arrow_back

Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 236 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 236: Las Sombras del Pasado, el Linaje Profanado y el Despertar de la Bestia Punto de vista: Shiro de la Destrucción y Shiro de la Amabilidad Escena 1: El Eco de una Tragedia Antigua Punto de vista: Shiro de la Destrucción Escupí una bocanada de sangre, limpiándome la boca con el dorso de la mano mientras me ponía de pie entre los escombros calcinados. El dolor en mi columna era agudo, pero mi mente estaba trabajando a mil por hora, conectando las piezas de lo que acababa de pasar. —Pero lo más raro fue cuando ese maldito dijo: "Si yo muero, ellos vendrán aquí..." —susurré, apretando los dientes con frustración—. Entonces él no era un Asmal... ¡Mierda! Todo esto ha sido una maldita pantalla de humo. La mención de que alguien superior a Krau vendría si él caía cambiaba las reglas del juego. Sin embargo, no podía concentrarme en esa incógnita mientras el suelo temblaba bajo los pasos de la bestia que me había mandado a volar. —Entonces solo hay una forma —declaré, clavando mis ojos morados en la silueta del monstruo que se aproximaba a lo lejos—. Primero debo matar a ese Minotauro antes de que se adapte a mi maná por completo. Esa maldita habilidad de volverse más fuerte con cada golpe me traía un pésimo recuerdo. "Esto me recuerda a Emperor...", pensé, sintiendo un escalofrío de pura rabia. "Ese monstruo también es alguien con quien debo tener el mayor cuidado, al menos por el momento exacto... No puedo cometer el mismo error de subestimar el factor de adaptación." La prioridad absoluta ahora era erradicar al Minotauro de un solo impacto, utilizando una fuerza tan absurdamente masiva y concentrada que su cuerpo se desintegrara antes de que sus células tuvieran tiempo de procesar el daño y evolucionar. Dejé que la Espada Mata Celestiales flotara frente a mí mientras acumulaba cada gota de mi energía destructiva, haciendo que las partículas doradas y moradas crearan un vórtice a mi alrededor. Si esa cosa quería mi poder, iba a darle tanto que terminaría por estallar. Pero... ¿por qué estoy recordando el momento exacto donde Carlos murió hace 32 años? ¿Por qué ese recuerdo me afecta tanto ahora mismo...? "¿De qué sirve que yo sobreviva, si ni siquiera puedo proteger lo que tenía que proteger?" Esas palabras... Esas palabras exactas me golpearon la mente como un eco lejano. No eran mías. Vinieron a mí como un destello del pasado, transportándome al instante en que encontré a Carlos llorando, completamente quebrado, en medio de la penumbra del Bosque de los Espíritus. La impotencia de su llanto en aquella época se mezcló con la brutal presión del presente. A lo lejos, el hongo de la explosión atómica aún se expandía por el horizonte, y el suelo comenzó a temblar de nuevo. El Minotauro seguía en pie, con esos malditos ojos carmesí fijos en mi posición, adaptándose a cada segundo que pasaba. No podía permitir que el peso de ese recuerdo me congelara. Si Carlos no había podido proteger lo que amaba hace 32 años, yo no iba a repetir esa misma historia aquí. Apreté los puños, obligando a mi aura morada a estabilizarse mientras la Espada Mata Celestiales zumbaba con una fuerza renovada, lista para el siguiente asalto. El dolor en mi columna pasó a segundo plano; primero tenía que erradicar a esa bestia antes de ir tras las respuestas que Krau ocultaba. Escena 2: La Colisión entre la Divinidad y el Experimento Punto de vista: Shiro de la Destrucción —Tú y yo nos mataremos a muerte... Espero que seas tan fuerte para desafiarme, Minotauro... Lo miré cara a cara, sosteniéndole la mirada sin un ápice de temor. Caminé lentamente hacia él, marcando cada paso sobre la tierra calcinada. La bestia, sintiendo la letalidad de mi presencia, se puso en guardia de inmediato, aferrando su poderosa hacha de guerra entre sus manos colosales. El Minotauro rugió, un sonido ensordecedor que hizo vibrar el aire, y justo en ese instante, yo empecé a atacar. Tal vez toda esta situación me haya hecho recordar el día que masacré a varios Minotauros en el pasado. Pero las cosas hoy eran distintas. Si dejo que este experimento que hicieron los del Imperio y los de los Abismales siga su curso, esto se convertirá en un caos bastante divertido para mí; sin embargo, no puedo darme ese lujo. Si dejo que eso pase, si permito que esta aberración se adapte por completo a mi energía, la que va a recibir esta paliza seré yo... y eso no va a ocurrir. Bueno, qué importa. Si yo soy la que está haciendo esto aquí, sé perfectamente que mis otras dos partes están teniendo el mismo problema justo ahora. Espero que Sayu haya logrado lo que le exigimos... Ella tiene un papel sumamente importante en este tablero. Si no quiere ser asesinada por ellos, tiene que esforzarse al máximo. Porque yo sé muy bien que te estás dejando llevar. Sé cuál es tu verdadero poder. Eres perfectamente capaz de matar a Gabriel y a Lucifer tú sola si te lo propones. Si ellos le ponen una sola mano encima a Amadeus, sé que los matarás con la mayor diversión del mundo. El choque fue tan devastador que nuestras armas tronaron al colisionar, desatando ondas de choque que partían la tierra a nuestros pies. El hacha del Minotauro y mi Espada Mata Celestiales se tocaron una y otra vez a varias velocidades, creando un destello incesante de chispas y ráfagas de viento cortante que borraban el paisaje a nuestro alrededor. Cada uno de sus ataques iba cargado con una fuerza brutal que buscaba pulverizarme, y el filo de su enorme hacha casi me rozaba el rostro en más de una ocasión. Haciendo gala de mis reflejos, los esquivé con mi agilidad en varias direcciones, moviéndome como un espectro borroso entre los tajos descendientes de la bestia mientras iba retrocediendo para medir su velocidad de adaptación. Aprovechando el impulso de mi último esquive, me deslicé hacia atrás con ligereza, dejando que la punta de mis botas dibujara una línea sobre el suelo agrietado. El Minotauro no perdió el tiempo; al ver que ganaba distancia, soltó un bufido colérico que expulsó vapor hirviente por sus fauces y levantó su hacha con ambas manos, preparándose para partir el suelo en dos con un golpe descendente. —Eres rápido para ser un maldito experimento —siseé, clavando mis ojos morados en sus movimientos mientras mi aura volvía a encenderse con hilos de energía destructiva. "Su velocidad está aumentando... Se está adaptando más rápido de lo que calculé", pensé, sintiendo la vibración del aire a mi alrededor. Justo cuando el filo del hacha caía con la fuerza de un meteorito hacia mi cabeza, flexioné las rodillas y salté hacia un costado, dejando que el impacto del arma creara una enorme grieta que dividió el desierto. En el aire, giré sobre mi propio eje y acumulé mi maná en la palma de mi mano libre, lista para contraatacar antes de que pudiera recuperar su postura. Escena 3: La Aberración Parlante Punto de vista: Shiro de la Destrucción —¡Los... mataré a todos! —gritó el Minotauro. El rugido de su voz, cargado de una furia monstruosa pero perfectamente articulado, resonó por todo el páramo, haciendo que el aire se volviera aún más denso. Me congelé en el aire, cayendo de pie a unos metros de distancia. Quedé en shock al escuchar que podía hablar. —¿Qué mierda...? Mi rostro se llenó de horror. ¿Cómo es eso posible? Ellos jamás hablan, y menos cuando son hechos experimentos de los Abismales y del Imperio. Se supone que son bestias sin mente, armas biológicas diseñadas solo para destruir y adaptarse mecánicamente. Escuchar palabras salir de esa boca llena de colmillos rompió por completo toda mi lógica, sembrando una alarmante duda en mi cabeza. El Minotauro alzó su enorme cabeza, sus ojos carmesí brillando con una luz de pura demencia mientras fijaba su mirada directo en mí. La sorpresa me había dejado clavada en el sitio, con los músculos tensos y el corazón latiéndome a mil por hora. "No tiene sentido... Esto no tiene ningún maldito sentido", repetía mi mente una y otra vez, intentando procesar el eco de su voz ronca y desgarrada. Los experimentos del Imperio y de los Abismales que yo conocía eran masas de carne y maná inestables, cascarones vacíos creados con el único propósito de obedecer órdenes o consumir todo a su paso hasta autodestruirse. Ninguno de ellos poseía la capacidad cognitiva para formular palabras, y mucho menos para expresar una intención tan clara de matarnos a todos. —¿Quién... qué eres tú realmente? —le exigí, apretando el mango de la Espada Mata Celestiales hasta que mis nudillos se volvieron blancos. La bestia no respondió con lógica. En su lugar, se llevó una de sus manos libres a la cabeza, enterrando sus enormes garras en su propia piel gruesa, arrancándose pedazos de carne mientras soltaba un alarido de puro dolor y frenesí. El maná a su alrededor, que antes era una masa caótica de energía residual, comenzó a condensarse de una forma asquerosamente familiar. El color morado y dorado de mi propia energía destructiva empezó a destellar en las venas que sobresalían de su cuerpo. "Mierda... No solo se está adaptando a mi fuerza física, está absorbiendo mi maldita identidad mágica", pensé, tragando saliva mientras el horror inicial se transformaba rápidamente en una fría descarga de adrenalina. El Minotauro dio un pisotón tan brutal que la tierra firme colapsó bajo sus patas, creando una onda expansiva que levantó cortinas de polvo y rocas a nuestro alrededor. Usando la misma velocidad que me había copiado, se lanzó hacia mí en línea recta. Su enorme silueta borró la poca luz que quedaba en el cielo del falso reino, y su hacha de guerra descendió con una trayectoria交叉, buscando rebanarme desde el hombro hasta la cadera. —¡No me jodas! —bramé, saliendo de mi estupor. Forcé a mis piernas a reaccionar, usando mi agilidad para deslizarme por debajo del enorme arco que describía su arma. El filo del hacha pasó a escasos centímetros de mi cabello, cortando el aire con un silbido tan agudo que me lastimó los oídos. Mientras pasaba por su costado, aproveché la apertura y giré mi cuerpo, desatando un tajo ascendente con la Espada Mata Celestiales cargado con una ráfaga de mi poder. El corte fue limpio y certero. La hoja divina penetró la piel del monstruo, abriendo una profunda herida en su costado de la cual brotó una sangre negra y espesa que goteaba como ácido sobre el suelo, corroyendo la piedra al instante. Sin embargo, no hubo grito de dolor. El Minotauro ni siquiera se inmutó; simplemente usó el impulso de su propio fallo para girar sobre sus talones y soltar una patada lateral que iba directo a mi pecho. Crucé los brazos en forma de cruz justo a tiempo para bloquear el impacto. La fuerza detrás del golpe fue tan descomunal que sentí cómo los huesos de mis antebrazos vibraban peligrosamente. Salí disparada hacia atrás, arrastrando los pies por varias decenas de metros, dejando dos surcos profundos en la tierra calcinada antes de poder frenar mi inercia. Me limpié un hilo de sangre que amenazaba con salir de mis labios, manteniendo los ojos fijos en la humareda que el monstruo provocaba al caminar. Mi mente regresó por un breve segundo a las otras dos partes de mí. Si yo estaba pasando por este maldito infierno contra un experimento parlante que desafiaba las reglas biológicas de los Abismales, ellas debían estar lidiando con algo igual de retorcido o peor. "Sayu... más te vale estar haciendo tu parte", pensé con frustración. El peso de lo que estaba en juego era demasiado grande. Si este Minotauro lograba salir de este páramo, si el Imperio conseguía perfeccionar esta clase de armas capaces de hablar, pensar y replicar la divinidad, el caos que se avecinaba no sería algo que pudiera controlar sola. Pero al mismo tiempo, una chispa de mi verdadera naturaleza encendió una sonrisa tensa en mi rostro. Si querían matarme con mis propios poderes, tendrían que esforzarse mucho más que eso. A lo lejos, la silueta de la bestia emergió del polvo. La herida que le había causado en el costado ya no sangraba; en su lugar, un tejido fibroso de color morado oscuro estaba sellando el corte, replicando la estructura de mi propia regeneración celular. El Minotauro volvió a alzar su hacha, sus músculos se inflaron el doble de su tamaño original y, mirándome fijamente, dejó salir una risa ronca que distorsionaba el espacio a su alrededor. —Entonces... juguemos hasta que uno de los dos quede hecho polvo —siseé, liberando por completo las restricciones de mi maná, lista para el verdadero choque de titanes. Escena 4: El Poder Nocturno y la Llamada de Advertencia Punto de vista: Shiro de la Destrucción y Shiro de la Amabilidad —Tendré que luchar en serio... —susurré para mí misma, dejando que mi voz se perdiera en el estruendo del páramo. Y entonces, el Minotauro desapareció de mi campo de visión. No fue un movimiento rápido; fue una distorsión absoluta. Reapareció instantáneamente detrás de mí, aprovechando mi punto ciego, y descargó su hacha con una fuerza brutal decidida a aplastarme por completo contra el suelo. Sin embargo, mi cuerpo reaccionó por puro instinto divino. Esquivé ese golpe letal girando hacia un costado en el último milisegundo, sintiendo la ráfaga de viento destructivo rozar mi espalda, y comencé a caminar lentamente hacia delante de él. No salí corriendo, no retrocedí, ni siquiera me puse en guardia. Solo caminé con total parsimonia, dándole la espalda por un breve segundo antes de quedar frente a frente con su colosal silueta. El Minotauro, enfurecido por haber fallado, rugió de nuevo y tensó sus músculos para volver a arremeter, pero no tuvo tiempo de dar un solo paso. ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! Una serie de impactos invisibles y devastadores lo golpearon a él uno tras otro con una violencia salvaje. El espacio alrededor de la bestia comenzó a fracturarse, y ráfagas de energía morada y dorada lo perforaron en el pecho, los hombros y las piernas, haciéndolo retroceder mientras su piel se desgarraba y soltaba esa sangre negra y ácida. Todo esto ocurrió sin que yo moviera ningún solo dedo. Mi voluntad y el desbordamiento de mi verdadero maná eran más que suficientes para activar mi defensa absoluta y aplastar su ofensiva. Mi sola presencia ya estaba despedazando el aire a su alrededor. Lo miré de reojo, con mis ojos morados brillando con una frialdad absoluta mientras continuaba mis pasos lentos hacia él. —¿Creíste que hablar y copiar un poco de mi poder te ponía a mi nivel? —le dije, mientras los ataques invisibles de mi aura seguían azotando su cuerpo sin piedad—. Te enseñaré la diferencia entre un simple experimento y una verdadera divinidad. No eres más que una simple herramienta para ser usado como sujeto de prueba. ¿Ahora entiendes nuestras diferencias? Pero la bestia no se doblegó. El Minotauro forzó sus articulaciones, resistiendo la presión de mi aura absoluta, y levantó su rostro ensangrentado. Él habló... su voz distorsionó el espacio, cargada de un odio que helaba la sangre: —¡NIÑA, TE CREES ALGUIEN FUERTE PERO JAMÁS HAS VISTO DE LO QUE PUEDO HACER! ¿O ACASO ESTO TE VA A SORPRENDER...? Un estallido de energía oscura y densa brotó desde el centro de su pecho, disipando mis ataques invisibles de un solo golpe. Al verlo, lo noté de inmediato. Mis ojos se abrieron de par en par, fijos en las ráfagas oscuras que comenzaban a envolver el hacha de guerra del monstruo. Esa energía... era más que poder nocturno. Era pura, pesada, idéntica a la que corría por mis propias venas. —Eso es imposible... —un frío asfixiante me recorrió la espalda—. ¿Cómo alguien como tú puede tener nuestro linaje? ¿El linaje de mi clan...? El horror me paralizó por completo. ¿Qué mierda está pasando aquí? ¿Esto es obra de Lucifer? No... Lucifer es poderoso y retorcido, pero ni siquiera él podría replicar la esencia exacta del Dios Nocturno en una maldita quimera biológica. Hay alguien más detrás de esto. Alguien con acceso a lo más sagrado y prohibido de mi sangre. No tiene ningún sentido. Para que esa miserable bestia posea poder Nocturno, tuvieron que haber profanado algo más que simples muestras de maná. ¿Acaso el Imperio y los Abismales encontraron los restos de mi pasado? ¿O hay un traidor dentro de lo que queda de mi estirpe? —¡Shiro, huye! —la voz de Shiro de la amabilidad resonó de golpe en mi mente, su tono cargado de un pánico absoluto a través del enlace de telepatía—. ¡Esa cosa... esa cosa es el ser viviente contra el que nuestra yo original se enfrentó en el pasado! ¡La encontraron aquel día de la guerra hace 20 años...! Me quedé completamente petrificada, procesando sus palabras mientras el aire a mi alrededor se volvía asfixiante por la presión del poder nocturno que emanaba de la bestia. —Por ahora tienes que salir de ahí como sea —continuó urgiéndome mi otra mitad, su voz temblando por primera vez—. Si dejas que esa cosa logre adaptarse al poder nocturno, se volverá como un dios nocturno... ¡Uno que ni siquiera los 10 legendarios héroes pudieron derrotar en su época! Mis ojos se clavaron en el Minotauro. Las ráfagas oscuras de nuestro linaje seguían brotando de sus heridas, fusionándose con su carne y estabilizando su inmenso cuerpo. La revelación me golpeó como un balde de agua fría. No era un simple experimento fallido del Imperio o de los Abismales creado en un laboratorio actual; era una reliquia maldita de la guerra de hace dos décadas, un monstruo que nuestra encarnación original apenas pudo contener y que ahora había sido despertado y modificado. El hacha de guerra del monstruo comenzó a cubrirse de un fuego negro y frío, el espacio a su alrededor empezó a agrietarse bajo el peso de una gravedad divina y aplastante. Si se terminaba de sincronizar con el poder nocturno, no habría rincón en este mundo donde pudiera esconderme, ni yo, ni mis otras partes, ni Amadeus. —Mierda... —siseé, apretando los dientes mientras daba un paso hacia atrás, midiendo la distancia en el desolado páramo—. ¿Huir? ¡¿Me estás pidiendo que huya de esta maldita imitación?! Pero el instinto de supervivencia y la advertencia de Shiro de la amabilidad me hicieron reaccionar. No era orgullo, era pura estrategia. Si moría aquí atrapada en este falso reino por culpa de la sorpresa, todo lo que Sayu y las demás estaban haciendo no serviría de nada. Tenía que romper la barrera y salir de este lugar antes de que la transformación del Minotauro fuera irreversible. Continuará...
The strongest warrior of humanity (Novela)

Continúa leyendo

The strongest warrior of humanity (Novela)

Capítulo 237

Siguiente Capítulo ›

The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 236

Estás leyendo el capítulo 236 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 29 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.