Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 269 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—¡Entonces ven y búscame! —rugí a través de los labios de Abraham, dejando que las sombras de mi territorio se adhirieran a mis piernas para impulsarme hacia atrás en un parpadeo, ganando una distancia vital.
La herida de mi pecho ardía como el mismísimo infierno del Abismo; la maldición de la \*Desintegración Facial\* devoraba mi maná cada vez que intentaba cerrar el corte. Mónica no mentía: su arma estaba diseñada específicamente para cazar seres divinos y héroes con capacidades de regeneración absurdas.
—¡No te distraigas, General del Caos! —la voz de Yoruzu resonó como un trueno a mi izquierda.
Apareció de la nada, con su arma envuelta en una energía purpúrea y distorsionada que fracturaba el suelo de mi propio mundo sombrío. Lanzó un tajo horizontal ascendente. Bloqueé con la hoja de mi espada, pero el impacto de su fuerza bruta me obligó a clavar las botas en la tierra, arrastrándome varios metros hacia atrás.
\*¡¡SWISH!!\*
Casi al mismo tiempo, Mónica aprovechó la apertura. Se deslizó por el punto ciego de mi hombro derecho, lanzando una estocada directa al cuello.
—¡Atrás! —bramó Karen.
Mi hermana se interpuso en la trayectoria de Mónica con una velocidad que desafiaba la física. La \*Espada Separadora de Almas\*, ahora imbuida con el frío y afilado resplandor de la Santa Diosa de la Espada, chocó contra la hoja maldita de Mónica. Una onda de choque expansiva barrió la neblina a nuestro alrededor. Los ojos de Karen, serios y afilados como agujas de hielo, sostuvieron la mirada desquiciada de la abismal.
—Vaya, la niña tiene reflejos —se mofó Mónica, incrementando la presión del acero—. Pero estás interfiriendo en los planes del tablero, pequeña Santa.
—Abraham, no voy a dejarte solo —dijo Karen, sin apartar la vista del enemigo, su voz resonando con una madurez recién despierta—. Akira dio su vida para que yo defendiera a los míos. Si estas malditas quieren tu sangre, tendrán que pasar por encima de mi esgrima.
—Karen... —murmuré, sintiendo cómo mis caballeros caídos en sombra espectral se reformaban a nuestro alrededor, creando una barrera defensiva temporal.
El plan de Gabriel era evidente: usarnos como carnada, desgastarnos con Daniel y rematarnos con estas dos eminencias antes de que el resto del tablero pudiera reaccionar. Pero las palabras que el Héroe de las Sombras me había dicho en mi mente seguían resonando: \*Cuatro de ellos siguen con vida... Si aparecen en este momento, tendremos una oportunidad.\*
El aire del mundo de sombras comenzó a vibrar con una frecuencia extraña. No era el maná corrupto de las abismales, ni mi propia oscuridad, ni la luz celestial de Karen. Era una presión antigua, cargada de cicatrices y de un deseo de venganza que había estado oculto durante mil años.
Mónica y Yoruzu detuvieron sus ataques repentinamente, saltando hacia atrás y mirando hacia los cielos oscuros de mi territorio. Una grieta de luz carmesí comenzó a abrirse en la cúpula de sombras.
—Te voy a mostrar un truco... —dijo Karen, clavando su mirada fría en Yoruzu—. No voy a dejar que ustedes sigan con vida hasta que me digan: ¿qué es lo que buscan exactamente con todo esto?
Yoruzu soltó una risa seca, acomodando su espada del caos.
—No es nada personal, niña. Es una orden.
—¿Acaso ustedes reciben órdenes de alguien que tiene el mismo rango que ustedes? —intervine con honestidad, escupiendo un hilo de sangre de mi boca. Su jerarquía abismal no tenía sentido si obedecían ciegamente.
—La verdad nunca saldrá a la luz, niña. Tú no debes saberlo ahora —respondió Mónica, fastidiada por mi pregunta—. Todo lo que hacemos es por el bien de los planes de Gabriel. El resto no nos interesa. Mientras nos den el liderazgo a él o a mí, toda esta batalla no tendría sentido si nos detenemos...
—Oye, oye... Creo que te estás contradiciendo, idiota, y estás siendo demasiado honesta —le grité, interrumpiéndola—. En fin, basta de charlas. Es hora de sacarte la verdad por las malas.
Karen no esperó a que respondieran. Concentró toda la energía espiritual que había aprendido de Akira desde que tenía apenas ocho años. \*«Recuerda, Karen... la concentración no limita tu libertad; te enseña el verdadero significado del poder de un auténtico Santo de la Espada»\*, resonó la voz de su maestro difunto en su mente. Ella recordó cada palabra del Dios de la Espada mientras, en su memoria, se veía a sí misma cortando una roca enorme en dos con un solo movimiento fluido de madera.
—Ataque espiritual... Forma uno: \*Brillo Único, Armonía\* —pronunció con una voz tan melódica que parecía una canción mística, justo como lo hacía Carlos cuando luchaba contra Kenzo.
Pero el suyo era distinto, más puro, más devastador.
La luz de su brillo no era solo calor; era la voluntad misma de su conciencia tratando de mantener el equilibrio perfecto de su cuerpo. Elevó su espada, completando la técnica a través de una respiración profunda. Su concentración de maná liberó el significado de los mundos de éter. Varias partículas doradas y plateadas comenzaron a rodearla, y sus ojos se tiñeron de una mezcla de azul, amarillo y plata, manifestando la silueta mística de un dragón de luz celestial.
En ese instante de máxima tensión, el pensamiento de Karen voló hacia su hermano mayor. \*Si yo o Abraham morimos aquí, la culpa tal vez sea de... No. No debo culpar a nadie, ni siquiera a Carlos. Sé que él tiene otros asuntos de los cuales encargarse... Pero, ¿por qué siempre me siento tan frustrada? A veces quisiera preguntarme por qué yo tengo que lidiar con esto.\*
Los traumas del pasado la asaltaron en un segundo. El dolor que la estaba matando por dentro, el miedo a volverse loca desde el día en que Lucifer tomó el cuerpo de Carlos. Ella y Miguel habían estado a punto de morir; Karen recordaba vívidamente el frío reflejo de la espada de su propio hermano mayor apuntando a su rostro, a punto de matarla mientras estaba poseído. El milagro de que el arma se detuviera en seco en el último milisegundo la salvó, pero el terror se grabó a fuego en su corazón. Tenía miedo. Mucho miedo. Quería vivir, disfrutar de una vida feliz en la academia... pero las academias eran oscuras y horribles.
\*«Ya no soy esa chica indefensa»\*, se dijo a sí misma. El consuelo de sus padres y las palabras de Carlos la habían obligado a levantarse, a valerse por sí misma para superar el trauma.
—¡Yo... Karen Tanaka Sánchez, seré la más temida de todos los continentes enteros!
Con un grito que desgarró el aire, liberó su ataque. Mónica y Yoruzu intentaron estudiar y predecir los parámetros de su ofensiva, pero cometieron el mayor error de sus vidas al subestimarla.
—¡Corte del Mundo Universal! —bramó Karen.
\*¡¡¡ZAAACK!!!\*
La hoja mística no solo cortó el aire; rebanó el espacio y el mundo que nos rodeaba, rompiendo la dimensión en un estallido de luz pura.
—¡Maldita perra...! —gritó Mónica, saliendo despedida hacia atrás mientras la energía de Karen desintegraba su guardia—. ¡Gabriel nunca nos dijo que esta mujer era tan peligrosa!
—No tienes por qué sorprenderte —le respondió Yoruzu con los dientes apretados, tratando de estabilizarse—. Lucifer me lo dijo... Esta mujer casi lo mata a él también. Es fuerte, no la subestimes. Si cometemos un solo error, ella nos matará a las dos aquí mismo. ¡Es la Santa, la Asesina de Abisales!
Una sonrisa siniestra y juguetona, heredada de la locura de la batalla, se dibujó en el rostro de Karen.
—Tienes una fuerza que me fascina... ¡Demuéstrame de qué estás hecha, maldita Santa de la Espada! —exclamó Mónica, volviendo a arremeter mientras las explosiones de sus choques nos envolvían a todos.
Sin embargo, al momento en que sus armas chocaron con el colosal poder de Karen, mi cuerpo humano comenzó a colapsar. Empecé a tener serios problemas para respirar. El dolor de la maldición de desintegración y el sobreesfuerzo me estaban asfixiando.
—Maldición... —ahogué.
—Resiste un poco, Abraham... Solo tenemos... —comenzó a decir el Héroe de las Sombras en mi mente.
—¿Tenemos? Yo digo que ya están más que muertos —se mofó Yoruzu.
De repente, varias cadenas de energía oscura nos atraparon por los tobillos, y una grieta de rayos proveniente de un agujero negro de color verde comenzó a absorbernos. Mi cuerpo de quince años ya no podía resistir más. No podía seguir.
\*«Tendré que hacer esto...»\*, pensó el Héroe de las Sombras.
Abrí los ojos de golpe en nuestro espacio mental. El Héroe me había envuelto por completo con su magia al 100%.
—Lo siento mucho, Abraham... pero aquí tenemos que separar nuestros caminos —me dijo con una tristeza solemne.
—No... Tú no —le respondí, forzando una sonrisa desanimada—. De todos modos, yo iba a morir. Estoy siendo cazado por el Dios Nocturno; tarde o temprano nos encontrarán. No quiero que tú salgas afectado por mi culpa, Aluzxs.
—No, chico...
—Sí —insistí—. Tú estuviste ahí cuando la oscuridad nos envolvió a ambos. Somos los siguientes en caer. A mí me gusta leer, estudiar, descubrir cosas y encontrar el camino que nos muestra el destino... Y un verdadero caballero nunca abandona al suyo. Si vamos a morir, no moriremos como débiles, sino como valientes guerreros. ¡Demostremos a todos que tu legado y tu vida no han sido en vano!
El Héroe de las Sombras se quedó atónito al ver que un niño de quince años estaba dispuesto a entregar su propia alma por la suya. Una sonrisa incrédula y arrogante se dibujó en su rostro espectral.
—Eres exactamente igual a mí... Bueno, después de todo, somos uno mismo.
Nuestra energía se fusionó por completo. Mi maná comenzó a envolvernos en una esfera de oscuridad pura que empezó a brillar con una intensidad solar y maldita.
—¿Qué diablos es esto? —Yoruzu se detuvo en seco, en shock al ver la metamorfosis—. Espera... ¿Acaso él está...?
La magia desatada del Héroe de las Sombras se manifestó con tal magnitud que vibró por todas las naciones del mundo. En un rincón oscuro del continente, el mismísimo Dios Nocturno abrió los ojos al detectar la firma de maná. Una sonrisa bastante aterradora se dibujó en su rostro sombrío:
—\*Así que aún sigues con vida, Héroe de las Sombras, Aluzxs...\*
—Tengo que darlo todo, ¿no? —dije con mi voz fusionada—. ¡Entonces daremos nuestra vida en este encuentro!
\*¡¡¡CRACK!!!\*
La esfera oscura se rompió en mil pedazos. El cuerpo de niño de quince años de Abraham desapareció; en su lugar, tomé mi antiguo cuerpo físico de hace mil años. Un libro ancestral y una espada legendaria flotaron en el aire a mi alrededor, coronados por una tiara de espinas oscuras bañadas en sangre mística.
Karen y Mónica detuvieron su combate, volteando a vernos con absoluto estupor. Aproveché la conexión de nuestra sangre y le hablé a mi hermana por telepatía.
\*«Karen...»\*, resonó mi voz en su mente, serena y madura. \*«Quiero pedirte un favor. Quiero que cuides bien de nuestros padres, de todo... y de mis libros. Hay cosas que te dejé en tu habitación antes de que comenzara el festival del año. Y si algo me llega a pasar, quiero pedirte que no culpes a nuestro hermano Carlos por no estar aquí. Todos sabemos que él no puede salvar a todos al mismo tiempo...»\*
Los ojos de Karen se llenaron de lágrimas al escucharme, pero no la dejé interrumpirme.
\*«Siempre traté de entenderlo. Desde que éramos niños, tú siempre estabas muy pegada a él, y yo quería saber cuál era la razón. Siempre los miraba desde lejos... pero jamás quise juntarme con ustedes porque tenía miedo de que me criticaran por mis gustos. Pero cuando finalmente hablé con Carlos, me hizo darme cuenta de que él ya había madurado. Leí libros con él... ¿y sabes cómo me sentí? Me sentí inmensamente feliz de saber que a él le gustaba leer tanto como a mí. Karen, sé que esto será una carga y una culpa que se quedará en el camino, pero no te culpes. Sigue adelante. Sigue caminando.»\*
Sujeté la espada flotante con firmeza, sintiendo cómo mi energía se desvanecía rápidamente.
\*«Lamento no poder acompañarte más en este viaje, pero tienes que huir de aquí ahora mismo. En este momento, mi hermano Abraham cayó inconsciente; su magia se fusionó por completo conmigo. Con este cuerpo antiguo y herido, solo podré sobrevivir durante 30 minutos. Una vez que acaben esos 30 minutos, desapareceré para siempre. Dile a mi hermano Carlos que lo quiero mucho... y gracias por los momentos que me enseñó. No como un hombre maduro, sino como un niño que estaba lleno de sueños, recordándome que nosotros también podemos soñar para cuidar las cosas que amamos. Él siempre nos ha cuidado, Karen, y es un alivio saber que aún les queda un hermano para ayudarse mutuamente.»\*
Miré a Karen por última vez a través del campo de batalla.
\*«Siempre quise saber las razones de las cosas. Cuando veo a Carlos... es como si viera una galaxia llena de estrellas. Y una estrella debe brillar para no caer en la oscuridad del abismo. Debe permanecer de pie aunque todo parezca acabado; uno tiene que cargar la responsabilidad sobre sus hombros. Karen... no lo dejes caer. Tampoco te dejes caer tú misma. Sé que no me vas a perdonar por lo que voy a hacer ahora, pero cuida de lo que tienes, porque habrá un momento en la vida donde lo pierdas todo. No me mires así, hermana... No quiero verte llorar más. Un hermano tiene que proteger a los suyos.»\*
Con un último esfuerzo de maná, invoqué mi hechizo de transporte más rápido.
—¡\*Magia de Sombras: Corcel de la Niebla Mística\*! —bramé.
Un majestuoso caballo hecho de sombras puras y ojos de fuego azul emergió a los pies de Karen, sujetándola con lazos de sombra para forzarla a subir.
—¡No, Abraham! ¡Tú no, por favor! —gritó ella con desesperación, tratando de zafarse del agarre del corcel—. ¡Ni loca te dejaré morir aquí!
—Algún día sabrás todo, Karen... —la voz del Héroe de las Sombras intervino en su mente, ayudándome a sellar el hechizo de huida—. Escucha bien a tu hermano. Él está haciendo todo lo posible para salvarte. Debes aprovechar esta oportunidad. No hay de otra.
—¡¡¡LÁRGATE!!! —le grité con todas mis fuerzas, activando el portal de sombras que disparó al corcel y a mi hermana lejos del campo de batalla a una velocidad que Mónica no pudo interceptar.
Me quedé solo en el centro del mundo de sombras, sosteniendo mi espada con mi cuerpo de hace mil años, sintiendo el tic-tac de mis últimos 30 minutos de vida. Mónica y Yoruzu me rodearon con expresiones de pura hostilidad.
—Bien... —susurré, levantando mi espada hacia ellas—. Veamos qué tanto pueden resistir contra un verdadero Héroe Legendario.
—¿Contra un héroe? ¡Jajajaja! —Mónica soltó una carcajada estridente que rasgó el silencio de mi propio territorio de sombras—. No digas estupideces. ¿Crees que tú solo vas a hacernos frente a nosotras? ¿Acaso olvidaste que ya no somos las mismas abismales de esa época?
Yoruzu dio un paso al frente, con sus ojos brillando en una tonalidad carmesí casi negra, absolutamente desprovista de cualquier rastro de piedad.
—Solo mira y observa cómo es que vas a morir.
Ella cerró sus ojos lentamente. En ese instante, la realidad misma pareció doblarse sobre su propio eje. Yoruzu liberó una presión abrumadora, una fuerza gravitacional y corrupta de una magnitud tan colosal que la cúpula de mi mundo de sombras comenzó a agrietarse como si fuera cristal templado.
\*¡¡¡CRACK!!!\*
El impacto físico de su mera presencia fue tan bestial que caí de rodillas al suelo, incapaz de sostener el peso de mi antiguo cuerpo de hace mil años. Mis huesos crujieron bajo esa presión horrible, y la herida de mi pecho volvió a abrirse, derramando sangre mística sobre la tierra oscura.
—¿Cómo... demonios...? —ahogué, apretando los dientes mientras apoyaba mi espada en el suelo para no colapsar por completo—. Esta fuerza... no es la de un abismal común...
—No te preocupes, pronto sabrás la razón —respondió Mónica, caminando hacia mí con total parsimonia, disfrutando de cada uno de mis jadeos—. Es simple: mientras ustedes estaban muertos en el olvido, nosotros logramos algo bastante... una evolución bastante aterradora, ¿sabes? Por algo nosotros nunca nos confiamos de nadie, ¡ni siquiera de ustedes, miserables humanos!
Yoruzu abrió los ojos de golpe, revelando unas pupilas que no pertenecían a este plano de la existencia. Extendió su mano hacia el cielo de sombras, dictando la sentencia de mi fin:
—¡\*Control Total de mi Vida... Control del Poder\*!
El flujo de maná a mi alrededor se detuvo por completo. No solo estaba usando su energía; Yoruzu estaba reescribiendo las leyes biológicas y mágicas del entorno, asumiendo un dominio absoluto sobre la vida y la muerte de cada ser dentro de mi territorio. Con mi tiempo límite de 30 minutos corriendo y esta presión aplastante bloqueando mis movimientos, el contraataque de las abismales evolucionadas amenazaba con borrar hasta la última pizca de la leyenda del Héroe de las Sombras.
—No... ¡No puedo rendirme aquí! —rugí, apretando los dientes mientras la presión de Yoruzu intentaba enterrarme en el suelo.
Aunque mi cuerpo crujía y el dolor de la desintegración facial devoraba mis fuerzas, me negué a dejar que todo terminara de esta manera. Si solo me quedaban 30 minutos de vida, los usaría para encender la chispa más brillante de mi existencia. Concentré cada miligramo de mi alma mística, liberando una marea de maná oscuro tan colosal que rompió las barreras de mi propia dimensión de sombras, expandiéndose como una onda de choque invisible a lo largo y ancho de todo el continente.
Iba a usar mi magia prohibida, sin importarme el precio.
\### En algún lugar distante del continente...
En un laboratorio oculto, rodeado de bobinas flotantes y destellos de electricidad estática, un hombre de mirada analítica y cabello impecable se detuvo en seco. Los indicadores rúnicos de sus máquinas comenzaron a girar descontroladamente.
—Esta frecuencia... es imposible —murmuró \*\*Nicolas Tesla\*\*, sintiendo cómo la corriente electromagnética de la atmósfera vibraba al unísono con una firma de maná que creía extinta—. Es su magia...
A unos metros de él, un guerrero de porte imponente y armadura pulida apretó los puños, mirando hacia el horizonte a través de la ventana.
—Este poder... —susurró \*\*Alexander\*\*, sintiendo un escalofrío recorrer su espina dorsal.
—Eso significa que él está luchando —intervino una voz robusta y profunda. Era el Héroe de la Naturaleza, \*\*Hércules\*\*, quien se cruzó de brazos mientras las plantas a su alrededor reaccionaban al pulso místico—. Me sorprende esto... Realmente está de vuelta.
—No, eso es algo muy extraño... —dijo una chica de cabello largo y naranja brillante, apoyando con firmeza su arma dorada contra el suelo. Era la Héroe de la Lanza Rápida, cuyos instintos de combate estaban totalmente alerta—. Me sorprende que él aún esté vivo después de todo lo que pasó hace mil años.
En medio del grupo, una mujer de mirada decidida dio un paso al frente, interrumpiendo las murmullos de asombro. Su sola presencia exigía orden.
—Chicos, sé que están sorprendidos —dijo \*\*Queen\*\*, barriendo al grupo con una mirada cargada de urgencia—. Pero ahora debemos ir allá. Debemos encontrarlo a él antes de que lo haga el Dios Nocturno. Recuerden lo que me dijeron Sara y Luis... si cometo algún error en esta misión, ellos mismos me matarán. No tenemos tiempo que perder.
Los héroes legendarios compartieron una mirada de entendimiento. El tablero se estaba moviendo a una velocidad vertiginosa y el reencuentro de las leyendas del pasado estaba a punto de desatar una tormenta que cambiaría el destino del mundo entero.
—Esperen un segundo... Esa niña... —la voz de \*\*Nicolás Tesla\*\* se cortó por completo. Sus ojos, siempre analíticos detrás de sus gafas, se abrieron de par en par mientras señalaba hacia el borde de la neblina.
—¿Qué pasa, Nicolás? —preguntó Alexander, girándose con la mano en la empuñadura de su espada.
—Miren eso de ahí...
De entre la bruma densa que cubría el camino montañoso, una figura solitaria dio un paso al frente. Era una chica de cabello azul brillante y ojos del mismo tono, profundos como el océano, que los miraba con una seriedad gélida, casi irreal.
Al verla, Queen quedó completamente paralizada. El aire se escapó de sus pulmones y el mundo pareció detenerse a su alrededor. No lo podía creer. Su mente se negó a aceptar lo que sus ojos estaban registrando.
—¿...Shiro? —susurró con un hilo de voz.
La chica de cabello azul clavó su mirada directamente en ella, ladeando levemente la cabeza.
—¿Queen...? —respondió Shiro, pero su voz sonó distante, rota—. Sentí algo en mi pecho... algo que yo misma no podía ver. Este dolor me...
De pronto, Shiro guardó silencio. Sus ojos se volvieron vacíos.
—Deje de sentir...
\### Diez minutos antes... (Perspectiva de Shiro)
—¿Qué estás tramando, Kronos...? —había cuestionado yo, apretando los puños mientras la energía del tiempo distorsionaba las paredes de la habitación.
—¡Jajajaja! No es nada. Es una pregunta bastante tonta, ¿sabes? —soltó Kronos con una risa burlona que reverberó en mis oídos—. En fin... mi plan ya está hecho. De todas formas, vas a tener que caer.
Antes de que pudiera activar mi maná o lanzar un contraataque, un destello dorado y negro me envolvió. El espacio se retorció brutalmente y, en un parpadeo, fui teletransportada a la fuerza a un lugar completamente fuera de la isla, en las zonas montañosas del continente.
Caí de rodillas sobre la tierra fría. Mientras me ponía en pie sacudiéndome el polvo, me quedé pensando en todo. Algo andaba terriblemente mal en este festival, me di cuenta de la trampa, pero ya era demasiado tarde. Tenía que regresar. Comencé a correr con todas mis fuerzas para llegar de vuelta a la isla, devorando los kilómetros de sendero hasta que la densa neblina de las montañas me obligó a aminorar el paso.
Fue entonces cuando la vi. A lo lejos, entre el manto blanco de la bruma, se mostraron cinco siluetas caminando directamente hacia mí.
Pero algo andaba mal. Muy mal.
De pronto, un dolor punzante me atravesó la cabeza. Empecé a tener serios problemas con mis recuerdos; retazos de mi pasado se fragmentaban y se desvanecían. Perdía la visión de mis ojos por segundos, y cada recuerdo borroso que intentaba retener se proyectaba como un eco en esas cinco siluetas que se aproximaban.
Cuando la neblina finalmente dejó de tapar el camino, la vi por mis propios ojos. No podía creer lo que estaba viendo. Mis ojos se abrieron con horror y nostalgia a la vez.
—¿Queen...? —alcanzó a pronunciar mi boca.
—¿Shiro...? —resonó la voz de la mujer frente a mí, atrapada en el mismo shock místico.
—¿Qué demonios...? Debe ser un error. No creo que esté soñando... ¿o sí? —murmuró Shiro, llevándose una mano a la cabeza, tambaleándose mientras sus ojos azules se empañaban.
—No es un sueño, Shiro. En verdad soy yo —dijo Queen, esbozando una sonrisa temblorosa mientras las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas—. Jajajaja... ya ha...
—Oye... ¿por qué lloras? —preguntó Shiro, con la voz quebrada, mirando el llanto de su antigua compañera.
—¡Idiota! ¿Acaso no sabes lo mucho que sufrí desde que el Dios Nocturno te mató delante de mí? —gritó Queen, dejando salir todo el dolor contenido por un milenio—. ¿Por qué me hiciste esto, Shiro? ¿Por qué diste tu vida por mí? ¿Acaso olvidaste la promesa que hicimos?
Shiro se quedó helada, el impacto de sus palabras golpeándola directamente en el pecho.
—Yo... lo siento, Shiro —continuó Queen, con la voz ahogada—. Todo pasó tan rápido... Por suerte logré sobrevivir. Es verdad, soy una mala amiga, ¿verdad? Yo en verdad lo siento tanto, Shiro... Que hayas tenido que pasar por esto tú sola durante mil años...
Al ver que Shiro se tambaleaba, perdiendo las fuerzas y a punto de colapsar por la sobrecarga de sus recuerdos, Queen no lo pensó dos veces. Corrió hacia ella con desesperación.
—Yo...
Antes de que Shiro tocara el suelo, Queen la envolvió con sus brazos, estrechándola con una fuerza inmensa. Sentir su calor después de tanto tiempo le devolvió una paz que creía muerta. Shiro se aferró a ella, buscando refugio en ese abrazo.
Pero la tranquilidad duró apenas un suspiro. Un frío glacial y una presión sumamente siniestra corrieron de pronto por la piel de Queen, congelándole la sangre.
—Oh... vaya, vaya. Así que siguen con vida todos ustedes... —soltó una voz distorsionada, gélida y horrorosa, resonando directamente desde el cuerpo de Shiro.
Sus ojos azules se apagaron, volviéndose de un tono oscuro y vacío. El control de Shiro Shimizu había sido completamente usurpado.
Queen se alejó de un salto, horrorizada, desenvainando su arma con manos temblorosas.
—¡¿Cómo diablos es que nos encontraste?! —bramó, mientras Hércules, Alexander y Nicolás Tesla se ponían en guardia de inmediato.
—No fue tan fácil —rio el Dios Nocturno a través de los labios de Shiro—. Esta niña tiene una buena defensa mental. Desde que ella y yo nos enfrentamos, solo la dejé con traumas... Pero ahora que su mente se quebró al verte, entrar fue un juego de niños.
—¡No...! ¡No quiero ser manipulada! ¡Aléjate de mí, maldito dios...! —la voz de Shiro luchaba desde el fondo de su propia conciencia, intentando recuperar el control, pero su cuerpo no respondía.
—Oh, no te preocupes, Shiro. Daré un buen uso de tu cuerpo para matar a los sobrevivientes de los héroes, jajajaja —se mofó la entidad—. Ni siquiera tú, ni Carlos, comprenden de lo que soy capaz...
Bajo la posesión del Dios Nocturno, Shiro apuntó con frialdad su mano hacia el grupo de leyendas.
—¡Cuidado! —gritó Alexander.
Antes de que alguno pudiera reaccionar, una ráfaga de gravedad oscura y comprimida estalló desde su palma. El impacto mandó a volar a Queen a metros de distancia, estrellándola contra las rocas. Pero el ataque no se detuvo ahí. Una silueta de pura oscuridad se materializó detrás de uno de los diez héroes legendarios que los acompañaba: el Héroe del Destino.
\*¡¡¡SPLaT!!!\*
En un parpadeo de violencia pura, el Dios Nocturno, usando la fuerza de Shiro, le arrancó el brazo por completo al Héroe del Destino. La sangre salpicó la neblina de la montaña mientras un grito de agonía desgarraba el aire.
La pesadilla de hace mil años había vuelto para reclamar sus vidas, justo cuando el tiempo de Abraham en la isla se agotaba.
—Matar a todos me trae viejos recuerdos... —grité a través de los labios de Shiro, mientras una sonrisa bastante retorcida se dibujaba en mi rostro.
Liberé todo el poder oculto de Shiro de golpe. El aire se volvió puro terror, volviéndose tan denso que costaba respirar. Una onda expansiva descomunal barrió la montaña, haciéndolos retroceder con más fuerza; el impacto fue tal que todo el lugar quedó hecho un hueco enorme y devastado. Fue en ese preciso instante donde Queen y los demás se dieron cuenta, con absoluto horror, de que Shiro había sido completamente poseída por el Dios Nocturno.
—¿Cómo... es que tú...? —alcanzó a balbucear Queen, conmocionada.
—Más bien, tú deberías estar muerta, Queen —la interrumpí, usando la voz distorsionada de su amiga—. Fue tu mayor error venir aquí. Si tan solo no hubieras aparecido, las cosas jamás habrían sucedido de esta forma.
—¡Has cometido un error muy pesado, maldito...! —bramó Alexander, imbuido en su aura de combate—. ¡Deja el cuerpo de Shiro ahora mismo!
—¿Crees que lo haré? No seas tonta, mocosa —me mofé, barriendo al grupo con una mirada despectiva—. Este cuerpo ya no tiene dueño... Ella se encuentra atrapada en un sueño de pesadilla eterna. Alguien tiene que darle un buen uso. Verlos a todos vivos solo hace que mi sangre se eleve más... ¡sobre todo tú, Queen!
Queen cayó de rodillas, con las lágrimas nublándole la vista. \*Tenía razón... Es mi culpa. En primer lugar, no debí venir aquí. En segundo... ¿solo traje a los demás para morir? ¿Qué sentido tiene todo esto? Quisiera saberlo... No quiero luchar contra mi mejor amiga.\* Los recuerdos de su pasado con Shiro empezaron a llover en su mente, inundándola de un pánico paralizante. \*Es miedo lo que estoy sintiendo... No quiero matarla.\*
—Muchacha, sé que tienes miedo... —la voz de Nicolás Tesla resonó firme a su lado, rompiendo el trance de su desesperación—. Déjanos el resto a nosotros.
Tesla dio un paso al frente, con sus artefactos eléctricos chispeando con una intensidad renovada.
—Un héroe no tiene que dejarse vencer por el pánico, niña. Recuerda esto: el deber de un héroe no es no sentir miedo, es demostrar que el miedo jamás nos derrotará. Debemos ser fuertes y conscientes de nuestros actos; nuestros supuestos errores del pasado no son más que patrañas si nos detienen hoy. Hay que entender algo: si realmente ella es tu amiga, debes entregarlo todo en este campo de batalla.
Nicolás Tesla se giró y me señaló con el dedo directamente hacia el corazón.
—No te preocupes, a ella la salvaremos. No vamos a caer, ya no más.
Queen levantó la mirada, conmovida, y observó a sus compañeros.
—Ustedes también lo saben, ¿verdad?
—Sí, lo sabemos. Esto es muy arriesgado, ¿sabes? —dijo Alexander con una sonrisa de lado, ajustando su guardia a pesar del peligro—. Pero esto nos recuerda a nuestro viejo amigo, jajajaja.
—Tienes razón —le sonrió Tesla, con una mirada seria y profunda—. Él siempre nos ayudó demasiado cuando nadie más creía en nosotros. Yo no tenía valor, pero tenía talento. Muchas personas me decían que, por ser un científico al que le gusta la ciencia, no podíamos permitirnos soñar... Pero la vida no solo trata de lo horrible que se ponga el panorama. Hay que aprender y decirles a los demás que no hay nadie que nos pueda impedir cumplir nuestros sueños.
El científico enderezó la espalda, y una chispa de absoluta determinación brilló en sus ojos.
—¡Hay que esforzarnos más si queremos sobresalir! ¡Si queremos brillar! Que nuestro mundo nos ilumine, y aunque todo parezca apagarse, ¡siempre habrá una luz de esperanza!
Tesla me miró fijamente, dirigiéndose al alma de la chica que estaba atrapada dentro de mí.
—Has crecido mucho, Shiro. Aunque ahora no me escuches, sé que por dentro estás dolida y te sientes culpable de las desgracias que ocurrieron hace mil años... Pero no te preocupes, eso pronto terminará. Ya no dejaré que te ahorques a ti misma con esas culpas.
Luego, su mirada se volvió de puro hielo al clavarse en la entidad que la dominaba.
—Dime algo, Dios Nocturno... ¿Por qué no liberas a esta chica y peleas como tal, con tu propio cuerpo? ¿O qué? ¿Tienes miedo de perder ante nosotros? Aunque claro... el único que de verdad te dio problemas fue nuestro amigo, el Primer Héroe.
A través de Shiro, solté una risa cínica y desquiciada, ladeando el rostro.
—Aww, qué bonito... ¿Ahora me quieres hablar de él? ¡Jajajaja!
Súbitamente, mi voz se volvió letalmente seria, borrando toda burla. La energía oscura de Shiro se concentró en la palma de mi mano, lista para borrar su optimismo de la faz de la tierra.
—Solo cállate... y muere de una vez, maldito mediocre.
Eso lo veremos maldito humano nocturno..
Continuará

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Capítulo 270
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 269
Estás leyendo el capítulo 269 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 17 de julio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.