haciendo que el fuego alrededor del filo adoptara una densidad casi sólida, lista para ejecutar el golpe final. —Tengo más experiencia en combate, tanto en magia como en todo. Nadie pudo vencerme jamás; solo fui aniquilada, pero esa es otra historia... Ahora solo quiero una simple cosa: borrarte de la existencia. —¡No me subestimes! —grité con todas mis fuerzas, perdiendo el control por completo mientras mi cuerpo comenzaba a mutar grotescamente para convertirme en un verdadero monstruo. Mis brazos se expandieron a un tamaño descomunal, desgarrando mi piel hasta volverse extremidades afiladas como navajas que sostenían un hacha de pura energía oscura. De mi cabeza brotaron dos cuernos enormes y retorcidos que emanaban una densidad abrumadora de maná abismal, haciendo que la propia tierra cediera bajo el peso de mi transformación. —¡Te aplastaré, maldita sabandija! —rugí, con una voz monstruosa que hizo retumbar los restos de la isla en colapso. Sin inmutarme, Melissa Smith solo me miró de reojo con una fría sonrisa de desdén. —Qué patético... Creer que por hacerte más grande y feo tienes alguna oportunidad —murmuró, girando la guadaña sobre sus hombros con una elegancia aterradora—. Ven, monstruo. Enséñame qué tan rápido puedes sangrar. Me lancé hacia ella a una velocidad sobrehumana para mi enorme tamaño. Blandí el hacha oscura con un movimiento horizontal capaz de rebanar montañas enteras, levantando una ola de impacto y destrucción que pulverizó las ruinas a nuestro alrededor. —¡Muereeee! —rugí, descargando todo el peso de mi forma monstruosa. Sin embargo, Melissa Smith ni siquiera se molestó en bloquear. Con un movimiento fluido y milimétrico, se inclinó hacia adelante, pasando por debajo del filo del hacha. El viento generado por mi propio ataque despeinó su cabello, pero su mirada carmesí jamás perdió la fijación en mi cuello. En una fracción de segundo, la guadaña trazó una trayectoria circular perfecta. Un destello de fuego estelar y maná denso cortó la carne de mi brazo mutado como si fuera papel. El hacha oscura, junto con mi enorme extremidad derecha, salió volando por el aire antes de que pudiera sentir el dolor. —Demasiado lento —susurró su voz justo detrás de mi oído. —¡¿Cómo...?! —intenté girar mi enorme cuerpo para atacarla con la otra mano, pero mi propia masa corporal me jugaba en contra. —Tu fuerza aumentó, pero sacrificaste tu agilidad por pura desesperación —sentenció ella, apoyando un pie sobre mi espalda para impulsarse hacia el aire—. En una batalla real, un objetivo grande y torpe solo es una diana más fácil de decapitar. Desde arriba, Melissa Smith hizo girar la guadaña a una velocidad cegadora, condensando todo su maná en el filo hasta que este adquirió un resplandor sangriento y deslumbrante. La luz iluminó las nubes oscuras del cielo, opacando la destrucción de la isla por un brevísimo instante.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 287

Estás leyendo el capítulo 287 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 4 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.