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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 286 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
El Dios Nocturno esbozó una sonrisa triunfal, listo para asestar el golpe definitivo contra mi pecho, pero antes de que pudiera dar un solo paso, el suelo tembló con una vibración retumbante. De la oscuridad surgieron sombras vivientes transformadas en eslabones que se proyectaron a una velocidad ciega. En un parpadeo, docenas de cadenas pesadas y cargadas de un maná abrasador envolvieron violentamente el cuerpo del Dios Nocturno, apresando sus brazos, piernas y torso con una presión tan brutal que sofocaron su aura carmesí al instante. La entidad forcejeó con rabia, pero la atadura ni siquiera se inmutó. —Oh, parece que llegué justo a tiempo —dijo una voz serena y profunda. De entre la polvareda emergió la figura de un hombre alto, de cabello café que caía levemente sobre su frente y unos ojos claros que emitían un brillo imperturbable en medio del caos. —No puede ser... —murmuró Inglis, dando un paso atrás con los ojos abiertos de par en par. —¿Tú...? —Fer y Emilia se paralizaron de golpe. Un escalofrío recorrió sus espaldas al sentir la inconfundible y abrumadora presencia de uno de los suyos—. ¿Octavio...? —Oh, hola Fer. Ha pasado una eternidad, ¿verdad? —dijo Octavio con una actitud extrañamente relajada, cruzándose de brazos mientras avanzaba con paso firme—. Perdón por haber despertado de mi largo sueño, pero ver que mi tonto y estúpido líder está en problemas... no iba a dejar que muriera aquí. El Dios Nocturno rugió enfurecido, sacudiendo el cuerpo de Shiro para intentar romper la opresión de los eslabones que le quemaban la piel. —¡¿Cómo es posible?! ¡Estas cadenas...! ¿Por qué no me puedo salir de ellas? —bramó la entidad con la voz distorsionada por el desconcierto—. ¡¿Quién diablos eres tú, humano?! —Yo soy Octavio Shisu —respondió con una mirada gélida y una calma absoluta—. Soy el guardián número 68... el último de los guardianes. Trate de levantar la cabeza desde el suelo, apretando los dientes mientras la sorpresa chocaba contra mi cansancio. —¿Por qué viniste aquí, Octavio? Pensé que nunca despertarías... —Eso pensaba —contestó suspirando, dirigiéndose directamente hacia mí sin quitarle el ojo al enemigo—. Pero desperté cuando sentí su muerte. Es raro no verte, pero los demás me han preguntado por qué había despertado de un sueño profundo, y la razón es simple: todo el hecho de esta larga vida ha sido muy duro para usted, Carlos. Pero no se preocupe, ya estoy aquí... no tenías por qué extrañarme, niño llorón. —Oye, oye, ¡más respeto! —espeté a regañadientes, intentando recomponerme entre las secuelas del combate. —¿Ah? ¿Respeto? Mira quién lo dice —soltó Octavio con una media sonrisa burlona—. El que casi destruye una nación entera en los últimos años de nuestras vidas. En sí, detecté que estabas en peligro, por eso salí. Porque estos tipos son muy irresponsables. —¡¿Qué?! ¡¿A quién le dijiste eso, idiota?! —bramó Fer, dando un paso al frente con las venas marcadas en el cuello. —Vamos, Fer, no es personal —le restó importancia Octavio con una maniobra despectiva de la mano—. Aunque seas el sol más fuerte, no significa que seas inteligente. Eres torpe, un engreído, arrogante... —¡Ah, maldito estúpido! —gruñó Fer, retenido únicamente por la tensión del momento. Octavio giró ligeramente el rostro, clavando su mirada clara en el resto del grupo. —Y sobre ti, Inglis, ¿qué demonios te pasa ahora? Oye, ya casi dejas que maten a Carlos, ten algo de dignidad. Y sobre todo tú, Emilia... Emilia dio un paso al frente, mirándolo fijamente con una mezcla de asombro y alivio. —Al fin nos vemos, ¿verdad? —Por supuesto, Octavio. No sabía que ya habías despertado —respondió ella con la voz firme pero suave. —No tienes por qué decirlo —suspiré profundamente, desviando la mirada hacia Shiro antes de enfocar nuevamente a Emilia con la misma actitud de siempre—. Vine a detener a esta cosa... Sigues igual de siempre, Emilia. —Si nada ha cambiado en mí, sigo siendo la fría de siempre —respondió Emilia con una ligera inclinación de cabeza y la mirada imperturbable—. Gracias por usar tu poder ahora; al fin podemos liberar a Shiro de ese loco. —Antes de eso, Emilia... o mejor dicho, ustedes, por favor escúchenme —interrumpió Octavio, perdiendo de golpe la actitud ligera y adoptando una expresión sombría—. En estos momentos estamos en graves problemas. Parece que Zeus está aquí... ¿o me equivoco? Octavio lanzó sus cadenas de energía a través de las sombras, pero a medio camino se detuvieron en seco, resonando violentamente al chocar contra un muro de maná implacable que las neutralizó con una facilidad abrumadora. —Vaya, ¿para ser alguien como tú, llegar a este nivel, verdad? —resonó una voz imponente y grave que hizo retumbar los cimientos de la tierra. De entre las grietas del suelo calcinado emergió una figura envuelta en destellos de relámpagos dorados. La presión atmosférica cayó de golpe, obligando a todos a contener el aliento. —Zeus... ¿qué haces aquí? —dijo Josué Tanaka, ajustando la postura y midiendo la distancia con el recién llegado. —Vine aquí por las Doce Grandes Familias —contestó Zeus, manteniendo la mirada serena pero cargada de una autoridad absoluta—. Estaban preocupados por esta situación, por eso decidí venir. Y sobre todo, nunca me imaginé que se trataba del Dios Nocturno y los Abismales... Una carcajada desquiciada rebotó en la boca poseída de Shiro, cortando la tensión del ambiente con pura provocación. —¡Jajaja! ¿Aún sigues con vida, Zeus? No eres digno de ser un dios después de la muerte digna que le di a tus camaradas. Jajaja, ¿qué se siente quedarse solo? Antes de que la carcajada terminara de resonar, una espada de luz pura cayó desde el cielo como un meteorito radiante, clavándose con precisión milimétrica a milímetros del brazo del Dios Nocturno y cercenando el aire alrededor. —Hablas mucho para ser un dios que perdió la humanidad dentro de sí mismo —sentenció Zeus, con los ojos echando chispas de luz dorada—. Tú tampoco mereces ser un dios y lo sabes. Has cruzado el límite de la humanidad. Tanto tú como el dios de la guerra Daniel han causado un gran alboroto. El dios ancestral observó el panorama de destrucción, ajustando el mango del rayo en su mano mientras el cielo rugía sobre ellos. —Este evento se decidió cancelar. Logramos sacar a todos, pero estoy buscando a Hades y al dios de la guerra. Lo más probable es que estén con esa chica, Lucía, junto con los representantes de las diferentes razas. —En fin, voy a liberar a esta chica poseída... —dijo Zeus, dando un paso firme hacia adelante y alzando la mano imbuida en luz dorada. —¡No lo creo! —rugió una voz gutural y desgarradora. Satán brotó bruscamente desde las sombras a espaldas de Zeus, proyectando sus garras bañadas en maná corrupto directo hacia el cuello del dios ancestral. Pero antes de que pudiera tocarlo, una ráfaga de viento helado cortó el aire. Emilia interceptó la trayectoria en una fracción de segundo. Con un movimiento veloz y devastador, impactó una patada cargada de energía pura contra el torso de la criatura, mandando a Satán a volar violentamente por los aires a través de varios kilómetros de escombros hasta colisionar contra las montañas del fondo. —Qué cobarde, atacando por atrás —espetó Emilia en seco, sacudiéndose el polvo del hombro con absoluta indiferencia y la mirada gélida—. Lo bueno es que me di cuenta antes, abismal de mierda. —¡Maldita humana! —bramó Satán, emergiendo de las ruinas con los ojos inyectados en sangre. Corrió violentamente hacia esa mujer, desatando una ráfaga demencial de zarpazos y estocadas oscuras que cortaban el aire como guadañas. Pero cada uno de sus impactos chocaba contra una pared invisible. ¿Cómo demonios era posible que bloqueara sus ataques sin ceder un solo milímetro? —Ahora ya no me voy a contener —sentenció Emilia con una frialdad absoluta. Levantó su mano y canalizó su maná de golpe, invocando la magia ancestral: Agujero Rojo. En un instante, una esfera de masa carmesí y densa comenzó a expandirse violentamente en el centro del campo de batalla. El agujero creció a una escala monumental, generando una fuerza de atracción implacable que empezó a devorar y absorber todo a su paso, arrastrando las rocas, la materia abismal y la energía que Satán intentaba acumular en sus manos. Las llamas incandescentes que brotaban del núcleo del agujero rojo envolvieron la carne de la criatura. Satán comenzó a convulsionar y a emitir un grito desgarrador de puro dolor mientras el fuego sagrado consumía su poder abismal desde el interior. —Largo —ordenó Emilia en seco, cerrando el puño para hacer colapsar la magia y expulsar los restos del monstruo fuera de nuestra vista. El Dios Nocturno quedó en shock al ver lo que le había ocurrido a Satán. Observó la escena con los ojos desencajados, incapaz de asimilar la abrumadora demostración de fuerza que acababa de presenciar. —¿Cómo es posible que tengas esa clase de poder y magia...? —murmuró la entidad, retrocediendo un paso ante la presencia de Emilia. Zeus dirigió su mirada hacia ella, mostrando un gesto de sincero respeto por primera vez en toda la batalla. —Es increíble, mujer... ¿Cómo te llamas? —Mi nombre es Emilia, Zeus —respondió ella en seco, manteniendo la postura erguida y la mirada serena. —Es un honor conocerte. Después de todo esto hablaremos de lo que pasará, pero ahora solo me queda usar mi espada de expulsión de almas malignas —declaró el dios ancestral, alzando su arma envuelta en destellos dorados. —¡No dejaré que te salgas con la tuya, Zeus! —bramó el Dios Nocturno a través de Shiro, retorciéndose de rabia contra las cadenas de Octavio—. ¿Tanto para que tú solo quieras robar todo el poder? ¿Crees que no me doy cuenta de lo que has estado haciendo durante mil años? ¡Sé todos tus plans! Sé que de lo que haces te vas a arrepentir tarde o temprano. La falsedad de los dioses va a caer poco a poco... Se creen dioses cuando se dan la espalda unos a otros, ¡como lo hiciste con ese muchacho, el Rey de los Héroes, al que tú mismo me vendiste para matarlo a sangre fría! Una risa desquiciada rebotó en el campo de batalla mientras la entidad escupía sus palabras cargadas de veneno. —Fue el único capaz de hacerme frente... ¡Tú jamás podrás ser como él solía ser, porque tenías envidia de que fuera más fuerte que tú! ¡Jajaja! Aunque logres separarme de Shiro, ella siempre vendrá por mí. Aunque quieras separar el destino, él me buscará para matarme... ¡Jajaja! De pronto, una luz cegadora iluminó todo el lugar, descendiendo del cielo e interrumpiendo las palabras del Dios Nocturno. El resplandor se disipó para revelar a Shirou, el hermano mayor de Shiro, quien había llegado al frente de batalla acompañado por Kratos, Mael y María. —Tal vez tengas razón, Dios Nocturno... Mi hermana es capaz de todo, la conozco más que nadie en el mundo. Pero tú... no voy a dejar que la vuelvas a usar —sentenció Shirou, advancing firme con la mirada llena de determinación. —Sabes muchas cosas, Dios Nocturno —dijo Zeus con frialdad implacable. Sin vacilar, Zeus alzó su espada y le cortó un brazo al cuerpo de Shiro para cercenar de golpe el flujo de poder del parásito. —¡¿Qué crees que estás haciendo, Zeus?! —gritó Shirou al ver cómo dañaba a su hermana—. ¡Maldito! ¡¿Por qué...?! —Lo hago por el bien de todos ustedes —interrumpí Zeus, sosteniendo el arma con firmeza—. Debes entenderlo, es por el bien de ustedes. ¿Acaso no te das cuenta de que están siendo cazados por ellos? Debes saber la verdad: el Dios Nocturno ha absorbido todo el poder de los Nocturnos; por eso aniquiló a todos, e incluso a los otros clanes. Él tiene el poder de todos ellos —añadió, clavándole una mirada amenazante. —¡Detente, Zeus! —intervino Josué, dando un paso al frente—. Por favor, déjala vivir, ella no tiene la culpa... —Josué, por más que quisiera hacerlo, no puedo. Ella ya mató a los sobrevivientes de los héroes legendarios. La muerte de tu hijo Abraham... todos están en peligro. —Te refieres al Dios Demonio, ¿verdad, Zeus? ¿Al que tanto le temes? —interrumpí. Al escuchar ese nombre, Zeus quedó completamente paralizado. —Carlos... acaso tú... —Sí, padre. Luché contra él, pero casi muero en la batalla. Pero sobre todo, él vendrá para gobernar este mundo con todo su poder —afirmé, dejando brotar de mi rostro un aura sofocante y cargada de una sed de sangre pura—. La droga es muy peligrosa y lo sabes, ¿verdad, Zeus? Esa droga del Dios Demonio de la Destrucción consumió a Drako. Tuve que matarlo a sangre fría. Ahora quiero preguntarte algo, Dios Nocturno: ¡¿cómo diablos es que revivieron al Minotauro?! Shirou y Zeus quedaron impactados al instante. Josué también dio un brinco del asombro. —¡¿Qué diablos dices?! ¡¿Que el Minotauro ha sido resucitado?! —Eso es imposible... Si hace tiempo mi hermana acabó con todos ellos, ¿cómo diablos lo revivieron? Espera... ¿acaso usaron la Reliquia Sagrada de Dios? —dedujo Shirou, abriendo los ojos con horror. —Parece que eres muy inteligente, Shirou —respondió el Dios Nocturno a través de la agonía del cuerpo de Shiro, dejando escapar una sonrisa macabra—. Así es, usaron la reliquia. Pero esto no se trata solo de traer a alguien a la vida, y tú lo sabes mejor que nadie... a lo que me refiero. —¡¿Por qué quieren hacer todo esto?! —demandó Shirou. —Cosas que todos nosotros debemos hacer —sentenció la entidad con tono gélido—. Ustedes jamás comprenderán lo que realmente es el mundo tal cual. —De todas formas ya conseguí lo que quería. Ya tengo lo que realmente Gabriel quiere, así que, ¿por qué no acabas con todo esto, Zeus? Cuando nos veamos en persona te vas a arrepentir de todos estos largos siglos de tu vida, donde tus propios aliados te den la espalda. El sol se paga con la misma moneda de oro, y el oro es lo que recompensa a quien lo desafía. —Verte así me da una pena... Que alguien como tú se haya convertido en un monstruo, Dios Nocturno. En fin, dile adiós... —¡Detente, Zeus! La espada de luz atravesó la cabeza de Shiro, liberándola al instante del control del Dios Nocturno. Sin embargo, antes de que la presencia de la entidad se desvaneciera por completo del cuerpo inerte de la chica, soltó una última carcajada que nos llenó a todos de horror. —¡Jajaja! ¡Jajaja! Bien hecho, Zeus... Ahora morirán todos. La isla ya no podrá seguir de pie. El suelo bajo nuestros pies empezó a temblar con un rugido subterráneo. Una fuerza destructiva inmensa se liberó desde las profundidades y el lugar entero comenzó a estallar en una reacción en cadena. Las rocas se pulverizaban y enormes grietas de energía inestable devoraban la superficie a una velocidad vertiginosa. Por otro lado, lejos del epicentro del combate, todos los representantes junto con Melissa, Freya, María, Mei y Miguel sintieron el brutal temblor que sacudió la isla entera. Varias columnas de luz destructiva salieron disparadas desde el suelo, perforando el cielo y desintegrando todo a su paso. —¡Maldita sea! ¡Todos corran! —gritó Miguel, intentando mantener el equilibrio mientras el terreno a su alrededor se desmoronaba. La tierra colapsaba y el margen para reaccionar se reducía a segundos. Atrapados entre el fuego, los escombros y la inminente caída de la isla, la única prioridad que nos quedaba era sobrevivir. —¡Tenemos que encontrar una forma de salir de aquí! De repente, el suelo bajo Melissa colapsó por completo y cayó hacia la grieta, mientras decenas de abismales aparecieron de la nada rodeando el perímetro y atacándola con garras cargadas de maná corrupto. —¡Nooo! ¡Melissa! —gritó Freya, intentando lanzarse al vacío para alcanzarla. —¡Ustedes sigan sin mí! Yo me encargaré de ellos —sentenció Melissa, reincorporándose de un salto entre los escombros y desenvainando su espada con determinación impecable—. Busquen a Carlos y díganle que use su magia de teletransportación, ¡es la única manera! —¡No! ¡No me niego a aceptar eso! —protestó Freya con lágrimas de impotencia en los ojos. —¡Tienen que hacerlo, ¿entienden?! —bramó Melissa mientras bloqueaba la primera embestida abismal, haciendo saltar chispas en la penumbra—. ¿De qué sirve ser una caballero si no lo das todo? Confía en mí, Freya... por favor, chicos. —¡No te atrevas a morir aquí! —advirtió Mei, apretando los puños con rabia contenida mientras el grupo comenzaba a replegarse. —Lo sé... —respondió Melissa con una ligera sonrisa antes de encarar a la horda que se abalanzaba sobre ella. —Supongo que no podemos quedarnos a ayudarte, ¿verdad? —dijo Miguel con amargura, sujetando a Freya para obligarla a avanzar antes de que el terreno terminara de derrumbarse por completo. Antes de dar un solo paso más, Freya se detuvo en seco, sintiendo cómo una energía sumamente densa e impresionante comenzaba a brotar del cuerpo de Melissa Ogawa. Al girar la cabeza hacia las ruinas, lo vio claramente: justo detrás de la figura de Melissa, una sombra colosal se reflejó en medio del polvo y las explosiones. La silueta pertenecía a un hombre alto, con una postura imponente y una sonrisa bastante juguetona dibujada en el rostro, observando el campo de batalla como si todo fuera un simple juego. —¿Acaso ese señor... es su padre? —murmuro Freya con los ojos abiertos de par en par, incapaz de apartar la mirada de la abrumadora presencia que acababa de despertar. Un escalofrío recorrió la espalda de Freya mientras la sombra del antiguo caballero se alzaba imponente y protectora detrás de la chica, disipando la opresión de los abismales con su sola presencia espectral. —Tú eres Henry... el caballero que murió dando la vida por sus compañeros —murmuró Freya con la voz entrecortada por la emoción—. Es increíble ver a un fantasma mirando a su hija. Has sufrido mucho, ¿verdad, Melissa? Tras perder a tu padre, aún sigues adelante... Él te está observando. Aunque tú no lo sientas, él siempre te mira. Eres el mayor orgullo para tu padre. Melissa se detuvo un instante en medio del caos, sintiendo cómo una calidez inexplicable envolvía sus hombros y le devolvía las fuerzas. Aunque no podía ver la figura de Henry a sus espaldas, la silueta del fantasma le dedicó una última sonrisa juguetona y orgullosa a su hija antes de cruzar su mirada con Freya y asentir en silencio. Con el respaldo invisible de su padre y la bendición de su linaje, Melissa blandió su espada con un brillo renovado, cortando el avance de las hordas oscuras mientras el resto del grupo aprovechaba esa brecha definitiva para correr al encuentro de Carlos.
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Estás leyendo el capítulo 286 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 3 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.