arrow_back

Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 266 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
El Minotauro soltó un rugido bestial que hizo vibrar el suelo congelado. La pérdida de su brazo y la humillación de haber sido repelido por una humana encendieron en él una furia frenética. Con su mano restante, empuñó su gigantesca hacha y cargó hacia mí, destrozando la escarcha a cada paso. Su velocidad seguía siendo absurda, pero esta vez mi mente estaba en un estado de calma absoluta. La Magia Helada de Klaneos no solo enfriaba mi cuerpo, sino también mis percepciones. Podía ver el trayecto del hacha milisegundo a milisegundo. \*¡CLANG!\* Bloqueé el primer golpe directo con la hoja de mi espada de hielo. La fuerza del impacto generó una onda expansiva que pulverizó los árboles congelados a nuestro alrededor, pero mis piernas no cedieron ni un milímetro. La voluntad de proteger a los míos me hacía inamovible. —¡No eres más que un experimento del Imperio! —sentencié, desviando su hacha con un movimiento circular de mi muñeca. Aprovechando el contraataque, canalicé el maná de Klaneos y ejecuté tres cortes ascendentes en el torso de la bestia. Cada impacto no solo desgarraba su carne mística, sino que congelaba sus canales de energía internos, ralentizando sus movimientos. El Minotauro intentó retroceder, horrorizado al notar que su velocidad disminuía drásticamente por el frío que invadía su cuerpo. —¡Muere, humana! —bramó, intentando liberar un destello de ese poder nocturno para consumir mi energía. —Tarde —dije con un susurro gélido. Coloqué dos dedos sobre el suelo. —\*\*Prisión Eterna de Klaneos: Cero Absoluto\*\*. Del suelo brotaron colosales pilares de hielo cristalino que envolvieron las piernas y el torso del Minotauro, sellándolo al instante en una estructura monolítica. La bestia quedó completamente inmóvil, con los ojos inyectados en sangre congelados en una expresión de pura agonía y terror. Me alejé un par de pasos, respirando con dificultad mientras la espada de hielo comenzaba a agrietarse en mis manos debido al tremendo flujo de energía. Sabía que esta victoria solo duraría unos momentos antes de que su núcleo explotara o el territorio cediera, pero había ganado el tiempo suficiente. De repente, el cielo sobre la isla se tiñó de un azúl violento. Las nubes se partieron en dos y una presión térmica sofocante descendió como un meteorito. Las llamas del Phoenix iluminaron el horizonte. Carlos estaba llegando. ¡Entendido perfectamente! Mantengo el Phoenix exactamente como lo pusiste y sigo la acción al pie de la letra. ¡Vamos con todo! El \*\*Phoenix\*\* devoraban todo lo que estaba su paso. Las llamas destructivas arrasaban con el bosque y el cielo se teñía de un rojo carmesí. ¡Voltstrike! Carlos había llegado a tiempo. Con una mirada llena de pura furia, usó su espada sangrienta, cambiándola fluidamente a un látigo de energía con el que agarró firmemente al Minotauro y lo arrojó muy lejos de aquí. Sin darle un solo segundo de tregua, usando el modo del Dios del Rayo, Carlos parpadeó en el aire y apareció instantáneamente detrás de él, concentrando toda su fuerza en un golpe devastador cargado con su poder nocturno \*\*Phoenix\*\*. La colisión en los cielos provocó una onda de choque sísmica que hizo temblar la isla entera. El Minotauro, atrapado entre la velocidad del Rayo y el calor abrasador del Phoenix, rugió de dolor mientras era empujado con fuerza brutal directamente hacia el suelo. Yo caí de rodillas, disipando la espada de hielo de Klaneos y respirando con dificultad, mientras observaba cómo mi esposo peleaba en los cielos para protegernos. La marca en forma de V en mi rostro comenzó a enfriarse, pero mis ojos plateados seguían fijos en la silueta de Carlos, quien descendía como un dios de la destrucción sobre la bestia del Imperio. Yo estaba fría. Mi cuerpo se estaba congelando por completo por culpa de mi propia magia. \*"Voy a morir, ¿verdad?"\*, pensé, mientras empezaba a escupir sangre, sabiendo perfectamente que esta magia helada era un riesgo mortal para mí. —Yo... lo siento —susurré, bajando la mirada—. Te fallé... Quería estar a tu altura, quería luchar a tu lado. Y por el vacío que sentí, dejé que esta magia me esté matando. Levanté mi mano temblorosa hacia el cielo, intentando alcanzarlo, pero él era tan veloz como una estrella que siempre caminará sola. No sé por qué en este momento me llueven tantos recuerdos de cuando nos conocimos a los 7 años. El día de nuestra ceremonia, el beso que nos dimos cuando el sol salió... El recuerdo de las risas, las tristezas y esa inmensa felicidad que nos dio cuando Yue llegó a nuestras vidas. Tan feliz, tan hermosa y adorable como su padre. No sé qué cosas estoy diciendo, es como si yo fuera a morir, pero no puedo abandonarte. No quiero que te sientas solo. No quiero ver que el hombre que elegí llore por mí... ¿Verdad, amor? Carlos volteó. Él estaba completamente fuera de control por el poder, pero al escuchar mi voz y verme al borde de la muerte, se detuvo en seco. Olvidándose del enemigo, se dirigió hacia mí con desesperación. Colocó su mano sobre las mías y, en ese instante, dejó que mi respiración agitada y mis problemas desaparecieran. Sus labios chocaron contra los míos en un beso desesperado. Fue tan cálido. Sentí su calor recorrer mi cuerpo, haciendo que el fuego de mis propias llamas regresara a mí, liberando mi verdadero poder de fuego y derritiendo el hielo de Klaneos. Gracias a él, mi corazón volvió a latir, pero con mucha más fuerza. Tenía claro que estando con él siempre sería feliz; tal vez hayamos tenido problemas y a veces discutamos, pero siempre estaremos juntos, porque el amor que nos tenemos es tan hermoso que solo lloraría por él por el resto de mi vida. Este amor es gracias a él... —¿Por qué...? —alcancé a murmurar entre el beso. Él no me respondió, pero yo tenía miedo, mucho miedo de que él sufriera más. Quería abrazarlo, así que lo rodeé con todas mis fuerzas. No lo solté, aferrándome a su cuerpo hasta que él pudiera recuperar su conciencia por completo y calmar el poder nocturno del Phoenix. El Minotauro seguía ahí. Al vernos vulnerables, se preparó para lanzar un ataque definitivo con su hacha, pero antes de que pudiera tocarnos, una magia de defensa nos protegió por completo. La barrera se manifestó como hermosos pétalos de rosas que absorbieron el impacto. Los pétalos eran lo único hermoso que se podía ver ante todo este caos. Ignorando el estruendo exterior, mantuve a Carlos abrazado por unos momentos, pensando en que no quería perderlo para siempre. Su valor, su amabilidad, su honestidad, su rostro, sus ojos... Mi vida con él es como un mundo lleno de felicidad. Sabiendo que todo puede ir mal, yo siempre iré por él, más allá del infierno, más que el mismo camino. Yo lo seguiré. —Eres mi hombre ideal, al que he estado esperando, amor mío... Por favor —una lágrima rebelde corrió por mi rostro, cayendo sobre su hombro—. Regresa. Te necesito... Quiero que vuelvas, por favor. Bajo la protección de los pétalos de rosa, sentí cómo el cuerpo de Carlos dejaba de temblar por la furia. La electricidad de su técnica comenzó a estabilizarse y sus ojos, poco a poco, empezaron a recordar quién era yo. —¿Nat...suki? —pronunció Carlos con voz temblorosa. Sentí sus labios rozar los míos, pero al abrir los ojos, vi que su rostro estaba cubierto de lágrimas. ¿Por qué estaba llorando así? En ese mismo instante, un torrente de recuerdos reprimidos cruzó la mente de Carlos como un relámpago: una vida de hace 32 años, la trágica muerte de Natsuki, el doloroso sacrificio que ella había hecho en el pasado... Carlos me abrazó con una fuerza tan descomunal que sentí que quería fusionar nuestras almas para que nunca nos volviéramos a separar. —Lo siento... lo siento mucho... —sollozó él, rota su voz. No era un llanto de desesperación, sino el puro alivio de verme viva en esta era. \*"En mi vida anterior perdí todos mis recuerdos al momento en que reencarné... El Dios Antiguo me envió a este mundo paralelo. Ahora todo tiene sentido, ahora entiendo por qué regresé aquí..."\*, pensó Carlos, uniendo finalmente las piezas de su destino. —Yo... me había quedado inconsciente, lo siento mucho, de verdad lo siento —articuló él, tratando de recomponerse tras salir del frenesí del Phoenix. Lo miré fijamente y le sonreí con una amabilidad infinita, acariciando su mejilla. —Amor, tú no tienes la culpa de nada —le dije con ternura—. Mi vida depende de ti. Yo soy una princesa y tú eres mi caballero, como en los cuentos de hadas donde el caballero siempre viene a salvar a su princesa en cualquier situación y en cualquier momento. Gracias por salvarme, gracias. Lo abracé de nuevo, escondiendo mi rostro en su cuello. —Te amo, gracias por ser quien eres. No dejes que el dolor y la culpa te afecten... Él no habría querido que tú volvieras a caer. Carlos se quedó sin palabras. Con tan solo verme sana y salva, su tormento interno se convirtió en una paz temporal y reconfortante. El escudo de pétalos de rosa seguía brillando a nuestro alrededor, manteniéndonos a salvo del Minotauro por unos momentos más. —Oye... ¿recuerdas la promesa que nos hicimos? —preguntó Carlos de repente, mirándome a los ojos. —¿Que algún día ninguno de nosotros iba a morir? —respondí con una pequeña sonrisa. —Fue... cuando fuimos con Yue a comer un helado y luego nos tomamos unas fotos. Lo recuerdo perfectamente, cuando nos sentamos juntos ese día... —Sí, lo recuerdo —dije, mirándolo con devoción. Carlos suspiró, apretando mis manos con firmeza mientras su aura de Dios del Rayo se estabilizaba por completo. —Este mundo está lleno de crueldad y odio, y sé que no puedo hacerlo todo yo solo... Bueno, tal vez yo \*sí\* pueda cargar con el peso del mundo entero, pero eso no significa que nuestra promesa se vaya a perder. No voy a dejar que te pase nada, Natsuki. No otra vez. Al otro lado de la barrera de pétalos, el rugido enfurecido del Minotauro nos recordó que la batalla aún no había terminado, pero esta vez, con nuestros corazones conectados y los recuerdos recuperados, el panorama era completamente distinto. —Es verdad, aún tenemos algo por hacer, Natsu —dijo Carlos, apartando la mirada por un segundo hacia el borde de la barrera de pétalos—. Pero quiero pedirte algo... Una vez que todo termine, te diré una verdad. Una verdad por la que tal vez me termines odiando por el resto de tu vida... Me quedé helada por un momento, procesando sus palabras. —Emm... ¿por qué me lo dices? —respondí, intentando disipar la tensión con una pequeña sonrisa—. Sabes perfectamente que jamás te odiaría... Lo miré con una decisión bastante tranquila y firme. Carlos, al solo mirarme, notó algo muy raro en todo esto. En el pasado, yo solía ser rebelde y bastante molesta, pero había cambiado mucho. Desde que no había estado con ella, ¿había cambiado tanto durante estos meses? \*"Espero que esto no haya alterado el futuro que estaba predicho..."\*, pensó Carlos para sí mismo, sintiendo un vuelco en el corazón. \*"Si las cosas son así, no me quiero imaginar cuando se entere de cómo es que yo sigo teniendo estos recuerdos del pasado en esta vida. No podría decírselo todo ahora, pero sé que estas cosas me están pasando... Tal vez sea por ella. Pero yo no puedo olvidar el día que... me dieron la espalda. Y eso no se lo voy a perdonar ni al Imperio, ni siquiera a mi propio hermano. Sé a dónde estás, infeliz. Sé que estás con vida. Puedo ver el futuro y el pasado, pero tu objetivo no se cumplirá..."\* Carlos apretó los puños, y una energía oscura pero extrañamente cálida comenzó a emanar de él. —Mío en esta vida... tendrás una oportunidad de vivir, al igual que Shirou. Ustedes dos son lo único que podría salvar —declaró Carlos en voz alta, levantándose finalmente mientras el escudo místico de rosas empezaba a titilar—. Pero ahora que recordé lo que había ocurrido, ya es hora de dar el siguiente paso. Es hora de levantarse de nuevo. Todo tiene un costo. Está bien reír, está bien llorar, está bien frustrarse, está bien enojarse... está bien seguir por el camino. No solo por instinto, sino por la supervivencia de nuestras emociones. Todos tenemos algo que debemos proteger. Por algo soy el demonio nocturno... el más temido de toda la humanidad. Mientras lo veía ponerse en pie, me quedé en silencio, observando su espalda. Sigo pensando en qué momento él se ha vuelto tan fuerte... No solo eso, él ha cambiado mucho desde que nos alejamos. Me cuesta creer que se vea así. Esa determinación no es de cualquiera; es la de un caballero... no, mejor dicho, la de un guerrero que lo perdió todo en la vida. Eso significa que él ya logró descubrir cuál es el principio del fin del mundo... no solo en la luz, sino en la oscuridad misma. El Minotauro, impaciente, rugió con salvajismo al otro lado, rompiendo los últimos pétalos de la barrera. Pero frente a él ya no estaba un chico confundido, sino el soberano de la noche listo para reclamar su victoria. El Minotauro levantó su enorme hacha, su único brazo útil temblando por la tensión y la furia contenida. Nos miró con un desprecio profundo, intentando imponer su imponente presencia. —Tú... ¿quién eres, humano? —preguntó la bestia, su voz retumbando como el trueno. —¿Yo? Bueno, esa es una excelente pregunta —dije con una sonrisa bastante retorcida, una mueca que reflejaba al Demonio Nocturno que habitaba en mí—. Yo soy quien decide acabar con las vidas de mis enemigos. Quien se atreva a desafiarme, lo terminará pagando con su propia vida. Soy un nocturno al igual que tú... pero tú solo eres una vasija que está conteniendo el poder de todos los caídos. Di un paso al frente, haciendo que el suelo vibrara con pulsos de electricidad azul verde y llamas oscuras. —Yo soy Carlos Tanaka Sánchez, una de las personas que algún día cambiará el mundo por mis logros y mi poder. Quien quiera detenerme, que lo intente... pero les saldrá muy caro intentar derrotarme. Caminé con paso firme, dejando a Natsuki atrás en una zona segura para que pudiera descansar. Antes de romper la distancia con el monstruo, volteé a verla de reojo con una mirada llena de confianza. —No te preocupes, hiciste un gran esfuerzo —le dije, suavizando un poco el tono—. Ahora, concéntrate y crea un conjuro de magia... algo único que pueda borrar la existencia de este ser por completo. —Pero... ¿cómo se supone que haga eso? No me queda mucho maná, cariño... —respondió ella, sosteniéndose el pecho, exhausta tras usar la magia de Klaneos. —Emm, es verdad. Entonces te prestaré mi magia y mi poder. —¿¡...!? ¿Qué? ¿Se puede hacer eso? —exclamó Natsuki, abriendo los ojos de par en par por la sorpresa. —Por lo que yo tengo entendido, sí, tonta —solté una pequeña risa, rompiendo la tensión del momento—. ¿Acaso no leíste los libros de teoría mística? —¡Oye, oye! No me hables así, estúpido idiota —replicó ella, inflando los cachetes con ese toque rebelde que tanto la caracterizaba. A pesar del insulto, una sonrisa se dibujó en su rostro. Jajajaja, en el fondo me alegraba tanto de que, a pesar de todo el peso del mundo que cargaba sobre sus hombros, él no hubiera cambiado tanto en las cosas que de verdad importaban. Extendí mi mano hacia atrás sin mirarla, liberando un hilo conductor de maná puro, cálido y rebosante de la energía del Phoenix y el Rayo, directo hacia el núcleo de Natsuki. —Recíbelo, Nat. Hagamos esto juntos —sentencié, volviéndome por completo hacia el Minotauro, listo para el choque final. El rostro del Minotauro se contrajo en una mueca de pura incredulidad. Una carcajada ronca, estridente y cargada de desprecio brotó de su garganta, haciendo que los árboles congelados a nuestro alrededor vibraran y soltaran astillas de hielo. Su ego monumental, inflado por siglos de masacres y el poder corrupto del dios demonio de la destrucción, no le permitía procesar mis palabras. —¿Un humano intentando intimidarme? ¡Jajaja! Qué buen chiste —bramó la bestia, balanceando su enorme hacha con arrogancia, sus ojos inyectados en sangre brillando con pura malicia—. No veía algo así hace siglos. ¡Las hormigas como tú solo sirven para ser aplastadas! Mantuve mi sonrisa retorcida. La provocación del monstruo no me afectó en lo más mínimo; en su lugar, una calma gélida e implacable se apoderó de mi ser. Mis ojos reflejaban el brillo del rayo dorado, fijos en su mirada desquiciada. —Tal vez tengas razón... —respondí, bajando la voz a un tono peligrosamente tranquilo que cortó el aire como un cuchillo—. Porque tú jamás fuiste derrotado. Pero hay alguien que sí te derrotó hace tiempo... ¿O me equivoco? Al escuchar esas palabras, la risa del Minotauro se ahogó en seco. Sus facciones se tensaron y un destello de pura paranoia y una furia ciega cruzó sus ojos. El miedo ancestral de una humillación pasada comenzó a carcomer su seguridad. El ambiente se volvió denso, sofocante, cargado de una hostilidad eléctrica. —Parece que sabes demasiado... más que nadie, ¿verdad? —siseó el monstruo, apretando el agarre de su arma hasta que sus nudillos crujieron. El pánico empezaba a filtrarse en su voz distorsionada. —Por supuesto. Sé perfectamente quién te dio una paliza... —di un paso al frente, dejando que la energía del Phoenix y el Dios del Rayo rugiera a mi alrededor, destrozando el suelo bajo mis pies con una determinación aterradora—. Shiro Shimizu. La niña a la que tú juraste matar... sigue con vida. El Minotauro abrió los ojos de par en par, horrorizado, el color drenándose de su rostro monstruoso mientras el nombre de su peor pesadilla resonaba en el claro del bosque. —Y ella... —sentencié, señalándolo con mi espada sangrienta mientras mi aura nocturna alcanzaba su punto máximo de poder—, ¡fue quien te derrotó, miserable bestia! Detrás de mí, Natsuki sintió el impacto emocional de mis palabras. El flujo de maná que le estaba transfiriendo se encendió con una fuerza volcánica. El miedo de la bestia era nuestra mayor apertura, y el contraataque final estaba listo para comenzar. —¡¡Malditooo!! —rugió el Minotauro, perdiendo por completo los papeles. El nombre de Shiro Shimizu había destrozado su cordura. Con una furia ciega y desesperada, se lanzó con todo su peso hacia mí, levantando la tierra a su paso. Sin embargo, en el momento en que acortó la distancia, mis ojos percibieron sus movimientos en cámara lenta. Mi mente, agudizada por los recuerdos de mi vida pasada y la adrenalina del combate, lo procesó al instante: \*es demasiado lento\*. \*¡PAM!\* Bloqueé la enorme trayectoria de su hacha usando limpiamente mi pierna derecha, canalizando la energía del rayo para absorber el impacto con total facilidad. Aprovechando el rebote de la fuerza, me elevé por los aires con un salto limpio y me alejé lo más lejos posible para darle espacio a Natsuki. La bestia, impulsada por un odio visceral, me siguió el ritmo y saltó detrás de mí hacia los cielos. En medio del aire, el escenario se convirtió en una tormenta de destellos destructivos. Ambos intercambiamos golpes brutales y ataques frenéticos con nuestras espadas; el choque del metal resonaba como truenos apocalípticos que partían las nubes. A medida que el intercambio se volvía más salvaje, sentí una evolución en mi cuerpo. Mi aura del Dios del Rayo comenzó a brillar en un tono \*\*verde azulado\*\*, una frecuencia de maná místico que se estaba adaptando perfectamente al patrón de ataque y a la resistencia del oponente, anulando su ventaja de fuerza bruta. Sabía que era el momento de terminar con este juego. \*"Es hora de poner en práctica lo que me enseñó Saleh..."\*, pensé, con una sonrisa fría. Fusioné el flujo del Dios del Rayo verde azulado con la técnica de \*\*teletransportación\*\* instantánea. En un milisegundo, desaparecí por completo del rango visual del Minotauro, dejando solo una estela de estática en el aire. Antes de que pudiera siquiera girar su cabeza, reaparecí en múltiples puntos ciegos a su alrededor, parpadeando como una deidad inalcanzable. Apareciendo finalmente justo sobre su cabeza, acumulé toda la energía acumulada de la tormenta y desaté mi técnica definitiva: —\*\*¡¡Voltstrike!!\*\* Al activar el \*\*Voltstrike\*\* a este nivel, la realidad misma pareció fracturarse bajo mis pies. No solo era una técnica de teletransportación; era una manifestación absoluta de mi voluntad. De repente, el cielo y la tierra se llenaron de mis clones de rayos, cada uno portando símbolos antiguos distintos que brillaban con una intensidad cegadora. No eran simples espejismos. Eran proyecciones de mi esencia, cada una representando una verdad que el Minotauro no podía comprender: que mi poder no tiene límites cuando se trata de proteger lo que amo. La isla comenzó a temblar violentamente; el suelo se agrietaba bajo el peso de las armas eléctricas que convocaba, manifestándose como relámpagos sólidos que zumbaban con una frecuencia capaz de desintegrar la materia. Era mi "verdadero monstruo" revelado ante el mundo, una fuerza que no pedía permiso, sino que exigía respeto. Freya, Kimberly, Kevin y Farid estaban ahí, congelados en su lugar, observando el combate con el aliento contenido. La magnitud de la energía que estaba liberando no era algo que pudieran procesar fácilmente; era un espectáculo aterrador y majestuoso al mismo tiempo. Pero no eran los únicos. A lo lejos, las fronteras de la isla, estudiantes de las diferentes academias se habían reunido, atraídos por la estela de poder que cruzaba el firmamento. —Oigan chicos... ¿qué demonios es eso de allá? —preguntó uno de los estudiantes de cabello oscuro, señalando con dedos temblorosos el epicentro de la tormenta eléctrica. Su compañero entrecerró los ojos, analizando la figura que se movía a una velocidad supersónica entre los clones. —No lo sé... —respondió con una mezcla de miedo y fascinación técnica—. Pero por lo que veo, se trata de ese tal chico de cabello oscuro con ojos azules. Es una anomalía. Tenemos que verlo, estudiarlo y registrar cada detalle para el siguiente encuentro. Si es capaz de hacer esto, no podemos permitirnos subestimarlo. —Tienes razón... —dijo el primero, preparándose para observar más de cerca—. Vamos, esto es algo que no ocurre una vez cada siglo. Mientras ellos analizaban, yo no les prestaba atención. Mis sentidos estaban clavados en el Minotauro. Con un gesto de mi mano, los clones se sincronizaron, disparando una descarga de energía combinada que hizo que el aire mismo ardiera. El monstruo, que hasta hace unos segundos se creía superior, ahora solo veía un ejército de verdades eléctricas rodeándolo, esperando el momento exacto para convertirlo en cenizas. —Bien, empecemos —susurré, sintiendo cómo el maná del Voltstrike corría por mis venas. Mi espada sangrienta comenzó a cambiar de forma, extendiéndose y moldeándose fluidamente hasta convertirse en una imponente \*\*lanza\*\* de energía escarlata. Sostenerla en mis manos... esto... me traía demasiados recuerdos de batallas pasadas, de vidas anteriores donde el frío metal era mi único testigo. Giré la lanza en varias direcciones con movimientos perfectos, precisos, haciendo que el aire zumbara. Mantuve mis ojos cerrados, sin ninguna intención de abrirlos; simplemente dejé que el ruido del campo de batalla se desvaneciera y que mis sentidos se volvieran completamente silenciosos, guiándome solo por el flujo de las almas. A lo lejos, entre el grupo de estudiantes de las academias que observaban la colosal tormenta eléctrica, \*\*Melissa Ogawa\*\* apretó los puños, con la mirada clavada en la silueta de Carlos. —Otra vez... te volviste más fuerte... —murmuró para sí misma, sintiendo una mezcla de frustración y profunda admiración—. ¿Hasta cuándo dejarás de avanzar? Yo también... yo también quiero alcanzarte, Carlos. Pero dentro de su propio ser, compartiendo el espacio de su alma, la entidad de \*\*Melissa Smith\*\* miraba a través de sus ojos, analizando al Demonio Nocturno con una frialdad analítica. \*"Vaya... este chico está lleno de sorpresas. Cada vida, cada voluntad te hace más fuerte"\*, pensó Melissa Smith, con una sonrisa lúgubre en su mente. \*"Ojalá pudiera aceptar eso, Carlos Tanaka, pero no eres igual a Karina. Ella está a otro nivel que tú jamás podrás igualar..."\* Un suspiro silencioso resonó en el interior de Melissa. \*"Karina... ¿en dónde estarás...?"\* Mientras tanto, en un rincón completamente alejado de esa dimensión, una silueta cayó pesadamente sobre el suelo de un reino distante, levantando una fina capa de nieve y escarcha. —¡¡¡¡Eh...!!!! ¿A dónde... dónde estoy? —articuló la recién llegada, levantándose con torpeza mientras se sacudía la ropa. Era una chica de una belleza irreal: cabello azul brillante como el hielo místico, ojos rojos profundo y un rostro de facciones tan perfectas y hermosas que parecía tallado por los mismos dioses. Miró a su alrededor, abrazándose a sí misma por el frío repentino. —Este lugar no lo conozco... pero se siente extraño. Frostglen... la ciudad natal de Lucía... ¡¡¡¡!!!! La chica parpadeó, enfocando la vista al frente donde una estructura de madera vieja resistía las ráfagas de viento. —Ahora que lo pienso... hay un letrero ahí. ¡Ahh, qué idiota soy! Se llama Frostglen... ¿Pero qué hago aquí? ¡Lo había olvidado por completo...! De repente, el peso de la realidad y los recuerdos la golpearon como un mazo en el pecho. Sus piernas flaquearon y cayó de rodillas sobre la nieve, mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus hermosos ojos rojos, congelándose casi al instante en sus mejillas. —Recuerdo que... estaba luchando contra Dragoth —sollozó, apretando la nieve entre sus puños—. Soy una cobarde... Dejé que mi maestra muriera. Dejé que mi mejor amiga, Karen, muriera... Dejé que mis propios padres cayeran. Qué frustrante es esto, ¿verdad? Todo... todo lo perdí por culpa de ese maldito rey conquistador de mundos... La impotencia la ahogaba, trayendo a su mente la última imagen que vio antes de ser arrastrada a ese reino lejano. —Lo siento mucho, Karina... ¡No, no, no me hagas esto! —gritó al vacío, reviviendo el trauma—. Melissa... ella me miró con una sonrisa. Una sonrisa de despedida. \*"Lo siento"\*, me dijo... Ella murió dando su vida por mí... y por desgracia, mi mundo entero fue destruido tras esa última explosión... Sola, en medio de la silenciosa e indiferente ciudad de Frostglen, la chica de cabello azul lloraba la pérdida de su universo, sin saber que en otro plano, el destino de Carlos, Natsuki y el Imperio estaba a punto de colisionar. Caminé con paso lento hacia la entrada de Frostglen, arrastrando los pies sobre la nieve densa. Cada bocanada de aire frío me quemaba los pulmones, pero era el único recordatorio de que seguía respirando. —Tendré que entrar a esta ciudad y averiguar en qué mundo estoy... —murmuré para mí misma, limpiándome bruscamente el rastro de las lágrimas—. De seguro debe ser un mundo donde yo no existo aquí. Pero si es así... entonces no puedo alterar nada. \*Shhh...\* Solté un suspiro, buscando forzar un alivio que no sentía. \*"Qué alivio"\*, pensé en voz alta, intentando engañarme. Pero la verdad me golpeaba por dentro: me sentía completamente destruida, derrotada, rota en mil pedazos por haberlo perdido todo. Mi hogar, mis padres, Karen... todo se había evaporado en esa maldita explosión. Sin embargo, en medio del abismo de mi mente, una chispa se encendió. Una sola razón para no dejarme morir en este suelo congelado. —¿Será que aquí estará Melissa? —mi voz tembló, pero esta vez de determinación—. Tengo que encontrarla. Tengo que protegerla de quienes le harán daño... Esta vez no voy a fallar. Al invocar mi maná con ese pensamiento, mis ojos cambiaron de color de manera abrupta; el rojo profundo dio paso a un carmesí intenso. Mis \*\*ojos rojos\*\* brillaron con una fuerza descomunal en medio de la penumbra invernal, reflejando el verdadero poder que dormía en mi interior. Pero en el instante en que mi percepción mística se activó a su máximo esplendor, mi cuerpo se tensó por completo. Me detuve en seco justo antes de cruzar el umbral de la ciudad. Un escalofrío que no venía del clima me recorrió la espina dorsal. —¿Qué... qué es esto? —susurré, abriendo los ojos de par en par—. Esta magia... Expandí mis sentidos hacia el horizonte, cruzando las barreras del espacio. A una distancia colosal, atrapado en una frecuencia mística que resonaba a través de las dimensiones, detecté un flujo de energía devastador. Era denso, caótico, una mezcla de relámpagos, fuego de Phoenix y una oscuridad profunda que se alzaba como una tormenta. —Es casi similar a la mía... —mi corazón comenzó a latir con fuerza—. ¿Acaso hay nocturnos sobrevivientes en este lugar? ¿Eso es posible? La firma de energía era inconfundible, pero llevaba un matiz diferente, un peso histórico y una furia que estremecía los cimientos de la realidad. Sin saberlo, mis ojos rojos estaban fijos en la dirección exacta.. —Bueno, quisiera ir y saber qué está pasando aquí —murmuré para mí misma, frotándome el estómago que ya empezaba a rugir con fuerza—, pero primero tengo que comer algo... Siento que no he comido en años. Eso me pasa por no traer dinero encima. Pero tal vez pueda hablar con el rey de este reino; podría conseguir empleo por ahora. Con ese plan en mente, crucé por fin las puertas de la ciudad. Caminé por toda la avenida principal y me quedé maravillada. Frostglen estaba hermosa, brillante y repleta de tanta gente que el bullicio casi me hace olvidar el frío. Todo parecía paz y prosperidad. Hasta que, de repente, todos se quedaron callados en un silencio sepulcral. Un pregonero real alzó la voz desde la plaza central, haciendo eco en cada rincón: —¡A su atención! El rey \*\*Arturo Barrett\*\* y su esposa, la reina \*\*Regina Conrad\*\*, reyes de Frostglen, han venido a dar un mensaje. La multitud se abrió y la realeza se hizo presente con una elegancia imponente. El monarca dio un paso al frente, mirando a sus ciudadanos con calidez. —Hola a todos, es bueno saber que estén bien —anunció el rey Arturo con voz firme—. Hoy vengo a informarles que mi hija está en un evento sumamente importante. El festival del año se está llevando a cabo en una isla seleccionada, y para eso les quiero mostrar toda la transmisión, para que ustedes mismos vean cómo nuestro reino será representado. Al oír esas palabras, los magos de la corte levantaron sus varas y proyectaron una enorme pantalla flotante con magia en medio de la plaza. Giré la cabeza para mirar y, al instante, mis ojos se iluminaron por completo. El corazón me dio un vuelco tan violento que casi dejo de respirar. —¿Esa... esa es Melissa? —susurré, apretando los puños mientras las lágrimas de felicidad amenazaban con volver a salir. No pude contener mis emociones. ¡Ella estaba viva! Aún estaba viva en este mundo. Eso significaba que no todo estaba perdido, que mi sacrificio y mi dolor tenían un propósito. Pero mi alegría duró solo un segundo. Al mirar el fondo de la pantalla, fijándome en los detalles del combate que se transmitía en vivo, noté algo extraño. Mi expresión cambió drásticamente y mi rostro se volvió de una seriedad absoluta, gélida y peligrosa. Mis ojos rojos centellearon con desconfianza. En medio de la tormenta de rayos verde azulados y clones, portando una lanza sangrienta, estaba él. —¿Quién diablos es ese tipo de cabello oscuro y ojos azules? —siseé entre dientes, sintiendo cómo la imponente magia nocturna que emanaba de la pantalla era la misma que había detectado hace unos momentos.
The strongest warrior of humanity (Novela)

Continúa leyendo

The strongest warrior of humanity (Novela)

Capítulo 267

Siguiente Capítulo ›

The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 266

Estás leyendo el capítulo 266 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 12 de julio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.