Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 237 online gratis en español
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Capítulo 237: El Artefacto Divino, el Sacrilegio de la Sangre y la Promesa de la Reina
Punto de vista: Shiro de la Destrucción, Shiro de la Amabilidad y Shiro de la Naturaleza
Escena 1: La Nieve del Sol Helado
Punto de vista: Shiro de la Destrucción y Shiro de la Amabilidad
—¡No! ¡Ni de pedo dejaré que esa mierda de escoria use nuestro linaje! —bramé, interrumpiendo la telepatía con pura furia.
El orgullo de mi estirpe y la rabia de ver nuestra sangre profanada borraron cualquier pizca de duda o intención de huir. Si esa cosa quería convertirse en un dios nocturno, yo le recordaría quién dictaba las reglas de la destrucción.
Liberé todo mi poder en una transformación completamente diferente a lo conocido. Una onda de choque masiva barrió el páramo mientras mi cuerpo cambiaba. Mi cabello se volvió blanco como la misma nieve, perdiendo su color morado original. De inmediato, el cielo del falso reino se oscureció y una densa nieve comenzó a caer desde lo más alto, transformando el paisaje calcinado en una tormenta invernal violenta y helada. Mis ojos cambiaron a un tono dorado brillante, y alrededor de mi cuello se materializó una bufanda de color rojo encendido que ondeaba salvajemente contra el viento gélido.
Mientras la nieve caía con fuerza, un aura brillante, dividida en destellos dorados y morados, envolvió mi silueta. Levanté la cabeza, mostrando unos ojos penetrantes que lo miraban solo a él. Mis ojos ya no eran humanos; se habían transformado, eran fríos y afilados como los de un dragón listo para devorar a su presa.
El Minotauro, a pesar de su creciente poder nocturno, retrocedió un paso por puro instinto ante la abismal presión divina que congelaba el aire a nuestro alrededor.
—No importa cuántas veces logres adaptarte... —sentencié, y mi voz resonó con el eco de un ser supremo absoluto—. Te destruiré aquí y ahora.
Di el primer paso al frente, y con cada milímetro que avanzaba, la tormenta de nieve se volvía más errática, sellando las salidas del lugar. No iba a dejar ni las cenizas de ese maldito experimento.
El choque fue inmediato y absoluto. Nos lanzamos el uno contra el otro en medio de la tormenta, desatando una batalla implacable donde el tiempo pareció congelarse. El Minotauro blandía su enorme arma con una velocidad aberrante, pero con mi nueva transformación, sus movimientos ya no eran invisibles para mí. Esquivé varios ataques de él, moviendo mi cuerpo con una agilidad mística mientras el filo de su hacha pasaba rozando la bufanda roja que ondeaba con el viento gélido.
Me di cuenta de que la Espada Mata Celestiales no bastaría para desintegrar el linaje corrupto que esa escoria llevaba dentro. Tenía que destruirlo desde su núcleo, con mis propias manos. Solté mi espada de golpe, dejándola caer sobre la nieve que ya cubría el suelo calcinado, y cerré los puños decidida a luchar a puño limpio.
Concentré mi energía al límite, dividiendo mi maná en dos polaridades perfectas: magia positiva y negativa. El aire alrededor de mis manos comenzó a distorsionarse de forma salvaje cuando combiné la magia de la destrucción positiva con un elemento que desafiaba las leyes de la naturaleza misma.
—¡Prueba esto, maldito pedazo de carne! —bramé.
En mi puño derecho concentré el Hielo de Mil Glaciar Solar, el Hielo del Sol. Era una técnica prohibida, una escarcha dorada y brillante que poseía la temperatura del cero absoluto pero quemaba con la intensidad de una supernova. En mi mano izquierda, el poder de la destrucción negativa se manifestó como una llama morada y oscura capaz de borrar la materia misma de la existencia.
Me impulsé hacia el frente, dejando un rastro de escarcha y cenizas en el aire. El Minotauro intentó levantar su guardia para detener mi avance, pero mi velocidad era absurda. Aparecí justo debajo de su enorme torso y solté un violento impacto directo con mi puño derecho cargado de Hielo Solar.
El golpe resonó como un trueno divino por todo el páramo. Al contacto, el cuerpo del monstruo empezó a congelarse instantáneamente en un bloque de hielo dorado, atrapando su poder nocturno simulado, mientras la intensa energía térmica de la técnica comenzaba a incinerar sus células desde adentro. Sin darle un solo segundo para adaptarse, preparé mi puño izquierdo para rematarlo.
Escena 2: El Minotauro Nocturno
Punto de vista: Shiro de la Destrucción
Pero justo cuando mi puño izquierdo iba a impactar para borrarlo de la existencia, algo completamente imprevisto ocurrió.
Una onda de choque expansiva, masiva y de una densidad asfixiante brotó desde el centro de su cuerpo. El impacto fue tan violento que rompió el Hielo del Sol en mil pedazos y me obligó a retroceder de golpe, deslizándome varias decenas de metros sobre la nieve hasta que logré clavar mis botas en la tierra helada para frenar el impulso.
La tormenta de nieve que yo misma había invocado pareció temblar. El humo y los fragmentos de escarcha dorada comenzaron a disiparse lentamente, revelando la silueta de la bestia.
El Minotauro se había adaptado. No solo a mi fuerza física, sino a las técnicas más complejas de mi propia energía. El monstruo enderezó su descomunal cuerpo, pero ya no se movía con el frenesí salvaje de un experimento fuera de control. Su postura ahora era firme, imponente y controlada. El fuego negro y frío que envolvía su hacha de guerra se apagó, transformándose en una capa de gravedad pura que distorsionaba el espacio a su alrededor.
Entonces, levantó la cabeza y me miró fijamente. Sus ojos carmesí habían cambiado; ya no reflejaban la demencia ciega de una quimera biológica. Ahora, esos ojos mostraban un brillo profundo, frío y calculador... mostrando el digno respeto de un guerrero que reconoce a su igual en el campo de batalla.
Un silencio sepulcral cayó sobre el páramo mientras la energía del Imperio y de los Abismales terminaba de fusionarse perfectamente con el linaje sagrado de mi clan. El Minotauro Nocturno ha despertado. La criatura que una vez puso de rodillas al mundo hace 20 años finalmente había completado su evolución, alzándose ante mí no como una herramienta, sino como una verdadera deidad de la destrucción dispuesta a reclamar el trono de la noche.
—Parece que logró adaptarse al poder nocturno... —susurré, contemplando la imponente figura que se alzaba frente a mí.
Me quedé en silencio un par de segundos, asimilando la realidad de la situación, hasta que la pieza que faltaba en este retorcido rompecabezas finalmente encajó en mi mente.
—Ya veo... ¡Jajaja! ¡Jajajaja! ¡Ahora todo tiene sentido! —Una carcajada limpia, desprovista de cualquier temor y cargada de una pura epifanía de combate, escapó de mi garganta, resonando con fuerza en medio de la tormenta—. Ya sé cómo consiguieron la maldita muestra para que él lograra despertar... ¡Usaron la sangre de los nocturnos caídos! Tiene tanto sentido... Si esa sangre contiene todo nuestro poder ancestral, por supuesto que este maldito cascarón iba a reaccionar. ¡Profanaron las tumbas de mi propia estirpe para alimentar a esta aberración!
Una sonrisa bastante aterradora y siniestra brotó en mi rostro, una expresión que reflejaba la sed de sangre y el absoluto desprecio que sentía en este momento. Ya no era solo una pelea por la supervivencia; era una ejecución por traición y sacrilegio. Comencé a avanzar hacia él, mis botas hundiéndose con pesadez en la nieve. Con cada paso que daba, mis músculos se endurecieron, tensándose como resortes de acero listos para desatar una violencia incalculable.
Al verme, el Minotauro Nocturno hizo exactamente lo mismo, acomodando su descomunal cuerpo y empuñando su hacha con una perfecta y letal disciplina militar. Ya no había gritos, ya no había burlas. Solo dos depredadores supremos reclamando el mismo territorio divino.
En el instante en que nuestras miradas volvieron a chocar a escasos metros de distancia, el falso reino no pudo soportarlo más. Nuestras auras estallaron al unísono con una fuerza apocalíptica. El choque de mi energía destructiva, dorada y morada, contra su marea de poder nocturno corrupto partió el cielo en dos, evaporando la nieve a nuestro alrededor y dejando el suelo completamente calcinado en un parpadeo.
El verdadero clímax de la batalla estaba por comenzar.
Escena 3: Fuego Sónico y Luz Oscura
Punto de vista: Shiro de la Destrucción
La colisión de nuestras auras fue tan brutal que el espacio entre los dos se trizó como un espejo roto. Sin mediar una sola palabra, el Minotauro Nocturno se impulsó hacia adelante, rompiendo la barrera del sonido en un milisegundo. Su enorme silueta desapareció, pero mis ojos dorados de dragón leyeron la fluctuación del maná al instante.
Apareció justo a mi izquierda, descargando un tajo horizontal con su hacha que arrastraba una estela de gravedad negra y pura. El ataque era tan denso que la sola presión del aire amenazaba con arrancarme la piel. Flexioné el cuerpo hacia atrás, dejando que el filo del hacha pasara a milímetros de mi nariz, cortando un mechón de mi cabello blanco. Aprovechando el giro, apoyé mis manos en el suelo calcinado y lancé una patada ascendente directo a su barbilla, imbuida con la llama morada de la destrucción negativa.
El impacto conectó de lleno, emitiendo un crujido sordo que obligó a la bestia a levantar la cabeza, pero su nueva resistencia divina era absurda. Casi al mismo tiempo, el Minotauro soltó el mango de su hacha con una mano y me sujetó del tobillo con un agarre de hierro. Su fuerza, potenciada por la sangre de los nocturnos caídos, me arrastró sin piedad. Giró sobre su propio eje y me estrelló con violencia brutal contra el suelo una, dos, tres veces, levantando inmensas nubes de escombros y fracturando la corteza del falso reino hasta sus cimientos.
Escupí una bocanada de sangre, pero la adrenalina y la furia bloquearon el dolor de inmediato. En medio del cuarto azote, antes de que pudiera estamparme de nuevo, concentré el Hielo de Mil Glaciar Solar directamente en la pierna que él sostenía. Una ráfaga de escarcha dorada trepó instantáneamente por su brazo, congelando sus tendones a nivel molecular con la temperatura del cero absoluto. El agarre del monstruo se debilitó por la quemadura térmica del sol helado, y aproveché ese microsegundo para zafarme con una pirueta en el aire.
—¡No me vas a doblegar con mi propio linaje! —bramé, mientras flotaba momentáneamente en el cielo tormentoso.
Extendí ambos brazos hacia los lados, liberando las restricciones de mi maná al cien por ciento. La bufanda roja que llevaba al cuello brilló con una intensidad carmesí, absorbiendo la energía residual de la tormenta de nieve. Abajo, el Minotauro Nocturno alzó la mirada, canalizando el poder nocturno en su hacha de guerra, la cual comenzó a crecer en tamaño, envuelta en una masa de oscuridad compacta que devoraba la luz del lugar.
El monstruo dio un salto descomunal, alcanzando mi altura en un parpadeo, dispuesto a partirme en dos con un golpe definitivo que llevaba todo el peso de los nocturnos caídos. Yo no retrocedí. Junté mis manos al frente, entrelazando la magia positiva y negativa en una esfera perfecta de energía primordial que titilaba entre el dorado, el morado y el negro absoluto. Nuestros ataques chocaron en el punto más alto del cielo, desatando una explosión de magnitudes catastróficas que comenzó a disolver los bordes mismos de la realidad simulada en la que estábamos atrapados.
—¡Lluvia de Espadas Estelares! —bramé, alzando ambas manos hacia el cielo ya fracturado.
En respuesta a mi voluntad, miles de hojas de acero puro y maná condensado se materializaron instantáneamente en el aire. No cayeron de forma pasiva; se organizaron en múltiples vórtices densos y afilados que comenzaron a girar a mi alrededor como tornados gemelos de metal resplandeciente. La fricción de los filos cortando el viento gélido creó un zumbido agudo y mortal que ahogó el rugido del Minotauro Nocturno por un momento. Usando el impulso de los tornados de espadas para impulsarme, me lancé hacia adelante. El monstruo, ahora una deidad de la noche, intentó interceptarme con un tajo de gravedad negra, pero las espadas de mi defensa absoluta chocaron contra su ataque, desviando la fuerza destructiva hacia los lados.
—Llevamos un buen rato jugando a ver quién es más fuerte... —le siseé, apareciendo justo frente a su rostro, mis ojos dorados brillando con una frialdad absoluta—. Bueno, al menos yo dejaré de jugar. Te mataré con un solo ataque.
Despedacé la esfera de energía primordial que sostenía y concentré todo mi maná destructivo, la esencia de la tormenta de nieve y el orgullo de mi linaje en una técnica final que desafiaba los límites de la magia elemental.
—¡Magia de Fuego Sónico! —bramé, y el aire alrededor de mis puños se distorsionó violentamente, emitiendo un pitido agudo que hizo vibrar todo el falso reino—. ¡Llamas Ardientes de Luz Oscura!
Del centro de mi cuerpo estalló un torrente de fuego que no era normal. Era negro y profundo como el abismo, pero brillaba con un núcleo de luz dorada y morada tan intenso que cegaba la vista. La velocidad del ataque fue tal que rompió la barrera del sonido al instante, creando una onda expansiva con forma de cono que envolvió al Minotauro Nocturno. La combinación del calor extremo con la frecuencia sónica destructiva y el poder nocturno puro comenzó a desintegrar la armadura de gravedad de la bestia y a incinerar su carne corrupta a nivel atómico.
El monstruo soltó un grito que no fue de este mundo, mientras la explosión de luz oscura consumía todo a su paso, expandiéndose hasta disolver por completo las últimas fronteras del falso reino.
Escena 4: La Voluntad de Shiro Shimizu
Punto de vista: Shiro de la Destrucción, Shiro de la Naturaleza y Shiro de la Amabilidad
—Parece que todo acabó... —susurré, dejando caer mis brazos mientras el calor residual de las llamas de luz oscura disipaba la última capa de nieve de la tormenta.
El silencio volvió a reinar en el páramo destruido. El suelo donde antes se erguía el Minotauro Nocturno ahora solo era un cráter humeante, cubierto de cenizas negras que se deshacían con el viento.
—Lo venciste... —la voz de la Shiro de la naturaleza de la humanidad resonó en mi mente por telepatía, rompiendo la quietud con un tono cargado de asombro—. Realmente pudiste destruirlo tú sola...
A través de la misma conexión, sentí cómo la otra Shiro soltaba un largo suspiro, aliviada por completo de que hubiéramos logrado derrotar a esa cosa antes de que se convirtiera en una amenaza irreversible para todos. Sin embargo, mi mirada seguía fija en el centro del cráter. Mis ojos dorados de dragón no parpadeaban, y la sonrisa siniestra de hace unos momentos se transformó en una línea delgada y seria. Una extraña fluctuación en el espacio, justo en el milisegundo final de la explosión, me había dejado una espina clavada en el pecho.
—No es por nada de esto, chicas, pero no se confíen —les respondí mentalmente, interrumpiendo su alivio con una voz fría y cortante—. Sé que aún no está muerto.
—¿Qué? ¿Cómo es posible? Si lo desintegraste por completo... —replicó una de ellas, confundida.
—No del todo —siseé, agachándome para tocar el borde del cráter, notando la ausencia total de residuos de poder nocturno—. Parece que alguien vino y se lo llevó justo cuando se estaba desintegrando. Alguien usó la distorsión de la explosión para camuflar su presencia y rescatar lo que quedaba de su núcleo.
Me puse de pie lentamente, ajustando la bufanda roja alrededor de mi cuello mientras mi cabello blanco ondeaba con la brisa residual. El Imperio, los Abismales, o quienquiera que estuviera moviendo los hilos desde las sombras, no iba a dejar que su espécimen más valioso se perdiera tan fácilmente.
—Quien haya sido... acaba de salvarle la vida a esa escoria —dije, apretando los puños—. Pero la próxima vez que nos veamos, me aseguraré de que no quede ni un solo átomo para rescatar. Pero ahora logré recuperar el reino —dije, extendiendo los brazos hacia el vasto horizonte que comenzaba a estabilizarse tras la batalla—. ¿Pero saben qué? Para que nadie venga acá, me declaro la reina de este reino. O sea, piénsenlo... podríamos vivir aquí y traer a nuestra gente. ¿Qué les parece?
Un silencio reflexivo viajó a través de nuestro enlace mental antes de que la respuesta llegara, cargada de esa calidez inconfundible.
—Ser reinas de ese reino... sabes perfectamente que no buscamos eso —respondió la otra Shiro con suavidad, pero con una firmeza absoluta—. Bueno... antes la original buscaba ser la más fuerte y ser una reina que cuidara bien a su gente, tratarlos con respeto y amor, un lugar donde nadie tenga que pasar hambre o quedarse en la calle. Shiro Shimizu siempre fue así. Aunque nosotros formamos parte de su personalidad, somos quienes están aquí para proteger a quien sea necesitado...
Me quedé mirando el suelo que aún humeaba, dejando que las palabras de mis otras mitades calaran hondo. El nombre de nuestra esencia original, Shiro Shimizu, resonó en mi pecho con un peso nostálgico. Tenían razón. Ese deseo puro de protección, esa empatía tan profunda que chocaba con mi naturaleza destructiva, era el núcleo de lo que fuimos y de lo que seguíamos siendo juntas. No se trataba de poder por el simple hecho de dominar, sino de ser el escudo de los indefensos.
Una pequeña sonrisa, esta vez desprovista de malicia y más cercana a mi verdadero ser, asomó en mis labios.
—Tienen razón... la vieja Shiro siempre fue una idealista —comenté por telepatía, suavizando mi tono mientras mi aura de dragón terminaba de apagarse—. Supongo que el trono de un reino vacío no vale nada si no hay nadie a quien proteger con respeto y amor. Pero al menos, por ahora, este lugar está a salvo de las garras del Imperio. Si alguien intenta profanarlo de nuevo, se las verá con nosotras.
Continuará...

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 238
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 237
Estás leyendo el capítulo 237 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 29 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.