Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 252 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 252: El Peso de las Sombras y el Vuelo del Hércules
Punto de vista: Kronos, Lucifer, Shiro, Karen, Zeus, Cecilio, Haruto, Lkeys y Miguel
Escena 1: Las Sombras del Pasado y el Ejército Reanimado
Punto de vista: Kronos y Lucifer
—Y si fue el primero al que masacró... ¿entonces por qué ni tú ni él lograron matar a Carlos Sánchez? —solté, arqueando una ceja con evidente desdén.
El silencio que siguió fue sepulcral. Lucifer, cuya arrogancia solía llenar cualquier habitación, se quedó helado por un par de segundos.
—... —me miró con una mezcla de fastidio y desprecio—. Sin palabras me has dejado. Lo bueno es que él no está aquí, porque si estuviera, de seguro se burlaría de ti —dijo Lucifer, clavando sus ojos en mí—. Pero recuerda esto: este solo será el principio de nuestros planes. Solo asegúrate de que el Rey de los Héroes mate a todos mientras yo... yo me encargaré de las Doce Grandes Familias.
—Espera, ¿te vas a enfrentar a ellos ahora? —le cuestioné, midiendo la magnitud de sus palabras—. ¿No crees que no es suficiente con ver la muerte de Gojo Akinori Velkan?
—¡Ay, ay, ay, ay, mi querido Quetzalcóatl! Para mí eso no es suficiente —respondió, soltando una carcajada estridente y malévola que resonó en la brecha—. ¡Jajajaja, jajajaja! Quiero verlo destruido, que sienta el verdadero dolor de un ser humano. Él terminará pagando un precio muy alto, eso es lo que le hace falta. Además... hay una sorpresa que él no sabe sobre su viejo amigo. Algo que ni él mismo se cree, pensando que está muerto...
Lucifer sonrió de oreja a oreja, disfrutando el misterio.
—Él lo vio morir cuando ese monstruo del templo lo mató... no solo a él, sino a sus amigos, y él solo sobrevivió junto a esa chica. Es una lástima que el reencuentro entre ellos sea tan doloroso. Solo veré cómo ese corazón se quiebra para siempre.
Escena 2: Fantasmas de la Sangre y el Desafío Sagrado
Punto de vista: Shiro, Kronos, Karen y Akira
En el campo de batalla devastado, el aire se volvió denso y helado. Shiro y Kronos se miraban frente a frente, fijamente, ignorando por completo la presión del resto de los combatientes.
—Vaya, hasta que por fin te muestras, ¿verdad? —dijo Shiro, cruzándose de brazos mientras mantenía su habitual mirada de superioridad—. No pensé que fueras a ir tan lejos, para ser honesta. Eres el primero que...
—Oh, vamos, Shiro, esto no es nada personal contra ti —interrumpó Kronos con una sonrisa descarada—. Solo que tú eres un estorbo para mis planes, y es por eso...
—¿Que deseas eliminarme? —lo cortó ella con una risa amarga—. Jajaja, qué chiste, ¿no? ¿Acaso no sabes que nadie me ha derrotado? Bueno... aunque solo el Dios Nocturno me traumatizó por mis recuerdos del pasado, pero en fin. Si esto es lo que quieres, que te mate, lo haré con mucho gusto.
Shiro se preparó para desenvainar completamente su espada, dirigiendo una orden rápida hacia atrás:
—¡Freya, Melissa y Natsuki! Ustedes protejan a...
De pronto, un escalofrío brutal recorrió la espina dorsal de Shiro. Una presencia de una magnitud aterradora y corrupta se materializó a unos metros, rompiendo el suelo con su colosal peso. Era algo que ella jamás creyó que volvería a ver, y mucho menos que hubiera sobrevivido.
—Un... ¿un Centauro? ¿Cómo mierda es que esa cosa...? —masculló, perdiendo por un instante la compostura.
—Oh, ¿hablas del Minotauro? —corrigió Kronos, soltando una carcajada limpia al ver su reacción—. No te preocupes, no es con el que te enfrentaste hace tiempo. Este es un modelo versión mejorada, recreado a través del ADN de los miembros de tu propio clan... ¡Jajaja!
Al escuchar eso, la sangre de Shiro hirvió de rabia. Se mordió el labio inferior con tanta fuerza que una gota de sangre brotó de él, mientras sus ojos azul oscuro brillaban con puro odio.
—Así que los otros clanes tuvieron que ver en esto... ¿o me equivoco? —siseó entre dientes.
—Estás en lo cierto —respondió Kronos, expandiendo su sonrisa de oreja a oreja—. Fue gracias a ellos que pude conseguir todo esto, para así cumplir mi objetivo por completo.
El Rey de los Héroes dio un paso al frente al unísono con la imponente bestia genéticamente modificada. La traición de los suyos y las sombras del pasado de Shiro estaban alineadas en su contra, y el verdadero combate por la supervivencia de la academia acababa de comenzar.
—Karen... —dijo Akira, el Dios de la Espada, con la voz quebrada y la mirada fija en el suelo—. Préstame tu cuerpo, por favor... No puedo ver esto, no logro soportarlo.
—¿Estás seguro, Akira? —le respondí, apretando el puño—. Sé que esto es muy cruel, sé que en el fondo no quieres matar a tu viejo amigo y que esto es demasiado doloroso... Y es por eso que yo quiero luchar en tu lugar. No planeo darte mi cuerpo, pero al menos préstame tu poder. Sé que puedo. Si uso mi magia sagrada, puedo lograrlo, solo que no debo confiarme demasiado...
—Karen, acaso tú... —Akira se quedó en silencio dentro de mi mente, conmovido por mi determinación.
—Así es —dije, esbozando una sonrisa de nostalgia—. Quiero valerme por mí misma. Quiero demostrarle a Carlos que ya he dado ese gran paso... Recuerdo el día que lloré en sus brazos; él siempre me ha apoyado y siempre me ha dado los mejores consejos. No quiero que nuestra amistad, que es como de hermanos, sea destruida por culpa de Kronos.
Inundé mis venas con el poder prestado de Akira, sintiendo el filo espiritual recorrer mi ser. Levanté mi espada sagrada con firmeza, apuntando directamente hacia el Rey de los Héroes.
—Si tú eres el verdadero Rey de los Héroes... ¡demuéstrame lo fuerte que eres! —le grité.
Al observarlo detalladamente, noté algo extraño: sus brazos no se movían en absoluto, permanecían rígidos a sus costados. Sin embargo, en un parpadeo, una distorsión en el aire me advirtió que ya no estaba en su sitio. ¡Sus movimientos eran casi imperceptibles! Apareció justo frente a mí. Reaccioné por puro instinto, esquivando el primer impacto mientras retrocedía, saltando y girando en el aire. Pero antes de que pudiera tocar el suelo, él ya se había reposicionado frente a mí a una velocidad absurda. Soltó un golpe devastador que iba directo a mi rostro, pero logré cruzar la hoja de mi espada sagrada a tiempo para detener el impacto. El choque resonó con un estruendo metálico que hizo vibrar cada hueso de mis brazos.
A la distancia, observando el combate desde la penumbra de los pasillos destruidos, dos siluetas se movían a toda prisa.
—¡Abrán! —dijo el héroe de las sombras, con la respiración entrecortada—. Debemos darnos prisa e ir a donde está tu hermana. Ella no es capaz de ganarle a ese tipo, y mucho menos nosotros solos... Pero tal vez, combinando mi magia y la de ella, podamos hacerle algo.
Abrán apretó los dientes, acelerando el paso mientras el suelo seguía temblando por las ondas de choque.
Escena 3: Asedio al Palco Celestial y la Arrogancia Abismal
Punto de vista: Zeus, Cecilio, Haruto, Lkeys y Lucifer
Mientras tanto, en los palcos de la alta sociedad mística, la atmósfera se había vuelto completamente caótica. Zeus había sentido la presencia de alguien sumamente conocido en el área inferior del laberinto.
—¿Cómo... cómo es posible que esto esté pasando? Debo... —Zeus se puso de pie bruscamente, con los rayos estallando levemente en sus ojos—. Cambié de opinión. Debemos detener esto antes de que sea tarde...
—Oh, ¿estás seguro de eso, Zeus, Dios del Trueno y Rey del Olimpo? —interrumpió una voz gélida y burlona que emergió de las mismas sombras del palco—. ¿Crees que tú podrás arruinar mis deseos?
Al darse la vuelta, la imponente figura de Lucifer se materializó frente a ellos, bloqueando la salida con sus enormes alas oscuras desplegadas.
—¡Tú...! ¡Infeliz! —gritó Zeus, su rostro transformándose en una expresión de pura furia, mientras el cielo del torneo se cubría de nubes negras.
Los líderes de las Doce Grandes Familias se quedaron completamente paralizados en sus asientos. La confusión y el miedo se reflejaban en sus rostros. ¿En qué momento se había filtrado ese monstruo en la zona de máxima seguridad sin activar una sola alarma?
—¡Rafael, aléjate de ahí! —advirtió Cecilio Aguilar con voz de trueno, dando un paso al frente y desenvainando su propia energía para proteger a los suyos—. ¡Ustedes deben hacer lo mismo! Ese tipo está ocultando algo... ¡Esto es una maldita trampa!
—Haruto... —pronunció Cecilio Aguilar, intentando mantener la calma mientras la presión en el palco seguía aumentando de forma asfixiante.
—No te preocupes, Josué —intervino Haruto Yoshida, dando un paso al frente con una serenidad imperturbable en el rostro. Sus ojos recorrerán la imponente silueta del demonio—. Ese es Lucifer, ¿no? El rey, el príncipe del abismo... Aquel a quien su propio creador expulsó del abismo con tan solo conseguir el poder para traer caos y devastación al mundo.
Al escuchar esas palabras, Lucifer entornó los ojos, pero de inmediato expandió su retorcida y oscura sonrisa, dejando que su risa resonara por todo el palco de las Doce Grandes Familias.
—¡Jajajaja! Me halaga que sepas sobre mí, rey Haruto Yoshida... —siseó Lucifer, dando un paso al frente mientras el suelo bajo sus pies comenzaba a corroerse con una energía negra—. Pero déjame decirte algo: tú serás masacrado, y tu reino será mío.
—No mientras nosotros estemos aquí, hijo de perra —interrupción Lkeys, plantándose con firmeza y mirando fijamente a Lucifer con absoluto desprecio—. Tú solo eres un abismal sin valor. No nos intimidan tus títulos.
Lucifer detuvo su avance y clavó su mirada gélida y despectiva en Lkeys, soltando un suspiro cargado de una superioridad aplastante.
—Eres de esas mujeres que se creen todo lo que son, pero jamás son perfectas —soltó Lucifer con una voz profunda que hizo vibrar los cristales del palco—. Por el simple hecho de que seas una mujer, jamás podrás hacer nada en esta situación. Tú solo eres alguien insignificante que no tiene ni la menor idea de contra quién se está enfrentando.
El príncipe del abismo abrió sus alas oscuras, bloqueando por completo la luz y sumiendo el palco en una penumbra de pesadilla. Su mirada barrió a todos los líderes de las grandes familias presentes.
—Humanos miserables... Ustedes son la escoria sin humanidad misma. O díganme, ¿por qué ustedes no han hecho nada por derrotarnos si ya sabían de nuestra existencia? Solo guardaron silencio y se escondieron detrás de sus muros. Cometieron el peor error de su miserable vida... Están condemned a morir aquí y ahora.
La energía del abismo comenzó a desbordarse de las manos de Lucifer, formando ráfagas de viento negro que amenazaban con destruir la estructura del palco. La batalla en la cima del torneo de las academias estaba por estallar, poniendo en juego el destino de todos los reinos.
Escena 4: La Caída del Siniestro y el Triunfo del Hércules
Punto de vista: Miguel y Darko
Mientras el caos consumía los palcos superiores y los rincones más profundos del laberinto, el cuadrante sur se convirtió en un verdadero infierno de escombros y ráfagas de viento cortante. Miguel y Darko se encontraban en el centro de la destrucción, moviéndose a una velocidad que desafiaba el ojo humano. El sonido metálico de sus armas chocando resonaba como truenos continuos en el aire.
Ambos bloqueamos nuestros ataques con una fuerza brutal, haciendo que las chispas saltaran y quemaran el suelo a nuestro alrededor.
—¡No importa lo que hagas, maldito estúpido! —sentenció Darko con una mirada bastante siniestra, sus ojos inyectados en sangre mientras descargaba un mandoble descendente.
Con una precisión milimétrica, coloqué mi ataque para contrarrestar el suyo, desviando el filo de su hoja justo a tiempo. A partir de ahí, el ritmo del combate se volvió frenético: retrocedí dos pasos para ganar espacio, bloqueé un corte horizontal que iba directo a mi cuello, y ataqué con una estocada rápida que apenas logró rozar su armadura. Darko esquivó el contraataque inclinando su cuerpo con una agilidad inhumana; yo di un salto hacia atrás para esquivar un barrido místico, caí de pie de manera impecable y me levanté de inmediato, acumulando mi maná.
Fue en ese instante de transición cuando Darko aprovechó para liberar su ofensiva más pesada. Un círculo mágico de un rojo carmesí brillante se expandió en el aire, y varios hechizos de púas rojas, afiladas como colmillos y cargadas de energía corrosiva, cayeron sobre mí en ráfaga desde todas las direcciones. Sin embargo, mantuve la calma. Para mí, estando en este estado de concentración absoluta y con mi flujo místico al máximo, un ataque de ese nivel no podrá herirme. No me molesté en esquivar ni en levantar una barrera convencional; simplemente tensé mis músculos, concentré el maná en la superficie de mi piel y dejé que esas púas me atacaran de lleno.
El impacto de los proyectiles contra mi cuerpo hizo estallar el cuadrante por completo. Una violenta columna de humo espeso, fuego rojo y destellos de energía residual se levantó en el lugar, agrietando las paredes del laberinto a la redonda y ocultando mi silueta de la vista de Darko, quien sonrió creyendo que por fin había ganado el encuentro.
El humo se arremolinaba, espeso y cargado con el olor acre del ozono y la magia quemada. Darko, con la respiración entrecortada y una sonrisa triunfal grabada en el rostro, dio un paso al frente, arrastrando su pesada espada sobre el suelo de piedra, que crujía bajo la presión. Sus ojos recorrían las sombras provocadas por la explosión, buscando los restos de mi cuerpo, convencido de que su lluvia de púas había hecho el trabajo sucio.
—Qué decepcionante —murmuró Darko, soltando una risa seca—. Pensé que al menos ofrecerías un funeral más entretenido, Miguel.
Pero su risa se congeló en el aire. De la cortina de polvo, una silueta emergió con una calma que rayaba en lo inhumano. El humo se disipó ante mi paso, revelando que mi ropa estaba apenas chamuscada y que no había ni un rasguño en mi piel. Las púas rojas, que momentos antes prometían atravesar mi carne, yacían hechas añicos a mis pies, convertidas en simple polvo mágico. Mis ojos, ahora teñidos por un brillo gélido, se clavaron en él. Darko retrocedió involuntariamente, su instinto gritándole que algo en mí había cambiado.
—¿Eso era todo? —pregunté, mi voz sonando extrañamente plana, desprovista de cualquier rastro de duda—. Has desperdiciado tu mejor carta en un intento patético. Ahora me toca a mí.
No le di tiempo a reaccionar. En un parpadeo, cerré la distancia entre nosotros. La velocidad fue tal que el aire silbó a mi alrededor, creando un vacío tras mis pasos. Darko levantó su espada para bloquear, pero mi ataque no iba dirigido a su acero, sino a su guardia. Lancé un golpe con la palma abierta hacia su pecho, imbuido con una vibración rúnica que apenas rozó su armadura, pero el impacto fue devastador. La energía se filtró a través de su protección, lanzándolo hacia atrás como una muñeca de trapo. Cruzó la sala de combate, atravesando dos pilares de carga antes de incrustarse en la pared opuesta con un estruendo que sacudió los cimientos de esa sección del laberinto.
El polvo volvió a caer del techo mientras Darko intentaba levantarse, tosiendo sangre y con la mirada nublada por la incredulidad. Yo caminé hacia él sin prisa, con cada paso marcando el ritmo de su propia derrota.
—Dime, Darko —dije, deteniéndome justo frente a él y ladeando la cabeza—. ¿De verdad creíste que el odio era suficiente para superar lo que he tenido que soportar?
Darko, con los nudillos blancos de tanto apretar el mango de su espada rota, intentó levantarse una vez más, pero sus piernas cedieron. La batalla, esa coreografía violenta que él creía controlar, se había transformado en una ejecución lenta donde él era la única víctima. Darko soltó un rugido ahogado, una mezcla de dolor, rabia e incredulidad. Apoyó una mano en el muro agrietado y, forzando a sus músculos a responder, logró ponerse de pie. La sangre escurría por la comisura de su boca, tiñendo sus dientes de un rojo brillante mientras me clavaba una mirada cargada de un odio puro, casi animal.
—¡No te creas tanto, maldito infeliz! —bramó, y el maná de sangre a su alrededor volvió a encenderse, aunque esta vez fluctuaba de manera errática, respondiendo a su desesperación—. ¡Esto no ha terminado! ¡No voy a perder contra alguien como tú!
Con un movimiento violento, Darko clavó lo que quedaba de su espada rota directamente en el suelo rúnico. El círculo mágico carmesí volvió a manifestarse, pero esta vez no invocó proyectiles. La energía de la sangre comenzó a condensarse a su alrededor, adhiriéndose a su cuerpo como una armadura parásita, aumentando su masa muscular y haciendo que sus ojos se tornaran completamente rojos, sin pupilas.
En un estallido de velocidad, Darko se lanzó hacia mí. El suelo bajo sus pies se pulverizó con cada zancada. Lanzó un golpe de derecha cargado con toda la potencia de su magia de sangre, un ataque capaz de demoler una fortaleza. Mantuve mi posición y simplemente incliné el torso hacia un lado, dejando que el puño rozara el aire a milímetros de mi rostro. La onda de choque del impacto fallido destrozó la pared que estaba a mis espaldas, pero mi concentración no flaqueó.
Aprovechando su impulso, Darko intentó conectar un rodillazo ascendente a mi mentón. Flexioné mi brazo izquierdo, deteniendo su rodilla con el antebrazo en un bloqueo seco que generó una ráfaga de viento. Al mismo tiempo, acumulé el flujo místico en mi mano derecha y le propiné un gancho directo a las costillas. El impacto resonó con un crujido sordo. La armadura de sangre que lo protegía se agrietó como cristal, y el aire abandonó los pulmones de Darko en un gemido ahogado.
Sin embargo, impulsado por la pura adrenalina de la batalla, él no retrocedió; en su lugar, estiró los brazos e intentó atraparme por el cuello para estamparme contra el suelo. Di un paso corto hacia atrás, saliendo de su alcance, y luego salté con un giro ágil en el aire, conectando una patada lateral directamente en su rostro. El golpe lo mandó directo contra el pavimento, haciéndolo rebotar dos veces antes de detenerse entre los escombros de los pilares destruidos.
Me paré a unos metros de él, respirando con total normalidad, observando cómo la armadura de sangre comenzaba a disolverse, incapaz de mantener su estructura debido al daño que Darko estaba sufriendo internamente.
—Tu voluntad es fuerte, Darko, pero tus movimientos se han vuelto torpes por la ira —dije, bajando la mirada hacia él mientras el polvo comenzaba a asentarse de nuevo—. Si continúas atacando de esa forma, solo vas a conseguir que este lugar se convierta en tu tumba.
Continuará...

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Capítulo 253
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 252
Estás leyendo el capítulo 252 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 13 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.