Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 240 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 240: Cicatrices del Pasado, el Peso de la Lideranza y Viejas Rencillas
Punto de vista: Carlos y Freya Two
Escena 1: El Reencuentro entre las Sombras del Abismo
Punto de vista: Carlos
Amadeus miró a todos los presentes con una mezcla de furia y desconcierto, pero en cuanto sus ojos se cruzaron con la figura herida en el suelo, toda su atención se desvió. Al ver a Sayu sangrando y traumatizada, el rostro de Amadeus se llenó de un horror absoluto. Corrió desesperadamente hacia ella, arrodillándose a su lado sin importarle estar en medio de los catorce abismales más poderosos.
—¡Sayu! —gritó Amadeus, con la voz quebrada mientras intentaba tocarla con cuidado—. ¡¿Quién te hizo esto?! Es por mi culpa, ¿verdad?... ¡Todo esto es por mi culpa!
Sayu, conteniendo el dolor, alzó un poco la cabeza al escuchar su voz. En ese momento, Amadeus se giró bruscamente y sus ojos se clavaron directamente con los míos. La tensión entre nosotros era palpable, rodeados por el aura destructiva de la Red Blood Association y los reyes del Abismo.
—Amadeus... —dije, susurrando en voz baja, sintiendo un nudo en la garganta al verla finalmente frente a mí.
Ella me escaneó con la mirada, completamente confundida por mi presencia y por la intensa sed de sangre que emanaba de mi espada carmesí.
—¿Eh? ¿Quién eres tú y cómo sabes mi nombre, humano? —me espetó Amadeus, con los ojos inyectados en sospecha y dolor—. ¡¿Acaso tú le hiciste esto a Sayu?!
—¡¿Qué?! ¡No, no! Yo no le hice nada a Sayu —respondí de inmediato, dando un paso al frente para que viera la sinceridad en mis ojos y apuntando con el filo de mi espada directamente hacia el trono central—. La persona quien le hizo esto... fue Gabriel.
Gabriel, al verse señalado directamente frente a Amadeus y con todos los guardianes listos para despedazarlo, soltó una carcajada nerviosa, tratando de mantener su postura arrogante mientras el ambiente en la sala del trono se volvía completamente sofocante.
Hasta que Emilia habló, interrumpiendo la tensa confrontación con una firmeza que no admitía réplicas.
—No podemos pelear aquí, no por ahora. Debemos retirarnos, Carlos. Este no es un buen momento... —sentenció, colocando una mano sobre mi hombro para frenar el impulso de mi Ki.
—Lo sé, Emilia, pero... —comencé a replicar, apretando los dientes y mirando de reojo a Amadeus, negándome a dejarla atrás otra vez.
—Si quieres que todo salga bien, es mejor que nos vayamos —me interrumpió Emilia, suavizando un poco el tono pero manteniendo la urgencia—. Ya viste a Amadeus, ella está bien. Pero tienes que entender que para sacarla de aquí de forma segura tenemos que masacrar a todos ellos primero, y no podemos hacerlo por ahora. Si lo hacemos en este preciso momento, ellos irán a buscar venganza y vendrán por quienes no deberían estar involucrados... es por eso que debemos ser inteligentes.
Mientras explicaba la situación, la mirada de Emilia se desvió de mí y se dirigió hacia la mesa de los tronos. Se clavó directamente en la única persona a la que menos desprecia dentro de ese nido de escoria abismal. A Mónica.
Mónica, al notar la intensidad de esos ojos sobre ella, se removió en su asiento y apoyó los brazos sobre la mesa con una sonrisa ladina y provocadora.
—¿Oh? ¿Me miras a mí, maldita mujer arrogante? —soltó Mónica, entornando los ojos con evidente fastidio.
Emilia no dio un solo paso atrás. Al contrario, una chispa de desprecio absoluto encendió su mirada y dio un paso al frente, liberando una fracción de su propio poder.
—Ehhh... ¿Acaso quieres sentir algo de humillación, maldita perra? —le espetó Emilia, con una frialdad tan cortante que congeló el aire entre ambas.
—¡¿Cómo te atreves...?! —bramó Mónica, levantándose bruscamente de su trono, con el rostro desencajado por la furia ante semejante insulto frente al resto de los catorce abismales.
El ambiente, que ya era inestable por la presencia de la Red Blood Association, se volvió un polvorín a punto de estallar. Los generales del Abismo se tensaron, listos para saltar sobre Emilia, mientras Gabriel observaba con una sonrisa retorcida, esperando que cometiéramos el error de atacar primero.
—Yuki, llévate a Carlos. Es una orden... —sentenció Emilia, manteniendo su mirada gélida sobre el resto de la sala.
Yuki se giró bruscamente, con el rostro desencajado por el enfado y las venas de la frente marcadas por la frustración.
—¡¿Ya vas a empezar otra vez?! —bramó Yuki, dando un paso intimidante hacia ella—. Tú no eres nadie para mandarme. Recuerda que yo soy la comandante y capitana de esta organización... Te duele que no fueras la elegida por él, ¿no es así?
La tensión entre las dos guardianas de la Red Blood Association escaló a un punto crítico en medio del territorio enemigo. No podía dejar que siguieran despedazándose frente a los catorce abismales.
—Yuki... —hablé finalmente, haciendo que mi voz resonara con autoridad para cortar la disputa—. Ya es suficiente. No puedes hablarle así a Emilia...
Yuki desvió la mirada, apretando los puños con rabia contenida, pero suavizando ligeramente su postura ante mis palabras.
—Lo sé... pero es ella quien no ha podido olvidar aquel momento —refunfuñó, cruzándose de brazos.
En ese momento, Eime intervino, mirando a Emilia con evidente molestia.
—Yo... —intentó decir Eime.
—¡Tú cállate, Eime! —la cortó Emilia de golpe, descargando su furia contenida con unas palabras venenosas—. Tú ni hables. Desde que perdiste contra el Dios Nocturno y dejaste que él manipulara a tu mascota, ¿crees que mereces estar aquí? ¿Crees que tú vales la pena? No eres más que una simple loca que está obsesionada por Carlos. Tú no tienes el mínimo derecho de hablar, así que por favor, ni se te ocurra abrir tu maldita bocota.
Al escuchar ese ataque tan cruel, Eime bajó la mirada de inmediato. Sus ojos brillaron, inundados de lágrimas contenidas, queriéndose quebrar por dentro ante la humillación pública frente a aliados y enemigos. No iba a tolerar que la trataran de esa manera. Me acerqué a ella a paso firme y puse mi mano sobre su cabeza, acariciándola con suavidad para reconfortarla.
—No te sientas mal, ¿sí? —le dije con voz suave pero firme, asegurándome de que todos en la sala me escucharan—. Tú solo hiciste lo que era necesario. No dejes que las palabras de Emilia te afecten. Para ella tal vez sí, pero para mí, tú siempre serás una de mis guardianas que jamás me ha decepcionado. Para mí jamás. Recuerda todo lo que te enseñé y cómo tú misma has logrado cosas que nadie más pudo hacer.
Eime alzó la vista levemente, mostrando un destello de gratitud en medio de su tristeza. Luego, me giré hacia el grupo, envainando la espada sangrienta.
—Está bien, Emilia. Nos retiramos —asentí, reconociendo que el análisis estratégico era correcto, por mucho que me doliera.
Antes de dar la vuelta, busqué con la mirada la figura herida de Sayu, quien seguía protegiendo a Amadeus con lo que le quedaba de fuerzas.
—Sayu... —le pedí, con una seriedad absoluta—. Por favor, no dejes que ellos toquen a Amadeus. Ella es una persona muy importante para mí.
Sayu, sosteniendo la mirada a pesar del dolor de sus ojos mutilados, asintió con una determinación inquebrantable.
—Lo sé... —respondió Sayu en un susurro firme—. Haré mi mayor esfuerzo para que nadie la toque... Te lo prometo.
Con la Red Blood Association cubriendo la retaguardia y manteniendo a raya las auras de Lucifer, Gabriel y los demás abismales, comenzamos a replegarnos de la sala de los quince tronos. Esto no era una retirada por cobardía, sino la preparación para la verdadera guerra que se avecinaba.
—Algún día de estos perderás lo más valioso de tu vida, Carlos. No olvides estas palabras —soltó Gabriel con una sonrisa y una mirada bastante retorcida, dejando escapar una última carcajada desquiciada—: ¡Jajaja!
No iba a quedarme a escuchar sus malditas amenazas.
Escena 2: Secretos, Arrepentimientos y la Verdadera Fuerza
Punto de vista: Carlos
Sin perder un segundo, utilicé mi técnica Voltstrike para desaparecer de la sala del trono en un destello fulminante, dejando las cosas tal como estaban. Ya no podía mantener esa compostura; la rabia y la presión estaban a punto de hacerme colapsar.
El viaje de regreso fue tenso y silencioso. Finalmente, logramos replegarnos y regresamos a la base de la Red Blood Association, donde se encontraban mis guardianes, una casa enorme oculta y protegida para nuestras operaciones. Una vez dentro, el ambiente seguía cargado por la discusión del inframundo. Me crucé de brazos y clavé mi mirada en Emilia, necesitando respuestas claras de una vez por todas.
—Emilia, dime algo... ¿Qué fue lo que pasó con Eime cuando yo me llevé a Emanuel para que no fuera sacrificado?
Emilia suspiró profundamente, desviando la mirada por un segundo antes de sostener la mía con total frialdad.
—No te lo puedo negar... Ella estuvo a punto de ser asesinada a sangre fría —confesó Emilia, apretando los puños—. Tuve que intervenir en ese momento para que eso no pasara. No quiero que todos mueran, Carlos. ¿De qué sirve que tú y yo la hayamos entrenado tanto para que al final fuera una inútil en el momento más crítico?
Al escuchar la dureza de sus palabras hacia Eime, di un paso al frente, plantándome firme ante ella.
—Oye, tranquila —le respondí, bajando el tono pero con una seriedad absoluta—. No sé por qué siempre te desquitas con ella. ¿Acaso crees que es justo que la trates así, especialmente cuando ella es quien te mira con el mayor respeto del mundo? No puedes culparla de todo lo que sale mal.
—¡Jajaja! Sí, claro, como si tú fueras tan bueno para elegir personas antes que a mí... —soltó Emilia, y por primera vez su fachada de hielo se agrietó, dejando ver una profunda amargura—. Eso me dolió más, Carlos. Que no me hayas elegido a mí... Yo fui tu primera guardiana. No es justo que hayas puesto a Yuki en ese puesto, sabiendo perfectamente que yo podía ser una mejor comandante que ella.
Me quedé mirándola fijamente mientras el silencio se apoderaba de la enorme estancia de la base. Las piezas del rompecabezas finalmente encajaban en mi cabeza.
—Por eso te fuiste, ¿verdad? ¿Y por eso te desapareciste por tanto tiempo? —le pregunté con la voz baja.
Ella no me respondió, pero ese silencio me lo dijo todo con total claridad. Sí, se había marchado por mi culpa y por mis malas decisiones en el pasado.
—Es por eso que encontraste a Zani y a Yins mientras estabas lejos, ¿verdad? —continué, buscando sus ojos.
Emilia desvió la mirada un segundo, pero luego asintió, y un brillo de genuino afecto —algo extremadamente raro en ella— asomó al hablar de ellas.
—Así es. Desde que supe que tenías a esas dos niñas... No creí por todas las cosas que tuvieron que vivir ellas. Para mí, esas dos son como mis propias hijas. Las entrené con todo lo que tenía y las volví fuertes. Y cuando vi que derrotaron a todos los guardianes, sentí una felicidad enorme por ellas. Aunque no hayan podido derrotar a Fer, demostraron que están por encima de cualquier persona común. Eso... me hace sentir un poco orgullosa de ellas. Tienen un talento enorme y un potencial que definitivamente debería ser usado.
Emilia hizo una pausa, apretando los puños mientras la melancolía y la rabia se mezclaban en su voz.
—Ellas me entienden. Desde que te fuiste y moriste en la mansión del Dios Demonio... ellas se enteraron de todo cuando les conté lo que te había pasado. Y créeme, Carlos, no querrás saber lo que ellas sintieron en ese momento. Pasaron tanto tiempo pensando que las habías abandonado, hasta que supieron la verdad: sabiendo que fuiste traicionado de la peor manera por tu propio hermano y por tus supuestos amigos...
Un escalofrío me recorrió el cuerpo al recordar el peso de esa traición, pero las siguientes palabras de Emilia me recordaron la brutal devoción de los míos.
—Por eso Yuki fue y los mató a todos ellos sin piedad —confesó Emilia, mirándome fijamente a los ojos—. Por primera vez en la vida estoy de acuerdo con ella y comparto ese dolor. Porque para todos nosotros, lo único que realmente importa es que usted esté a salvo. Que usted pueda tener una vida de felicidad... Sabiendo que todo el maldito mundo está en su contra, nosotros siempre estaremos a su lado, Carlos. Luchando contra el mundo entero si es necesario, y destruyendo a cualquiera que intente matarlo.
Emilia apretó los labios y desvió la vista, dejando que el silencio inundara la enorme estancia por un momento. Sus hombros, siempre rígidos y perfectos, parecieron ceder un poco ante el peso de sus propias palabras.
—Pero el tema es que yo odio a Yuki... —admitió en un susurro cargado de frustración—, pero por mi ignorancia también estoy lastimando a las personas que no tienen nada que ver con nuestras diferencias. No sé qué es lo que me pasa, no logro entenderlo... Pero cada vez que veo a Eime me causa una rabia. No es que la odie tanto, Carlos, solo... ¡Ahh!
Dejó escapar un profundo suspiro, bajando la mirada hacia el suelo, completamente agotada.
—Han pasado tantas cosas que, en verdad, ya no sé qué haré. Estoy estresada...
La personalidad de Emilia siempre había sido así: darlo todo, cargar con el peso del mundo en silencio y frustrarse al sentir que, al final, no lograba que el esfuerzo que uno hace fuera suficiente o reconocido. Pero escucharla abrirse de esa manera me hizo entender muchas cosas sobre ella.
—Si esto no hubiera sido por ti, jamás habría logrado crear una familia donde yo nunca me sintiera solo —le dije, mirándola con sinceridad y recordando todo el camino que habíamos recorrido juntos—. Pero también... temo que yo también perderé algo tan importante en esta guerra. Algo que solo hará que me quiebre por dentro de mi corazón. Un vacío que no quiero volver a sentir... A veces, desearía volver a ser como era en aquella vida anterior.
Mis propias palabras resonaron en las paredes de la casa. El miedo a las profecías de Gabriel y Lucifer, el peligro que corría Amadeus y las fracturas internas de la Red Blood Association pesaban sobre mis hombros más que cualquier batalla física. Estábamos en el refugio, a salvo por ahora, pero la verdadera tormenta apenas estaba comenzando a formarse fuera de estas paredes.
Miré un poco a nuestro alrededor, observando las enormes y silenciosas paredes de la base, pero eso me trajo a la mente el recuerdo de Henry. Recordé cuando él me dejó una última voluntad, algo que firmemente debo hacer: cambiar la corrupción que hay en los reinos y proteger a Melissa de cualquiera que se atreva a hacerle daño.
Emilia me observó en silencio, notando el cambio en mi semblante mientras procesaba esos pensamientos.
—Parece que él te dio una lección de vida, ¿no es así? —comentó, suavizando un poco su postura.
—Tal vez tienes razón... —asentí, soltando un leve suspiro—. Él me dio algo de lo que yo no me había percatado y que también había olvidado por completo. El deber de un caballero tiene que darlo todo, sin importar las circunstancias.
Me quedé mirando mis propias manos por un momento, sintiendo el peso de la responsabilidad que cargaba sobre los hombros, no solo por Amadeus y mis guardianes, sino por las promesas del pasado.
—Pero... ¿qué pasa si fallo? —pregunté en voz baja, dejando salir por un instante la duda que me carcomía.
Emilia no dudó ni un segundo en responder, recuperando de inmediato esa mirada gélida y realista que la caracterizaba.
—Si fallas, es obvio que alguien más ocupará tu lugar. El mundo no se va a detener porque caigas, Carlos.
Una pequeña sonrisa de suficiencia apareció en mi rostro ante su respuesta. Ajusté mi postura y la miré con determinación, dejando atrás cualquier rastro de debilidad.
—No creo que existan personas que puedan hacer grandes cosas como yo, Emilia —sentencié con total seguridad—. Pero si las hay... al menos tendrán que intentar arrebatarme la espada nocturna primero.
—¡Jajaja! Eres alguien increíble, en verdad. Pero jamás nadie será como tú —dijo ella mientras corría un poco, colocándose frente a mí. Puso sus manos en su espalda y me miró con una sonrisa sincera—: Porque tú eres el más fuerte...
Esa sonrisa suya desprendía una profunda nostalgia; era la mirada de alguien que me quiere y me respeta con toda el alma. A pesar de que no le había dado el puesto de comandante a ella, en el fondo sabía la verdad: siempre sería la más fuerte de todas mis aliadas. Por algo Emilia estaba firmemente en el puesto número 1, y Yuki se quedaba en el puesto número dos.
—No te equivoques, Emilia —le dije, devolviéndole una mirada de confianza—. El lugar que ocupas nadie te lo va a quitar. Ahora, descansemos. El Abismo no se va a quedar tranquilo por mucho tiempo, y la próxima vez que nos vean, sabrán por qué somos la Red Blood Association.
—Tienes razón. Bueno, descansa, de seguro tienes cosas importantes por hacer, ¿verdad? —me dijo.
—Tal vez debería regresar a la academia. Nos vemos luego, Emilia —añadí, dándome la vuelta, pero me detuve un segundo antes de cruzar la puerta—. Y por favor... no seas agresiva con ella, ¿sí?
Emilia desvió la mirada, cruzándose de brazos con un ligero deje de terquedad.
—No lo sé... tal vez no pueda prometerlo... —respondió en voz baja.
Solté un suspiro, sabiendo que cambiar el carácter de Emilia requeriría tiempo, y salí de la estancia directo hacia mis propios asuntos, dejando atrás por unas horas el peso de la Red Blood Association.
Escena 3: Un Encuentro Inesperado en la Noche
Punto de vista: Freya Two
Hoy es una noche cualquiera encerrada en mi cuarto... No he podido dormir nada desde que Shirou se enfermó. Le dije claramente que no investigara más, pero es un necio de primera. Me preocupo por él, claro, siempre lo he estado, peeeero... ¡mis pensamientos se interrumpieron de golpe al notar una silueta en la oscuridad!
—¿Tú qué carajos haces aquí, Mío? —le espeté, poniéndome en pie de un salto y frunciendo el ceño.
—Ehhh, tú dijiste que querías hablar conmigo, víbora arrastrada... —respondió Mío, saliendo de las sombras con una actitud defensiva.
—Oye, oye, tranquila, niña súper estrella —le reclamé, cruzándome de brazos—. Aún no hemos terminado nuestro asunto de hace años... Bueno, al menos ahora no tengo a nadie en contra —dije para mis adentros.
—Oh, vamos... —Mío soltó un largo suspiro, y su expresión burlona se desmoronó por completo, siendo reemplazada por una sombra de profunda tristeza—. ¿Recuerdas el día que murieron mis padres?
El impacto de sus palabras me congeló el pecho. La hostilidad en el cuarto se disipó en un segundo.
—Oh... Mío, yo... —comencé a decir, sintiendo un nudo en la garganta.
—No, en verdad no tienes por qué disculparte —me interrumpió ella, apretando los puños mientras miraba al suelo—. Todo el daño que me has hecho... yo no te lo puedo perdonar. Pero mis instintos me dicen que te perdone. Aunque tus padres fueron muy crueles conmigo cuando...
—En verdad lo siento mucho, Mío... —la corté, bajando la cabeza con una culpa genuina que llevaba cargando demasiado tiempo.
El ambiente se volvió denso y pesado entre las dos, pero la dolorosa confesión fue interrumpida abruptamente.
Toc, toc.
Una persona tocó la puerta de nuestro dormitorio con insistencia.
—¡Alooo! ¿Hay alguien ahí? —resonó una voz juguetona desde el pasillo.
—¿Eh? ¿Qué hace Arlette a estas horas de la noche? —susurré, desconcertada, mirando hacia la entrada.
—Ni idea, Freya... —murmuró Mío, limpiándose rápidamente el rostro para que no notaran su vulnerabilidad.
—¡Vengo acompañada con Natsuki, chicas! No tienen por qué tenerme miedo —añadió Arlette desde el otro lado, con una sonrisa dulce reflejada en su tono de voz mientras se reía bajito.
Mío y yo nos miramos por un breve instante, tragándonos el drama del pasado para lidiar con las visitas inesperadas.
—Ammm... está bien. Puedes pasar —respondí en voz alta, acercándome para abrir la puerta.
Continuará...

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 241
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 240
Estás leyendo el capítulo 240 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 31 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.