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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 255 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 255: La Verdad de Schwarzschild y el Despertar de Voltstrike Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez, Drako (La Entidad) y el Dragón Oscuro Escena 1: Orgullo Divino y el Arte de la Guerra Físico Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez y Drako —Aunque lo creas o no, para mí no eres más que una basura —le espeté, escupiendo sangre a un lado mientras mi mirada se volvía más desafiante—. ¿Acaso no lo ves, rata de dos patas? ¡Te estoy hablando a tiii! Mientras mis palabras retumbaban como una declaración de guerra, el dios demonio, ofendido por mi insolencia, descargó su pie hacia mí con la fuerza de un terremoto. El impacto fue brutal; fui enterrado directamente en el suelo rúnico, siendo pisoteado bajo su peso divino. Sin embargo, para alguien que ha entrenado bajo las enseñanzas de la familia Tanaka, eso no era nada. Contraje mis músculos y, usando una técnica de dispersión de energía, desvié el peso hacia las capas profundas de la dimensión, evitando que mis huesos se hicieran polvo. Me puse en pie de un salto, sacudiéndome el polvo de la ropa con una frialdad perturbadora. «Es el momento», pensé, sintiendo la adrenalina recorrer cada fibra de mi ser. «Quiero probar mis habilidades en él. Si voy a destruirlo, necesito saber qué tan lejos ha llegado mi dominio físico». Me deshice de la postura de guardia con la espada, clavándola en el suelo y dejando que el dragón oscuro se disipara en sombras que envolvieron mis puños y piernas como una armadura de combate cuerpo a cuerpo. —¿Cansado de los trucos de luz y sombra? —dije, adoptando una postura de combate de artes marciales ancestrales—. Vamos a ver si tu orgullo divino puede soportar el peso de una lucha real, cara a cara. Me lancé hacia él, esta vez sin armas, moviéndome tan rápido que dejé estelas de vacío a mi paso. Mi intención era clara: quería demostrar en el fragor del combate cuerpo a cuerpo cuánto había mejorado, golpeando donde más le doliera a su soberbia. El primer impacto, un derechazo cargado con el peso de toda mi voluntad, fue directo a su rostro, buscando arrancar esa máscara de desdén que tan poco le favorecía. —Nada mal, Carlos... Para ser uno de los mejores guerreros eres fuerte, pero aún no estás a mi nivel —reclamó la entidad con una voz distorsionada por el eco de un millón de años. Antes de que pudiera asimilar el golpe que acababa de conectarle, su silueta esmeralda se difuminó. El demonio corrió hacia mí en círculos, rodeándome a una velocidad tan desquiciada que mis ojos apenas lograban registrar las ráfagas de luz verde que cortaban el aire. El espacio dimensional roncaba con cada una de sus pisadas. No podía verlo directamente. Su velocidad era tan única que, en un pestañeo, el primer impacto entró directo en mi costado. —¡Muere, mortal! —rugió. Me golpeó una y otra vez, moviéndose como un torbellino de demolición. Saltaba sobre mí desde todos los ángulos imaginables, descargando ráfagas de golpes aéreos que hacían estallar el suelo con sus puños rúnicos cada vez que impactaban contra la piedra. El suelo se agrietaba y se convertía en polvo cósmico bajo la brutalidad de su ofensiva divina. Apreté los dientes, forzando mis reflejos al límite absoluto. Moví mi cuerpo con giros milimétricos, esquivando la mayoría de las ondas expansivas de sus puños, aunque la presión del aire me abría pequeños cortes en el rostro y los brazos. Sentía el calor de la destrucción esmeralda rozándome la piel. Dando un salto hacia atrás, acumulé maná en mis talones y retrocedí a una gran distancia, deslizándome sobre el pavimento destruido hasta frenar en seco. Jadeé levemente, limpiándome la sangre de la mejilla mientras mantenía mis puños en alto. La realidad de la situación era innegable: él había ganado terreno, acorralándome en el centro de mi propia dimensión, y su poder seguía aumentando a medida que despertaba por completo. Escena 2: Revelaciones Antiguas: El Origen de Schwarzschild Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez y Drako Hubo un cierto tiempo donde mi núcleo piramidal había alcanzado 12 capas usando mi magia nocturna... Usé mi poder nocturno ante él. Al ver la densidad de la energía oscura que comenzaba a brotar de mis poros, la entidad se detuvo de golpe en mitad de su carrera y me miró fijamente, con los ojos de esmeralda entornados por la sorpresa. —Impresionante... Nunca me imaginé que tú fueras de ese clan... —soltó el demonio, su tono cambiando a uno de genuina intriga histórica. —¿Qué sabes sobre eso? —le cuestioné, manteniendo mis puños imbuidos en la oscuridad, atento a cualquier movimiento en falso. —Bueno, sé de dónde viene el poder Nocturno. En realidad ustedes lo conocen bajo ese concepto, pero su verdadero nombre es... Schwarzschild. Digamos que esta magia y poder fue la existencia más grande que marcó el mundo hace siglos, pero hay personas que tú jamás entenderías y sé que ellos nunca han muerto... ¿Tú dices que hay un dios que se llama el Dios Nocturno? Ese tipo ni siquiera es rival para los Schwarzschild. Ese poder proviene de ahí. Y cómo fue que nació... hubo una persona a la que también le pasó lo mismo, pero de una forma bastante diferente. Si comparamos al Dios Nocturno con esa persona, no le llega ni a las uñas de su escala de poder. El demonio dio un par de pasos lentos, dejando que la presión gravitatoria disminuyera, casi como si estuviera disfrutando de darnos una lección de historia prohibida. —Y la pregunta es... ¿por qué? Las cosas son tan sencillas, niño: ustedes no han conocido nada de lo que son capaces los gigantes, nosotros y los dioses... Ah, y una última cosa. Tú... naciste para traer caos y destrucción, pero pensé que serías ese tipo de persona. Me equivocaba... tú eres distinto a esa persona de la leyenda. Mis ojos se afilaron al escuchar el nombre de Schwarzschild resonar en la dimensión de bolsillo. La revelación de que el poder que yo cargaba iba mucho más allá de un simple dios de este mundo encendió una nueva determinación en mí. No importaba para qué se suponía que había nacido; yo no era el peón de una profecía de hace un millón de años. —Hablas demasiado para ser una reliquia del pasado —respondí, dejando que el poder de Schwarzschild cubriera mi cuerpo por completo, estabilizando mis heridas—. No me importa quién haya sido esa persona, ni el caos que se suponía que debía traer. Yo soy Carlos Tanaka, y voy a terminar con esto ahora mismo. —Dices que el verdadero nombre de la magia y el poder es Schwarzschild... —repetí, procesando el peso de sus palabras mientras contenía la respiración—. Entonces dime... ¿por qué él no está aquí ahora? La entidad soltó una carcajada que distorsionó las ondas gravitatorias a nuestro alrededor. —¡Jajaja! Esa es la pregunta, niño. Ese tipo es alguien que viaja entre mundos... —¿Qué carajos dijiste? —inquirí, apretando los puños mientras la oscuridad de mi energía fluctuaba. —¡Jajaja! ¿O sea que no lo sabes? —se burló el demonio, mirándome como si fuera un ignorante—. Ese tipo es un rey conquistador de mundos en nuestro universo... o mejor dicho, de todas las galaxias que hay en el universo. Algún día lo sabrás. Cuando tú y él se vean cara a cara, sentirás lo que es tenerle miedo al mismo líder. La maldición que te otorgó el Dios General Dragón... parece que él resultó más listo de lo que yo creía. Mis ojos se abrieron de par en par al escuchar ese título. La intriga superó por un segundo mi sed de sangre. —¿También lo conoces? —Por supuesto. Nunca ha perdido ninguna batalla —afirmó la criatura de hace un millón de años, cruzando su único brazo con desdén—. Siempre me pregunté por qué él era tan fuerte, pero él y yo nunca nos enfrentamos. Pero créeme, si tú lo haces, solo te ganarás un viaje con papá Dios, mocoso, jajaja. Sobre todo porque tú tienes mucho potencial para ser incluso más fuerte que ese dios, pero hay algo en ti que te impide ser más destacado en todo... Algo que yo mismo puedo ver, y es el miedo que está emergiendo dentro de tus entrañas, humano. Tal vez sea por una simple razón... El demonio dio un paso al frente, clavando sus ojos esmeralda directamente en mi alma, desnudando mis verdaderas intenciones. —Venganza... ¿no es así? Escena 3: Las Cadenas del Destino y la Sombra de Shiro Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez y Drako —Quieres vengarte de este cuerpo de Darko, ¿verdad? Bueno, aunque no sé el detalle de tus razones, pero lo que me dice es que tú solo deseas verlos morir, verlos sufrir como ellos te hicieron a ti —dijo él mirándome—. Una traición nunca viene del enemigo, sino de las personas en las que tú mismo confiaste. Te dieron la espalda. Hiciste todo lo que ellos te ordenaron y, aún así, fuiste un títere, un juguete desechable que solo era para un rato. Caminé sosteniendo mi espada de la destrucción mirando a aquel chico. «Tal vez tú hayas reencarnado... Por eso siento esa sed de sangre tan perversa, que jamás me había imaginado. ¿Qué tanto te han hecho? Solo eres un humano, es todo, pero lo que yo estoy sintiendo va más allá de las capacidades humanas...» El silencio se apoderó de la dimensión de bolsillo mientras sus palabras flotaban en el aire, densas y pesadas. La mirada esmeralda del dios demonio seguía fija en mí, diseccionando cada uno de mis pensamientos, mientras yo acortaba la distancia con la espada en alto, sintiendo cómo la energía oscura de mi interior respondía a esa insoportable verdad. —Me parece muy lejos que esto sea por venganza... puedo oler el miedo que sientes. ¿Dime? ¿Qué es? ¿Acaso es el miedo a que algún día perderás todo? —continuó el dios demonio, clavando sus palabras como estacas—. De todos modos, ellos van a morir, niño. Tú no puedes hacer nada por cambiar el destino que cada uno de ellos eligió. Las decisiones las tomaron ellos mismos, es por lo tanto que tú jamás podrás entender. Bajé la mirada porque lo que decía él era más que la verdad. Yo solamente no quería quedarme o sentirme solo, pero también hay errores que debemos aceptar y esto no es más que un dolor profundo hacia mí... Caminé sin pensarlo, arrastrando los pies sobre los escombros de la dimensión, sintiendo el peso de mi propia existencia. —Si tus verdades son ciertas, entonces te preguntaré algo... —dije, deteniéndome y levantando los ojos para sostenerle la mirada—. ¿Por qué soy el único que sobrevive a estas desgracias? Él se quedó impactado ante mi pregunta. Por un instante, la arrogancia de su rostro se desvaneció, reemplazada por una seriedad absoluta. Luego, me respondió: —Carlos Tanaka Sánchez... eso no lo sé. Porque tu destino aún no ha sido seleccionado. ¿Por qué razón? La respuesta es más que clara: tú terminarás pagando por cada tropiezo, cada error, cada caída caerá sobre tus hombros. Va a haber un momento donde ellos necesitarán de tu ayuda; cuando sepan lo que tú realmente eres, serás solo una herramienta para destruir todo. Te usarán solo para que ellos no hagan nada. Tú y esa niña llamada Shiro están conectados a un destino que solo les traerá dolor en lo absoluto. Las palabras del dios demonio resonaron como campanas de iglesia en un pueblo fantasma. El nombre de Shiro flotando en ese aire corrupto me golpeó con más fuerza que cualquiera de sus puños rúnicos. Sentí cómo la energía de Schwarzschild en mis entrañas daba un vuelco violento, volviéndose inestable, alimentándose de la desesperación y el dolor profundo que intentaba sepultar. —¿Una herramienta...? —susurré, y la espada de la destrucción vibró con un zumbido agudo, respondiendo a la furia fría que empezaba a entorpecer mis sentidos—. ¿Conectados a un destino de dolor? El dios demonio dio un paso lateral, rodeándome con la parsimonia de quien se sabe dueño de la verdad absoluta. La silueta esmeralda de Darko parecía distorsionarse cada vez más, volviéndose una sombra gigantesca a sus espaldas. —Así es, Carlos —siseó, disfrutando del veneno que acababa de inyectar en mi mente—. Mírate. Ya estás cargando con el peso de los errores de otros, esperando una redención que nunca va a llegar. ¿De qué te sirve sobrevivir a cada desgracia si solo te mantienes en pie para ver cómo el mundo se desmorona a tu alrededor? Cuando el momento llegue, cuando ellos descubran la naturaleza de esa oscuridad que llamas magia Nocturna... te mirarán con el mismo terror con el que me miran a mí. —¡Cállate! —esta vez no fue un murmullo. El grito desgarró mi garganta y cortó la distancia entre nosotros. Me lancé hacia adelante, arrastrado por un impulso ciego, sin estrategia, solo con la pura necesidad de silenciar esa voz que desnudaba mis miedos más oscuros. Levanté la espada con ambas manos, concentrando toda la densidad gravitatoria que mi cuerpo podía soportar, dispuesto a partir en dos el destino cruel que me acababa de profetizar. Él detuvo mi ataque con la mayor facilidad, frenando el filo destructor con un solo dedo imbuido en su energía esmeralda, anulando por completo la densidad gravitatoria de mi golpe. —Te lo había dicho, tú no estás a mi nivel —se burló el dios demonio, mirándome desde arriba con desprecio—. Tú solo eres un experimento para ellos, ¡jajajaja! ¿Qué pasará ahora? Ya te lo dijo él: si me matas, todo este lugar será destruido. Yo soy un fragmento de la droga, hay más de miles que la están consumiendo. Pero cuando llegue esa lucha de desgaste, sabrás que el inicio no tendrá un final feliz. Solo estás haciendo que todo se vaya tan rápido. Escena 4: La Fusión de Armas y el Surgimiento de Voltstrike Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez y Drako Retrocedimos en un parpadeo, tomando distancia sobre el suelo agrietado, pero la furia y la desesperación no me dejaron respirar. Atacamos de nuevo, lanzándome hacia el frente en un choque brutal de voluntades. En ese instante de máxima tensión, el aire se desgarró y mi dragón apareció en la dimensión de bolsillo, rugiendo con una fuerza que hizo temblar las paredes invisibles del lugar. La imponente criatura se abalanzó sobre el dios demonio, atacándolo con sus escamas oscuras, las cuales se desprendían y cortaban el aire como cuchillas de pura energía sombría, buscando despedazar el cuerpo de Darko y frenar de una vez por todas sus palabras malditas. El dios demonio soltó un gruñido de sorpresa cuando la ráfaga de escamas oscuras impactó de lleno contra su barrera esmeralda. Las cuchillas sombrías del dragón resonaron como truenos al chocar contra su defensa, agrietando el escudo de energía y obligándolo a retroceder varios metros por primera vez en toda la batalla, arrastrando los pies sobre el suelo destruido. —¡Maldita lagartija! —rugió la entidad, limpiándose un leve rastro de sangre negra que brotaba de la mejilla de Darko—. Veo que tu mascota tiene más agallas que tú, Carlos. El dragón se posicionó a mi espalda, batiendo sus enormes alas oscuras y exhalando un humo denso que comenzó a mezclarse con mi magia de Schwarzschild. Sentir la presencia de mi compañero calmó por un segundo los latidos erráticos de mi corazón. No estaba solo. No importaba si el destino era una mierda o si Shiro y yo estábamos condenados al dolor; no iba a dejar que un fragmento de una maldita droga dictara el final de mi historia. —No metas a mi dragón en esto —dije, acomodando el agarre en la espada de la destrucción mientras la energía Nocturna fluía desde mis pies, conectándose con las sombras de la criatura—. Dijiste que esto es una lucha de desgaste... ¡Pues veamos quién se desgasta primero! Aprovechando la cobertura del humo oscuro, me impulsé hacia adelante una vez más. El dragón rugió en sintonía conmigo, lanzando una llamarada de fuego negro directamente hacia el dios demonio, mientras yo me camuflaba en la oscuridad, buscando el punto ciego de su imponente presencia esmeralda para conectar el golpe definitivo. Es ahora o nunca. Bajé mi espada, cruzándola en el aire con la espada nocturna en un movimiento rápido y preciso. Al hacer contacto, ambas armas resonaron con un eco violento, y las dos energías —la gravedad destructiva y la oscuridad pura de la noche— comenzaron a entrelazarse, devorándose y complementándose la una a la otra. El destello fue cegador. De la fusión emergió una espada mágica y única, una hoja de un negro tan profundo que parecía absorber la luz de la dimensión, envuelta en un aura de relámpagos púrpuras y sombras vivientes. El peso del arma en mis manos era colosal, pero mi resolución lo era aún más. Con el dragón cubriendo mis espaldas y el poder absoluto fluyendo por mis brazos, clavé la mirada en el dios demonio. Ya no había dudas en mí, ni miedo a lo que dijeran sus profecías. —No dejaré que tú ni nadie mate a nadie —sentencié, y mi voz resonó con una fuerza distorsionada por el poder de la nueva espada—. ¡Yo soy el que decide quién muere y quién vive! El dios demonio abrió los ojos de par en par, perdiendo por primera vez esa sonrisa de superioridad al sentir la presión desbocada de mi nueva arma. Sin darle tiempo a reaccionar, di un paso al frente, rompiendo el suelo bajo mis botas, y descargué un tajo vertical ascendente. La onda de choque de energía mágica y nocturna cortó el espacio mismo, dirigiéndose directo hacia él para poner fin a sus burlas. Nuestras miradas se cruzaron en el camino. Él comenzó a liberar su aura, una energía roja oscura con un tono brillante que distorsionaba el espacio a su alrededor y hacía crujir los escombros de la dimensión. Yo no me quedé atrás. Sosteniendo con firmeza mi espada única recién creada, también liberé mi propia aura: un torrente de energía azul y verde que resplandecía con una intensidad salvaje, contrastando violentamente con las sombras que nos rodeaban. El choque invisible de nuestros poderes hizo que el aire se volviera denso y casi imposible de respirar. Lo miré fijamente a los ojos, dejando que la fuerza de mi verdadera identidad fluyera sin contener nada. —Te demostraré quién soy yo en realidad... —sentencié, mientras los rayos púrpuras de mi arma se fusionaban con el brillo azul y verde de mi poder—. ¡El demonio nocturno conocido como Voltstrike! —Tú y yo... ¡Uno de nosotros saldrá con vida! —rugí, y las palabras sellaron el destino de ese enfrentamiento. El dios demonio soltó una carcajada estridente que resonó en cada rincón de la agonizante dimensión de bolsillo. El aura roja oscura que lo envolvía se volvió aún más intensa y brillante, extendiéndose como tentáculos de fuego de sangre que buscaban devorar mi resplandor azul y verde. La presión era tan brutal que las pocas rocas flotantes que quedaban en el cielo se pulverización al instante. —¡Esas son las palabras que quería escuchar, Voltstrike! —gritó él, aceptando el desafío con una locura desbordante en su mirada—. ¡Muéstrame de qué está hecho el demonio nocturno! ¡Veamos si tu voluntad puede romper las cadenas de este experimento! El suelo entre nosotros terminó de colapsar, dejando solo un abismo oscuro. Sin dudarlo un solo segundo, ambos nos impulsamos al mismo tiempo hacia el centro del vacío. El choque fue inminente. Mi espada única, cargada con la esencia de la noche y el brillo de mi aura, colisionó de frente contra el torrente rojo oscuro del dios demonio. Una explosión de luces de colores azul, verde y carmesí desgarró el firmamento dimensional, mientras el rugido de mi dragón acompañaba el impacto, listos para decidir de una vez por todas quién se quedaría con este mundo. Continuará...
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 255

Estás leyendo el capítulo 255 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 13 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.