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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 274 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
El firmamento dejó de ser un cielo para convertirse en una herida abierta de plasma y vacío. La onda expansiva del Eclipse de Luz no solo alteró la presión atmosférica; quebró las leyes fundamentales de la física divina que habían sostenido a los reinos celestiales durante milenios. Las últimas tres deidades —seres que habían dictado el destino de civilizaciones enteras con un simple parpadeo— ahora se ahogaban en su propio maná. Sus armaduras sagradas, forjadas con metales estelares y bendecidas por el mismísimo Kronos, se desmoronaban como ceniza seca ante la atmósfera distorsionada. —¡Su poder... está devorando nuestras almas! —chilló el dios supremo del flanco derecho, intentando canalizar una plegaria de emergencia que jamás llegó al éter—. ¡No hay respuesta! ¡El dominio de este mundo ha bloqueado los canales de la creación! —¿Esperabas una respuesta? —la voz de Carlos retumbó desde el cráter inferior, donde el Núcleo de Dios Doliente de la Espada latía con la furia de una estrella colapsada—. Los dioses a los que rezaban ya no existen en este plano. Solo quedan los cadáveres de su orgullo. Con un movimiento fluido que desafiaba la gravedad, Carlos se impulsó hacia el cenit. Su túnica ondeaba empapada en la sangre dorada de los caídos, mientras la hoja de su espada encarnaba la noche eterna. A su lado, Gojo Akinori cruzó los brazos, permitiendo que el Infinity creara un muro invisible que repelía los coletazos de la desesperación divina. —Te lo dije, Carlos —comentó Gojo con una sonrisa helada, observando a los dioses retroceder aterrorizados—. Esta escoria no sabe pelear cuando carece de ejércitos o cadenas de sacrificio. Son solo niños jugando con reliquias que les quedan grandes. —Entonces terminemos con el espectáculo —respondió Carlos con una mirada vacía, donde el brillo de su núcleo amenazaba con reescribir la línea temporal del sector. El Despliegue del Poder Absoluto La deidad de mayor rango, un gigante de cuatro metros con fauces de león y corona de platino, emitió un rugido que mezclaba rabia y llanto. —¡Malditos bastardos insolentes, los arrastraré al abismo conmigo! —bramó, desatando la técnica secreta de su linaje: Juicio Final: Colapso de los Mil Soles. Un millar de esferas incandescentes brotaron de su espalda, cada una con la energía necesaria para fundir continentes. La temperatura del archipiélago se disparó a niveles cósmicos, haciendo que el mar bajo ellos comenzara a evaporarse en violentas columnas de vapor hirviente. Pero Carlos ni siquiera parpadeó. —Arte Prohibida del Dios Doliente: Cielo Colapsado. La hoja oscura no emitió destellos ni ondas de audibles explosiones. Solo se escuchó un chasquido sutil, idéntico al de un cristal fino partiéndose en el vacío del espacio. En una fracción de segundo, los mil soles se congelaron en pleno vuelo. Las esferas perdieron su color, transformándose en motas de polvo gris que se desvanecieron antes de tocar el suelo. El corte de Carlos había atravesado la línea temporal del hechizo, borrando la magia antes de que su maná se manifestara como daño físico. El gigante bajó la mirada lentamente hacia su propio pecho. Una línea fina, perfectamente recta y de un negro abismal, atravesaba su armadura y su corazón divino. —Imposible... mi técnica... era absoluta... —balbuceó antes de escupir una bocanada de sangre dorada que se evaporó al instante. —Nada es absoluto frente al filo de un verdadero mago —sentenció Carlos, apareciendo a su espalda en un parpadeo de velocidad pura. Con un giro seco, aplicó el Corte de la Razón: Sentencia del Destino Encadenado. La hoja se deslizó cortando los hilos dorados invisibles que lo conectaban al panteón. En un instante, el brillo de sus ojos se apagó, su maná se desvaneció y su memoria se convirtió en un lienzo en blanco. Convertido en un cascarón vacío, cayó en picado hasta estrellarse contra las rocas del fondo marino con el ruido seco de un objeto inservible. La Caída del Panteón Quedaban dos. Las deidades temblaban, aferrándose a sus armas rotas mientras veían derrumbarse el imperio de los cielos. —¡Huyamos! ¡No se puede vencer a monstruos que ignoran las reglas del universo! —gritó la diosa menor, lanzándose hacia una grieta dimensional. —¿A dónde crees que vas? —la voz de Gojo sonó justo frente a ella, bloqueando el escape con absoluta tranquilidad. Antes de que pudiera levantar su martillo, Gojo ejecutó el Estilo del Origen: Aniquilación del Punto Cero (Cero Infinito). El espacio entre su hoja y el cuerpo de la diosa se comprimió a cero milímetros. El plano dimensional se cerró como una mordaza, partiéndola en dos mitades simétricas que se desintegraron en partículas de luz estelar. El último superviviente cayó de rodillas sobre el fango y la ceniza, con la mirada perdida en el horizonte. —Kronos... nos traicionó... —susurró con una sonrisa rota—. Ustedes creen que han ganado, pero el tiempo ya puso en marcha la verdadera purga... —Dile a tu amo que lo estamos esperando —respondió Carlos, alzando su espada con un brillo azul letal—. Si el tiempo mismo se atreve a interponerse... lo cortaremos desde la raíz. Un destello final cruzó la noche. El último grito del panteón se extinguió en el silencio absoluto del mar. Sombras en el Horizonte y la Tragedia Oculta El silencio sobre las ruinas duró apenas un instante antes de que la tensión cambiara de naturaleza. La figura de Carlos comenzó a chispotear levemente. —En fin... como sea. Ah, por cierto, soy un clon —anunció, con su cuerpo de maná sufriendo por el desgaste. —Sí, lo sé... Él tiene un asunto pendiente contra ellos, ¿verdad? —respondió Gojo con serenidad sepulcral. —Pero ahora estamos en graves problemas —añadió el clon, con la voz sombría—. Al parecer, el Dios Nocturno... —Sí, lo sé. Esta magia le pertenece a Shiro... pero ¿qué demonios? —Gojo sintió de pronto una distorsión abismal en el éter. Una vibración maligna y corrupta viajó desde el continente a través del plano astral, haciendo temblar los cimientos de su alma. —¡Carajo! ¡Tenemos que ir hacia allá! —sentenció Gojo, apretando los puños. —¡Ese infeliz usó el vínculo de sangre de Shiro como recipiente! —rugió el clon mientras sus manos se convertían en partículas de sombra—. ¡Toda esta emboscada de Kronos era una distracción para atraparla a ella! —Lo sé. El Dios Nocturno cometió un error fatal al creer que tardaríamos horas aquí —replicó Gojo, abriendo una brecha dimensional con el Cero Infinito—. Mi cuerpo verdadero ya va en camino, Carlos. Salvaré a Shiro de esa maldición. El clon estalló en chispas muertas mientras Gojo se lanzaba a velocidad astronómica hacia el Santuario Central. La Confesión en la Ceniza En la isla, el eco de la partida dejó un vacío denso. El clon de Carlos giró la vista hacia la sombra que nublaba su propia mente antes de marchar. —Gojo... ten mucho cuidado con el Dios Nocturno. Tú una vez me dijiste que si intentaban robar mi cuerpo, me matarías... Pero en este momento el original está luchando contra Ascan y Óscar —advirtió el clon. —Esas dos personas son cómplices de Kronos, ¿no? Por eso tengo que irme —respondió el Fundador, deteniéndose al notar la expresión de su amigo—. Espera, ¿me estás ocultando algo? Me tienes a mí, ¿somos mejores amigos, no? Carlos bajó la vista. Su hombro tembló levemente. —Mi hermano menor murió. Lo mató un abismal enfrente de mi hermana. El Dios de la Espada dio su vida por salvar a mis hermanos... el Héroe de las Sombras murió por salvar a mi hermana Karen, pero Abrán sacrificó su vida junto al héroe... Me odio a mí mismo por no haber llegado a tiempo. Gojo guardó silencio, procesando el impacto de la tragedia, antes de posar una mano firme sobre su hombro. —Tu hermano murió protegiendo a los suyos, Carlos. Tus padres estarán ahí, pase lo que pase. Pero mírame a los ojos... ¿Qué es lo que ves en mí? ¿A alguien decepcionado de sí mismo por no haber salvado a Lucas? Es mi culpa que murieran en el templo, pero debo continuar por Arlette... Aunque a veces es muy tóxica y se molesta si otras chicas se acercan. Carlos dejó escapar una pequeña risa seca, rompiendo la pesadez del ambiente. —Vaya... tienes a una tóxica de primera, Gojo. —Jajaja, mira quién lo habla, si tú lidias con la chica explosiva de Natsu —sonrió Gojo con nostalgia—. Nos vemos, Carlos. El clon se disolvió por completo, dejando al Fundador surcando el cielo rumbo al verdadero infierno. El Santuario del Infierno —¡Maldito, deja el cuerpo de mi amiga! —rugió Queen, con los ojos inyectados en sangre. A través de los labios de Shiro, el Dios Nocturno esbozó una sonrisa grotesca: —¿Vas a llorar? Ella ya no existe. Su ser me pertenece... Y todo esto es tu culpa por haber venido. —¡Tú no te metas, Nicolás! —escupió la deidad al ver al héroe enfurecerse—. Si no fuera por el Primer Héroe, ustedes estarían bajo tierra desde hace siglos. —Tú nunca debiste existir —interrumpió Alexander, el Héroe de la Luz, desplegando un aura dorada—. ¡Cállate! —chilló Queen, perdiendo por completo la cordura. En una fracción de milisegundo, Queen desapareció en una detonación roja y dorada, estrellando a Shiro contra la plaza principal en un cráter de cincuenta metros. ¡CRASH-BOOM! Sin darle tregua, invocó un enjambre de trescientas espadas de luz. —¡Paga por lo que hiciste! —chilló, desplomando los brazos. Las hojas cayeron como un meteoro ardiente. Sin embargo, en medio del fuego y la polvareda, una risa gutural sepultó el eco de la explosión. Una esfera de materia oscura se expandió de golpe, reduciendo las espadas a polvo gris. El Dios Nocturno emergía intacto, protegido por cadenas púrpuras que se retorcían con hambre. —Patético. En un parpadeo, la entidad apareció frente a Queen. Un puñetazo de maná abismal atravesó sus escudos y la mandó a volar a través de tres muros de piedra. —¡Queen! —gritó Alexander, desatando la técnica Corte del Sol Invicto, un tajo de llamas doradas de cien metros, mientras Nicolás ejecutaba el Paso de Sombras para atacar por la espalda. —Creen que pueden tocarme usando esta cáscara —se burló la deidad sin girarse. Las cadenas púrpuras se dispararon de forma autónoma: una bloqueó el mandoble de luz absorbiendo las llamas, y otra atravesó la pierna de Nicolás, corrompiendo su carne con veneno oscuro. —Son tan insignificantes... Desaparezcan con este templo. Pero justo cuando la esfera de aniquilación total estaba por ser liberada, el aire del Santuario Central se congeló por completo. La masa de energía oscura colapsó sobre sí misma hasta extinguirse. Una presencia atávica y aplastante descendió del firmamento, rompiendo la cúpula de nubes con una presión gravitacional infinita. El Dios Nocturno entornó los ojos de Shiro, alzando la mirada hacia el cielo con fastidio. —Llegaste... Fundador —murmuró. Entre los destellos azules y negros del Infinity, Gojo Akinori aterrizó en el borde del cráter. Su mirada, helada y desprovista de emoción mortal, se posó directamente sobre la figura poseída, desenfundando su hoja con un leve, sutil y letal chasquido metálico.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 274

Estás leyendo el capítulo 274 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 19 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.