Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 254 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 254: La Resurrección del Abismo y la Sombra de hace un Millón de Años
Punto de vista: Carlos Sánchez, Darko (Drako) y la Entidad Antigua
Escena 1: El Juicio de la Sangre y la Promesa de los Tanaka
Punto de vista: Carlos Sánchez y Darko
Darko, arrodillado entre los escombros y presionando con su única mano el muñón sangrante de su brazo izquierdo, me miró desde el suelo. La luz negra que antes emanaba de su cuerpo ahora parpadeaba de forma errática, desestabilizada por la pérdida del miembro y por el terror absoluto que mi presencia le infundía. La soberbia que había mostrado frente a Miguel se había disuelto, reemplazada por el pánico de quien sabe que está frente a su verdugo.
—No... tú no deberías estar aquí... —rompió a decir, con los dientes apretados y la voz quebrada—. ¡Este era mi momento! ¡Kronos me prometió la salvación si destruía a Miguel!
—Kronos solo te usó como el peón miserable que eres —respondí, dando un paso al frente. El sonido de mis botas sobre la piedra rota marcaba el final de su tiempo—. Hace treinta y dos años, tu estirpe causó una herida que la familia Tanaka no ha olvidado. Hoy vine a cobrar cada gota de esa sangre.
Mei aprovechó ese instante para retroceder lentamente, cargando con el cuerpo malherido de Miguel, alejándolo de la zona de impacto inminente. Miguel mantenía la vista baja, con las lágrimas aún limpiando el polvo de sus mejillas, asimilando mis palabras y aceptando, por fin, que su valor ya había sido más que demostrado.
Darko intentó ponerse de pie, tambaleándose. Con un grito desesperado, usó la energía oscura restante para proyectar una ráfaga de lanzas negras con su mano derecha. Eran ataques rápidos, nacidos del puro instinto de supervivencia, pero para mis ojos, se movían en cámara lenta. Giré el torso con suavidad, dejando que la primera lanza pasara de largo, destrozando una columna a mis espaldas. Con dos movimientos secos de mi espada, desvié las siguientes, dispersando la magia corrupta en simples chispas que se apagaron antes de tocar el suelo.
No necesité correr; caminé con total parsimonia hacia él, rompiendo su distancia y su guardia sin el menor esfuerzo.
—Se acabó, Darko —dije, deteniéndome a un metro de él. Levanté mi arma, apuntando directamente a su pecho.
El maná que fluía por mi hoja no era caótico ni destructivo como el suyo; era una energía pura, concentrada y fría, el legado directo de las enseñanzas de mi padre. Darko abrió los ojos de par en par, viendo el reflejo de su propia muerte en el acero antes de que el corte final descendiera.
Escena 2: La Droga del Dios Demonio y el Choque del Rayo
Punto de vista: Carlos Sánchez y Darko
—¡Hahahahahahaha, qué gracioso, verdad...! Pero ya es tarde... —se mofó Darko, soltando una carcajada desquiciada que heló la sangre en el aire.
De pronto, la poca cordura que le quedaba desapareció. Sus ojos se volvieron brillantes como una esmeralda, destellando con una luz tóxica y sobrehumana que distorsionó por completo sus facciones. El muñón de su brazo izquierdo dejó de sangrar, sellándose con una costra de energía verdosa y purulenta.
—¡Qué demonios...! —exclamé, interrumpiendo mi avance.
Me alejé de un salto, retrocediendo varios metros para poner distancia mientras sentía cómo la presión atmosférica del laberinto se volvía insoportable, aplastante. Un presentimiento nefasto me recorrió la espina dorsal.
—No me digas que...
—¡Jajaja! ¿Qué estúpido, no? —gritó Darko, flotando a escasos centímetros del suelo mientras el aura esmeralda agrietaba las paredes a la redonda—. ¡He consumido la droga del dios demonio de la destrucción! ¡Jajaja! ¿Ahora qué harás, Carlos? ¿Me matarás sabiendo que si me cortas, este patético lugar va a desaparecer?
El maná de la droga estaba ligado directamente a los cimientos del laberinto; si su corazón dejaba de latir, la energía acumulada estallaría, sepultándonos a todos. El maldito nos estaba arrastrando a una mutua destrucción.
No dudé. Me puse en guardia usando mi espada sangrienta, dejando que el acero absorbiera la esencia de mi propia furia. El filo vibró, respondiendo al peligro de muerte inminente.
—No me importa el lugar —sentencié con los ojos fijos en él.
Corrí hacia él a una gran velocidad usando el Dios del Rayo. Destellos eléctricos de un azul eléctrico y dorado estallaron bajo mis botas, rompiendo la barrera del sonido en un parpadeo. Aparecí justo frente a su rostro transformado, descargando un tajo descendente con toda mi potencia. Darko levantó su mano derecha, materializando una hoja de pura energía esmeralda.
El impacto fue cataclísmico. Comenzamos a golpear con nuestros choques de espadas a una gran rapidez destructiva, moviéndonos tan rápido que solo las ondas de choque y los destellos de luz —azul, roja y verde— marcaban nuestras posiciones. Cada colisión hacía temblar los pilares del cuadrante, destrozando el suelo rúnico y convirtiendo el aire en un torbellino de pura violencia mística.
«Esto no tiene sentido... Si él realmente está usando eso, entonces esto será un gran problema para mí», pensé mientras la presión esmeralda amenazaba con reventar mis tímpanos. «Tendré que usar mi poder, aunque me cueste...»
El costo de liberar mi verdadero arsenal místico era alto, pero el destino de la familia Tanaka y la vida de Miguel estaban en juego. A pesar del peligro inminente de colapsar todo el laberinto, una sonrisa bastante desafiante salió en mi rostro. Mis ojos se afilaron, fijos en su mutación.
—Al menos te haré sufrir, maldito perro asqueroso de porquería... —sentencié entre dientes.
No le di tiempo a parpadear. Desaparecí como un gran destello, quebrando las leyes del espacio al aparecer justo sobre él usando mi magia de teletransportación. El aire crujió por el violento cambio de presión en el cuadrante. Estando a escasos centímetros de su punto ciego y usando mi arma con ambas manos, concentré todo mi maná en el filo, haciendo que la hoja sangrienta brillara con un fulgor blanco y abrasador que disipó la niebla verdosa a nuestro alrededor.
—¡Primera técnica de la espada: Luz floreante de escamas de sol! —rugió mi voz, resonando como el mismísimo juicio final.
El ataque descendió no como un simple corte, sino como una explosión de destellos solares superpuestos que simulaban pétalos de luz incandescente y escamas doradas. Cada ráfaga de luz floreante impactó contra la barrera del dios demonio de la destrucción, comenzando a purificar y calcinar la energía esmeralda de Darko a una velocidad vertiginosa.
Escena 3: El Dragón Oscuro y la Supernova de Fuego Divino
Punto de vista: Carlos Sánchez y Darko
Varios ataques de energía esmeralda se dirigieron hacia mí a una velocidad destructiva. Reaccioné al instante, moviendo mi arma con precisión milimétrica; los detuve con mi espada, desviando los impactos justo atrás mío. Las ráfagas malditas pasaron de largo y varias explosiones resonaron por todos lados, agrietando los muros del laberinto y levantando columnas de fuego verdoso que hacían temblar la estructura entera.
El humo y los escombros volaban a mi alrededor, pero mantuve la calma en medio del caos. Cerré mis ojos por un breve segundo, concentrando mi maná en el núcleo de mi energía y dejando que la sed de sangre acumulada fluyera libremente.
—Despierta... —susurré.
El suelo se abrió en grietas negras y una densa neblina sombría brotó del pavimento rúnico, invocando a mi dragón oscuro. La colosal criatura emergió de las sombras, batiendo sus alas de pura energía nocturna, y rugió con mayor amenaza, un sonido tan aterrador que hizo vibrar los cimientos del mismísimo inframundo. Sus ojos destellaban con un hambre voraz, queriendo devorar todo lo que encontrara a su paso, fijando su mirada asesina directamente sobre la mutación de Darko.
Abrí los ojos, ahora completamente sincronizado con la bestia, y miré al sorprendido enemigo con una sonrisa implacable. Esta batalla sería dos contra uno, y el dios demonio de la destrucción estaba a punto de conocer el verdadero terror de la familia Tanaka.
Darko dio un paso atrás, con los ojos de esmeralda abiertos de par en par mientras la colosal silueta del dragón oscuro proyectaba una sombra de muerte sobre su cuerpo mutado. El pánico, diluido por la droga destructiva, volvió a golpear su mente al comprender que su as bajo la manga no sería suficiente para frenar lo que se le venía encima.
—¡No...! ¡Esto es imposible! ¡Se supone que yo tenía el poder absoluto! —bramó, desquiciado, mientras el aura verdosa de su cuerpo comenzaba a agitarse con violencia, respondiendo a su inestabilidad emocional.
—Tu poder no es más que un préstamo barato con fecha de caducidad —sentencié, levantando mi espada sangrienta mientras el dragón a mis espaldas abría sus fauces, acumulando una densa esfera de fuego negro en su garganta—. Te lo advertí, Darko. Hoy pagas la deuda.
Con un rugido ensordecedor que hizo retumbar los rincones más profundos del laberinto, el dragón oscuro se lanzó al ataque. La bestia batió sus alas, generando una onda de presión que pulverizó los escombros flotantes, y descargó un zarpazo cargado de energía sombría directamente hacia el enemigo. Al mismo tiempo, yo me impulsé hacia el frente, aprovechando la distracción para flanquearlo por la derecha, moviéndome como un espectro entre las sombras colonizadas por mi invocación.
Darko, acorralado en un auténtico dos contra uno, levantó una barrera de cristales de esmeralda flotantes en un intento desesperado por frenar las garras del dragón. Las dos fuerzas colisionaron con un crujido espantoso; la energía destructiva de la droga y la oscuridad pura de mi criatura comenzaron a devorarse mutuamente, generando chispas tóxicas que derretían la piedra rúnica al contacto.
Aparecí justo a su lado, aprovechando el punto ciego que dejó al defenderse del dragón. Con una velocidad que desafiaba sus sentidos mejorados, deslicé mi espada en un tajo ascendente apuntando directamente a su costado desprotegido. El acero brilló con el remanente de la Luz floreante, listo para desgarrar la última línea de defensa del maldito.
Pero algo andaba mal...
—¿Qué demonios me está pasando...? —exclamé, mientras un dolor indescriptible y punzante me paralizaba a mitad del ataque.
Escupí una gran bocanada de sangre y todo mi cuerpo estalló en espasmos, como si algo monstruoso y ajeno dentro de mí quisiera despertar a la fuerza. El maná del dragón oscuro y mi propia energía comenzaron a volverse caóticos, quemando mis venas desde el interior.
«No... ¿acaso voy a perder mi humanidad? Esto no puede ser...», pensé con desesperación, sintiendo cómo el delicado equilibrio de mi poder se resquebrajaba.
Darko, a pesar de estar herido, vio mi flaqueza y dejó escapar una risa ahogada, aunque él mismo se estaba desintegrando.
—Lo sabía... —suspiré pesadamente, obligándome a mantener los ojos abiertos mientras miraba la grotesca escena.
El poder del dios demonio de la destrucción es algo sumamente peligroso para un humano que ni siquiera es capaz de controlarlo de forma natural. Las palabras de Shirou resonaron en mi mente de cuando Alan estaba a punto de ser desfigurado por su propia tumba: las consecuencias son simples. Si no cumples los requisitos mínimos para dominar una fuerza de ese calibre, se necesita un entrenamiento riguroso que Darko claramente no tenía. Un humano normal simplemente no puede acceder al nivel dios sin pagar el precio, y por eso es que él está tan débil en ese aspecto físico, siendo devorado por su propio logro. Muy integrado a esto, sé perfectamente que mi hermano sabe sobre los efectos de esta droga, y aún así la está usando con ellos. Pero es una pena, ¿no? Aunque mate a Darko aquí mismo, aún quedan algunas personas a quienes debo matar... y no dejaré a nadie con vida.
De repente, Darko perdió el control por completo. Su cuerpo mutado no soportó más la presión y una magia descomunal, caótica y deforme salió disparada de su cuerpo en todas direcciones, expandiéndose como una supernova esmeralda dispuesto a borrar el cuadrante entero.
—Parece que esto es... algo difícil —mascullé, tragándome el dolor de mi propia crisis interna.
—¡Magia de rango 24: Barrera Nocturna! —rugió mi voz.
Invoqué el hechizo prohibido en un parpadeo. Una cúpula de oscuridad absoluta, densa como el vacío del espacio, se materializó a mi alrededor. Usé mi magia para cubrir todo mi cuerpo al límite, comprimiendo la barrera rúnica al máximo para resistir el impacto de esta destrucción masiva que amenazaba con colapsar los cimientos del laberinto.
A pesar de la inestabilidad que amenazaba con devorar mi propia humanidad, la conexión con mi invocación no se rompió. Mi dragón oscuro voló con un batir de alas ensordecedor, elevándose por encima de la tormenta esmeralda mientras cargaba su ataque: Aliento de dragón de oscuridad. Su rugido de ultratumba y su torrente de llamas negras envolvieron directamente la titánica masa de energía descontrolada que emanaba de Darko.
Aprovechando la cobertura de la Barrera Nocturna, concentré el remanente de mi maná en el filo de la espada sangrienta, cambiando el atributo de la luz al fuego divino. El metal se encendió en un fuego carmesí y dorado tan intenso que distorsionaba el aire.
—¡Técnica de la espada: Llamas flameantes del fénix! —rugí, descargando un tajo ascendente.
Nuestros ataques se combinaron en el centro del cuadrante. La fusión del fuego del fénix, el aliento oscuro del dragón y la magia descontrolada del dios demonio provocó una reacción en cadena catastrófica. Una auténtica bomba atómica de energía mágica devoró todo el laberinto, expandiéndose con una onda expansiva que habría borrado la región entera del mapa. Antes de que la destrucción alcanzara el mundo exterior, reaccioné usando mi mundo dimensional, aislando el espacio del laberinto en una dimensión de bolsillo para que todo el lugar de afuera no saliera afectado por la magnitud del impacto.
El destello cegador se disipó lentamente, revelando un escenario completamente calcinado y desprovisto de materia.
Escena 4: El Soberano de la Era de los Gigantes
Punto de vista: Carlos Sánchez y Drako (La Entidad)
Sin embargo, entre la densa humareda y los residuos de maná, una silueta permanecía de pie. Darko salió ileso de mi ataque. Pero su postura era perfecta, su cuerpo ya no temblaba por la sobrecarga y su voz ya no era la misma. La persona que estaba frente a mí ya no era el contrincante patético de antes; los ojos esmeralda ya no brillaban por la droga, sino por una conciencia antigua, maligna y superior que había tomado el control absoluto de su recipiente.
Ahora él... era otra cosa.
—Jajaja... Al fin he vuelto a nacer —pronunció la entidad, extendiendo su única mano hacia el vacío dimensional mientras probaba la densidad del aire—. Hacía un millón de años que no disfrutaba de esta libertad. Ahora cumpliré con mi papel, ahora que los gigantes ya no están aquí... ¡Jajaja!
La risa de la entidad de hace un millón de años resonó en las paredes de mi dimensión de bolsillo, con un eco tan pesado que parecía aplastar físicamente el aire. Ya no quedaba nada de Darko en ese cuerpo; la droga del dios demonio de la destrucción no era un simple potenciador, era una llave, un puente para que un ser de la era de los gigantes reclamara un recipiente en el presente.
Apreté los dientes, ignorando el dolor punzante en mi propio pecho mientras desactivaba la Barrera Nocturna. El cansancio empezaba a acumularse, pero no podía permitirme un solo segundo de debilidad frente a lo que sea que tuviera enfrente. Mi dragón oscuro se posicionó a mi lado, emitiendo un gruñido bajo, con sus ojos fijos en la imponente presencia verde.
—Así que un dios demonio... —dije, limpiándome un hilo de sangre de la comisura de los labios con el dorso de la mano—. No me importa de qué era vengas, ni qué pacto hayas hecho con él. Estás en mi terreno ahora.
La entidad giró la cabeza hacia mí, mirándome con una profunda indiferencia, como si yo fuera un simple insecto que interrumpía su glorioso regreso.
—¿Tu terreno? Pequeño mortal, las dimensiones no son más que juguetes para los de mi clase —respondió la criatura, y con un simple movimiento de su mano, la energía esmeralda a su alrededor comenzó a estabilizarse, manifestando una presión gravitatoria que hizo crujir los bordes de mi propio mundo dimensional—. Tu técnica de fuego y luz fue interesante, pero este cuerpo ahora le pertenece a un verdadero soberano de la destrucción.
Antes de que pudiera predecir su movimiento, el suelo debajo de mí disappeared. La entidad no necesitó teletransportarse; simplemente reescribió la distancia entre nosotros en un parpadeo. Apareció frente a mí con los ojos encendidos en un brillo esmeralda absoluto, levantando su único brazo envuelto en una densa capa de materia oscura y destructiva, listo para probar si mi humanidad resistiría su primer ataque divino.
Su ataque se dirigió hacia mí haciendo estallar el lugar, arrasando con todo a su paso. Por mi mala suerte, esta vez no salí tan ileso; la onda expansiva colapsó las estructuras dimensionales y quedé atrapado dentro de la explosión. La energía esmeralda me golpeó de lleno, desgarrando mi ropa y dejando quemaduras superficiales por mis brazos y torso.
Me apoyé en mi espada sangrienta, usando el filo para estabilizarme mientras tosía por el humo denso. Al levantar la mirada hacia la entidad, analicé el flujo de su maná y una realización me golpeó.
—Parece ser un demonio... —murmuré, forzando una sonrisa a pesar del dolor—. Supongo que no has recuperado todo tu poder al cien por ciento. Eso quiere decir que tú...
Me puse de pie lentamente, dejando que el dragón oscuro se posicionara a mi espalda como un escudo viviente.
—Aún no estás muerto, pero tampoco estás en resurrección completa. Espera un segundo... si esto es posible, entonces tu corazón... tu verdadero corazón original sigue con vida. Es por eso por lo cual tu existencia de hace un millón de años ha sido alterada al manifestarte en este recipiente. Ya veo, ya veo... En ese caso, me voy a asegurar de que no seas revivido. ¡Destruiré cada maldita droga aunque me cueste mil años, para que así no vuelvas a despertar jamás, demonio!
La entidad se me quedó mirando fijamente por un instante, el silencio reinó en la dimensión de bolsillo, y de repente, su rostro se distorsionó en una mueca de burla absoluta. Una carcajada seca y retumbante escapó de sus labios.
—Nunca nadie me había hecho reír tanto como tú —soltó la deidad de la destrucción, cruzándose de brazos con total desdén—. ¿Qué eres? ¿Un payaso de circo contratado para darme un par de chistes antes de morir? Crees que puedes detener el avance de lo inevitable con simples amenazas, mortal. El nombre es Drako.
Continuará...

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Capítulo 255
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 254
Estás leyendo el capítulo 254 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 13 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.