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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 270 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
\*(De vuelta al mundo de sombras, en la isla...)\* Mi lucha aún no terminaba. Al contrario, esto apenas era el comienzo. No solo me estaba enfrentando contra dos abismales, sino contra seres que son capaces de superarme por completo. Cada vez que nuestros movimientos chocan y sus ataques comienzan a devorar mi magia, una duda maldita me azota la mente: \*¿De verdad estoy perdiendo contra una abismal?\* El terror de lo horroroso que podría ser este destino no me dejaba pensar con claridad. Sabía que Abraham y yo estábamos al límite. Mi mente se basaba en mi hermano, en cómo lo tomaría él si de verdad vamos a morir atrapados aquí. Pero en medio de ese colapso mental, Abraham me miró desde nuestro espacio compartido y habló con una firmeza que me heló la sangre: —¡Oye, no te preocupes! Todo irá bien, el momento de gloria aún no acaba. Si debemos demostrar quiénes somos, ¡un héroe y un Sánchez deben permanecer juntos en esto! El camino de nuestra vida podría terminar aquí, pero no nos iremos sin pelear. Él no solo estaba mirando hacia el cielo de nuestro territorio. Yo... noté algo extraño en él en ese instante: una luz oscura y purísima que tenía el potencial latente de cambiar por completo el curso de nuestra historia. Abraham estaba orgulloso de sí mismo, mostrando una furia y una fuerza destructiva que jamás le había visto a un niño de su edad. Una sonrisa, mezcla de orgullo y resignación, se dibujó en mi rostro antiguo. \*Supongo que nosotros terminaremos muriendo aquí. Espero que mi hermana se haya ido lejos con el caballo de sombras... Ojalá no me odie por haberla echado.\* ¡Mi cuerpo puede ser que no pueda resistir, pero la lucha debe continuar ante nosotros y ante nuestros enemigos! ¡Nunca me derrotarán, aunque solo sea un fragmento del Héroe de la Sombra! No hay nadie más que pueda forjar la luz de la oscuridad de la muerte. Debemos ser conscientes, debemos continuar, ¡nada de rendirse! Mi hermano tiene razón, yo también puedo luchar. Carlos no solo me dio fuerzas en el pasado, me dio un motivo por el cual debería cambiar el transcurso del pasado y el presente. Es ahora de ver el futuro y cambiar el mundo, ¡no por mi magia ni por los títulos, sino por mi fuerza, por mi voz, por el honor de ser uno de los pocos que podrían superar cualquier obstáculo! \*¡¡¡ZHOOOM!!!\* Caminé con paso firme, fijando la vista en mi objetivo. Cerré mis ojos por un milisegundo y, con un solo paso conceptual que distorsionó el espacio, ya estaba parado justo detrás de Mónica. La abismal reaccionó por puro instinto y logró bloquear mi ataque con el lomo de su hoja maldita, pero yo aún no había terminado. Intenté hacerlo una y otra vez, atacando desde todos los ángulos imaginables en ráfagas de milésimas de segundo, buscando desesperadamente un punto débil en su defensa evolucionada. —¿En qué momento se volvió tan rápido...? —masculló Mónica con los dientes apretados, obligada a retroceder mientras mi velocidad implacable no dejaba de atosigarla. Pero Yoruzu no se iba a quedar de brazos cruzados. Sabía perfectamente lo que iba a ocurrir cuando la vi levantar su mano hacia la cúpula agrietada. El cielo del mundo de sombras respondió a su llamado místico. —¡\*Magia de Trueno de Nubes... Tormenta Destructiva de Sol Oscuro\*! —bramó Yoruzu. Una tormenta colosal y de proporciones apocalípticas emergió desde los cielos negros. Rayos de un color púrpura y dorado oscuro comenzaron a caer directamente sobre mí, ráfagas de energía pura que estaban dispuestas a destruirlo todo a su paso, evaporando el suelo de sombras bajo mis pies. Al ver la inmensidad del ataque que se me venía encima, en lugar de sentir miedo, una sonrisa siniestra y desafiante se dibujó en mis labios. Con el maná fusionado de Abraham y el mío quemando lo último de nuestras vidas, alcé mi espada hacia la tormenta divina. —Veamos... ¡si puedes soportar esto! Lancé mi ataque directo hacia ella con toda la potencia destructiva que me quedaba, pero Yoruzu no se echó atrás; decidió atacarme usando también su magia de Sol Oscuro directamente contra mí. \*¡¡¡BOOOOOOOOOOM!!!\* Nuestros choques fueron tan devastadores que terminaron provocando una explosión colosal. El impacto desintegró las montañas de sombras a nuestro alrededor y resquebrajó el suelo, levantando una marea de energía purpúrea y negrura absoluta. Pero en medio del fuego místico y el humo, ninguno de los dos cedió. Nos metimos de lleno en el epicentro de la destrucción, ignorando las heridas y el dolor. Nunca retrocedimos. Atacamos y esquivamos con una ferocidad ciega. Cada movimiento, cada finta y cada ráfaga de velocidad nos hacía ver como seres completamente imparables. El filo de mi espada cortaba los rayos de su tormenta, mientras que las ondas de choque de sus puños rozaban mi rostro, haciéndome sangrar. Mónica intentaba buscar una apertura desde fuera, pero el ritmo de nuestro combate era tan frenético, tan brutal, que cualquiera que se interpusiera sería reducido a cenizas en un parpadeo. Eran mis últimos minutos de vida, y los estaba quemando en el choque más glorioso de toda mi existencia. \*¡¡¡ZAAACK!!!\* Creí haber cortado por completo a Mónica, pero me equivoqué... me confíe. Creí que con ese tajo definitivo sería suficiente para acabar con ella, pero una sonrisa retorcida brotó de sus labios ensangrentados. —Te engañé —susurró. Antes de que pudiera reaccionar, su espada maldita me atravesó el pecho con un golpe devastador. El impacto me dejó sin aire y, acto seguido, Mónica conectó una patada brutal con su pierna que me mandó directo por los suelos. Caí con violencia, creando un hueco enorme en la tierra agrietada. —¡¡¡HERMANO!!! —gritó Karen a lo lejos. Giré la cabeza con dificultad para verla. Mi corazón dio un vuelco de frustración al notar que no me había hecho caso; el Corcel de la Niebla Mística no había podido alejarla lo suficiente porque ella luchó por bajarse. —Te... te dije que te fueras... —hablé con extrema dificultad. La sangre salía a borbotones de mi boca y sentía cómo se me derramaba todo el pecho. \*No tienes remedio, ¿verdad, hermana?\*, pensé, jadeando fuertemente mientras la vista se me nublaba. Mónica ya estaba encima de mí. Se agachó con parsimonia y colocó su mano fría directamente sobre mi pecho, justo donde mi corazón latía a una velocidad frenética. —Oh, qué hermoso corazón tienes... Es tan cálido, tan exquisito, que en verdad darías tu vida por salvar a alguien que ni siquiera es capaz de hacerte caso —se mofó Mónica, mirándome desde arriba—. Dime, Héroe de las Sombras... ¿está bien quedarte ahí humillado? ¿Dónde queda eso que me ibas a mostrar? ¡Jajajaja! Es verdad... Yo devoré tu magia, y ahora te la robaré toda. Robaré todo lo que tienes ahora para que puedas morir de esta forma. —¡Detente, por favor! —suplicó Karen, rompiendo a llorar. Al ver la reacción de mi hermana, sentí una impotencia desgarradora; yo no quería que ella se rebajara a suplicarle a un monstruo abismal. En mi mente, el Héroe ya ni volvió a hablar, su fuerza se estaba apagando. Intenté levantarme a pesar de que la mano de Mónica presionaba mi pecho. Tenía que hacer algo. —¡Ya basta, hermano! ¡Ya no sigas! ¡Ya no quiero verte morir, por favor! ¡Te lo ruego! —Karen cayó de rodillas al suelo, llorando desconsoladamente. Me sentía terriblemente mal por verla así, pero no podía permitir que Mónica se saliera con la suya sin dar pelea hasta el último aliento. \### Mientras tanto, en otro sector del campo de batalla... Carlos estaba peleando ferozmente contra el implacable Minotauro, cuando de repente, su brazo comenzó a brillar con una intensa y trágica luz oscura. —¿Qué está pasando...? ¿Por qué mi mano...? —murmuró Carlos, esquivando un hachazo por puro instinto. —\*Carlos...\* —la voz del Héroe de las Sombras resonó de golpe en su mente. —¿Qué sucede? ¿Por qué tu magia se activó en mi mano? —preguntó Carlos, sintiendo un presentimiento horrible. El Héroe guardó silencio por un segundo antes de responder con una profunda tristeza: —\*Peróname, Carlos... En verdad fallé. Vine a despedirme de ti. Fui derrotado por dos abismales... Tu hermana está en peligro.\* —¡¿Qué?! ¡¿Qué demonios dijiste?! ¡Oye, dime que no es verdad, por favor! ¡Dime! ¿Mi hermano está bien? —bramó Carlos, perdiendo por completo la concentración en su combate. —\*Lamento decirte esto... Desafortunadamente él... y yo...\* Al escuchar esas palabras, Carlos se congeló por completo. Soltó su espada, dejando que cayera al suelo con un eco metálico. —¡Carlos, cuidado! —gritó Natsuki, notando que algo extraño le pasaba a su compañero. \*¡¡¡PUUUM!!!\* El Minotauro aprovechó la apertura y atravesó el corazón de Carlos con el filo de su enorme arma, levantándolo en el aire. Pero Carlos ya no sentía el dolor físico; su mente estaba completamente rota. Su hermano menor estaba muerto. \*Si tan solo me hubiera dado cuenta antes... Yo... yo... es mi culpa.\* —\*Nada de esto es tu culpa, Carlos...\* —le habló el Héroe de las Sombras en sus últimos milisegundos de conciencia—. \*Las cosas así pasaron. Yo creí que podría ganar esto con mi poder, pero fallé. Me he dado cuenta de que ya no soy tan fuerte como lo era antes... Perdí como un guerrero. Mira, tal vez esta sea nuestra despedida. Te quiero pedir un último favor: encuentra a los demás sobrevivientes de mi época, a mis amigos. Tienes que encontrarlos. El Dios Nocturno percibió mi magia, lo más posible es que esté tramando algo... Me siento patético pidiéndote esto, ¿verdad? Es mi culpa que tu hermano muriera al igual que yo... Pero hubo algo por lo que él y yo éramos tan unidos: porque él era un fragmento de mí cuando era niño... La sonrisa de tu hermano fue la razón por la que estaba destinado a terminar así, pero él me dio una razón por la cual luchar. En verdad me siento agraciado con él por darme esta oportunidad en esta batalla. Lamento decepcionarte, en verdad lo siento tanto... Pero... jejeje... después de todo... Abraham y él... fue gracias a ti... por darme este valor de luchar...\* \### De vuelta al mundo de sombras... —¡Detente, no! ¡No lo hagas! ¡No lo hagas, Mónica! —gritó Karen. \*¡¡¡CHAAACK!!!\* El corazón de Abraham explotó bajo la implacable presión mágica de la abismal. En ese último instante de vida, miré por última vez a mi hermana. Dejé de lado el dolor y dibujé una sonrisa bastante tranquila en mi rostro, una última y dulce sonrisa dedicada exclusivamente a ella. —Cuídate mucho... Cuida bien de nuestro hermano... Gracias por ser mi hermana menor. Un hermano haría todo lo posible para proteger a su hermana de cualquier situación. No quiero verte llorar, hermanita. Todo irá bien, sé que podrás superar esto. Yo no te dejaré sola, porque yo estaré siempre contigo... Desde las sombras de la luna, estaré frente a ti, mirándote cada segundo de mi vida de sombras... por ti. Porque eres mi querida hermana. Mírame, hermana... solo mírame, y sigue adelante, ¿sí? Fueron mis últimas palabras. Mi cuerpo antiguo colapsó por completo y cayó inerte al suelo, mientras la energía residual comenzaba a ser devorada por Mónica. Mónica se quedó de pie, observando el cadáver, y por primera vez en su existencia, la expresión desquiciada de su rostro se desvaneció, siendo reemplazada por una extraña confusión. —En verdad nunca entenderé eso... Cómo un humano como tú... —murmuró Mónica, llevándose una mano al pecho—. No sé qué está pasando... pero me dio mucha tristeza. Tal vez por qué su vínculo como hermanos era tan cercano... Ni siquiera nosotros sentimos dolor ni sentimientos, pero yo... parece que tengo algo de humanidad en mi interior... Mónica desvió la mirada hacia Karen. La Santa de la Espada se había quedado completamente paralizada de horror, miedo y un sufrimiento indescriptible. Karen permanecía de rodillas en el suelo, con la mirada fija en el piso, rota por dentro, dejando que las lágrimas corrieran en un silencio sepulcral que amenazaba con desatar la tormenta más grande de todas.La neblina del mundo de sombras comenzó a disolverse lentamente, volviéndose gris, perdiendo la densidad que el Héroe de las Sombras le otorgaba. El silencio que quedó en el cráter era tan pesado que el más mínimo sollozo de Karen resonaba como un eco en una catedral en ruinas. Yoruzu se acercó a Mónica, limpiándose un hilo de sangre de la comisura de los labios, observando el cuerpo inerte de Abraham que comenzaba a fragmentarse en partículas de ceniza oscura. —¿Sientes tristeza, Mónica? No digas ridiculeces en un momento como este —siseó Yoruzu, aunque sus propios ojos no despegaban la vista de los restos del héroe—. Una evolución abismal no nos hace más humanos, nos hace perfectos. Olvida al mocoso. Aún nos queda la Santa de la Espada, y Gabriel fue muy claro con sus órdenes. Mónica parpadeó, sacudiendo la cabeza como si despertara de un trance. La frialdad regresó a sus ojos, borrando cualquier rastro de duda. —Tienes razón... Qué debilidad tan patética —dijo Mónica, levantando su espada maldita, cuya hoja aún goteaba la esencia vital del Héroe—. Acabemos con esto de una vez. Ambas abismales avanzaron hacia Karen, quien seguía de rodillas, con las manos apoyadas en la tierra fría. Sus hombros temblaban, pero no emitía ningún sonido. El dolor y el trauma de ver morir a Abraham, sumado al recuerdo de Carlos casi asesinándola bajo la posesión de Lucifer, se habían fusionado en una tormenta negra dentro de su mente. El miedo estaba ahí, el terror absoluto de perderlo todo... pero las últimas palabras de su hermano menor se clavaron en su alma como un decreto divino: \*«Mírame, hermana... solo mírame, y sigue adelante, ¿sí?»\* \*«No me voy a quedar abajo...»\*, pensó Karen, y por primera vez en todo el encuentro, el llanto se detuvo en seco. \*«No voy a dejar que sus muertes sean en vano»\*. Un aura plateada, completamente pura y destellante, comenzó a brotar de sus poros. No era el maná dorado de una Santa de la Espada común; era una energía nueva, nacida del dolor puro y de la aceptación de su destino. El dragón de luz que antes la rodeaba volvió a manifestarse, pero esta vez se tiñeron de un blanco incandescente. Mónica y Yoruzu se detuvieron, sintiendo cómo la gravedad que Yoruzu controlaba comenzaba a ser empujada hacia atrás por la mera voluntad de la chica. —¿Aún te quedan fuerzas para levantarte, maldita niña? —preguntó Mónica, apretando los dientes. Karen levantó la mirada. Sus ojos, antes amarillos y azulados, ahora brillaban con una luz blanca universal. Se puso en pie lentamente, sujetando la \*Espada Separadora de Almas\* con ambas manos. —Ustedes no entienden nada de los humanos... —dijo Karen, con una voz que ya no flaqueaba—. Mi hermano me pidió que siguiera adelante. Y eso es lo que haré... ¡pasando por encima de sus cadáveres! Mientras tanto, en las montañas lejanas... El Dios Nocturno, utilizando el cuerpo de Shiro, observaba al Héroe del Destino retorcerse en el suelo mientras la sangre brotaba del muñón de su brazo arrancado. Nicolás Tesla y Alexander se interpusieron de inmediato, listos para desatar sus técnicas máximas, mientras Queen intentaba ponerse en pie entre los escombros. Sin embargo, el Dios Nocturno detuvo sus movimientos de golpe. Miró hacia el cielo, en dirección a la isla. La firma de maná del Héroe de las Sombras acababa de desaparecer por completo del tablero, pero al mismo tiempo, el fulgor de la mano de Carlos y la explosión de luz de Karen resonaron en el tejido de la magia mundial. —Vaya... así que Aluzxs finalmente ha caído —comentó el Dios Nocturno con una sonrisa tétrica a través de Shiro—. Un cabo suelto menos de hace mil años. Aunque... esa pequeña Santa está despertando algo molesto. —¡No te distrayas, maldito! —rugió Alexander, lanzándose al frente con su espada envuelta en un aura dorada destructiva. La batalla por el futuro del mundo se fragmentaba en dos frentes sangrientos, y los 30 minutos del Héroe de las Sombras habían llegado a su fin. Guardé silencio absoluto. Dejé de llorar, limpiando el rastro de las lágrimas de mi rostro mientras daba un paso al frente, caminando lentamente. La tristeza y el dolor desaparecieron, siendo reemplazados por una seriedad oscura, fría y cortante que congeló el aire a nuestro alrededor. Mi aura se liberó por completo, pero ya no era la luz brillante de antes; era un fulgor blanco, cegador y despiadado. Sin decir una sola palabra, desaparecí de la vista de ambas. \*¡¡¡ZAAACK!!!\* Un destello de velocidad pura cruzó el espacio en una fracción de segundo. Aparecí detrás de Yoruzu, envainando mi hoja con un clic seco. Un instante después, la pierna de la abismal fue rebanada limpiamente, haciéndola colapsar de rodillas sobre el suelo ensangrentado. —¿Cómo... demonios...? —Yoruzu se llevó la mano al muñón de su pierna, con los ojos abiertos de par en par, completamente sorprendida por mi velocidad—. ¿Cómo hizo eso...? No, espera... Algo cambió en ella. ¿Por qué... por qué percibo miedo? ¡¿Por qué mis brazos tiemblan ante esa mujer?! Los ojos de Yoruzu vieron algo verdaderamente aterrador en mi silueta. Ya no estaba frente a una Santa de la Espada mística. Frente a ella se alzaba, con toda su frialdad legendaria, la verdadera \*\*Asesina de Abisales\*\*. Mis ojos estaban completamente vacíos, desprovistos de cualquier emoción, compasión o rastro de humanidad. —\*«Solo mírame... solo a mí...»\* —susurré para mí misma, repitiendo las últimas palabras de Abraham. La sonrisa de mi hermano justo antes de morir... eso fue lo que realmente me mató por dentro. Una parte de mí se fue con él en ese hueco. —Aunque ya no estés aquí ahora... —levanté la \*Espada Separadora de Almas\*, apuntando directamente al cuello de Mónica y Yoruzu, mientras mi maná universal hacía vibrar los cimientos de la isla entera—. Ahora solo deseo venganza. Mi único objetivo es matar a todos los abismales... uno por uno. —¡Tonterías! —gritó Yoruzu, desesperada por contener el pánico que la asfixiaba. Con el rostro desencajado, levantó sus manos y conjuró docenas de esferas de fuego oscuro y caótico, lanzándolas en ráfagas directas hacia mí. El impacto de los proyectiles creó una cadena de explosiones masivas que levantó una densa cortina de humo y tierra. —¡Jajajaja! ¿Qué tal eso? No eres muy... —Yoruzu comenzó a reír, creyendo que me había desintegrado, pero su voz se cortó en seco. El humo se disipó en un parpadeo. Yo seguía caminando, completamente intacta, sin un solo rasguño en mi ropa ni en mi piel. La energía del impacto ni siquiera había tocado mi cuerpo. Con tan solo dos movimientos fluidos, acorté la distancia. Lancé un golpe seco y brutal con mi brazo izquierdo directamente a su rostro, una fuerza tan desmedida que la hizo retroceder a toda velocidad, escupiendo dientes y sangre maldita. Antes de que pudiera salir del cráter, desaparecí de su espectro visual y aparecí justo detrás de ella en el aire. Conecté un segundo impacto, golpeándola con una fuerza fuera de este mundo que resonó como el colapso de una montaña. El golpe fue tan devastador que comenzó a destruir cada parte de su cuerpo, quebrando sus huesos y desgarrando su carne abismal. Mientras caía desamparada, desenvainé la reliquia que Akira me había dejado, la espada del Dios de la Espada: \*Huyshulixz\*. La hoja mística resplandeció con un filo absoluto, la espada legendaria que es capaz de cortar la luz, la oscuridad misma y la mismísima muerte; el arma definitiva del Camino del Santo. Sujeté la empuñadura con ambas manos, mirando el cuerpo destrozado de Yoruzu con mis ojos vacíos. —Este es el final de tu evolución —sentencié. \*¡¡¡BOOM!!!\* Mónica se interpuso en el último milisegundo, lanzando un ataque desesperado que me golpeó con la fuerza de un meteorito, mandándome a volar muy lejos de ellas. Salí despedida por los aires, pero antes de estrellarme contra las rocas, reaccioné con total frialdad: clavé mi espada \*Huyshulixz\* por debajo de mis pies, arrastrándome por el suelo y dejando una profunda zanja hasta que logré frenar mi impulso por completo. Me puse en pie lentamente, sacudiéndome el polvo. Sin embargo, en lugar de sentir dolor, pude notar algo en el ambiente que hizo que mi sed de sangre aumentara todavía más: era la energía residual de la magia del Héroe de las Sombras. Al absorber el maná de Abraham, mi propia oscuridad se volvió una con la suya, elevando mi poder a niveles insostenibles. Mónica, con la respiración agitada y viendo a Yoruzu gravemente herida en el suelo, me miró con una furia desquiciada, dejando que su aura abismal evolucionada se desatara al máximo. —¡""Creo que es hora de que deje de jugar contigo y empiece a matarte, maldita humana! ¡No importa qué tan fuerte seas, tú jamás podrás vencerme...""! —bramó Mónica, lanzándose al frente con su espada maldita envuelta en llamas negras destructivas. El aire se volvió espeso, casi sólido, impregnado con el olor a azufre de las abismales y el aroma a ozono purísimo de mi espada \*Huyshulixz\*. Mónica acortó la distancia en un parpadeo. Su hoja maldita, envuelta en esas llamadas negras destructivas, descendió directamente hacia mi cuello con un rugido que hizo temblar los restos de la isla. \*¡¡¡CLAAANG!!!\* Bloqueé el impacto con un solo brazo, usando la hoja de \*Huyshulixz\*. La onda de choque expansiva debajo de nuestros pies hundió el suelo otros tres metros, pulverizando las rocas en un polvo finísimo. Las llamas negras lamieron mi rostro, pero mi aura blanca universal las extinguió antes de que pudieran rozar mi piel. Mis ojos vacíos sostuvieron la mirada desquiciada de Mónica. No había miedo en mí. No había piedad. Solo una línea recta hacia su exterminio. —¡Muérete! ¡Muérete! ¡Muérete! —bramó ella, perdiendo los papeles. Comenzó a lanzar una ráfaga de estocadas a una velocidad demencial, cada golpe diseñado para perforar dimensiones. Pero yo ya no era la Karen de antes. Con movimientos milimétricos, casi perezosos, ladeé el cuerpo, desviando sus ataques con la punta de mi espada. \*Un desvío. Dos desvíos. Tres.\* El acero chocaba con un ritmo ensordecedor. Aprovechando una milésima de segundo en la que su guardia quedó abierta tras un mandoble descendente, conecté un rodillazo brutal directamente en su estómago. \*¡¡¡CRACK!!!\* Mónica escupió una bocanada de sangre negra y sus ojos se desorbitaron por el dolor. Sin dejarla respirar, giré sobre mi propio eje y descargué un tajo horizontal impregnado con la magia residual del Héroe de las Sombras. Las partículas doradas, plateadas y oscuras se entrelazaron, creando un arco de energía que le rebanó el brazo izquierdo de cuajo. —¡¡¡AHHHHHH!!! —el grito de agonía de Mónica desgarró el cielo. A unos metros, Yoruzu, arrastrándose con su única pierna, intentó desesperadamente acumular maná de Sol Oscuro para intervenir. —¡Aléjate de ella! —rugió Yoruzu, disparando un rayo colosal de gravedad comprimida hacia mi espalda. Ni siquiera me giré. Extendí mi mano izquierda hacia atrás y, liberando el control absoluto del éter que Akira me había enseñado, atrapé el rayo de gravedad con la palma desnuda. La presión aplastante intentó triturar mis huesos, pero mi sed de sangre la absorbió, disipando la técnica de Yoruzu como si fuera simple humo. —Es inútil —sentencié, con una voz tan gélida que pareció congelar la sangre de ambas abismales. Mónica, sosteniendo el muñón de su brazo sangrante, retrocedió tambaleándose, mirándome con un terror genuino que jamás pensó sentir ante un mortal. La soberbia abismal se había desintegrado por completo. Me coloqué en una postura alta, elevando a \*Huyshulixz\*. Las runas de la espada del Dios de la Espada se encendieron en un blanco incandescente, listas para ejecutar la técnica final, listos para borrar la existencia de quienes le habían arrebatado la sonrisa a mi hermano Abraham. \*¡¡¡ZAAACK!!!\* El movimiento fue tan veloz que el tiempo mismo pareció detenerse. La hoja mística de \*Huyshulixz\* trazó una red invisible de destellos blancos en el aire, cortando no solo la carne, sino la estructura molecular de Yoruzu. Antes de que la abismal pudiera emitir un último grito, su cuerpo evolucionado fue rebanado en pedazos perfectos, cayendo como bloques de piedra inerte sobre el suelo ensangrentado. Solo su cabeza quedó intacta, suspendida por un milisegundo en el aire con una expresión de absoluto pánico y horror en los ojos. Sin una sola pizca de remordimiento o emoción en mi rostro vacío, extendí la punta de mi espada y, con una frialdad inhumana, clavé la cabeza de Yoruzu directamente en el filo de \*Huyshulixz\*. La sangre negra goteó por la runas de la hoja del Dios de la Espada, extinguiendo el poco maná de Sol Oscuro que le quedaba. Caminé lentamente, arrastrando los pasos sobre el cráter destruido. El silencio de la Asesina de Abisales envolvía el lugar mientras levantaba mi arma, apuntando la espada —y la cabeza empalada de su compañera— directamente hacia el rostro pálido de Mónica. Mónica dio un paso atrás, con el único brazo que le quedaba temblando descontroladamente. El terror psicológico de la escena quebró por completo su orgullo abismal. La criatura que hace unos momentos se jactaba de su evolución aterradora ahora se encontraba acorralada por una humana que había dejado atrás su propia humanidad por pura venganza. —Tú... tú eres un monstruo... —susurró Mónica, con la voz rota, mientras mis pasos firmes acortaban la distancia para dictar su sentencia final. —¡Maldita sea! —Mónica, consumida por un pánico primario que jamás creyó experimentar, dio media vuelta y huyó a toda velocidad, perdiéndose como una exhalación entre la densa neblina de la isla. No me molesté en perseguirla de inmediato. Sostuve la espada con la cabeza de Yoruzu y, con una voz gélida que resonó en todo el territorio devastado, dicté mi promesa: —Es inútil... Vayas a donde vayas, siempre te encontraré. Y eso se los dejaré claro de ahora en adelante... Yo seré quien los mate a todos ustedes. \*¡Clang!\* La espada cayó de mis manos. Toda la adrenalina, el poder místico de la Asesina de Abisales y la energía residual de Abraham se apagaron de golpe. Mi cuerpo, completamente agotado y al límite de sus capacidades, no resistió más. Mis ojos se cerraron y caí al suelo de golpe, quedando completamente inconsciente en medio del cráter. Mientras tanto, en el otro sector... Yo estaba en un estado catastrófico. El arma del Minotauro me había destruido el corazón, y el peso de saber que mi hermano menor estaba muerto me estaba arrebatando las últimas fuerzas para luchar. Estaba colgado en el aire, suspendido por el filo de la espada enemiga, al borde de la muerte definitiva. —¡¡¡CARLOS!!! —gritó Natsuki con desesperación. Viendo que mi vida se apagaba, ella no lo pensó dos veces. Concentró todo su maná y lanzó una poderosa ráfaga de magia de fuego directo hacia el Minotauro, obligándolo a retroceder y a soltarme. El impacto de las llamas creó una pantalla de calor que me dio el segundo exacto que necesitaba. Aprovechando la distracción y reuniendo hasta la última gota de la energía que el Héroe de las Sombras había encendido en mi brazo, forcé a mi propio cuerpo a reaccionar. El destello oscuro y curativo comenzó a activarse, forzando mi regeneración a trabajar a marchas forzadas para reconstruir mi corazón destrozado en medio del fuego. \*¡¡¡CRAAACK!!!\* El proceso de curación se detuvo en seco. Justo cuando las llamas de Natsuki me dieron el respiro para regenerar mi corazón, una presión horrorosa y viscosa comenzó a devorar mi cuerpo desde adentro. No venía del Minotauro, ni del Dios Nocturno. Venía de mi propia arma. Estaba siendo absorbido por mi espada sangrienta. —¿Qué... qué diablos está pasando...? —intenté gritar, pero la garganta se me secó por completo—. ¿Por qué... no me puedo mover? De pronto, mi conciencia fue arrastrada a un vacío teñido de un rojo carmesí profundo, un mar de sangre mental donde flotaba una silueta de colmillos afilados y ojos aristocráticos que me miraba con absoluto desprecio. —Vaya, vaya... Parece que hay un intruso que ni siquiera sabe de mi existencia —soltó una voz elegante, pero cargada de una malicia ancestral que me congeló el alma—. Un humano tan débil como tú no es apto para usar mi espada. ¿Crees que tú vales la pena? No eres más que un niño que no sabe lo que está haciendo con su vida. —¿Y tú quién eres...? —pregunté, completamente confundido y adolorido, flotando en ese abismo de sangre. —Mi nombre es \*\*Asanbosam Lasyder\*\*, y soy uno de los 10 legendarios héroes —sentenció el espectro, cruzándose de brazos con una superioridad aplastante—. Soy el Duque Vampiro más fuerte de mis épocas. En todo caso... ¿cómo es que tú, un simple mortal, se atreve a usar mi espada? —Bueno, yo... —intenté replicar, recordando cómo la había empuñado en mi desesperación. —No tienes por qué responder. Sé dónde la encontraste —me interrumpió Asanbosam, torciendo el gesto con profundo desdén—. Pero lo que me da asco es cómo alguien con poder nocturno se atreve a usarla. No eres apto. Ni siquiera conoces el potencial y lo poderoso que es mi espada sangrienta. —¿Me estás diciendo que no solo puede cambiar de armas...? —alcanzó a articular mi mente, dándome cuenta del error tan grave que había cometido al subestimar el origen del filo. —Solo mira y observa, mocoso. Con un movimiento imperioso de su voluntad, la espada sangrienta me fue arrebatada de las manos en el mundo físico. Voló directamente hacia la proyección de su antiguo dueño y empezó a girar en el aire con un zumbido violento, hasta que Asanbosam la clavó con fuerza en el suelo del vacío mental. —¡\*Armadura del Dios Vampiro de la Sangre de mis Enemigos Escarlata\*! ¡Yo, el Duque, te ordeno que vengas a mí! ¡\*Armadura de Deus de Sangre\*! \*¡¡¡BZZZZZZZ-BOOM!!!\* En el mundo real, una luz roja y cegadora estalló desde la espada, envolviendo mi cuerpo disfuncional y al Minotauro que retrocedió cegado. Una racha de viento huracanado sopló sobre el campo de batalla, esparciendo ráfagas de maná sangriento. Cuando el brillo cedió, lo vi a él manifestarse, tomando el control total de mis extremidades rúnicas. Caminó con la armadura puesta. Era una armadura roja colosal, ornamentada con grabados de murciélagos estilizados y gemas que palpitaban como corazones. A través de la visera, una mirada fría, desafiante y salvaje, con un deseo insaciable de beber sangre, barrió el lugar. Asanbosam Lasyder había despertado en mi cuerpo. —¿Ahora entiendes la diferencia? —rugió el Duque Vampiro a través de mis cuerdas vocales, girando el filo carmesí hacia el Minotauro y luego hacia la firma del Dios Nocturno—. Ahora... es hora de que mueras, ser inferior. Niño, para serte honesto, estoy muerto desde que caí en aquella guerra hace mil años. Hace un momento estabas hablando con él, ¿verdad? Parece que murió en manos de los abismales... Mierda, ¿por qué tenías que morir? ¿Acaso no fue suficiente nuestro sacrificio, Aluzxs? —el Duque Vampiro soltó una carcajada amarga que resonó en el abismo, aunque un hilo de sangre pura resbaló por su colmillo, delatando el dolor real de perder a su antiguo camarada. Me quedé mirando a la proyección de Asanbosam con una tristeza tan profunda que me dejó un vacío enorme en el pecho, un dolor tan agudo que hacía ver la herida de mi corazón destruido como un simple rasguño. —¡""Yo también perdí un hermano, y tu amigo se lo llevó junto con él! ¡Yo sé lo que se siente ver perder a alguien, duque, no sabes lo más mínimo de mi dolor!"" —le grité con desesperación, las lágrimas mezclándose con el sudor y el polvo en mi rostro. —¡""Lo sé porque lo he visto en tus recuerdos, mocoso llorón. Tú eres un reencarnado, es tu tercera vez viviendo, ¿verdad?"" —replicó el Duque, cruzándose de brazos mientras una pequeña mueca divertida aparecía en su rostro, intentando aligerar la tensión mortal del ambiente—. ¡""Vaya suerte la tuya, tres vidas y en todas terminas al borde del colapso!"" —¡""Así es..."" —bajé la mirada, sintiendo el peso de mis vidas pasadas aplastándome los hombros. —¡""Entiendo. Entonces dime, ¿cómo te fue en ese mundo paralelo?"" —¡""Bueno, me sentía raro. No sabía nada de ese mundo donde no hay magia ni guerras. Conocí a una persona, Angélica Alejo, mi mejor amiga... el amor y la luz de mis días en ese lugar tan extraño... Ella me vio morir en el callejón cuando uno de mis compañeros me mató"" —mi voz se quebró al recordar el horror en los ojos de Angélica, la calidez de su recuerdo siendo devorada por el frío metal que me arrebató la vida aquella vez. El ambiente se volvió letalmente frío, sumergiéndonos en un terror absoluto. La armadura roja palpitó como un corazón gigante expuesto, y el aroma a hierro y muerte inundó el vacío. —¡""Suficiente, creo que ya escuché lo que tenía que escuchar. Dime algo, mocoso. ¿Por qué estás luchando? Dime qué es lo que buscas realmente en esta guerra. Todo dependerá de esa respuesta, o de lo contrario, tomaré tu cuerpo por completo y te mataré aquí mismo"" —sentenció Asanbosam Lasyder, clavando sus ojos salvajes y sedientos de sangre directamente en mi alma. ¡""Yo... la verdad, yo deseo ser el más fuerte y cambiar el mundo! ¡Y para eso necesito proteger a las personas que más deseo, no, mejor dicho, ¡proteger a todos sin importar lo que pase!"" —grité desde lo más profundo de mis entrañas, mientras el vacío carmesí vibraba con la fuerza de mi voz—. ¡""Cargaré con el peso, las culpas, las pérdidas y las caídas de mis compañeros. Sus sueños los llevaré conmigo, solo necesito atravesar este infierno para cambiar el destino de mis amigos. ¡Yo ya los vi morir una vez y no quiero verlos morir otra vez! Duque... sé que es difícil, pero no me voy a rendir""! En ese instante de máxima tensión y drama, una luz cegadora y purísima se iluminó en el centro de mi pecho. El destello era tan ardiente que comenzó a disipar la niebla de sangre del Duque Vampiro, llenando el espacio de un calor reconfortante, como el abrazo de un amor eterno que se niega a desaparecer. —¿Esa luz...? —dijo Asanbosam Lasyder en su mente, con los ojos abiertos de par en par y una expresión de absoluto terror mezclado con asombro—. ¿Ese niño fue elegido? ¡Pero cómo... esto es imposible! ¿Acaso él ya despertó al phoenix? Este niño, a pesar de todo lo que ha vivido, ni siquiera sabe de la existencia de ese poder... Es completamente imposible... Ignorando su conmoción, continué hablando, sintiendo cómo el calor en mi pecho se extendía por mis venas, curando el tejido destruido por el Minotauro a una velocidad realista y aterradora; el músculo cardíaco se entrelazaba de nuevo entre chispas de fuego místico. —¡""Yo desearía en verdad ser la luz de las personas. No es necesario que yo intervenga cuando ellos pueden dar su mejor esfuerzo, ¡pero yo quiero estar ahí! Y cuando ellos me miren como un obstáculo, ¡ellos deberán atravesarme primero! Yo soy Carlos Tanaka Sánchez, el guerrero que cambiará la vida de todos. ¡Yo heredé estas llamas! Estas llamas del infierno despertaron cuando jamás pude escapar de ese lugar... Nunca supe el por qué me eligió...""! El Duque Vampiro guardó silencio por un largo momento. La comisura de sus labios se elevó en una sonrisa colmilluda, una mezcla entre burla y genuino respeto por el mortal que tenía enfrente. —¡""Jajaja, vaya con el discurso motivacional, mocoso. Casi haces que a este viejo cadáver le vuelva a latir el corazón"" —soltó Asanbosam con una pizca de comedia, antes de que su rostro volviera a adoptar una seriedad salvaje—. ¡""Mocoso, esas llamas que tú mencionas deben ser porque tú ya has cargado con todo el dolor y la fuerza de voluntad necesarios para que jamás caigas. Dondequiera que estés, esas llamas te protegen de la muerte. No importa el resultado, ¡esas llamas seguirán sobre ti!""! —¡""Pero... ¿estás seguro de que solo es eso?"" —pregunté apretando los puños, mientras la luz del phoenix en mi pecho seguía latiendo con fuerza, contrastando con el frío sepulcral del abismo—. ¡""Quiero ser fuerte, la guerra real está por llegar! Mi hermano está muerto... Gabriel está cumpliendo su promesa, sus palabras fueron letalmente claras..."" El Duque Vampiro me miró fijamente. La majestuosa y colosal armadura roja brilló bajo el influjo de las llamas, y dando un paso al frente con una pesadez cinematográfica que hizo eco en mi mente, colocó su mano enguantada sobre mi hombro. —¡""Oye, mocoso, debes ser fuerte. No seas un débil que se la pasa llorando, o de lo contrario lo vamos a perder todo, absolutamente todo lo más importante en nuestras vidas"" —soltó Asanbosam Lasyder. Su tono aristocrático se tiño de una crudeza absoluta, desprovista de compasión pero llena de una urgencia real—. ¡""Sé que va a sonar duro esto, pero ya es hora de que uses tu antigua...""! —¡""¡CÁLLATE!"" —le interrumpí con un rugido de pura desesperación, las lágrimas de rabia contenida evaporándose al instante por el calor de mi maná—. ¡""No usaré mi verdadero yo! ¡No quiero ser una herramienta asesina y fría! ¡No quiero convertirme en un monstruo, no ahora...!"" ¡""En fin, muy bien... Está bien, niño llorón. En todo caso, déjame enseñarte cómo usar mi espada sangrienta y, luego de eso, tendrás que crear un corazón de cristal. Es como un contenedor de poder almacenado. Cada persona que te perfore o destruya eso, despertará un poder muy peligroso en ti, niño... Al parecer has creado 7 capas sin darte cuenta, eres alguien impresionante. Tienes mucho más talento de lo que me imaginaba""! —soltó Asanbosam Lasyder con una sonrisa colmilluda, cruzándose de brazos mientras miraba el interior de mi alma con una mezcla de comedia y profundo respeto. En su mente, el legendario Duque Vampiro sintió un escalofrío de puro terror místico recorrer su cuerpo etéreo ante el descubrimiento cinemático. —Este chico en verdad es un monstruo al igual que el primer héroe... Parece que tú y él son exactamente iguales. Espero que algún día tú seas la siguiente persona que dará el siguiente paso. Ver crecer a este chico podría ser más fuerte de lo que pensaba. Él no planea rendirse; al contrario, está luchando completamente solo —pensó Asanbosam, conmovido por el drama de mi destino.
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Estás leyendo el capítulo 270 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 18 de julio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.