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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 253 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 253: El Despertar del Titán y la Sangre de la Venganza Punto de vista: Miguel, Darko, Mei y Carlos Sánchez Escena 1: La Lanza de Plasma y la Ruptura de la Fe Punto de vista: Darko y Miguel Darko se apoyó sobre ambas manos en el suelo, temblando violentamente mientras intentaba bocanar aire. La sangre goteaba desde su barbilla, salpicando las runas rotas del pavimento. Una risa ronca, rota por la tos, comenzó a escapar de su garganta, transformándose rápidamente en una carcajada desquiciada que resonó con eco en las paredes del laberinto. —¿Mi tumba...? —escupió, levantando el rostro con una mueca de pura demencia—. ¡No me vengas con tus discursos de superioridad, Miguel! ¡Tú no sabes nada! Con un último esfuerzo supremo, Darko se impulsó hacia arriba. No le importaba el daño interno, no le importaba que sus músculos se estuvieran desgarrando bajo la presión de su propia magia. Extendió ambas manos hacia el cielo y el maná de sangre que le quedaba brotó de sus poros en hilos escarlatas, conectándose directamente con los charcos de sangre de los estudiantes caídos que decoraban los pasillos cercanos. —¡Si voy a caer, me aseguraré de arrastrarte conmigo al mismísimo infierno! —rugió. Toda esa masa de sangre flotante comenzó a condensarse a una velocidad alarmante sobre su cabeza, moldeándose en la forma de una gigantesca lanza de plasma carmesí. La presión gravitatoria del ataque era tan inmensa que el suelo debajo de Darko comenzó a hundirse, formando un cráter perfecto. El aire alrededor se volvió caliente, pesado y difícil de respirar. Observé la escena sin mover un solo músculo. Mi flujo místico fluyó con suavidad, adaptándose a la creciente amenaza, mientras la luz azulada de mi propia energía comenzaba a repeler la neblina roja que intentaba devorarme. —Esta es tu última línea, Darko —dije en voz baja, dando un paso al frente con total parsimonia. Él no respondió con palabras. Con un grito desgarrador, descargó sus brazos hacia el frente, proyectando la gigantesca lanza de sangre directamente hacia mi posición. El ataque avanzó partiendo el suelo en dos, levantando una tormenta de rocas y polvo que amenazaba con sepultar todo el cuadrante. En lugar de esquivar, tensé mi pierna derecha y me impulsé hacia adelante, yendo directo al encuentro de la masa destructiva. Desenvainé mi espada en un movimiento imperceptible para el ojo humano, concentrando cada pizca de mi energía en el filo de la hoja. Al entrar en contacto con la punta de la lanza, no hubo una explosión inmediata; en su lugar, ejecuté un corte diagonal perfecto, imbuido en una técnica de dispersión rúnica. El acero cortó la magia de sangre como si fuera simple agua. La colosal lanza se partió limpiamente en dos mitades perfectas, desviando la energía destructiva hacia mis costados, donde estalló contra los muros del fondo, colapsando el techo del laberinto en una lluvia de escombros. Crucé a través del humo remanente antes de que Darko pudiera siquiera parpadear. Para cuando la luz de las explosiones laterales se disipó, yo ya me encontraba a centímetros de él. Detuve mi avance en seco, con la punta de mi espada rozando suavemente la piel de su garganta. Darko se quedó completamente congelado, con los ojos abiertos de par en par y la respiración suspendida. El silencio volvió a reinar en el cuadrante sur, roto únicamente por el crujido lejano de las piedras que seguían cayendo. Escena 2: El Pacto Prohibido y la Lluvia de Sombras Punto de vista: Darko y Miguel —¿En verdad voy a perder aquí? —murmuró Darko, con los ojos inyectados en sangre y la voz temblando por el pánico—. ¡Es en serio...! ¡Si pierdo, Kronos será quien se robe mi alma a este inframundo! No puedo fallar... Una ira desesperada, nacida del puro miedo a la condenación eterna, transformó el rostro de Darko en una máscara de absoluta locura. —¡No...! ¡No puedo perder aquí! ¡No, ni de loco dejaré que un don nadie me venza! De repente, las heridas de su cuerpo comenzaron a abrirse, pero en lugar de brotar sangre común, una luz impía y cegadora comenzó a iluminarse a través de su pecho y de sus venas. El maná residual del laberinto empezó a ser succionado directamente hacia él, desestabilizando las leyes de la física en el cuadrante. Al notar el drástico y antinatural cambio en su energía, me quedé helado por un milisegundo. Desvié la mirada de su rostro y giré lentamente la cabeza hacia la fuente de ese poder aberrante que emanaba de su interior. No tuve tiempo ni de retroceder. Una ráfaga de viento huracanado y maldito recorrió todo el lugar con la fuerza de un cataclismo, rompiendo mi guardia y haciéndome caer con violencia hacia atrás, saliendo despedido a una distancia tremenda, estrellándome contra las estructuras de piedra. Darko ya no era el mismo; la desesperación lo había hecho liberar un pacto prohibido con las sombras de Kronos. Antes de que pudiera ponerme en pie, su silueta distorsionada se movió a una velocidad que ni siquiera mis ojos pudieron rastrear. Fui golpeado una y otra vez con una brutalidad salvaje por la onda destructiva de Darko. —¡Ahhhh! —un grito de dolor escapó de mi garganta cuando la presión del aire se convirtió en cuchillas invisibles. Los impactos consecutivos me arrastraron por el suelo rúnico. Sus ataques, cargados con una energía punzante y oscura, me perforaban varias partes del cuerpo sin piedad. El dolor agudo me nubló la vista por un instante mientras sentía cómo la sangre caliente corría a través de los profundos cortes que se abrían en mi piel, tiñendo el suelo del laberinto. La ventaja que tenía se había esfumado en un parpadeo; ahora me encontraba atrapado en el verdadero epicentro de su tormenta destructiva. Trataba de bloquear cada estocada de sus ataques con mi espada, pero era demasiado rápido. El metal de mi arma apenas llegaba a interceptar el aire donde un milisegundo antes había estado su filo. Las chispas de los bloqueos fallidos saltaban directo a mis ojos, obligándome a retroceder a ciegas. «¿En qué momento se volvió tan fuerte este tipo?», pensé con desesperación, sintiendo cómo el sudor frío se mezclaba con la sangre que me bajaba por la frente. «¿Acaso aún no estaba peleando en serio? ¡Maldición! Tengo que ganar este encuentro, si no...» —¡¿Si no qué, maldito mocoso arrogante?! —rugió Darko, apareciendo de la nada justo en mi punto ciego. Antes de que pudiera alzar la guardia, su mano, envuelta en esa luz impía y asfixiante, se cerró con una fuerza descomunal directamente sobre mi rostro. La presión de sus dedos casi fractura mi mandíbula. Con un movimiento brutal y despiadado, me stamped contra el pavimento rúnico, sujetándome con firmeza mientras me arrastraba a gran velocidad contra el suelo de piedra. El dolor fue cegador; sentí la roca sólida desgarrar mi piel y romper los cimientos del suelo a nuestro paso. Tras arrastrarme por varios metros, Darko detuvo su carrera en seco y, usando toda la inercia del pacto prohibido, me lanzó con violencia muy lejos de ahí. Salí despedido por los aires como un proyectil, atravesando la densa cortina de humo y polvo, directo hacia las profundidades del laberinto sin poder oponer la más mínima resistencia. Escena 3: Agonía en la Oscuridad y la Parálisis del Vacio Punto de vista: Miguel y Darko El impacto contra el suelo fue brutal. Rodé varias veces entre el polvo y los cascotes de piedra, destrozando lo que quedaba de las estructuras a mi alrededor, hasta que finalmente me detuve boca arriba, con la vista nublada. El techo del laberinto parecía dar vueltas sobre mi cabeza. Intenté respirar, pero solo conseguí que una bocanada de sangre y polvo me inundara la garganta, obligándome a toser con violencia mientras un dolor agudo y punzante me recorría las costillas. El silencio que siguió fue denso, roto únicamente por el eco lejano de las explosiones de los otros cuadrantes y el crujido rítmico de unos pasos pesados que se aproximaban sin ninguna prisa. —Mírate... —la voz de Darko resonó, distorsionada y profunda, como si varias personas hablaran al mismo tiempo desde el fondo de una cueva—. ¿Dónde quedó esa confianza absoluta, Miguel? ¿Dónde está el guerrero que me miraba por encima del hombro hace solo unos instantes? Haciendo acopio de cada pizca de fuerza que me quedaba, apoyé los temblorosos brazos en el suelo y obligué a mi cuerpo a levantarse. Mi maná fluctuaba peligrosamente, parpadeando como una llama a punto de extinguirse bajo la tormenta. Al levantar la mirada, vi a Darko emerger de la penumbra. Su aspecto era terrorífico. La luz impía que brotaba de sus venas se había vuelto casi negra, y el aire a su alrededor se retorcía, quemando las runas del suelo con solo rozarlas. La sombra de Kronos parecía flotar directamente detrás de él, reclamando el control de cada uno de sus movimientos. —El poder que estás usando... —logré articular, poniéndome de pie a duras penas, aunque tuve que apoyar una mano sobre mi costado herido para no tambalearme—. No es tuyo. Estás vendiendo lo último que te queda de humanidad por una victoria vacía. —¡¿Y a quién le importa la humanidad cuando se trata de sobrevivir?! —rugió Darko, deteniéndose a pocos metros. Sus ojos fijos en mí destilaban un hambre voraz—. En este mundo, los débiles sirven de alimento para los fuertes. Y tú... tú solo eres el peldaño que necesito para no caer en el infierno de Kronos. Darko extendió su mano derecha hacia el frente, y la energía oscura comenzó a arremolinarse en su palma, concentrándose en una esfera compacta de puro vacío destructivo que amenazaba con borrar todo el cuadrante de un solo golpe. Apreté los dientes con rabia, aferrando con fuerza el mango de mi espada. Sabía perfectamente que si recibía ese ataque en mi estado actual, sería el fin. Tenía que encontrar una apertura, un solo segundo de flaqueza en esa fuerza monstruosa, o este laberinto realmente se convertiría en mi tumba. Intenté dar un paso hacia atrás, buscar un punto de apoyo, cualquier cosa que me permitiera salir de la trayectoria de esa esfera de vacío, pero mis piernas no respondieron. El frío de la energía de Darko se había filtrado en el aire de tal manera que congelaba el flujo de mi propio maná. No me podía mover. Mi cuerpo quedó completamente paralizado, como si cadenas invisibles me ataran directamente a las piedras rotas del suelo. Por más que le ordenaba a mis músculos reaccionar, el daño acumulado y la opresión de ese pacto prohibido me tenían completamente a su merced. Darko notó mi inmovilidad de inmediato. La enorme esfera oscura en su mano brilló con más intensidad, arrojando sombras distorsionadas sobre las paredes agrietadas del laberinto. Una sonrisa sádica y deforme cruzó su rostro al ver mi total vulnerabilidad. —Bien, creo que es hora de que sufras, maldito mediocre —sentenció, dando un paso lento hacia mí, disfrutando cada segundo de mi desesperación—. Te voy a torturar hasta que dejes de gritar y de sangrar. La presión gravitatoria a su alrededor aumentó tanto que las piedras del suelo comenzaron a flotar antes de ser pulverizadas por el vacío de su magia. Darko levantó la mano libre, apuntando directamente a una de mis piernas, listo para comenzar su carnicería mientras yo seguía congelado en el sitio, buscando desesperadamente una chispa de energía dentro de mí para romper la parálisis antes de que fuera demasiado tarde. Darko redujo la distancia entre nosotros con una lentitud exasperante, saboreando el control absoluto que tenía sobre la situación. La esfera de vacío negro como la noche zumbaba con una frecuencia tan alta que mis oídos comenzaron a sangrar debido a la vibración del aire. —Empecemos por lo que te mantiene en pie —siseó con una voz que parecía raspar las paredes de piedra. Con un movimiento seco de su dedo índice, una fina aguja de maná oscuro salió disparada hacia mi rodilla derecha. El impacto fue certero y brutal. La energía corrupta atravesó mi carne y mi hueso como si fueran papel, destruyendo la articulación. Un grito sordo quedó atrapado en mi garganta mientras caía de rodillas sobre el pavimento destruido, incapaz de sostener mi propio peso. El dolor se expandió por todo mi sistema nervioso como un incendio, pero la parálisis provocada por su aura seguía impidiéndome incluso llevarme las manos a la herida. —¿Eso es todo? ¿Ni siquiera vas a suplicar? —se mofó Darko, soltando una risotada que resonó en el colapsado cuadrante—. Vamos, Miguel, muéstrame algo de esa arrogancia de hace un momento. ¡Grita! Darko levantó su pesada bota y la descargó con fuerza directamente sobre mi hombro herido, obligándome a estamparme de bruces contra el suelo. El impacto reabrió los cortes de mi pecho, y sentí cómo la sangre brotaba con mayor intensidad, encharcando el frío pavimento rúnico debajo de mí. Con su pie presionando mi espalda contra las piedras, Darko acercó la esfera de vacío a pocos centímetros de mi rostro. El calor frío de esa magia negra comenzó a chamuscar los mechones de mi cabello. —Kronos quiere tu alma, pero no dijo que la quería intacta —susurró, con sus ojos completamente negros clavados en los míos—. Voy a romper cada uno de tus huesos, uno por uno, hasta que tu mente se quiebre por completo. Apreté los dientes con tanta fuerza que sentí que se romperían, mientras el sabor metálico de la sangre inundaba mi boca. Mi cuerpo seguía congelado, pero en lo más profundo de mi ser, donde la parálisis de Darko no podía llegar, mi maná comenzó a agitarse con una furia silenciosa y desesperada, buscando una salida. Escena 4: El Vengador de los 32 Años y la Deuda de Sangre Punto de vista: Mei, Carlos Sánchez, Miguel y Darko —¡Carlos, por favor, salva a Miguel, te lo ruego! —exclamó Mei, con la voz rota por el llanto mientras miraba la pantalla de transmisión que mostraba el sufrimiento de Miguel. Ella ya no podía soportarlo más, y la verdad es que yo tampoco. Pero las palabras de Miguel resonaban con fuerza en mi cabeza. Él me lo había dejado claro antes de entrar al laberinto: no quería que me entrometiera en esto, era su propia batalla, su propia redención. Pero verlo en ese estado... escuchar sus gritos de agonía... —¡¡¡AHHHHH!!! —el eco del dolor de Miguel desgarró el aire una vez más, llenando la sala de una impotencia asfixiante. Una lágrima de pura desesperación rodó por las mejillas de Mei, cayendo al suelo. Verla llorar de esa manera hizo que algo dentro de mí terminara de romperse. Apreté mis dientes con tanta fuerza que mis mandíbulas crujieron. Por un segundo me quedé completamente paralizado en mi sitio, con la mente viajando al pasado, recordando con fuego una promesa que me había hecho a mí mismo hace muchísimo tiempo. «Algún día... los haré pagar...» El recuerdo encendió una chispa de maná puro y destructivo en mi pecho. La parálisis de la duda desapareció en un parpadeo. De pronto, mis botas resonaron contra el suelo de piedra. Empecé a caminar con pasos lentos, firmes y pesados en dirección al cuadrante sur donde se encontraba Darko. Mi expresión cambió por completo. Ya no había rastro de compasión, ni de templanza; una mirada bastante retorcida, siniestra y penetrante se dibujó en mi rostro, fija en el objetivo. A kilómetros de distancia, en el laberinto, Darko detuvo de golpe la tortura y giró la cabeza con violencia hacia mi dirección, helándose en su lugar al sentir una presión atmosférica que jamás había experimentado. Era una sed de sangre pura, un instinto asesino tan inmenso que distorsionaba el espacio a mi alrededor. No era solo por Miguel, ni por el torneo... era una venganza que tenía pendiente desde hacía exactamente 32 años, y el momento de cobrar la deuda maldita por fin había llegado. —¡Jajajaja! ¡Ahora sí te vas a enfrentar ante mí! —bramé, dejando que toda la furia contenida explotara en un solo movimiento. El aire se partió con el silbido de mi acero. Antes de que Darko pudiera reaccionar o liberar más poder de su pacto, desenvainé con una velocidad cegadora. Un corte limpio y despiadado salió de mi espada, rebanando el aire y cortándole el brazo izquierdo de cuajo. La sangre oscura brotó a presión, pero no me detuve ahí. Aprovechando el impulso, salté y giré en el aire, conectándole una patada destructiva directamente en el torso que lo mandó a volar, haciéndolo rodar por los escombros con un grito de agonía pura. Me planté firmemente en el suelo, con la espada goteando y la respiración bajo control, sin quitarle los ojos de encima al mutilado enemigo. —Mei, llévate a Miguel... —ordené, mi voz sonando extrañamente gélida y profunda. —Carlos, tú... —susurró Mei, retrocediendo un paso instintivamente. Al sostenerle la mirada, ella se horrorizó al ver mi rostro. El verdadero miedo que sintió al verme en ese estado, poseído por una sed de sangre tan antigua y oscura, la dejó completamente paralizada por un segundo. Jamás me había visto así. Miguel, apenas consciente entre el charco de su propia sangre, intentó levantar la mano, aferrando el suelo rúnico con frustración. —No te metas, Carlos... —alcanzó a balbucear con orgullo, intentando ponerse de pie. —Miguel, ya has hecho lo suficiente —lo interrumpí, dándole la espalda mientras mantenía mi guardia alta hacia Darko—. Creo que es mejor que ella te saque de aquí y vayas a un lugar seguro por ahora. Deja que ella te cure tus heridas. —Carlos, entiende... ¡puedo seguir! —insistió, con la voz rota. Me giré lentamente y lo miré con una mirada asesina, una expresión tan implacable que congeló sus palabras en el aire. —Oye. Que sea la última vez que me desobedezcas, ¿te quedó claro? —sentencié, dejando caer cada palabra con el peso de una lápida—. En estos momentos, yo me haré cargo de esto... No tienes por qué demostrar lo que vales. Para mí y para mi padre, eres el más fuerte. Eres su aprendiz; no olvides las enseñanzas de mi padre. Hice una breve pausa, dejando que la presión del ambiente disminuyera solo un poco para que mis palabras calaran en lo más profundo de su ser. —Él te está mirando desde donde esté. Para él, es más que suficiente que estés aquí; estaría orgulloso de tenerte como un gran miembro de la familia Tanaka. Al escuchar esas palabras, todo el orgullo herido y la coraza de Miguel se desmoronaron por completo. El peso de ser finalmente reconocido por Josué y por mí fue demasiado para su espíritu exhausto. Miguel se quebró en lágrimas, llorando en silencio mientras Mei se acercaba rápidamente para sostenerlo, colocándole el brazo sobre sus hombros para arrastrarlo lejos del peligro. La deuda de hace 32 años estaba sobre la mesa, y ahora solo quedábamos Darko y yo en el centro del abismo. Continuará...
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Estás leyendo el capítulo 253 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 13 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.