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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 250 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 250: El Despertar del Hércules y la Sombra del Abismo Punto de vista: Miguel, Carlos, Gojo, Mei, Darko, Lucifer y Doce Grandes Familias Escena 1: El Sacrificio de Mei y la Intervención del Relámpago Punto de vista: Miguel, Darko, Mei y Carlos Pero de pronto fui arrastrado por la brutal onda de choque. La velocidad en el campo de batalla ya había superado los límites humanos. Miguel se movió a una gran velocidad, dejando una estela carmesí en el aire, y atrapó a Darko en un parpadeo. Usaba su presión espiritual desbocada para inmovilizar a su oponente de forma celestial, aplastando cualquier intento de escape con la pura gravedad de su maná de Berserker. —¿Ehh? ¿Parece que ya empezaste? —provocó Darko, escupiendo sangre pero manteniendo esa expresión retorcida—. Veamos qué tan débil te has vuelto... Miguel no permitió que dijera nada más. Emitiendo un rugido gutural, lo agarró firmemente de la cabeza y lo arrastró contra el suelo rúnico con todo su ser. Lo llevó a rastras a una velocidad sónica, atravesando árboles y hundiéndolo debajo de la tierra, destruyendo las capas de roca ancestral y haciendo que sufriera un daño masivo. Pero Darko, con la mente completamente desquiciada, se reía a carcajadas de forma siniestra mientras Miguel lo atacaba sin piedad. El Berserker lo seguía atacando una y otra vez, arrasando por completo con el lugar y convirtiendo el cuadrante sur del laberinto en un páramo de escombros y polvo. Pero el ataque no fue suficiente. De un momento a otro, la energía roja de Miguel parpadeó violentamente y su cuerpo colapsó por el desgaste de la transformación. Miguel cayó de rodillas, jadeando con debilidad, con la vista nublada. No sabía cómo ni en qué momento había pasado, pero el contraataque silencioso de la materia oscura de Darko había drenado sus fuerzas. —Para ser una bestia, no eres más que un patético mediocre —siseó Darko, emergiendo de los escombros con la ropa destrozada y la mirada inyectada en sangre. Lentamente, levantó su espada oscura, apuntando directamente al cuello de Miguel—. Es hora de que mueras... —¡¡MIGUEL!! —gritó Mei, apareciendo de entre la niebla del bosque. Sin pensarlo dos veces, corrió desesperada, cruzándose frente a los ojos de Darko para proteger a su novio. Sus ojos verían de frente cómo Mei sería atravesada por el filo enemigo... Pero yo no iba a permitir una tragedia en mi territorio. Observé todo el panorama a la distancia usando mi Visión del Dragón, calculando la trayectoria del ataque en un milisegundo. Activé mi magia de teletransportación dimensional y, en un destello imperceptible, intercambié el cuerpo de Mei por un robusto árbol del laberinto. La espada de Darko se clavó profundamente en la madera, haciéndola astillarse por completo. —Uff... Casi mueres, Mei —dije, apareciendo a unos metros de distancia junto a ella. Mantuve mi clásica sonrisa de arrogancia y calma para que Mei no quedara horrorizada por lo cerca que estuvo de la muerte. —¿Y... y Miguel? —preguntó ella con la voz temblorosa, buscando desesperadamente al Berserker con la mirada. —No te preocupes, Mei, él está bien —le respondí, mi semblante volviéndose serio mientras miraba hacia el cráter—. Ahora que te traje hacia mí, al menos sé que no morirás. Pero debes entender algo... Si él te hubiera perdido ahí, solo habríamos logrado que se odiara aún más a sí mismo. Ser consciente de no ser lo suficientemente fuerte para protegerte... eso solo hará que su odio y su eco interno se vuelvan su mayor desastre, consumiéndolo como un monstruo para siempre. Escena 2: El Muro de Carlos y la Promesa en el Cráter Punto de vista: Carlos, Darko, Mei, Josué Tanaka, Misael Sasai y Miguel Al ver que su ejecución había sido frustrada en el último segundo por mi intervención, una sonrisa bastante retorcida y amarga salió del rostro de Darko, quien sacó su espada del árbol y volteó a mirarme con una fijeza letal. —Vaya, vaya... El gran Carlos Tanaka al fin decide ensuciarse las manos —dijo Darko, su voz goteando veneno mientras acomodaba la espada sobre sus hombros—. Interesante. Intercambio posicional en el último milisegundo... Tu control del espacio-tiempo sigue siendo tan molesto como dicen los rumores. Mei se aferró a mi brazo, temblando mientras miraba a Miguel, quien yacía de rodillas a unos metros, respirando con dificultad y con el aura carmesí parpadeando como una vela a punto de extinguirse. El esfuerzo de haber desatado el estado Berserker estaba colapsando sus canales de maná desde el interior. —Carlos... por favor... salvalo —suplicó Mei en un susurro, con los ojos empañados en lágrimas—. Ese no es él... algo lo está corrompiendo. —Quédate aquí, Mei. No dejes el perímetro de mi barrera —le ordené con una voz inusualmente fría, perdiendo cualquier rastro de la sonrisa que había mostrado antes. Caminé lentamente hacia el frente, interponiéndome por completo entre Darko y los dos chicos de mi academia. Con cada paso que daba, el suelo bajo mis pies dejaba de temblar por el caos de Miguel y comenzaba a vibrar bajo una frecuencia mucho más pura y pesada: la mía. El Voltstrike comenzó a manifestarse, no como chispas descontroladas, sino como corrientes de electricidad azul verdosa que envolvían mis brazos con perfecta disciplina. Darko ensanchó su retorcida sonrisa, fascinado por el incremento de la presión en el aire. —¿Vas a pelear por él, Carlos? ¿Por el eslabón débil? —se burló Darko, apuntándome con el filo oscurecido de su arma—. Kronos tenía razón sobre ti. Eres predecible. Tu compasión por los patéticos será lo que termine por destruirte. —Hablas demasiado para ser un peón de segunda categoría —respondí, desenvainando la Espada Nocturna con un movimiento lento y seco. El filo oscuro absorbió la luz de los relámpagos a mi alrededor, creando un contraste absoluto—. No me importa lo que Kronos esté planeando con el laberinto, ni me importan las provocaciones baratas que usaste para quebrar a Miguel. Lo único que sé... es que tocaste a alguien de mi academia en mi propio torneo. A miles de kilómetros, en el palco flotante de las Doce Grandes Familias, la tensión se trasladó por completo a nuestra pantalla. Misael Sasai observaba con los dientes apretados el cuerpo caído de su hijo, mientras Josué Tanaka se inclinaba hacia el frente, con los ojos fijos en mi silueta. —Al fin vas a moverte, hijo... —murmuró Josué en voz baja, permitiendo que una leve y orgullosa sonrisa cruzara su rostro al ver mi despliegue de maná. De vuelta en el cuadrante sur, el silencio antes de la tormenta se apoderó del lugar. Darko flexionó las piernas, acumulando toda la materia oscura residual del ambiente en la punta de su espada, listo para un ataque definitivo. Miguel, desde el suelo, levantó la mirada con esfuerzo, sus ojos rojos parpadeando de vuelta al verde por un instante mientras me veía la espalda. —Carlos... —alcanzó a articular Miguel con un hilo de voz, antes de que el suelo estallara. Darko desapareció de la vista, convirtiéndose en una línea negra que cortó el espacio directo hacia mi cuello. Pero yo ya no estaba allí. Escena 3: La Revelación del Abuelo y la Herencia del Hércules Punto de vista: Miguel y Carlos «¿A dónde estoy?», se preguntó Miguel en la profundidad de sus propios pensamientos, flotando en un abismo de absoluta oscuridad y silencio. «¿Qué es lo que estaba haciendo?» Se preguntaba a sí mismo una y otra vez, con la mente nublada. No sabía con exactitud qué había ocurrido en el mundo real tras perder el control, pero el peso de la culpa comenzó a aplastarlo. «Me odio a mí mismo... Yo solo me dejé llevar por las palabras de ese tipo. Yo solo quería ser amado... Quería que él estuviera orgulloso de mí. Pero me equivoqué. Para mi odioso padre fui un error, un error que no debió nacer. Si yo no hubiera nacido... ¿todo estaría bien?» Las lágrimas, invisibles en ese vacío mental, brotaron acompañadas por un eco del pasado. El recuerdo de una figura cálida y sabia apareció en medio de la penumbra de su subconsciente. «Abuelo, perdóname... No podré cumplir mi promesa...» Las palabras que le había dicho de niño resonaron con una dolorosa nitidez: «Cuando sea grande quiero ser como tú... Así de grande, impecable, inteligente. Dar lo mejor no solo forja al hombre, sino el camino de quien nos enseñó a ser quiénes somos...» Miguel se encogió sobre sí mismo en ese espacio mental, quebrado por la decepción de haberle fallado a la única persona que de verdad había creído en él, transformando su legado de vida en un monstruo de destrucción. «Me pregunté a mí mismo si realmente merecía estar aquí... Yo... por mi estupidez, casi hago que Mei se sacrifique por mí.. Vi su rostro, vi cómo se cruzó sin dudarlo... Quisiera despertar... ¡Quisiera moverme de una maldita vez!» Mientras Miguel luchaba internamente contra las cadenas del estado Berserker, intentando romper el cascarón de su propio trauma para recuperar el control de su cuerpo, en el mundo exterior el aire se congeló. Darko reapareció de su teletransportación fallida unos metros más allá, con los ojos abiertos de par en par. Mi velocidad rítmica y el flujo rúnico de mi Voltstrike me habían colocado justo al lado del cuerpo inmóvil de Miguel antes de que la materia oscura de nuestro enemigo pudiera tocar un solo cabello de Mei. —Es un hermoso discurso mental el que está teniendo tu amigo, Carlos —siseó Darko, lamiéndose la sangre del labio superior mientras extendía sus garras—. Pero las almas rotas no despiertan solo por desearlo. —Él no necesita un milagro para despertar, Darko —respondí, bloqueando su siguiente estocada con el plano de mi Espada Nocturna, provocando que una lluvia de chispas azules y negras iluminara el cráter—. Solo necesita que alguien le gane el tiempo suficiente para recordar quién es. ¡Y para tu mala suerte, yo tengo todo el tiempo del mundo! —¿Estar aquí atrapado sin una salida...? ¿Será mejor rendirme? —me pregunté, sintiendo cómo la oscuridad de mi propia mente me tragaba por completo. —¿Rendirte? ¿Ahora? —dijo una voz familiar, resonando desde el fondo del abismo con una calidez que creía haber perdido para siempre. Volteé desesperadamente y, al ver, mis ojos temblaron. Hablé con una dificultad inmensa, siendo algo sumamente difícil de creer: —Abuelo... Pero... ¿cómo? —Es difícil de explicarlo, nieto... —respondió, su silueta iluminándose con una luz tenue y pacífica—. Entiendo tu dolor, Miguel. Yo nunca creí que mi hijo se convirtiera en esa clase de persona. Él antes no era así, no sé por qué cambió demasiado... Mi muerte no fue un accidente, Miguel. Hay algo que tienes que saber, pero antes, prométeme que protegerás a tu madre... Tu padre fue quien me asesinó. Me quedé completamente paralizado. Mi rostro se llenó de horror y de un odio ardiente, mientras una lágrima pesada resbalaba por mis mejillas. —¿Qué...? ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué él te asesinó?! ¡Dímelo, quiero saber el porqué! —grité, sintiendo que el corazón se me partía en mil pedazos. —Tu padre se obsesionó demasiado con conseguir poder, con ser alguien que pudiera tenerlo todo y ser el más poderoso de todos... Pero él me mató robando mi espada. Tu padre estaba tan loco que decidió robar mi magia y mis técnicas de la espada... Tu madre no lo sabe por los traumas y el miedo que se apoderaron de ella. En verdad duele... Me duele ver a mi nieto sufriendo por algo de lo que jamás tuvo la culpa. Tu madre y tú han sufrido mucho por culpa de mi hijo. Por eso... El abuelo dio un paso al frente y se acercó hacia mí, tomándome firmemente de la mano. Su tacto se sintió tan real y cálido que toda la energía roja y maldita del Berserker comenzó a retroceder dentro de mi subconsciente. —Tienes personas valiosas en tu vida, Miguel... No te conviertas en alguien como tu padre. Sé tú mismo, sé quién eres, porque esta es tu vida, estas son tus decisiones. Tú has heredado algo muchísimo mejor que nuestras técnicas... Miguel, eres alguien fuerte, de corazón de acero. Eres tú quien está saliendo adelante con personas que te están ayudando, y eso es algo bueno... Yo estoy realmente orgulloso de ti. Has hecho algo increíble, Miguel. Una sonrisa llena de amor y paz se dibujó en el rostro de mi abuelo, disipando la última pizca de oscuridad en mi mente. —Nunca me equivoqué contigo. Eres alguien mejor, alguien que puede superar cualquier obstáculo. Aunque varias personas te aplasten, siempre te vas a levantar. Eres un caballero, nunca lo olvides, mi querido Hércules... Tú eres el Hércules que todo el mundo ha estado esperando. En el mundo exterior, el cuerpo de Miguel, que yacía de rodillas frente a Darko, dejó de emitir esa tétrica neblina carmesí. Mis ojos azul verdosos captaron el cambio de inmediato mientras bloqueaba un nuevo embate de materia oscura. El aura de Miguel comenzó a transformarse una vez más, pero esta vez no era el flujo errático de la naturaleza, ni la furia del Berserker. Era una energía dorada y pura, tan sólida como el acero, que comenzó a restaurar sus canales de maná a una velocidad divina. El verdadero Hércules estaba a punto de despertar. Escena 4: La Emboscada Divina y la Sombría Aparición de Lucifer Punto de vista: Miguel, Gojo y Lucifer Un destello dorado, tan deslumbrante como el sol del amanecer, barrió por completo los escombros del cuadrante sur. Me levanté del suelo rúnico, sintiendo cómo cada una de las palabras de mi abuelo reconstruía mis canales de maná y solidificaba mi espíritu. Concentré toda la fuerza del mundo en mi mano derecha y, con un rugido de pura voluntad, invoqué una espada mágica ancestral: la Espada de Arnés de Ashlia. El arma materializada resplandecía con un filo místico y divino. Mis ojos vibraron con una determinación inquebrantable al clavar mi mirada fijamente en Darko. —Ya no me voy a dejar asustar por alguien como tú... —sentencié con una voz firme que hizo eco en las paredes del laberinto, borrando cualquier rastro de duda. Mientras tanto, en una zona completamente diferente y devastada del laberinto, Gojo Akinori Velkan se encontraba en una situación que habría hecho temblar a cualquier mortal. Estaba rodeado, pero no por simples estudiantes de la academia, sino por varios enviados y guerreros de las facciones de los mismísimos dioses. La presión divina en el aire era tan densa que distorsionaba el espacio a su alrededor. —Mierda... Parece que encontraron una mina de diamantes, ¿o me equivoco? —dije, manteniendo intacta mi característica sonrisa de arrogancia mientras me cruzaba de brazos, totalmente imperturbable ante la emboscada—. Me parece injusto que ustedes sean tan solo once contra uno... ¿Piensan que soy un peligro o algo así? Miré a los dioses y a sus representantes con una chispa burlona en mis ojos. Uno de los comandantes divinos, apretando el puño sobre su lanza dorada, dio un paso al frente. —No es nada personal, Gojo —respondió el guerrero con voz de trueno—. Solo que escuchamos que ustedes se enfrentaron a seres que no debieron enfrentar, y el equilibrio del torneo no puede permitir variables tan caóticas como tú. A miles de kilómetros, en las pantallas flotantes que transmitían el torneo para todo el mundo, había gente mirándome fijamente sin que yo lo notara en ese instante. Mi madre me estaba observando con el corazón en un hilo, y mi padre también seguía cada uno de mis movimientos con atención. Al percibir vagamente esa conexión a través del flujo del maná ambiental, amplié mi sonrisa confiada y me acomodé para la batalla. —Lo siento... pero mis padres me están observando —dije con una sonrisa confiada, dejando escapar una risa ligera antes de adoptar una postura de combate impecable—. No puedo permitirme perder hoy. Tendré que lucirme un poco ante las cámaras. El aire comenzó a distorsionarse a mi alrededor, listo para demostrarles a los dioses por qué meterse con los míos era el peor error de sus vidas. Miré a ellos y ellos a mí... Las ráfagas de viento se movían lentamente, como si el tiempo mismo se estuviera ralentizando, esperando a que uno de nosotros hiciera el primer movimiento. El estudiante más fuerte de la academia contra los estudiantes deidades más fuertes de todas las academias. Cada vez que lo pienso, no logro concentrarme del todo. Al ver todo lo que hemos recorrido para llegar hasta aquí, sé que no es mucho lo que yo deba hacer, pero le hice una promesa a Shiro. Le prometí que si ella llegaba a la final, yo sería el que se enfrentaría a ella. Sé que esto es lo que uno siempre había deseado. Mi padre, Rafael Akinori, me está mirando en este preciso momento a través de las pantallas. Ojalá mi hermana hubiera estado ahí también, para ver cómo su hermano menor está demostrando ser el guerrero más fuerte. Todos tienen altas expectativas sobre mí, pero yo... si fallo, no merecería llevar ni el apellido Akinori ni el Velkan. Sería una vergüenza para mi familia si pierdo contra esos dioses. Sé que soy solo un niño, pero siempre me pregunto: ¿cómo es que me comporto como un adulto? ¿Esto tiene realmente sentido en mi vida? Bueno, estoy tan seguro de que esto solo será el comienzo de mi camino. Miré cómo ellos se miraban entre sí, coordinando su estrategia en un parpadeo. Entonces, se lanzaron y me atacaron al mismo tiempo. Reaccionando por puro instinto, usé mi magia del tiempo para detenerlos en seco, congelando sus siluetas en el aire. —¿Creíste que no nos daríamos cuenta? —dijo una voz fría y distorsionada justo detrás de mí. Quedé completamente paralizado. Antes de que pudiera activar mi flujo místico para esquivar, uno de ellos clavó su espada profundamente en el costado de mi estómago. Escupí una bocanada de sangre mística, y el sonido del acero desgarrando mi carne resonó con crueldad en mis oídos. Dios, cómo se sentía... Era el dolor puro de ser rebanado por dentro. Al voltear levemente la mirada, ellos me miraban con ojos de masacre, desprovistos de cualquier rastro de competitividad escolar. Al darme cuenta de la densidad y la naturaleza oscura de su maná, la verdad me golpeó: ellos no eran estudiantes. Ellos eran infiltrados de las facciones oscuras. —Cómo... es... —respiré con extrema dificultad, presionando la herida con mi mano mientras la sangre se filtraba entre mis dedos. De pronto, reconocí una voz arrastrada y malévola que hizo que mi sangre se congelara. De entre las sombras del espacio distorsionado, emergió Kronos, acompañado por una silueta imponente y aterradora. Al verlo bien, mis ojos se abrieron con horror: era Lucifer en persona. —Vaya, vaya, pero mira a quién tenemos aquí —dijo Lucifer con una sonrisa desbordante de malicia, observando mi estado—. Pero si es Gojo Akinori Velkan. Ha pasado un tiempo desde la última vez que tú y Shiro me humillaron... —¿Cómo diablos atravesaste las defensas de los dioses...? ¿Cómo es que tú... tienes el control sobre ellos? —dije, exigiendo una respuesta con la voz rota por el dolor, pero manteniendo la furia en mi mirada mientras intentaba estabilizar mi maná del tiempo. Continuará...
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Estás leyendo el capítulo 250 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 9 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.