Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 285 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—¿Esto tiene algún sentido, verdad? ¿No te parece lógico, padre? ¿O acaso no albergas ninguna clase de dudas sobre mí?
—¡Padre, no le hagas caso a lo que diga mi hermano traidor! Tienes que saberlo: él masacró a todos durante estos años, no puedes simplemente dejarlo pasar...
—¿Tienes alguna prueba?
—¿Qué?
—Carlos, algo muy mal está pasando aquí —dijo Inglis, con la mirada tensa—. Parece que tu padre cayó en las redes de las palabras de tu hermano. Por ahora no hagas nada imprudente, déjamelo a mí, ¿sí?
Girando hacia el resto del equipo, continuó con firmeza:
—Emilia, Fer, ¿ustedes qué harán? Nosotros nos encargaremos de Satán. ¿Y tú, mi señor, intentarás hacer algo más en esta situación?
—Lo único que quiero es acabar con esto de una vez por todas —respondí con un suspiro pesado—. Es difícil, si tan solo las cosas no hubieran terminado de esta forma...
—Es un golpe duro, Carlos, pero tenemos que aceptar la realidad tal como está ahora —apoyó Emilia con voz sombría—. Por momentos es difícil asimilar cómo terminaría todo esto... A lo lejos puedo ver el panorama y parece que...
—Sí, ya lo sé, mi clon fue derrotado —interrumpí sintiendo el eco de la destrucción—. Eso quiere decir que logró su objetivo, y eso es malo. Emilia, sabes perfectamente lo peligrosa que es Shiro, por más que sea una enana idiota... pero, ¿qué se le va a hacer?
—Tendré que... Erick, llévate a Ascan y a mi hermana Karen ahora mismo.
—Entendido, mi señor. Bueno, nos vemos luego...
—... Carlos, antes de que me lleven —dijo Ascan con dificultad, tosiendo sangre mientras apretaba el brazo de Erick—. Tienes que saber que ese poder que crece en él no le pertenece... Tienes que matarlo.
Las palabras de Ascan quedaron suspendidas en el aire cargado de ceniza y ozono, perforando la mente de Carlos como una cuchilla helada. Mientras Erick cargaba con cuidado el cuerpo semiinconsciente de Ascan y sostenía firmemente a Karen —cuyos ojos estaban anegados en lágrimas de impotencia y rabia contenida—, la tensión en el grupo alcanzó un punto de quiebre.
Inglis dio un paso al frente, ajustando las empuñaduras de sus armas con una frialdad calculadora que ocultaba la profunda preocupación de su mirada. Sabía que la advertencia de Ascan no era un delirio de la agonía; el incremento anómalo de la energía oscura y temporal solo indicaba que alguien estaba manipulando los hilos desde las sombras, alimentando a un monstruo que amenazaba con devorar lo que quedaba del mundo.
—No podemos permitir que nos dividan ahora —murmuró Inglis, evaluando las heridas de sus compañeros con rapidez—. Si ese poder no le pertenece, significa que hay una fuente, un anclaje que debemos cortar antes de que el colapso sea definitivo.
A lo lejos, el eco de la masacre entre Kronos y el patriarca Josué reverberaba como truenos sordos en un cielo de azufre. La presencia de Satán latía con fuerza opresiva, expandiendo un aura de locura que contaminaba el aire y ponía a prueba la cordura de todos los presentes. Carlos, con las manos aún temblando tras el cataclismo de su propio clon, sintió cómo la ira y el peso de la responsabilidad volvían a encenderse en su pecho. El margen de error se había reducido a cero, y la sombra de una traición familiar más profunda de lo que imaginaban se cernería inexorablemente sobre su siguiente paso.
Caminé de frente hacia él, y mi hermano hizo lo mismo; nos miramos cara a cara, midiendo cada respiración en medio de la tensión acumulada.
—¿No has notado algo diferente en mí, eh? —soltó con una mueca burlona.
—Cállate, solo deseo acabar con esto de una vez por todas para así poder vivir en paz y no ser una más de tus malditas marionetas, Kronos. ¡Esto se terminará aquí y ahora!
—Ah, ¿eso planeas hacer, no?
Sin decir más, comprendí que todo estaba mal aquí; Inglis y Ascan tenían razón: ese poder suyo ni siquiera le pertenece. ¿Quién demonios eres en realidad?
—Eso jamás te lo diré. Uno no debe saber las cosas ocultas del mundo; tú serás mi herramienta perfecta, y un día de estos me lo agradecerás. Por cierto, no voy a luchar contigo directamente; alguien más lo hará en mi lugar. Espero que te guste este espectáculo que te preparé...
El aire se volvió helado y pesado al notar la absoluta verdad en sus palabras.
—¿Qué demonios está pasando? ¿Por qué mi cuerpo tiembla de esta manera? —dijo Inglis pensativa, con los ojos abiertos de par en par—. Espera un segundo... esta energía es imposible, no puede ser que...
—¡Líder, esquiva eso ahora! —grité con desesperación.
Emilia no se percató a tiempo.
Una silueta corría por todo el lugar a una velocidad demencial, cazando su presa como una bestia desatada: era Shiro, completamente poseída. Se dirigió hacia mí sin darme el margen necesario para reaccionar, y de un segundo a otro, el tiempo pareció congelarse ante todos nosotros... Maldición, ¿por qué pasa esto ahora?
Nuestras miradas se cruzaron justo en el umbral del ataque.
—Al fin te encontré, Tanaka Sánchez... —resonó la voz cargada de una macabra satisfacción a través de los labios de Shiro, mientras la hoja del destino se cernía sobre el tiempo detenido.
El choque de nuestras armas fue tan devastador que ni siquiera logré bloquearlo por completo; salí disparado muy lejos a través del campo de batalla. Fer e Inglis se prepararon de inmediato para contraatacar, pero ella los hizo retroceder con un solo y despectivo movimiento de su mano.
Emilia no se contuvo; avanzó sin importarle el peligro inminente y se lanzó al ataque, pero yo la detuve en seco cruzándome en su camino con una mirada gélida.
—Veo que has logrado tu objetivo, Dios Nocturno, pero parece que no te quedó clara mi advertencia, ¿verdad? —bramé, sintiendo cómo la sangre me hervía en las venas—. Tal vez hayas humillado a muerte a Eime, ¡pero conmigo no va a suceder nada de eso, maldita escoria!
Mi ataque había ido demasiado lejos. Al observar el panorama, supe con absoluta claridad que Shiro había perdido el control, probablemente atormentada por la visión aterradora de aquella batalla anterior.
—Tal vez te subestimé en aquel momento, Emilia. Tú eres diferente a esa chica... A diferencia de tu líder, alguien con tu temple debería estar bajo mi mando. Dime, ¿por qué no te unes a mí y construimos un mundo mejor?
—¿Unirme a ti? ¿Acaso te golpeaste la cabeza? —espetó ella con una sonrisa despectiva—. Yo jamás me uniría a alguien que es mucho más débil que yo. Yo soy leal a Carlos; como su primera guardiana, jamás lo cambiaría por nadie.
El Dios Nocturno ladeó ligeramente el rostro, sorprendido por la crudeza de la respuesta antes de esbozar una sonrisa sombría.
—Vaya, eres mucho más directa de lo que pensaba. Es curioso ver una lealtad tan firme... Aunque los mortales intenten pisotear las vidas de los demás, hay almas que brillan más que el oro y los diamantes en un reino como Luz del Sol, relegadas a las sombras de la oscuridad. Tanto tú como el caballero oscuro son seres difíciles de hallar en este mundo. Ahora entiendo perfectamente por qué él aún sigue respirando tras nuestra masacre en el imperio.
—Tienes razón, pero aun así te exijo que liberes a Shiro ahora mismo.
—Jajaja, lo siento mucho, pero eso no se podrá hacer. Además, tengo cosas mucho más importantes y mi prioridad es la sangre de Carlos. No sé por qué Gabriel exige tanto o por qué está tan obsesionado con él... Hay algo entre ellos que ocurrió en el pasado; bueno, yo sé qué pasó exactamente, lo vi con mis propios ojos, al igual que tú. Pero dime, ¿por qué no hiciste nada por ayudarlo? ¿Por qué ustedes no llegaron a tiempo para evitar su muerte? Solo una persona fue capaz de desafiarme...
El Dios Nocturno dio un paso pausado hacia adelante, marcando cada palabra con una crueldad abrumadora.
—Tú la conoces: la segunda persona que daría la vida por él. Yuki demostró ser leal hasta el final; dio su vida para vengarse de Gabriel y de Kronos, aunque logró masacrar a la mayoría, a excepción de Charlotte y Kratos.
—¿Quieres saber el porqué?
—Porque el Dios Nocturno los condenó a una muerte atroz si se atrevían a revelar la verdad de lo que habían visto. ¡Ese error los condujo directamente a la tumba!
—¿Sabes por qué Yuki jamás habló de ese tema, Tanaka Sánchez?
—¿Qué...? ¿De qué estás hablando?
—¿O acaso ni siquiera lo descubriste en tus recuerdos de ella?
—Debiste saberlo, mocoso: implanté una maldición. Si revelaban la verdad, sufrirían una muerte horrible, y ese suplicio se convirtió en el eterno trauma de Yuki.
—Déjame mostrarte este recuerdo...
Hace 32 años, en el pasado...
—¡Al fin los encontré! ¿Creyeron de verdad que podrían huir de mí? Ya es hora de que paguen por la traición a nuestro líder. ¿Cómo pudieron hacerle algo así, acaso...?
—Yuki, yo lo siento, yo, yo...
—¡Cállate, maldita zorra! ¿Pudiste hacer algo para salvarlo y aun así no moviste un solo dedo?
—¡Ya basta, Yuki! No voy a permitir que le hables de esa forma —interrumpí, apretando los dientes—. Tienes que escucharnos; nosotros no queríamos matar a Carlos, pero el Dios Nocturno nos controló y nos amenazó. Hay algo vital que debes saber: ese tipo ya no es Kronos, es un maldito dios usurpando su cuerpo. ¡No podemos permitir que se salga con la suya, nosotros...
Kratos se quedó completamente paralizado mientras unas sombras brotaban del suelo, atándolo de pies y manos, y unos tentáculos invisibles le perforaban el cuerpo entero. Al confesar la verdad, su fuerza se desvaneció lentamente, obligándolo a caer mientras veía cómo Charlotte y Yuki se quedaban petrificadas de terror.
—Kra... tos... —balbució Charlotte, soltando un grito desgarrador de puro pánico—. No, no quiero morir aquí, por favor Yuki, sálvanos, no queremos morir así, no queremos desaparecer, ¡no quiero, no quiero...
—¡No quiero! —gritó Charlotte entre sollozos inconsolables, aunque su súplica quedó incompleta de golpe.
Antes de que pudiera pronunciar una palabra más, su cabeza estalló en mil pedazos con una violencia implacable, teñiendo el aire de una densa lluvia de sangre y restos mortales que cayeron pesadamente sobre el suelo desolado, sellando su trágico final en medio del silencio del terror.
El eco del crudo estallido aún reverberaba en mis oídos cuando la realidad del pasado se desvaneció, arrastrándome de golpe de vuelta al presente, donde el frío aire del campo de batalla me devolvió la consciencia.
—¿Ves a qué me refiero, Tanaka? —continuó la voz del Dios Nocturno a través de Shiro, con una calma burlona que contrastaba con el horror de la escena que acababa de presenciar—. Esa es la clase de monstruo contra el que estás peleando. Tu propio hermano y las entidades que lo respaldan no tienen piedad ni con los suyos.
Apreté los dientes con tanta fuerza que sentí el sabor metálico de la sangre en mis encías. La ira, fría y punzante, comenzó a latir en mi pecho, desplazando el peso de la conmoción. Las piezas del rompecabezas encajaban de la forma más cruel posible: el sacrificio de Yuki, el trauma de una verdad silenciada a base de maldiciones y el control absoluto que el Dios Nocturno ejercía desde las sombras.
—No me importa qué clase de maldición o divinidad falsa estén protegiendo —le respondí, levantando la mirada con una determinación implacable mientras mis ojos azules volvían a chispear con esa energía verde azulada—. Si creen que pueden usar la muerte de mis camaradas y el sufrimiento de Yuki como un trofeo, están muy equivocados.
Dio un paso al frente, preparando el filo de mis armas mientras la tensión en el ambiente alcanzaba un punto insostenible. Shiro, atrapada en su propio cuerpo por la voluntad de la entidad, apenas podía emitir un temblor de resistencia en su interior, pero el verdadero enfrentamiento estaba por desatar su fase más destructiva.
—Si quieres mi sangre, vas a tener que arrancarla con tus propias manos —sentencié, proyectando mi maná con la fuerza de un huracán—. ¡Terminemos con esto de una vez por todas!
El aire se tornó irrespirable cuando la presión del maná colisionó, creando una onda expansiva que hizo añicos los escombros flotantes a nuestro alrededor. No hubo más palabras que intercambiar; el pasado había quedado atrás y el presente exigía sangre.
Con un movimiento vertiginoso, el Dios Nocturno se abalanzó sobre mí a través del cuerpo de Shiro, desatando una tormenta de cuchillas de materia abismal que cortaban el viento con un silbido letal. Me deslicé entre los proyectiles por puro instinto, sintiendo cómo el calor de las sombras rozaba mis hombros, y alcé mis espadas para interceptar su avance de frente.
El impacto resonó como un trueno metálico, sacudiéndome los brazos hasta adormecerlos, pero esta vez no retrocedí. Canalicé toda la energía acumulada, haciendo estallar chispas de un verde azulado que obligaron a la entidad a dar un paso atrás por la sorpresa.
—¡No voy a caer aquí! —bramé, transformando mi espada en una lanza de energía mística dispuesta a romper su defensa absoluta y arrancar la verdad de una vez por todas.
La colisión de nuestras fuerzas desató un cataclismo de maná puro que abrió grietas profundas en el suelo de obsidiana. La lanza de energía mística que sostenía se estrelló contra el filo abismal del Dios Nocturno, generando ondas de choque tan violentas que pulverizaron los fragmentos de roca suspendidos a nuestro alrededor.
—¿Crees que esa pequeña chispa de desesperación va a cambiar tu destino, Tanaka? —bramó la entidad a través de Shiro, intensificando el aura carmesí de Kuromi hasta teñir el cielo de un rojo sangriento.
Con un movimiento brutal, la entidad giró sobre su propio eje, desviando mi ataque con una fuerza desmedida y abriendo una brecha en mi guardia. El reingreso del golpe me arrojó hacia atrás, haciendo que patinara decenas de metros sobre los escombros mientras mis botas arrancaban chispas del suelo calcinado.
Antes de que pudiera recuperar el aliento, el Dios Nocturno ya se encontraba sobre mí, desatando una lluvia incesante de estocadas que simulaban un eclipse de sombras. Cada impacto hacía temblar mis huesos, pero apreté los dientes, negándome a ceder un solo palmo de terreno. La rabia por el sacrificio de Yuki y la sombra de la traición familiar alimentaban cada fibra de mi cuerpo.
—¡No voy a perder contra un parásito que se esconde detrás de una marioneta! —grité con furia incontrolable.
Canalicé lo último de mi maná interno, provocando que mis ojos brillaran con una intensidad furiosa de color verde azulado. El anillo en mi mano resonó con fuerza, invocando destellos de energía espectral que comenzaron a rodearme como un escudo viviente, listos para girar el curso de la batalla en este preciso instante.
El escudo viviente de energía verde azulada estalló en una onda expansiva cegadora que interceptó la lluvia de estocadas de Shiro con una violencia implacable. La fuerza del impacto hizo que la entidad retrocediera por primera vez, desestabilizando la postura del cuerpo poseído mientras la oscuridad a su alrededor parpadeaba con inestabilidad.
—¡Ahora, Carlos! —gritó Inglis a lo lejos, abriéndose paso entre los remanentes de energía oscura con las armas listas para cortar cualquier intento de escape.
No desaproveché ni un solo segundo. Con la velocidad de un relámpago, me impulsé desde el suelo agrietado, cerrando la distancia entre nosotros en una fracción de segundo. Alcé mi espada, ahora imbuida con todo el peso de la memoria de Yuki y la furia contenida de décadas de mentiras, y lancé un tajo vertical directo hacia el núcleo de la energía que controlaba a Shiro.
El filo atravesó el aura carmesí con un chillido ensordecedor de maná desgarrado. Un destello intenso cubrió todo el campo de batalla, y por un instante, el tiempo pareció detenerse de nuevo, dejando al descubierto la respiración agitada y los ojos desorientados de Shiro al borde del colapso, mientras el verdadero rostro de la entidad comenzaba a fracturarse desde el interior.
El brillo cegador de mi ataque se apagó de golpe, reemplazado por un silencio sepulcral que heló la sangre en mis venas.
En lugar de cortar el núcleo que poseía a Shiro, mi espada atravesó el aire vacío. O mejor dicho, atravesó una ilusión que se desvaneció en jirones de humo negro. Los ojos vacíos y desorientados de Shiro de repente recuperaron un destello de consciencia, pero antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, su cuerpo colapsó hacia adelante, cayendo pesadamente sobre los escombros.
—¿Qué...? —murmuré, sintiendo que el corazón se me detenía en el pecho.
Una risa fría, resonante y burlona comenzó a multiplicarse a nuestro alrededor, rebotando en las paredes invisibles de ese espacio distorsionado. No venía de Shiro; venía de todas partes y de ninguna a la vez.
—¿De verdad creíste que era tan fácil, Tanaka Sánchez? —la voz del Dios Nocturno se burló desde las sombras, tan nítida como si estuviera susurrándome al oído—. Te tragaste el cebo como un mocoso impaciente. Shiro nunca fue el objetivo... ella era tan solo el detonante.
—¡Carlos, aléjate de ahí ahora mismo! —gritó Inglis con una urgencia desesperada, corriendo hacia mí a toda velocidad.
Pero ya era demasiado tarde. El suelo bajo mis pies se abrió en una red de grietas geométricas de un rojo carmesí intenso. De las profundidades de la tierra brotaron cadenas de obsidiana pura, gruesas como troncos de árboles milenarios, que se dispararon hacia arriba con una velocidad imposible de esquivar. En una fracción de segundo, las cadenas se enrollaron alrededor de mis extremidades, aprisionándome con una fuerza aplastante que cortó mi respiración y apagó instantáneamente el maná verde azulado de mis armas.
Caí de rodillas, con los brazos inmovilizados contra el torso y la presión del maná enemigo comprimiendo mi pecho hasta hacerme sentir que las costillas iban a estallar.
—¡Líder! —exclamó Emilia, intentando avanzar hacia mí, pero una barrera invisible de energía oscura estalló frente a ella, lanzándola violentamente hacia atrás. Fer logró atraparla en el aire antes de que se estrellara contra los escombros.
—No se muevan —espetó la voz del Dios Nocturno, materializándose lentamente a unos metros de distancia, emergiendo de la negrura con una sonrisa sutil y calculadora—. Un movimiento en falso y aplastaré los pulmones de tu querido líder, junto con los patéticos restos de tus amigos.
Levanté la vista con dificultad, sintiendo el sudor frío mezclado con la sangre seca en mi frente. Mi cuerpo protestaba, las cadenas drenaban mi energía segundo a segundo, y la silueta del Dios Nocturno se alzaba triunfante ante mí, preparándose para dar el golpe final.

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 286
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 285
Estás leyendo el capítulo 285 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 2 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.