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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 283 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
El firmamento se desmoronó en fragmentos de obsidiana cuando el puño del Dios Nocturno colapsó contra el pecho de Carlos. El impacto no resonó como un trueno, sino con el crujir seco de las costillas astillándose y un estallido de maná que se desató en una supernova de sangre oscura. —¡Carlos! —gritó Queen, desgarrándose la garganta mientras se arrastraba penosamente entre los escombros con las extremidades inferiores destrozadas. El clon escupió una bocanada de sangre espesa que se evaporó antes de alcanzar el suelo, devorada por la temperatura infernal del aura de Kuromi. La entidad no mostró clemencia. Con un movimiento gélido y desalmado, el Dios Nocturno atravesó el hombro de Carlos con una cuchilla de materia abismal, clavándolo contra la roca estéril como a un insecto insignificante. La sangre brotó a borbotones, tiñendo el suelo de un rojo carmesí denso y viscoso que exhalaba el hedor metálico de la muerte. —¿Es esta la fuerza del muchacho que se atrevió a desafiar su destino? —siseó el Dios Nocturno, inclinándose sobre él mientras la carne de Shiro se estremecía bajo el yugo de la posesión—. Eres una burla patética. Carlos esbozó una sonrisa, con los dientes teñidos de rojo y la mirada clavada en el abismo de los ojos de Shiro. Apurando los jirones finales de su conciencia, aferró la empuñadura de la espada rota y canalizó el sesenta por ciento restante de la teletransportación de Saleh. No buscaba huir; era una trampa mortal. —¡Z-Zip...-shing! El espacio se desgarró con un alarido metálico. Carlos reapareció directamente frente al rostro del Dios Nocturno, ignorando por completo la hoja que le atravesaba el torso, y hundió sus manos vacías en el pecho poseído de Shiro, buscando el núcleo de la entidad con pura fuerza de voluntad. —¡Si voy a morir... te arrastraré conmigo al infierno! —rugió Carlos, desencadenando la detonación de su propio maná en un estallido cinemático donde la carne, la sangre y la luz prismática saltaron en todas direcciones. La onda expansiva arrancó pedazos enteros de la isla, pulverizando los acantilados circundantes bajo una lluvia de ceniza y metralla ensangrentada. Queen alzó una mano temblorosa, reuniendo los últimos vestigios de su maná celestial para clavar la lanza astral en la brecha abierta, dispuesta a cortar el vínculo maldito aunque eso implicara desgarrar su propio corazón. El humo se disipó con lentitud, revelando una estampa desoladora. Shiro permanecía de pie en el epicentro del cráter, con la respiración intacta y el cuerpo envuelto en el aura carmesí de Kuromi, completamente impertérrita. Ni un solo rasguño ni una sola marca en su piel; el devastador ataque suicida había rebotado en su defensa absoluta como una simple brisa. —Patético —siseó el Dios Nocturno a través de los labios de Shiro, con una sonrisa tétrica dibujada en el rostro. Con un parpadeo, la entidad materializó frente a Carlos y, antes de que pudiera articular movimiento alguno, le arrancó el brazo izquierdo de tajo en un chorro brutal de sangre caliente que salpicó las rocas humeantes. Carlos cayó de rodillas, ahogándose en su propio líquido vital mientras el dolor arrasaba su sistema nervioso, incapaz de emitir un sonido ante la magnitud del shock. Queen soltó un grito desgarrador al presenciar cómo su compañero era desmembrado en cuestión de segundos. El mundo a su alrededor se tornó borroso por las lágrimas y la pérdida masiva de sangre de sus propias heridas, recordándole que luchaban contra un titán imposible de vencer. —¿Qué ocurre ahora, Tanaka? Dices que planeas derrotarme, pero solo eres un chiste, ¿sabes? Ni siquiera te la crees, ¿verdad? —bramó el Dios Nocturno, con una sonrisa tétrica distorsionando el rostro de Shiro mientras el humo del impacto comenzaba a disiparse y su aura abismal aplastaba la atmósfera. Un hilo de sangre caliente resbaló por mi barbilla, cayendo directo al suelo destrozado. Ante su burla, dejé caer los hombros y solté un suspiro corto que se transformó en una risa seca, inevitable y cansada. —¿De qué te estás riendo...? —espetó la entidad, deteniendo su avance por un instante de genuina perplejidad, con las pupilas rojas brillando de desconcierto. —Estaba cansado... mi tiempo se agotó. Perdóname, Queen —susurré con la voz rota, y al mirarla a los ojos por última vez, activé de inmediato mi magia de teletransportación para sacarnos de ahí antes de que fuera tarde. El espacio se quebró con un destello violento. Desaparecimos de la línea de fuego, pero antes de que la luz se cerrara por completo, extendí la mano hacia el cráter con lo último que quedaba de mi fuerza vital. —¡Trágatelo todo! —bramé. Con un movimiento brutal, invoqué mi magia de tierra para levantar muros colosales que se cerraron como fauces de hierro, atrapando al Dios Nocturno en una prisión de roca comprimida. Sin darle un solo segundo de tregua, hice converger múltiples elementos de mi magia sobre la estructura —fuego, rayos y viento puro—, desatando una explosión colosal que devoró el terreno en un cataclismo cegador de ceniza y fuego. Perspectiva del Dios Nocturno El humo y los escombros flotaban en un aire pesado, cargado con el olor a carne quemada y maná desperdiciado. A través de los ojos de Shiro, observé cómo el cuerpo destrozado de Tanaka colapsaba. Sus patéticos intentos de resistencia, sus explosiones elementales y sus muros de roca no habían sido más que el berrinche final de un insecto agonizante. —¿Qué pasa ahora, Tanaka? Dices que planeas derrotarme, pero solo eres un chiste, ¿sabes? Ni siquiera te la crees, ¿verdad? —bramé, dejando que mi voz resonara con el peso de la desesperación ajena. Esperaba verlo suplicar. Esperaba presenciar el terror absoluto en su mirada antes de extinguir su chispa. Pero en lugar de ello, el miserable soltó un suspiro... y comenzó a reírse. Una risa floja, patética, pero extrañamente desafiante que encendió una ira furiosa en mis entrañas. —¿De qué te estás riendo...? —espeté, deteniendo el paso por un segundo de auténtica perplejidad. Antes de que pudiera aplastarle el cráneo, un destello de teletransportación barrió el espacio frente a mí. El mocoso se había esfumado llevándose a la otra mocosa, dejándome encerrado entre paredes de tierra improvisadas. ¿Creía que unas simples rocas y una detonación elemental iban a rasguñarme? La explosión estalló con fuerza, devorando el terreno en un mar de fuego y ceniza, pero cuando el humo se disipó, ni un solo rasguño mancillaba mi piel. Su desesperación era absoluta, y el mundo entero estaba a punto de inclinarse ante la noche eterna. Perspectiva de Carlos El dolor ya ni siquiera se sentía como dolor; era un vacío helado que me devoraba por dentro, recordándome que mi tiempo se había agotado. Mi clon, hecho pedazos y con el brazo izquierdo arrancado de tajo, apenas sostenía el aliento en este rincón olvidado de la costa. Cada segundo en este estado me acercaba al abismo de perder mi humanidad por completo, convirtiéndome en un monstruo desprovisto de alma. Miré a Queen a través de la neblina de la sangre y el cansancio. Sus ojos estaban anegados en lágrimas, reflejando el horror de una masacre provocada por nuestras propias decisiones. Mis planes habían fallado y las fuerzas se me escurrían entre los dedos. —Estaba cansado... mi tiempo se agotó. Perdóname, Queen —murmuré con la voz quebrada por el peso de la culpa, mirándola fijamente mientras reunía los últimos jirones de mi maná para activar la teletransportación. No podíamos ganar este combate de frente. Lo sabía. Mis palabras resonaron en mi mente como el eco de un fracaso inevitable, recordando el viejo peso del pasado y las promesas rotas. Con lo poco que me restaba, sacrifiqué el remanente de mi energía para levantar una última trampa elemental, desatando el infierno a nuestras espaldas para comprarnos segundos de vida mientras huíamos hacia el frío de la orilla. Perspectiva de Queen El mundo se redujo al sonido ensordecedor de mis propios sollozos y al calor febril de la sangre que empapaba mis manos. Lo había presenciado todo: la arrogancia del enemigo, la masacre de los héroes y a Carlos cayendo al abismo una y otra vez por intentar protegerme. Cuando el destello de la teletransportación nos arrojó bruscamente contra la gravilla de la costa, sentí que el corazón se detenía. Sostuve su cuerpo destrozado, sintiendo el vacío donde antes estaba su extremidad, mientras las lágrimas se mezclaban con la ceniza y el sudor en mis mejillas. La culpa me desgarraba el alma de forma imperdonable. Había venido buscando respuestas creyendo que podía marcar la diferencia, y lo único que conseguí fue ver cómo el mundo se desmoronaba. —¡Carlos...! ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Pudiste haber muerto ahí dentro! —grité con la garganta destrozada, contemplando la explosión titánica iluminar el horizonte a lo lejos. Sabía que los muros de tierra y los elementos no lo detendrían por mucho tiempo. El Dios Nocturno vendría por nosotros. El peso de la soledad, el dolor de haber perdido a quienes amaba y el miedo a convertirme en la próxima víctima me aplastaron el pecho, dejándome sin aliento ante el inminente final. Perspectiva del Héroe de la Lanza El dolor en mi pecho era secundario; lo verdaderamente insoportable era la humillación de ver mis propias armas reducidas a chatarra dorada. Tirado entre la gravilla y los escombros, con los ojos desorbitados por el asombro y la impotencia, contemplé cómo la Espada de Dunque y mis fragmentos rotos se fundían en las manos de Queen. —¿Ese chico puede usar la lanza? Nunca creí que la Espada de Dunque fuera tan poderosa... —murmuré para mí mismo, sintiendo el maná esfumarse por mis venas como agua entre los dedos. Cada segundo que pasaba, nuestras fuerzas se desvanecían con velocidad aterradora. El mundo se caía a pedazos, y la figura de Carlos arrojándose al matadero contra el Dios Nocturno era la prueba viviente de nuestra insuficiencia. Cuando Hércules comenzó a canalizar las runas de su alma para fundir el metal con su maza, apreté los dientes con furia y volqué los últimos restos de oro sagrado sobre la llama de Queen. —No dejaremos que su esfuerzo sea en vano —pensé, apretando los puños con desesperación mientras la luz prismática del Clan Arcoíris iluminaba el cielo nublado. Si íbamos a morir aquí, al menos forjaríamos el arma que les arrancaría la victoria de las manos. Perspectiva de Hércules Tosí un hilo espeso de sangre que manchó el mango de mi maza, el único ancla que me mantenía en pie en medio de este apocalipsis. El cuerpo me pesaba como si cargara una montaña entera; la fatiga era un veneno frío que paralizaba mis músculos y apagaba el fuego de mis venas. —Esto ya está en otro nivel, ¿no es así? ¿Tú qué opinas, Jasmin? Debemos ayudarlo, pero siento que nos debilitamos a cada segundo... —dije, apoyando todo mi peso sobre el arma mientras miraba a mis compañeros con el ceño fruncido por el esfuerzo. Cuando Queen propuso la locura de forjar un arma en plena zona de guerra, solté una risotada seca y sangrienta. Era una idea suicida, perfecta para nosotros. —Forjar un arma en medio del apocalipsis... suena a una locura digna de nosotros —bramé, dejando que las runas incandescentes de mi alma se fundieran con el metal indestructible mientras el calor del fuego sagrado me quemaba las manos. No me quedaba mucha vida, pero si iba a expirar en este infierno, usaría hasta el último aliento para romperle la defensa a ese maldito dios. Perspectiva de Jasmin Mis venas ardían. El maná celestial que fluía por mi cuerpo se convulsionaba de manera peligrosa, amenazando con desgarrarme desde el interior debido al agotamiento extremo. Apreté los dientes con tanta fuerza que percibí el sabor metálico de la sangre en mis encías, observando con terror cómo el campo de batalla se desmoronaba bajo las ondas de choque del enemigo. Sentía que nos desvanecíamos, que cada latido de mi corazón consumía los segundos finales de nuestra existencia en este plano. Pero al ver a Queen dar un paso al frente, desatando la abrumadora y hermosa luz del Clan Arcoíris para comprarnos tiempo, supe que no podíamos quedarnos de brazos cruzados viendo cómo los demás lo arriesgaban todo. Concentré lo poco que quedaba de mi energía, sosteniendo la línea de apoyo junto a Hércules y el Héroe de la Lanza, rezando en silencio para que la forja resistiera antes de que la oscuridad nos devorara por completo. El calor de la forja improvisada había llegado a su punto crítico cuando el destello de la teletransportación nos arrancó del suelo. Entre las llamas puras del Clan Arcoíris, las runas doradas del Héroe de la Lanza y el sacrificio vital de la maza de Hércules, el metal fundido alcanzó a cohesionarse. Justo en el milisegundo previo a que el espacio se quebrara para sacarnos de ahí, la hoja definitiva de la Espada de Dunque quedó sellada, absorbiendo los fragmentos de nuestra voluntad y cayendo pesadamente sobre la roca humeante, lista para ser empuñada en el momento de la verdad. —¡Toda tuya, muchacho! —exclamó el Héroe de la Lanza, con su cuerpo desvaneciéndose en motas de luz dorada mientras la fatiga extrema y el agotamiento del maná consumían sus últimos restos de existencia. Limpié con el dorso de la mano la sangre espesa que me cubría el rostro, cegándome parcialmente, y le devolví una sonrisa corta y ensangrentada, plantado sobre la tierra destrozada. —No se preocupe por mí... Haré mi último esfuerzo para ganar tiempo —respondí con voz firme, aunque el aire me quemaba los pulmones. Agarré con fuerza la empuñadura de la nueva arma. Aún estaba caliente por el fuego celestial de Queen y el sacrificio de los héroes, vibrando con una energía inestable y pura. Carecía de nombre oficial, pero al sentir el frío resplandor de la noche reflejándose en su filo, lo supe. —Te llamarás... Espada de la Luna Creciente —murmuré. Con el arma lista en mis manos y el alma al límite, me lancé directo hacia la oscuridad. El Dios Nocturno apenas tuvo tiempo de sacudirse la ceniza de los hombros cuando aparecí frente a él. La Espada de la Luna Creciente no pesaba; se sentía como una prolongación helada de mis propias venas, resonando con el latido de un corazón al borde del colapso. —¿Sobreviviste a la explosión para venir a morir por tu propia cuenta? —siseó la entidad, levantando la mano de Shiro en un arco descendente envuelto en la cortante materia abismal de Kuromi. ¡ZSHING-CLANG! Bloqueé el tajo con el plano de la hoja. El impacto me sacudió los brazos hasta dislocarme el hombro derecho, pero no lo solté. Utilizando el momento exacto del retroceso, giré sobre mi propio eje y deslicé el filo de la Luna Creciente en una diagonal perfecta buscando su costado. La entidad esquivó el corte por milímetros, contraatacando con una patada de artes marciales celestiales directa a mi costillar. El golpe me mandó a volar contra un pilar de piedra restante, partiéndolo en dos mientras el aire abandonaba mis pulmones en un estertor sangriento. —¡Eres demasiado lento, Tanaka! —bramó el Dios Nocturno, apareciendo a mi espalda en un parpadeo de Flash Step, listo para atravesarme el pecho con una lanza de sombra pura. Antes de que el golpe me alcanzara, activé lo último que quedaba del sesenta por ciento de la teletransportación de Saleh: ¡ZIP! Desaparecí y reaparecí directamente sobre sus hombros. Con la sangre chorreando por mi frente y cegándome la vista, utilicé la empuñadura de la espada para golpear con fuerza brutal su nuca, desestabilizando su postura. —¡No voy a dejar que la toques! —rugí, cayendo en picado con la hoja apuntando directo a su hombro poseído. El filo de la Luna Creciente cortó la carne de Shiro, pero en lugar de sangre, una ráfaga de maná puro y desestabilizado estalló entre ambos, lanzándonos a los dos por los aires en una tormenta de chispas y destrucción. El impacto contra el suelo formó un cráter humeante, pero no me permití un solo segundo para respirar. El cuerpo me pesaba como plomo fundido, y cada latido de mi corazón martillaba dolorosamente en mis sienes. Con el brazo derecho dislocado y la sangre caliente brotando sin control por la comisura de los labios, me puse de pie tambaleándome, aferrando con desesperación la empuñadura de la Espada de la Luna Creciente. El Dios Nocturno salió de entre los escombros con una fluidez aterradora. La entidad sacudió los hombros, y el aura carmesí de Kuromi estalló con una furia renovada, desgarrando el cielo nocturno con relámpagos de materia negra. Los ojos rojos de Shiro brillaban con una maldad fría y absoluta. —Tu resistencia es verdaderamente patética, Tanaka. ¿De verdad crees que un simple trozo de metal forjado por desperdicios va a cambiar tu destino? —siseó la entidad, lanzándose al frente a una velocidad que desafiaba la física. ¡SHING-CLANG-BOOM! Su puño envuelto en energía maldita chocó contra mi hoja, generando una onda expansiva que pulverizó las rocas a nuestro alrededor. El impacto me hizo retroceder metro a metro, arando la tierra con mis botas mientras mis músculos suplicaban piedad. —No... no vine a cambiar mi destino... —bramé apretando los dientes, sintiendo cómo el maná residual de la espada resonaba con mi alma—. ¡Vine a romperlo! Usando el impulso del choque, giré mi cuerpo en un ángulo imposible, esquivando por un pelo una cuchilla de sombra que rozó mi mejilla abierta. En un movimiento fluido, encaucé el poder de la Luna Creciente y lancé un tajo ascendente cargado con la última chispa de mi energía vital. El filo resplandeció con un brillo lunar tan intenso que cegó temporalmente a la entidad. La hoja conectó de lleno en el antebrazo del Dios Nocturno, abriendo una brecha en su defensa y logrando, por primera vez en todo el combate, arrancarle un rugido de genuina frustración. —¡Maldito insecto! —bramó la entidad, desatando una brutal patada giratoria que me impactó de lleno en el pecho. Salí disparado por los aires como un proyectil, estrellándome contra los restos de un pilar de piedra que terminó de derrumbarse sobre mí, sepultándome bajo una marea de escombros y polvo. La oscuridad comenzó a cerrarse en los bordes de mi visión, pero mientras el peso de las rocas me aplastaba, juré no cerrar los ojos.
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Estás leyendo el capítulo 283 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 30 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.