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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 245 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 245: Profecías, Sombras del Pasado y el Reino del Corazón Puro Punto de vista: Carlos, Sage y Shirou Escena 1: La Profecía de la Diosa y la Ruptura con un Amigo Punto de vista: Carlos Yukimina dio un paso al frente, cruzándose de brazos mientras sus heridas terminaban de cerrarse por completo. El brillo caótico de sus ojos regresó, cargado de una solemnidad fría que borró cualquier rastro de la discusión anterior. —Veo que has logrado derrotarnos —dijo, mirándome con una seriedad imponente—, pero recuerda esto, Carlos Tanaka: aunque tú hayas demostrado de lo que eres capaz, no te confíes demasiado del Poder Nocturno. No siempre saldrá como tú lo quieras hacer, te lo advierto. Tú mismo te has condenado; vivirás grandes pérdidas y habrá un momento donde tu corazón ya no podrá resistir. Sus palabras cayeron como bloques de plomo en el silencioso y destruido salón. Mis amigos y los reyes sintieron cómo la atmósfera se volvía a congelar, no por un ataque físico, sino por el peso de una profecía divina. Antes de que pudiera responderle, la mirada de Yukimina se desvió de mí, moviéndose lentamente hacia el grupo que observaba desde los escombros, hasta que se fijó directamente en los ojos de Hiko. La Diosa del Caos esbozó una sonrisa enigmática y sombría, una que me revolvió el estómago. —Es una lástima que este... no tenga demasiada suerte —añadió, dejando la frase suspendida en el aire. Hiko dio un paso atrás por puro instinto, sintiendo la presión de la deidad sobre él, mientras Shirou y Sage se ponían en guardia de inmediato. Apreté los puños, sintiendo cómo un rastro de la energía de mi espada sangrienta volvía a chisporrotear en mis manos. El juicio había terminado y el pacto estaba sellado, pero las deidades se estaban asegurando de dejar claro que el precio de mi victoria apenas comenzaba a cobrarse. —Bueno chicos, es hora de... No alcancé a terminar la frase. En un parpadeo, Shirou se plantó frente a mí y me propinó un golpe seco en el rostro, usando la inercia para sujetarme firmemente del cuello de la camisa. Su respiración era agitada, sus ojos inyectados en sangre por la rabia y la impotencia de habernos visto al borde de la aniquilación universal. —¡¿Acaso te volviste loco?! —me rugió en la cara, apretando el agarre—. ¡¿Cómo te atreves a hacer esto?! ¡¿Acaso todos los que tú conoces son un estorbo para ti?! No dije nada. Me quedé callado, soportando su mirada furiosa mientras el silencio devoraba los restos del palacio. La profecía de Yukimina aún resonaba en mi cabeza: «Vivirás grandes pérdidas». Sentí un nudo en la garganta, pero me tragué el dolor. No quería verlos morir de nuevo. Si para mantenerlos a salvo de este destino cruel tenía que alejarlo, tendría que ser duro con él, aunque terminara odiándome con toda su alma. Aparté su mano de mi cuello con un movimiento lento pero implacable. Mi rostro se volvió una máscara de fría indiferencia. —Así es. Eres un estorbo, Shirou. Sus ojos se abrieron de par en par, heridos por mis palabras. Di media vuelta, dándole la espalda a él, a Hiko y a Sage. —Algún día sabrás el motivo de por qué hago esto yo solo... Comencé a caminar hacia el horizonte destruido, dando el siguiente paso en este camino solitario, dejando que el polvo y la distancia nos separaran. «Perdóname, Shirou... pero tenía que hacerlo», pensé para mis adentros, con el corazón apretado, mientras me alejaba de los únicos amigos que me quedaban en este mundo. Escena 2: Secretos en el Tiempo Congelado Punto de vista: Carlos —Ven conmigo. Dijiste que querías hablar conmigo a solas, ¿no? Bien, te escucharé —le dije a Sage, rompiendo el tenso silencio que había quedado tras mi discusión con Shirou. Ella me miró sorprendida, pero asintió de inmediato. —Está bien, ¿entonces voy contigo ahorita? —Bueno, sí, pero usa tu magia para que nadie sepa. Solo hablaremos... —Bien, bien, haremos eso... —respondió ella de carrerilla, concentrando su maná. En un parpadeo, el viento se congeló, el polvo en el aire se detuvo y los rostros de los demás quedaron completamente estáticos. Ella había detenido el tiempo por unos minutos para darnos total privacidad en medio de la destrucción. Me crucé de brazos, mirándola fijamente. —Bien, ve directo al grano, Sage. ¿Qué pasa? Ella bajó la mirada por un segundo, soltando un suspiro cargado de arrepentimiento. —Bien, la razón es... Quiero pedirte perdón —admitió, con la voz un poco temblorosa—. Sobre la bofetada y la forma por la cual te traté... —Suspiró con pesadez antes de continuar con una seriedad que me puso en alerta—. Pero quiero que me ayudes con un problema. Se trata sobre la muerte del Dragón de la Felicidad. Quiero que me digas qué has descubierto. Sentí un vuelco en el estómago, pero mantuve la compostura. —Sí, sé quién fue —le respondí con voz sombría—. Fue el Dios Nocturno. Él la mató mientras ella estaba embarazada... Pero eso ocurrió justo cuando la encontré a ella, ya sin vida, y solo estaba el huevo. No sé en qué momento pasó eso, pero fue hace unos días, después de cuando fui al funeral de Henry. Sage abrió los ojos de par en par, asimilando la terrible revelación del culpable. Luego, me miró con fijeza, como si atara cabos. —Y dime algo, Carlos... ¿Qué pasó con ese huevo? Esbocé una sonrisa bastante nerviosa, rascándome la nuca mientras intentaba soltar la verdad de la manera más natural posible. —Bueno... la verdad es que me lo llevé y, sin darme cuenta, su ADN se mezcló con el mío y nació. Y pues... ella es mi hija biológica. Es decir, que yo soy el padre y el Dragón de la Felicidad es su madre. Su nombre es Yue. No tiene como tres años, ¿pero es normal que ella crezca tan rápido? Sage se me quedó viendo, procesando el absoluto impacto de saber que la estirpe de una criatura mítica ahora corría por mis venas. —Ya veo... Así que esa niña sigue con vida. Me da gusto que la hayas salvado —dijo ella, aunque su tono pasó de la sorpresa a una preocupación genuina y alarmante—, porque ahí viene el verdadero problema. Y es que resulta que ella es la hermana del Dios General Dragón... su hermano. El nombre resonó en la dimensión congelada, haciéndome tensar cada músculo de mi torso desnudo. —Él ya sabe sobre la muerte de su hermana —continuó Sage, con la mirada empañada por el recuerdo—. Pero él... cuando lo vi, se puso furioso, destrozado. Caer al ver muerta a su hermana fue algo que lo destruyó. Y ahora él está investigando y buscando al culpable. Carlos, esto que te estoy diciendo es grave. Tienes que ocultar a Yue de esto. Si él se entera de que tú eres su padre, pensará que tú mataste a su hermana, y por eso quiero que seas muy cuidadoso. La advertencia de Sage cayó como un balde de agua fría sobre mí. No bastaba con la profecía de Yukimina sobre mis futuras pérdidas; ahora, un dios general sediento de sangre y venganza estaba cazando cualquier pista, y mi propia hija biológica era el blanco perfecto para un trágico malentendido. Apreté los puños, dejando que el brillo galáctico de mis ojos se estabilizara con una fría determinación. Si ese Dios General Dragón quería guerra pensando que yo era el asesino, tendría que demostrarle que el Demonio Nocturno no se esconde de nadie... pero primero, Yue era mi absoluta prioridad. —Mi hija también tuvo un sueño —añadí, mientras recordaba las palabras de la pequeña—. Un sueño donde dice que vio a una mujer hermosa, de cabello rubio y con una sonrisa bastante juguetona... Al escuchar esa descripción, el rostro de Sage se desfiguró por completo. El color desapareció de sus mejillas y dio un paso atrás, alterada. —Esa descripción... es imposible... —dijo ella, con la voz temblando en medio del tiempo congelado—. Tiene que ser ella... Si tu hija soñó con ella, es porque tú estás en peligro, Carlos. —¿De quién estás hablando, Sage? —pregunté, frunciendo el ceño y sintiendo cómo el aura carmesí de mi cuerpo reaccionaba a su pánico. —No puede ser otra... Es la Diosa del Destino, o peor aún, una de las entidades prohibidas que juegan con los hilos de la vida —explicó Sage, tomándome de los hombros con desesperación—. Si Yue se vinculó con tu ADN y heredó la esencia del Dragón de la Felicidad, su mente es un receptor místico purísimo. Que esa mujer se le haya aparecido en sueños significa que ya los localizó. No solo tienes al Dios General Dragón buscando venganza en el mundo terrenal, sino que arriba... en el plano divino, alguien ya está moviendo las piezas para destruirte. Miré hacia la nada, apretando los dientes. Primero la advertencia de Yukimina sobre mis futuras pérdidas, luego el Dios General Dragón, y ahora una misteriosa mujer rubia jugando en los sueños de mi hija. —Que vengan todos si quieren —sentencié, rodeándome de un sutil parpadeo galáctico—. Pero a mi hija no la va a tocar nadie. Por otro lado, lejos de allí, una escena completamente distinta se desarrollaba en secreto. Una mujer se encontraba con Freya entrenando, moviéndose con una agilidad sobrehumana mientras una sonrisa bastante juguetona se dibujaba en su rostro. Su larga cabellera de un rubio brillante destellaba con cada movimiento, y sus ojos dorados, profundos y llenos de un misticismo antiguo, observaban cada ataque. Al ver esa combinación exacta de rasgos místicas y esa actitud tan particular, una duda punzante cruzaría la mente de cualquiera que conociera los secretos del mundo espiritual: ¿será que se trata del mismísimo Dragón de la Felicidad, o acaso es la manifestación de la deidad de la que Sage tanto temía? Mientras el tiempo seguía congelado para Carlos y Sage, los hilos del destino continuaban enredándose en el plano terrenal, conectando el entrenamiento de Freya con los misterios que Yue había visto en sus propios sueños. De pronto, el tiempo congelado por la magia de Sage comenzó a agrietarse. Una distorsión oscura se filtró en el espacio estático y una voz tétrica, que parecía provenir de todas las direcciones a la vez, resonó con fuerza ante nosotros: —Veo que estás muy tranquilo... ¡Jajaja! —Esa voz... —dije, quedándome completamente helado mientras sentía un escalofrío de puro terror recorrer mi espina dorsal—. ¡¿Quién eres y por qué me estás atormentando?! —Tú tranquilo, Tanaka Sánchez... Muy pronto sabrás lo que es el dolor de varias formas posibles. Solo veré cómo te destruyes a ti mismo. Yo naceré, y una vez que nazca, te mataré... ¡Al igual que a todos ustedes! ¡Jajajajajaja! La risa macabra se fue desvaneciendo, dejando un vacío helado en mi rostro y un dolor punzante y profundo en mi pecho, como si una garra invisible hubiera estrujado mi corazón. —¡Carlos! ¿Quién era esa voz? —preguntó Sage, visiblemente traumatizada, agarrándose la cabeza—. Esa voz... ¿Cómo diablos pudo romper mi magia de tiempo? —Sage, llévame a tu reino de los dragones ahora mismo. Es importante... —le ordené, tratando de contener el temblor en mis manos. —Sí, está bien... Pero dime qué sucede, ¿por qué te expresas así? —Te lo diré en el camino, por ahora hay que... Escena 3: Mandato Real y las Raíces en el Reino Dragón Punto de vista: Carlos y Sage El flujo del tiempo se restableció de golpe con un estallido sonoro, y antes de que pudiéramos dar un solo paso, una figura nos cortó el paso. —Oye, ¿a dónde vas? —dijo Shirou, mirándome con un desprecio profundo y resentido—. ¿Quién te da derecho de irte así como si nada? ¿Acaso vas a desaparecer solo para ver cómo el mundo arde sobre las palmas de tus manos? ¿Crees que serás capaz de hacerlo tú solo, dando la espalda a tu amigo... o mejor dicho, a todos? ¿Crees que puedes solucionar todo tú solo? —Shirou... ¿Qué te ocurre? —murmuré, impactado. Los ojos de Shirou cambiaron por completo, perdiendo su brillo habitual y llenándose de una hostilidad oscura y peligrosa. Estaba dispuesto a pelear. —Ni se te ocurra, Shirou. No luches contra mí ahora, no tengo tiempo para tus cosas... —advertí, y luego miré de reojo al espadachín—. ¡Hiko! —No puedo hacer nada, Carlos... —respondió Hiko, desviando la mirada con impotencia—. Él... si intento detenerlo, es capaz de matarme en el estado en que se encuentra. —Ahhh... —Solté un largo suspiro, cansado y abrumado por las amenazas divinas y las terrenales—. Sage, espera aquí un momento. Tendré que acabar con esto de una vez... Yukimina, que observaba la escena flotando desde los escombros con desdén, miró fijamente a Shirou y soltó una carcajada burlona. —Este tipo... ¿Acaso no entiende cómo están las cosas? Solo quiere demostrar que no es un estorbo, qué patético en verdad —comentó la Diosa del Caos, tronándose los dedos—. Tendré que intervenir de igual modo, tengo ganas de aplastar a alguien hoy... —¡Shirou...! —una voz autoritaria y resonante interrumpió a todos, expandiéndose por el lugar. Era Shiro Shimizu, comunicándose a través de una magia de telepatía de largo alcance—. Oye... ¿Quién te dio permiso de desafiar a Carlos? —sentenció Shiro de forma tajante. —¡Pero hermana...! —protestó Shirou, apretando los puños hacia el cielo. —Pero nada, hermano. No quiero que te involucres en los asuntos de él... Además, recuerda que quedan cuatro días y sabes perfectamente que las diferentes academias vendrán. Yo no puedo ser la representante, y mucho menos tú. Shirou apretó los dientes, tragándose su orgullo, mientras la voz mística de Shiro Shimizu se dirigía ahora directamente hacia mí. —La persona que va a estar a cargo de nosotros... vas a ser tú, Carlos. —¿Yo? —respondí mentalmente, frunciendo el ceño. —Por cierto, Carlos... Sobre eso, debes tener mucho cuidado. Los que vendrán de las otras academias son igual de fuertes que tú. Solo te pido que estés muy preparado para la reunión... porque se avecina un auténtico caos. La comunicación se cortó, dejando a Shirou en silencio y con la mirada baja, obligándolo a dar un paso atrás. Miré a Sage, sabiendo que el tiempo se nos agotaba: entre la misteriosa voz que prometía matarme al nacer y la cumbre de academias, cada segundo contaba. —Nos vemos dentro de cuatro días —sentencié, mirando a Shirou y a Hiko por última vez con una frialdad inquebrantable—. Y una última cosa: ni se les ocurra buscarme. Yo mismo iré por mi cuenta. Así que, si llego tarde, díganle a Lucía que se haga cargo del resto. Hiko asintió en silencio, conteniendo a un frustrado Shirou que seguía con los puños temblando de rabia. Antes de dar la espalda por completo, miré a los reyes de las razas que presenciaban los restos del cataclismo. —Dígales a las otras razas que el trato sigue en pie: una vez que gane la cumbre de las academias, todos irán al mismo instituto. Prepárense. Sin esperar una respuesta, me giré hacia Sage, quien ya estaba canalizando su magia de transporte masivo. Un círculo mágico de runas antiguas y destellos dorados nos envolvió por completo, rompiendo la barrera del espacio en un parpadeo. El palacio destruido y la tensa atmósfera de la batalla se desvanecieron por completo. Ambos nos fuimos, cruzando las dimensiones directo al reino de los dragones, conocido por el cosmos como el Reino del Corazón Puro. Al materializarnos, el panorama cambió drásticamente. Fuera del caos de los dioses y las guerras humanas, nos recibió una majestuosa tierra de montañas flotantes, cascadas de agua cristalina que desafiaban la gravedad y una densa energía espiritual que calmó de golpe las llamas del infierno residuales en mi cuerpo. Sin embargo, no había tiempo para admirar el paisaje; la advertencia sobre el Dios General Dragón y la perturbadora voz mística que amenazaba con nacer para matarnos seguían pesando sobre mis hombros. —Ya estamos aquí, Carlos —dijo Sage, rompiendo el silencio mientras caminábamos hacia el gran templo de la estirpe—. Ahora dime... ¿qué demonios fue esa voz y cómo vamos a proteger a Yue? —Esa es la pregunta... —respondí, apretando los puños mientras contemplaba las imponentes estructuras del Reino del Corazón Puro—. Sé que Yue es fuerte, pero tal como dijo el Dios Nocturno cuando ella y él se enfrentaron, no pensé que esto apuntaría hacia ella y hacia mí. Ambos estamos involucrados en algo mucho más peligroso que todo esto. Me detuve un momento, recordando la perturbadora distorsión que acabábamos de escuchar. —Y esa voz... tal vez sea alguien a quien acabé hace tiempo. Una persona de la que no te puedo hablar ahora... Pero por el momento debemos investigar qué es lo que habrá en este tiempo. Dime algo, Sage, ¿qué sabes sobre el Dios General Dragón? Martha me había advertido que jamás debía enfrentarme a él. ¿Sabes el por qué? Sage se detuvo en seco en medio del sendero místico. Su rostro, usualmente firme, se ensombreció por completo al escuchar el nombre y la mención de ese pasado proscrito. —Tal vez esto tenga que ver con lo que pasó hace diecisiete años, Carlos... —comenzó a explicar con un tono de voz que erizaba la piel—. Y esta vez tiene que ver con tu madre. Ella, cuando vino a este reino para volverse más fuerte tras la muerte de Sara, fue entrenada por una cierta persona. El rey de ese entonces lo permitió... pero el rey murió en ese tiempo. Alguien lo asesinó. Nunca supimos el por qué, hasta que más tarde nos enteramos de que fue un abismal el que lo mató. Me quedé en silencio, procesando la historia de mi propia sangre en estas tierras. —Pero te preguntarás... ¿qué tiene que ver Hina en todo esto? —continuó Sage, mirándome fijamente a los ojos—. Bueno... es que ella se enfrentó directamente al Dios General Dragón. —¿Mi madre contra él? —musité, sintiendo una punzada de presentimiento. —Sí. Pero cuando ella y él lucharon, tu madre sufrió un fuerte trauma, un miedo profundo hacia él... No sabes lo peligroso que es ese tipo, Carlos. Ese sujeto casi mata a tu madre. ¿Y sabes por qué no la mató? Sage hizo una pausa dolorosa, el aire alrededor pareció volverse denso y pesado. —Porque ella estaba embarazada. —¡¿...?! ¡¿Qué?! —exclamé, sintiendo un impacto violento en mi mente mientras la realidad de sus palabras me golpeaba como un cañón conceptual. Continuará...
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 245

Estás leyendo el capítulo 245 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 5 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.