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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 247 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 247: El Desembarco Eléctrico y el Comienzo del Caos Punto de vista: Carlos, Lucía, Elena y Delegaciones de las Academias Escena 1: El Tablero de Zeus y la Llegada Estrendosa Punto de vista: Carlos y Delegaciones —Bueno, en fin... ¿díganos cómo será esto? —preguntó Stiven, el elfo, cruzándose de brazos y tratando de disipar la pesada tensión que el nombre del Dios Nocturno había dejado en el aire. Zeus y los directores de las academias dieron un paso al frente, tomando el control de la gran mesa de reuniones. El director Antonio tomó la palabra, aclarando la garganta mientras recuperaba la compostura. —Las cosas han cambiado. Cada evento del año cambia, y este no será una excepción —explicó Antonio de forma seria, mirando a los representantes—. Será en un estadio que ya se estaba construyendo en las afueras, pero solo necesito de sus magias combinadas para que se pueda completar por completo el terreno de juego. Una vez que el complejo esté listo, todos los participantes serán enviados directamente a una isla del laberinto... Stiven abrió los ojos de par en par, interrumpiendo de inmediato al comprender la gravedad del anuncio. —Espera un momento... ¿Me estás diciendo que en el laberinto donde caigas, tendrás que buscar el lugar como un espejismo, y que además aparecerán varias personas a la vez? ¿Sin importar si estás completamente solo contra todos? Zeus soltó una risa profunda y resonante, complacido por la astucia del joven elfo. —Es correcto, es tal como dices, niño elfo —sentenció el Rey del Olimpo, con un destello eléctrico en su mirada—. Pero recuerden: este evento no será secreto. Lo verán varias personas en todos los reinos. Estará completamente proyectado con mi propia magia divina para que todo el cosmos sea testigo del espectáculo de este gran evento. Elena ensanchó su peligrosa sonrisa, fascinada por la idea de una auténtica carnicería en un laberinto cambiante, mientras King y Morbius intercambiaban miradas silenciosas, sabiendo que en un todos contra todos, las alianzas no valdrían nada. El escenario para el regreso de Carlos estaba oficialmente listo, y el mundo entero estaría mirando. —Pero entonces, si esto es para demostrar los talentos que uno tiene, son realmente necesarios, ¿no es así? —concluyó King, el chico dragón, apretando los puños con determinación al entender que el laberinto expondría el verdadero potencial de cada guerrero. —Por supuesto —intervino de inmediato Dylan, el director de la academia Oklexmia de los semi-humanos, dando un paso al frente con una mirada severa y llena de orgullo—. Para demostrar al mundo que ninguna de las otras razas es débil, debemos demostrarles a todos quiénes somos y el por qué nos llamamos estudiantes de las grandes naciones. El director de las bestias cruzó los brazos, barriendo la sala con la mirada, deteniéndose un momento en los dioses y luego en los representantes mortales. —Esto es de suma importancia. Tanto para nosotros como para los humanos, siempre ha habido esta clase de conflictos entre nosotros, guerras y pérdidas del pasado... Este festival y el laberinto no son solo un juego; son la oportunidad perfecta para medir el equilibrio del mundo en una era de tensión. Si quieren que sus razas sean respetadas en el nuevo orden, sus estudiantes tendrán que demostrarlo con sangre y estrategia ante los ojos de todo el cosmos. Las palabras de Dylan resonaron con fuerza en la sala de reuniones. Elena asintió con la cabeza, con los ojos brillando de anticipación, mientras Morbius y Ginebra asimilaban el peso político y militar que ahora cargaba el torneo. No era solo una competencia escolar; era un escenario de guerra controlado donde la debilidad se pagaría con la humillación pública de toda una raza. —¡Bien, ya está decidido! —exclamó Antonio, alzando la voz para romper el trance—. ¡En marcha, chicos! Es hora de salir y demostrar de qué están hechos. Todos los representantes y competidores comenzamos a salir al mismo tiempo de la gran sala, dirigiéndonos hacia las afueras donde el terreno del laberinto ya empezaba a alzarse bajo la influencia del maná combinado de los directores. Sin embargo, un murmullo tenso comenzó a correr entre las filas de nuestra academia: Carlos aún no llegaba. Si el portal del laberinto se abría y todos se marchaban, quedaría descalificado de inmediato por las reglas del torneo. Natsuki, Miguel, Karen, Melissa, Gojo, Shiro Shimizu, Shirou, Freya, Mío, Kevin, Farid, Kimberly y Mei ya estaban en posición, con las armas listas y la adrenalina a tope. Hiko, Abraham, Merlin, Milin y Yuri también se mantenían firmes, resguardando la retaguardia. Los de segundo año —Kratos, Mael y María— ya se encontraban preparados con sus auras al límite y, por último, Kronos, Ascan, Darko y Oscar se reportaron listos. Todo nuestro arsenal de guerreros estaba en el tablero... pero el asiento del líder seguía vacío. Solo faltaba Carlos, y el tiempo se estaba agotando drásticamente. —Es la hora —sentenció Zeus desde el palco, alzando su mano—. Activen los flujos de transporte. Todos los estudiantes de nuestra academia, al igual que los de las delegaciones rivales, comenzamos a canalizar nuestra magia en conjunto para abrir el nexo hacia la isla del laberinto. Los círculos rúnicos de Dennorth of Leday, Klemiara, Opraliara, Oklexmia y Wuxons brillaron en sincronía, creando una presión de maná descomunal. Pero justo cuando las compuertas espaciales estaban por cerrarse, el cielo sobre la academia se nubló de golpe, tiñéndose de un tono oscuro y opresivo. Rayos de un color azulado y verde eléctrico comenzaron a tronar en las nubes con una destrucción colosal, golpeando la atmósfera con un rugido ensordecedor, como si el firmamento mismo estuviera reclamando su trono legítimo ante la presencia de los mismísimos dioses del Olimpo. Una silueta imponente descendió a una velocidad ultrasónica desde el epicentro de la tormenta. —¡Voltstrike...! —resonó una voz grave y gélida que congeló los corazones de los presentes. La silueta bajó como un meteorito eléctrico, estrellándose violentamente contra el suelo del patio principal. El impacto provocó un estallido colosal que hizo temblar la tierra y desató una ráfaga de viento huracanado tan brutal que hizo sacudir las capas, armaduras y cabellos de todos los representantes de las grandes naciones, obligando a varios a cubrirse el rostro. Por primera vez en su vida, Elena sintió la presencia de un verdadero monstruo ante sus ojos. El humo denso, las chispas verdes y los residuos de electricidad estática cubrían por completo el cráter del impacto, dejando ver únicamente el brillo de unos ojos implacables a través de la densa cortina. —Este chico... ¿quién es? —susurró Elena, completamente inquieta y nerviosa. Por primera vez, su instinto salvaje de la raza de las bestias no le pedía pelear; le advertía del peligro absoluto. Su corazón latía a mil por hora en su pecho, llenándose de una extraña y electrizante emoción al solo verlo. —Su nombre es Carlos, y él es nuestro verdadero representante —anunció Lucía, dando un paso al frente con una sonrisa bastante incrédula y orgullosa, disfrutando enormemente el impacto que su llegada había causado en las demás academias. —Como siempre, Carlos llamando la atención con sus entradas todas profesionales —comentó Gojo con una sonrisa bastante juguetona, cruzándose de brazos mientras el humo comenzaba a disiparse, revelando mi figura tras los días de aislamiento en el Reino del Corazón Puro. Caminé un paso fuera del cráter, con la electricidad residual danzando por mis hombros, y clavé la mirada en el portal del laberinto. Había llegado a tiempo, y el caos del cosmos estaba a punto de presenciar de lo que era capaz el hijo de Hina Sánchez. Escena 2: Caída Libre y el Inicio del Festival Punto de vista: Carlos y Delegaciones —Lamento la demora —dije mientras sonreía levemente, disipando los últimos fragmentos de los rayos azulados y verdes que aún danzaban a mi alrededor. El patio principal seguía sumido en un silencio reverencial. La mirada de todos los presentes estaba clavada en mí, pero era Elena, la representante de las semi-bestias, la que no podía apartar los ojos, completamente hipnotizada e inquieta por la brutal presión espiritual que acababa de presenciar. —¿Ese chico... quién es? —volvió a preguntar Elena en un susurro, tratando de controlar el ritmo acelerado de su corazón. —Su nombre es Carlos. Es mi hermano mayor —intervino Karen, dando un paso al frente con la cabeza en alto y un orgullo inquebrantable en su voz—. Él es quien derrotó a un dios antiguo a los tiernos siete años. También manifestó su descomunal poder cuando apenas tenía cuatro años, y desde entonces ha derrotado a incontables enemigos poderosos. Al escuchar las palabras de Karen, una oleada de murmullos conmocionó a los representantes de las grandes naciones. Saber que el líder de la Academia Ryouou Clannad cargaba con semejante historial de batallas míticas solo confirmó los peores temores de King, Morbius y Stiven: no se enfrentaban a un estudiante promedio, sino a una fuerza de la naturaleza. Karen me miró directamente, rompiendo su postura firme por un segundo para dedicarme una cálida y brillante sonrisa. —Me alegra mucho verte después de tanto tiempo... —añadió, sonriendo con alivio al ver que había regresado del Reino del Corazón Puro justo a tiempo para la batalla. Le devolví la mirada a mi hermana con un leve asentimiento, para luego girarme por completo hacia el gigantesco portal místico que los directores y Zeus mantenían abierto. Las cinco grandes academias estaban listas, los dioses miraban desde las alturas y el laberinto aguardaba. —Muy bien —sentencié, y mi voz resonó con una autoridad implacable que hizo eco en todo el patio—. Ya no hay motivos para esperar. Entremos de una vez a ese laberinto y demostremos quién manda aquí. El portal nos absorbió a todos en un parpadeo de luces distorsionadas, pero la transición estuvo lejos de ser una entrada triunfal. En lugar de aparecer firmes sobre la tierra del laberinto, la distorsión espacial nos arrojó directamente al vacío. Al abrir los ojos, nos encontramos a cientos de metros de altura en mitad del cielo, cayendo en picada hacia la gigantesca isla que albergaba el laberinto. —¡Vaya, ni siquiera pudieron abrir bien el portal estos idiotas! ¿No saben hacer uno o qué? —exclamé con frustración en mitad de la caída libre, viendo cómo el caos se desataba a mi alrededor. Las delegaciones de las grandes naciones se habían dispersado por completo en el aire debido a la inestabilidad del transporte. Aunque los representantes y los guerreros de élite sabían usar la magia de vuelo o flotación a la perfección para controlar el descenso, había muchos otros estudiantes de las academias que no dominaban estas técnicas avanzadas. Los gritos de pánico de aquellos que caían descontrolados por otros lados empezaron a inundar el cielo. No podía dejar que mi facción o los competidores con los que quería medirme se estrellaran antes de empezar el verdadero espectáculo. —¡Magia de Nubosidad! —conjuré con voz firme, extendiendo mis manos hacia el vacío. De inmediato, mi maná se expandió por el cielo, invocando de la nada densas ráfagas de nubes mágicas de consistencia densa y acolchada. Las nubes se materializaron rápidamente debajo de los estudiantes que caían en picada, atrapando a cada uno de ellos de forma segura y frenando su impacto mortal. El laberinto cambiante nos esperaba abajo, divididos por las corrientes de la caída, y el juego por la supremacía de las razas acababa de comenzar en el peor de los escenarios. Escena 3: Las Trampas del Laberinto y los Treinta Cazadores Punto de vista: Carlos, Elena, Morbius y King Las nubes mágicas nos depositaron suavemente en diferentes sectores de la isla, y en cuanto mis botas tocaron el suelo, el entorno crujió. Las paredes de piedra rúnica y los senderos comenzaron a moverse y a reconfigurarse por sí solos, cerrando caminos y abriendo otros nuevos en cuestión de segundos. —Este lugar cambia mucho, al parecer... —murmuré, observando cómo un muro gigante se alzaba a pocos metros de mí, bloqueando mi visión del resto del grupo. De pronto, la imponente voz mágica de Zeus y los directores resonó desde el cielo, amplificada por los espejismos que proyectaban el evento a todo el cosmos: —¡Bien, a todos les diré las reglas al comienzo de esto! ¡Ya nadie podrá salir y menos retirarse! Todos lucharán a la par, cara a cara. También pueden usar cualquier clase de trucos o lo que sea; mientras este evento se lleve a cabo, todo irá bien. Y el que gane... ¡podrá pedir cualquier deseo o cosas que quieran conseguir, tanto armas, armaduras, objetos sagrados, lo que sea! ¡Muchachos, buena suerte a todos! Las palabras del dios del rayo encendieron el laberinto. Un premio de esa magnitud —cualquier deseo u objeto sagrado— significaba que nadie se iba a contener. Las alianzas de las academias se tambalearían en un segundo con tal de alcanzar la victoria. Apreté los puños, sintiendo la electricidad residual de mi Voltstrike recorriendo mis brazos. Estaba solo en un sector desconocido del laberinto cambiante, listo para enfrentar a los representantes de las grandes naciones, a los abismales o a quien se cruzara en mi camino. El verdadero juego acababa de empezar. El eco de la voz de Zeus se desvaneció, dejando tras de sí un silencio espeso, solo roto por el rugido lejano de los engranajes mecánicos y mágicos que hacían mutar las paredes del laberinto. —Cualquier deseo, ¿eh? —sonreí para mis adentros, recargando mi espalda contra uno de los fríos muros de piedra—. Qué peligroso es darle esa clase de motivación a un nido de monstruos. A unos cuantos kilómetros de mi posición, en el sector este del laberinto, Elena se encontraba agazpada sobre una enorme saliente de roca. Sus ojos rojos brillaban con una intensidad salvaje mientras observaba cómo las paredes a su alrededor se cerraban, separándola por completo de la delegación de la Academia Oklexmia. Lejos de asustarse, su cola se agitó con pura emoción. —Un deseo... armas sagradas... ¡No me interesa nada de eso! —exclamé la chica semi-humana, saltando limpiamente hacia el suelo y clavando sus garras en la tierra—. Lo único que quiero es encontrar a ese tal Carlos. Mi instinto no se equivoca... ¡él es la presa que he estado buscando toda mi vida! —Vaya, qué entusiasmo tan primitivo —intervino una voz melódica y arrastrada desde las sombras de un callejón sin salida. Morbius, el representante de la Academia Opraliara Mysticism, emergió de la oscuridad sin hacer el más mínimo ruido. Su impecable uniforme de vampiro no tenía una sola mota de polvo, y sostenía un elegante bastón negro entre sus manos pálidas. —Aunque comparto tu curiosidad por el líder de este lugar, querida Elena, dudo que nos deje las cosas tan fáciles. Además —Morbius sonrió, mostrando sus afilados colmillos—, en este laberinto todos somos enemigos. No te molestará si pruebo la fuerza de la criatura más fuerte de las bestias antes de ir tras el plato principal, ¿verdad? Elena se giró lentamente, mostrando los dientes en un gruñido desafiante. El aire entre el vampiro y la semi-bestia comenzó a distorsionarse por la presión de sus auras. Mientras tanto, en otra sección del mapa, King, el chico dragón de la Dennorth of Leday, caminaba a paso firme destruyendo con puros golpes de puño cualquier muro que intentara cerrarle el paso. A su lado, Stiven y Ginebra avanzaban con cautela, obligados por la geografía cambiante a formar una alianza temporal de conveniencia. —Este laberinto está vivo —comentó Ginebra, ajustando el agarre de su pesada hacha rúnica—. La magia que lo mueve no es solo de los directores, hay un flujo divino aquí. Zeus se está divirtiendo a nuestra costa. —Que se divierta lo que quiera —respondió King, deteniéndose en seco al sentir una vibración masiva en el suelo—. Al final del día, la raza de los dragones se alzará con la victoria. Pero primero... tenemos compañía. De la niebla del laberinto, tres figuras de la Academia Ryouou Clannad emergieron con las armas desenvainadas: Kratos, Mael y María. Los de segundo año habían bloqueado el camino principal. —Hasta aquí llegaron, invitados —dijo Kratos, tronándose los nudillos con una sonrisa feroz—. Si quieren avanzar hacia nuestro jefe, van a tener que pasar sobre nosotros. A lo lejos, parado en el punto más alto de una torre que acababa de emerger en el centro de la isla, yo observaba los primeros brotes de maná y las explosiones que comenzaban a iluminar el cielo del laberinto. El festival de las grandes naciones había comenzado oficialmente, y el tablero ya estaba manchándose de sangre. Comencé a caminar adentrándome en ese sector del laberinto, el cual de pronto cambió por completo, llenándose de árboles colosales y una vegetación densa que distorsionaba el terreno. Todo se sentía diferente en esta zona forestal, pero casi de inmediato noté algo extraño en el ambiente. El aire estaba demasiado pesado, cargado con una tensión artificial. Me detuve un segundo y cerré los ojos. Canalicé mi energía interna y activé la Visión del Dragón, barriendo cada rincón, cada paso y cada dirección del bosque místico. Al instante, sus flujos de maná ocultos quedaron expuestos ante mí. —Vaya, vaya... —solté una ligera carcajada, abriendo los ojos con un destello divertido—. Me di cuenta de que hay exactamente treinta de ellos esperándome entre las sombras. Jajaja, parece que se unieron todos para venir a por mí, ¿verdad? En lugar de retroceder, aceleré el paso, caminando directamente hacia el punto exacto donde se escondían. Los arbustos y las ramas crujían bajo mis botas mientras mi presencia, envuelta aún en sutiles chispas de mi Voltstrike, se hacía cada vez más evidente para ellos. Ocultos tras los árboles gigantes, varios estudiantes de las delegaciones enemigas murmuraban entre sí de forma apresurada, sin darse cuenta de que yo ya escuchaba perfectamente cada una de sus palabras. —Oigan... ¿saben a dónde estará ese chico? El tal Carlos —preguntó uno de los rezagados de la academia de las bestias, asomándose con nerviosismo. —No lo sé, pero... ¿crees que esto de verdad va a funcionar? —respondió un mago elfo de la Klemiara, apretando su báculo con manos temblorosas—. Es un monstruo. —¡Pues claro que funcionará si atacamos en grupo! —siseó un guerrero vampiro de la Opraliara—. Aunque somos de diferentes academias, al menos por ahora podemos luchar juntos, ¿no? ¿Razas y humanos unidos solo para bajar al líder? ¿Valdría la pena eso? —¡Por supuesto que lo vale! Si cae el representante de Ryouou Clannad, el torneo estará abierto para cualquiera de nosotros —sentenció un enano de Wuxons, preparando su escudo. Terminé de romper la maleza y salí directamente al claro donde el enorme grupo de treinta estudiantes se encontraba atrincherado. Me crucé de brazos, mirándolos a todos con una sonrisa confiada y desafiante que congeló los murmullos de golpe. —Es una excelente estrategia —les dije, interrumpiendo su debate—. Unir razas y humanos para intentar cazar a la presa más grande. El problema, muchachos... es que eligieron al monstruo equivocado. Continuará...
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Estás leyendo el capítulo 247 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 5 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.