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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 268 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
\*\*Punto de vista de Karen Tanaka Sánchez\*\* El suelo bajo mis pies vibraba con una intensidad destructiva que amenazaba con abrir la tierra en dos. El aire quemaba, impregnado de una energía dorada y opresiva que volvía insoportable cada bocanada de oxígeno. Me limpié la sangre de la mejilla con el dorso de la mano, con la respiración entrecortada y el pecho doliéndome por el esfuerzo. \*¿Por qué...? ¿Cómo es que terminamos así?\* Las lágrimas de impotencia querían agolparse en mis ojos, pero las obligué a retroceder. No podía permitirme flaquear ahora. No solo mi propio hermano nos había traicionado, dejándonos un vacío helado en el pecho, sino que ahora... ahora estábamos luchando contra el mismísimo Rey de los Héroes. Una entidad que desbordaba un poder divino y arrogante, alguien que se suponía que pertenecía a las leyendas de otro mundo, o peor, a un pasado que debió quedar enterrado. —Dios de la Espada... ¿qué haremos? —le pregunté con la voz rota, apretando la empuñadura de mi arma mientras dábamos un paso atrás, acorralados por el fulgor de los tesoros flotantes del enemigo. A mi lado, el Dios de la Espada bloqueó una ráfaga de energía con un movimiento perfecto de su hoja, su rostro severo pero extrañamente sereno en medio del caos. —No tienes por qué preocuparte —me respondió su voz firme, transmitiéndome una calma que yo creía perdida—. Recuerda que tu hermano Abraham está luchando junto con nosotros. El Héroe de las Sombras lo está protegiendo, al igual como lo estoy haciendo contigo. El Dios de la Espada exhaló un suspiro pesado, sus ojos fijos en la imponente figura dorada que nos miraba desde las alturas con profundo desprecio. —No es nada sencillo parar esto... Mi viejo amigo se ha convertido en una herramienta para destruir todo. Miré hacia el frente, donde Abraham y el Héroe de las Sombras coordinaban sus movimientos en una danza desesperada contra la muerte. La posibilidad de ganar parecía nula, una locura matemática. —¡Dios de la Espada! ¿¡Qué pasaría si uso todo tu poder ahora mismo!? —le grité con desesperación, sintiendo el maná sagrado arder en mis venas. —¡¡¿¿???!! ¡Acaso te volviste loca, Karen! —la voz de Akira resonó en mi mente, cargada de un pánico absoluto—. ¿Acaso no recuerdas la última vez que casi mueres cuando luchaste contra Lucifer? ¡Tu cuerpo no soportará un impacto de esa magnitud otra vez! —¡Lo sé! —grité, con las lágrimas corriendo finalmente por mis mejillas, mezclándose con la suciedad y la sangre—. ¡Pero estoy desesperada, Akira! ¡No puedo dejar pasar el dolor de mi hermano Kronos, tú lo sabes bien! ¡No puedo quedarme de brazos cruzados! —¡Karen, hermana, tranquila! —la voz de Abraham se escuchó con fuerza a través del estruendo de los tesoros flotantes del Rey de los Héroes. Se interpuso brevemente para cubrir mi flanco—. Sé que estás frustrada, pero recuerda: nuestro hermano Carlos vendrá a ayudarnos. ¡No pierdas la esperanza! Él es el único hermano que nos queda, por favor... resiste, ¿sí? —Tiene razón tu hermano, Karen —insistió Akira, el Dios de la Espada, conectando su conciencia directamente con mi mente en un tono sepulcral—. Debemos ser conscientes. Si tú usas todo mi poder... morirás aquí mismo. ¿Estás dispuesta y segura de eso? —Yo... No alcancé a responder. En ese microsegundo de duda, me distraje. El Rey de los Héroes aprovechó la brecha y lanzó un proyectil dorado. Fui golpeada con una fuerza descomunal y monstruosa. Mi cuerpo salió disparado como un meteorito, atravesando la densidad del bosque a lo largo de millones de kilómetros simulados en la isla. El suelo se partió en dos y varias explosiones colosales restaban y retumbaban en nuestro entorno, devastando el paisaje. —¡¡¡Nooooo, hermana!!! —el grito desgarrador de Abraham se ahogó en la distancia. \*\*Punto de vista de Abraham\*\* Me quedé de piedra, viendo el rastro de destrucción por donde mi hermana había desaparecido. Mis manos temblaban. \*¿Me quedé parado sin hacer nada? ¿Hasta cuándo dejaré de tener miedo?\* La impotencia me carcomía por dentro. Miré al imponente guerrero que me respaldaba—. ¡Héroe de las Sombras! ¿¡Qué hago!? ¡No sé qué hacer! —No tienes por qué sentirte así —me respondió el Héroe de las Sombras, su voz resonando con una madurez sombría pero protectora—. Yo también era exactamente así desde que era un niño... Hasta que llegó el Primer Héroe Legendario. Él me ayudó y confió en que yo mismo sería más fuerte. Gracias a él, a todo su apoyo, es por la cual hoy soy el segundo más fuerte de los héroes. Es hora de que demos un paso juntos, Abraham. Somos compañeros de un fragmento... tu vida y la mía están destinadas a convertirnos en uno solo. Mis ojos se abrieron de par en par ante sus palabras. El aire a nuestro alrededor comenzó a distorsionarse, y las sombras del bosque empezaron a responder a mi pulso. —Espera... eso quiere decir que tú y yo... —Así es. Somos la misma persona y fuimos reencarnados —reveló con una sonrisa triste—. Suena algo raro, pero es la verdad, niño. Tú eres yo, y yo soy tú... Y es por eso que hoy te dejaré usar todo mi poder. Eres alguien tímido, adorable y honesto, al igual que los demás... pero las personas buenas no siempre terminan bien, ¿sabes? Perfectamente sabemos que seremos los únicos en caer si no hacemos algo ahora. Bajé la mirada, procesando el impacto de su revelación. El Héroe de las Sombras era mi propia existencia pasada, unida a mí para este momento crucial. Giré la cabeza hacia la dirección donde Karen había sido expulsada y luego regresé la vista al frente, hacia el Rey de los Héroes, quien nos miraba con una sonrisa de burla. —Entonces... no hay salida para mí, ¿verdad? —dije con una sonrisa llena de nostalgia, cargada de un profundo dolor. Apreté mis dientes con fuerza, sintiendo la injusticia de este mundo. Pero de repente, dejé de apretarlos. Mi mente se aclaró, volviéndose completamente fría. Mi mirada se volvió oscura, perdiendo todo rastro de timidez. El miedo se evaporó, reemplazado por una furia silenciosa y abismal. Mi magia de oscuridad se liberó de golpe, expandiéndose como un manto negro que extinguió la luz dorada del enemigo en nuestro rango. —\*\*¡Magia de Rango 16: Espinas de Oscuridad Atrayente!\*\* —bramé. Gigantescas estacas de sombra pura, afiladas como colmillos celestiales, brotaron del suelo y del aire, retorciéndose con una fuerza gravitatoria brutal que comenzó a arrastrar todo hacia el centro, desafiando el mismísimo poder del Rey de los Héroes. Si íbamos a caer, nos llevaríamos a esa leyenda con nosotros. Mis espinas de oscuridad de rango 16 chocaron con violencia contra las defensas del Rey de los Héroes, creando un estruendo que sacudió la isla entera. Las sombras se retorcían, pero mientras mantenía el conjuro con todas mis fuerzas, mi mente comenzó a flaquear, hundiéndose en el peso de mis propios pensamientos. \*A veces me pregunto qué haría mi hermano Carlos en estas situaciones...\* Siempre le he tenido un gran respeto. Él es la columna vertebral de lo que queda de nosotros. Siempre me pregunto por qué, a pesar de que tiene amigos, una prometida y hasta una hija dragón, siempre prefiere estar solo. ¿Por qué se siente tan vacío cuando la oscuridad lo rodea en la soledad? A veces siento que es tan similar al Primer Héroe Legendario... siempre tan amable, a veces hostil cuando la situación lo amerita, pero siempre da la cara por nosotros y por todos los demás. Apretaba los dientes mientras el maná de oscuridad quemaba mis circuitos mágicos. Sentía que mi muerte estaba cerca, que este era el límite de mi cuerpo. El Rey de los Héroes no es un simple rival; es un dios que podría acabar con este mundo en cualquier momento. \*Yo ya no quería ver llorar a Karen...\* Ella quedó profundamente traumada desde su primera muerte, desde que tuvo que sufrir el dolor de ser asesinada por lucifer. Si no fuera por mi hermano Carlos, ella ni siquiera estaría aquí hoy. Todo es gracias a él, que cruzó el cielo y la tierra para lograr salvarla de la muerte. ¿Y yo? Yo no estuve ahí. Tenía miedo. Mucho miedo. —Soy un cobarde... —murmuré, mientras las lágrimas finalmente traicionaban mi mirada oscura, cayendo sobre el suelo infestado de sombras—. No merezco ser un Sánchez. Soy un fracasado, ¿verdad? Lo soy... Me lo merezco. Merezco este dolor por no haber sido lo suficientemente fuerte. El Héroe de las Sombras, conectado a mi alma, sintió el colapso de mi mente, pero no me interrumpió; sabía que este dolor llevaba años guardado en mi pecho. —¿Por qué siempre me pierdo en mí mismo? —le grité al vacío, mientras el Rey de los Héroes levantaba su mano dorada, preparándose para contrarrestar mi magia—. Desde que mis dos hermanos mayores se convirtieron en unos monstruos... Dani, Kronos... ¿Qué fue lo que les sucedió en sus vidas? ¿Por qué se convirtieron en lo que son ahora? Nuestra familia... nuestra familia está hecha pedazos. La oscuridad de mi hechizo comenzó a parpadear, desestabilizándose por la tormenta de mis emociones. Estaba en el límite de mi fuerza, enfrentando a una leyenda, cargando con el peso de una familia rota y esperando que el único hermano que nos quedaba llegara antes de que el Rey de los Héroes reclamara nuestras vidas en ese maldito bosque. Las palabras del Héroe de las Sombras resonaron directamente en lo más profundo de mi alma, no como un eco lejano, sino como una verdad absoluta que sacudió toda la culpa que cargaba en mi pecho. —¡Abraham, no te culpes a ti mismo! —su voz, firme y llena de una empatía pura, detuvo el colapso de mi maná—. Hiciste lo posible por la cual siempre estabas solo, leyendo libros con tus amigos. Recuerda: eres inteligente. Eres el cerebro quien podría lidiar con esto. ¡No caigas! Demuestra a todos que tú también puedes luchar como tu hermano. El peso de la realidad me golpeó. Mi hermano Carlos... él también estaba haciendo lo mismo en este preciso instante. Todo el mundo se le venía encima. Él estaba pagando y cargando con todo el dolor de sus derrotas, sus caídas, sus pérdidas y aquellas promesas que no había podido cumplir, atormentado por el hecho de que sentía que todo lo volvería a perder. Si él seguía de pie soportando ese infierno, ¿por qué yo iba a rendirme? —Nunca olvides esto —continuó el Héroe de las Sombras, fundiendo su energía con la mía, estabilizando las espinas de rango 16 que amenazaban con estallar—. El deber de un niño no significa que seas cobarde. Al contrario, eso demuestra que estás dispuesto a convertirte en un héroe. No eres un mal muchacho... solo tenemos miedo de ser borrados de la existencia, o miedo de morir. Es humano, Abraham. Las sombras a mi alrededor dejaron de parpadear y comenzaron a brillar con un fulgor oscuro, pero extrañamente cálido. La fusión de nuestras almas se completó. —Mira, tienes un propósito. Tienes dos hermanos que te quieren y se preocupan por ti... Nunca abandones a tus hermanos. Dondequiera que estés, ellos te seguirán recordando como el Héroe del Mundo de Sombras que sembrará un mundo de luz brillante, como el camino del destino. Mis ojos, que antes reflejaban lágrimas de duda, se fijaron en el Rey de los Héroes con una claridad absoluta. La timidez desapareció por completo. El miedo seguía ahí, pero ya no me dominaba; ahora era el combustible de mi resolución. Si mi destino era caer aquí para proteger a Karen y darle tiempo a Carlos, entonces dejaría una marca que ni los mismos dioses dorados podrían borrar. —Entendido... —murmuré, mientras el maná del Héroe de las Sombras y el mío se volvían uno solo, rompiendo los límites de mi propio cuerpo—. ¡No voy a retroceder! El recuerdo de mi madre, Hina Sánchez, se materializó en mi mente con una claridad tan dolorosa como reconfortante, disipando la presión dorada del Rey de los Héroes por un breve instante. Pude verla de nuevo, con su mirada suave, cargada de un amor infinito mientras me sostenía cuando yo era tan solo un bebé. —\*Mi mamá y mi padre siempre tuvieron la razón... Hijo, no eres débil. Eres fuerte como un mundo de luz de sombras. Demuestra todo tu valor\* —había dicho ella en ese entonces, acariciando mi mejilla—. \*Eres mi hijo, al igual que Karen. Ustedes son mi mayor adoración del mundo...\* Nunca supe del todo por qué mi madre era tan buena y hermosa conmigo, con mi hermana y con todos nosotros. Ella nos adoraba demasiado; cada palabra suya, cada vibra que resonaba en mi pecho a través de sus recuerdos me hacía sentir genuinamente feliz en medio de esta pesadilla. Pero la vida la había golpeado duro. Desde que llegó mi hermano Carlos a su vida, la felicidad finalmente volvió a ella. Mi padre, Josué, me explicó una vez la verdad detrás de su tristeza. Me decía que la razón por la cual mi madre estaba así, sumergida en esa sombra constante, era por su profunda depresión de no haber podido salvar a Sara, la Heroína de la Esperanza. Sara Miyamoto era la mejor amiga de mi madre, la única en su vida, alguien que jamás podría ser reemplazada en su corazón. Pero cuando nació mi hermano Carlos... todo cambió. Él se parecía muchísimo a Sara, especialmente por su sonrisa. Cada vez que mi madre lo miraba, le recordaba a ella, a la esperanza que creía perdida. El amor de una madre siempre será lo primero hacia sus hijos; ella siempre estaba preocupada por nosotros porque amaba con toda su alma lo que tenía ahora. —Mamá... —murmuré, mientras las lágrimas se evaporaban de mis ojos, reemplazadas por un fulgor oscuro y maduro—. No solo has criado a un niño. Has forjado a un hombre que está dispuesto a levantarse una vez más. El maná de rango 16 de mis \*Espinas de Oscuridad Atrayente\* se tiñó con un brillo dorado espiritual, la herencia del amor de mi madre y la fuerza del Héroe de las Sombras fusionándose en una técnica híbrida perfecta. Di un paso al frente, plantándole cara al mismísimo dios de las leyendas. Ya no era el niño asustado que leía libros en la esquina. Era un Sánchez, y protegería a mi familia hasta el último aliento. —¿Estaba dispuesto a sacrificarme usando el Reino Temporal? —la voz del Héroe de las Sombras resonó con una gravedad absoluta dentro de mi mente, deteniendo por un instante el flujo de mi maná—. ¿Estás seguro de esto, Abraham? Sabes muy bien que el Reino Temporal solo es usado cuando la vida está a punto de llegar a su fin. Si cruzas esa línea, no habrá vuelta atrás para ti. ¿Estás seguro de esto? Me quedé en completo silencio. No respondí con palabras, sino con mi determinación. Cerré los ojos lentamente, ignorando el estruendo de las armas divinas del Rey de los Héroes que se cernían sobre mí. Comencé a canalizar la última energía de mi alma, forzando los engranajes prohibidos de la magia del tiempo para activar el Reino Temporal. Estaba listo para pagar el precio más alto con tal de ganar un minuto para mis hermanos. Pero antes de que el hechizo consumiera mi vida, una presión devastadora y pura sacudió el campo de batalla. \*¡SHING!\* Una chispa de luz dorada, de una pureza cegadora, se iluminó con violencia justo debajo de nosotros. El bosque entero, antes sumido en mis sombras y en el aura opresiva del enemigo, se tiñó de un blanco celestial. Abrí los ojos de golpe. Era Karen. Había regresado del impacto, abriéndose paso entre los árboles destruidos. Su cuerpo emanaba un fulgor sagrado tan inmenso que hacía temblar el espacio. Al mirarla, se me heló la sangre: su mirada se había vuelto tan seria... tan fría y letal, que por un segundo no vi a mi hermana. Pensé en Carlos. Era exactamente la misma mirada que ponía nuestro hermano mayor cuando decidía desatar el infierno para protegernos. El verdadero poder sagrado de los Sánchez finalmente había despertado, y el Rey de los Héroes estaba a punto de descubrir por qué mi hermana no iba a morir hoy. —¡Espada Separadora de Almas! —bramó mi hermana. El grito de Karen rasgó el aire sagrado, y ante el asombro de todos, una hoja mística de un brillo espectral y translúcido apareció de la nada, flotando frente a ella antes de que su mano la aferrara con una fuerza implacable. La presión espiritual de esa arma era tan devastadora que incluso las sombras de mi Reino Temporal se agitaron. Karen clavó sus ojos serios y letales en el Rey de los Héroes. Y por primera vez desde que comenzó esta masacre, el semblante arrogante del monarca dorado se desmoronó. La miró fijamente, y la tensión que emanaba de su imponente figura cambió por completo; la hostilidad divina dio paso a una profunda, pesada y trágica lucidez. Y entonces, el Rey de los Héroes habló por primera vez, pero su voz no iba dirigida a nosotros. Miró hacia el Dios de la Espada, Akira, que permanecía a mi lado. —Viejo amigo... —pronunció el Rey, su tono resonando con un eco que arrastraba el dolor de mil batallas pasadas. Nos quedamos de piedra. No había burla en sus palabras, solo una súplica desesperada oculta tras su imponente armadura. —Debes acabar con esto... Debes matarme —continuó, apretando los puños mientras las cadenas místicas de su propio poder temblaban, revelando los hilos invisibles que controlaban sus movimientos desde el abismo—. No quiero ser una marioneta de nadie. Hazlo. Si no lo haces a tiempo, yo... yo no podré resistir más. Mi mente se desvanece. La revelación nos golpeó como un balde de agua fría en medio del fulgor sagrado de Karen. El legendario Rey de los Héroes, el ser que yo creía un dios despiadado, no estaba luchando por voluntad propia. Estaba siendo controlado, usado como una herramienta maldita para destruirnos. Con Karen desatando el poder de la Espada Separadora de Almas y el Rey suplicando por su propia muerte, el verdadero clímax de la batalla en el festival acababa de comenzar. El minuto de la vida no era el final... era el momento de la liberación. El Dios de la Espada, Akira, bajó la mirada, dejando que su rostro quedara oculto en las sombras reflejadas por el fulgor de la Espada Separadora de Almas. En ese instante de silencio sepulcral, el peso de la eternidad cayó sobre nosotros. Los hilos del destino parecían enredarse, y los recuerdos de esos dos viejos amigos que alguna vez pasaron una vida feliz, compartiendo batallas y gloria en el pasado, estaban llegando a su trágico final. —Está bien... —susurró Akira, su voz quebrándose sutilmente, cargada de una resignación dolorosa. Luego, conectando su alma directamente a la mía, me dio la orden definitiva—: Hazlo, Karen. Yo me mantenía seria, con la mirada fija en el Rey de los Héroes, pero por dentro estaba profundamente triste. Al estar ligada espiritualmente a Akira, los fragmentos de sus memorias comenzaron a fluir en mi mente como ráfagas de viento nostálgico. Pude ver el pasado, un tiempo lejano donde ambos no eran enemigos, sino camaradas descansando bajo el cielo estrellado. —\*Oye, Akira, ¿cuál es tu mayor sueño?\* —le había preguntado el Rey de los Héroes en aquel recuerdo, con una sonrisa franca y libre de la arrogancia oscura que lo envolvía ahora. —\*Mi mayor sueño es encontrar una discípula que pueda usar mi poder, ¿sabes?\* —había respondido Akira, limpiando su espada—. \*Recuerda que estamos en guerra contra un simple humano que se convirtió en un Dios.\* —\*Es verdad, tienes razón...\* —asintió el monarca dorado en la memoria, extendiendo su mano hacia él—. \*Pero prométeme algo: que ninguno de los dos morirá en esta era.\* El recuerdo se disipó de golpe, regresándome al presente destructivo del bosque. La promesa se había roto hacía mucho tiempo. El amigo de Akira se había convertido en una marioneta del abismo, implorando por su liberación. Apreté la empuñadura de la Espada Separadora de Almas. Las lágrimas que contenía se secaron bajo el calor de mi maná sagrado. Si el Rey de los Héroes pedía un final digno, yo se lo daría, no por odio, sino por el respeto que alguna vez le tuvo el Dios de la Espada. Di un paso al frente, levantando la hoja mística mientras el espacio a nuestro alrededor comenzaba a fracturarse. Me moví a una velocidad que desafiaba las leyes de la física, convirtiéndome en un destello de luz sagrada que cortaba el aire del bosque. Ataqué al mismo tiempo que Abraham mantenía la presión con sus sombras, analizando cada milímetro de la trayectoria, cada movimiento de nuestras armas en ese cruce frenético de metal y magia. Mis ojos, fijos en su armadura dorada, buscaban la apertura. Cada vez se volvía más difícil asestar el golpe definitivo en su pecho. El sudor frío rodaba por mi cuello. \*Solo necesito atravesarlo... solo una estocada pura con la Espada Separadora de Almas y lo liberaré\*, me repetía internamente. Pero justo cuando creí haber encontrado la brecha, una fuerza gravitatoria oscura y distorsionada desvió mi trayectoria. Con un movimiento brutal que no correspondía a la esgrima del monarca, el Rey de los Héroes bloqueó mi hoja con una fuerza tan descomunal que la vibración me entumeció los brazos. \*¡CLANG!\* La Espada Separadora de Almas salió volando de mis manos, clavándose a lo lejos en el suelo destruido. Antes de que pudiera reaccionar o retroceder, la mano dorada del Rey me tomó firmemente por el cuello, levantándome del suelo. El calor místico de su armadura se había vuelto repentinamente helado, corrupto, cubierto por unas venas de energía negra y purpúrea. El Rey abrió la boca para hablar, pero la voz que emergió de su garganta no era la súplica trágica del viejo amigo de Akira. Era una voz gruesa, distorsionada, que chorreaba una malicia tan pesada que hacía que el aire se sintiera como plomo. —Vaya, vaya... Así que una simple mujer podría hacerme frente... —soltó la entidad, esbozando una sonrisa retorcida que deformaba las facciones del monarca controlado. Me quedé en un estado de shock absoluto, sintiendo cómo el maná sagrado en mis venas se congelaba ante la pura presencia de quien habitaba ese cuerpo. En mi mente, la conciencia de Akira se sacudió con un horror tan profundo que me provocó náuseas. El Dios de la Espada estaba temblando dentro de mi alma. —¿Quién... quién diablos eres tú? —logré articular, apretando los dientes mientras Abraham intentaba levantarse a lo lejos—. ¡Dime quién eres! El Rey de los Héroes soltó una carcajada seca, un sonido oscuro que hizo eco en toda la isla del festival. —Oh... Pensé que lo sabrías, maldito mediocre estúpido —respondió la voz, mirando directamente a través de mis ojos para insultar a la entidad que me protegía. En ese instante, Akira reconoció la firma de energía. El pánico en su voz resonó en mi cabeza como un grito ensordecedor: —¡Es imposible...! ¡¿Cómo es que tú sigues con vida...?! ¡¡Dios de la Guerra, \*\*Daniel\*\*!! —¡Jajajaja, jajajaja! —la carcajada que brotó de la boca del Rey de los Héroes fue una distorsión monstruosa que heló la sangre en mis venas. La presión de sus dedos en mi cuello aumentó—. Solo estoy manipulando este cuerpo de marioneta, pero no te preocupes... Aunque logres liberar al rey, yo sigo bien resguardado en el cuerpo de Dani Tanaka Sánchez. Los ojos dorados del monarca poseído brillaron con una malevolencia púrpura mientras se acercaba a mi rostro, clavando esa mirada ajena en mí. —Solo te estoy dando una advertencia... Una vez que tenga todo el control del cuerpo de Dani, volveré a la vida por completo. ¡No como un simple espíritu errante, sino como un dios humano! ¡¡Jajajaja!! Me quedé en un shock absoluto. Mis ojos se abrieron de par en par, sintiendo cómo el suelo bajo mis pies desaparecía a nivel emocional. \*¿Dani...? ¿Mi hermano mayor está siendo devorado desde adentro por este monstruo?\* La revelación me dolió más que cualquier golpe físico, encendiendo una furia volcánica que rompió el bloqueo de mi maná sagrado. —¿¡A dónde tienes a mi hermano, maldita escoria!? —le grité con las fuerzas que me quedaban, intentando zafarme de su agarre mientras mi energía chispeaba con violencia. La entidad que controlaba el cuerpo soltó otra risa despectiva, ladeando la cabeza con total desprecio. —Oh, vaya, ya habló la niña que se creía una guerrera —se burló la voz de Daniel, el Dios de la Guerra—. Jamás te lo diré. No importa lo que te hayan dicho Karl y Roger... ¡Jamás podrás encontrarlo! ¡¡Jajajaja!! A lo lejos, las sombras de Abraham comenzaron a agitarse con una violencia errática. El nombre de nuestro hermano mayor en boca de ese maldito dios antiguo era una declaración de guerra total para la familia Sánchez. Estábamos contra las cuerdas, con el Rey de los Héroes como escudo y el alma de Dani en un peligro inminente. El destino de nuestra familia rota volvía a pender de un hilo en medio de este maldito festival. —Este hilo debe acabar ya... —la voz que brotó de mis labios ya no era la mía. Fui completamente devorada por el odio y la ira pura que estallaron desde lo más profundo de mi alma. En ese milisegundo, la conciencia de Karen Tanaka quedó en un segundo plano; ya no era yo quien controlaba mis músculos. Era el Dios Akira, el Dios de la Espada, quien tomó el control absoluto de mi cuerpo por primera vez, poseído por una furia ciega al ver el sufrimiento de su viejo amigo y la burla del Dios de la Guerra. —¡Te mataré! —bramó Akira a través de mi garganta, las venas de mis brazos marcándose por la presión espiritual—. ¡¡Libera el cuerpo de mi amigo ahora mismo!! —¿Oh, vas a llorar? ¡Hahaha! —la entidad que controlaba al Rey de los Héroes soltó una carcajada estridente, sin mostrar un ápice de temor—. Llora todo lo que quieras, pero cometiste el mayor error de tu vida. ¿Sabes lo que pasaría si usas todo tu poder en ese envase? ¡Tú morirás y dejarás de existir para siempre! Pero está muy bien... así podría deshacerme de uno más en mi camino sin mover un solo dedo. El Dios Akira ignoró por completo la advertencia. No le importaba el precio, no le importaba si mi cuerpo se rompía o si su propia existencia se borraba de la historia; solo quería salvar el honor de su camarada y aplastar la arrogancia de Daniel. \*\*—¡¡¡Aaaaaahhhh!!!—\*\* Un rugido colosal sacudió los cielos. Akira liberó todo su poder al 100%. Toda la isla del festival tembló con violencia apocalíptica, las placas de tierra levantándose y los árboles saliendo volando por la onda de choque expansiva. Un aura de espadas celestiales y luz pura envolvió mi figura. Antes de que Daniel pudiera reaccionar en el cuerpo del Rey, desaparecí de su campo de visión. La velocidad divina borró mi rastro físico y místico. \*¡¡SWISH!!\* Reaparecí justo a su costado en un parpadeo. Con un movimiento limpio, letal y cargado de una fuerza destructiva inimaginable, el filo de mi energía cortó limpiamente el brazo dorado del Rey de los Héroes, desmembrándolo en un instante. Sin detener el flujo del combo, conecté una patada brutal impregnada de maná divino directamente en su costado, mandando su imponente cuerpo a volar a través de los bosques de la isla como un meteorito sin control. El contraataque final de los Sánchez y el Dios de la Espada había comenzado, pero el reloj de mi propia vida ya estaba corriendo hacia atrás. A pesar de haber perdido un brazo, el cuerpo del Rey de los Héroes se reincorporó en el aire, impulsado por la retorcida magia del Dios de la Guerra. Daniel no mostró dolor; la entidad que lo poseía simplemente soltó un gruñido salvaje y contraatacó con una furia desmedida. Intercambiamos miradas cargadas de un odio milenario. Ya no había palabras, solo el deseo absoluto de destrucción. \*¡BOOM! ¡CLANG! ¡SPARK!\* Los ataques se volvieron un torbellino de luces doradas, purpúreas y blancas. Akira, usando cada fibra de mi cuerpo al 100%, desataba estocadas capaces de partir montañas, pero Daniel respondía bloqueando con ráfagas de energía concentrada y esquivando por milímetros. Retrocedimos en un parpadeo, creando una distancia de apenas unos metros, solo para impulsarnos de nuevo hacia el frente con mayor violencia. Bloqueo. Esquivo. Contraataque. Varias ondas de choque expansivas estallaban con cada cruce de nuestras fuerzas, barriendo con los restos del bosque y agrietando el cielo de la isla. El viento se volvía tan salvaje que el oxígeno apenas podía llegar a mis pulmones; los árboles cercanos eran arrancados de raíz y la tierra se elevaba en torbellinos a nuestro alrededor. Estábamos atrapados en el ojo de una tormenta divina, donde un solo error significaría la muerte de Karen o la desaparición eterna de Akira. El fulgor sagrado que envolvía mi cuerpo comenzó a parpadear erráticamente. Sentí un dolor lacerante recorrer mis vías de maná; la energía de Akira era demasiado densa, demasiado destructiva para mi cuerpo humano, y llegó a un punto donde mi luz se estaba apagando poco a poco. Mis movimientos se volvieron más lentos, mis ataques perdieron precisión. Daniel, controlando los hilos del Rey de los Héroes, lo notó de inmediato. Frenó mi siguiente estocada con una facilidad insultante y se plantó frente a mí, ladeando la cabeza. —¿Qué pasa, Akira? ¿Eso es todo lo que tienes? —se mofó con una sonrisa bastante retorcida, sus ojos inyectados en esa energía purpúrea—. Por ver a tu amigo en esto... te has vuelto tan débil. Qué patético final para el Dios de la Espada. Antes de que Daniel pudiera asestar un golpe definitivo aprovechando mi debilidad, una densa capa de oscuridad se interpuso entre nosotros, repeliendo el impacto. Abraham, impulsado por la fuerza de su reencarnación, se colocó delante de mí, mientras la silueta espiritual del Héroe de las Sombras se manifestaba a su lado con desesperación. —¡Akira, detente, amigo! —bramó el Héroe de las Sombras, dirigiendo su mirada mística directamente hacia el interior de mi alma, donde Akira seguía cegado por la furia—. ¡Matarás a Karen! ¿¡Sabes cómo se pondrá Carlos si se entera de que la estás llevando a la misma muerte!? ¡Por favor, escúchame! Las palabras del Héroe de las Sombras resonaron como un eco helado. El nombre de Carlos pareció actuar como un freno de mano en la mente de Akira. La rabia destructiva del Dios de la Espada flaqueó por un segundo, obligándolo a mirar el estado real de mi cuerpo: mis manos temblaban, hilos de sangre brotaban de mis ojos y boca, y el maná sagrado estaba consumiendo mi propia fuerza vital. Estábamos al borde del colapso, con Daniel celebrando nuestra inminente caída y el tiempo agotándose para los hermanos Sánchez. Pero yo ya no podía seguir con el dolor... Me dolía tanto no poder hacer nada por mí misma, atrapada en mi propia mente, hasta que el alma de Akira flaqueó y mi conciencia logró tocarlo del hombro en nuestro espacio espiritual. —Akira... —le hablé con suavidad, con el corazón roto—. No te culpes. No dejes que la ira te consuma, por favor, escúchame... Tu cuerpo espiritual... estás desapareciendo, por favor... El Dios de la Espada miró sus propias manos, las cuales ya se estaban volviendo translúcidas y borrosas debido al sobreesfuerzo del 100% de su maná. —Ya veo... —dijo, bajando la mirada hacia el suelo de nuestra mente—. Supongo que voy a morir aquí. —En ese caso, giró su rostro hacia el Héroe de las Sombras, que nos miraba desde fuera, y levantó la mirada con una sonrisa triste—: Te puedo pedir un favor... Libéralo por mí. Y le dices... —¡No, espera! ¡No lo hagas, Akira! —le grité, sintiendo que el pánico me asfixiaba—. ¿Qué haría yo sin ti? ¡Por favor, no te vayas! —Lo siento, Karen. Es mi culpa por haber usado el 100% de mi poder... Tu cuerpo ya no lo está soportando, lo siento —dijo él, dedicándome una última sonrisa llena de una calidez paternal—. Debes sobrevivir sin mí, Karen. Gracias por escucharme, por estar conmigo... Desde que eras una niña me encariñé contigo sin darme cuenta. Eres una mujer encantadora, rebelde pero con elegancia... Eres una mujer maravillosa, en verdad. Cuídate mucho. Cuida de los demás... Y conviértete en mi sucesora, como la Santa Diosa de la Espada. Akira extendió sus manos resplandecientes hacia mi pecho. —Acepta este poder... —¡No! ¡No quiero que te vayas, Akira! —le grité, sumergida en la más profunda desesperación—. ¡No, por favor! Corrí con todas mis fuerzas para intentar tocarlo, para detener su partida, pero mis dedos solo atravesaron el aire. Él... se desvaneció por completo en millones de partículas de luz dorada. Sus últimas palabras resonaron en el vacío: —\*Gracias por ser mi discípula...\* Fue en ese preciso instante donde me quebré por completo. El dolor de la pérdida, la impotencia y la tristeza se fusionaron con la herencia pura que Akira me había dejado, liberando finalmente mi verdadero potencial de la espada. Regresando al exterior... —¡Muere, Akira! —bramó Daniel, lanzando un impacto destructivo a quemarropa con el cuerpo del Rey de los Héroes, creyendo que estábamos indefensos. Pero su ataque fue detenido en seco. Una barrera de energía pura y cortante atomizó su ofensiva antes de que tocara mi piel. Mi rostro se volvió completamente serio, frío, despojado de cualquier rastro de la niña temerosa de antes. Mi mirada ahora era bastante afilada, tan letal y cortante como la espada misma. Daniel, desconcertado por el repentino cambio, desató varias ondas destructivas consecutivas que agrietaron el espacio. Sin embargo, con un solo movimiento de mis dedos desnudos, tracé una línea en el aire. El contraataque de la Santa Diosa de la Espada fue tan veloz y masivo que Daniel ni siquiera pudo verlo; la onda expansiva lo golpeó de lleno y el Dios de la Guerra salió disparado por los aires, destrozando el suelo a su paso. Aparecí detrás de él en un pestañeo, rompiendo la barrera del sonido. Sin darle tiempo a reaccionar, asesté varios ataques consecutivos con mis puños imbuidos en el maná de la Santa Diosa de la Espada, haciendo que su armadura dorada se agrietara con cada impacto. Mientras caía, extendí mi mano y la \*Espada Separadora de Almas\* volvió a mí, regresando a mi agarre como si respondiera al clamor de mi propia alma. Conectando el siguiente ataque en una secuencia perfecta, lo golpeé una y otra vez, desatando cortes de energía pura que destruyeron por completo el entorno y desgarraron la influencia maligna que lo poseía. —¡Es imposible...! —bramó Daniel desde el interior del cuerpo, escupiendo sangre purpúrea—. ¿¡Cómo diablos obtuviste ese poder, maldita perra?! —Cállate. Los muertos no hablan —sentencié con una frialdad que congeló el aire. Dando el golpe final, tracé un arco perfecto con la hoja mística. El filo espiritual atravesó el pecho del Rey de los Héroes sin dañar su cuerpo físico, cortando limpiamente los hilos de posesión. Con un grito de agonía celestial, la esencia oscura del Dios de la Guerra, Daniel, se disipó y desapareció por completo del lugar, perdiendo su control sobre la marioneta. El cuerpo del Rey de los Héroes cayó lentamente al suelo, finalmente libre, mostrando una expresión de profunda paz. Miré al cielo, sintiendo el vacío que Akira había dejado en mi pecho, pero también el inmenso poder que ahora residía en mí. —Descansa en paz, Akira... Al menos ya puedes reunirte con tu viejo amigo —murmuré, limpiando una última lágrima de mi rostro—. Porque ahora... ya no hay nadie que me detenga. Giré mi espada con elegancia, haciendo que la sangre enemiga salpicara el suelo destruido, pero mi cuerpo se tensó de inmediato. Sabía perfectamente que esto no era el fin. El aire volvió a corromperse, volviéndose denso y putrefacto. El suelo se abrió en dos fisuras oscuras justo frente a nosotros, y de las profundidades del suelo agrietado, la realidad misma se distorsionó. Dos Abismales de un poder colosal emergieron de la nada, bloqueándonos el paso con sus siluetas monstruosas y ojos hambrientos de destrucción. Abraham y yo nos pusimos en guardia mística; la verdadera guerra por la supervivencia de nuestra familia apenas estaba comenzando. —¿Eh? ¿Ya acabó? Apenas se iba a poner interesante mi llegada... —soltó una voz femenina, arrastrando las palabras con un tono aburrido y juguetón que cortó la tensión del ambiente. De entre la niebla del Abismo, la silueta de Mónica se hizo visible. Caminaba con total tranquilidad sobre la tierra destruida, como si el campo de batalla fuera un simple parque de diversiones. Cruzó los brazos y miró de reojo a su acompañante—. En fin... ¿tú qué opinas, Yoruzu? Al lado de ella, una presencia sumamente opresiva y gélida dio un paso al frente. Sus ojos reflejaban un desprecio absoluto por todo lo que le rodeaba. —No es nada más que una simple pérdida de tiempo, en fin... —respondió Yoruzu con frialdad, barriendo con la mirada los destrozos de nuestra batalla contra el Rey de los Héroes. Mónica soltó una pequeña risa, deteniendo sus pasos a escasos metros de los dos Abismales que acababan de emerger. Sus ojos, fijos en mí, brillaron con una chispa de malicia analítica. —Parece que todo está teniendo sentido ahora —comentó, ladeando la cabeza con una sonrisa ligera—. Que ya haya despertado la nueva Santa de la Espada... nos podría dar algunos problemas en el futuro. —Tienes razón —asintió Yoruzu. Su mirada se desvió de mí y se clavó directamente en Abraham, quien apenas lograba mantenerse de pie tras haber usado el maná del Héroe de las Sombras—. Así que... ¿qué te parece si matamos a ese chico de ahí? El aire alrededor de Abraham se volvió mortalmente pesado. Mi hermano estaba al límite de sus fuerzas, y la fría intención de matar de esos dos nuevos enemigos se enfocó completamente en él. Apreté la empuñadura de mi espada, sintiendo el legado de Akira arder en mis venas; no iba a permitir que me arrebataran a nadie más. —Déjame esto a mí, Abraham... Préstame tu cuerpo —la voz del Héroe de las Sombras resonó dentro de la mente de mi hermano, ya no con la calma de un guía, sino con un tono gélido, antiguo y cargado de una sed de sangre implacable—. A ellas dos las conozco desde hace mil años. Nunca olvido quiénes marcaron la masacre el día de la ciudad de Olewlayn... El cuerpo de Abraham se tensó. Sus ojos, que antes reflejaban el cansancio de la batalla, se tiñeron por completo de una oscuridad absoluta, una negrura tan profunda que parecía tragarse la luz del festival. El Héroe de las Sombras tomó el control total del envase, dando un paso al frente mientras un aura de pura brea mística comenzaba a emerger del suelo, haciendo que los dos Abismales que acompañaban a las chicas retrocedieran por puro instinto. Mónica detuvo su sonrisa juguetona, entornando los ojos al sentir el repentino cambio en la presión espiritual del chico. —Oh, vaya... Parece que nos conoces... —soltó ella, cruzándose de brazos, aunque su postura se volvió sutilmente más rígida. —Por supuesto que sí —respondió el Héroe de las Sombras a través de los labios de Abraham. Su voz sonaba doble, como el eco de miles de almas atrapadas en el abismo—. ¿Acaso no me recuerdan? Aquel chico al que ustedes dieron por muerto en las ruinas de esa ciudad... Yoruzu, que se mantenía en silencio, clavó su mirada gélida en la silueta oscura que parpadeaba detrás de Abraham. Sus ojos se abrieron ligeramente cuando los engranajes de su memoria milenaria finalmente encajaron. —Déjame pensar... Espera —murmuró Yoruzu, y por primera vez, un rastro de auténtica precaución cruzó su rostro—. Tú eres aquel chico que estaba con el Primer Héroe Legendario... Lo recuerdo. ¿No eres tú el que, al final, aniquiló a más de 700 millones de enemigos en tan solo una semana? ¿Durante la Gran Batalla del Destino? La revelación cayó como un mazo sobre el campo de batalla. Mónica borró por completo su expresión de aburrimiento. El "cerebro" de los Sánchez ya no estaba solo; el estratega de los libros acababa de cederle el trono al monstruo que una vez tiñó de negro los registros de la historia antigua. —Al menos ya sabes quién soy... —respondió el Héroe de las Sombras a través de los labios de Abraham, manteniendo un tono helado y cortante—. En fin, ¿qué es lo que hacen por aquí? Mónica soltó una carcajada estridente, recuperando su tono burlón y despectivo. —Es algo estúpido que lo digas de esa forma. No cabe duda de por qué moriste hace mil años —soltó ella con desdén, barriendo el suelo con la mirada—. Lo único que recuerdo es que fuiste masacrado por el Dios Nocturno. Dime... ¿qué se siente morir de esa forma...!? —¿A qué te refieres...? —alcanzó a murmurar el Héroe de las Sombras, desconcertado por la absoluta confianza de la abismal. Pero no hubo tiempo para explicaciones. La velocidad de Mónica superó cualquier lógica. \*¡SHIK!\* Ella parpadeó hacia mí. En una fracción de segundo que ni mis nuevos instintos de Santa de la Espada pudieron predecir, Mónica acortó la distancia y clavó su espada directamente en el pecho de Abraham. La hoja atravesó su cuerpo, tiñendo la oscuridad de su aura con un destello de sangre real. —¿Qué... demonios...? —la voz de mi hermano se quebró, escupiendo un hilo de sangre mientras el control del Héroe de las Sombras tambaleaba por el impacto crítico. Mónica no retiró el arma; al contrario, la giró lentamente dentro de la herida, acercando su rostro al de Abraham con una sonrisa siniestra y perturbadora que helaba la sangre. —Sabes... eres más lento para reaccionar a todos mis instintos —susurró ella, saboreando el momento—. Eres bastante malo, ¿verdad? —¡Maldita sea! —bramé desde mi posición, desatando el maná de Akira mientras la desesperación volvía a apoderarse de mí. Mónica había jugado con nosotros, ocultando su verdadero nivel bajo esa fachada aburrida. Con Abraham herido de gravedad y la espada de una abismal atravesando su pecho, el festival se había convertido en un auténtico matadero. Mis ojos se oscurecieron por completo, perdiendo todo rastro de luz humana. De mis propias entrañas brotó una masiva bomba de humo en sombras que eclipsó el fulgor sagrado de la isla, obligando a Mónica a soltar el agarre de su arma y retroceder A mi costado, el suelo agrietado comenzó a escupir una negrura espesa de la cual emergieron varias siluetas imponentes con armaduras corroídas y ojos de fuego fatuo. Los llamaba mis caballeros caídos en sombra espectral, almas de antiguos guerreros ligadas ahora a mi nuevo potencial. —Esta es mi lucha... No dejaré que lo toquen —dije con una voz que arrastraba el eco de la Santa Diosa de la Espada, interponiendo a mi ejército místico entre los abismales y el cuerpo herido de mi hermano. Miré fijamente a Mónica, con la Espada Separadora de Almas vibrando en mi mano derecha. Yoruzu, que observaba la escena desde atrás con los brazos cruzados, entornó los ojos al sentir la súbita metamorfosis de mi energía. —Me parece extraño que alguien como tú esté en el cuerpo de un niño de 15 años... —comentó con frialdad, confundiendo la imponente madurez de mi maná con la presencia de un espíritu invasor. —Muchas cosas pasaron, pero en fin, no importa... Esta es nuestra batalla —respondí, dando un paso al frente mientras los caballeros caídos hacían resonar sus armas espectrales contra el suelo—. Y esta vez no perderé. ¡Ganaré! El aire a nuestro alrededor se volvió puro filo. La verdadera contraofensiva de los Sánchez acababa de comenzar, decidida a reclamar la victoria sobre las cenizas de este festival maldito. —Karen, no te metas... —la voz de Abraham me interrumpió, pero ya no sonaba como la de mi hermano. Era la voz profunda, distorsionada y ancestral del Héroe de las Sombras, resonando con una autoridad que hizo que mis propios caballeros espectrales vacilaran por un instante. A pesar de tener la espada de Mónica atravesada en su pecho, el cuerpo de Abraham comenzó a enderezarse lentamente. La sangre que goteaba de su herida se evaporó, convertida en un vapor oscuro y denso. Una sonrisa fría y confiada se dibujó en su rostro ensangrentado mientras clavaba sus ojos completamente negros en las dos abismales. —Tú tranquila... Solo mira de lo que es capaz un héroe legendario. Con un movimiento brutal y seco, Abraham sujetó la hoja de la espada que lo atravesaba con su propia mano desnuda y, sin mostrar un solo rastro de dolor, la arrancó de su pecho de un solo tirón, arrojándola al suelo con desprecio. La herida en su cuerpo comenzó a cerrarse inmediatamente, sellada por hilos de sombra pura que cosían su carne. Mónica dio un paso atrás, perdiendo por completo la sonrisa burlona que tenía hace un momento. Yoruzu se puso en guardia mística, abriendo los ojos de par en par al sentir cómo el maná del Héroe de las Sombras comenzaba a expandirse a niveles que desafiaban la realidad, haciendo que la gravedad de toda la isla colapsara. El verdadero monstruo de la Gran Batalla del Destino finalmente había despertado del todo. Empecé a caminar con pasos firmes, mientras todo a mi alrededor se volvía completamente oscuro. Un lago negro y denso surgió debajo de nosotros, tragándose la luz del festival y los restos de la isla. —Bien... es hora de pisotear a los débiles —sentencié con una voz que hizo temblar el espacio. En un parpadeo, el lago negro cambió, expandiéndose hasta transformarse en un mundo cerrado, un ecosistema infinito lleno de sombras vivientes y neblina perpetua. —Bienvenidos a mi territorio, la Muerte Eterna de la Oscuridad de la Bondad. Yo, el Héroe de la Sombra y General del Caos, he sido despertado. Mientras mi maná se adueñaba de la realidad, varios recuerdos fragmentados comenzaron a brotar en mi mente. Era claro todo lo que viví en aquellos tiempos remotos. \*Ojalá desearía que tú hubieras vivido más tiempo que yo, viejo amigo Khilash... Si tan solo nosotros diez hubiéramos salido con vida contra el Dios Nocturno, tal vez hoy podríamos conocer en persona a estos chicos... Pero nosotros no podíamos con él. La única persona que pudo hacerle frente y derrotarlo fue el Primer Héroe... pero murió protegiendo a una sola niña.\* Regresando al presente, miré fijamente a Mónica. Ella mantenía el semblante serio, con los ojos fijos en mí, analizando la situación. En su silencio, era evidente que estaba recordando algo que yo también podía deducir: las órdenes directas que había recibido antes de llegar aquí. \*(En la mente de Mónica...)\* La mente de uno no es capaz de predecir todo lo que hay en el tablero, pero si hay una solución para este escenario, fue la que me dio Gabriel en aquel entonces: —Mónica, tu rol será matar a los hermanos Sánchez. No te metas con Carlos, eso déjamelo a mí —me había dicho Gabriel con esa calma manipuladora que tanto odio—. Por ahora cumple con tu papel importante: mata a esos dos y, una vez que lo logres... te retiras. —¿Por qué me estás diciendo esto? —le había cuestionado yo en ese momento, irritada. —La razón es simple. Lo más posible es que Akira, el Dios de la Espada, intente frenar nuestro plan. Asegúrense de acabar con él. —Eso no será un problema, recuerda que tenemos a Daniel de nuestro lado... —Tienes mucha razón, Mónica. Parece que has ideado una idea brillante. Bien, ahora ve. Yo me quedarme con Alexia para planear una relación "muy amistosa" con cierto reino. —Sí, sí, como sea, Gabriel —le respondí, totalmente fastidiada por sus aires de grandeza. No me gustaba nada de lo que estaba pasando. Incluso Sayu y Amadeus habían terminado prisioneras en el calabozo por sus errores; más tarde tendría que ir a sacarle algunas respuestas a Sayu directamente a su celda. Qué decepción de aliados. En todo este juego, sabía que debía ser extremadamente cuidadosa con Lucifer y con Gabriel, pero mucho más con Lucas... Ese mocoso estaba demasiado pegado a Laxuz, y de ese tipo nunca se sabe qué esperar. Lo más seguro es que tenga que llevármelo conmigo más adelante; después de todo, hay una mujer fría y un elfo que deben ser aniquilados cuanto antes. —Espero que no falles, Mónica... De lo contrario, no querrás saber lo que \*él\* te haría —habían sido las últimas palabras de advertencia de Gabriel. \*(De vuelta al combate...)\* Mónica me barrió con la mirada, sopesando sus opciones. Sabía perfectamente que, mirando bien la situación actual, el Héroe de las Sombras tenía la capacidad mística de robarle todo su poder abismal. Para evitarlo, su única opción era matarme aquí mismo y quedarse con toda mi energía oscura por completo. No hubo más espacio para los pensamientos. Mónica se impulsó hacia el frente con una velocidad que distorsionó el espacio del mundo de sombras, y yo salí a su encuentro. Ella y yo, con nuestras espadas desenvainadas, nos cruzamos en el aire en un choque apocalíptico. \*¡¡¡CRASH!!!\* El impacto de los filos resonó como el estallido de un trueno eterno. Cada movimiento, cada finta y cada bloqueo entre nuestras armas se sentía como si estuviéramos reviviendo mil años de guerras enteras, una danza perfecta y letal cara a cara ante la mismísima muerte. Tenía algo en mente mientras nuestras espadas seguían chocando, obligándome a retroceder un paso. Miré a mi hermana de reojo. Después de lo de Akira... había algo en ella que había cambiado por completo; la veía distinta, su presencia emanaba una frialdad y un filo letal que no eran normales. \*No me digas que... Karen, hermana mía, acaso él...\* —Así es... —la voz del Héroe de las Sombras resonó en mi mente de inmediato, respondiendo a mis sospechas con una profunda gravedad—. Akira ya no está con nosotros, Abraham. Él arriesgó su vida... El odio y la rabia de ver a su viejo amigo convertido en una marioneta fue la causa de su final. Murió por su amigo, eso lo debes entender, Abraham. Murió para proteger a tu hermana; no quería que el cuerpo de Karen fuera reducido a cenizas por el 100% de su poder divino. Pero ese costo fue horrible, ¿no? —Así es —respondí mentalmente, apretando los dientes—. Todo lo que él ya vivió... tenía que descansar. Por eso decidió dar su alma por ambos. Él no era una mala persona; murió eligiendo las mejores opciones que había a su favor. Lo más posible es que los abismales planearon todo esto para que tu hermano cayera, y créeme, si las cosas van tan en serio, cometeremos el mismo error. —¿A qué te refieres? —pregunté, bloqueando una estocada descendente de Mónica que hizo crujir el suelo de sombras. —Abraham, lo que te diré solo tú lo sabrás... ¿Recuerdas la historia que les conté a ustedes? —la voz del Héroe se volvió un susurro estratégico—. Cuatro de ellos siguen con vida. Lograron escapar en el pasado, pero con heridas mortales. Lo más posible es que ellos lleguen a aparecer en estos momentos; si es así, tal vez tengamos una oportunidad de ganar este encuentro. Pero sabes algo... Lo más seguro es que el Dios Nocturno nos esté cazando a todos nosotros. Por eso deben estar ocultos. Ahora que saben que sigo vivo, pero dentro de tu cuerpo, las cosas se están complicando más. Tu hermana debe salir de aquí ahora mismo. Pero como son dos contra uno... solo nos daría más y menos tiempo en lo que pensaba... Mi línea de pensamiento fue cortada abruptamente. Mónica ejerció más presión sobre su arma, obligándome a mirarla de frente. —Oh, ¿en qué tanto estás pensando? —dijo ella con una sonrisa bastante peligrosa, sus ojos brillando con una fijeza desquiciada—. No olvides que estás al borde de la muerte. ¿Sabes por qué no se pueden regenerar tus heridas? Es por mi espada, \*Desintegración Facial\*. Es capaz de borrar y evitar cualquier curación durante la batalla. Es algo muy útil contra oponentes con más poder y magia al mismo tiempo... Solo ten cuidado de mí, ¿sí? —¡Jajajaja! —Yoruzu soltó una carcajada desde atrás, desenvainando su propia arma e imbuyéndola en energía del caos—. ¡Aún no he acabado de jugar contigo, bastardo! Espero que sigas entreteniéndome... ¡Ya quiero ver cómo tu rostro queda manchado en sangre! La situación era crítica. Con la regeneración sellada por la maldición de la espada de Mónica, el ejército de sombras flaqueando y Yoruzu lista para unirse al ataque, el Héroe de las Sombras y yo estábamos acorralados en nuestro propio territorio, esperando desesperadamente que los ecos del pasado llegaran a tiempo. Continuará...
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Estás leyendo el capítulo 268 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 14 de julio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.