Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 273 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Supongo que esto es lo que pasaría... —dije con una calma helada, alzando la vista para encarar directamente la imponencia de los dioses. El brillo de mi nuevo núcleo resonaba en el aire mientras las rocas flotaban a nuestro alrededor—. Parece que son ustedes los que jamás entenderían el verdadero concepto de lo que significa ser un mago.
Hice una breve pausa, dejando que la presión de mi aura hablara por sí sola, antes de lanzar la duda que cortó la tensión del ambiente como un filo:
—Aquí mi pregunta... ¿Por qué ustedes se aliaron con ellos?
Las deidades descendieron un par de metros, rodeados de sus mantos de luz sagrada. Uno de ellos, el de mayor envergadura, dejó escapar una risa seca y llena de arrogancia que retumbó en las nubes.
—¡Eso es algo que jamás te diremos, mocoso! —respondió el dios con una voz de trueno que hizo vibrar el suelo destrozado—. No importa aunque hayas despertado ese poder... ¡sigues sin ser nada ante nosotros!
—Tienes toda la razón. No sé nada sobre ustedes ni de cómo es que esa maldita basura de Kronos fue a caer tan bajo... —murmuré con la voz helada, ajustando el cuello de mi túnica mientras mis ojos escudriñaban cada una de las figuras divinas que flotaban en el firmamento. Luego, una leve sonrisa desprovista de calidez se dibujó en mi rostro—. ¿Qué diría Carlos en estos momentos si los viera mendigando poder?
—¡Jajajajaja! —retumbó la carcajada del dios al frente, un ser de tres metros envuelto en una armadura de oro solar cuya presión gravitacional agrietaba las rocas del suelo—. ¡¿Acaso tú crees que ese niño puede hacer algo contra él?! ¡Kronos es la voluntad del tiempo mismo! ¡Ustedes los mortales no son más que insectos arrastrándose en el polvo de una era que está a punto de ser borrada!
—Tal vez... —dije, dando un paso al frente mientras el aura del Infinity se expandía a mi alrededor en un círculo perfecto de distorsión espacial—. Pero aún así, los mataré a ustedes.
Caminé directamente hacia ellos, desafiando la gravedad y la majestuosidad de sus mantos sagrados. La marea divina que los rodeaba intentó aplastarme, pero al rozar el límite de mi poder, la presión se reducía a cero, incapaz de cruzar la distancia infinita que nos separaba.
—¡En guardia todos! —gritó el dios de la armadura dorada, desenfundando una lanza hecha de luz estelar pura que hizo temblar la atmósfera—. ¡Aunque él haya despertado el Infinito completo, no será más que una simple escoria inservible! ¡Somos las deidades del orden primigenio! ¡Aplastemos su arrogancia!
—Demasiadas palabras para seres que están a punto de extinguirse —susurré.
En un microsegundo que congeló la percepción de la realidad, el espacio entre el dios de la lanza y yo se comprimió a cero. No hubo sonido, no hubo rastro de movimiento. Solo el destello azul oscuro y negro de mi hoja atravesando el vacío.
¡¡¡SHRRRRRRK!!!
La cabeza del dios de oro solar salió volando por los aires, separada del cuello en un corte tan limpio que la sangre dorada tardó un segundo entero en salpicar el firmamento. Sus ojos, aún abiertos de par en par, reflejaban una conmoción absoluta antes de que su cuerpo colapsara en una lluvia de partículas divinas.
La Matanza en el Firmamento
El silencio que siguió a la primera decapitación fue tan denso que sofocó el mismísimo rugido del viento. Las otras cuatro deidades que flanqueaban el cielo se quedaron inmóviles, sintiendo cómo el calor de la sangre divina de su compañero caía sobre sus armaduras inmaculadas.
—¡¿P-Pero qué clase de velocidad es esta?! —exclamó la diosa de los truenos, una figura de cabello plateado y ojos de rayo que sostenía dos martillos de oricalco—. ¡Ni siquiera activó un círculo mágico! ¡Simplemente... recortó la distancia de la realidad!
—¡Les dije que no era un mortal ordinario! —rugió el dios guerrero de seis brazos, desenfundando seis espadas de fuego sagrado que abrasaron las nubes alrededor—. ¡Es el Fundador! ¡Gojo Akinori lleva la esencia del origen! ¡No duden! ¡Ataquen todos a la vez o nos cazará uno por uno!
—¿Atacar a la vez? —pregunté, apareciendo justo detrás del dios de seis brazos, sobrevolando su hombro como un espectro indestructible—. Intenten lo que quieran. La distancia entre mi persona y la muerte de ustedes es una constante matemática que jamás podrán alterar.
—¡Maldito bastardo! —bramó el dios de seis brazos, girando sobre su propio eje y desatando una tempestad de seis cortes de fuego divino capaces de incinerar reinos enteros.
Las llamaradas sagradas impactaron contra el aire a milímetros de mi rostro. El fuego rugió, la temperatura ascendió a millones de grados, pero la energía jamás pudo tocarme. El Infinity absorbía el calor, la masa y la fuerza cinemática, dejando que las llamas giraran inofensivamente a mi alrededor como una corona de chisporroteos muertos.
—¿Este es el fuego que veneran las naciones? —comenté con un tono cargado de aburrimiento—. Es tibio.
Extendí dos dedos de mi mano izquierda y toqué la hoja central del dios.
¡¡¡CRASH-BOOOM!!!
Una onda de choque cinemática de energía azul oscura se transmitió desde mi yema a través de las seis espadas, pulverizando las armas divinas en un millón de esquirlas de metal incandescente. El choque de retorno atravesó los seis brazos del dios, reventando sus músculos y tendones en un estallido de sangre carmesí y dorada.
—¡AAGGGHH! ¡MIS BRAZOS! ¡MIS ARMAS SACRAS! —aulló el dios de dolor, cayendo en picado hacia las ruinas de la isla.
—Uno menos —dije con frialdad, apuntando mi hoja hacia abajo.
—¡No te olvides de nosotros, escoria! —vociferó el dios del abismo, una entidad gigantesca hecha de sombras y ojos púrpuras que emergió desde las profundidades del mar.
Dos enormes manos de gravedad negra se cerraron sobre mi posición, intentando aplastarme en una celda de vacío absoluto. Simultáneamente, la diosa de los truenos lanzó un relámpago celestial de color blanco puro desde el firmamento, coordinando un ataque de pinza para pulverizar mi estructura atómica.
—¡Colapso Gravitacional y Juicio Celestial! —gritaron ambos al unísono—. ¡A ver si tu Infinito puede soportar la destrucción de la materia misma!
Las dos fuerzas colisionaron sobre mi cuerpo en una explosión cataclísmica que hizo desaparecer el aire de la zona. El impacto levantó una columna de energía de varios kilómetros de altura que evaporó miles de litros de agua de mar en una fracción de segundo.
Sin embargo, en el centro del infierno de relámpagos y gravedad destruida, yo caminaba despacio.
Mi túnica no tenía un solo rasguño. La barrera del Infinity distorsionaba los ataques, haciendo que el relámpago blanco y la gravedad negra se repelieran mutuamente sin llegar a tocar un solo hilo de mi ropa.
—Es una pena —dije, mirando fijamente a la diosa de los truenos mientras descendía lentamente hasta quedar a la altura de sus ojos—. Tienen el título de dioses, pero luchan con la desesperación de mortales acorralados. Kronos los usó como simple carne de cañón para ganar tiempo, y ustedes cayeron como idiotas en su juego.
—¡Cállate! ¡Tú no sabes nada de los designios del Gran Cronometrador! —gritó la diosa, con las lágrimas de rabia mezclándose con el sudor eléctrico de su piel—. ¡Él nos prometió la eternidad cuando este mundo sea purgado y reescrito! ¡Tú y ese niño llamado Carlos no son más que anomalías que deben ser extirpadas de la línea temporal!
—La eternidad no es algo que se regala, diosa —respondí, cerrando el puño derecho e imbuiendo mi mano en la masa concentrada del Aura Nocturna del Fundador—. Es algo que se sostiene con el peso de la existencia. Y ustedes... ya no pesan nada en este mundo.
—¡¡¡DESTREZA DEL TRUENO SACRO!!! —bramó ella en un último acto de desesperación, cargando todo su maná en un ataque suicida.
—Corte Infinito: Sentencia de Origen.
Desplacé mi espada en una diagonal hacia arriba. El corte no viajó por el aire; rasgó el plano dimensional mismo. La diosa de los truenos y el dios del abismo que estaba detrás de ella se congelaron a mitad de su embestida. Una línea fina de luz azul oscura cruzó sus cuerpos de extremo a extremo.
¡¡¡BOOOOOOOOOOM!!!
Ambas deidades estallaron simultáneamente en deux columnas de fuego estelar que iluminaron la noche como si fuera pleno día. Sus auras, sus recuerdos y sus cuerpos fueron borrados de la existencia en un instante.
La Declaración del Fundador
Aterricé sobre la roca más alta de la isla destrozada. La brisa marina traía el olor a ozono, sangre divina y azufre, pero a mi alrededor reinaba una calma sepulcral. Los dioses restantes, maltrechos y aterrorizados en las alturas, ya no se atrevían a descender. Sus miradas, antes llenas de superioridad y arrogancia divina, ahora reflejaban únicamente el pavor primario de una presa acorralada por el depredador supremo.
—¿Quién es el siguiente? —pregunté suavemente, limpiando la sangre dorada de mi hoja con un movimiento seco de muñeca.
Nadie respondió. El firmamento entero tembló ante la sola vibración de mi voz.
—Díganselo a Kronos cuando vayan al inframundo... —sentencié, elevando mi maná a capas divinas que hicieron colapsar las nubes en un radio de miles de leguas—. Gojo Akinori y Carlos Tanaka Sánchez no somos peones de nadie.
—¡Imposible! ¡¿Quién diablos es este monstruo?! ¡Tenemos que huir de aquí ahora mismo! —gritó uno de los dioses restantes, con el rostro completamente pálido y las manos temblándole mientras intentaba abrir una grieta dimensional para escapar.
—¡¿Estás loco?! —interrumpió otra de las deidades, tomándolo con fuerza del hombro mientras la luz sagrada de su aura parpadeaba desesperadamente—. ¡Tenemos que terminar el trabajo que nos entregaron! ¡Si regresamos con las manos vacías ante Kronos, nos borrará de la existencia! No podemos...
No pudo terminar la frase.
¡¡¡BANG-CRASH-BOOOOOOM!!!
En una fracción de microsegundo, la presencia de Gojo se cruzó en el espacio entre ambos. La compresión de la masa infinita de su aura no necesitó siquiera rozar la piel del dios que sugería quedarse: el espacio alrededor de su cuerpo se redujo a un punto cero absoluto. En un estallido sordo de luz azul oscura y presión hidráulica cósmica, la deidad explotó en mil pedazos, convirtiendo su carne sagrada y su armadura en una lluvia de esquirlas incandescentes y sangre dorada que bañó a su compañero.
El dios sobreviviente se congeló, salpicado por los restos de su igual, mirando la silueta de Gojo que se erguía frente a él, impasible y majestuosa.
—Te di la oportunidad de huir... —murmuró Gojo con una voz fría que hizo crujir los cimientos de la realidad—. Pero la arrogancia de los dioses siempre termina siendo su propia tumba.
—¡No queda de otra! ¡Tendremos que usar todo nuestro poder en ti, mocoso! —rugió una de las deidades supervivientes, apretando los dientes mientras su rostro se contorsionaba en una mezcla de ira y terror descontrolado.
A su alrededor, las últimas tres entidades divinas unieron sus manos, desplegando círculos mágicos de escala ancestral que cubrieron el firmamento de un color dorado brillante y rojo carmesí. La presión gravitacional regresó con fuerza, intentando aplastar el cuerpo de Gojo bajo miles de toneladas de pura autoridad divina.
—¿Ah, sí? —respondió Gojo con una calma desarmante, inclinando la cabeza ligeramente mientras la barrera del Infinity repelía la vibración del maná enemigo como si fuera aire estándar—. ¿Por qué no lo intentan?
Gojo dio un paso al frente, haciendo que las runas sagradas del cielo chispotearan y se agrietaran ante la sola proximidad de su aura de Fundador.
—¿O es porque no quieren desperdiciar su energía en mí... porque saben que él está aquí, verdad? —añadió Gojo, dejando escapar una risa fría y cortante que congeló la sangre de los dioses.
Los ojos de las deidades se abrieron de par en par. La concentración de sus hechizos tambaleó en una fracción de segundo.
—¿H-Hablas de...? —articuló el dios del frente, con la voz quebrada por un pavor primario.
—Veo que están traumados por el solo nombre del Demonio Nocturno —sentencié, señalando con la mirada la lejanía de la isla, donde la marea azul oscura y negra de Carlos Tanaka comenzaba a devorar la atmósfera entera.
La Sombra del Demonio Nocturno
El silencio que siguió a las palabras de Gojo fue sofocante. Las deidades miraron por encima del hombro del Fundador, contemplando la figura de Carlos, quien se erguía en medio del suelo destruido con su nuevo Núcleo de Dios Doliente de la Espada latiendo con la fuerza de un volcán a punto de reventar.
—E-Ese chico... no es un ser humano normal... —susurró uno de los dioses, con el sudor dorado cayendo por su frente—. La cantidad de sangre que ha derramado... la forma en que masacró a Ascan y Óscar sin pestañear... ¡Es una maldita calamidad viviente!
—¡No se distraigas! —gritó el líder de los dioses restantes, intentando mantener la cordura—. ¡Gojo Akinori es el objetivo primario! ¡Si acabamos con el Fundador, el niño perderá su apoyo y colapsará por su propio exceso de poder!
—Qué ingenuos son —comentó Gojo, reapareciendo en un microsegundo exactamente en el centro del triángulo mágico que los dioses habían formado en el aire—. Carlos no necesita mi apoyo. De hecho, si yo no termino con ustedes en los próximos diez segundos... él se encargará de devorarlos a todos, y les aseguro que su método no será tan rápido ni tan piadoso como el mío.
—¡¡¡ATAQUEN!!! —bramaron los tres dioses al unísono, desatando una ráfaga masiva de lanzas de luz estelar y rayos destructivos directamente sobre el pecho de Gojo.
¡¡¡CRASH-BOOOOOOOOM!!!
La explosión sacudió las capas superiores de la atmósfera, pero cuando el humo divino se disipó, la figura de Gojo ni siquiera se había movido un milímetro. El Infinity absorbía cada miligramo de energía, convirtiendo la furia de los dioses en chispas muertas que caían sobre el océano.
—Mi turno —dije, ajustando los guantes de su túnica.
Con un movimiento fluido de su brazo derecho, trazó un corte horizontal en el aire. El espacio se rasgó, generando una onda expansiva de energía azul oscura que cercenó las extremidades de los tres dioses simultáneamente.
—¡AAAAAGHH! —los alaridos de dolor retumbaron en todo el archipiélago mientras la sangre sagrada salpicaba las nubes.
—Les daré un último consejo antes de enviarlos al abismo —dije, mirando con frialdad cómo las deidades caían de rodillas sobre plataformas de maná roto—. La próxima vez que Kronos los envíe a una ejecución... asegúrense de que sus rivales no sean los monstruos que reescribieron la historia de esta era.
Gojo alzó su hoja, imbuida en la esencia pura del Fundador, lista para borrar el último rastro de las deidades del firmamento.
El firmamento colapsó por completo. La energía contenida en el nuevo Núcleo de Dios Doliente de la Espada comenzó a resonar en sintonía con el Infinity y la esencia atávica del Fundador, creando una espiral de poder que desafiaba cualquier norma de la magia conocida. El aire quemaba, el espacio se agrietaba como cristal frágil y las deidades restantes sintieron que la mismísima gravedad de la existencia se doblegaba ante los nuevos dominios de la técnica.
—Técnica de la Espada: El Sol y el Mundo caen sobre mí. Si mis enemigos son capaces de vencerme, sobrevives ante el caos... ¡Eclipse de Luz! —resonó el canto con una gravedad bíblica, retumbando en cada rincón de la dimensión.
Un sol de fuego carmesí y una esfera de negrura absoluta se manifestaron sobre el campo de batalla, fusionándose en un disco gravitacional de luz inversa. La técnica no solo distorsionaba el espacio: aplastaba el cuerpo, el alma y el concepto mismo de existencia de quien tuviera la osadía de oponerse. Todo lo que tocaba el radio del Eclipse de Luz se desintegraba a nivel molecular, incapaz de resistir la presión combinada del astro y el vacío.
Pero la evolución de la espada no se detuvo ahí. Llevando el poder al límite absoluto, la energía del núcleo comenzó a liberar nuevas artes prohibidas, habilidades tan absurdas y rotas que reescribían las leyes del mundo:
Nuevas Técnicas Divinas Dominadas:
Estilo del Origen: Aniquilación del Punto Cero (Cero Infinito)
Efecto: Una técnica de espacio-tiempo que borra la noción de distancia y tiempo de reacción. Al ejecutarla, el usuario no viaja hacia el enemigo; el plano espacial donde se encuentra el rival es comprimido a una dimensión de cero milímetros dentro del filo de la espada. El corte ocurre antes de que el cerebro del enemigo pueda enviar la orden de defenderse, ignorando defensas absolutas, escudos divinos e intangibilidad.
Arte Prohibida del Dios Doliente: Devorador de Universos (Cielo Colapsado)
Efecto: La espada absorbe todo el maná, las auras divinas y la energía kinética del entorno en un radio de diez kilómetros. Toda esa masa de fuerza se comprime en una sola estocada invisible. Al liberarse, desata una onda de choque estelar que no produce ruido ni explosión visible, sino que pulveriza la materia atómica y borra de la línea temporal la magia empleada por el enemigo.
Dominio Absoluto: Singularidad del Fénix Abismal
Efecto: Fusionando el fuego de la regeneración eterna con la materia oscura de las sombras, esta técnica crea una armadura fluida de plasma negro y dorado. Cualquier ataque mágico o físico que golpee al usuario es absorbido instantáneamente, convirtiendo el daño recibido en poder de ataque duplicado para el siguiente impacto. Mientras la singularidad esté activa, el usuario es conceptualmente inmortal ante cualquier técnica por debajo del rango de Creación.
Corte de la Razón: Sentencia del Destino Encadenado
Efecto: Un movimiento con la guadaña o la lanza que no corta el cuerpo físico, sino los "hilos del destino" del adversario. Al cercenar estos vínculos, el enemigo pierde la capacidad de usar su propio maná, sus bendiciones divinas y sus recuerdos de combate, dejándolo reducido a un cascarón vacío e inútil en medio del campo de batalla.
—¡Imposible! ¡¿Qué clase de magia es esta?! ¡Esa técnica... está reescribiendo la realidad misma! —gritaron los dioses sobrevivientes, intentando desplegar barreras de maná divino que se desintegraban al mero contacto con el Eclipse de Luz.
—No es simple magia... —respondió la voz, fría e implacable, alzando la hoja imbuida en la energía del Cero Infinito—. Es la diferencia entre quienes juegan a ser dioses y aquellos que dominan el origen de la espada.
El brillo del eclipse iluminó la noche mientras las cadenas del espacio-tiempo se rompían una a una, listas para desatar la purga definitiva.
Continuará...

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 274
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 273
Estás leyendo el capítulo 273 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 19 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.