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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 282 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
¡¡¡BOOM-CRASH-THUNDER!!! El impacto de la lanza sangrienta fue tan apocalíptico que la tierra no solo se abrió: se deshizo. Una columna de energía roja y dorada atravesó las ruinas, evocando la furia absoluta de un Getsuga Tensho definitivo mezclado con el peso cósmico de una lanza sagrada. El impacto mandó a volar toneladas de roca fundida mientras el cielo se teñía de un purpurina siniestro. Pero antes de que la lanza tocara el suelo, el Dios Nocturno movió el cuerpo de Shiro a una velocidad que desafió la percepción material. ¡¡¡ZIP-SHING!!! Utilizando una técnica de pasos instantáneos que recordaba al Flash Step, la entidad reapareció a mi costado en pleno aire. La energía carmesí de Kuromi fluía alrededor de sus brazos como si fuera la mismísima energía maldita en su estado más puro y destructivo. —¡Es una buena técnica, mocoso! ¡Pero eres demasiado lento para la verdadera sombra! —bramó el Dios Nocturno. Con un movimiento fluido de artes marciales celestiales, la entidad ejecutó un Destello Negro concentrado en la palma de la mano de Shiro. El espacio volvió a distorsionarse con rayos de materia negra y carmesí. ¡¡¡CRACK-BOOM!!! Bloqueé el golpe con el asta de la lanza, pero la onda de choque me proyectó en picado contra la tierra. Antes de estrellarme, concentré el 60% de la magia de teletransportación de Saleh: ¡¡¡ZIP!!! Desaparecí antes de tocar el suelo y reaparecí a espaldas de la entidad en el aire. Con la fuerza vital que me quedaba, manipulé el metal sangriento de mi arma, dividiéndola en decenas de hojas flotantes que orbitaban a mi alrededor, desplegando un patrón digno de un Senbonzakura de sangre incandescente. —¡Estilo Sangriento: Tormenta de Hojas Infinitas! —rugí. Las decenas de espadas rojas descendieron como una lluvia de meteoros sobre el Dios Nocturno. La entidad, sintiendo la amenaza, expandió los brazos mientras el aura roja de Kuromi se congelaba en una esfera geométrica que cubrió decenas de metros a su alrededor. —¡¡¡DESPLIEGUE DE DOMINIO: ABISMO DE ROJO ETERNO!!! —gritó el Dios Nocturno con una voz doble y sobrecogedora. El espacio que nos rodeaba cambió de textura por completo. El suelo se volvió un mar de sangre oscura y el cielo se llenó de pupilas teñidas en un rojo asesino. Las espadas sangrientas, al chocar contra la barrera del dominio, comenzaron a fragmentarse una a una ante el efecto de impacto seguro de la técnica enemiga. —En este espacio, nada de lo que lances me alcanzará —siseó la entidad, flotando en el centro del Dominio mientras la carne de Shiro emanaba un poder comparable al de un verdadero rey de los demonios. Desde abajo, malherido y con el maná en números rojos, sonreí entre la sangre que caía por mi barbilla. Apreté el puño derecho, sintiendo cómo el poder de todos los que habían luchado a mi lado resonaba dentro de mí. —¿Un Dominio, eh? —murmuré, alzando los ojos galácticos—. Lástima que mi voluntad no pertenece a este plano. —¿Ese chico puede usar la lanza? Nunca pensé que la Espada de Dunque fuera tan poderosa... —murmuró el Héroe de la Lanza desde el suelo, contemplando la metamorfosis del arma con los ojos desorbitados por el asombro. —Es verdad —dijo Hércules, tosiendo un hilo de sangre mientras se apoyaba en el mango de su maza—. Esto ya está en otro nivel, ¿no es así? ¿Tú qué opinas, Jasmin? Debemos ayudarlo, pero siento que nos estamos debilitando a cada segundo... Jasmin apretó los dientes, sintiendo cómo el maná celestial de sus venas fluctuaba peligrosamente por el agotamiento. —Yo creo que tengo una idea... —intervino Queen de pronto, mirando las brasas incandescentes del metal sangriento y luego a los héroes caídos—. ¿Ustedes pueden forjar una espada? La pregunta resonó con un eco de esperanza en medio del desastre del Dominio Abismal, haciendo que Hércules y el Héroe de la Lanza intercambiaran una mirada de absoluta comprensión. Mientras tanto, en el otro extremo de la isla... El cielo se dividía en dos tonos violentos. Lucía y Helena sostenían un enfrentamiento desgarrador que hacía vibrar las placas tectónicas de la costa. Las ondas de choque de sus ataques pulverizaban los acantilados de piedra, arrojando toneladas de escombros al mar embravecido. Cada choque entre sus armas no solo levantaba ráfagas de viento capaces de volcar montañas, sino que marcaba el destino de la batalla continental. A poca distancia de aquel infierno de fuego y acero, los representantes de las otras razas observaban contenidamente la masacre, con las armas empuñadas y el aire helado en los pulmones, sabiendo que el equilibrio del mundo estaba a punto de romperse en cualquier instante... —Parece que todo está yendo bien, ¿verdad, ustedes dos? —dijo King, el chico dragón, cruzándose de brazos mientras sus pupilas rasgadas evaluaban la colosal tormenta de maná que agitaba el horizonte. —Oye, oye, no saques conclusiones —dijo Stiven, el chico elfo, ajustándose la empuñadura de su arco mientras divisaba los destellos de luz destructiva a lo lejos—. Supongamos que todo está hecho un caos... —Tal vez tengas razón —añadió Morbius, el chico vampiro, pasando la lengua por uno de sus colmillos mientras la densa aura de las peleas le erizaba la piel—. La sangre de los que caen a lo lejos huele a desesperación pura. —Oigan, ¿no sería mejor pensar en qué vamos a hacer ahora? —interrumpió Ginebra, mirando con firmeza al grupo mientras la tierra bajo sus pies continuaba temblando por el choque masivo. De vuelta en el epicentro del Dominio... Queen observaba con fijeza a los héroes caídos mientras el plan tomaba forma en su mente. —Si combinamos el metal indestructible del asta rota del Héroe de la Lanza, la fuerza de impacto de la maza de Hércules y mi maná celestial —dijo Queen con la voz acelerada—, podemos catalizar el núcleo de la Espada de Dunque antes de que el Dominio del Dios Nocturno devore por completo la existencia de Carlos. —Forjar un arma en medio del apocalipsis... suena a una locura digna de nosotros —dijo Hércules, soltando una risotada sangrienta mientras alzaba la maza y dejaba que las runas incandescentes de su alma comenzaran a fundir el metal. —¡Hagámoslo rápido! —sentenció el Héroe de la Lanza, juntando los fragmentos dorados de su arma rota para volcarlos sobre el fuego sagrado de Queen. En el centro del Dominio, rodeado por el mar de sangre y las sombras carmesí de Kuromi, sentí cómo la energía del nuevo arma comenzaba a sintonizarse con mi propia alma a la distancia. El Dios Nocturno, utilizando los ojos rojos desquiciados de Shiro, giró el rostro hacia los héroes, presintiendo la amenaza del nuevo artefacto en gestación. —¿Creen que les daré tiempo para terminar su chatarra? —rugió la entidad, lanzándose a una velocidad cegadora para aplastar la forja improvisada. —¡No darás ni un solo paso más! —bramé, apareciendo justo frente a Shiro con el sesenta por ciento de la teletransportación de Saleh, bloqueando su paso con los puños desnudos envueltos en mi última gota de fuerza vital. —No se preocupen, yo les daré tiempo —dijo Queen, dando un paso al frente mientras la luz celestial a su alrededor comenzaba a refractarse en siete colores vibrantes. —¿Estás segura de que podrás? —preguntó el Héroe de la Lanza, mirándola con preocupación mientras sostenía los fragmentos de metal sagrado. —Tengo que hacer algo, Héroe de la Lanza. Hay algo en mí que ustedes ni conocen de mi clan, el Arcoíris de los Cielos. Yo también puedo forjar una lanza —confesó Queen con la voz temblando por la mezcla de determinación y dolor acumulado—. Tenía miedo de ver a Shiro poseída... y sigo teniendo miedo porque no quiero herirla, no quiero matarla, no quiero lastimarla. Ella ha sido parte de mi grandiosa vida desde que éramos niñas. Para mí, Shiro es como la hermana que siempre quise tener... vivir entre risas, eso fue lo divertido. Sabes, no me arrepiento de nada, pero hay un sentimiento que yo no podría olvidar: fue ver cómo ella me vería morir frente a sus ojos. Pensé que si ella me superaba podría olvidarme, pero supongo que no fue así. Ella luchó, entrenó, vio caer a cada amigo que hacía... vio caer todo y quedarse sola en un mundo donde solo hay crueldad. El Héroe de la Lanza la miró fijamente, con los ojos desorbitados por el impacto de sus palabras. —Espera... ¿qué? —susurró, paralizado por la revelación. —¡Luz Prisma: Lanza de los Siete Cielos! —rugió Queen, secándose las lágrimas de un golpe. De sus manos brotó una manifestación divina de maná purificado que tomó la forma de una lanza astral incandescente. El arma no estaba hecha para destruir la carne, sino para penetrar el alma misma y separar el mal sin derramar una sola gota de la sangre del recipiente. La luz prismática se expandió en una onda de choque tan deslumbrante que logró fracturar temporalmente las paredes sangrientas del Dominio del Dios Nocturno. Al sentir el despertar del arte sagrado del Clan Arcoíris, la entidad a través del cuerpo de Shiro frenó su embestida contra mi posición. Los ojos rojos teñidos por Kuromi temblaron por un instante, impactados por la abrumadora energía que brotaba de la chica a la que creían quebrada. —Esa luz... —siseó el Dios Nocturno, apretando los dientes con rabia mientras el poder de Queen amenazaba con disolver su atadura sobre la mente de Shiro. Aproveché el segundo de distracción que Queen nos acababa de regalar. Con las manos sangrando y el cuerpo ardiendo por el sobreesfuerzo, me posicioné justo al lado de Hércules y del Héroe de la Lanza. —No dejen que su luz sea en vano —dije entre bocanadas de aire, extendiendo mis manos hacia la llama incandescente—. ¡Forjemos esa espada ahora mismo! Avancé paso a paso mientras la lluvia de ataques del Dios Nocturno caía violentamente sobre mí. Las cortantes sombras abismales y el aura sangrienta de Kuromi rasgaban mi piel, pero mi mirada ya no era la misma. Estaba absolutamente fija, fría y decidida. —Caminaré y te demostraré lo que realmente soy —murmuré entre el estruendo—. Si Miranda, Luis o Noelle se enteran de lo que les pasó a los héroes... será mi culpa. Lo más posible es que Sara me mate en verdad. Quiero arreglar las cosas, quiero superarme... ¡quiero ser quien tenga que avanzar! A mi alrededor, Hércules quemaba las últimas brasas de su fuerza vital fundiendo el metal indestructible con su maza, el Héroe de la Lanza encauzaba las runas doradas y Queen desataba la incandescencia del Clan Arcoíris para abrirnos paso. —¡Todos estamos luchando! —bramé, clavando los puños en la energía prismática para canalizar la forja final. Dentro de la mente de Shiro... El espacio era un océano de oscuridad líquida y fría. Las cadenas de materia abismal me mantenían suspendida en el vacío, oprimiéndome el pecho. Estoy encerrada... no puedo levantarme. Ver a Queen ahí afuera, viva y luchando con todas sus fuerzas, me provocó un vuelco en el corazón. Durante tanto tiempo estuve consumida por la venganza y el duelo... Mi yo adulta me advirtió claramente que no debía confiarme, que jamás permitiría que robaran mi cuerpo. Pero me confié. Si mi yo adulta se entera de que me dejé poseer por esta inmundicia... lo más posible es que todo sea destruido. Sentí el retumbo de la luz prismática de Queen atravesando las paredes de mi consciencia, acompañado por la voz distante de Carlos resonando en el campo de batalla. Un chispazo de furia roja, el verdadero poder de mi alma, comenzó a quemar las cadenas que el Dios Nocturno había puesto sobre mi mente. —No voy a quedarme aquí tirada lamentándome —susurré, apretando los puños dentro de las sombras mientras mis propios ojos rojos empezaban a brillar en la oscuridad—. Tengo que ver cómo saldré... ¡este cuerpo es MÍO! —Una oportunidad necesito encontrar... De lo contrario, terminaré lastimando a los demás. Ver cómo murieron Nicolás y Alexander por mi culpa... De seguro Queen se está culpando a sí misma por solo venir aquí a morir. Es imperdonable. En verdad, me cuesta tanto procesar el dolor de todos. Todo lo que ha estado pasando es por las decisiones que Carlos y yo estamos tomando. Miré de reojo hacia el frente, con la voz temblando ligeramente. —Josué, tu hijo no es alguien cualquiera. Él puede ver todo lo que hay en el mundo, todo lo que ha pasado; él ya lo vivió dentro de sus propios pasados, cosas que yo jamás me imaginé presenciar. Todo el camino que él tomó contrasta con el mío, que solo estuvo guiado por el deseo ciego de vengarme del dios nocturno. Si lucho ahora contra él, lo único que conseguiré será que mate a quienes no deben estar involucrados. El ambiente se volvió gélido cuando la figura imponente se alzó ante nosotros. —Kronos, te saliste con la tuya. Para ser hermano de Carlos, eres alguien que no lo merece lo más mínimo. Y es por eso... —¡Que yo...! —exclamó Shiro, adelantándose un paso con firmeza. —¡Que yo...! —secundó Queen, apretando los puños con absoluta determinación. —¡Te detendremos aquí y ahora! Mi lanza brilló con una intensidad cegadora. Desaparecí en un instante, transformándome en un rayo de luz envuelto en sombras puras, lanzado al ataque para respaldar a Carlos. No planeaba dejarlo solo; mi deber era sostener la línea de combate mientras el resto se esforzaba en forjar la hoja mística capaz de extraer el cuerpo de Shiro sin destruirla. —Ya veo. No te preocupes, de todas maneras yo ya tengo un plan —respondió Carlos, con la mirada fija en el enemigo—. Esto es lo que haremos: tú y yo nos enfrentaremos a muerte contra él. A mí ya no me queda tiempo; si fallamos, usaré mi magia de teletransportación para sacarlos de aquí. No planeo dejar que mueran en vano. —¿Pero si logramos ganar? —pregunté, conteniendo la respiración ante la delgada línea que separaba la esperanza del abismo. —Tal vez haya una posibilidad de que salvemos a Shiro... pero ojo, es solo una posibilidad. No te puedo asegurar que sea cien por ciento seguro. —Eso... lo sé —murmuré, bajando la mirada mientras el peso de la realidad me aplastaba los hombros. Carlos suspiró, cambiando el tono a uno más sombrío y apesadumbrado. —Oye... no te sientas mal, ¿sí? Esto no será nada fácil, de verdad te pido perdón. Pero no te preocupes... no puedo pelear al mil por ciento. —¿Por qué? —inquirí, frunciendo el ceño ante la repentina restricción. —La razón es simple. Como soy un clon, no puedo usar todo el poder que poseo ahora mismo. El poder nocturno logré dominarlo solo en un cincuenta por ciento; si uso el otro cincuenta, terminaría perdiendo mi humanidad por completo. Lo perdería absolutamente todo. Si alguien lograra quebrarme el alma y el corazón en ese estado, dejaría de sentir emociones de forma definitiva. No es tan sencillo como piensas. Lograré defenderme usando mi entrenamiento con la espada, que es lo único para lo que soy útil ahora. No soy como los maestros legendarios de otras regiones o reinos. El miedo está maldito, ¿sabes? Nunca logré entender por mí mismo lo que se siente ser alguien de esa magnitud. Hice muchas cosas, pero esto... esto es luchar contra un dios y una marioneta... Las palabras del clon se desvanecieron lentamente en mi mente, conectando con aquel viejo recuerdo grabado a fuego: —Solo hazte fuerte, Tanaka Sánchez. Algún día regresaré y lucharemos de nuevo... —resonó la voz antes de que el dios demonio de la destrucción se desvaneciera por completo tras derrotar a Drako. Volví en mí de golpe. Suspiré profundamente, pasando una mano temblorosa para limpiarme el sudor frío de la frente. Ya no me queda tiempo. Al menos logré advertir a mi yo original; solo espero que él pueda hacer algo contra ese monstruo. Yo... voy a fallar. Al menos acepto mi propio error: haberme lanzado a enfrentarlo sin comprender la verdadera magnitud de lo que significaba usar a Shiro. El cielo sobre nuestras cabezas se desgarra de par en par cuando el Dios Nocturno desciende por fin, proyectando una sombra gigantesca que devora la luz de la luna y nos deja a todos sumidos en una oscuridad absoluta. Su presencia no es solo intimidante; es una presión física que aplasta el pecho, haciendo que respirar duela y que el aire se vuelva espeso como brea. —Miren nada más los patéticos insectos que osan desafiar la noche —brama el Dios Nocturno, su voz resonando directamente en nuestras mentes con un eco metálico y burlón que nos revuelve el estómago del terror. Queen da un paso al frente con el rostro desencajado por la furia y el dolor, las lágrimas secándose en sus mejillas mientras aprieta las manos con tanta fuerza que sus nudillos se vuelven blancos. —¡No te tenemos miedo! —grita, lanzándose de inmediato al ataque con una agilidad desesperada; su espada corta el aire oscuro en un arco plateado buscando abrirle el pecho al dios. Pero el Dios Nocturno ni siquiera se molesta en esquivarla; alza un solo dedo y una onda expansiva de energía pura la golpea de lleno, mandándola a volar contra las rocas con un impacto brutal que le arranca el aire de los pulmones. —¡Queen! —grito con el corazón en la garganta, sintiendo que la rabia me ciega por completo al verla caer inmóvil. Carlos se interpone al instante entre el dios y nosotros, con la respiración agitada y el sudor frío surcando su frente mientras su espada vibra con una luz inestable y peligrosa. —No te distraigas —me dice Carlos sin apartar los ojos del enemigo, aunque sus piernas le tiemblan ligeramente por el esfuerzo de sostener su propio poder—. Si caemos aquí, todo lo que Nicolás y Alexander trataron de proteger desaparecerá con nosotros. El Dios Nocturno suelta una carcajada gutural que hace retumbar el suelo bajo nuestros pies, disfrutando visiblemente de nuestra desesperación mientras prepara un nuevo ataque para acabar con ambos de un solo golpe.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 282

Estás leyendo el capítulo 282 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 30 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.