Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 277 online gratis en español
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Capítulo 277
—Oh, vaya... pero si es mi querido hermano —sonrió Kronos con frialdad.
Ataqué sin dudarlo un solo milisegundo, convirtiéndome en un destello de fuego abismal, pero él bloqueó el agarre de mis dagas con la hoja desnuda de su espada de tiempo, deteniendo la onda de choque como si nada.
—Para ser sincero, eres muy lento, ¿sabes? —se mofó Kronos, haciendo presión hacia adelante—. Aún tienes un largo camino por recorrer. Pero dime... ¿viste cómo está nuestra hermana?
—¿Qué diablos le hiciste, Kronos...? —gruñí, sintiendo la rabia arder en mis venas mientras apretaba la empuñadura de las dagas de sangre.
—Oh, no es nada especial. Solo le di un pequeño trauma que vivirá por el resto de su vida. Estuvo muy bien que nuestro inútil y débil hermano Abrán muriera, ¿verdad? Pero tú, Ascan... ¿qué, pensaste que te dejaría vivir?
Kronos ladeó la cabeza para mirar el cuerpo agonizante en el suelo.
—Solo eres un peón, al igual que todos. Es una pena que hayan muerto Drako y Óscar, eran tan valiosos como herramientas... Pero no se preocupen, yo, Kronos Tanaka Sánchez, haré una ofrenda digna.
—¿Qué diablos insinúas, hermano...?
—¿Oh? ¿No lo ves?
Un enorme portal de luz púrpura y negra se abrió rasgando la realidad justo a espaldas de Kronos, dejando ver un altar congelado en el espacio-tiempo.
—No... espera... acaso...
—¡Así es! Usaré a nossa hermana como sacrificio. ¿No te parece algo magnífico? ¡Hahaha! —estalló Kronos en una carcajada de pura demencia.
Tendido sobre la tierra ensangrentada, Ascan abrió levemente los ojos, mirando la silueta de la chica atrapada en la falla del portal.
(¿Ella es... la hermana de Carlos...?) —pensó Ascan, sintiendo cómo el poco aliento que le quedaba en los pulmones se volvía fuego—. (No... no puedo dejar que él haga lo que quiera con ella. No planeo cometer el mismo error dos veces. Yo ya perdí a mi hermana... no planeo dejar que él pierda a la suya. No ahora...)
Con las últimas fuerzas de su ser, Ascan enterró los dedos en la tierra y comenzó a arrastrarse hacia el pie de Kronos, acumulando la totalidad de su maná residual en un último y suicida destello.
La Llegada del Santo de la Espada
—¡No lo harás! —resonó una voz impetuosa que cortó la tensión como un trueno.
Un destello de maná dorado rasgó la bruma del Santuario Central, y de la grieta espacial emergió la figura imponente de Josué, el Santo de la Espada, rodeado por una tormenta de luz sagrada que hizo temblar las ruinas.
—¿Qué crees que estás haciendo, hijo? —exigió Josué, fijando una mirada de acero hirviente sobre Kronos mientras la presión de su presencia aplastaba los escombros a su alrededor—. ¡Exijo una explicación! ¡¿Por qué demonios estás haciendo esto con tu hermana?!
Me quedé helado por un instante, ajustando mi postura mientras mis ojos galácticos analizaban el terreno.
(¿En qué momento llegó...? ¿Por qué no logré detectarlo con la Visión del Dragón?)
—Ahora entiendo por qué eres el Santo de la Espada... —intervino una voz serpentina y antigua que vibró desde la sombra tras Josué, revelando la silueta mística de Quetzalcóatl—. Eres alguien fascinante, padre.
—¡Dímelo ahora mismo, Kronos! —volvió a bramar Josué, desenfundando su hoja sagrada con un movimiento tan rápido que la barrera del tiempo pareció resquebrajarse.
Sin pensarlo dos veces, me lancé al ataque. Convertido en un relámpago de energía abismal, blandí las dagas de sangre directamente hacia el cuello de Kronos para impedir que tocara el portal del sacrificio. Pero en una fracción de milisegundo, la figura de Josué se interpuso en mi trayectoria.
¡¡¡CLAAANG-BOOOOOOM!!!
El choque de nuestras armas generó una onda expansiva tan descomunal que la tierra bajo nuestros pies desapareció por completo, proyectándome varios metros hacia atrás mientras la fricción de sus movimientos me obligaba a clavar las dagas en la piedra para frenar el impacto.
—¡Tsk! —escupí, apretando los dientes mientras la fuerza del golpe me hacía vibrar los brazos hasta los hombros.
Ese maldito viejo es aterradoramente fuerte. Sus reflejos no pertenecían a un mortal común; le tomó apenas un pestañeo contrarrestar mi velocidad máxima y devolverme la presión sin siquiera jadear. Ahora entendía perfectamente por qué en el pasado no luchó en serio contra Robert. Josué Tanaka no estaba jugando; la sola presencia de su espada mantenía a raya la magia del tiempo de Kronos y mi poder nocturno al mismo tiempo.
Kronos, sin embargo, solo soltó una risa seca al ver a su padre bloquearme el paso.
—Llegas tarde a la lección de paternidad, viejo... —se mofó Kronos, dando un paso atrás hacia el borde del portal donde nuestra hermana yacía inconsciente.
La Sombra del Pasado
—La razón es simple, padre. Estoy harto de vivir en un mundo como este. ¿Acaso todo lo que ves ahora tiene algún sentido? —respondió Kronos con una frialdad glacial, abriendo los brazos hacia el firmamento destruido—. ¿Hay una sola razón para seguir con la manera en que está constituido este mundo? Por eso... ¿sabes qué fue lo que pasó en esa misión a la que nos envió el Imperio de Adán? ¡Jajaja! Pasaron muchas cosas... Todo lo que ves frente a tus ojos no es más que el resultado de sus decisiones.
Josué ni siquiera miró a su hijo; mantuvo la hoja sagrada levantada, sintiendo cómo el maná atávico de la familia Tanaka vibraba a un nivel crítico.
—Carlos, aléjate de él ahora mismo —ordenó Josué con voz firme, sin romper la guardia—. Llévate a ese chico.
—¿Qué? ¡Padre, no! —protesté, dando un paso al frente mientras el fuego abismal volvía a rugir en la marca de mi brazo izquierdo.
—¡Te dije que te fueras ahora mismo! —gritó él con una potencia que sacudió la tierra a nuestro alrededor.
Apreté los dientes con rabia, sintiendo cómo el eco de su orden chocaba contra el fondo de mi memoria. De golpe, la imagen de Henry vino a mi mente, iluminando las sombras de aquel pasado doloroso.
"Un caballero jamás huye de una batalla. Si quieres proteger a quienes quieres proteger, hazlo por tu propia elección..."
El recuerdo de Henry me hizo darme cuenta de algo fundamental. Ya no era aquel chico indefenso que dependía de la sombra de los demás.
—Lo siento, padre... pero no te haré caso —dije, dando un paso firme que agrietó la piedra bajo mis botas mientras mis ojos galácticos brillaban con un fulgor siniestro y amenazante—. Mataré a Kronos aquí y ahora. No me importa en lo más mínimo lo que llegue a pasar. Mi deber es salvar a mi hermana... y es lo único que me importa en este momento.
Ascan, reuniendo sus últimas fuerzas en el suelo, me miró con los ojos muy abiertos, sosteniendo el aliento ante la aterradora resolución que emanaba de mi presencia.
(Es increíble... Aún con todas esas heridas, él sigue adelante. ¿Por qué nunca retrocede? ¿Por qué lucha? ¿Acaso porque tiene un propósito?) —pensó Ascan, observando mi espalda mientras la bruma del campo de batalla comenzaba a disiparse en sus ojos agonizantes—. (Esa luz es tan cálida en medio del infierno que lo consume... Mis ojos al fin vieron la verdad en ti, Carlos. Eres el infierno del que nadie logró escapar. Lo que veo no es a un joven, sino a un hombre cubierto de espadas en el alma... Tanto has sufrido, pero ¿por qué te mantienes de pie si ni siquiera yo puedo hacer algo de lo que tú haces?)
Ascan cerró lentamente los ojos, dejando que una última lágrima se mezclara con la tierra.
(Si quizás nos hubiéramos conocido antes, tal vez mi hermana estaría viva en estos momentos... Perdóname... perdóname, hermana...)
La Intervención de Emilia y la Llegada de los Guardianes
—¡¡¡Dios del Rayo!!! —rugí.
En un parpadeo, mi presencia desapareció por completo de la realidad, dejando tras de mí una estela de centellas doradas y púrpuras. La Espada Sangrienta cambió de forma en pleno movimiento, reconfigurándose en una enorme y siniestra guadaña carmesí imbuida en magia de éter y relámpagos atávicos.
Reaparecí directamente sobre la cabeza de Kronos con el filo de la guadaña descendiendo como la propia sentencia de la muerte.
—¡Ahora, Emilia! ¡Salva a mi hermana! —grité en pleno aire mientras la guadaña descendía cortando el firmamento.
¡¡¡FROOSH-SWOOSH!!!
Una ráfaga de viento helado estalló desde las sombras laterales del portal. Como un espectro plateado, Emilia irrumpió a una velocidad vertiginosa, esquivando las barreras temporales de Kronos y tomando el cuerpo inconsciente de nuestra hermana en sus brazos antes de que el sello de sacrificio pudiera consumir su esencia.
—¡Entendido! —respondió Emilia con voz firme, realizando un mortal hacia atrás y aterrizando a salvo a varias decenas de metros de distancia con la chica protegida en su pecho.
Kronos abrió los ojos de par en par, perdiendo por completo la compostura mientras la guadaña de fuego abismal y rayos cortaba el espacio a escasos centímetros de su rostro.
—¡¿De dónde salió esa mujer?! —rugió Kronos, forzando un despliegue de tiempo para esquivar el tajo mortal de la guadaña, mientras el impacto de mi ataque reventaba el suelo de la cúpula en una explosión devastadora.
El humo se dispersó lentamente, dejándome de pie en el cráter con la guadaña sangrienta apoyada sobre mis hombros, mirando a mi hermano con la promesa fija de su aniquilación.
—Yo... ¡soy la guardiana más fuerte, maldito asesino! Tu ejecución será aquí y ahora. Carlos, es hora de que...
—Emilia, no. No voy a llamar a los 68 todavía. Aún no es el momento exacto —la interrumpí en voz baja, ajustando el agarre sobre la guadaña mientras mis ojos galácticos escaneaban el perímetro.
El aire a nuestro alrededor se volvió pesado cuando tres presencias masivas rasgaron la atmósfera del Santuario Central. Un destello de maná estalló a pocos metros, revelando a Fer, Erick e Inglis posicionándose en formación defensiva a nuestro lado.
—Eres bastante inteligente, ¿verdad? —dijo Fer al llegar, esbozando una sonrisa fría y afilada mientras evaluaba el estado del campo de batalla.
Inglis dio un paso al frente, haciendo tronar los nudillos de sus manos mientras fijaba una mirada llena de desprecio directamente sobre Kronos.
—Vaya, vaya... pero mira qué tenemos aquí. ¿Eres tú la basura que casi mata a nuestro líder?
Erick desenfundó su arma en silencio, cerrando el abanico de escape de Kronos mientras el aura de los guardianes se entrelazaba con mi propio maná abismal. Kronos, acorralado y sin el sacrificio de nuestra hermana en sus manos, apretó los dientes en una mueca de pura rabia.
Revelaciones y Desesperación
—¿Quiénes son esas personas? ¿Líder? ¿Guardianes? ¿Qué significa esto, Carlos? —interrumpió Josué, apretando la empuñadura de sua espada mientras la tormenta de aura sagrada a su alrededor fluctuaba por la confusión—. ¡Me has estado ocultando cosas durante todos estos años! ¡¿En qué momento...?
—Padre, aún no es el momento. Por ahora necesito...
—¡No hay una explicación exacta de lo que le diré a tu madre cuando se entere en lo que se ha convertido tu hermano! —gritó Josué, rompiendo la calma con una voz llena de dolor y desesperación—. ¿Por qué no me dijiste la situación que ocurrió en la academia del Dios Nocturno y tu hermano Dani? ¡¿Por qué no me lo dices?! ¿Acaso no confías en mí? ¡¿Por qué haces todo esto tú solo?!
Giré levemente el rostro, apretando los dientes con una fuerza que hizo sangrar mis encías. Mis ojos galácticos brillaron en medio de las sombras.
—Porque yo... no quería que nadie se metiera en mis asuntos —respondí con la voz temblando por la rabia contenida—. Tenía que volverme fuerte para protegerlos. Tuve que vivir... tuve que sufrir, padre. Yo no quiero que nadie más de nosotros caiga...
Josué cerró los ojos por un instante, y la presión de su espada pareció ablandarse por el peso de la culpa.
—Pero tu hermano Abrán cayó en batalla, hijo... Murió protegiendo a tu hermana. En verdad yo soy el que debe pedir perdón por no hacer nada en estos momentos para salvar a tu hermano... De seguro él hubiera querido que tú lo salvaras.
Las palabras de mi padre cayeron como estacas en mi pecho, resonando en el silencio de las ruinas mientras Kronos sonreía con desprecio desde la falla del tiempo.
—Esos tipos... Ya veo. Así que tenías un ejército, maldito mocoso... —musitó Kronos, entrecerrando los ojos mientras escaneaba a las figuras que acababan de aparecer.
—Es hora o nunca, Inglis —sentenció Fer, dando un paso al frente y ajustando su postura de combate.
—Sí, sí, sí, ya entendí. No tienes que ser tan mandón, Fer —respondió Inglis rodando los ojos con fastidio—. Recuerda que aún no podemos hacer nada ahora. Todos nos están mirando desde lo más lejos. Además, el dios Zeus está aquí; lo más posible es que interroguen a nuestro líder y no queremos eso, ¿verdad?
Erick dejó escapar una risotada seca mientras desenfundaba ligeramente su arma.
—Ella tiene razón, no es tan estúpida como pensábamos, Fer.
—¡Oye, inútil! ¿A quién le dices estúpida? —reclamó Inglis, volteando a verlo con el rostro lleno de indignación.
—Pues a ti, ¿no? —se burló Erick, esbozando una sonrisa de lado—. Vamos, no seas tan sentimental. En fin, es tal como dices, no podemos llamar la atención. Este no es el momento exacto... ¿o qué opinas tú, Emilia?
Emilia, sosteniendo con delicadeza a la hermana de Carlos entre sus brazos, suspiró hondo antes de responder.
—Bueno... yo no soy la comandante, pero...
—¿Sigues molesta, verdad? —interrumpió Fer, mirándola de reojo.
—No, no es eso, Fer. Solo que me da envidia todo lo de Yuki últimamente. He tenido varios problemas... primero con Eime. Ella me decepcionó, aunque cuando regresemos a la base le daré una muerte segura.
—Espera, ni se te ocurra matarla —intervino Erick de inmediato, frunciendo el ceño.
—No te preocupes, no la mataré tal cual. Solo la dejaré a medias —contestó Emilia con una frialdad helada—. Pero ahora debemos enfocarnos en Kronos y saber qué haremos ahorita mismo.
Kronos los observó a todos y estalló en una carcajada llena de arrogancia que retumbó por toda la cúpula destruida.
—¿Planean luchar aquí contra mí? ¡Jajajaja! ¿Es en serio? Tal vez esto sería muy injusto. Era tal como pensaba: ustedes no son más que unas simples herramientas. Pero no se preocupen, mi hermano también será mi herramienta, una que podrá cumplir mis expectativas, así que no...
—¿Te atreves a decir eso en frente de mi señor? —lo cortó Emilia, con los ojos echando chispas y un aura asesina emanando de su cuerpo.
—Oh... ¿estás molesta? —provocó Kronos con una sonrisa burlona, dando un paso tentativo hacia la falla del tiempo.
—Fer, sostén a Karen. Me haré cargo de él... —ordenó Carlos con una frialdad glacial, entregándole con cuidado a su hermana.
—Así que planeas matarlo, ¿verdad? —musitó Fer, asegurando a la chica entre sus brazos.
Emilia dio un paso al frente con el arma en alto, pero la mano de Carlos la detuvo en el aire.
—Emilia, detente ahora mismo. Yo lo mataré. Por ahora debemos ser cautelosos. En este momento todos están en peligro y no podemos dejar que nadie más muera —dije, para luego fijar mis ojos galácticos en mi hermano—. Quisiera saber algo, Kronos... ¿Para ti qué somos exactamente? ¿Por qué desprecias a nuestra familia? ¿Acaso no te importan mis padres ni tus hermanos?
Kronos dejó escapar una sonrisa de superioridad que heló el ambiente.
—¿Quieres respuestas, verdad? Yo solo los veo y los veré como armas para usar y destruir. ¿Crees que hay amor y bondad en mí? No hay nada más que falsedad. Creas o no, el mundo está hecho para deshacer y construir una evolución masiva que tú no podrías ni imaginar. Yo solo tengo una cosa por hacer y no planeo retirar mis planes... Además, tú, Josué Tanaka... ¿sabes por qué no has oído rumores de mis grandes hazañas? ¿Acaso no te has dado cuenta de todo lo que he hecho? Tampoco estoy solo; al contrario, tengo aliados poderosos que puedo usar como respaldo.
Josué apretó los dientes, entendiendo en un segundo la espantosa verdad.
—Tú... te has aliado con los abismales.
—Así es, padre. ¿No es grandioso? Mira los logros que he hecho —se mofó Kronos.
¡¡¡FWOOSH-BOOM!!!
Josué desapareció por un segundo del plano visual. En una fracción de instante, reapareció justo frente a Kronos, propinándole una golpiza brutal y devastadora que hizo retumbar el suelo de las ruinas y lo estrelló contra los escombros.
—¡¿Cómo pudiste hacernos esto?! —rugió Josué con la voz quebrada por el dolor y la rabia—. ¡¿Qué clase de hijo he criado solo para que se convirtiera en lo que es ahora?! Me has decepcionado, Kronos Tanaka Sánchez...
En lo profundo de la psique de Kronos, dentro de un vacío abismal rodeado de tinieblas...
El verdadero Kronos yacía atado por cadenas de maná oscuro y materia astral, observando la escena sin poder moverse. A su lado, la silueta mística de Quetzalcóatl lo miraba fijamente desde las alturas.
—Jajaja... ¿Ves, Kronos? Eres una decepción —dijo Quetzalcóatl con una sonrisa maquiavélica—. Eres una decepción para él...
—Cállate... —gruñó Kronos dentro de su mente, intentando liberarse sin éxito—. Tú... ¿cómo te atreves a usar todas tus monstruosidades? ¡Tú eres lo peor como dios!
—Silencio, humano —lo cortó Quetzalcóatl, helándole la sangre con su mirada—. ¿Hasta cuándo seguirás con eso? ¿Acaso no sabes lo difícil que fue para las Lucifer buscar un recipiente adecuado? ¿O quieres recordar la culpa por la muerte de tus amigos y la de tu hermano? ¿O quieres que te refresque la memoria sobre la muerte de la novia de tu hermano?
El silencio reinó en la mente de Kronos, roto solo por el peso de sus traumáticos recuerdos.
—¿Qué pasa? ¿Ahora no hablarás? —se burló el dios, tomando el control total del cuerpo en el mundo real—. Solo cállate y mira cómo mato a tus otros hermanos.
Continuará...

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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 277
Estás leyendo el capítulo 277 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 24 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.