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🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 257: El Juicio de Voltstrike y el Dilema del Rey Resucitado
Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez (Voltstrike), Yuki, Kai, Darko / Dios Demonio (Leo Ahriman), Lucía, Yins Shadow y Alicia
Escena 1: Las Voces de la Lealtad y el Favor de Kai
Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez (Voltstrike), Yuki y Kai
Cerré mis ojos por un instante, apartando la mirada de la desagradable silueta de Darko. Concentré toda mi energía mental en el enlace de comunicación, tratando de llegar hasta ella a través de la distancia.
«Yuki...»
«¿Ah? ¿Qué pasa, líder? ¿Todo bien?», respondió su voz en mi mente, con su tono habitual.
«Necesito pedirte un favor... Quiero que vayas a proteger a Charlotte ahora mismo».
Al escuchar ese nombre, ella se quedó en completo silencio a través de la conexión. Pude percibir cómo su rostro se volvía serio y frío de inmediato, contagiando esa tensión al enlace.
«¿Por qué yo tendría que proteger a esa mujer? ¿Acaso no fue ella quien te dio la espalda?», cuestionó Yuki, con un tono cortante y lleno de desconfianza hacia el pasado de Charlotte.
Apreté los dientes, sintiendo la urgencia corriendo por mis venas mientras el aura azul y verde de mi espada única seguía vibrando. No tenía tiempo para dar explicaciones detalladas sobre Kronos ni sobre lo que estaba a punto de ocurrir en la Iglesia de las 7 Sacerdotisas.
«Yuki, te lo estoy pidiendo por favor. Haz lo que te digo, es una orden», le respondí, mi voz tornándose completamente fría y arrogante, dejando claro que no aceptaría una negativa. Sin embargo, la desesperación me obligó a suavizar el tono al final: «Espero que lo entiendas... pero ella es mi amiga y no puedo dejar que le ocurra ese destino cruel. ¡Tengo que salvarla, por favor...! Envíale apoyo ahora mismo».
Al otro lado de la línea, el silencio de Yuki fue sepulcral, asimilando la gravedad y la inusual súplica en mis palabras mientras yo abría los ojos de golpe, listo para arrancar de raíz el obstáculo que tenía enfrente.
El silencio de Yuki a través del enlace se rompió con un sollozo ahogado que me caló hasta los huesos.
«Carlos... yo no... no puedo hacerlo, tú lo sabes bien», confesó con la voz completamente quebrada por el dolor. «El trauma que yo estoy cargando desde que usted fue asesinado en la vida anterior... Sabes perfectamente cómo la pasé yo. Y de cómo ese dios nocturno me traumatizó más en ese mismo día... Su muerte fue lo que más me partió el alma...»
Las palabras de Yuki salieron en un torrente de pura angustia, desnudando una herida que el tiempo no había logrado cerrar.
«Tú siempre te preocupas por los demás en vez de por ti mismo... pero yo... no puedo hacerlo, lo siento», terminó de decir mientras las lágrimas corrían libremente por sus mejillas al otro lado de la línea, reviviendo el horror de haberme perdido una vez.
Antes de que la desesperación o la culpa me impidieran reaccionar, otra voz, firme y decidida, se coló en la comunicación espiritual. Era Kai.
«Tal vez tenga razón, líder», intervino Kai, aportando una madurez necesaria en este momento de crisis. «Si quieres, yo puedo cuidarla junto con Erick y con Inglis. Shalltear también puede estar con nosotros; con ese equipo estará más que segura. Pero antes de eso... quiero pedirle un favor a cambio de esto».
La voz de Kai se volvió tan afilada como una cuchilla, cargada de una sed de justicia absoluta que sintonizaba perfectamente con la furia que hacía hervir mi propia sangre.
«Quiero que mates a ese hijo de puta. Hazlo sufrir como ellos le hicieron daño a Kratos, a Charlotte... y a usted, mi señor».
Corté la comunicación con un asentimiento invisible, abriendo los ojos de golpe en el desierto dimensional. La oferta de Kai me devolvía la paz de saber que Charlotte estaría a salvo, pero también encendía la última chispa que necesitaba mi resolución. Fijé la mirada en Darko.
Escena 2: La Ejecución de Darko y la Caída del Traidor
Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez (Voltstrike) y Darko / Dios Demonio (Leo Ahriman)
El aura azul y verde de mi espada única estalló con una violencia sísmica, liberando relámpagos púrpuras que comenzaron a resquebrajar el suelo bajo mis pies. Ya no había espacio para la piedad ni para la nostalgia de una falsa amistad del pasado. Su propia gente me lo había pedido, y mi alma como Voltstrike lo exigía. Iba a hacerlo pagar por cada una de sus malditas atrocidades.
—Te mataré... —mi voz, distorsionada por una rabia que no era de este mundo, resonó como un trueno en el desierto—. Y una vez que lo haga, no volverás a nacer ni a vivir. Ni siquiera una sombra de tu alma quedará para ser juzgada. Te haré pagar, te haré sufrir... te despedazaré hasta romperte cada una de tus extremidades. ¡Convertiré tu existencia en un verdadero infierno!
Las palabras apenas brotaron de mis labios, pero el efecto fue inmediato. Las llamas del infierno aparecieron por tercera vez, no como un elemento natural, sino como una manifestación física de mi odio absoluto. El entorno comenzó a distorsionarse; la realidad misma se doblaba bajo la presión de una sed de sangre tan pura y maligna que incluso yo sentí cómo mi propia mente flaqueaba.
Sentí un impulso visceral: mi antigua personalidad, la del Carlos de la vida anterior, intentaba abrirse paso desde lo más profundo de mi psique, deseosa de consumir todo con esa violencia primigenia. Pero la mantuve a raya. No dejaría que ese viejo yo tomara el control; esta era la voluntad de Voltstrike, la ejecución de una justicia implacable.
Caminé hacia él. Cada paso que daba hacía que el suelo se fundiera bajo mis botas. Mi espada única había mutado en el proceso, transformándose en una lanza de un brillo sangriento, una punta de energía oscura que parecía beberse la luz del entorno. La punta de la lanza dejaba una estela de vacío absoluto mientras avanzaba hacia él con una intención asesina que hacía que el aire mismo se negara a tocarme.
Darko, al verme, retrocedió un milímetro, su confianza vacilando al ver que la oscuridad que yo proyectaba era mucho más profunda, antigua y cruel que la que él había tomado prestada.
—¿Te asusta ver al verdadero demonio, Darko? —pregunté, mientras la punta de mi lanza comenzaba a chisporrotear con relámpagos púrpuras y fuego infernal—. No te preocupes... esto solo será el principio del fin.
El dios demonio fragmentado intentó levantar una barrera carmesí, pero mi sola presencia hacía que su energía se apagara. Con un estallido de velocidad que ni siquiera dejó estela de luz, acorté la distancia. No hubo danza épica esta vez. No hubo evasión. Enterré la punta de mi lanza sangrienta directamente en su hombro derecho. El impacto generó un crujido seco cuando el arma destrozó el hueso y los músculos, clavándolo contra el suelo desértico.
Darko soltó un alarido de puro dolor que desgarró la atmósfera, mientras las llamas del infierno comenzaban a devorar su carne, impidiendo que la regeneración del dios demonio hiciera efecto.
—¡Esto es por Kratos! —bramé, girando la lanza dentro de su herida sin un ápice de piedad.
Con un movimiento brutal, extraje el arma solo para volver a arremeter, esta vez sepultándola en su rodilla izquierda. El estallido de relámpagos púrpuras pulverizó la articulación por completo, rompiendo sus extremidades tal como se lo había prometido. El suelo alrededor de nosotros se tiñó de un plasma oscuro mientras la dimensión seguía colapsando por la densidad de mi sed de sangre.
Darko me miraba desde abajo, con los ojos inyectados en sangre, despojado por completo de su arrogancia. La voluntad del dios demonio en su interior chillaba de terror ante una fuerza que no podía asimilar.
—¡Espera... Carlos... éramos de la misma academia...! —consiguió balbucear, intentando aferrarse a un pasado que él mismo había pisoteado.
—Ese Carlos está muerto, y tú lo mataste —le respondí con una frialdad que congelaba el fuego a nuestro alrededor.
Levanté la lanza por encima de mi cabeza, concentrando toda la magia elemental residual y el vacío de Schwarzschild en la punta sangrienta. El desierto entero tembló, listo para presenciar la ejecución final del traidor. Podía sentir a la distancia que Kai y los demás ya se estaban moviendo para proteger a Charlotte, lo que me daba la libertad absoluta de terminar con este infierno aquí y ahora.
Dentro de la mente fracturada de Darko, el espacio era un abismo de color rojo oscuro que se caía a pedazos. Mientras su cuerpo real era destruido por mi lanza exterior, en su psicología interna ya no había escapatoria. La entidad que lo había poseído, el dios demonio, se manifestó frente a él, no como un aliado, sino como su peor juez. Mirando la patética esencia de Darko que se desvanecía, el dios demonio soltó una carcajada despiadada que retumbó en las paredes de su mente.
—¡No eres más que un simple cobarde, jajajaja! —dijo el dios demonio con profundo desprecio—. ¿Crees que tú vales la pena? ¿Crees que tú solo eres alguien en esta vida? No, tú no eres nada ni nadie, solo das pena. Eres el ser más patético que he visto en mi vida. ¡No eres capaz! Jamás serás como Carlos Tanaka Sánchez, ni siquiera le llegas a los talones.
El monstruo se acercó a la silueta temblorosa de Darko, humillándolo en su propio subconsciente mientras afuera mis relámpagos púrpuras seguían destrozándolo.
—Él es más hombre y valiente que tú... Él estaría dispuesto a entregar su vida por quienes lo merecen. Pero tú perdiste esa oportunidad, dejaste que esa ambición te domara. Además de eso, solo eres una simple marioneta de Lucifer y de Kronos, al igual que los demás que vivirán ese mismo destino. ¡Y yo solo veré este espectáculo! Porque Carlos me ha mostrado algo interesante... una venganza digna de un verdadero demonio, alguien que haría cualquier cosa con tal de vengarse de quienes le hicieron daño hasta quebrarse por completo, ¡jajajaja!
Con esas palabras resonando en su interior, la mente de Darko terminó de colapsar bajo el peso de su propia mediocridad y traición. El dios demonio se retiró de su control, dejándolo completamente desamparado.
Fuera de su mente, en el desierto real, los ojos de Darko regresaron a la normalidad por un milisegundo, despojados del brillo carmesí. Me miró con un terror puro, dándose cuenta de que lo había perdido todo: su falsa fuerza, el respeto del demonio que lo habitaba y cualquier rastro de la dignidad que alguna vez tuvo en la academia.
Mi lanza sangrienta, cargada con el vacío absoluto, comenzó a descender hacia su pecho para borrarlo de la existencia.
El descenso de la lanza sangrienta fue el veredicto final. Sin un solo rastro de duda, atravesé el pecho de Darko de lado a lado con una fuerza devastadora. El impacto no solo perforó su carne, sino que, en un movimiento continuo y despiadado, mi arma le arrancó el corazón del pecho, reduciéndolo a pedazos en el aire ante el violento flujo de mi energía.
Un grito de dolor absoluto y desgarrador escapó de su garganta; un sufrimiento tan severo e insufrible que ni la misma resistencia del dios demonio que lo habitaba pudo contener. El sonido agudo y agónico resonó en cada rincón del desierto dimensional, rompiendo el silencio de la destrucción. Pero ya no había espacio para sus lamentos. Aquel chillido patético solo consiguió cansarme.
—Solo cállate y muere de una vez, pedazo de mierda —sentencié con una frialdad cortante.
Con un giro rápido y preciso de la lanza, convertí el movimiento en un tajo horizontal perfecto. El corte fue limpio, separando su cabeza del cuerpo en un milisegundo. La presión acumulada de su energía corrupta cedió de golpe y la sangre oscura exploded con violencia justo frente a mí, salpicando el suelo árido mientras su cuerpo caía inerte, desmoronándose finalmente en cenizas negras que el viento del desierto se encargó de esparcir.
La venganza sobre el traidor estaba consumada. Limpié los restos de plasma de mi arma y alcé la mirada hacia el horizonte distorsionado. No había tiempo para celebrar; mi mente se volcó de inmediato en Charlotte y en la Iglesia de las 7 Sacerdotisas.
Escena 3: El Nacimiento de Leo Ahriman y el Paso de la Muerte
Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez (Voltstrike), Dios Demonio (Leo Ahriman), Lucía y Elena
Miré el cuerpo inerte de Darko que yacía tirado sobre la tierra seca del desierto. La furia que me había consumido hace un instante se apagó de golpe, dejando en su lugar un peso amargo. Mi rostro se volvió triste. Cerré los ojos por un momento y miré hacia el cielo grisáceo de esta dimensión rota.
«¿Por qué...? ¿Por qué te convertiste en esa clase de persona...?», pensé, lamentando el trágico final del chico noble que alguna vez conocí en la academia, devorado por el rencor y la ambición.
Giré la cabeza, dejando el pasado atrás, y liberé un último destello: una luz brillante y explosiva de ilusión se disparó directamente hacia el firmamento, disipando los restos de la tormenta elemental que aún flotaban en el aire. Fue entonces cuando una presencia incorpórea comenzó a manifestarse entre los restos de la energía carmesí. El alma del dios demonio, ahora libre de su portador, flotaba frente a mí antes de partir.
—Para ser un simple humano, eres alguien temible, Carlos —dijo el dios demonio, mirándome con una fascinación genuina—. Estaré muy satisfecho si me demuestras esa sed de sangre... esa sed de venganza que corre por tus venas. Eres alguien que se ha ganado mi sincera gratitud. Espero que esto siga así...
Su tono no era de derrota, sino de una tétrica admiración. El alma comenzó a desvanecerse lentamente, lista para abandonar este plano.
—Antes de que te vayas... dime, ¿cómo te llamas? —le exigí, clavando mi mirada en la entidad.
El dios demonio volteó hacia mí, mostrando una sonrisa picada, astuta y llena de secretos.
—Mi nombre es Leo Ahriman —respondió con un eco profundo—. Espero que nos veamos de nuevo, Carlos Tanaka... porque yo ya he vuelto a nacer.
Sin decir más, su silueta se fragmentó por completo, desapareciendo en el aire en un torbellino de partículas moradas que se esfumaron por completo, dejando el desierto en un silencio absoluto.
—Sí... nos veremos de nuevo. Y cuando lo hagamos, me aseguraré de destruirte por completo, Leo Ahriman —susurré para mí mismo, mientras las últimas partículas moradas se extinguían en el aire.
Di la vuelta y caminé alejándome de aquel lugar maldito. Mis pasos eran pesados, pero firmes. La tristeza por lo que había sido de Darko se había transformado en un combustible diferente; mis ojos ya no reflejaban duda, solo buscaban venganza contra Kronos, Lucifer y cualquiera que se interpusiera en mi camino. Tenía que llegar hasta Charlotte, pero antes de salir de esta dimensión desértica, debía pasar por el frente donde el caos aún continuaba.
Más adelante, la densa polvareda comenzó a disiparse, revelando el escenario donde Lucía y Elena se encontraban. El enfrentamiento entre ellas se había congelado por unos instantes debido a la brutal presión que yo había liberado al ejecutar a Darko, pero la tensión seguía en el aire. Lucía sostenía su arma con fuerza, con el sudor corriendo por su frente pero con una determinación implacable en los ojos, recordando su promesa de ser la mejor y demostrarle su talento a sus padres. Elena, por su parte, mantenía esa mirada excitada y salvaje, con sus orejas y cola de lobo moviéndose inquietas, fascinada por el rastro del poder abismal que yo venía dejando a mi paso.
Al verme aparecer entre la niebla del desierto, con la lanza sangrienta aún en la mano y una seriedad aterradora en el rostro, ambas detuvieron cualquier intención de ataque y fijaron sus miradas en mí.
Caminé directamente hacia donde estaban ellas, pasando en medio de su campo de batalla sin disminuir el paso ni un solo segundo. El desierto parecía enmudecer a mi alrededor. Lucía me miró completamente sorprendida, abriendo los ojos de par en par al reconocer mi silueta entre la polvareda y el rastro de destrucción.
—¿C-Carlos...? —alcanzó a articular, con la voz entrecortada, impactada por la densa y oscura vibra que desprendía mi cuerpo.
Pero yo las ignoré a ambas. No me detuve, ni las miré, ni hice el menor ademán de intervenir en lo que estaban haciendo. Seguí avanzando con paso firme hacia la salida de la dimensión, con la mirada perdida en el horizonte, fijada únicamente en mi siguiente objetivo. Mientras caminaba, la lanza sangrienta que llevaba en la mano goteaba hilos de un plasma oscuro que se hundía en la arena seca, dejando un rastro macabro a cada paso.
Elena, que hasta hace un momento desbordaba una emoción salvaje por la adrenalina del combate, se quedó helada al verme pasar a su lado de esa manera tan autómata y fría.
«Carlos, no...», dijo Lucía en mi mente, sintiendo un escalofrío que le recorrió toda la espalda al notar el vacío en mis ojos. «Acaso... ¿acaso mataste a alguien?».
El silencio que dejé tras de mí era sofocante. Lucía y Elena se quedaron estáticas, procesando la aterradora transformación de mi aura, mientras yo me alejaba decididamente para reunirme con Kai, Erick, Inglis y Shalltear. La verdadera cacería contra Kronos acababa de empezar.
Escena 4: La Encrucijada de Sangre: Shiro o la Familia
Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez (Voltstrike), Yins Shadow, Alicia y Zani
—¡Maestro! —la voz de Yins Shadow resonó de golpe a través de las sombras, manifestándose justo frente a mí con una expresión llena de urgencia—. Hay malas noticias... Tu hermano Kronos está junto a Shiro.
—¡¿...?! —me detuve en seco, y la sed de sangre que amenazaba con consumirme se enfocó por completo en ese informe—. ¡¿A dónde?! ¡Dime en qué dirección están ahora mismo!
Antes de que Yins pudiera responder, Alicia dio un paso al frente, interponiéndose en mi camino con una mirada cargada de desesperación y firmeza.
—¡Espera! —exclamó Alicia, tomándome del brazo—. ¡Aún no puedes hacer nada, Carlos! Tienes que calmarte y pensar en una estrategia más inteligente. Tus otros hermanos... ¡Karen y Abrán están en un peligro de muerte inminente! En este preciso momento están luchando contra el Rey de los Héroes... ¡Ha sido resucitado por la reliquia sagrada de Dios! Y eso es extremadamente grave, debes ir a detenerlo ahora mismo antes de que los mate.
El dilema golpeó mi mente como un mazo. Por un lado, Kronos y Shiro estaban moviéndose; por el otro, la vida de Karen y Abrán pendía de un hilo contra un enemigo legendario traído de vuelta por un poder divino.
—¿Pero qué pasa si Lucifer logra su objetivo en el proceso? —intervino Zani, con la voz temblorosa, recordando la amenaza mayor que se cernía sobre todos nosotros si dividíamos nuestras fuerzas o tomábamos la decisión equivocada.
Me quedé en silencio, apretando la empuñadura de mi lanza mientras la energía púrpura y el fuego infernal chisporroteaban a mi alrededor. Charlotte estaba siendo asegurada por Kai y su grupo, pero ahora mi familia del presente estaba bajo ataque directo y Kronos se movía con hilos invisibles.
Continuará...

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Estás leyendo el capítulo 257 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 16 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.