Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 251 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 251: La Sombra del Rey Héroe y el Despertar del Pasado
Punto de vista: Gojo, Kronos, Lucifer, Shiro, Representante Misteriosa, Grupo de Natsuki y Akira
Escena 1: El Desafío de Gojo y la Traición de Quetzalcóatl
Punto de vista: Gojo, Lucifer y Kronos
—¿Por qué estás aquí, Lucifer...? —pregunté, forzando las palabras mientras apretaba la herida de mi costado, sintiendo el frío acero místico todavía quemando mis entrañas.
El señor del abismo dio un paso al frente, y la presión de su sola presencia hizo que las piedras rúnicas a nuestro alrededor comenzaran a pulverizarse.
—Esa es una excelente pregunta —respondió Lucifer, con una voz profunda que reverberó directamente en mi mente—. La razón por la cual vine es para robarte tu magia y también matarte fríamente. Disfruto mucho tu dolor, y disfrutaré cada detalle... Desde el principio tú no significabas nada para mí, pero cuando vi que despertaste esa magia, decidí solo una cosa, y es matarte para que no me des más problemas en el futuro. Al igual que Shiro, ustedes dos son una amenaza para nosotros.
A pesar de la sangre que seguía brotando de mi boca y del dolor punzante que amenazaba con hacerme caer de rodillas, una chispa de mi habitual arrogancia brilló en mis ojos. Dejé escapar una risa ahogada.
—¡Jajajaja, jajajaja! ¿Resulta que el grandísimo señor abismal le tiene miedo a un simple humano? —le solté en la cara, desafiando toda lógica de supervivencia.
Los ojos de Lucifer se encendieron en un tono carmesí peligroso, y la temperatura del lugar descendió de golpe.
—Tienes una lengua llena de verdades, maldito mocoso —siseó entre dientes.
—Gracias, doy clases los jueves y viernes, ¿si es que quieres mejorar? —respondí, expandiendo mi sonrisa confiada a pesar de respirar con dificultad.
—¡Hijo de...! ¿Te atreves a desafiarme? —bramó, perdiendo por un instante su compostura divina ante mi absoluta falta de respeto.
—¿Desafiar? —lo miré con un desprecio helado que heló el ambiente—. Yo no hablo con débiles que se ponen al lado de otros... ¿Crees que tú podrías ser tal como dices? ¿Que tus planes son tan perfectos?
Inundé mis canales de maná con la energía restante de los Akinori y los Velkan. Sabía que estaba en una situación crítica, con una espada atravesándome y frente a dos de las mayores amenazas de la existencia, pero el orgullo de mi linaje no me iba a permitir agachar la cabeza. Si Kronos y Lucifer pensaban que un ataque sorpresa por la espalda sería suficiente para borrar el futuro que le prometí a Shiro, estaban muy equivocados.
Me quedé mirando a Kronos fijamente, y mi sonrisa, antes burlona, se volvió fría, filosa y amarga.
—Te está yendo bien, ¿verdad, Kronos? ¿Unirte al lado de esa basura? —escupí las palabras con desprecio, sin apartar la mano de la herida en mi estómago que no dejaba de sangrar.
—Bueno, eso es algo que a ti no te importa —respondió Kronos, dando un paso al frente mientras el aire a su alrededor se volvía espeso y distorsionado—. Yo solo deseo una cosa: tenerlo todo bajo control, tener poder, tener todos los reinos bajo mis pies suplicando por sus vidas. Ser el rey de todos los tiempos. Alcanzar algo así no es tan sencillo, y para eso... necesito a mi tonto hermanito.
En ese instante, las facciones de Kronos se alteraron de una forma espeluznante. Una energía mística y ancestral, cargada de escamas invisibles y un poder devastador, vibró en su cuerpo. Sus ojos brillaron con una luz divina y peligrosa, revelando una entidad oculta: era Quetzalcóatl quien hablaba a través de él.
—...Y para eso necesito controlarlo y tenerlo de mascota —continuó la voz, resonando con una dualidad aterradora—. Cegarlo por completo, haciéndole creer que aún lo necesito... ¡Jajaja! Para después deshacerme de él como un juguete roto.
Al escuchar esas palabras, la red de traiciones y el verdadero alcance del plan de Kronos y las deidades infiltradas quedaron al descubierto frente a mí. No solo buscaban destruir la academia y eliminarme a mí y a Shiro por ser amenazas, sino que estaban usando los hilos del destino y los lazos de sangre divinos para desatar una catástrofe cósmica. A pesar de que el dolor en mi costado me nublaba la vista, apreté los dientes y acumulé el maná del tiempo en mis palmas. Tenía que sobrevivir a esta emboscada, no solo por mi promesa con Shiro o por el orgullo de mi padre que me miraba, sino porque el universo entero colapsaría si estos malditos lograban salirse con la suya.
—En fin, Lucifer, hay que irnos. Recuerda que nadie nos puede ver juntos, y aquí se encuentran las Doce Grandes Familias. No queremos que nuestros planes se vean arruinados por completo. Bien, les dejo el resto a ustedes, dioses... —sentenció Kronos, recuperando el control de su cuerpo mientras la esencia de Quetzalcóatl se replegaba.
En un parpadeo, Kronos y Lucifer se marcharon del lugar a través de una grieta dimensional, desvaneciéndose por completo para no levantar sospechas ante los radares de las altas familias. Los once falsos estudiantes deidades reanudaron su postura, rodeándome con las armas en alto, listos para terminar el trabajo que sus líderes habían empezado. Yo, conteniendo la respiración y con la herida ardiendo en mi costado, me preparé para el verdadero infierno.
Escena 2: Fantasmas de Mil Años y la Búsqueda de Carlos
Punto de vista: Shiro y Representante Misteriosa
Mientras tanto, en un cuadrante totalmente opuesto del laberinto... Shiro Shimizu.
—Para ser aburrido, esto no tiene nada significativo. ¿Ya a cuántos de ellos destrocé? —dije en voz alta, barriendo con la mirada el panorama.
El lugar estaba en un caos absoluto, completamente destruido, con grietas profundas en el suelo rúnico y los estudiantes de las otras academias tirados como estúpidos pendejos que no duran nada contra mi poder. Limpié un poco de polvo de mis hombros, soltando un suspiro de pesadez.
—Bien, es hora de levantarme. No creo que nadie venga ahora...
Pero de pronto, mi instinto de combate se encendió y retrocedí de un salto. Una lluvia de ataques mágicos y ráfagas de energía cortante cayeron exactamente donde yo había estado parada un milisegundo antes. Los esquivé por completo con una velocidad sobrehumana, aterrizando de manera perfecta sobre un pilar derruido.
—¿Quién eres? —exigí saber, clavando mis ojos en la silueta que emergía de entre el humo de las explosiones.
—Oh, vaya, vaya... —dijo una voz femenina, cargada de una confianza absoluta. La chica caminó hacia el frente con paso firme—. ¿Así que tú eres la chica enana? ¿Viniste a desafiarme? ¿Oh, por supuesto. Tú eres Shiro, ¿o me equivoco? ¿La mujer más fuerte de mil años? —soltó ella con una sonrisa segura de sí misma, deteniéndose a unos metros—. ¿La chica que sobrevivió a una masacre donde un miembro de su propio clan asesinó a todos, dejando a dos niños huérfanos?
Me quedé callada. Sus palabras me dejaron completamente sin palabras, un impacto frío que rara vez alguien lograba provocar en mí.
—Veo que no respondes porque sabes que tengo la razón. Has vivido mucho tiempo, ¿no? —continuó ella, comenzando a caminar en círculos a mi alrededor, midiendo el terreno sin dejar de provocarme—. Pero dime, ¿qué has logrado ahora? Según los libros, tú jamás te has enamorado de alguien. ¿Por qué? ¿Tienes miedo de que esa persona sepa que viviste mil años? ¿O que se entere de tu pasado? ¿O que descubra lo que fuiste aquel día... una asesina? ¿Una que mató a toda una población por pura venganza?
Cada frase de la chica caía como un mazo sobre los muros que yo misma había construido durante siglos.
—Todo ese sufrimiento que has vivido lo has superado con tu propio criterio, algo que nadie de las grandes razas, ni los humanos ni los dioses, han podido hacer. Pero la gran duda es... ¿cómo has logrado pasar tantas pruebas y tantas dificultades? Dime... ¿es porque eres la más fuerte, no? Tú naciste para soportar todo el sufrimiento y el desprecio de todo ser vivo que hay hasta ahora —concluyó, mirándome con una sonrisa triunfante—. ¿Qué pasa? ¿No dirás nada?
Yo... me encontraba sin decir ninguna palabra. Sentí cada directa, cada palabra, cada factor histórico golpeando mi mente en ráfaga. Y sí... es verdad. Soy una asesina de dioses. Soy la asesina de dragones que nació a través del odio y los resentimientos dentro de mi propio clan. Traté con todas mis fuerzas de que nadie supiera nada sobre mi origen, pero parece ser que estas personas sabían muchas más cosas de mí que la mayoría de las pérdidas que sufrí hace tanto tiempo. La rabia y la nostalgia comenzaron a mezclarse en mi maná, volviendo el aire a nuestro alrededor peligrosamente denso.
—Para ser una de las representantes de las grandes razas, no te da el derecho de tratar así a los demás —le respondí, y mi voz bajó varios tonos, adquiriendo una frialdad que congeló el aire alrededor—. ¿Sabes todo sobre mí? De seguro te costó mucho tiempo investigar mi pasado solo para venir a provocarme... ¿Y qué? ¿Esperabas que perdiera el control? ¿O me equivoco?
Di un paso al frente, dejando que el peso de mis mil años de existencia se manifestara en la presión del ambiente. La sonrisa de la chica flaqueó por un milisegundo.
—Yo sentí todo ese dolor aquel día —continué, con los recuerdos grabándose a fuego en mi mente—. Un hombre dio su vida por mí y por mi hermano... Él lo dio todo con tal de salvarnos. Su sacrificio no fue para que una aparecida viniera a usarlo como combustible para sus juegos mentales.
Apreté el agarre en mi arma, canalizando la furia y la nostalgia en un poder puro y concentrado.
—Y aún así... no planeo perder contra una habladora como tú.
Desenvainé mi espada en un movimiento seco y letal. En ese mismo instante, mis ojos cambiaron por completo de color, transformándose en un azul oscuro profundo y abismal. El flujo de mi Poder Nocturno estalló a mi alrededor, devorando la luz del cuadrante y envolviendo el campo de batalla en una penumbra absoluta que solo era cortada por el brillo de mi hoja. Ella quería ver a la asesina de dioses; ahora iba a conocer la razón por la que el mundo entero me temía.
—¡Jajaja! ¡Qué chica tan graciosa! —soltó ella en una carcajada limpia, sin dejarse intimidar por la oscuridad absoluta de mi Poder Nocturno—. ¿Crees que perdería contra ti? Yo soy una de las representantes, no puedes derrotarme así de fácil. Además... estoy buscando a otra persona, no a ti. Estoy buscando al chico de cabello negro y ojos azules.
Al escuchar esa descripción, un frío sutil recorrió mi espina dorsal. «Estará hablando de Carlos...», pensé de inmediato, manteniendo mi guardia en alto y el filo de mi espada apuntando directo a su cuello.
—Y quiero que tú me digas dónde está... —continuó la chica, cruzándose de brazos con total naturalidad, como si la penumbra que la rodeaba no fuera una amenaza de muerte—. Si tú me dices dónde está, te dejaré ir. Solo tienes que decírmelo, Shiro. Además, yo no quiero pelear contigo en estos momentos. Quiero preguntarle algo a él... Eso es todo.
Mis ojos azul oscuro brillaron con más intensidad en medio de la penumbra. Que una representante de las grandes razas estuviera rastreando específicamente a Carlos Tanaka en medio de este caos, justo cuando los hilos de Kronos y Lucifer se estaban moviendo, no podía ser una coincidencia.
—¿Y qué te hace pensar que te voy a dar su ubicación solo porque lo pidas de forma amable? —respondí, sin disminuir ni un ápice la presión de mi maná—. Si quieres ver a Carlos, vas a tener que pasar sobre mí primero. No suelo dejar que desconocidos con demasiada información anden rondando por el territorio de mis amigos.
Escena 3: La Llegada de los Aliados y el Anuncio del Sistema
Punto de vista: Representante Misteriosa, Shiro, Natsuki, Merlín, Freya y Nuevos Aliados
«¿Por qué presiento que algo va a pasar...?», pensó la misteriosa chica.
Antes de que pudiera reaccionar, giró sobre sus talones al notar que varios ataques de fuego denso cayeron directamente sobre nosotras, obligándola a saltar hacia atrás. El humo se disipó para revelar a Natsuki, quien había llegado con una enorme sonrisa.
—¡Woow, aquí estás, Shiro! —exclamó Natsuki, apagando las llamas de sus puños.
—Oye, Natsuki, deberías esperarme... —pidió Merlín, llegando justo detrás con evidente cansancio, respirando agitadamente.
—Al igual que Milin, tú siempre tan positiva —añadió este último, acomodándose la ropa.
—¡Oigan, par de imbéciles! ¡¿Quién les dio el derecho de irse sin mí?! —bramó Freya, apareciendo completamente alterada y con el ceño fruncido.
La chica representante, al verse superada en número y notar la llegada de los refuerzos, chasqueó los labios con fastidio.
—Mierda... Parece que esto será para otro momento —dijo, y antes de que alguien pudiera detenerla, salió corriendo del lugar a una velocidad impresionante, perdiéndose entre las estructuras del laberinto—. Pero gracias a eso, ¡parece que lo encontré! Veo varias explosiones más adelante... Espero que sea él.
Miré al grupo de recién llegados con una ceja levantada, disipando parcialmente la penumbra de mi Poder Nocturno.
—¿Por qué están aquí? —les pregunté de manera directa.
—Por la misma razón, Shiro —respondió Natsuki, adoptando una postura seria—. Escuché que ella quería saber dónde está Carlos, y no lo iba a permitir. Además, tienes que saber esto: hay algo muy extraño en este lugar. Traje a algunas personas conmigo; tanto dioses como elfos, enanos, semi-bestias y vampiros están aquí, y necesitamos encontrar a los representantes.
—Es verdad, necesitamos a los representantes —secundó Merlín—. Aunque muchos ya fueron eliminados, ninguno de ustedes ha...
De repente, una voz mecánica y fría resonó con eco por los altavoces mágicos de todo el laberinto, interrumpiendo la conversación:
\[AVISO DEL SISTEMA: El participante Hiko ha sido eliminado.\]
Todos nos quedamos completamente paralizados, parpadeando con incredulidad.
—¿Qué? ¿Cómo? ¡¿Ese idiota fue el primero en caer?! —exclamó Freya, indignada.
—No dura nada ese Hiko, Dios bendito vencedor... —murmuró Milin, dándose un golpe en la frente.
—En fin... dejen que nos presentemos —intervino uno de los recién llegados, dando un paso al frente—. Mi nombre es Inoi, pertenezco a la raza élfica.
—Mi nombre es Woday, pertenezco a la raza del dragón —dijo un joven de mirada imponente.
—Mi nombre es Yofukashi, pertenezco a la raza de los vampiros —saludó un chico de tez pálida.
—Y yo me llamo Yoshi... raza de los enanos —asintió un guerrero robusto.
—Y por último... me llamo Deus, uno de los grandes dioses de la academia.
Escena 4: El Retorno de la Leyenda Resucitada
Punto de vista: Shiro, Akira, Karen, Kronos y Lucifer
—Esto es demasiado extraño... —murmuré, pero mi Visión Nocturna captó una anomalía en el horizonte—. Pero ¿qué es eso de allá?
Una silueta conocida descendió en medio del camino, bloqueando el paso de todos los recién llegados. Su maná estaba completamente distorsionado.
—Parece que los representantes se están moviendo... —dijo la silueta con una voz monótona—. Si tanto quieren buscarlos, primero tendrán que derribarme.
—¡¿Qué?! ¡¿Qué?! ¡¿Qué?! ¿Cómo? ¿Por qué? ¡¿Acaso te volviste loca?! ¡No hay tiempo! ¡¿Acaso nos quieres matar?! —comenzaron a gritar los estudiantes, desconcertados por la repentina hostilidad.
—¿Por qué? Por supuesto. Además, no saldrán de aquí, o al menos... Parece que esto será para después.
De pronto, un murmullo helado recorrió el área. La presencia de la silueta cambió drásticamente.
—Oye... ¿no crees que es algo obvio que te estés escondiendo? —dijo una voz externa.
—Oh, supongo que esto ya no será necesario...
—¡Karen, huye de aquí! —gritó de repente el Dios de la Espada, Akira, apareciendo de la nada con el rostro pálido y el sudor frío corriéndole por la frente—. ¡Esa presencia...! ¡Es imposible que él haya salido con vida!
Un hombre rubio con ojos oscuros y una mirada completamente vacía, desprovista de alma, estaba de pie frente a nosotros. Exudaba una presión tan masiva que el suelo comenzó a agrietarse bajo su propio peso.
—¿Cómo... es posible...? —susurró el héroe de las sombras, temblando mientras sentía el poder colosal atravesar el cuerpo del recién llegado—. El... el Rey de los Héroes...
En ese instante, una segunda persona apareció de entre las sombras, caminando tranquilamente detrás del guerrero rubio. Karen y su compañía lo vieron y se quedaron helados.
—¿Hermano...? —dijo Karen, mirando fijamente a Kronos con los ojos llenos de dolor y confusión—. ¿Por qué...? ¿Por qué estás haciendo todo esto?
Kronos la miró de reojo, esbozando una sonrisa burlona y carente de cualquier afecto fraternal.
—Oh, mi querida hermana Karen... Ha pasado muchos años desde que no nos vemos, ¿verdad?
—¡¿Cómo vergas le hiciste esto al Rey de los Héroes?! —rugió Akira, el Dios de la Espada, desenvainando su arma con una furia incontenible y las venas marcadas en el cuello—. ¡¿Acaso no sientes pena de esto?! ¡¿Acaso no sientes vergüenza ante eso?! ¡Miserable escoria de...! ¡¿Cómo es posible que tú...?!
Minutos antes, en la brecha dimensional...
Kronos observaba el cuerpo inerte y controlado del guerrero rubio con una mezcla de fascinación y desconfianza.
—Oye, Lucifer, no es por presumir tanto, pero... ¿de dónde sacaste a este tipo?
Lucifer dejó escapar una risa sombría, acomodando sus alas oscuras mientras flotaba en la nada.
—Bueno, en realidad, este tipo al que tú llamas "este tipo" es el mismísimo Rey de los Héroes —explicó Lucifer con una sonrisa de superioridad—. Él peleó contra el Dios Nocturno después de que los diez héroes legendarios cayeran en sus manos... Pero gracias a eso, logré recuperar el resto de los cuerpos de los héroes para traerlos a la vida mediante mi magia nigromántica. Solo falta que él cumpla su parte de la misión: aniquilar a todos los sobrevivientes que quedan en este torneo.
Kronos entrecerró los ojos, midiendo la presión del maná del resucitado.
—¿Dices que esta persona está a mi nivel?
—Por supuesto, Quetzalcóatl —respondió Lucifer, usando el nombre de la deidad que habitaba en Kronos—. Por algo no te ofrecí ese cuerpo para que tú mismo lo poseyeras, porque él tiene un maná, una magia y un poder bastante interesantes que podrían servirte en el futuro. Pero hay algo de lo que debo advertirte... Este tipo es conocido como el guerrero viviente de las vidas eternas externas. Nadie, absolutamente nadie fue capaz de derrotarlo... hasta que apareció el Dios Nocturno. Fue él quien lo aniquiló por primera vez.
Continuará...

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 252
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 251
Estás leyendo el capítulo 251 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 12 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.