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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 242 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 242: El Retorno del Dios Nocturno y el Juicio Divino Punto de vista: Hiko, Carlos y Shirou Escena 1: El Despertar y el Reencuentro en el Bosque Punto de vista: Hiko Aprovechando el impulso del impacto anterior, retrocedí aún más rápido, deslizándome con agilidad sobre el césped para alejarme de los jardines principales. Mi objetivo era claro: llevar al enemigo directo hacia el espeso bosque que colindaba con la academia, donde podría emboscarlo con mi estrategia. «Espero que esto funcione...», me dije mentalmente mientras cruzaba la línea de los primeros árboles y, de inmediato, ocultaba mi presencia por completo, borrando mi rastro mágico y el sonido de mis pasos. La semibestia me siguió a ciegas, impulsada por la furia, pero al momento de entrar al espeso bosque me perdió de vista por completo. Se detuvo en seco, mirando hacia todas partes con desesperación. —¡¿Qué demonios?! ¡¿A dónde diablos se fue?! —rugió, mostrando los colmillos mientras olfateaba el aire, frustrado por haberme perdido el rastro tan rápido. Mientras tanto, me movía en las alturas. Corrí silenciosamente hacia la copa de los árboles, dejando intencionalmente que el sonido de las ramas sonara a una gran velocidad en diferentes puntos para confundir sus sentidos. Concentrando mi energía elemental, un rayo de luz comenzó a brillar intensamente en mi mano, afilándose como una flecha. Sin darle tiempo a reaccionar, lancé varios hechizos de diferentes elementos desde múltiples direcciones. —¡¡¡Qué demonios!!! —exclamó el infiltrado al verse rodeado por ráfagas de magia que caían desde los árboles. Intentó cubrirse, pero la velocidad era demasiada—. ¡¿A dónde podría estar?! No logré bloquear esos ataques... Pero me sorprende que ese chico tenga tanta ventaja en terrenos como este. Si estuviéramos en un campo abierto, ¡sería más fácil aplastarlo! Pero cuando tiene el terreno a su favor, se vuelve un maldito monstruo aterrador en estas situaciones... Sus ojos salvajes se movían frenéticamente de izquierda a derecha, tratando de descifrar desde qué dirección vendría el siguiente golpe. Estaba completamente acorralado en mi juego. Sin embargo, justo cuando me preparaba para dar el golpe de gracia desde lo alto, algo salió mal en mi flujo de energía. Una extraña interferencia en el ambiente provocó que mi cuerpo no respondiera como debía. Quedé paralizado por unos segundos en medio de la rama, completamente expuesto. La semibestia, respondiendo por puro instinto asesino, detectó la breve fluctuación de mi magia. Antes de que yo pudiera recuperar el movimiento, un violento destello de luz —un contraataque que tenía guardado bajo la manga— se dirigió directamente hacia mí. El impacto fue certero. Logró herirme de gravedad en el costado, rompiendo mi defensa y haciéndome salir disparado por los aires a través de las ramas hasta estrellarme fuertemente contra el suelo del bosque. Respiré con dificultad, sintiendo el dolor agudo en mi costado mientras intentaba incorporarme sobre la tierra húmeda. —Ese niño... ¿Cómo mierdas es tan rápido y fuerte? —gruñó la semibestia, con los ojos inyectados en sangre reflejando una furia salvaje mientras caminaba a paso lento hacia mí, creyendo que ya me tenía acorralado. Pero la explosión en el bosque había resonado con demasiada fuerza, llegando incluso hasta las instalaciones principales. Dentro de los dormitorios de la academia, un chico de cabello azul y ojos azules se despertó de golpe. A pesar de que todavía estaba débil y enfermo, el estruendo encendió todas sus alarmas. Sin pensarlo dos veces, saltó de la cama y corrió hacia el bosque con una velocidad impresionante, guiado por su instinto de protección. En el lugar de la pelea, la semibestia se detuvo en seco. Su rostro se descompuso por completo. —Yo... me quedé helado al notar algo extraño... Alguien se acerca hacia acá a toda velocidad —murmuró el infiltrado, tensando cada músculo de su cuerpo y mirando con nerviosismo hacia la espesura—. ¿Acaso son más de tus aliados? Aproveché su distracción y la vacilación en sus ojos para confrontarlo, reuniendo las pocas fuerzas que me quedaban. —Dime... ¿quién eres y por qué querías matarme? —le pregunté directamente al espía, sosteniéndole la mirada mientras el sonido de unos pasos rompiendo las ramas a gran velocidad se escuchaba cada vez más cerca de nuestra posición. —Yo... solo vine aquí por una razón... —murmuró la semibestia, apretando los dientes y mirando de reojo hacia la oscuridad del bosque. —¿Por una razón? —le cuestioné, forzando la respiración mientras intentaba ponerme de pie por completo. —Así es. Estaba buscando al joven llamado Carlos Tanaka Sánchez... Antes de que pudiera agregar algo más, una densa y fría presión se apoderó del ambiente. De pronto, alguien llegó de forma imprevista, posicionándose en lo alto. Era Shirou. Estaba subido en la rama de un árbol cercano, observándonos desde arriba. A pesar de la debilidad de su enfermedad, sus ojos azules brillaban con una intensidad tan perversa y calculadora que helaba la sangre. —Veo que están teniendo una buena plática, ¿no lo crees, Hiko? —soltó Shirou con una voz gélida que cortó el viento de la noche. Sin esperar respuesta, bajó del árbol con total ligereza, aterrizando suavemente sobre la tierra. Comenzó a caminar hacia nosotros con paso firme, manteniendo las manos metidas en los bolsillos de su pantalón y completamente bañado en un aura azul resplandeciente que hacía crujir las hojas secas a su alrededor. Se detuvo justo entre el infiltrado y yo, clavando su mirada brillante directamente sobre el enemigo. —Pero dime una cosa... ¿Qué demonios tienes que ver tú con Carlos Tanaka Sánchez, semi-humano? —preguntó Shirou, liberando una fluctuación de su energía que dejó en claro que no estaba de humor para juegos. —Yo... —el semi-humano soltó un largo suspiro, bajando las garras por completo—. Él... solo quería saber cómo estaba. Shirou y yo nos quedamos completamente callados, intercambiando una mirada de desconcierto. No entendíamos absolutamente nada de lo que estaba pasando. —Dime... ¿tú lo conoces? —le pregunté, frunciendo el ceño y bajando un poco la guardia. —Así es, lo conozco —afirmó el infiltrado, limpiándose un rastro de sangre de la boca—. Él fue quien me salvó cuando los caballeros del Imperio nos secuestraron... Mis ojos se abrieron de par en par al recordar un viejo relato. —Espera un segundo... ¿Tú eres el semi-humano lobo? —Jajaja, así es. Soy esa misma persona a la que él salvó —respondió con una sonrisa amarga—. Parece que la señorita Mei te lo contó todo... —¿Pero entonces por qué entraste para atacarme? —le reclamé, dando un paso al frente aún adolorido por mi costado. —En verdad, yo no quería atacarte —confesó, rascándose la nuca con pesadez—. Solo quería probar qué tan fuertes son ustedes. Recuerden que dentro de cinco días empieza esto... Ya veo que tienen con qué defenderse. Pero antes de eso, quería saber si estaba Carlos. Es urgente, necesito encontrarlo... Shirou guardó silencio un momento antes de hablar con frialdad. —Él está sellado. Lo siento mucho. —¿Qué...? ¿Cómo que sellado? —dijo el semi-humano, dando un paso atrás mientras sus ojos se abrían con horror—. No... eso no puede ser posible... Pero antes de que pudiera decir una sola palabra más, una presión espantosa, densa y asfixiante cayó sobre el bosque. El aire se volvió tan pesado que el suelo comenzó a agrietarse. En un instante, los tres nos quedamos completamente paralizados; ninguno de nosotros podía mover un solo músculo. «¿Qué demonios... es esta monstruosidad?», pensé, sintiendo cómo el sudor frío recorría mi nuca. Era una energía abrumadora que congelaba hasta la sangre. Sin embargo, a mi lado, una sonrisa bastante animada y retorcida se dibujó en el rostro de Shirou. Él no mostraba miedo; al contrario, sus ojos azules brillaban con una peligrosa satisfacción. —Sabía que saldrías de ese maldito sello... —susurró Shirou, forzando su propio cuerpo para levantar la mirada. Giramos los ojos hacia lo alto. Flotando en el cielo nocturno, justo por encima de la copa de los árboles, se encontraba una silueta imponente. Unos destellos de rayos verdes y azules se manifestaban a su alrededor, iluminando la oscuridad del bosque con un fulgor místico y devastador. La figura nos miró desde las alturas, y una voz resonó en nuestras cabezas, cargada de una familiaridad imponente: —Ha pasado varios meses que no nos vemos, Shirou. —¡¿Qué carajos...?! —exclamé, forzando la garganta mientras sentía cómo la presión en mi pecho disminuía lo suficiente como para dejarme hablar. —¿Carlos...? —pronunció Shirou, sin borrar esa sonrisa tensa pero aliviada de su rostro. La silueta descendió del cielo con una ligereza increíble, disipando la parálisis que nos mantenía inmóviles. Los rayos verdes y azules se apagaron lentamente cuando sus pies tocaron la tierra húmeda del bosque. —¡Holaaaa, Hiko! Cuánto tiempo, ¿cómo estás? —soltó Carlos con un tono completamente despreocupado, rompiendo toda la tensión dramática en un segundo—. He venido a darte una paliza, Hiko, ¡jajaja! Me le quedé mirando fijamente, parpadeando un par de veces, incrédulo por su actitud después de haber entrado como una deidad imponente. —Tienes que estar bromeando, ¿verdad? —le reclamé, cruzándome de brazos mientras me quejaba por el dolor de mi costado. —Sí, estoy bromeando, payaso. No vaya a ser que termines estampado en la pared —se rio Carlos, dándome un leve golpe en el hombro—. Pero en fin... me alegra mucho verlos de nuevo. El semi-humano lobo, que se había quedado completamente estupefacto en su lugar observando la escena, dio un paso al frente con los ojos abiertos de par en par. —¿C-Carlos...? ¿Qué haces aquí? —alcanzó a decir el infiltrado, con la voz temblorosa por la impresión. —Bueno... yo... —Carlos se rascó la nuca, mirando al semi-humano con extrañeza, tratando de ubicarlo en su memoria. —Esa persona vino a buscarte a ti —intervino Shirou, dando un paso al frente y señalando al lobo con la mirada—. No sé para qué, pero... —¡Carlos, es urgente! —lo interrumpió el semi-humano, dando un paso hacia él con desesperación—. Tienes que venir conmigo. Los dioses de las diferentes razas quieren verte... Al escuchar esas palabras, la expresión de Carlos cambió por completo. La sonrisa burlona desapareció de su rostro y sus cejas se juntaron en un gesto de total desconcierto. —Me quedé confundido... ¿Los dioses? —murmuró Carlos, procesando la información—. ¿Por qué ellos me buscarían a mí... si hace apenas algunos meses hablé con los reyes de las grandes razas? Esto no tiene sentido. ¿Sabes el porqué me están llamando? —preguntó Carlos, cruzándose de brazos mientras miraba fijamente al semi-humano lobo. —Así es... Se dice que se trata del último paso para que ustedes sean aceptados —respondió el infiltrado con total seriedad. —Carlos... ¿a qué se refiere con "aceptados"? —inquirí, frunciendo el ceño y sosteniendo mi costado adolorido. Carlos soltó un largo suspiro, desviando la mirada hacia el cielo estrellado antes de fijarla en mí. —Se trata de una unión entre humanos y razas en una misma sola academia... —explicó en voz baja—. Si yo ganaba el festival del año, ese sueño se haría realidad. —Carlos, ¿qué tonterías estás diciendo? —intervino Shirou, dando un paso al frente con el ceño fruncido y visiblemente molesto—. ¿Por qué harías algo así? ¿Por qué arriesgarte tanto por eso? —Porque le hice una promesa a una cierta persona... —respondió Carlos, con una mirada nostálgica que no dio pie a más cuestionamientos. Escena 2: Lazos a la Distancia y el Viaje al Templo Sagrado Punto de vista: Carlos Mientras tanto, en un claro bastante alejado de la academia, se encontraban Alefa y Melissa en medio de una intensa sesión de entrenamiento. El choque de sus energías hacía eco entre los árboles, pero de pronto, Alefa se detuvo en seco, mirando hacia el horizonte. —¿Ocurre algo, Alefa? —preguntó Melissa, bajando la guardia y secándose el sudor de la frente. —No, no... no es nada —respondió Alefa, parpadeando un par de veces—. Solo... sentí que alguien me habló. Melissa caminó hacia ella, pero su mirada descendió rápidamente hacia la mano de su compañera, notando un detalle que no había visto antes. —¡Ehh! Por cierto, ¿ese anillo qué es? —inquirió Melissa con una sonrisa pícara, señalando su dedo—. ¿Acaso estás comprometida? Alefa se puso completamente roja en un segundo, agitando los brazos con desesperación. —¡¡Qué! ¡¡Noooooo!! —exclamó, intentando esconder la mano—. Este anillo... es un regalo que nos dieron los caballos espirituales a mí y a Carlos. Él y yo estamos conectados a través de esto... pero cuando estoy con él, me inquieta mucho. Estar cerca de él me hace sentir... segura, pero también tengo muchas dudas sobre mí misma. Alefa bajó la mirada, tocando el anillo con suavidad mientras una expresión de profunda ternura reemplazaba su nerviosismo. —Él siempre me ha consentido, pero... él y yo hicimos una promesa. Espero que se haga realidad —dijo finalmente, sonriendo de pura felicidad mientras recordaba mi rostro en la distancia. —Está bien, iré contigo —acepté con firmeza, estirando los brazos antes de mirarlos—. Además, quiero que estos dos bolas de payaso vayan conmigo. —¡¿Ah?! ¿Cómo que payaso? Ni que fuera mi hermana... —reclamó Shirou de inmediato, cruzándose de brazos de mala gana. —Pero en fin, iremos contigo. También me dio curiosidad sobre esto... —añadió Hiko, tratando de ignorar el dolor de su costado. —Muy bien, entonces vámonos, chicos. Hoy los llevaré a un lugar muy agradable —dije con una sonrisa. En un parpadeo, Hiko, Shirou y el semi-humano lobo fueron teletransportados por mi magia, dejando atrás el bosque de la academia en un instante. Cuando la luz se disipó, abrimos los ojos lentamente, sintiendo el cambio drástico en el aire. —Bueno, al parecer llegamos a este lugar... —murmuró Hiko, mirando la imponente arquitectura sagrada a nuestro alrededor. Shirou se quedó completamente estupefacto, contemplando el suelo y luego a mí con incredulidad. —¿Cómo es que Carlos haya aprendido magia de teletransportación?... Una magia que ningún humano podría hacer —susurró, con la mente de mago totalmente desconcertada. —Ese tipo da escalofríos... Solo las diferentes razas pueden hacer eso, pero para nosotros está prohibido. Pero para él no significa nada... Me sorprende eso —añadió Hiko en voz baja, sintiendo un sudor frío. —Oh, vaya. Me alegro de que estés aquí, Carlos —dijo de pronto una chica que apareció frente a nosotros. Aunque no la habían visto antes, ellos ya sabían perfectamente quién era por las leyendas. —Lo mismo digo. Ha pasado un tiempo, Sage, Reina de los Dragones —respondí con tranquilidad. Sin embargo, cuando nos disponíamos a avanzar, el rostro de Sage cambió por completo, mostrando una profunda culpa. —Carlos, no te vayas... yo... por favor, tenemos que hablar sobre lo que pasó en el Reino de los Elfos... —dijo Sage, deteniéndome con la voz temblorosa. —Yo no tengo nada de qué hablar contigo —sentencié, frío como el hielo. —Carlos, por favor... —suplicó ella, al borde de las lágrimas. Me quedé estático un momento y solté un largo suspiro mientras la miraba de reojo. —Está bien. Una vez que acabe la reunión que tendré con ustedes y con los dioses, hablaremos a solas. Tras decir eso, reanudé mi paso firme. Caminé hacia la entrada principal junto con Sage, Hiko y Shirou. Al cruzar el umbral y entrar a la imponente sala de juntas, la pesada presión del ambiente nos golpeó de golpe. Sentados alrededor de una enorme mesa, se encontraban los demás líderes del mundo: Shima, Grayson, Aiden y James se encontraban aquí reunidos, esperándonos en un silencio sepulcral. Me detuve justo en el centro del salón, paseé mi mirada por cada uno de los soberanos y, con una sonrisa desafiante que rompió toda la tensión, exclamé: —Ha pasado tiempo, ¿no lo creen, Reyes? Escena 3: Frente a las Divinidades Punto de vista: Hiko y Shirou —Parece que valió la pena, lo más seguro... —murmuró uno de los reyes en voz baja, rompiendo el silencio mientras observaba la imponente postura con la que Carlos había entrado al salón. Carlos no perdió el tiempo y fue directo al grano, cruzándose de brazos. —Ya veo. Y bien, ¿para qué me citaron aquí? —Más bien, ellos quieren hablar contigo, mocoso... —respondió James, desviando la mirada hacia el fondo de la sala con una expresión llena de respeto y temor. En ese preciso instante, las enormes puertas del fondo se abrieron por completo. Todos entraron al área principal del templo y, al saber lo que venía, pude sentir con total claridad la abrumadora presencia de los dioses. Al entrar, la atmósfera se congeló por completo. Ellos liberaron una inmensa cantidad de aura divina, una presión tan monstruosa y aplastante que todos en la sala —incluidos los poderosos reyes de las razas y la misma Sage— cayeron de rodillas de inmediato, incapaces de soportar semejante poder. Solo yo y Shirou quedamos de pie, resistiendo el tremendo impacto de la energía que distorsionaba el aire a nuestro alrededor. Una voz resonante, majestuosa y carente de cualquier emoción humana, hizo eco en las paredes del lugar, proveniente de la deidad que lideraba el grupo. —Vaya, vaya... No creí que dos personas se pudieran mantener de pie ante nosotros... —Bueno, es porque yo ya he tenido varias experiencias —dije, dándome el lujo de mirarlo fijamente con una sonrisa confiada y desafiante—. Dime, ¿cuál fue el propósito de su llamado, Dios de la Vida Eterna? Los ojos de la entidad brillaron con una mezcla de sorpresa y peligrosa curiosidad al escuchar mis palabras. La presión en la sala aumentó un poco más, enfocándose directamente en mí. —¿Cómo sabes mi nombre, humano insignificante? —Oh, no es nada, es más que claro —respondí con total tranquilidad, manteniendo la compostura—. Al igual que los otros cuatro, son demasiado aterradores al notar cada presencia. Así que dejen los rodeos y digan de una vez qué es lo que quieren. —Tienes muchas agallas —intervino el Dios de la Muerte, con una voz sepulcral que pareció congelar el aire del salón—. Parece que tú has cometido el peor pecado de tu vida al hablarnos de esa manera. —Oye, oye, tú deberías saber cuál es tu lugar, mortal —añadió el Dios de la Luz, su aura brillando con una intensidad cegadora que pretendía doblegar mi voluntad. —Vamos, chicos, no sean tan malos —interrumpión la Diosa del Caos, mostrando una sonrisa amable que contrastaba por completo con la destructiva naturaleza de su energía. Al fijar mis ojos en ella, un frío recuerdo me recorrió el cuerpo. «Esa mujer... ¿Yukimina?», pensé, analizando sus facciones. «Ella tal vez no me conozca en esta reencarnación... pero yo sé perfectamente quién es ella. O mejor dicho, ninguno de estos dioses sabe realmente nada sobre mi verdadero pasado». El Dios de la Vida Eterna dio un paso al frente, haciendo que el suelo vibrara bajo su imponente presencia. —La razón por la cual te llamamos fue para que tú nos contaras todo sobre ti, y el motivo por el cual quieres formar una alianza con nuestros compañeros de las diferentes razas. Carlos se quedó mirando a cada una de las deidades reunidas en el salón. Tras unos segundos de silencio, una sonrisa confiada se dibujó en su rostro. —Bueno... es porque le hice una promesa a una cierta persona —respondió con firmeza—. El motivo detrás de todo esto es convivir y cambiar a un mundo donde nadie se tenga odio ni rencor. Y además... porque una guerra está por venirse, dioses. Necesito de su ayuda, tanto de ustedes como de las razas, para detener esto. Las deidades se tensaron al unísono ante su declaración. El Dios de la Vida Eterna entrecerró los ojos, analizando el flujo de energía de Carlos con una epifanía repentina. —Espera un segundo... —dijo el Dios de la Vida Eterna, con la voz cargada de un asombro genuino—. ¿Acaso tú posees el Poder Nocturno? —¡¿Qué?! —exclamó el Dios de la Luz, perdiendo la compostura—. ¿Qué dices? ¿Estás diciendo que ese humano...? —No solo es él, sino que hay otro más —lo interrumpió el Dios de la Vida Eterna, desviando su imponente mirada de Carlos para clavarla fijamente en el chico de cabello azul que seguía firme a su lado—. Pero no pensé que sería en estos momentos de reencuentros... Shirou Shimizu. Shirou, al verse interpelado directamente por una divinidad, ni siquiera parpadeó. Mantuvo las manos en sus bolsillos y esbozó una sonrisa desinteresada y arrogante. —Vaya, hasta tú sabes quién soy —soltó Shirou con total ligereza—. Bueno, tal vez a mi hermana la conozcas, pero a ustedes... a ustedes ni los topo. Continuará...
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 242

Estás leyendo el capítulo 242 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 3 de junio de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.