Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 248 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 248: Dimensiones, Orgullo de Estirpe y Traiciones en la Sombra
Punto de vista: Carlos, Doce Grandes Familias, Karen y Facciones del Laberinto
Escena 1: Limpieza en el Bosque y la Llegada de los Treinta
Punto de vista: Carlos y Grupo de Caza
—¡No mames, llamen a un dios...! ¿En qué momento llegó ese tipo aquí? —exclamó uno de los estudiantes de la academia de las bestias, retrocediendo tanto que tropezó con una raíz.
—Ya nos cargó la chingada —sentenció otro, soltando su arma mientras el color abandonaba su rostro.
Uno de los magos, un elfo de apariencia joven, simplemente cerró los ojos y dejó escapar un suspiro de resignación mientras miraba hacia el dosel de los árboles, como si buscara un milagro en el cielo.
—Es el fin de nosotros, compañeros míos. Si alguien sobrevive... díganle a mi mamá que la quiero.
Un guerrero veterano de la academia Wuxons, claramente más curtido que el resto, golpeó el suelo con su lanza, intentando infundir valor en el grupo.
—¡Dejen de decir tonterías! —bramó, aunque sus manos también temblaban levemente—. ¡Él está aquí, ante nosotros! Vino por nosotros, sí, pero es nuestra oportunidad de demostrarle a este "debilucho" de qué estamos hechos. ¡Si lo derrotamos, seremos leyendas!
Mientras ellos discutían, presas del pánico y la desesperación, yo permanecí inmóvil. Solo los observaba con una sonrisa gélida y afilada. Lentamente, puse mi dedo índice sobre mis labios en un gesto de "silencio", pidiéndoles que dejaran de hacer ruido, y luego deslicé mi mano hacia mi oreja, moviéndola en un gesto fluido hasta mi barbilla. Era el aviso final.
Ajusté mi postura, mis músculos se tensaron como cuerdas de acero y comencé a cargar energía en mi puño derecho. Los relámpagos azulados y verdes volvieron a rugir, esta vez saltando sobre mis nudillos y formando un aura tan intensa que el suelo bajo mis pies empezó a resquebrajarse.
—Mucho ruido... —dije con voz baja y peligrosa—. A ver si aguantan un solo golpe antes de que los mande con mamá Coco.
La electricidad estática en el aire era tan alta que el cabello de los treinta estudiantes se erizó. El miedo en sus rostros fue reemplazado por la comprensión absoluta de que no estaban frente a un rival, sino frente a un desastre natural que estaba a punto de desatarse. El puño estaba listo; la cuenta atrás para el impacto final ya no existía.
—Espero que esto les sirva para que piensen bien en cómo piensan derrumbarme, par de idiotas... —solté en un susurro justo antes de liberar la energía.
El estallido de velocidad y electricidad ráfaga mandó a volar los árboles cercanos. El impacto inicial barrió con la mitad de su formación, dejando un cráter humeante en el suelo del bosque. Sin embargo, impulsados por el puro instinto de supervivencia, varios de los guerreros que quedaban en pie se levantaron con la respiración agitada y me atacaron al mismo tiempo, lanzando cortes de espada, ráfagas de fuego y embates con escudos.
Yo simplemente me movía como un espectro entre sus líneas. Los esquivaba con la mayor facilidad del mundo, dando ligeros pasos hacia los lados y dejando que sus propias armas chocaran entre sí. Con cada finta, un destello verde y azul de mi energía residual los desestabilizaba, dejándoles claro que ni siquiera necesitabas esforzarme para jugar con ellos.
Escena 2: Duelos Internos y el Palco de las Doce Familias
Punto de vista: Lucía, Freya, Mío, Josué Tanaka y Misael
Mientras mi sector se convertía en una zona de demolición, en otra parte del laberinto cubierto por la niebla mística, la tensión era muy diferente. Elena y Morbius se miraban con un desprecio absoluto, con las garras de la semi-bestia destilando instinto asesino y el aura oscura del vampiro ondeando a su alrededor, listos para destrozarse el uno al otro en un duelo de velocidad y sangre.
Y no muy lejos de allí, en un gran claro de ruinas antiguas, el destino de la geografía cambiante del laberinto unió a tres fuerzas de la misma academia. Lucía, sosteniendo su postura imponente, se topó de frente con Freya y Mío. Las tres guerreras de la facción de Ryouou Clannad se detuvieron, midiendo el terreno mientras las paredes de piedra sellaban las salidas a sus espaldas. Lucía rompió el silencio, cruzándose de brazos con una sonrisa desafiante y divertida al ver a sus compañeras de instituto.
—Parece que nos tocó pelear contra nosotras... —comentó, con sus ojos brillando por la expectativa del combate interno.
—Vaya, qué mala suerte... o qué buena, según cómo se mire —respondió Freya, desenvainando su arma con un movimiento fluido mientras una brisa helada comenzaba a arremolinarse a su alrededor—. Sabíamos que el laberinto nos obligaría a esto tarde o temprano. Aquí no hay amigos, solo el último que quede en pie.
Mío dio un paso al frente, ajustando su postura de combate. Su mirada, usualmente serena, se había afilado por completo al sentir la inmensa presión que Lucía emanaba de forma natural.
—No me voy a contener solo porque seamos de la misma academia, Lucía —advirtió Mío, acumulando maná en sus manos—. Zeus está mirando, y el jefe espera que demos un buen espectáculo.
—¡Así se habla! —celebró Lucía, expandiendo su aura con una tremenda confianza—. ¡Vengan con todo!
Las tres guerreras se lanzaron al ataque simultáneamente, desatando una colisión de magias que hizo temblar las ruinas, iluminando los cielos del laberinto con destellos de poder absoluto.
Mientras tanto, de vuelta en mi sector forestal, los pocos estudiantes que quedaban del grupo de treinta ya no sabían si correr o llorar. Un guerrero de la academia Oklexmia intentó atacarme por la espalda con un hacha infundida en fuego, pero sin siquiera voltear, ladeé el torso, agarré el mango de su arma con una sola mano y lo stamped contra el suelo, levantando una nube de tierra.
—Demasiado lentos —dije, saltando hacia atrás para esquivar una lluvia de flechas mágicas que se clavaron inútilmente en el pasto.
Me sacudí el polvo del hombro con total tranquilidad, observando a los diez sobrevivientes que respiraban con dificultad, completamente aterrados. Apenas había usado una fracción de la velocidad que perfeccioné durante mis cuatro días de aislamiento, y para ellos ya era una pesadilla inalcanzable.
—¿Eso es todo lo que tienen las "grandes naciones"? —les pregunté, cruzándome de brazos mientras mis ojos brillaban con ese tono azul verdoso—. Si no se ponen serios, esta aburrida limpieza va a terminar antes de que pueda divertirme.
A miles de kilómetros de la isla, en el monumental anfiteatro flotante donde las Doce Grandes Familias se habían reunido para presenciar el festival a través de las proyecciones mágicas de Zeus, el ambiente era de pura estupefacción. Los líderes de los clanes más antiguos y poderosos del cosmos observaban en silencio absoluto cómo un solo estudiante de la Academia Ryouou Clannad jugaba con las élites de las grandes naciones como si fueran niños. Entre los palcos de honor, el rostro de Misael, uno de los líderes más influyentes de las familias, se ensombreció por completo. Sus ojos se apartaron de la pantalla principal que mostraba el laberinto y se volvieron lentamente hacia el hombre que estaba sentado a su lado, en las sombras del palco principal.
—Josué Tanaka... —pronunció Misael con una voz gélida, rompiendo la rigidez de la sala—. Ese es el chico de tu estirpe, ¿verdad? El monstruo que cargó con el destino maldito del que tanto hablaban. Míralo... ni las deidades ni las alianzas de las razas parecen ser capaces de rozar siquiera el borde de su capa.
Josué Tanaka no respondió de inmediato. Permaneció inmóvil, con los brazos cruzados sobre su elegante túnica oscura, observando la enorme pantalla mística donde yo acababa de noquear a tres guerreros más con un solo destello de mi velocidad. En su rostro no había orgullo, sino una profunda y misteriosa seriedad, sabiendo perfectamente que lo que las Doce Familias estaban viendo no era más que la punta del iceberg del verdadero poder de Carlos.
—Él no está compitiendo, Misael —respondió finalmente Josué Tanaka, con una voz profunda que hizo que los demás líderes de las familias aguzaran el oído—. Él está limpiando el terreno. El festival apenas es el escenario; el verdadero peligro comenzará cuando los de arriba decidan que ya han visto suficiente.
Mientras las Doce Familias debatían con nerviosismo mi origen y mi letalidad en el festival, yo en el laberinto forestal dejé escapar un suspiro, sintiendo a la distancia cómo las miradas de los altos mandos se clavaban en mi espalda a través de las proyecciones. El tablero del cosmos se estaba moviendo rápido, y Josué Tanaka lo sabía mejor que nadie.
Escena 3: Traiciones, la Furia de Josué y el Berrinche de Karen
Punto de vista: Josué Tanaka, Misael, Lkeys y Karen
Las palabras de Josué Tanaka no solo cortaron el aire del palco, sino que abrieron una herida podrida que las Doce Grandes Familias habían intentado ocultar durante años. Josué apartó la mirada de la proyección del laberinto y clavó sus ojos directamente en Misael, con una frialdad que congeló la sangre de los líderes de los clanes.
—Además, tú y yo tenemos un asunto pendiente... —solté Josué, con una voz arrastrada y peligrosa—. El asunto de cómo un padre es capaz de despreciar de esa manera a su propia esposa e hijo.
Misael se levantó de golpe, haciendo caer su silla hacia atrás. El color desapareció de su rostro, reemplazado por una furia ciega y descontrolada.
—Tú... ¡Maldito! ¿Te atreves a hablarme así? —bramó Misael, apretando los puños mientras el maná a su alrededor comenzaba a desestabilizarse.
—¿Crees que no lo sé, pedazo de basura? —respondió Josué sin inmutarse, levantándose lentamente, superando a Misael en presencia—. ¿Cómo te atreves tú a ponerle una mano encima a Liz, infeliz? Ella te dio su amor, te dio un hijo, y tú, solo porque el niño no heredó nada de tus preciados linajes, los desechaste como basura. En verdad no mereces nada de ellos.
Josué dio un paso al frente, dejando que la sombra de su silueta cubriera por completo a Misael.
—Tu padre debe estar muy decepcionado de ti...
Al mencionar al antiguo patriarca, el aura de Josué explotó. Una presión espiritual masiva e indomable hizo estallar los cristales reforzados del palco de las Doce Familias, agrietando las paredes de mármol flotante y haciendo que varios de los líderes de los clanes menores cayeran de rodillas, asfixiados por el poder puro. Misael, conteniendo el aliento, liberó su propia energía para no ser aplastado, quedando a un milímetro de iniciar una guerra civil ahí mismo.
—¡Ya es suficiente! —intervino una voz autoritaria y resuelta, cortando el choque de auras como una espada.
Rafael se interpuso entre ambos, emanando un brillo dorado que contuvo las ondas de choque. Miró a Josué y luego a Misael con una severidad absoluta.
—Estamos aquí para evaluar el festival y vigilar las amenazas del laberinto, no para ventilar las vergüenzas y los pecados de nuestros clanes. Guarden sus armas. El mundo entero está mirando las pantallas, y no permitiremos que las Doce Familias caigan en el ridículo por sus disputas del pasado.
Mientras la tormenta política estallaba en lo más alto del cosmos, ajeno a los secretos de las Doce Familias, yo en el laberinto terminé de derribar al último de los treinta estudiantes con un sutil golpe en la nuca, esperando pacientemente a que los verdaderos rivales de las grandes naciones aparecieran en mi camino.
—Josué, sé cómo te sientes... —intervino Cecilio, apoyando una mano en el hombro de su compañero para ayudar a aplacar la pesada atmósfera que Rafael había tenido que cortar a la fuerza.
La tensión en el palco de las Doce Grandes Familias seguía siendo tan densa que se podía cortar con un cuchillo. Misael se acomodó la ropa con brusquedad, desviando la mirada con un bufido lleno de rencor, mientras Josué Tanaka respiraba hondo, obligando a su desbocada aura a regresar a su cuerpo. Los cristales rotos y las grietas en el mármol eran el vivo recordatorio de lo cerca que habían estado de matarse.
Fue en ese momento de relativo silencio que Lkeys habló. Ella había permanecido observando fijamente a Josué Tanaka desde un rincón del palco, analizando cada uno de sus movimientos y la furia contenida que el hombre guardaba por lo sucedido con Liz y su hijo. Con pasos sutiles que no hicieron el menor ruido, Lkeys se acercó a Josué. Aprovechando que la atención de los demás líderes se había desviado nuevamente hacia las pantallas místicas del laberinto, se inclinó levemente hacia él.
—Oye, ¿todo bien? —dijo, rompiendo el hielo con voz baja antes de acortar la distancia para que nadie más pudiera escucharla—. No es que me meta, pero debes saber algo... Yo también sospecho de él —le susurró directamente al oído, manteniendo la mirada fija al frente para no levantar sospechas—. Algo está ocultando Misael, y no sabemos qué es. Pero por lo que he estado averiguando, lo más posible es que nos esté traicionando.
Josué no movió un solo músculo de la cara, pero sus ojos se afilaron al escuchar la advertencia de Lkeys. La sospecha de una traición dentro de las Doce Familias, sumada al desprecio que Misael ya cargaba en su historial, encajaba demasiado bien con las anomalías que estaban ocurriendo en el festival.
Mientras tanto, en la proyección del laberinto, ajeno por completo a las conspiraciones de los palcos altos, yo miraba hacia el cielo grisáceo de la isla forestal. El viento soplaba con fuerza, trayendo consigo el olor a azufre y el eco de las batallas de mis compañeros.
—Algo se está moviendo allá arriba —murmuré para mí mismo, estirando los brazos tras haber dejado fuera de combate a los treinta estudiantes—. Espero que no tarden mucho en mandar a los platos fuertes.
Mientras las tensiones políticas alcanzaban su punto máximo en los palcos de las Doce Grandes Familias, el laberinto cambiante continuaba su implacable reconfiguración. En otra sección de la isla, cubierta por un terreno rocoso y escarpado, Karen se encontraba en una situación bastante similar a la mía, pero con su propio toque personal. Un numeroso grupo de estudiantes de las academias rivales —entre elfos de Klemiara, guerreros de las bestias y magos oscuros— la había emboscado aprovechando que las paredes rúnicas la habían separado del resto de los de primer año.
Al verse completamente rodeada por decenas de oponentes con las armas listas, Karen no mostró ni un ápice de miedo; en su lugar, infló las mejillas y soltó un bufido de pura indignación.
—¡No es justo! —se quejó Karen en voz alta, cruzándose de brazos mientras daba un pisotón en el suelo—. ¿Por qué siempre todos vienen hacia mí? ¿Es porque soy la consentida de mi hermano mayor? ¡Mmmjum, no es justo!
Los estudiantes enemigos se miraron entre sí, confundidos por la rabieta de la chica, sin comprender el peligro real en el que se encontraban. Para ellos, solo era la hermana del monstruo que acababa de limpiar el bosque; una presa supuestamente más fácil.
—Si creen que soy el eslabón débil solo por ser la menor, están muy equivocados —añadió Karen, cambiando su expresión tierna por una mirada decidida y fiera, idéntica a la mía cuando me pongo serio—. Tendré que darles la mayor golpiza de su vida para que aprendan a respetar.
El maná comenzó a desbordarse del cuerpo de Karen, agitando las piedras a su alrededor y haciendo que el aire vibrara con una presión descomunal. Los que la rodeaban finalmente entendieron que el talento destructivo definitivamente venía de familia, y que la "consentida" de Carlos estaba a punto de desatar un verdadero infierno rúnico sobre ellos.
Escena 4: Brechas Dimensionales y Descalificación
Punto de vista: Carlos y Sistema del Torneo
Varios de los estudiantes enemigos, impulsados por la desesperación de verse acorralados, juntaron sus fuerzas y lanzaron un ataque combinado que logró hacerme retroceder un par de pasos. Sin embargo, lejos de molestarme, mi sonrisa de arrogancia se amplió; realmente estaba disfrutando de esto.
—Bien jugado, pero hasta aquí llegó su realidad —dije con tono burlón.
Desenvainé mi Espada Nocturna, cuyo filo cortó el aire liberando una estela de materia oscura. Con un movimiento fluido, usé el arma para abrir varios portales dimensionales a mi alrededor, alterando el espacio-tiempo del laberinto. En un parpadeo, los arrastré a todos, atrapándolos por completo dentro de mi propio mundo de dimensiones.
Mientras ellos seguían atrapados abajo, ejecutando ataques desesperados y exhaustivos, yo aparecí mágicamente flotando sobre ellos, sentado cómodamente en el aire con los brazos cruzados, observando cómo luchaban e intentaban romper mis barreras contra mi propia voluntad. Al darse cuenta de la ilusión y el cambio de entorno, los pocos guerreros que quedaban en pie miraron hacia arriba, clavando sus ojos desorbitados en mí.
—¿Q... Qué...? —tartamudeó el líder del grupo, dejando caer su escudo.
—Entonces... ¿todo este tiempo estuvimos luchando contra...?
—Así es. Están atrapados dentro de mi dimensión —respondí con una mirada fría.
Sin darles tiempo a reaccionar, apunté con la Espada Nocturna hacia abajo. Varios cortes dimensionales, invisibles y veloces como el rayo, se dirigieron directamente hacia ellos. Las brechas espaciales rasgaron el aire, cortando sus defensas y provocando una serie de explosiones mágicas que los derribaron al instante.
El humo de la dimensión de bolsillo comenzó a disiparse mientras yo regresaba al suelo firme del laberinto forestal, envainando mi espada.
—Y bien... ¿sobrevivieron? —pregunté al aire, mirando los cuerpos inconscientes.
—¡Ellos quedan descalificados! —anunció la voz del sistema del torneo desde los cielos.
De inmediato, los círculos mágicos de transporte de la academia aparecieron debajo de los treinta estudiantes caídos, llevándose a todos los heridos directamente al centro de curación entre los magos de la enfermería principal.
—Vaya, no duraron nada ante mí... —suspiré, sacudiéndome el polvo de la ropa—. Bueno, por ahora caminaré. Espero no encontrarme con alguien peor... o bueno, pensándolo bien, ojalá sí aparezca alguien que valga la pena.
Comencé a avanzar nuevamente por los pasillos mudables del laberinto, sintiendo a lo lejos cómo el maná de Karen, Lucía y las demás facciones seguía haciendo retumbar la isla. El verdadero desafío apenas estaba por mostrar su rostro.
Continuará...

Continúa leyendo
The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 249
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 248
Estás leyendo el capítulo 248 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 6 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.