Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 246 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 246: Sombras del Origen y el Desembarco de las Leyendas
Punto de vista: Carlos, Lucía y Delegaciones de las Academias
Escena 1: La Carga de un Nacimiento y el Refugio de los Dragones
Punto de vista: Carlos
—¿Por qué...? No, espera... —La revelación me golpeó con tanta fuerza que di un paso atrás, sintiendo cómo el suelo bajo mis botas vibraba—. Si estaba embarazada... ¿fue cuando yo nací?
Sage me miró con una profunda tristeza y asintió lentamente.
—Lo más posible, Carlos. Tal vez porque él sintió algo dentro del vientre de tu madre, por eso no la mató... Pero lo que escuché de él en ese momento fue una advertencia directa: «Aunque estés embarazada, ese niño que vas a traer al mundo será una amenaza que no solo se desatará entre los mundos, Hina Sánchez. La paz y la destrucción hacia el mundo empezará pronto cuando tu hijo nazca. Ve a buscarme, hay algo que debes saber...»
Hice silencio, absorbiendo cada palabra. La profecía sobre mi nacimiento no era de destrucción absoluta, sino un equilibrio peligroso entre la paz y el caos.
—Por ahora es todo... —añadió Sage, imitando el gesto cansado que el dios hizo aquella vez—. Eso dijo él, dándole la espalda y disponiéndose a desaparecer. Pero antes de que se fuera, Hina lo detuvo, mirándolo fijamente a los ojos del dios y preguntándole: «¿Por qué...?»
Sage suspiró, recordando las palabras exactas de la deidad que marcarían mi destino desde antes de respirar por primera vez:
—El Dios General Dragón se detuvo y le dijo: «Hina, eres fuerte. Eres la mujer a quien más desearía tener... como aliada, pero parece que esto no será posible. Solo te ganaste mi respeto por hacer todo el esfuerzo de superar todo el dolor, todo el sufrimiento de la vida que el mundo nos creó, tal vez tú no hayas sabido cómo sería ser una Princesa Emperatriz de la Oscuridad. No olvides que tú eres esa representación de quien lo pierde jamás será recuperado, pero será bendecido por las grandes glorias del mundo. Un corazón de acero firme, el final de la trayectoria de la humanidad. Tú, Hina, eres quien debe guiar a ese hijo que esperas, él será bendecido ante ti... Yo, el Dios General Dragón, le otorgo el camino de la luz; dondequiera que se encuentre en peligro, él estará ahí... para proteger a los suyos. Aunque él tenga que sufrir, al menos vivirá una vida eterna».
Las palabras de Sage resonaron en el Reino del Corazón Puro como un eco del pasado. Me miré las manos, sintiendo el peso de esa bendición y maldición a la vez. Él me había otorgado el camino de la luz para proteger a los míos a costa de mi propio sufrimiento y una vida eterna.
—Entonces... —dije, apretando los dientes mientras comprendía la magnitud del problema—. Él no me odiaba al principio. Me bendijo. Pero ahora, pensando que yo asesiné a su hermana, el Dragón de la Felicidad... esa bendición se va a convertir en la peor de las guerras si me encuentra con Yue.
—Tal vez... —murmuró Sage, cruzándose de brazos y mirando hacia el horizonte del reino—. Pero mientras él no lo sepa, debemos cambiar el flujo de este camino, Carlos. Tú eres mitad bendición y mitad maldición... y eso es lo más preocupante de todo.
Esbocé una sonrisa amarga, clavando la mirada en mis propias manos, esas mismas manos que acababan de doblegar a tres deidades pero que cargaban con el peso de un destino que jamás pedí.
—Lo sé, lo sé... —respondí, y por primera vez en mucho tiempo, dejé que el cansancio y la frustración se filtraran en mi voz—. Trato de mejorar todo. Todos estos días, años, meses... me he estado preguntando qué es lo que gano con esto. ¿Ser destruido? ¿Ser despreciado? ¿Ser odiado por la gente a la que yo mismo salvé y por los enemigos que acabé? Es por ser esa maldición, ¿verdad?
El silencio del Reino del Corazón Puro pareció volverse más denso. El poder galáctico y el fuego del infierno que habitaban en mi interior se sentían como una prisión. Había renunciado a mi propia reputación, alejando a Shirou y ganándome su desprecio con tal de protegerlos de las pérdidas que se avecinaban.
—Todo lo que hago, lo hago para que los demás sobrevivan —continué, apretando los puños hasta que los nudillos se me pusieron blancos—. Pero parece que el precio de esa bendición eterna de la que habló el Dios General Dragón es que yo deba cargar con la maldición de la absoluta soledad. Si el mundo necesita un monstruo para estar a salvo, seré ese monstruo... pero no voy a dejar que Yue pague por los platos rotos de este maldito destino.
Sage me miró en silencio, con una mezcla de dolor y respeto, sabiendo que las piezas del tablero ya se estaban moviendo y que la cumbre de las academias en cuatro días sería solo el inicio del verdadero caos.
—¿Crees que pueda quedarme aquí por unos días? —le pregunté a Sage, mirando las pacíficas llanuras del Reino del Corazón Puro—. Necesito pensar qué haré en el festival. Quiero asegurarme de que nadie se entrometa en mi camino. Si Gabriel o Lucifer interfieren... no dudaré en acabar con ellos.
Hice una pequeña pausa, analizando la magnitud de lo que se venía en la cumbre.
—Sage, tú tienes a tus mejores guerreros, ¿no? Ellos participarán, ¿verdad?
Sage asintió con gravedad, adoptando una postura imponente que reflejaba el orgullo de su estirpe y las alianzas entre los mundos.
—Por supuesto. Los alumnos de nuestra academia, Dennorth of Leday, estarán listos —afirmó con total seguridad—. Pero no seremos los únicos. La competencia será brutal, Carlos. Estará la academia de los elfos, la Academia Burning World Klemiara. También se presentará la raza de los vampiros con la Academia Opraliara Mysticism, y la raza de las bestias con la academia Oklexmia. Por último, la raza de los enanos enviará a sus mejores exponentes desde Wuxons.
Se cruzó de brazos, y una sombra de preocupación volvió a cruzar sus ojos.
—Y eso no es todo. También estarán los dioses; lo más probable es que ellos también participen de alguna forma. Por el momento, esas son las academias y facciones más poderosas a las que nos enfrentaremos. Puedes quedarte aquí el tiempo que necesites para meditar y recuperar tus fuerzas. Este reino te protegerá... al menos por ahora.
Me guardé los nombres en la cabeza. Cinco grandes academias, las razas máximas del mundo y la inminente interferencia de deidades. El panorama para la cumbre en cuatro días estaba listo, y si el Caos o el Destino pensaban usar ese festival para acorralarme, se llevarían una sorpresa.
Escena 2: La Llegada de los Representantes y la Sombra de la Guerra
Punto de vista: Delegaciones y Lucía
El ambiente en la entrada de la Academia Ryouou Clannad se volvió tan denso que casi se podía cortar con un cuchillo. Las horas habían pasado volando y los carruajes mágicos, portales interdimensionales y bestias aladas terminaron de dejar a las delegaciones de los reinos más poderosos del cosmos.
—Así que esta es la famosa Academia Ryouou Clannad... —comentó King, el imponente chico dragón y representante de la Academia Dennorth of Leday, barriendo el lugar con una mirada afilada—. Escuché historias de esta academia, espero que no me decepcionen. Además, he notado varias vibras entre los estudiantes de otras razas... ¿Será que esto...?
—Oh, así que tú eres de la raza de los dragones —interrumpió un chico elfo, acercándose con una elegancia innata—. Un gusto, mi nombre es Stiven.
El elfo inclinó la cabeza con respeto, y el dragón imitó el gesto sin apartar sus ojos de él.
—También es un gusto, Stiven. Mi nombre es King, también es un honor conocerte —respondió el dragón con una sonrisa confiada y desafiante—. Para ser honesto, ¿tú debes ser el representante de la Academia Burning World Klemiara?
—Así es. Y tú debes ser de la Dennorth of Leday; he oído que es un muy buen instituto.
Ambos se quedaron mirando fijamente, midiendo sus fuerzas en un silencio sepulcral. Casi de inmediato, el aire a su alrededor comenzó a distorsionarse cuando las auras de maná de sus respectivos cuerpos empezaron a colisionar, agrietando levemente las baldosas del suelo. Sin embargo, el duelo de miradas se interrumpió de golpe cuando el entorno fue sofocado por tres presencias bastante imponentes y siniestras que hicieron que los estudiantes de menor rango retrocedieran por puro instinto.
Caminando con una gracia aristocrática y letal, apareció un chico bastante popular de la raza de los vampiros, poseedor de una belleza encantadora y peligrosa que representaba a la Academia Opraliara Mysticism. Por otro lado, advancing con pasos firmes que hacían retumbar la tierra, llegó una chica de cabello largo y oscuro, cuyos ojos brillaban con la tenacidad del metal, proveniente del reino de los enanos y la Academia Wuxons. Y por último, representando a la academia de las semi-bestias, Oklexmia, una chica increíblemente hermosa avanzaba con un instinto salvaje reflejado en su postura.
—Parece que llegaron los representantes de las otras academias... —murmuró Stiven, estabilizando su flujo de energía—. Pero veo que falta alguien más. ¿Dónde está el líder de este lugar?
Como si el universo respondiera a su pregunta, una presencia verdaderamente monstruosa y aplastante cayó desde lo alto. Una presión espiritual tan masiva que obligó a varios guerreros a hincar la rodilla. En el cielo, flotando con los brazos cruzados y una sonrisa de absoluta superioridad, se encontraba Lucía, observando el despliegue de las delegaciones con ojos hambrientos de combate.
—Parece que ya llegaron —dijo Lucía para sí misma, descendiendo lentamente mientras su aura oscura ondeaba como una capa—. Es tal como dijo Carlos; me tocó ser su reemplazo solo por algunas horas. Espero que esto sea un encuentro muy amistoso... ya deseo destruir a cualquiera de ellos.
Elena, la hermosa chica semi-humana, alzó la mirada hacia ella, entornando los ojos con un destello de insatisfacción felina.
—Esa mujer... tal vez sea fuerte, pero para mí no es mi tipo —susurró Elena, lamiéndose los labios con impaciencia—. Yo estoy buscando a alguien más fuerte. Alguien que me haga sentir esa verdadera emoción corriendo por mis venas, un peligro real.
El chico vampiro, que caminaba a pocos pasos de ella, soltó una risa melodiosa pero fría al escuchar sus palabras.
—Tú eres Elena, la chica semi-humana más fuerte de la academia. Se dice que nadie es capaz de vencerte en tu territorio —dijo el vampiro, dedicándole una reverencia perfecta cargada de intenciones ocultas—. Un gusto, mi nombre es Morbius.
—Oh, es un gusto también conocerte —respondió Elena, desviando la mirada de Lucía para clavarla primero en Morbius y luego en la imponente figura de la chica enana que se aproximaba.
La recién llegada dio un paso al frente, haciendo crujir los escombros bajo sus pesadas botas rúnicas. Su cabello largo y oscuro se agitó levemente mientras cruzaba los brazos con firmeza.
—Hola, también es un gusto. Mi nombre es Ginebra —habló la chica de los enanos, con una voz fuerte y profunda que denotaba la autoridad de la Academia Wuxons—. Me sorprende que todas las razas estén aquí reunidas... Pero lo que escuché es que los dioses también participarán en este festival. ¿Será verdad tanta belleza?
—Oh, ¿así que también ustedes lo sabían? —interrumpió una voz estruendosa que hizo eco en todo el lugar.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, el cielo pareció partirse en dos. Un destello dorado y sangriento impactó directamente en el centro del patio de la Academia Ryouou Clannad, levantando una densa cortina de humo y provocando un pequeño terremoto que hizo tambalear a los estudiantes de menor rango. Cuando el polvo se disipó, una figura imponente y cubierta por una armadura que irradiaba una sed de sangre pura se enderezó, barriendo a todos los representantes con una sonrisa arrogante.
—Un gusto. Soy Ares —anunció la Diosa de la Guerra, tronándose el cuello mientras sus ojos brillaban con la promesa de una masacre inminente—. Espero que los mortales de estas academias tengan algo de diversión que ofrecer, porque no vine desde el plano divino solo a mirar.
Lucía, desde el aire, entrecerró los ojos con una sonrisa salvaje al ver la llegada de la deidad. La tensión en la entrada de la academia había alcanzado su punto máximo, y la cumbre que Carlos tanto anticipaba apenas estaba comenzando a arder.
—¿Para llamarte Ares debes ser una mujer bastante fuerte, verdad? —dijo Elena, entornando los ojos y midiéndola de arriba abajo con una mezcla de curiosidad e instinto depredador.
Al escuchar el comentario, la deidad frunció el ceño, y una sonrisa cargada de intenciones asesinas se dibujó en su rostro. La presión espiritual que emanaba de su armadura se duplicó en un instante.
—Oh, por supuesto, niña inferior... —respondió Ares, sosteniendo la mirada de la semi-humana con una frialdad que congeló el ambiente.
Ginebra, la representante de los enanos, intervino antes de que el patio de la academia se convirtiera en un campo de batalla prematuro. Golpeó el suelo con el mango de su pesada arma, llamando la atención de todos.
—En fin... hay que entrar, ¿no? El director de este instituto nos está esperando con los demás —recordó la enana, rompiendo la tensión.
—Tiene razón. No tiene sentido desperdiciar energía aquí afuera —secundó Stiven, el elfo, comenzando a caminar hacia la entrada principal.
Lucía, que seguía flotando en las alturas, soltó una carcajada divertida al ver cómo los representantes de las academias Dennorth of Leday, Klemiara, Opraliara, Oklexmia y Wuxons comenzaban a avanzar en fila hacia el gran salón de reuniones. Mientras tanto, en el Reino del Corazón Puro, mis cuatro días de aislamiento estaban por terminar. El caos estaba servido, y la hora de mi regreso se acercaba.
Escena 3: La Cumbre del Cosmos y la Sombra de Zeus
Punto de vista: Lucía y Antonio
—Bueno, hay que entrar —dije, descendiendo del aire para ponerme a la par de los representantes mientras el flujo del tiempo en mi cabeza y mi estancia en el Reino del Corazón Puro se conectaban con este momento exacto.
Al entrar, caminamos todos juntos por los majestuosos pasillos de la Academia Ryouou Clannad. El eco de nuestros pasos resonaba con fuerza, atrayendo las miradas de cientos de alumnos de las distintas delegaciones que ya se encontraban en las instalaciones. El ambiente era una mezcla densa de emociones: algunos estudiantes nos miraban con un profundo respeto al vernos caminar como los representantes de las grandes razas y las academias más poderosas; otros apartaban la vista con miedo ante la abrumadora presión de nuestras auras; unos cuantos nos observaban con envidia, y los más jóvenes estaban completamente emocionados por el inicio del festival.
Caminamos con paso firme hasta que finalmente llegamos a las puertas de la gran sala de reuniones donde se llevaría a cabo el evento principal. Al abrirse, nos encontramos con un espacio enorme, elegantemente decorado y con una atmósfera que, a pesar de la rivalidad latente, se sentía extrañamente agradable.
—Bienvenidos a nuestro instituto —dijo Antonio, dando un paso al frente con una sonrisa notablemente nerviosa al sentir la acumulación de poder en una sola habitación.
King, el chico dragón, dio un paso adelante entornando los ojos.
—¿Así que tú eres el director?
—Por supuesto —respondió Antonio, tratando de mantener la compostura.
Casi al mismo tiempo, las puertas laterales de la sala se abrieron, permitiendo el ingreso de las máximas autoridades de los otros mundos. Varios directores de las academias rivales habían llegado para presenciar la cumbre y asegurar los intereses de sus respectivas razas.
—Vaya, nada mal como siempre, Antonio... —comentó uno de ellos, rompiendo el hielo con un tono de voz firme y experimentado.
—Lo mismo digo... Noah, Dylan, Izan, Enzo, Kiran, Ethan —saludó Antonio, asintiendo con respeto hacia cada uno de los directores de las academias Dennorth of Leday, Klemiara, Opraliara, Oklexmia y Wuxons.
Pero el aire de la habitación se volvió gélido y la presión atmosférica cayó de golpe cuando la última figura hizo su entrada, caminando con la parsimonia de quien se sabe dueño del universo.
—Y por último... Zeus —murmuró Antonio, cuya sonrisa nerviosa se congeló por completo.
El Rey del Olimpo entró en la sala, cruzándose de brazos mientras miraba de reojo a Ares y luego a los directores mortales. El festival de las academias ya no era un simple torneo escolar; con la presencia de los directores de las grandes razas y los dioses máximos listos para intervenir, el tablero estaba completamente dispuesto para el caos que Shiro Shimizu me había advertido.
Miré fijamente al Rey del Olimpo, midiendo su presencia. Era la primera vez que veía a Zeus en persona, y la energía mística que desprendía el dios del rayo era abrumadora.
—Es increíble ver al famoso Zeus ante mí... —comentó Lucía, manteniendo una postura firme y desafiante que denotaba que no se sentía menospreciada por su estatus divino.
El imponente dios apartó la mirada de los demás directores y la clavó directamente en ella, analizándola con esos ojos eléctricos que parecían leer el alma de los mortales.
—Oh, tú debes ser Lucy, ¿no? —habló Zeus, con una voz profunda que hizo vibrar las paredes de la gran sala de reuniones—. La chica que es capaz de usar la armadura de Zeus... Me sorprende ver cómo una humana inteligente e impecable es capaz de desarrollarse y prevalecer ante todos sus enemigos.
El Rey del Olimpo giró levemente la cabeza, dirigiendo una mirada severa a la Diosa de la Guerra que estaba a unos metros.
—Ares, ten mucho cuidado con esta chica —advirtió Zeus con total seriedad—. Ella fue quien humilló a Lucifer hace tiempo, y también peleó codo a codo contra el Dios Nocturno.
Al escuchar esas últimas palabras, un silencio sepulcral cayó sobre la sala. Todos los representantes de las grandes academias —King, Stiven, Morbius, Ginebra e incluso la orgullosa Elena— se quedaron completamente paralizados. Mencionar el nombre de aquel humano que desafió el orden natural del cosmos y se convirtió en un Dios absoluto no era cualquier cosa; era recordar al mismísimo demonio que ponía a temblar los mundos.
Entre el asombro y el miedo que congeló a los estudiantes de las razas, Elena rompió la rigidez del ambiente. Sus orejas y cola de semi-humana se tensaron, y una pizca de una sonrisa peligrosa y salvaje se dibujó en su rostro. Sus altas expectativas acababan de ser superadas: si la reemplazante de Carlos era un monstruo capaz de enfrentar a Lucifer y al Dios Nocturno, el verdadero líder de esta academia tenía que ser un ser de pura destrucción. La emoción que tanto buscaba ya estaba corriendo por sus venas.
Continuará...

Continúa leyendo
The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 247
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 246
Estás leyendo el capítulo 246 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 5 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.