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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 262 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 262: La Sombra del Dios Antiguo y el Milagro del Reencuentro Punto de vista: Kratos y Charlotte (Línea Temporal Anterior) Escena 1: La Caída y el Despertar de la Voluntad —¡Te ríes demasiado, ¿verdad?! —rugió Kratos, apretando los dientes con tanta fuerza que un hilo de sangre corrió por su comisura—. ¡Pero déjame decirte una cosa! ¡Él morirá hoy! ¡No voy a permitir que lo mates! Con una furia ciega, Kratos se lanzó hacia adelante, caminando firmemente sobre la presión espiritual de Kronos, dispuesto a destrozarlo con sus propias manos para defenderme a mí y a Charlotte. —Ay, ay, Kratos... Tan ingenuo como siempre —siseó Kronos, esquivando el primer impacto con una elegancia despectiva, mirándolo desde arriba con una superioridad asquerosa—. Pero déjame decirte una cosa... ¿Acaso tú y yo fuimos amigos alguna vez? Para nada lo fuimos. Solo fuiste uno de los juguetes que más utilicé en esta academia. Kronos extendió su mano, deteniendo el arma de Kratos a escasos centímetros de su rostro con una barrera de energía invisible. Su sonrisa se volvió aún más retorcida. —¿Y pensaste que serías el caballero más ideal para proteger a tu madre? Jajaja... ¿Acaso se te olvida quién fue el que la mató mientras tú estabas ausente, creyendo que la habías dejado a salvo? Kratos se congeló en seco. Sus ojos se abrieron por completo, inyectados en sangre, mientras el horror y la incredulidad paralizaban sus músculos. —¡¡¡...!!! ¡No me digas que tú... tú mataste a...! —¡Jajajaja! Así es. ¡Yo fui quien mató a tu madre, Kratos! ¿Cómo la ves? —confesó Kronos, soltando una carcajada estridente que ecoó en las paredes de la residencia Tanaka—. ¿Ahora entiendes la diferencia de cómo hago las cosas a mis gustos? Solo hay una cosa... una sola cosa en este mundo que me importa. Y esta vez, no seré el juguete de una mujer que solo busca otra cosa. Charlotte, atrapada por la magia de restricción, dejó escapar un grito ahogado de terror al escuchar la monstruosa confesión. Kratos, quebrado por completo al descubrir que su supuesto mejor amigo era el asesino de su madre, dejó salir un rugido de dolor puro que hizo temblar toda la casa. La traición de Kronos era total, y el destino de mis amigos en esa línea temporal pendía de un hilo. —¡Has llegado demasiado lejos, Kronos! —rugió Kratos, mientras el maná a su alrededor comenzaba a descontrolarse por el dolor y la furia absoluta—. ¡Ahora entiendo por qué cambiaste tanto! ¡Solo pienso matarte aquí y ahora! ¡Ahora entiendo por qué mi madre se despidió de mí... cuando tu hermana se había perdido en Dreahs! ¡Aprovechaste cuando ella estaba allá con mi madre, verdad? ¡Hijo de perra! Kronos ni siquiera se inmutó. Mantuvo esa sonrisa retorcida, disfrutando cada segundo del colapso emocional de su supuesto amigo. —En verdad eres alguien que solo me da lástima... —continuó Kratos, con la voz quebrada pero cargada de un odio puro—. Tenía razón él sobre ti. Tú solo eres una mierda de persona que ni siquiera tiene corazón para sentir lo que es el amor hacia la familia... ¡Tú mismo mataste a tu propia familia! ¿Qué dirá Carlos de ti cuando se entere? ¿Que su propio hermano mató a todos con tal de conseguir lo que quiere? ¡En verdad estás mal de la cabeza, Kronos! Charlotte, desde el suelo, miraba a Kratos con los ojos llenos de lágrimas, aterrada por la siniestra calma de Kronos. —¿Que qué dirá Carlos? —respondió Kronos, ladeando la cabeza con una frialdad espeluznante—. No dirá nada, Kratos. Porque para cuando se entere, todos ustedes ya serán historia, y él no tendrá más opción que ser mi arma perfecta. —¡Cállate! —bramó Kratos, liberando toda la energía que le quedaba, rompiendo por completo las cadenas de gravedad que lo limitaban. El suelo de la residencia Tanaka se agrietó bajo sus pies. Escena 2: El Legado Familiar y la Despedida «Pensé que todo saldría como uno quisiera que las cosas pasaran...», reflexionó Kratos en su fuero interno mientras el maná de Kronos hacía crujir las paredes de la casa. Miró de reojo a Charlotte, atrapada e indefensa. Tenía que actuar tan pronto como fuera posible. No iba a permitir que esto acabara así; debía encontrar una razón para ayudarla y sacarla de ese maldito lugar. «Carlos, amigo mío... espero que estés bien y que sepas la verdad tarde o temprano. Uno de nosotros ya no podrá acompañarte más en este viaje... Te encargo mucho a Charlotte, protégela en mi lugar. Este es mi propio camino», pensó con una resolución heroica, sintiendo cómo en su pecho florecía una fuerza inquebrantable, un sentimiento tan profundo hacia la sacerdotisa que hacía latir su corazón con una fuerza descomunal. Ella le había enseñado que, incluso en los caminos más oscuros y desconocidos, siempre se puede buscar la salida y la salvación. Kratos giró la cabeza para ver a Charlotte por última vez. Estaba aceptando un destino trágico que no le pertenecía, pero por ella haría cualquier cosa. La miró con una sonrisa cálida, desprovista de todo el odio que le tenía a Kronos. —Oye, pequeña... cuida bien de él, ¿sí? —le dijo en un susurro. Charlotte lo miró con absoluto horror, las lágrimas desbordándose de sus ojos sagrados. —¡No! ¡No puedo abandonarte, Kratos! —gritó, desesperada, forcejeando inútilmente contra la parálisis de Kronos—. ¡Por favor, huyamos juntos! Yo no sé qué haría con una vida sin ti... Tú eres alguien que me ha dado tanto valor, al igual que Carlos. ¡Tú y él son lo más importante para mí! Al escucharla, Kratos se quebró por dentro. Sabía que no tenía una vida pacífica o riquezas que ofrecerle, pero en ese instante comprendió lo mucho que Charlotte lo amaba. Pudo verlo claramente en sus ojos: eran tan hermosos como un mundo entero lleno de amor y armonía, la única razón por la que sus días se habían vuelto maravillosos en medio de tanta guerra. —Oye... no llores —le pidió Kratos, manteniendo su sonrisa mientras daba un paso firme hacia el frente, bloqueando por completo la línea de visión de Kronos—. Yo no quiero que la persona que me enseñó a usar esta magia se vea triste, ¿sí? Ve y busca a Carlos. Tienes que encontrarlo... Yo me encargaré de él. Con un estallido de aura dorada, Kratos usó la fuerza de su voluntad para deshacer por completo la restricción mágica que apresaba a Charlotte, empujándola con una ráfaga de viento suave hacia la salida trasera de la residencia. Se dio la vuelta por completo, encarando al sonriente Kronos. —¡Perdón! ¡Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón! —los gritos desesperados de Charlotte rompían el silencio del lugar, ahogados en un llanto incontrolable mientras intentaba inútilmente romper la parálisis que la encadenaba. —No tienes por qué pedirme perdón, Charlotte —interrumpiłó Kratos, con una voz que desbordaba una ternura infinita, manteniéndose firme como un muro inquebrantable entre ella y el peligro—. Yo decidí hacerlo porque me nació del corazón. El aura dorada de Kratos comenzó a brillar con una intensidad cegadora, desafiando directamente la opresiva y siniestra energía de Kronos. En medio de la inminente catástrofe, una paz absoluta se reflejó en sus ojos al mirarla. —Mi madre una vez me dijo: «Hijo, si deseas amar a alguien, si deseas quererla con toda tu alma, demuestra que no eres alguien ordinario. Demuestra al mundo que el amor puede cambiar a una persona. A veces es tan cegador, tan hermoso, tan magnífico y tan lleno de luz que solo hace que nosotros sintamos algo único en nuestra vida... Si deseas sacrificarte, hazlo como lo hizo tu padre»... Mi madre lloraba cada vez que recordaba ese día de la partida de mi padre. Kratos dejó escapar una sonrisa genuina, libre de cualquier pizca de arrepentimiento. Las palabras y el legado de su familia le daban la fuerza definitiva que necesitaba en este milisegundo. —Y es gracias a ellos que hoy puedo decidir quién soy —concluyó, fijando su vista en la sacerdotisa por última vez—. Yo soy aquella sombra que estará a tu lado. Tú eres mi espectro, el que siempre caminó hacia la oscuridad y la luz eterna de nuestras largas vidas... ¡Ahora vete! ¡BOOM! Con un rugido que hizo crujir los cimientos de la estructura, Kratos se lanzó a una velocidad sobrehumana directo contra Kronos, desatando una onda de choque expansiva que bloqueó el espacio por completo, rompiendo la restricción sobre Charlotte y empujándola con una ráfaga de viento hacia la salida. —No sé por qué eres tan molesto, Kratos... —siseó Kronos, curvando los labios en una mueca de puro desprecio mientras acumulaba una energía oscura en la palma de su mano—. Siempre te he envidiado. No solo me has quitado a Charlotte, sino que también me has quitado a los amigos que decidieron ponerse de tu lado. Pero ¿sabes? Jajaja... igual ya nada de eso importa. Todos ellos murieron en esa guerra gracias a mi tonto hermano... y ahora, él terminará pagando los platos rotos por todos ustedes. Al escuchar esas palabras, la sangre de Kratos hirvió. El aura dorada que lo envolvía estalló con una fuerza volcánica, agrietando las paredes de la residencia Tanaka. No podía creer el nivel de egoísmo y ceguera del monstruo que tenía enfrente. —¡¿Tú qué vas a saber sobre tu hermano?! —rugió Kratos, dando un paso al frente que hizo temblar el suelo—. ¡Ten algo de respeto y valor, maldito infeliz! ¡Todo lo que Carlos está haciendo en este preciso momento... lo está haciendo por ti! Kronos soltó una carcajada seca, pero Kratos continuó gritando, dejando salir toda la verdad que Carlos cargaba en silencio: —¡Él no te abandonó! ¡Él está luchando en ese infierno porque tú eres el último familiar que le queda en este mundo! ¿Acaso no tienes un maldito gramo de compasión ante él? ¡Todo lo que hace, lo hace por su querido hermano mayor! ¡Él no quiere sentirse solo otra vez! ¡¿Acaso no lo entiendes, Kronos?! ¡Él está luchando contra una soledad que lo está matando por dentro... y tú, bien gracias, ¡¿queriendo matarlo?! ¡¿Qué clase de hermano mayor mataría a su propio hermano?! Las palabras de Kratos resonaron con la fuerza de un veredicto en la habitación, intentando golpear lo último que quedaba de humanidad en el corazón podrido de Kronos. Mientras tanto, en la distancia del presente, el eco de esa defensa desesperada encendía una llama letal en mi interior. —¿Ya terminaste de hablar? —interrumpiłó Kronos, ladeando la cabeza con una frialdad despectiva que cortaba el aire—. Que me estoy empezando a aburrir. Alguien como tú no valía ni diez monedas de bronce... De todos modos, ya muere. Sin previo aviso, Kronos extendió su mano y desató un torrente de energía oscura y corrupta directo hacia el pecho de Kratos. El impacto fue brutal; las paredes de la residencia Tanaka finalmente colapsaron ante la presión de la técnica asesina, levantando una densa nube de escombros y polvo que sepultó el lugar. —¡Jajaja! ¡Jajaja! ¡Ya me cansé de actuar! —exclamó Kronos de golpe, y en ese mismo instante, su voz y su aura cambiaron por completo, revelando una identidad ancestral y divina que erizaba la piel—. En fin... —dijo Quetzalcóatl, desprendiéndose de la fachada humana con una sonrisa retorcida—. Es hora de ir a buscar a esa mujer. Y después de que acabe con ella, haré un plan para que mi querido hermano menor muera frente a mí. La revelación de que Kronos era en realidad la reencarnación o el recipiente del mismísimo dios Quetzalcóatl hizo que el espacio-tiempo de la memoria se distorsionara por completo, rompiéndose como un espejo en mil pedazos. Escena 3: El Encuentro en el Subconsciente y el Retorno Punto de vista: Charlotte y Kratos (Línea Temporal Anterior) Corrí muy lejos de allí. Estaba desesperada, con el corazón golpeándome con fuerza contra el pecho mientras avanzaba con todo lo que tenía. Giraba la cabeza a mi alrededor una y otra vez para saber si me estaban buscando, pero el miedo no me dejaba pensar con claridad. Solo pensaba en una cosa... en él. «Tengo mucho miedo de dejarlo solo... Soy una tonta, ¿verdad? Soy una débil... Todo lo que hice fue huir. Supongo que por esto Carlos sentiría vergüenza de mí. Abandoné al hombre que quiero... Soy una idiota, debí quedarme, no quería huir...», me reprochaba a mí misma entre sollozos, sintiendo el peso de la culpa quemándome por dentro. —No hay lugar a donde puedas escapar... —una voz helada rompió el aire a mis espaldas. Me detuve en seco, con los ojos abiertos por el horror. ¿En qué momento me encontró? —Tú creías que podrías huir... En fin, Charlotte, tu tiempo se terminó —dijo él, saliendo de entre las sombras con una parsimonia aterradora. —¡¿Qué diablos le hiciste a Kratos, maldito?! —le grité, tragándome el llanto y obligándome a encararlo. —¿Oh, hablas de ese bastardo? Bueno, déjame decirte que ha muerto. Su muerte solo fue en vano. ¡Jajaja! Nadie podrá salvarte... —En verdad pensaste eso... pero yo sigo vivo, cabrones. Una voz firme, aunque entrecortada por el dolor, resonó desde la densa humareda. —¡¿...?! ¡¿Qué mierda?! Eso es imposible... —soltó él, retrocediendo un paso, la sorpresa rompiendo su fachada de superioridad. Kratos emergió de la niebla, cubierto de heridas pero con una luz indomable en los ojos. —¿Qué pasa, Kronos? ¿Te veo tan asustado? Minutos antes (En el subconsciente de Kratos) «Parece que este es mi fin...», pensé mientras la oscuridad me envolvía tras el impacto destructivo. «Supongo que se acabó para mí. Mamá... tal vez nos veamos una vez más». —Nop, eso no va a suceder... Una voz familiar y profunda resonó detrás de mí mientras mi visión moribunda se nublaba por completo. Me giré lentamente. —¡¿Padre...?! —Hola, hijo mío. Ha pasado mucho tiempo desde que eras tan solo un niño —dijo él, mirándome con un orgullo infinito—. Cuánto has crecido, hijo mío. Lamento mucho que hayas tenido que crecer sin un padre que te enseñara cómo sobrevivir a este mundo... Pero no temas, porque hoy yo te enseñaré cómo vivir para sobrevivir, para no morir. Tú eres alguien de mi sangre. Un padre tiene que velar por su hijo; aunque yo no esté vivo, no significa que te vaya a abandonar. —Padre, yo... —las palabras se me atoraron en la garganta. —No tienes nada por qué disculparte, hijo. Tu madre está aquí también... y parece que está feliz de que tú y ella se encuentren. Al escuchar eso, no tuve el valor para mirarla de frente. Sabía que esto me afectaría más, porque sentía que no fui lo suficientemente listo para salvarla. Mi madre pagó un precio que no debía pagar por culpa de mis propios errores. —Hijo, sé que te estás odiando a ti mismo —la voz dulce de mi madre me envolvió, obligándome a levantar la cabeza—. Tú no tienes la culpa de mi muerte. Confiaste en la persona equivocada, pero sé que en el fondo no eres una mala persona. Y es por eso que vinimos a darte un consejo... y un poco de voluntad. No como mi hijo, sino como mi caballero de luz. Mi padre dio un paso al frente, colocando una mano sobre mi hombro, infundiéndome una energía cálida y pura. —Recuerda: todo aquel que lucha tiene un momento de gloria. Eres mi hijo, eres un caballero tan maravilloso, Kratos. Mi niño, tienes algo que debes cuidar y proteger. Una madre siempre tiene que dar buenos consejos a sus hijos para bien... Tienes que seguir luchando. Lucha por tu propio destino; cambiarlo es la única opción que queda de nosotros. Ve, hijo —concluyó mi padre, dándome la espalda con una sonrisa—. Nosotros te estaremos esperando cuando llegue el momento. —Papá... Mamá... —dije sonriendo entre lágrimas, sintiendo cómo mi núcleo de maná se restauraba por completo—. Gracias por todo. Tienen razón... Tengo algo que debo cuidar. De vuelta al presente (Línea Temporal Anterior) Regresé de entre los escombros de la destrucción. Miré a mi alrededor a través de la niebla y vi una espada clavada en la tierra, brillando con un fulgor místico. «Esa es...». Me levanté y caminé hacia ella con paso firme. Supongo que Carlos no desearía tener que matar a su propio hermano... Sé que esto es muy repentino, amigo. Ojalá que no llegues a perdonarlo nunca por lo que hizo, porque yo estoy decidido a usar todo lo que tengo para cambiar, aunque sea por un minuto, la vida y el destino de Charlotte. —Gracias por este mundo, papá, mamá... Gracias, en verdad —me solté a llorar por un breve instante. No era porque tuviera miedo de morir; era porque había tenido la oportunidad de verlos a ellos por una última vez. Me limpié las lágrimas de un solo golpe. Mi rostro se volvió tan afilado y frío como la hoja de una espada. ¡Tengo que darlo todo! Si no, ¿de qué sirve que no haga nada en vez de ayudar? Ahora tengo una verdadera razón para matar a ese hijo de mierda. Esbocé una última sonrisa, sabiendo perfectamente que el golpe final no me correspondía a mí. —Solo tú podrás hacerlo... Tanaka Sánchez —dije, terminando mi frase en un susurro mientras empuñaba el arma sagrada. Caminé con paso firme entre la densa niebla, directo hacia Kronos. —¡¿Listo para la segunda ronda, maldita rata mediocre que solo se esconde a través de un cuerpo?! —rugió Kratos, levantando la espada mística, mientras la luz pura de su aura restaurada disipaba la niebla a su alrededor. —¿A qué te refieres, Kratos...? —preguntó Charlotte con la voz temblorosa, dando un paso atrás. —¡Charlotte, ese tipo que ves ahí no es Kronos! —sentenció Kratos, fijando sus ojos inyectados en sangre en el enemigo—. ¡Ya es hora de que nos digas quién carajos eres tú! El rostro de mi hermano se contrajo en una mueca de burla absoluta. Su postura cambió, adoptando la elegancia divina y despectiva de una entidad ancestral. —Vaya, vaya... Qué humano tan inteligente. Parece que escuchaste mi verdad. Es una pena, ¿verdad? —soltó una risa seca que hizo eco en las ruinas de la casa—. ¿Eres un monstruo, entonces? ¿El verdadero Kronos...? —Así es. Él lo está mirando todo a través de mis ojos y de mi mente. ¡Jajajaja! Ahora ya saben la monstruosidad que le he hecho a este cuerpo. Dio un paso al frente, y la presión espiritual se volvió tan pesada que el aire pareció congelarse. —Él sabía que perdería ante Lucifer, pero cuando me trajo a este receptáculo, noté algo extraordinario... Este cuerpo tiene algo poderoso, algo único que me pareció sumamente interesante. Pero me sorprende que ni siquiera ustedes se hubieran dado cuenta de mi existencia hasta ahora. ¿Ahora entienden por qué asesiné a Karen Tanaka Sánchez? Al escuchar el nombre Karen, el silencio en el lugar se volvió sepulcral. —Ella sabía quién era yo —continuó con total indiferencia—, porque investigó por largos años para evitar que esto pasara. Aún así, murió. Su muerte fue tan patética... que tuve que cortarle la cabeza para así tenerla como trofeo. Charlotte se horrorizó, tapándose la boca mientras las lágrimas de un trauma puro caían por sus mejillas. Kratos quedó en shock, completamente impactado, sintiendo cómo el estómago se le revolvía ante semejante perversión. —¡Eres una porquería de mierda, maldito hijo de perra! —bramó Kratos, quebrando el suelo bajo sus pies con una furia descontrolada—. ¡¿Cómo te atreves a matarla?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué tuviste que matarla a ella?! —Era una molestia para mis planes —respondió el dios con frialdad—. Además, ella era muy cercana a mi hermano menor, pero su muerte sirvió para que no abriera la boca antes de tiempo... Aunque tienes mucha razón, Kratos. Tal vez... me encariñé con ella. Por un milisegundo, la mirada de la criatura se volvió distante, mostrando una faceta retorcida de su psique. —Por primera vez siento un vacío aquí adentro... No lo sé. Ella tenía algo de luz en su interior. Una luz tan clandestina, tan profunda, tan hermosa... Con tan solo mirarla, me traía un mundo lleno de paz. Pero cuando la maté... El monstruo sacudió la cabeza, desterrando ese efímero rastro de humanidad con una sonrisa macabra y despiadada. —Pero, aun así, la vida continúa. Y debo matar a todos... para conseguir lo que yo quiero. La energía oscura y divina de Quetzalcóatl estalló a su alrededor, lista para borrar del mapa el último bastión de resistencia de mis amigos.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 262

Estás leyendo el capítulo 262 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 1 de julio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.