Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 249 online gratis en español
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Capítulo 249: El Despertar Berserker y las Sombras del Pasado
Punto de vista: Miguel, Darko, Carlos, Doce Grandes Familias y Mei
Escena 1: La Emboscada de Darko y la Desesperación de Miguel
Punto de vista: Miguel y Darko
—Pero no creí que ellos me buscarían... —murmuró Miguel, encontrándose completamente solo en mitad de un pasillo rodeado de altas paredes de piedra rúnica. La niebla del laberinto le impedía ver más allá de unos pocos metros—. Espera... ¿qué es esa presencia?
Un escalofrío helado le recorrió la espina dorsal. Miguel giró sobre sus talones y retrocedió a una velocidad increíblemente rápida, pero se detuvo en seco, quedando completamente paralizado por el miedo. Al levantar la vista, notó una mirada bastante incrédula fija en él.
—Ahh... Al fin te encuentro, Miguel —dijo Darko, emergiendo de la penumbra con una sonrisa torcida y una mirada bastante siniestra—. Empecemos... Tú eres Miguel Sasai, uno de los estudiantes de la Academia Ryouou Clannad, bueno, nuestro propio instituto, ¿no?
Darko lo miraba fijamente, desbordando una tremenda sed de matanza. Un aura oscura y opresiva comenzó a vibrar con violencia en su interior, haciendo temblar el suelo y provocando que el propio cuerpo de Miguel reaccionara con espasmos de terror absoluto.
—¿Qué... Qué es esto? —alcanzó a articular Miguel, tratando de estabilizar su respiración ante semejante presión espiritual.
—¿Oh, esto? Digamos que te voy a matar... —respondió Darko con una tranquilidad espeluznante—. Es lo más obvio, ¿no lo crees? ¿O es que tu padre no te lo dijo?
Miguel se quedó completamente helado. El horror absoluto se reflejó en su rostro, seguido rápidamente por una profunda sensación de decepción y confusión. Las menciones sobre su familia en un lugar como este solo significaban que los hilos del pasado lo habían alcanzado.
—Qué pena que tú hayas nacido siendo el más débil... —se burló Darko, disfrutando cada segundo de la desesperación de su presa.
—¡Tú qué vas a saber de mí! ¡Ni siquiera sé quién eres! —gritó Miguel, intentando reunir el valor para activar su magia.
Pero todo se volvió silencio en un parpadeo. Antes de que Miguel pudiera siquiera levantar los brazos para protegerse, Darko se materializó frente a él. La velocidad del ataque fue inhumana. Miguel sintió un impacto brutal directamente en su estómago; el golpe fue tan devastador que le sacó todo el aire de los pulmones, haciéndolo escupir sangre antes de salir disparado por los aires, destruyendo varias paredes rúnicas a su paso hasta perderse muy lejos en la distancia.
El estruendo de los muros colapsando resonó por todo el cuadrante sur del laberinto. Miguel terminó estrellándose contra el frío suelo de piedra, dejando una estela de escombros y polvo a su alrededor. Se llevó una mano al abdomen, gimiendo de dolor mientras intentaba recuperar el aire, sintiendo cómo el impacto de Darko casi le destruye los canales de maná.
—Vaya... Qué decepción —la voz de Darko resonó entre el polvo. El chico caminaba con total parsimonia, con las manos metidas en los bolsillos y esa aura negra como la noche goteando de sus hombros—. Esperaba que el hijo de los Sasai al menos pudiera amortiguar un golpe casual. Si esto es todo lo que tienes, el plan de "limpieza" va a ser sumamente aburrido.
Miguel, con la vista nublada y la sangre todavía corriendo por la comisura de su boca, intentó apoyar las palmas en el suelo para levantarse. El pánico seguía ahí, pero el orgullo y la confusión estaban empezando a transformarse en rabia.
—¿Por qué...? —tosió Miguel, levantando la mirada con esfuerzo—. ¿Por qué nos atacas? ¡Se supone que somos de la misma academia! ¡Los directores y Zeus nos están viendo en las pantallas!
Darko se detuvo a unos metros de él y soltó una carcajada seca, desprovista de cualquier pizca de humanidad.
—¿Los directores? ¿Zeus? —Darko miró hacia el cielo del laberinto, donde los espejismos mágicos seguían flotando—. Ellos solo ven lo que el laberinto les permite ver, idiota. Además... las Doce Grandes Familias allá arriba están demasiado ocupadas discutiendo sus propias hipocresías como para preocuparse por un eslabón débil que desaparece en mitad de un torneo.
Lentamente, Darko sacó la mano derecha de su bolsillo. Una densa capa de energía oscura comenzó a moldearse alrededor de sus dedos, afilándose como garras de pura materia oscura.
—Esto no es un juego de niños, Miguel. Es una reconfiguración del tablero. Y tú eres el primer peón que voy a sacar de la jugada.
Escena 2: El Poder de la Vida y la Reacción de Misael Sasai
Punto de vista: Carlos, Miguel, Darko, Josué Tanaka y Misael Sasai
Mientras tanto, a unos cuantos kilómetros de allí, yo me detuve en seco en mitad del pasillo forestal. La Visión del Dragón seguía activa de fondo en mi mente, y aunque la distancia era considerable, el violento estallido del maná de Darko y el eco del impacto de Miguel resonaron en mis sentidos como un pitido agudo. Mis ojos azul verdosos se afilaron por completo y la leve sonrisa de arrogancia que llevaba en el rostro desapareció, reemplazada por una mueca de seriedad.
—Esa maldita presencia... —murmuré, apretando el puño con tanta fuerza que las chispas de mi Voltstrike volvieron a brotar de mis nudillos—. Ese no fue un combate normal del torneo. Alguien está manchando mi territorio.
Sin perder un solo segundo, flexioné las piernas y me impulsé hacia el frente. El suelo bajo mis pies se fracturó por la presión del arranque y me convertí en un destello de luz verde y azul, cortando el aire a una velocidad sónica directo hacia el cuadrante sur. Si alguien pensaba que podía cazar a los miembros de Ryouou Clannad bajo mi guardia, estaba a punto de descubrir por qué derroté a un dios antiguo a los siete años.
—No puedo permitir que alguien como tú me diga cómo debe ser mi vida —dijo Miguel, su voz quebrándose pero ganando una fuerza que antes no tenía—. Tienes razón, soy débil porque nunca heredé nada especial que él esperara. Para él, solo fui un error... una decepción que solo me lástima al tan solo decirlo.
Con el cuerpo temblando por el dolor del golpe anterior, Miguel se levantó. Sus ojos reflejaban el cansancio absoluto de escuchar una y otra vez lo débil y patético que supuestamente era. Ya había sido suficiente.
De pronto, una luz cegadora lo iluminó por completo, rasgando las sombras del laberinto. El poder de la naturaleza misma estalló desde su interior, respondiendo al fin a su llamado. Los ojos de Miguel comenzaron a brillar con un verde intenso y místico, mientras ráfagas de viento colosales se desataban a su alrededor, sacudiendo con violencia las paredes de piedra rúnica y arrancando la maleza del suelo.
A miles de kilómetros, en el palco flotante, Josué Tanaka y los demás líderes sintieron de golpe esa clase de poder absoluto vibrando a través de las pantallas. Josué se tensó, mirando de inmediato hacia la dirección de la proyección de Miguel.
—Miguel... ¿Acaso tú...? —murmuró, impresionado.
Por su parte, Misael Sasai por primera vez vio algo que congeló sus palabras. El rostro del líder se desfiguró al recordar aquella legendaria batalla que tuvieron en el pasado. Las proyecciones mágicas no mentían; la energía que rodeaba al chico era inconfundible.
—Esa magia... ¡El poder de la vida! —exclamó Misael, incapaz de apartar la mirada.
De vuelta en el cuadrante sur del laberinto, Darko cubrió su rostro con un brazo para protegerse de las violentas corrientes de viento, pero su sonrisa siniestra no desapareció.
—Wow, vaya... Hasta que por fin haces algo bien en demostrarme tu valentía —comentó Darko con ironía, estabilizando su postura—. ¿Pero qué crees? Aunque hayas despertado esa magia, de nada va a servir todo este esfuerzo.
Miguel ya no lo escuchaba. Consumido por el instinto y la abrumadora energía de la naturaleza que acababa de reclamar, se lanzó al frente como un meteoro verde. El aire exploded con su avance. Darko reaccionó en el último milisegundo, cruzando sus brazos imbuidos en materia oscura para bloquear el impacto directo.
El choque de fuerzas fue tan devastador que la onda expansiva agrietó el suelo en un radio de cien metros. A pesar de haber detenido el golpe por instinto, la fuerza bruta del despertar de Miguel fue tal que Darko fue disparado muy lejos de allí, atravesando las densas hileras del laberinto como un proyectil fuera de control.
Escena 3: Intervención Fallida y la Caída en el Estado Berserker
Punto de vista: Carlos, Miguel y Darko
El cuerpo de Darko abrió un nuevo pasillo a través de los escombros rúnicos mientras salía despedido, pero a mitad de su caída forzada, clavó sus garras de materia oscura en el suelo, frenando el impacto de golpe. Una densa estela de humo negro se levantó a su alrededor. Cuando se incorporó, limpiándose un hilo de sangre de la mejilla, su rostro ya no mostraba diversión. Era pura ira psicópata.
—Con que el poder de la vida... —siseó Darko, sus ojos inyectados en sangre—. ¡No eres más que una planta que voy a arrancar de raíz!
Miguel, envuelto en ese pilar de luz verde que hacía brotar raíces gigantescas y plantas místicas de las grietas de la piedra, respiraba agitadamente. El despertar de su magia de la naturaleza le estaba cobrando un precio físico enorme, pero su mirada ya no era la de una presa. Era la de un guerrero dispuesto a morir con tal de defender su derecho a existir.
A miles de kilómetros, en el palco flotante de las Doce Grandes Familias, Misael Sasai golpeó la mesa con furia, incapaz de procesar lo que sus ojos veían en la pantalla mítica.
—¡Es imposible! —bramó Misael, con las venas de la frente a punto de estallar—. ¡Ese bastardo no tenía ni una gota de mi linaje elemental! ¿Cómo es que manifiesta el flujo de la vida primigenia? ¡Eso pertenece al núcleo de los antiguos!
Josué Tanaka lo miró de reojo, con una mueca de absoluto desprecio.
—Te lo dije, Misael —soltó Josué con voz profunda y firme—. Tu arrogancia te cegó tanto que fuiste incapaz de ver el verdadero milagro que Liz trajo al mundo. Desechaste un diamante pensando que era carbón, y ahora la historia te lo va a escupir en la cara.
Mientras la disputa familiar ardía en las altas esferas, el laberinto volvió a temblar. Darko se lanzó de regreso al ataque a una velocidad que distorsionaba el espacio, con sus garras oscuras listas para atravesar el pecho de Miguel. Miguel levantó los brazos, invocando un escudo de raíces rúnicas ancestrales para detener el embate, pero la materia oscura de Darko comenzó a corroer la madera mágica a una velocidad alarmante. El escudo empezó a agrietarse.
—¡Muérete de una vez! —gritó Darko, concentrando toda su sed de sangre en la punta de sus dedos.
¡BOOM!
Antes de que las garras de Darko pudieran tocar la piel de Miguel, un relámpago cegador de color azul y verde cayó directamente del cielo del laberinto, impactando justo en medio de ambos. La onda expansiva de energía eléctrica de mi Voltstrike deshizo la materia oscura de Darko y lo obligó a saltar hacia atrás para no terminar carbonizado. La densa cortina de humo y chispas se disipó lentamente, revelando mi silueta en el centro del cráter. Mi Espada Nocturna descansaba sobre mi hombro, y mis ojos brillaban con una furia fría mientras miraba de reojo a Darko.
—Vaya, vaya... —dije, dejando que la electricidad estática de mi cuerpo hiciera crujir el aire—. Así que este era el insecto que andaba haciendo ruido en mi territorio. Miguel, descansa. Yo me encargo de limpiar esta basura.
Fui golpeado muy lejos de aquí; el impacto de la onda expansiva de Miguel me había mandado a volar a través de los escombros. Me reincorporé de inmediato, limpiándome un rastro de polvo del rostro mientras la densa energía roja comenzaba a consumir el lugar. Una voz llena de odio se dirigió hacia mí:
—¡Tú no te metas! —gritó Miguel, y yo quedé pálido al verlo así, completamente consumido por una fuerza destructiva que jamás le había visto.
—¿¡Miguel...!? —pronuncié, tratando de dar un paso al frente, pero la presión de su maná me obligó a plantar firmemente los pies en el suelo.
—¡Lárgate, Carlos! No quiero que tú también salgas herido... —bramó, con las lágrimas evaporándose por el calor de su propia aura—. ¡Esta es mi lucha y no voy a permitir que tú te metas! ¡Siempre te he tenido envidia! Desde que llegaste a la academia, desde que pasaron toda esta clase de cosas... ¡Tú lo tenías todo! Familia, amigos... ¡todo! ¿Pero yo?
La tierra bajo sus botas comenzó a hundirse, agrietándose en líneas perfectas que brillaban con un tinte carmesí.
—¿Qué he tenido yo? Tú siempre has vivido una vida feliz, ¿pero yo qué, Carlos? ¡Dímelo! ¿Yo qué? Tú nunca has visto cómo es la vida cuando alguien te arrebata el sueño que uno soñaba ser... ¡Las personas son muy crueles! Tienes buenos padres... tienes a un padre maravilloso. Desde la primera vez que él me tendió la mano, sentí esa calidez que mi propio padre jamás me ha dado. Mi madre sufrió todo el daño que ella recibió por mi culpa... ¡Todo lo que yo hice fue para no preocuparla, para que no llorara más! ¡Tú no tienes ni idea de lo que yo tuve que vivir...! ¡¡¡AHHHHHHHHHHHHHH!!!
El grito de Miguel desgarró el aire del laberinto, un lamento ensordecedor que hizo retumbar las paredes de piedra rúnica a la redonda. Luego de que perdiera el control por completo, la energía de la naturaleza que antes era pura se corrompió. Su aura se volvió roja, espesa y violenta como la sangre, y sus ojos verdes brillantes cambiaron de color a un rojo carnívoro y desbocado. Había entrado en el estado de Berserker. El dolor y el resentimiento acumulados habían quebrado su mente, liberando un poder destructivo que ya no distinguía entre aliados o enemigos.
Escena 4: La Masacre de Miguel y las Sombras de Kronos
Punto de vista: Carlos, Mei y Darko
—¡Jajajaja, jajajaja! ¿Ahora el débil me ataca? —soltó Darko entre risas siniestras, levantándose de los escombros sin un ápice de preocupación—. ¡Jajaja, qué patético eres! Solo mírate... Ahora te conviertes en un monstruo sin control solo porque te duele algo que jamás vas a aceptar.
El insulto de Darko fue el detonante definitivo. Miguel, completamente cegado por el estado de Berserker, no esperó un segundo más. Desapareció de su posición en un estallido de velocidad bruta, dejando atrás un rastro de maná rojo que agrietó la piedra rúnica.
¡BOOM!
Antes de que Darko pudiera levantar una sola de sus barreras de materia oscura, Miguel reapareció justo frente a él. Con un movimiento violento, usé su espada infundida en esa energía caótica para asestar un golpe demoledor que mandó a volar a Darko muy lejos de aquí. Pero Miguel no se detuvo ahí. Impulsado por el puro instinto de destrucción, se transportaba a una velocidad sónica, interceptando el cuerpo de Darko en el aire antes de que tocara el suelo. Lo golpeó una y otra vez, de izquierda a derecha, de arriba abajo, destrozando las paredes del laberinto a su paso. Cada impacto liberaba una onda expansiva que evaporaba los árboles y pulverizaba las ruinas.
A pesar de la golpiza brutal y de los cortes que empezaban a brotar en su cuerpo, Darko mantenía una expresión retorcida. Sonreía con amargura mientras escupía sangre, disfrutando del dolor y del hecho de haber arrastrado al "eslabón débil" hasta su nivel más salvaje. Nuestro campo de batalla se convirtió en algo destructivo, una zona de desastre absoluto donde el suelo temblaba sin parar. Yo observaba la escena con los puños apretados, calculando el momento exacto para intervenir, sabiendo que si no los detenía pronto, el poder del Berserker terminaría por consumir la vida del propio Miguel.
El rugido de Miguel se volvió inhumano, un sonido gutural que parecía rasgar la mismísima estructura del laberinto. Mei, que se encontraba en un sector adyacente, sintió un vuelco en el corazón; la firma de maná de su novio, usualmente cálida y controlada, se había convertido en un incendio desbocado de puro dolor y odio.
—¿Miguel...? —susurró ella, deteniéndose en seco mientras el suelo bajo sus pies comenzaba a vibrar—. ¿Qué está pasando? ¿Qué demonios...?
Un estallido de viento, cargado de una presión asfixiante, la obligó a alejarse lo más rápido posible. Las ráfagas cruzaban la isla como cuchillas, destrozando el follaje y las estructuras rúnicas. Mei corrió, saltando sobre escombros, hasta que llegó a un punto donde la vegetación se había carbonizado. Entonces, lo vio.
Miguel estaba allí, en el centro de un cráter humeante, pero ya no parecía humano. Su silueta estaba distorsionada por una densa aura carmesí que emitía una neblina de energía maligna. Estaba a punto de cruzar el umbral: el proceso de convertirse en una bestia, un ser irracional cuyo único propósito era reducirlo todo a cenizas.
Yo, que observaba desde un promontorio cercano, sentí que la sangre me hervía. Mis nudillos se volvieron blancos de tanto apretar el mango de mi espada.
—Ese tipo... —murmuré, refiriéndome a Darko, cuya influencia oscura era evidente en la caída de Miguel—. ¿Cómo se atreve a llevarlo tan lejos? ¿Cómo se atreve a usarlo como juguete?
La rabia de Carlos superaba cualquier táctica. En ese momento, la pieza del rompecabezas encajó con una frialdad aterradora en mi mente.
—Entonces, los planes de Kronos... ya se están moviendo —dije entre dientes, mientras mis ojos destellaban con una mezcla de frustración y determinación—. Maldita sea. Están utilizando el rencor de Miguel como una llave maestra para romper los sellos del laberinto. Si Miguel terminaba de sucumbir, el festival dejaría de ser un torneo para convertirse en una masacre a escala cósmica, y Kronos tendría el camino libre. Tenía que intervenir, incluso si eso significaba enfrentarme a mi mejor amigo en su forma más destructiva.
Continuará...

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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 249
Estás leyendo el capítulo 249 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 7 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.