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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 276 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Tengo que ver lo que haré ahora. Adelante —dije mientras mi aura brillaba con una intensidad abrumadora. Tenía una opción más para acabar con ellos. Primero tenía que alejar a Natsu, pero eso ya se había completado. Esto sería lo más complicado. Bueno, más bien yo soy el que está buscando esta venganza... y aún no me siento satisfecho. El suelo bajo las botas de Ascan y Óscar se agrietó mientras el peso de mi maná comenzaba a aplastar la atmósfera de la cúpula. Ascan, con la armadura melancólica de los sirvientes de Kronos crujiendo por la presión, dio un paso atrás apretando la empuñadura de su alabarda. —Debo decir que eres mucho más fuerte de lo que pensaba —admitió Ascan con los dientes apretados, buscando desesperadamente una grieta en la postura que sostenía frente a ellos. —Esa fuerza... no pensé que alguien como tú la tuviera —gruñó Óscar a su lado, desatando una marea de energía negra que se disolvía a escasos centímetros de mi barrera—. ¡No mereces ese poder, maldito bastardo! Los miré fijamente desde el centro del impacto. La luz de la Espada Sangrienta y la marca de mi brazo izquierdo brillaban en un pulso rítmico, helado y letal. —Y bien... ¿acabaste de hablar? —respondió mi voz con un tono bajo y desprovisto de cualquier tipo de piedad—. Porque me estoy empezando a aburrir. El rostro de Óscar se deformó en una mueca de pura rabia, sintiendo cómo el orgullo que le había otorgado Kronos se desmoronaba frente a la indiferencia de mi mirada. —¡¿Te atreves a ignorar mis palabras?! —bramó, alzando sus manos para invocar el Sello del Destiempo, un hechizo diseñado para pudrir la carne y la magia de quien lo tocara. —Por supuesto —contesté, inclinando levemente la cabeza mientras la hoja carmesí cortaba el aire en un susurro—. ¿O qué? ¿Acaso quieres que te aplauda? En una fracción de microsegundo, desaparecí de su campo visual. ¡¡¡CRASH-BOOOOM!!! La Tormenta de los Recuerdos y la Trampa de Espinas Envié mi clon para ver qué estaba pasando. Activé la Visión del Dragón para observar a través de sus ojos a miles de kilómetros de distancia. —Mierda... ¿Acaso mi clon está luchando contra el Dios Nocturno? ¿Pero quiénes son esas personas? No logro entenderlo, pero esto... —Carlos... Ayúdame... Esa voz... ¿Acaso Shiro está poseída? Esto no puede ser. Si la Shiro Shimizu de mi vida anterior se aseguró de que ese bastardo no fuera capaz de tocarla... ¿Cómo diablos no funcionó eso? ¿En qué falló la protección del linaje? —¡¿En qué tanto piensas?! —rugió la voz de Ascan, cortando mis pensamientos de golpe. Antes de que pudiera reaccionar, Ascan y Óscar coordinaron un impacto brutal a quemarropa. La alabarda imbuida en energía del tiempo y el puño maldito de Óscar chocaron de lleno contra mi costado. La fuerza de la explosión me proyectó violentamente contra el suelo, haciéndome derrapar decenas de metros y escupir una hebra de sangre. —¡Tsk! —maldije, levantándome de inmediato para esquivar una lluvia de proyectiles negros que destrozaban la tierra a mi paso. Comencé a correr en zigzag entre los escombros mientras ambos avanzaban con una coordinación impecable, lanzando ataque tras ataque sin darme un solo segundo para respirar. Cada estocada y cada ráfaga de maná rozaban mi piel, obligándome a forzar mis reflejos al límite absoluto. —Son demasiado rápidos para atacar... —pensé mientras bloqueaba a ciegas un corte de Ascan con la Espada Sangrienta—. Ahora entiendo por qué Drako no pudo derrotarme ni siquiera con la droga del Dios Demonio de la Destrucción. Estos infelices no pelean por poder bruto... pelean sincronizados para no dejarme pensar. Óscar reapareció justo sobre mi cabeza, con las manos envueltas en un pilar de fuego oscuro listo para aplastarme contra el suelo. El Despertar del Corazón de Sangre Su velocidad estaba incrementándose a cada milisegundo. Nuestras espadas chocaban en un frenético repiqueteo metálico que desprendía chispas incandescentes por toda la plaza. Corrí a máxima velocidad, buscando desesperadamente un ángulo de salida para romper su cerco, pero el terreno traicionó mis pies. ¡¡¡CRACK-CRUNCH!!! Los escombros de la tierra se abrieron de golpe como si tuvieran vida propia, convirtiéndose en una trampa de roca y maná que intentaba aprisionar mis piernas. —¡Mierda! —grité, forzando mi cuerpo en el aire para no quedar atrapado. ¿Cómo demonios se estaban volviendo tan rápidos y precisos? Mi mente trabajaba a mil por hora. Con la Visión del Dragón activa, mis ojos analizaban fríamente cada pulso de maná, cada micro-movimiento de sus músculos, buscando la falla en su sincronización. Y entonces, lo vi: el punto exacto donde la formación de Ascan y Óscar se agrietaba por una fracción de segundo al cambiar de ritmo. —¡Voltstrike! —rugí. Una descarga masiva de rayos púrpuras y dorados estalló desde mi cuerpo, rasgando el espacio y destruyendo la trampa de tierra. El impacto de la electricidad rompió su formación por completo, obligando a Óscar a cubrirse la cara y desestabilizando la postura de Ascan. Logré abrir la brecha que necesitaba... pero algo salió teriblemente mal. ¡¡¡FROOSH-THWIP-PFFFT!!! Un árbol de espinas oscuras gigantesco emergió desde las profundidades del suelo a una velocidad sobrehumana, atravesándome de lleno el estómago. La estaca de madera maldita me levantó varios metros del suelo, desgarrando mi carne y rompiendo mis defensas como si fueran papel. Una enorme bocanada de sangre caliente brotó de mi boca, manchando la empuñadura de la Espada Sangrienta mientras el dolor insoportable congelaba mis nervios. Giré la cabeza con lentitud, respirando con dificultad mientras la sangre me ahogaba. Quedé completamente paralizado al ver la figura que emergía detrás de las ramas. Creí que esto jamás pasaría... que tenía todo bajo control... pero las cosas se habían salido de control por completo. Ascan caminó despacio hacia la base del árbol de espinas, ajustando su alabarda con una sonrisa fría y victoriosa, mientras Óscar se limpiaba el polvo de los hombros a su lado. —¿Qué pasa, Carlos? —se mofó Ascan, alzando la vista para mirarme desangrarme en las alturas—. ¿Acaso no sabías lo que nosotros haríamos? Pensaste que eras el único que jugaba con las cartas marcadas, ¿verdad? —Maldita sea... jajaja... ¡jajajaja! Bien jugado, ustedes dos... —reí con amargura, sintiendo el hilo de sangre tibia escurrir por mi mentón mientras la estaca de espinas amenazaba con devorar mis entrañas. Apreté los dientes y la marca de mi brazo izquierdo brilló en un tono escarlata hirviente. —Espada Sangrienta... Cambio. La enorme hoja de hueso y sangre se desintegró en un destello de maná denso, transformándose al instante en un par de dagas de sangre gemelas, curvadas y rutilantes con una sed de masacre incontenible. —Espero que estén preparados... porque lo que verán a continuación será un festín mucho más siniestro que los mismos abismales. Ascan dio un paso atrás de golpe, y la sonrisa burlona de Óscar se extinguió en un chasquido. La atmósfera del lugar no solo se volvió pesada; el espacio alrededor del árbol de espinas comenzó a distorsionarse, tornándose de un color púrpura cenizo. —¿Q-Qué es esta presión que estoy sintiendo...? —tartamudeó Óscar, apretando la mandíbula con puro terror instintivo—. Acaso él... ¡Ascan, muévete! —¡Demasiado tarde! Desaparecí por completo usando magia de teletransportación. Un portal de brecha abismal se abrió justo en el aire sobre sus cabezas. Sin dudar un milisegundo, lancé las dagas de sangre directamente al interior de la falla espacial, haciéndolas multiplicar su presencia en cientos de filos invisibles. Suspendido en el vacío, canalicé la energía atávica de mi Núcleo de Pirámide, entrelazándola sin piedad con mi magia de éter pura y vertiendo todo mi poder nocturno en una sola red estelar. Cerré los ojos en medio del caos, sintiendo cómo el flujo del universo se congelaba a mi alrededor. —Cometieron el mayor error de su vida. ¡¡¡WRRRRRRRK-BOOOOOOOOOOOOM!!! El portal estalló. Una tormenta de dagas de éter y sangre imbuida en energía nocturna cayó del cielo como una lluvia meteorítica de aniquilación total, devorando la cúpula, el árbol de espinas y a Ascan y Óscar en una masa de destrucción absoluta. La Caída de Óscar y el Juicio del Dolor Suspiré hondo, dejando escapar un aliento tibio en medio del caos, con una sonrisa bastante tranquila dibujada en mi rostro. Por primera vez en toda la batalla, la pesadez de mi pecho se evaporó, reemplazada por un vacío helado y absoluto. Mis ojos dejaron de ser mortales; la córnea y la pupila se disolvieron por completo, convirtiéndose en una vasta e infinita galaxia donde las estrellas y nebulosas púrpuras giraban a una velocidad aterradora. —Acabaré contigo ahora mismo —susurré con una frialdad que congeló el maná del ambiente. Sin mover un solo pie, extendí la palma de mi mano derecha. La sangre que goteaba en el suelo de la cúpula cobró vida propia, respondiendo al llamado de la Técnica del Corazón de Sangre. En una fracción de microsegundo, un pulso de presión hidrostática abismal se contrajo dentro del pecho de Óscar. ¡¡¡CRACK-SPLAT!!! Un latido sangriento resonó en el aire y, antes de que pudiera parpadear, le arranqué el brazo derecho desde el hombro. La extremidad salió volando hecha trizas mientras la masa de sangre convertida en garras le desgarraba la carne y las arterias por completo. —¡¡¡AHHHHHHHHHH!!! ¡MI... MI BRAZO, MALDITO MONSTRUO! —aulló Óscar, hincándose de rodillas mientras la sangre brotaba a borbotones, manchando la tierra destrozada—. ¡Esta vez no me voy a contener! ¡Espero que disfrutes este infierno! —¡Óscar, no! ¡Detente! ¡Por favor! —gritó Ascan desde la distancia, horrorizado al ver la transformación de su compañero y la monstruosa presencia que emanaba de mí. Incliné levemente la cabeza, observándolo desde las alturas mientras las luces galácticas de mis ojos destellaban con pura apatía. —¿Ahora me suplicas? —dije, dando un paso lento en el aire—. Vaya... no sabía que eras tan débil de voluntad. Lo que siguió a continuación fue una auténtica carnicería. Sin permitirle usar su magia de tiempo ni sus sellos oscuros, desaté el Corazón de Sangre en su máxima expresión. Cientos de hilos de sangre incandescente atravesaron su carne como agujas al rojo vivo, izándolo en el aire y desgarrándole los músculos, la piel y las articulaciones uno por uno. Los gritos de agonía de Óscar retumbaron en todo el perímetro mientras la sangre salía disparada en todas direcciones, pintando los escombros de la cúpula de un color carmesí hirviente. Lo torturé sin un solo ápice de piedad, cobrando cada gota de dolor que le infligió a mis aliados. Finalmente, manipulé un último látigo de sangre concentrada y, con un movimiento seco de mis dedos, le corté la cabeza de un solo tajo limpio. La cabeza rodó por el suelo antes de convertirse en cenizas púrpuras, y sin su núcleo, su cuerpo entero dejó de existir, desintegrándose en el vacío como si nunca hubiera formado parte de este mundo. Giré lentamente la mirada hacia Ascan, cuyo rostro estaba completamente pálido por el terror. La Verdad Oculta y la Sombra de Kronos —Ahora sigues tú... —sentencié, dando un paso al frente mientras el aura galáctica de mis ojos destellaba sobre el suelo ensangrentado. Ascan retrocedió un centímetro, apretando la empuñadura de su alabarda con tanta fuerza que sus nudillos crujieron. —Por lo que veo, estás más serio... Aunque el terror corre por tus venas, ¿verdad? —dije, esbozando una sonrisa fría. —Tal vez tenga miedo luego de ver eso... pero me di cuenta de algo —respondió Ascan, tratando de estabilizar su respiración acelerada mientras me miraba fijamente—. Tú... tienes un odio profundo hacia nosotros. Dime, ¿qué fue lo que...? —¡Será mejor que te calles! —lo interrumpí con un bramido que hizo temblar las ruinas de la cúpula—. ¿Crees que yo te daría mis motivos? Ustedes son los que merecen morir. Son exactamente iguales a mi hermano... Yo confíe en él, le di todo, y aun así él nunca sintió compasión. Le di mi confianza creyendo que podría ser el mejor, pero me equivoqué. Mi hermano y ustedes son los verdaderos causantes de esta desgracia en mi vida... ¡Toda esta vida he sufrido más que nada! ¡Perdí más cosas de las que nunca debí imaginar! Ascan guardó silencio por un segundo, observando el dolor atroz que se disfrazaba de ira en el fondo de mi mirada. —Ya veo... Así que hay un odio y un arrepentimiento profundo, ¿verdad? Por lo que veo, no solo mataste a Óscar y a Drako por interponerse... sino porque ellos te hicieron algo en el pasado, ¿verdad? —musitó Ascan, bajando levemente la guardia con una expresión amarga—. Dime solo una cosa, Carlos... ¿En verdad está bien ser esa clase de persona? Esa clase de deseo de venganza solo te va a consumir más por dentro. Una risa seca, rota y carente de toda alegría brotó de mi garganta, resonando en el vacío del Santuario Central. —¡Hajajajaja! Sí, claro... ¿Ahora tú vienes a decirme eso? —escupí con desprecio, alzando las dagas de sangre mientras el poder nocturno terminaba de envolver mi cuerpo—. La deidad a la que sirves destruyó todo lo que amaba, y pretendes darme lecciones de moral antes de morir. Prepárate, Ascan. —Tal vez tengas razón en eso, debería morir... pero yo no siento odio hacia ti tal cual. Yo solo seguí órdenes de tu hermano para, por alguna razón, tener poder, tenerlo todo y gobernar un mundo mejor donde nadie tenga que sufrir. Tal vez a ti no te importe, pero yo tengo una hermana menor, al igual que tú. Las palabras de Ascan cayeron en el aire helado de las ruinas, deteniendo mi avance. Entorné los ojos mientras el brillo galáctico de mi mirada fluctuaba. —¿Sabes qué fue lo que pasó? —continuó Ascan, bajando la mirada mientras apretaba los puños—. Tenía una hermana que siempre fue buena y amable. Era mi única oración, la única vida que podía vivir a pesar de que mis padres murieron en la guerra hace años. (Lo recuerdo... eso fue cuando yo lo conocí a él. Pero a su hermana nunca la conocí... Espera, ¿acaso mi hermano...?) —Cuando entré a la academia, todo parecía que iría bien —siguió Ascan, con la voz quebrándose por el peso de la memoria—. Pensé en conseguir una vida tranquila, buscar trabajo para poder cuidar a mi hermana. Mi familia no era noble, pero éramos seres humanos que siempre empezamos bien o mal... Pero para mí no fue así. Mi hermana murió a los 6 años. ¿Sabes por qué? Porque tu hermano fue quien la mató. Era la única luz que tenía en esta vida y ahora ya no está por culpa de él... Desde aquel momento no supe qué hacer. Él me manipuló. Aunque lleve un dolor horrible, siempre recordaré la sonrisa de mi querida hermana. Tú sabes mejor que nadie lo que se siente querer y proteger a alguien importante en la vida... Tú, bueno, tienes a tus hermanos. —Uno de ellos murió en batalla... —lo interrumpí en un susurro, sintiendo una punzada de amargura en mi propio pecho. —¿Qué? —Ascan alzó la vista, impactado. —Yo también sé cómo se siente perder a alguien. Tú también puedes vengarte, porque... —No tenía otra opción, Carlos —dijo Ascan, dejando escapar una risa amarga y rota—. Todo lo que pasé será sellado en un silencio lleno de palabras dolorosas. Me siento decepcionado de mí mismo... Soy un fracasado, ¿verdad? Jajaja... Sí, lo soy... Puse mi mano sobre la empuñadura de mi daga y di un paso firme hacia él, con el rostro ablandado por primera vez en toda la batalla. —Tú no eres alguien de quien decepcionarse, Ascan. Tú solo fuiste cegado por el odio y el dolor de la muerte de tu hermana. Querías una vida feliz, una vida en la que solo querías ver un mundo lleno de armonía y tranquilidad... —Carlos... ¿por qué me dices esto? Yo... yo... Una lágrima solitaria recorrió el rostro de Ascan, limpiando un rastro de polvo y sangre en su mejilla. —Me odio a mí mismo, Carlos... —No te odies a ti mismo —le respondí con voz firme pero cálida—. Sé fuerte, aprende a vivir con el dolor. Hay que aceptar el dolor, hay que sentir el dolor, hay que comprender cada acto y nuestros errores en lo que hicimos mal. En la vida habrá errores, habrá dolor para cada uno de nosotros, pero tú puedes corregirte a ti mismo. De los errores se aprende. Los ojos de Ascan se iluminaron en un instante, reflejando una pequeña pero sincera chispa de esperanza que no había tenido en años. —Carlos, yo... ¡¡¡THWIP-PFFFT!!! El aire se congeló. El sonido de carne y metal desgarrándose rasgó el silencio. Una hoja de titanio temporal y materia oscura atravesó a Ascan directamente por el pecho, brotando en un charco de sangre incandescente justo frente a mis ojos. —Lograste librarte de mi manipulación, ¿verdad, Ascan? —resonó una voz distorsionada, elegante y desprovista de toda empatía desde la sombra de su espalda. —Kro... nos... —alcanzó a ahogar Ascan, escupiendo una gran cantidad de sangre sobre la tierra antes de que sus piernas colapsaran. —¡¡¡KRONOS!!! —grité con todas mis fuerzas, sintiendo cómo las venas de mi cuello se hinchaban por la rabia. La entidad arrancó la espada de un tajo seco, dejando caer el cuerpo inerte de Ascan sobre los escombros. Ajustó los puños de su túnica cubierta de runas de tiempo y me miró con una sonrisa burlona y superior. —Para ser alguien tan estúpido, Ascan... ¿creíste que te dejaría vivir con tal de revivir a tu hermana? —se carcajeó Kronos, haciendo que su risa ecoara en todo el firmamento destruido—. ¡Jajaja! Qué estúpido. Te lo creíste todo e hiciste un gran trabajo, debo reconocerlo... pero ¿qué crees? Has fallado, insolente. El aura de Kronos estalló, amenazando con distorsionar las líneas del tiempo alrededor del Santuario.
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Estás leyendo el capítulo 276 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 20 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.