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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 275 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Así que me estabas esperando, ¿verdad? —dijo Gojo con una voz helada que parecía congelar el propio maná del ambiente. Dio un paso al frente y la presión invisible del Infinity aplastó los escombros circundantes, convirtiendo las rocas del cráter en un fino polvo gris. —Por supuesto. ¿Acaso olvidaste que tú serás el siguiente en morir? —respondió el Dios Nocturno a través de la boca de Shiro. Dejó escapar una risa distorsionada y gutural, un eco sónico que hizo vibrar el aire con un maná púrpura, denso y nauseabundo que asfixiaba los pulmones. En la retaguardia, Alexander se arrastró unos metros sobre el suelo destrozado, sujetándose la herida sangrante del costado mientras intentaba enfocar la vista. El aura de aquel hombre recién llegado no se parecía a nada que hubiera sentido jamás en su vida: no era la fuerza convencional de un héroe, ni la luz sagrada de un dios, sino un vacío absoluto que distorsionaba la existencia misma a su paso, doblando la luz y el espacio. —E-Este tipo... ¡¿quién demonios es?! —exclamó Alexander con la voz entrecortada por el dolor, la conmoción y la pérdida masiva de sangre, mirando a Nicolás con los ojos abiertos de par en par. —Es Gojo Akinori... el Fundador —respondió Nicolás con los dientes apretados, levantándose con extrema dificultad mientras sus dagas relampagueaban débilmente, a punto de apagarse—. El único hombre loco y lo suficientemente poderoso como para mirar a un Dios Primigenio a los ojos y tratarlo como a una simple presa. El Dios Nocturno fijó sus pupilas carmesí en Gojo, haciendo crujir las cadenas de sombras que envolvían y estrangulaban el cuerpo de Shiro. —Mírate, Fundador... Tan arrogante y ciego como siempre —se burló la entidad, elevándose unos metros en el aire en una danza macabra de maná corrupto—. ¿Qué vas a hacer ahora? Si usas tu corte espacio-temporal, no solo me atacarás a mí... pulverizarás el alma de esta chica hasta borrarla del tejido universal. Estás completamente atrapado en tu propia moral. Gojo ni siquiera parpadeó. Un brillo azul oscuro, profundo como el abismo, destelló en sus ojos detrás del mechón de cabello que cubría su frente, y la empuñadura de su espada emitió un leve pulso de energía atávica. —Te equivocas, Dios Nocturno —sentenció Gojo, reduciendo la distancia a cero en un parpadeo inaudible—. Mi espada no necesita cortar la carne para separar la mugre de la existencia. ¡¡¡CRASH-BOOOOM!!! El choque brutal entre la barrera impenetrable del Infinity y la masa de energía abismal desató una onda expansiva titánica que barrió con lo poco que quedaba en pie del Santuario Central, dando inicio formal al enfrentamiento definitivo por el alma de Shiro. La Estocada de la Realidad y la Ofensiva desesperada —Te lo diré una vez más... ella jamás regresará —dictaminó la entidad con la voz fría y ajena de Shiro, desprovista de todo rastro de humanidad. —¿Qué...? —alcanzó a articular Gojo, perdiendo el hilo de su concentración por una fracción de segundo. ¡¡¡PFFFT!!! Gojo escupió una violenta bocanada de sangre de la nada, tambaleándose un paso hacia atrás mientras su visión se nublaba por un instante debido a un ataque invisible que ignoró sus defensas espaciales. —Duerme... ni siquiera puedes pelear en este estado deplorable —murmuró el Dios Nocturno, dejando caer una maldición sutil y punzante que resonó directamente en las entrañas del Fundador. —Maldita sea... —maldijo Gojo entre dientes, hincando una rodilla en el suelo mientras luchaba con cada gramo de su voluntad para estabilizar su núcleo contra la interferencia del maná abismal. El Dios Nocturno acomodó el cuello de Shiro con un gesto elegante y despectivo, limpiándose una brizna invisible de polvo de la manga como si estuviera en un banquete. —Bien... ¿en qué estaba? Antes de que pudiera dar un solo paso hacia el Fundador inmovilizado, el aire detrás de la deidad estalló en un fulgor carmesí y negro. Alexander, con los ojos inyectados en sangre y sobrepasando todos sus límites físicos y mentales, desenfundó la Espada Demoníaca de las Tres Menudas. El filo, imbuido en un aura maldita que devoraba la luz del entorno, crujió con el peso atroz de miles de almas atrapadas en su interior. —Será mejor que cierres la boca antes de seguir hablando, maldito ser asqueroso... —rugió Alexander, alzando la hoja demoníaca para asestar un golpe capaz de hendir el continente entero. La deidad ni siquiera se molestó en girar el rostro para mirarlo. —¿En verdad piensas que eso funcionará? —susurró con una sonrisa amarga y condescendiente—. No pensé que alguien como tú fuera tan patéticamente lento... Las cadenas púrpuras se retorcieron en el aire a una velocidad que desafiaba por completo la percepción visual. —¡Alexander, aléjate de ahí ahora mismo! —gritó con desesperación una voz femenina que resonó desde las alturas de los escombros. La heroína del arco y el héroe de la naturaleza, quienes acababan de arribar a la cumbre del Santuario tras una carrera frenética, se quedaron completamente paralizados en el sitio. Sus rostros reflejaban un horror absoluto al ver cómo la presencia del Dios Nocturno comenzaba a distorsionar la vegetación, el suelo y la estructura misma del espacio en un radio de varios kilómetros a la redonda. ¡¡¡BOOOOOOOOM!!! Alexander y el Héroe de la Naturaleza intercambiaron una sola mirada cargada de urgencia: era el momento o nunca. Con un asentimiento implícito, todos los héroes presentes se lanzaron en una ofensiva simultánea, coordinando con precisión milimétrica cada gota de maná que les quedaba en el cuerpo. La Heroína del Arco tensó su cuerda hasta el límite absoluto de resistencia, desatando una lluvia furiosa de mil flechas de luz astral que rasgaron el firmamento en jirones luminosos. Alexander se abalanzó por el flanco izquierdo blandeando la Espada Demoníaca, mientras el Héroe de la Naturaleza hacía brotar raíces gigantescas de oricalco puro desde las entrañas de la tierra para inmovilizar las extremidades de la criatura. —¡¡¡AHORA O NUNCA!!! —gritaron al unísono, convergiendo todos los ataques directamente sobre el núcleo del cuerpo poseído de Shiro. El Dios Nocturno ni siquiera se inmutó ante el despliegue. Con un movimiento perezoso pero devastador de su mano izquierda, desplegó una onda de choque abismal que expandió su Cúpula del Vacío. ¡¡¡CRACK-CRASH-BOOOOM!!! Los ataques combinados impactaron de lleno contra un muro invisible de energía púrpura y se pulverizaron en el acto, hechos añicos. La fuerza expansiva del rechazo fue tan brutal que hizo retroceder violentamente a todos los héroes, proyectándolos a decenas de metros de distancia mientras la marejada abismal bloqueaba, desintegraba y anulaba cada uno de sus filos y hechizos. —Inútiles... absolutamente inútiles... —resonó la voz distorsionada del Dios Nocturno, flotando sobre la densa polvareda con las cadenas rutilando a su alrededor—. Ningún esfuerzo mortal puede alterar jamás el destino preกำหนด de esta nave. Desde el suelo, ajustando su agarre sobre la empuñadura mientras su Infinity reestabilizaba con dificultad su flujo sanguíneo, Gojo levantó lentamente la mirada, fijando sus ojos cansados pero letales en la entidad poseída. La Evacuación y el Relevo —Tengo que hacer algo ahora mismo o todo estará perdido... —dijo Gojo entre dientes, apretando los puños con tanta fuerza que sus nudillos sangraron mientras intentaba forzar su maná a estabilizarse. De pronto, un fulgor de runas geométricas de color azul oscuro y negro comenzó a brillar con una intensidad cegadora directamente debajo de sus botas. El patrón mágico giraba a una velocidad frenética, resonando armónicamente con la esencia pura del Núcleo del Dios Doliente y envolviendo a Gojo en una columna cilíndrica de luz espacial pura. —Espera... ¿qué demonios es este círculo que está apareciendo debajo de mí? —expresó Gojo con frustración, bajando la mirada al ver cómo la fórmula de transferencia dimensional rodeaba sus botas. Al reconocer al instante la inconfundible firma de maná de su compañero, Gojo alzó la vista hacia el fondo de las ruinas y apretó los dientes con una furia desesperada. —¡No! ¡No, ni se te ocurra teletransportarme de aquí, Carlos! —gritó Gojo fuera de sí, intentando desplegar el Infinity para romper el sello espacial desde adentro con pura fuerza de voluntad—. ¡No me saques de este lugar! ¡Aún puedo seguir peleando! Desde la entrada destruida y humeante del Santuario, el verdadero Carlos avanzó paso a paso entre la humareda, sosteniendo el sello de evacuación con la mano extendida y firme. Su rostro reflejaba el peso aplastante del dolor acumulado por las recientes tragedias, pero sus ojos brillaban con una determinación fría e inquebrantable. —Tú ya hiciste tu parte, Gojo... Luchaste lo suficiente —la voz de Carlos resonó directamente en la mente del Fundador, apagando sus protestas—. No voy a dejar que te destruyas intentando salvarla en ese estado límite. Déjamelo todo a mí esta vez. ¡¡¡WRRRRRRRK-BOOOM!!! El círculo mágico estalló en un pilar ensordecedor de luz azul oscura. En una fracción de microsegundo, la presencia imponente de Gojo Akinori desapareció por completo del terreno de juego, siendo evacuado drásticamente fuera del rango letal del Santuario para permitirle recuperar sus fuerzas vitales. El silencio volvió a caer con peso de plomo sobre la plaza destruida. En medio del cráter humeante, solo quedaron dos figuras enfrentadas: el Dios Nocturno dominando con tiranía el cuerpo de Shiro, y Carlos Tanaka, quien avanzaba despacio, con paso firme, sosteniendo la hoja de la noche eterna envuelta en un fuego abismal que consumía el oxígeno a su alrededor. La deidad curveó los labios de Shiro en una sonrisa de pura burla macabra. —Vaya... así que mandaste a volar a tu mejor amigo de patitas a la calle solo para tener el patético honor de morir completamente solo, Carlos. La Negociación Rota y el Conflicto Interno —Lo mismo digo, maldito dios de mierda. No planeo olvidar ni perdonar todo lo que le hiciste a Eime, ni tampoco de qué manera tan ruin lograste manipular a Emperor —escupió Carlos con una voz cargada de un veneno mortal, apretando la empuñadura de su espada mientras el fuego abismal a su alrededor se tornaba aún más denso y oscuro—. Hay cuentas pendientes muy graves que debo arreglar contigo... Además, ¿quién diablos te da el derecho de matar a Emanuel? ¿Acaso tú y ese rey patético del imperio pensaron que me quedaría de brazos cruzados sin darme cuenta? El Dios Nocturno ladeó la cabeza con curiosidad morbosa a través del cuerpo de Shiro, dejando escapar una risita burlona que heló el ambiente circundante. —¿Oh? ¿De verdad te refieres a ese caballero oscuro? —¿Caballero oscuro? ¿A qué demonios te refieres con eso...? —murmuró Carlos, entrecerrando los ojos mientras una punzada helada de duda y sospecha cruzaba su mente analítica. —Este maldito no es el momento para distracciones —la voz de Yuki resonó de golpe y sin previo aviso directamente dentro de la cabeza de Carlos, interrumpiendo sus pensamientos con urgencia—. Carlos, concéntrate, él solo está ganando tiempo para consolidar la posesión. Debemos matar a Shiro o, de lo contrario, él nos masacrará a todos sin piedad. —Tú sabes perfectamente el riesgo que corremos, ¿verdad, líder? —añadió Kai a través del vínculo telepático, con la tensión palpándose en cada temblor de sus palabras. Carlos apretó los dientes con tanta fuerza que sintió sabor a sangre en su boca, sintiendo cómo el conflicto interno amenazaba con despedazarlo por dentro frente a la inminencia del peligro incontrolable. —Oigan... ya lo sé, lo tengo claro... pero respóndanme algo antes de seguir. ¿Cómo está Eime? —preguntó Carlos mentalmente, conteniendo el aliento con profunda angustia. Un silencio pesado, incómodo y sumamente dudoso cayó por un segundo entero en la red de comunicación mental. —Bueno... ella... la verdad no está bien —vaciló Kai visiblemente incómodo al tener que dar la noticia. —No te puedo mentir ni ocultar esto, Carlos —intervino Yuki con extrema pesadez en su tono—. En estos momentos ella está sufriendo terriblemente. —¿Qué? Pero... ¿por qué motivo exacto? ¡Explícate! —Emilia está profundamente decepcionada de su desempeño —explicó Yuki con tono sombrío y cortante—. En estos momentos le está haciendo la vida miserable, castigándola severamente después de que hiciera el ridículo frente al Dios Nocturno y también por haber permitido que Emperor fuera manipulado tan fácilmente por el enemigo. Las palabras golpearon a Carlos con la fuerza destructiva de un mazo en el pecho, pero frente a él, los ojos carmesí del Dios Nocturno brillaron con malicia pura al notar la clara vacilación reflejada en su rostro. La Orden de Contingencia y la Despedida —En verdad esa noticia le afectó... —murmuró Carlos para sí mismo, manteniendo los ojos fijos en la deidad que flotaba frente a él, mientras sus nudillos se tornaban completamente blancos sobre la empuñadura de la hoja oscura—. Solo espero que Emilia no sea capaz de matar a Eime en su castigo. Tú lo sabes muy bien, Yuki... ella es completamente capaz de todo con tal de desquitarse después de todos los problemas que pasamos para llegar aquí. —Lo sé perfectamente, yo misma lo he visto —respondió Yuki a través de la red telepática, con un tono firme que buscaba amortiguar la angustia creciente de su líder—. Pero ese es un conflicto interno que ella y yo debemos resolver por cuenta propia. No puedes cargar perpetuamente con el peso de cada grieta en nuestro grupo mientras sostienes la existencia misma de este plano sobre tus hombros. El Dios Nocturno, habitando plenamente el cuerpo de Shiro, comenzó a flotar unos metros más alto en el firmamento destrozado. Las cadenas púrpuras que la rodeaban goteaban una sustancia corrosiva que derretía la piedra del Santuario Central al contacto, emitiendo un zumbido agudo y molesto que buscaba desestabilizar la concentración mental de Carlos. —Mírate... hablando patéticamente solo en tu cabeza mientras tu preciado mundo se cae a pedazos a tu al rededor —se mofó la deidad con la voz distorsionada de Shiro, ladina y cruel—. Tus aliados sufren, tus hermanos caen uno a uno, y la mujer que intentas desesperadamente proteger no es más que mi títere de repuesto. ¿Cuánto más vas a aguantar antes de colapsar por completo, Carlos Tanaka? Carlos ignoró la provocación con fría maestría, cerrando por completo el canal de duda en su mente y dirigiéndose con absoluta autoridad a toda la red mental de sus subordinados Guardianes. —Pero antes de terminar, escuchen bien esto —sentenció Carlos con una voz mental que no admitía réplica ni vacilación alguna—. Avísale a los demás Guardianes que se preparen de inmediato. Una vez que acabe con esto, tendré un entrenamiento especial y riguroso para todos ustedes. Cuando yo muera o me pase algo definitivo, ya sabrán exactamente qué hacer sin dudar. Un silencio sepulcral, helado e imponente dominó de inmediato la línea telepática de los Guardianes. —¿Líder...? —la voz de Kai tembló levemente desde la lejanía, rota por la incredulidad—. ¿A qué te refieres exactamente con "cuando te pase algo"? Tú eres el pilar absoluto de los Guardianes y de este mundo. No digas esas estupideces justo antes de encarar a un Dios Primigenio. —¡No digas tonterías suicidas, Carlos! —intervino Yuki con aspereza y furia contenida—. Nos costó sangre, sudor y lágrimas llegar hasta este punto como para que empieces a redactar tu maldito testamento en medio del campo de batalla. Si planeas imponernos ese entrenamiento, asegúrate de estar vivo para supervisarlo tú mismo en persona. —No es una suposición vacía, Yuki. Es una orden estricta de contingencia —respondió Carlos en un susurro mental inquebrantable mientras el fuego abismal de su Núcleo del Dios Doliente comenzaba a cubrir íntegramente todo su brazo derecho—. El Dios Nocturno no es una entidad común que se pueda sellar o destruir sin pagar un precio equivalente en almas. Si esta batalla exige que devore mi propia esencia vital para arrancarlo del cuerpo de Shiro... lo haré sin dudar un solo segundo. Por eso necesitan estar listos para el vacío. Si el puesto de líder queda vacío, el mundo no se detendrá a esperar a que lloren sobre mi tumba. —Carlos... —musitó Yuki con dolor, apretando los dientes al comprender por fin la aterradora y absoluta determinación en sus palabras. —Entendido, líder... —respondió Kai tras un pesado y doloroso suspiro, endureciendo su tono para ocultar el miedo—. Transmitiré el mensaje a la totalidad de los Guardianes. Todos estarán preparados para lo peor... pero más vale que te quedes vivo para ver los resultados con tus propios ojos. Carlos cortó de tajo la transmisión telepática. Al mismo tiempo, el Dios Nocturno alzó ambos brazos hacia el cielo, haciendo que miles de agujas de sombras con puntas incandescentes se desplegaran amenazantemente a su alrededor, cubriendo el cielo destruido del Santuario como un manto denso de espinas letales. —¿Terminaste ya tu pequeña e inútil despedida de cobarde, mortal? —preguntó la deidad con una sonrisa amplia y siniestra pintada en el rostro de la chica—. Porque el tiempo de tus palabras patéticas se ha agotado por completo. —No era una despedida —respondió Carlos con frialdad, dando un paso al frente mientras la tierra bajo sus botas se pulverizaba en cráteres—. Era la garantía absoluta de que, incluso si yo caigo hoy aquí en este abismo... tu maldito reinado de mierda no sobrevivirá a esta era. Carlos se impulsó hacia el frente con furia ciega, convirtiéndose instantáneamente en un rayo destructivo de fuego azul oscuro que cortó la masa masiva de agujas abismales en una fracción de milisegundo, desatando de este modo el choque definitivo y cataclísmico contra la deidad. La Perspectiva Externa y la Espada Sangrienta —Este chico... ¿viste esa velocidad? —¿No es de quien nos hablaron con tanto terror Sara y Miranda? —Es completamente imposible que él esté aquí haciendo esto... Pero lo peor de todo no es eso, ¡lo peor es esta monstruosidad de poder que estoy sintiendo a la distancia! A varios kilómetros de distancia, encaramados firmemente en la cresta rocosa de las montañas que rodeaban las ruinas calcinadas del Santuario Central, la Heroína del Arco y el Héroe de la Naturaleza observaban el horizonte pálidos y temblorosos tras haber sido evacuados por el hechizo de Carlos. El choque telúrico e incesante de energías entre el fuego abismal del Fundador y el maná corrupto del Dios Nocturno sacudía la tierra con la fuerza destructiva de un terremoto ininterrumpido. —Esa presión no es humana... ni siquiera parece pertenecer a las leyes de este plano —murmuró la Heroína del Arco con la voz trémula, ajustándose la vista mientras su pulso se aceleraba de forma descontrolada—. Sara y Miranda nos advirtieron que Carlos Tanaka era extremadamente peligroso, pero esto... esto sobrepasa por completo cualquier registro histórico de los Diez Legendarios. —La forma tan aterradora en que sofocó nuestro ataque combinado en un solo segundo, y cómo nos sacó del mapa sin que pudiéramos oponer resistencia... —respondió el Héroe de la Naturaleza, apretando con fuerza la empuñadura de su bastón mientras las raíces a su alrededor se marchitaban y morían por la simple densidad de la onda de choque lejana—. Está enfrentando a un Dios Primigenio él completamente solo, utilizando una fuerza que roza los límites de la aniquilación total del universo. —Si ese chico pierde el control o se deja consumir por esa monstruosidad interior... no quedará absolutamente nada en este continente que pueda detenerlos jamás. Mientras tanto, en el mismísimo epicentro de la devastación, la hoja de Carlos colisionaba de lleno y sin reservas contra la barrera impenetrable del Dios Nocturno, haciendo volar miles de esquirlas de luz cegadora e infectando el cielo con una tormenta eléctrica de ráfagas abismales. —¡¡Espada Sangrienta!! —exclamó de pronto la Heroína del Arco desde la lejanía de las montañas, abriendo los ojos con un horror sofocante y un escalofrío en la espina dorsal al reconocer el brillo rojo víscera y la empuñadura ancestral forjada en hueso antiguo que acababa de manifestarse mágicamente en las manos de Carlos. —Esa espada maldita... —el Héroe de la Naturaleza dio un paso involuntario hacia atrás, con la voz temblando por el puro impacto visual—. ¿Acaso el Duque... ¡¿el Duque fue asesinado y desmembrado por él?! —No solo asesinado... —susurró la arquera con pavor, viendo cómo el filamento sangriento del arma absorbía vorazmente la bruma abismal circundante—. Esa hoja maldita jamás obedece a cualquiera; solo responde con lealtad a quien ha erradicado por completo el linaje de su antiguo dueño y devorado su legado de sangre hasta los huesos. Carlos no solo venció al poderoso Duque; reclamó su arma maldita para transformarla en su propia y definitiva herramienta de ejecución masiva. En el centro exacto del cráter, el Dios Nocturno sintió por primera vez una presión fría y sofocante que emanaba directamente de la aterradora Espada Sangrienta. La sonrisa estática en el rostro poseído de Shiro se congeló por primera vez, siendo reemplazada rápidamente por una sombra de genuina cautela. —¿Te atreves a usar el filo de ese noble caído y patético en mi contra? —se mofó la deidad con tono altanero, aunque sus cadenas púrpuras se tensaron de inmediato en una rígida posición defensiva—. Una simple reliquia manchada de masacre mortal jamás detendrá la voluntad absoluta de un Dios Primigenio. —Esta espada maldita no está aquí para detenerte temporalmente —respondió Carlos con voz gélida, uniendo la energía caótica de su Núcleo del Dios Doliente con el torrente carmesí y sediento de la hoja sangrienta—. Está aquí para cobrar con intereses la deuda de cada vida inocente que destrozaste sin piedad. El aura combinada de color rojo carmesí y azul oscuro estalló en una colosal columna de destrucción pura que se elevó velozmente hasta el firmamento, agrietando y desintegrando las nubes oscuras que cubrían el cielo sobre el Santuario Central. La Revelación de la Espada y el Sello Oculto —Se equivocan rotundamente en sus suposiciones... Asanbosam Lasyder, el legendario Rey de los Vampiros, murió hace mucho tiempo a manos de este monstruo. Murió intentando resistir al Dios Nocturno. Yo solo encontré su abandonada espada entre las cenizas y ahora me pertenece por derecho... Y soy yo quien la está usando para impartir justicia —aclaró Carlos con severidad, cortando las especulaciones de los presentes. Un silencio denso, pesado y lleno de respeto asustado cayó de golpe sobre el grupo al escuchar las duras palabras de Carlos. —Ya veo... con que esa es la verdad —susurró la Heroína del Arco, bajando la mirada con pesar al comprender la amarga y sangrienta verdad detrás de aquella hoja legendaria. —También tengo que decirles otra cosa de suma importancia... El Héroe de las Sombras, él... —continuó Carlos, deteniéndose un instante para respirar hondo. —Sí, lo sabemos muy bien, joven... Él está muerto —lo interrumpió la voz firme, madura y pesada de Nicolás Tezla, dando un paso al frente con el rostro ensombrecido por la tristeza—. Fue alguien increíblemente valiente hasta el último segundo de su aliento... Un verdadero guerrero que cumplió su deber hasta el final. Nicolás fijó la vista con atención en el brazo izquierdo descubierto de Carlos, donde una serie de runas antiguas, complejas y pulsantes brillaban intensamente en un tono dorado y carmesí, entrelazándose orgánicamente con su piel como una marca indeleble de poder absoluto. —Pero dime... ¿crees de verdad que tú puedas soportar ese legado? Espera un segundo... Tú... ¿acaso él te heredó y confió absolutamente todo su poder antes de partir? —Tal vez... Todo ese peso reside ahora mismo en esta marca maldita de mi brazo izquierdo —respondió Carlos con seriedad, apretando con fuerza el puño mientras la energía latente de la herencia del Héroe de las Sombras comenzaba a resonar armónicamente con el poder sediento de la Espada Sangrienta. —Pero ahora mismo no hay tiempo para dudas ni lamentos. Tengo que hacer algo drástico ahora... o todos ustedes morirán calcinados aquí mismo en este instante. El maná acumulado en la marca del brazo de Carlos estalló con violencia desmedida, fusionándose de manera perfecta con la hoja sangrienta y levantando una ráfaga huracanada de viento destructivo que obligó a Nicolás y a los demás combatientes a cubrirse firmemente los rostros con los brazos. Frente a él, el Dios Nocturno, sosteniendo con tiranía el cuerpo inmóvil de Shiro, estrechó sus ojos carmesí con odio puro al sentir la peligrosa convergencia de poderes primordiales en el joven mortal. —Esa maldita marca... —siseó la deidad con una rabia desbordada en la voz—. Así que esa insignificante rata de las sombras te entregó su último aliento y su poder antes de perecer como un perro... ¡Qué patético y miserable intento de torcer el destino que ya he escrito! —Cierra la maldita boca de una vez por todas —sentenció Carlos con frialdad absoluta, avanzando hacia el frente a una velocidad tan extrema que borró por completo su presencia física del aire, reapareciendo imprevistamente justo encima de la deidad con la Espada Sangrienta levantada y lista para cercenar de raíz la oscuridad eterna. Continuará...
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Estás leyendo el capítulo 275 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 19 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.