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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 261 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 261: La Desesperación de un Dios y las Sombras del Pasado Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez (Voltstrike), Natsuki y Charlotte Escena 1: El Asalto de Ling y la Ira del Demonio Nocturno Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez (Voltstrike) —Vaya, hasta que por fin muestras tu verdadera intención, ¿verdad, Ling? —solté, deteniendo mis pasos mientras lo miraba fijamente, permitiendo que la frialdad de mi mirada asesina hablara por mí. —¡Oh, vaya, vaya! No creí que me encontraría con el mismísimo diablo frente a mis ojos —respondió Ling, esbozando una sonrisa retorcida y burlona—. Alguien como tú debería estar muerto. Alguien que jamás debió nacer y existir... Tú eres una desgracia para la humanidad, alguien sin valor, alguien cuyas palabras jamás valdrán la pena. Nada fue en vano en los sacrificios de tus amigos, ¿verdad? Jajajaja, ¡jajajaja! Dime ahora, ¿dónde está esa mujer? Está muerta, ¿verdad? ¡Jajajaja! Y alguien tan frágil como tú no merece ser el caballero más fuerte... Solo das pena. —Oye —lo interrumpí, manteniendo una calma glacial que contrastaba con la furia que rugía en mi interior—. En vez de hablar tanto, mejor deberías ver a tu alrededor. Solo somos tú y yo... y tu maldito ejército, que ni siquiera me llega a los talones. —No te hagas el héroe, humano... —siseó él, apretando los dientes. —¿Héroe? ¿Crees que soy uno de esos? Te equivocas... —esbocé una sonrisa de pura nostalgia y desprecio—. Solo yo decido qué soy realmente. Ni tú, ni Shu, ni siquiera Plaga son capaces de entender lo que significa proteger algo. E idénticamente por eso... ¡que van a morir! —¡¿...?! ¡Retrocede, Ling! —gritó Shu a lo lejos, pero ya era tarde. Una descomunal onda destructiva emanó de mi cuerpo, haciendo estallar el lugar en varios metros a la redonda. Ling salió disparado a una gran distancia, perdiendo el control. De inmediato, su ejército se abalanzó sobre mí en masa, atrapándome bajo una montaña de cuerpos y armas. «¿Creen que esto es suficiente?», pensé. Sin perder un milisegundo, activé el Dios del Rayo. Un resplandor cegador y masivo descendió del cielo, desintegrando por completo al ejército que me había envuelto, reduciéndolos a cenizas en un parpadeo. Me sacudí el polvo, mirando el cráter calcinado. —Y bien... ¿eso es todo? —Jajaja, tan confiado y arrogante como siempre, en verdad... pero mira a tu lado —se mofó Shu desde la distancia. Un presentimiento horrible me obligó a voltear de golpe. Mi rostro se congeló. Mis amigos... estaban siendo masacrados. —¡No! ¡Aléjate de mí! —gritó uno de ellos, intentando correr, pero fue atravesado por múltiples lanzas y hecho pedazos en un instante. —¡Todos huyan! —bramó el líder de los caballeros, desesperado—. ¡Todos, retirada! ¡No podemos ganar contra ellos, Carlos...! Antes de que pudiera terminar la frase, su cabeza explotó, aplastada a mordiscos por un monstruo colosal que lo había emboscado por la espalda. Me quedé en shock, sumido en un silencio sepulcral, mirando la carnicería sin poder reaccionar a tiempo. Corrí con todas mis fuerzas para salvar al resto, pero fue demasiado tarde; todos habían sido asesinados de maneras horribles, cubriendo el suelo con su sangre. Shu me miró con un desprecio absoluto, disfrutando mi parálisis. —¿Ves? ¡Nada ha cambiado! ¿Sigues siendo el más débil, el que se queda sin hacer nada? No eres capaz de hacer algo contra nosotros... No eres más que una simple escoria que no sabe el futuro que le espera ahora. «¿No puedo hacer algo...? ¿Acaso tengo que aceptar que esto pasara... por mi culpa?», me pregunté, mientras la cordura se me escapaba de las manos. De pronto, el cielo diurno respondió a mi agonía. Una tormenta de rayos negros comenzó a caer salvajemente, respondiendo a mi llamado. Las llamas del infierno brotaron de mi cuerpo, liberándose por todo el campo de batalla en una explosión de calor absoluto. —¡Les demostraré lo que es el verdadero infierno de un simple humano que lo ha perdido todo! —rugí, con una voz que ya no parecía humana—. ¡Alguien a quien jamás ustedes podrán derribar! Ling y Shu dieron un paso atrás, impactados por la repentina presión que agrietaba la realidad. —Ling... esas llamas... —susurró Shu, con los ojos abiertos de par en par—. Sí, son las llamas elegidas por ellos mismos, su propia voluntad... Son las llamas del infierno de las que un humano jamás logró escapar en su destino. Eso lo sé porque fuimos testigos de algo que ocurrió hace tiempo, Shu... Pero ahora, en estos momentos, ese tipo está empezando a mostrarnos su verdadera naturaleza... La de un verdadero Demonio Nocturno. En un parpadeo, me moví. Caminé sobre ellos a una velocidad que desafiaba las leyes físicas. Los soldados restantes me atacaron, pero desaparecí de sus campos de visión, apareciendo instantáneamente detrás de Shu. Descendí mi espada mágica con una monstruosidad implacable. Él logró bloquear el golpe inicial con pura desesperación, pero yo seguí avanzando, parpadeando una y otra vez a su alrededor, burlándome de sus intentos por defenderse mientras mis ataques se volvían cada vez más salvajes y brutales. Ataqué una y otra vez, destruyendo sus defensas hasta dejarlos completamente desprotegidos. Canalicé mi maná al límite, desatando mi Poder Nocturno. Alcé mi espada y ejecuté múltiples Cortes Dimensionales que rasgaron el espacio; de las fisuras brotaron espinas de luz pura que cortaron cada parte de sus cuerpos, aunque su resistencia divina los mantenía en pie a duras penas. Me elevé nuevamente en el cielo, dispuesto a caer como un juicio final sobre ellos. Tenía solo 4 segundos para dejarlos muertos y luego encargarme del ejército yo solo... pero algo salió mal. ¡BOOM! Un impacto brutal me golpeó por la espalda, mandándome a volar a una distancia descomunal. Al levantar la cabeza, escupiendo sangre, comprendí la amarga verdad: no estaba luchando solo contra los clanes y los comandantes. El Dios Antiguo había descendido al campo de batalla para masacrarme. —Veo que sigues siendo una molestia, Tanaka Sánchez —dijo el Dios Antiguo, mirándome desde las alturas con una superioridad aplastante—. Deberías entenderlo: tu cuerpo será un gran sacrificio para mis planes. —¿Tus planes...? —escupí el suelo, poniéndome de pie con dificultad—. Planeas usar mi cuerpo solo para que tu patético plan fracase... —¡Insolente...! —rugió él. Tres contra uno. Parece que Gabriel sabía cómo hacerme las cosas difíciles antes de morir, pero esto iba más allá. No creí que el Dios de la Locura y el Dios de la Malicia también estarían aquí, observándome con sonrisas burlonas. —Ustedes son unos traidores... ¿Acaso no éramos aliados? —les grité, apretando la empuñadura de mi arma. —¡Jajaja, ¿aliados?! Por favor, jamás fuimos aliados —se mofó el Dios de la Malicia—. Solo te usamos para saber más sobre ti. ¡Jajaja! ¿Creíste que te ayudaríamos? Todo este tiempo, Carlos, has sido una mala influencia para todos. Tu arrogancia es lo que te condena. ¿Crees que un humano tan mediocre podría contra los dioses? ¿O por qué crees que...? Mis palabras se ahogaron en mi garganta. Mi rostro se llenó de un horror indescriptible, y mi corazón se detuvo por completo al ver lo que el Dios Antiguo sostenía con total indiferencia en su mano: era la cabeza decapitada de mi hermana menor, Karen. El dolor se transformó en una explosión de pura demencia. No pude contenerme más. Exploté. Una luz cegadora e implacable iluminó todo el lugar, atrapándolos a todos en un radio kilométrico. Desde mi interior emergió una densa y oscura aura de un tono azul profundo, haciendo temblar los cimientos del mundo. —¡Los mataré...! ¡Hijos de puta de mierda! —bramé, perdiendo por completo el control de mis actos. —¡Jajaja, vamos! Así es como me gusta que pierdas el control, humano —provocó el Dios de la Locura, extendiendo los brazos—. ¡Demuestra quién es el asesino de este mundo! ¡El asesino de dioses! ¿O me equivoco, Carlos, el Rey Asesino de Dioses Caídos? Desaparecí de su vista utilizando el Voltstrike en varias direcciones a la vez. Sin embargo, ellos anticipaban mis movimientos; lograron detener mis estocadas y hacerme retroceder a base de impactos divinos. Pero yo no me detuve. Avancé desatando las llamas del infierno, cubriendo todo el terreno disponible y liberando una onda de luz de mil mares. El agua de los alrededores me rodeó como si fuera un tornado viviente, fusionándose con el fuego y creando las letales Llamas del Mar de Luz Ardiente. Ataqué sin dudarlo en todas direcciones, mis ojos moviéndose a velocidades inhumanas para predecir cada amenaza. El restallante ejército enemigo cargó en masa, alzando sus espadas en un intento desesperado por apuñalarme. Salté por encima de ellos, frené sus hojas con mis propios pies y liberé una onda de choque expansiva; una bomba de explosión pura que destruyó sus cuerpos desde adentro, convirtiéndolos en polvo. —¿Qué pasa? ¿Eso es realmente todo? —desafié, jadeando, con el aura azul estabilizándose a mi alrededor. —¿Cómo es posible...? —murmuró uno de los comandantes enemigos, antes de girarse hacia sus tropas—. ¡No le tengan miedo a ese ser inferior! ¡Mátenlo! ¡ROAARRR! El cielo se oscureció por completo cuando varios dragones colosales aparecieron de la nada, descendiendo en picada y atacándome con llamaradas destructivas. —¡¿Qué demonios?! —exclamé, retrocediendo lo más rápido posible, esquivando las ráfagas de fuego elemental. Mi mente no lograba procesar la situación. ¿En qué momento los dragones, que se suponía que eran nuestros aliados, me habían dado la espalda? ¿Qué demonios estaba pasando aquí? No lo entendía... ¿Por qué todos se estaban uniendo en mi contra ahora? —No lo entiendes, ¿verdad, Carlos? —se burló Ling a lo lejos, su risa resonando entre los rugidos de las bestias—. Serás ejecutado aquí y ahora... ¡Jajajaja! La desesperación absoluta me golpeó el pecho. Dejé caer mi espada al suelo. Al chocar el acero contra la tierra, todo lo que conocía pareció explotar de golpe. El enemigo aprovechó mi distracción, conectando varias lanzas de diferentes elementos: magia elemental pura y lanzas divinas de Hashinsl atravesaron mi defensa, hiriéndome de gravedad. «Ya no puedo confiar en nadie... Todo el mundo me dio la espalda. Estoy solo contra un mundo que ni siquiera acepta lo que soy... ¿Por qué todos quieren verme muerto? ¿Acaso yo soy el problema? ¿Qué fue lo que hice? ¿Acaso fue el destino... o es este mi único futuro?», pensé, sintiendo el peso de la derrota. «No... esto es obra de que nací destinado a morir aquí, ¿verdad?» Escena 2: El Sacrificio de la Princesa Natsuki Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez (Voltstrike) y la Princesa Natsuki De pronto, un ataque colosal de frío absoluto barrió el campo de batalla, congelando y matando a cientos de soldados y dragones en un instante. ¿Magia de hielo? Giré la cabeza rápidamente, con la respiración entrecortada. La persona que estaba ahí, de pie con su báculo extendido, era la princesa Natsuki. —¡No te distraigas, Carlos! ¡Debes seguir luchando! —me gritó con desesperación, las lágrimas corriendo por sus mejillas—. ¡No dejes que las palabras de ellos te hagan sentir derrotado! ¡Tú por nada de este mundo puedes perder! Tienes que... ¡CHACK! Las palabras de Natsuki se cortaron en seco. Shu apareció detrás de ella, atravesando su pecho con su hoja de manera implacable. —Oye, yo creí que te había matado... ¿Cómo es que sigues viva, humana? —dijo Shu con desdén, retirando el arma con desprecio. Natsuki cayó de rodillas, la sangre brotando de sus labios mientras me miraba con una última y dolorosa sonrisa. —Yo... Car... —¡Nat...! —mi voz se quebró. —Vete de aquí... ahora mismo... Tú... no... —me suplicó, viendo que yo intentaba correr hacia ella para salvarla. Antes de que pudiera llegar, Natsuki comenzó a liberar una inmensa cantidad de maná, activando un hechizo prohibido de su linaje. —Lo lamento tanto, Tanaka Sánchez... Yo, Natsuki, la princesa del Reino Platinum del Amanecer, estoy dispuesta a sacrificar mi propia vida por salvar a una sola persona... ¡Yo invoco a mi ser absoluto! ¡Rey de los Caballeros, yo te nombro...! —¡No! ¡Eso no! ¡Natsuki, nooooo! —grité, extendiendo la mano en vano. —Este es el adiós... —me miró con una profunda nostalgia mientras su cuerpo comenzaba a disolverse en partículas de hielo—. Todo dependerá de ti... Sobrevive hasta el final, Carlos... Porque tú eres el único que puede detener esto. El sacrificio se consumó. Natsuki invocó al legendario Rey de las Tinieblas, Gelbrain. La criatura que apareció era monumental; sus manos terminaban en garras afiladas, su rostro estaba completamente cubierto por un casco oscuro y portaba una armadura masiva y pesada, empuñando dos katanas de hielo puro. El caballero de hielo, la máxima creación prohibida de la familia Yoshida, cobró vida. Con una sola mirada de sus ojos espectrales y un único movimiento de sus katanas, Gelbrain barrió las filas enemigas, masacrando a más de 150 mil soldados en un segundo. Shu, Ling y los propios dioses retrocedieron horrorizados, notando de inmediato la presencia de aquella amenaza de nivel Dios Celestial que no distinguía aliados de enemigos. La muerte de Natsuki dejó una voluntad enorme y destructiva ardiendo dentro de mí. Una llama azul brotó de mi pecho, mostrando un brillo único que estabilizó mis heridas por el momento. Aprovechando el caos sembrado por Gelbrain, corrí lo más lejos posible del epicentro; sabía perfectamente que esa criatura era indomable y que destruiría todo a su paso. «Esto no tiene sentido... ¡¿Cómo demonios podré hacer algo si todos han muerto por mi culpa?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué siempre pasa esto?!», me repetía internamente, sumido en la desesperación más absoluta. Corrí sin mirar atrás, adentrándome en el espeso Bosque de los Espíritus para ganar tiempo. A lo lejos, Shiro seguía luchando tenazmente, habiendo acabado con los enemigos de su sector. Al notar mi retirada y ver mis ojos llenos de una profunda preocupación, Shiro no dudó en dejar su posición para seguirme a través de la arboleda. Escena 3: La Traición en la Sombra Punto de vista: Charlotte (Línea Temporal Anterior) Caminaba por los senderos del reino, sintiendo un silencio sepulcral que me erizaba la piel. —¿A dónde están todos...? —me pregunté a mí misma, mirando las calles completamente vacías. No había un solo alma a la redonda. Preocupada por la anomalía, me dirigí a toda prisa hacia la residencia de la familia Tanaka; quería saber con urgencia si Carlos se encontraba allí a salvo. Llegué a la entrada y toqué el timbre una, dos, tres veces... pero nadie respondía. El pánico comenzó a apoderarse de mí, ya que Carlos siempre me abría la puerta de inmediato con una sonrisa o un gesto amable. —Peróname por lo que voy a hacer... —murmuré, canalizando mi magia sagrada para romper la cerradura de la puerta principal. Entré corriendo a la casa. Busqué en cada habitación, en cada rincón, pero no había rastro de nadie. El lugar estaba desierto. Estaba por dar la vuelta para salir a buscarlo a la academia cuando, de la nada, un impacto tremendo me golpeó, mandándome a chocar con fuerza contra la pared del pasillo. Ahogué un grito de dolor, frotándome la espalda mientras intentaba enfocar la vista en el agresor que se interponía entre la salida y yo. Al reconocerlo, el frío de la traición me congeló la sangre. —¿...Kronos? —Hola, Charlotte. ¿Cómo has estado? —dijo Kronos, saliendo de las sombras con una sonrisa bastante retorcida, macabra y amenazante. —¿Qué significa esto, Kronos...? —pregunté, intentando ponerme de pie, sintiendo la siniestra presión de su aura. —No es nada... Solo que quiero vengarme de ti por el desprecio que has mostrado hacia mí —respondió, dando un paso al frente—. ¿Por qué siempre me rechazas? —¡¿Qué tiene que ver eso ahora?! ¡¿Acaso te golpeaste la cabeza?! —le grité, asustada por la locura que brillaba en sus ojos. —¡Jajaja! —Kronos se movió con una velocidad absurda y me conectó un golpe en el estómago que me hizo escupir un hilo de sangre—. Mira, para serte honesto... eres demasiado hermosa, ¿sabes? Y las personas hermosas son consideradas como las reinas del mundo de los ángeles... Tú... serás mía. —¿Qué...? ¡No! ¡Ni loca dejaré que alguien tan miserable e hipócrita como tú se me acerque! ¡Aléjate de mí! —exclamé, extendiendo mis manos para liberar mi magia sagrada y obligarlo a retroceder. Sin embargo, fue inútil. Con una facilidad pasmosa, Kronos extendió su propia energía y congeló mis manos, anulando mi flujo de maná antes de que pudiera conjurar. —¿Creíste que tu patética magia podría hacer algo ante mí? Qué débil eres en verdad... Tan débil como tu querido Carlos. El terror absoluto me paralizó el cuerpo. Las lágrimas de frustración comenzaron a nublar mi vista al ver cómo se agachaba hacia mí. —Solo relájate... Mientras seas mía, sabrás lo que es sentirse una verdadera mujer —susurró con una malicia pura. Sabiendo perfectamente las monstruosidades que pretendía hacerme, reuní las pocas fuerzas que me quedaban, me zafé de su agarre momentáneo y salí corriendo desesperada hacia el fondo de la casa, buscando cualquier salida. —¡No hay escapatoria, Charlotte...! —escuché su eco a mis espaldas. Traté de saltar por una de las ventanas laterales, pero algo invisible me detuvo en seco. Mi cuerpo quedó completamente inmovilizado en el aire, atrapado por su técnica de restricción. Cerré los ojos, esperando lo peor. —¡No voy a permitir que la toques, hijo de perra! Una voz potente y cargada de una furia justiciera rompió el ambiente. Kratos apareció rompiendo el ventanal principal, interponiéndose entre Kronos y mi cuerpo inmóvil, empuñando su arma con una determinación feroz. —¡¿Kratos?! —grité, con la voz rota por la desesperación. —¡Charlotte! No tienes por qué preocuparte —me respondió él, sin quitarle los ojos de encima al monstruo—. Debemos salir de aquí ahora mismo, antes de... Antes de que Kratos pudiera terminar de formular el plan, una presión espiritual siniestra, titánica y asfixiante cayó sobre la habitación, obligándolo a caer de rodillas contra el suelo de madera, jadeando por el esfuerzo de mantenerse consciente. —Vaya, vaya... Nunca creí que los humanos fueran tan frágiles. ¿Un hombre intentando salvar a esta mujer? ¡Jajajaja! —se burló Kronos, disfrutando ver a Kratos doblegado bajo su poder—. Me divertiré un poco con ella hasta hacerla mía... Tú lo sabías perfectamente, Kratos. Sabías que ella siempre me ha gustado. Creí que éramos amigos... Creí que mi mejor amigo no me daría la espalda. Pero desde que tú y ella empezaron a hablarse y a volverse más cercanos... ¿cómo crees que me lo tomé yo? Kronos dio un pisotón, aumentando la gravedad en el lugar. —Tú no sabes lo que sentí al ser rechazado. Soy popular, tengo buenos estatus, lo tengo todo... ¡Poder, posición! Y aun así, ¿ella me rechazó por ustedes? Eres un maldito traidor, Kratos. —¿Traidor? ¡El único traidor aquí eres tú, maldito infeliz! —le escupió Kratos desde el suelo, forzando su cuerpo para levantar la mirada, con los ojos inyectados en sangre—. ¡Tú eres el traidor! Te saliste con la tuya enviando a tu propio hermano, a Carlos, a una guerra que tú mismo planeaste desde las sombras con el único fin de matarlo... ¿Crees que no me di cuenta de tu jugada? ¿Cómo es posible que alguien con una mentalidad tan mediocre pueda estar tan loco? —¡Jajaja! Parece que ya no puedo ocultarlo... —admitió Kronos, su risa volviéndose completamente desquiciada mientras se encogía de hombros—. Así es. Fui yo quien creó todo este escenario desde el principio. Pero... ¿qué crees? ¿Sabes por qué mis otros hermanos y mis padres ya no están en este mundo? Al escuchar esa pregunta, me tapé la boca con ambas manos, completamente horrorizada y traumatizada por la sospecha que cruzó mi mente. —¡Los maté! ¡Jajaja! ¡Maté a todos y cada uno de ellos solo para conseguir el poder absoluto que quería! ¿Qué pasa, Kratos? ¿No vas a decir nada ahora? —exclamó Kronos, revelando la peor de sus verdades. —¡¿Cómo te atreviste a hacerle eso a tu propia familia...?! —rugió Kratos, la furia otorgándole la fuerza necesaria para romper la gravedad de Kronos y ponerse de pie—. ¡Él te quería como a nadie! ¡Carlos te idolatraba! Y ahora, cuando se entere de la verdad... él ya no te verá como su hermano mayor. ¡Te verá como su peor enemigo! ¡Alguien como tú no merece ser llamado un Tanaka Sánchez! ¡Eres una vergüenza, una porquería de mierda que solo busca el poder y el control del mundo porque una simple mujer te rechazó! ¡Jajajaja, jajajaja! ¡Qué estúpido me saliste, pedazo de basura...!
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Estás leyendo el capítulo 261 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.