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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 284 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
No puedo permitirme perder aquí. ¿Cómo es posible que mi fuerza se agote de esta manera tan patética? Necesito encontrar otra forma de vencerlo, un resquicio, una falla en su absoluta divinidad. Si lo dejo libre, lo más probable es que vaya tras él; necesito crear una oportunidad con mis propias manos. Mi cuerpo ya no responde, los músculos queman y los huesos rotos claman piedad, pero eso no significa que tenga que caer aquí como el débil que soy. Tengo que superar mis propios límites, romper la pared que separa mi desesperación de la victoria. Yo... Mis ojos azules se abrieron de par en par, brillando con una intensidad furiosa mientras chispas de un verde azulado estallaban a mi alrededor, desprendiendo una energía pura que reflejaba una determinación implacable. —No debo caer aquí, no ahora —susurré apretando los dientes—. El tiempo se agota y el reloj interno marca que me quedan diez minutos exactos. Diez minutos en los que todo lo que haga, cada sacrificio y cada golpe, dependerá enteramente de ti, mi yo original. Me puse de pie con un esfuerzo sobrehumano, sosteniendo mis dos espadas con firmeza a a pesar de que el temblor en mis brazos amenazaba con soltarlas. Avancé a través del campo de batalla mientras el entorno se convertía en mi punto ciego, aprovechando el humo y los escombros flotantes para enmascarar mis pasos. Arranqué a correr a una velocidad vertiginosa que desafiaba la lógica de mi estado crítico, mientras una lluvia letal de cuchillas de materia abismal se precipitaba directamente hacia mí. Las esquivaba una tras otra utilizando cada habilidad y reflejo que me quedaba, deslizándome con precisión milimétrica mientras atravesaba los muros agrietados y los suelos desmoronados. La magia residual y los bloques de tierra se elevaban a mi paso por voluntad propia; salté sobre ellos con un impulso felino, sintiendo el calor abrasador de los proyectiles enemigos rozando mi piel. Sus ojos carmesí me seguían de cerca, fijos en cada uno de mis movimientos, desatando una tormenta de ataques que intentaban aplastarme, pero mi avance ya no era el de una presa huyendo, sino el de un depredador dispuesto a cruzar el infierno con tal de alcanzar su objetivo. —Eres alguien difícil de matar, eso debo admitirlo, Carlos, pero ya es hora de acabar con esto. El Dios Nocturno se materializó frente a mí en un parpadeo, elevando su espada con una lentitud calculada y cruel directamente hacia mi rostro. El cansancio había nublado mis sentidos hasta el punto de paralizarme, pero en el último segundo, antes de que el filo me atravesara, mi cuerpo reaccionó por pura supervivencia. Con un movimiento instintivo, alcé mis armas y bloqueé la espada de la entidad con un chirrido metálico que me entumeció los brazos. La onda expansiva del impacto hizo que algo tintineara al golpear la gravilla: el anillo había sido activado. Una luz espectral brotó del suelo con una fuerza arrolladora. El caballo espiritual se hizo presente de inmediato, manifestándose como una imponente bestia de carga formada por energía mística y armadura etérea que se abalanzó sin vacilar contra el Dios Nocturno. —¡Argh! —la entidad soltó un rugido de furia y sorpresa cuando la embestida del corcel espectral lo hizo retroceder varios metros. Aprovechando el caos, el caballo espiritual me subió a su lomo de un movimiento firme. En ese instante, la energía del vínculo resonó en mi interior y mi espada cambió de forma, transformándose en una lanza imponente, mientras una coraza protectora cubría el cuerpo de la majestuosa bestia. Listos para la carga, apreté el arma renovada contra el frío aire de la noche, dispuesto a cobrar nuestra última oportunidad. —Eres alguien difícil de matar, eso debo admitirlo, Carlos, pero ya es hora de acabar con esto. A través de los ojos de Shiro, me materialicé frente a él en un parpadeo, elevando mi espada con una lentitud calculada y cruel directamente hacia su rostro demacrado. Esperaba ver el colapso definitivo en su mirada, la rendición absoluta del insecto que se atrevió a desafiarme. Sin embargo, en el último segundo, cuando el filo estaba a nada de atravesarle el cráneo, su cuerpo destrozado se movió por un reflejo puramente mecánico. Con un chirrido metálico que rechinó en mis oídos, alzó sus armas y bloqueó mi estocada por pura supervivencia. En medio del impacto, un destello diminuto tintineó al golpear la gravilla: un anillo oculto había sido activado. Antes de que pudiera rebanarle los brazos, el suelo tembló bajo mis pies. Una ráfaga de energía espectral brotó de la nada, materializando una imponente mole de energía mística y armadura etérea: un caballo espiritual que se lanzó a toda velocidad contra mí, embistiéndome con una fuerza brutal que me hizo retroceder varios metros entre nubes de polvo y rocas rotas. —¡Maldita escoria! —bramé, dejando que el aura carmesí de Kuromi estallara en un destello de pura furia contenida al ver cómo la bestia espectral alzaba al miserable de Carlos, subiéndolo a su lomo con una agilidad innatural. Vi con desprecio cómo el arma del muchacho mutaba en mis narices, transformándose en una lanza imponente mientras una coraza protectora cubría el cuerpo del corcel fantasma. Se preparaban para la carga, desafiantes y patéticos hasta el último aliento. La noche eterna no tardaría en tragárselos a ambos. No iba a permitir que jugaran a ser héroes una vez más. Antes de que el caballo espiritual pudiera tomar impulso completo, concentré la materia abismal en la palma de mi mano libre, tejiendo una lanza de sombra densa y punzante dispuesta a ensartar al jinete y al corcel de un solo golpe. El suelo bajo mis pies se fracturó por la presión de mi maná, y el aire mismo pareció congelarse ante la inminencia del contraataque. Pero el mocoso no titubeó. Desde lomos del corcel espectral, con los ojos azules brillando con un furor casi sobrenatural y el arma transformada en esa lanza de acero místico, clavó las espuelas en los ijares de la bestia fantasma y se precipitó directamente hacia mí desafiando las leyes de la física. —¡No importa cuántas veces te levantes, Tanaka! ¡Esta noche será tu tumba! —aullé, desatando la estocada final con la velocidad de un eclipse. Pero no tuve tiempo. Una mano me atravesó el estómago; el Dios Nocturno clavó su extremidad directamente en mi interior con una precisión cruel. Desde su interior, Shiro vio con horror cómo ella misma, utilizando su propio cuerpo como el instrumento de una ejecución despiadada, mató al clon frente a sus ojos. —Te lo dije, Tanaka Sánchez, no eres más que alguien molesto —bramó la entidad a través de los labios de Shiro. Escupí una bocanada espesa de sangre mientras la vida se me escapaba de las manos. Mi caballo espiritual intentó un último ataque desesperado, pero la energía se agotó de golpe y la bestia se desvaneció en motas de luz, regresando al interior de mi anillo. —Parece que ya no puedes seguir. Es una lástima... todo lo que has hecho, ¿valió la pena? —se burló la entidad, mirándome con desprecio absoluto mientras mi cuerpo pendía de su mano. —Oye... te sugiero que guardes silencio. Espero que te gusten los fuegos artificiales —murmuré con una sonrisa ensangrentada, justo antes de que mi cuerpo entero detonara en una explosión cataclísmica, desatando una bomba nuclear devastadora que redujo todo a cenizas y luz pura. El mundo entero se desintegró en un fulgor blanco tan intenso que las estrellas del firmamento parecieron apagarse por vergüenza. La detonación nuclear desatada por mi núcleo no dejó espacio para el sonido; solo existió una onda expansiva de calor absoluto que arrasó con los restos de la isla, convirtiendo la roca, el mar y la atmósfera en un océano de plasma y ceniza. El destello me cegó al instante, obligándome a cubrir el rostro con los brazos mientras la onda expansiva me arrancaba del suelo y me arrojaba rodando por la gravilla de la costa lejana. El rugido de la explosión llegó segundos después, un estruendo ensordecedor que hizo temblar el continente entero. Cuando por fin pude abrir los ojos, el horizonte era una llaga abierta de fuego y humo denso. En el lugar donde la isla solía erigirse, ahora solo quedaba un cráter titánico humeante y un vacío de maná tan absoluto que dolía respirar. —¡Carlos...! —grité con lo último que quedaba de mis pulmones, sabiendo en el fondo de mi alma que aquella luz había consumido hasta el último rastro de su existencia. Las lágrimas se abrieron paso entre el hollín, cayendo sobre mis manos temblorosas mientras el silencio de la muerte comenzaba a cernirse sobre las ruinas. El cataclismo me sacudió con una violencia que jamás había experimentado. La carne de Shiro, mi impenetrable armadura y el poder de Kuromi crujieron bajo el peso de una energía tan primaria y suicida que por un segundo, un segundo fugaz, sentí verdadero vértigo. Cuando el humo radioactivo comenzó a disiparse, mi cuerpo emergía de entre los escombros flotantes con las vestiduras hechas jirones y la piel de Shiro cubierta de quemaduras profundas que sanaban con lentitud forzada. El dolor era insoportable, pero lo que más ardía era la furia. —¡Maldito... insecto... de mierda! —bramé, escupiendo sangre oscura mientras mis ojos carmesí escudriñaban el cráter humeante en busca de un solo pedazo de su carne. No había nada. Ni un hueso, ni un rastro de su maná. El mocoso se había borrado a sí mismo de la existencia solo para arrastrarme a este infierno de cenizas. Pero mientras la risa histérica y rota de Shiro comenzaba a resonar en mi conciencia desde lo más profundo de su mente, supe que esta guerra apenas estaba tomando un nuevo y aterrador rumbo. —En fin, de todos modos puedo curarme... Es hora de reunirme con Kronos. Espero que me tengas un buen regalo, porque no estoy satisfecho con el resultado. Espero que haya un oponente adecuado. La vibración de mi voz clonada se desvanecía entre las partículas de plasma y la radiación que aún flotaba en el cráter, dejando atrás un silencio sepulcral. Mientras el cuerpo físico de aquel duplicado se convertía definitivamente en polvo estelar, la conciencia residual que quedaba flotando en el plano etéreo dio el salto final, buscando el santuario donde el tiempo y las sombras convergían. El portal se abrió con un destello frío y pesado en las profundidades del dominio de Kronos. Mis botas tocaron el suelo de obsidiana oscura y, con un parpadeo de maná, las heridas fatales, el brazo arrancado y la carne calcinada por mi propia bomba nuclear comenzaron a cerrarse y regenerarse a una velocidad vertiginosa, devolviéndome la forma en cuestión de segundos. Alcé la mirada hacia la imponente figura que aguardaba en el trono de tiempo estancado, con los brazos cruzados y una expresión tan glacial como el vacío del cosmos. —Vaya, vaya... Veo que la fiesta terminó antes de tiempo y con delicatessen de ceniza —masculló Kronos, con una sonrisa burlona pintada en el rostro mientras evaluaba mi llegada—. Supongo que tu pequeño espectáculo suicida no salió exactamente como lo planeaste, Tanaka. —Digamos que tuve que improvisar para asegurar que el mensaje llegara a destino —respondí chasqueando los dedos, sacudiéndome los últimos restos de ceniza invisible de los hombros mientras avanzaba por el pasillo—. Pero no vine a escuchar tus reproches sobre mis métodos, Kronos. Ya me encargué de dejarle un recuerdo imborrable al Dios Nocturno. Me detuve frente a él, apoyando el peso en un pie mientras una chispa de anticipación volvía a encenderse en mis ojos azules. —Ahora cumple tu parte del trato. Si me trajiste de vuelta a este tablero, más te vale que el siguiente oponente en la lista tenga la decencia de hacerme sudar de verdad, porque el jueguito con los dioses de pacotilla ya empezó a aburrirme. ¿Qué tienes preparado para mí? —No tienes por qué preocuparte... recuerda que mi hermano está luchando contra mí y Satán. ¿Por qué no te unes a la fiesta? —la voz resonó con un eco burlón y desafiante que hizo que las manecillas del gigantesco reloj de Kronos se detuvieran por completo. El soberano del tiempo enarcó una ceja, claramente sorprendido por la audacia de mis palabras, antes de que una carcajada seca y profunda resonara en los muros de obsidiana. —¿Tu propio hermano? Vaya, Tanaka, parece que tu árbol genealógico es toda una catástrofe andante, y encima te das el lujo de invitar a Satán a la jugada —replicó Kronos, incorporándose de su trono con una lentitud imponente mientras su túnica tejida con segundos perdidos se mecía con una brisa invisible—. Si tan desesperado estás por acelerar tu propio fin y convertir esto en un circo de proporciones cósmicas... supongo que no puedo negarme a ser el anfitrión de semejante carnicería. Kronos alzó la mano derecha, chasqueando los dedos con la fuerza suficiente para rasgar la tela de la realidad. El espacio frente a nosotros comenzó a fracturarse en grietas de un azul eléctrico y fuego negro, revelando un escenario caótico donde el azufre del inframundo y las runas temporales colisionaban sin tregua. —Prepara tus espadas, Tanaka. Si quieres una verdadera masacre familiar con el mismísimo Diablo y tu hermanito como invitados de honor, más vale que estés listo... porque acabo de abrir la puerta al verdadero infierno —espetó con una sonrisa macabra, dándome el paso hacia el umbral del nuevo campo de batalla. —Parece que las cosas están interesantes... No te preocupes, iré en seguida. Por ahora, necesito recuperarme de las heridas... Me dejé caer pesadamente sobre el suelo de obsidiana, dejando que las corrientes temporales de Kronos aceleraran la regeneración de mi cuerpo destrozado mientras cerraba los ojos para concentrar la energía residual. Lejos de allí, en el mundo real, la realidad parecía hecha pedazos. El cráter humeante que había dejado mi explosión nuclear aún exhalaba vapores tóxicos y maná puro en el aire. Entre la ceniza y los escombros de la costa, Emilia respiraba con dificultad mientras intentaba contener la hemorragia de Queen. A unos metros de distancia, Erick se encontraba arrodillado con las manos manchadas de sangre, canalizando desesperadamente su maná para curar a Ascan, quien yacía con el torso destrozado tras haber sido brutalmente atravesado por las artes temporales de Kronos. Fer se mantenía de pie con los puños apretados, custodiando el perímetro con la mirada fija en el horizonte, expectante ante cualquier movimiento del enemigo. Inglis ajustaba las empuñaduras de sus armas con el rostro serio, analizando los daños colaterales de la masacre. En el centro de ese grupo fracturado, Josué Tanaka —el hermano de Carlos— dio un paso al frente. Sus ojos reflejaban una mezcla fría de ira, frustración y una extraña conexión con la locura que acababa de desatarse en el campo de batalla. Con el cabello desordenado por el viento cargado de ceniza y la energía oscura de Satán latiendo peligrosamente bajo su piel, apretó los dientes mientras sentía cómo el cosmos entero comenzaba a temblar ante el inminente regreso de Tanaka. La oscuridad del dominio temporal se disipó para dar paso a un cielo rasgado por nubes de azufre, donde el verdadero conflicto comenzó a gestarse entre las ruinas del mundo real. A pocos metros del cráter humeante, la tensión estalló cuando Josué Tanaka, el patriarca y padre de Kronos, con la energía oscura de Satán latente en sus venas, dio un paso al frente para encarar las consecuencias del cataclismo. —Vaya, ¿así es como pretendes gobernar las cenizas, hijo mío? —espetó Josué, con una sonrisa torcida que mezclaba la burla y el resentimiento acumulado durante eones—. Te crees el centro de este patético tablero, pero lo único que hacedo con tus delirios de grandeza es acelerar nuestra condena. Desde el otro extremo del campo de batalla, envuelto en las corrientes inestables del tiempo y con la mirada fría de quien gobierna los segundos, Kronos lo miró con fijeza. No había rastro de piedad en su semblante, solo el cálculo implacable de una deidad dispuesta a trascender todo límite. —Tú no entiendes nada, padre —respondió Kronos con voz pausada, avanzando lentamente mientras el eco de sus pasos distorsionaba la realidad a su alrededor—. Esto nunca se trató de preservar tu estirpe ni de obedecer las leyes de este mundo estéril. Lo que realmente quiero conseguir... es el poder absoluto sobre las eras, la fuerza necesaria para reescribir las reglas del universo y borrar cualquier vestigio de tu control. Josué soltó una carcajada seca, apretando los puños mientras la marca de Satán en sus manos brillaba con una intensidad carmesí y sofocante. —¿El poder absoluto sobre el tiempo? ¿Crees que manipulando relojes y desafiando a los dioses vas a alcanzar la verdadera cúspide? Ese poder que tanto codicias solo sirve para encadenarnos a un bucle de destrucción. ¡Pretendes reclamar un trono que te consumirá por completo! —No es un error si tengo la eternidad para sostenerlo —replicó Kronos, deteniéndose a pocos metros de su progenitor, con las manos listas para desatar las grietas temporales—. El poder real no se hereda; se arranca de las manos de los padres débiles que intentan interponerse en mi camino. Si pretendes detenerme, tendrás que hacerlo antes de que detenga tu propio pulso.
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Estás leyendo el capítulo 284 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 31 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.